EDITORIALES: El independentismo crece por culpa de Zapatero

El independentismo crece por culpa de Zapatero
LA SEGUNDA jornada del Debate sobre el estado de la Nación sirvió para visualizar lo mal que está la nación a causa, entre otros motivos, de la complacencia de Zapatero con las minorías nacionalistas que aprovechan las instituciones del Estado para erosionar y -si pudieran- destruir el Estado. Si en la primera jornada los portavoces del PNV y de CiU agradecieron al presidente «sus servicios» al país, ayer vimos al representante del BNG elogiar su disposición al diálogo y a una diputada de CC recordando las conversaciones privadas sobre sus hijas y el sacrificio que ha supuesto la dedicación a la política.
El contrapunto a esta complacencia lo puso Rosa Díez, que subrayó que «no habrá días para perdonar» a Zapatero por su responsabilidad en la legalización de Bildu. La dirigente de UPyD aseguró que el presidente deja a España «en situación de emergencia» y que lo único que le resta es marcharse «como hace la gente después de despedirse».
Según la encuesta que publicamos hoy, el 50% de los españoles es partidario de que Zapatero adelante las elecciones generales. El 39,7% cree que Rajoy ganó el Debate sobre el estado de la Nación, mientras solamente el 26,9% da al presidente como vencedor. Es la primera vez que Rajoy derrota claramente a Zapatero, probablemente porque la mayoría de los ciudadanos valora muy negativamente la gestión del presidente.
Ciertamente, cuando se vaya en otoño o en primavera, dejará un país bastante peor que el que encontró en 2004, por mucho que estos días haya intentado culpar al Gobierno de Aznar de la crisis que estamos atravesando.
Igual o más grave todavía es su error estratégico de buscar alianzas desde el entreguismo con los partidos nacionalistas, que, además de sacar al Gobierno importantes compensaciones políticas y económicas, se han crecido en sus reivindicaciones. El ejemplo más claro es el sondeo realizado por un instituto de la Generalitat en el que el 43% de los encuestados responde que votaría a favor de la independencia en una consulta. Solamente el 28% votaría en contra. Lo significativo es que es la primera vez que se hace una encuesta sobre una opción que es claramente inconstitucional desde un organismo oficial y financiada con fondos públicos.
El resultado del sondeo es la consecuencia de la política de condescendencia de Zapatero hacia el independentismo catalán, del clima sembrado por los Gobiernos tripartitos de Maragall y Montilla y del espíritu y la letra de un Estatut que rompe la Constitución. Estas concesiones se han traducido en el avance de un independentismo insaciable. Pero todo comenzó el día en que Zapatero declaró que el concepto de nación es «discutido y discutible».
En lugar de plantarse ante los continuos chantajes nacionalistas, Valeriano Gómez declaró ayer que no ve «inconveniente» en que la Seguridad Social comprara la deuda que las comunidades autónomas no son capaces de vender a nadie. ¿Invertiría Gómez su dinero en esos títulos?
Parecida perplejidad suscita la decisión de elegir a la San Sebastián gobernada por Bildu como Capital Europea de la Cultura en 2016 por su «compromiso en la lucha contra la violencia» como si Córdoba, Zaragoza o Burgos estuvieron menos comprometidas. Esta es la España que deja Zapatero.
Segundo plan de ajuste griego, ¿el definitivo?
Casi 14 meses después, el país ha vuelto a debatirse entre la vida y la muerte económica. Hasta que el Gobierno socialista ha logrado sacar adelante otro duro plan de ajuste -más sacrificios para los ciudadanos- con el que ha desbloqueado los 12.000 millones que quedaban de aquel primer paquete de ayuda. En otras palabras: el primer ajuste fue insuficiente y algunos analistas piensan que incluso fue perjudicial porque asfixió el crecimiento del país y desestabilizó la Eurozona. Por eso, la aprobación por el Parlamento de este segundo plan de ajuste es una muy buena noticia porque evita la bancarrota helena, despeja dudas sobre el futuro del euro y ha devuelto la calma, al menos de momento, a unos mercados de deuda muy tensionados en los últimos días. En España, la Bolsa subió un 2% y la prima de riesgo bajó hasta los 259 puntos básicos.
El plan aprobado ayer por el Parlamento cuenta con una medida que no se incluía en el del año pasado y que se considera fundamental: un programa de privatizaciones por el que el Estado griego prevé recaudar unos 50.000 millones de euros en los próximos cuatro años. Estos ingresos, que representan el 20% del PIB, son indispensables para estimular el crecimiento, algo que la economía griega necesita tanto como el recorte de gastos. Porque Grecia tiene que mejorar su solvencia, pero también debe resolver sus problemas de liquidez y las subidas de impuestos en una economía estrangulada no contribuyen a incrementarla.
Otra diferencia clave respecto al rescate del año pasado es el reconocimiento implícito de que Grecia necesita una reestructuración de su deuda y la participación de los acreedores privados en la misma. Importante esto último porque el acuerdo al que llegó Sarkozy con los bancos franceses -que a grandes rasgos consiste en canjear bonos a corto plazo por otros a más a largo plazo con una quita- tiene como objetivo permitir a Grecia centrarse en inversiones a largo plazo, capaces de fomentar una recuperación duradera.
¿Será este plan el definitivo para conseguir que el país salga del pozo? Desde luego, la respuesta está en Grecia. En el Gobierno, en la oposición, en los agentes sociales y en los ciudadanos. Aunque los disturbios de ayer no presagian nada bueno, todos los estamentos deben ser conscientes de que el país necesita una auténtica regeneración si se quiere adecuar a los estándares europeos.
Pero éste sólo será el primer paso. Con la votación de ayer se ha ganado un asalto pero ni mucho menos el combate. El caso griego ha demostrado que la UE necesita reestructurar sus órganos de decisión y de poder. Es preciso un Gobierno económico europeo que sea capaz de conducir a todos los países miembros a una velocidad similar en asuntos clave como la política fiscal, presupuestaria o laboral. Ésta es la única forma de detectar a tiempo nuevos problemas. Mientras no se consiga no podremos evitar más sustos que hagan peligrar la supervivencia del euro.
El Mundo en dos minutos
Grecia y la precaria supervivencia del euro






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