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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

lunes, 16 de mayo de 2011

FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Carlos Cuesta, Erasmo, R.del Pozo, S.González, V Prego, CG Abadillo


F. JIMÉNEZ LOSANTOS

16/05/2011

La derrota

Zapatero embusteroUNA COSA es no rendirse y otra reconocer la derrota, sobre todo cuando es inocultable. Las crónicas de la última concentración de víctimas del terrorismo -solos y bajo la lluvia, como tantos entierros en el País Vasco y Navarra- lo son de una derrota. En el estremecedor programa dedicado por Dieter Brandau en Libertad Digital TV a Regina Otaola, en vísperas de dejar en manos de la ETA la alcaldía de Lizarza, la palabra «derrota» aparece una y otra vez. Cuando María San Gil, con la sonrisa de siempre y los ojos más tristes que nunca, llega a ver a Regina subraya lo mismo: es una derrota. Y como remate, Otaola le dice a Dieter que el día 23 se apuntará en las listas del INEM.

Luego nos cuentan que el sindicato LAB está colocando a los etarras excarcelados como liberados sindicales. Es un gran salto desde el caso Faisán: ahora no sólo se protege al aparato de extorsión de la banda; quieren hacer funcionarios a todos los terroristas. ¿Se opondrá alguien al convenio colectivo? Cabe dudarlo. Pero lo esencial es ver lo que ciega la vista: la derrota de España y de la libertad es total; la victoria del terror comunista y del proyecto separatista, completa. El futuro de la nación española en el País Vasco y Navarra recuerda al de los judíos en Egipto: sólo si se abren las aguas del Mar Rojo podrán huir al desierto, pero, de momento, sólo amenazan a los de Moisés, no al ejército del Faraón. Y si cupiera el milagro, quedarían cuarenta años de vagar por el Sinaí.

Naturalmente, cabe pensar que, en circunstancias tan extremas, es inaplazable saber quiénes son los responsables de la derrota. Pero hay algo más importante que identificar a los culpables: definir la culpa. Lo peor de la derrota es vivirla como victoria. Lo atroz del «proceso de paz» en la legislatura anterior es que disfrazó de hazaña política la claudicación policial ante la ETA; y con un propósito claro: asegurar el poder en exclusiva a la izquierda y los nacionalistas. Nunca hubo paz, sólo excusas para vetar la alternancia en el Poder.

Y volvemos al guión: cambiar de régimen sin consultar a los ciudadanos, no sea que se opongan. Mientras los ingleses jugaron a pactar con Hitler y mientras Churchill no reconoció lo de Munich como una derrota, no pudieron luchar por la victoria. España no ha vencido a la ETA. Absurda, cobarde, estúpidamente, ha sido derrotada; y sin reconocerlo no cabe remediarlo. Ni siquiera mitigarlo.

CARLOS CUESTA

16/05/2011

La generación perdida

El último informe del Fondo Monetario Internacional ha utilizado un término maldito en economía: el de la generación perdida. El FMI ha alertado de que ese, y no otro, puede ser el resultado que acabe pagando la sociedad española por los déficit acumulados, las rigideces laborales y la dificultad de mantener bajo control la deuda.

No se trata ya de que estén en juego los cinco millones de parados actuales. Se trata de que lo está el futuro de prácticamente la mitad de los jóvenes españoles que ven pasar los meses sin encontrar la manera de subirse al tren laboral y el millón largo de personas que suman ya más de un año sin encontrar un empleo.

Porque ese es el verdadero drama. Un drama que el presidente Zapatero prefiere ocultar bajo supuestos anuncios triunfalistas que hablan del inicio del crecimiento pero que dibujan un escenario de graves tensiones sociales y económicas.

El crecimiento español sigue arrastrándose entre décimas. Un avance ridículo, especialmente en un momento en el que el ritmo de crecimiento mundial se acerca ya a los cinco puntos. Y un dato inútil para evitar que el colectivo de parados de difícil colocación pueda reincorporarse a la vida laboral.

Familias rotas, carreras educativas truncadas en plena adolescencia, éxodos al extranjero de jóvenes con elevada formación -ya suma 110.000 el número de menores de 25 años que han tomado este camino- y fuertes costes sociales -los gastos por desempleo absorben en estos momentos cerca de uno de cuatro euros gastados por el Estado- suponen las consecuencias de esa generación perdida. Un impacto que reduce la capacidad competitiva futura de todo el país y que encadena a elevados impuestos a toda una población obligada a elegir entre desterrar a la marginación a estos colectivos o pagar por su mantenimiento.

Y en medio de este panorama -un escenario en el que muchos economistas hablan ya de un paro estructural de entre un 14% y un 15% a medio plazo y la OCDE retrasa hasta 2025 el regreso a los niveles de paro previos a la crisis-, es en el que el presidente Zapatero ha decidido llamar «mentirosos» y «bellacos» a quienes recuerdan los recortes sociales aplicados por este Gobierno.

¿Acaso tiene alguna duda el líder socialista de que no puede haber mayor recorte social que el que sufre quien se ve apeado del mercado laboral hasta el punto de perder la esperanza de regresar a él? Porque más allá de las rebajas de las pensiones, de los recortes salariales de los funcionarios o, incluso de las subidas de impuestos, será por eso, por el galopante paro de una generación perdida, por lo que será recordada la gestión económica de ZapateroCONJETURAS

ERASMO

16/05/2011

Bin Laden

Woody Allen: aplaude el asesinato de Bin Laden. Dice. Inconvenientes de confundir popularidad con rigor intelectual. Este pelma crepuscular que hace chistes, utilizado como cachivache propagandístico (pidió «una dictadura» para USA): se guía por sus paparazzi. No fue asesinato sino ejecución. Y Garzón: fue ilegal (qué sabrá él). La juridicidad polémica de su muerte se asienta en el Ius Imperii tras el 11-S (tres mil asesinados); el Congreso USA (18-09-01) autorizó usar la fuerza contra naciones, personas, etecé: War on terror. Matar Osamas a cañonazos

CASIMIRO GARCIA-ABADILLO

16/05/2011

Inmigración: materia sensible

La inmigración entra en campaña. Un asunto que afecta de lleno a la gestión de comunidades y ayuntamientos y que, hasta ahora, había pasado inadvertido, aplastado por las ideas-fuerza de los grandes partidos: «extrema derecha» (leit motiv del PSOE) y «cinco millones de parados» (arma de destrucción masiva del PP). El PP de Cataluña propuso ayer en un mitin en Badalona (donde los populares pueden ganar la alcaldía) medidas contra los inmigrantes que delincan. Zapatero contestó desde Zaragoza (ayer la plaza de toros estaba mucho menos concurrida que en el mitin de Rajoy) con un discurso de principios, defendiendo a los inmigrantes y endosando a los populares prejuicios xenófobos y casi racistas.

El PP, que ayer tenía las encuestas de cara, quiere avanzar en Cataluña sobre la base de los desatendidos, ésos a los que CiU mira con recelo porque no hablan catalán y la izquierda subestima porque no son progresistas. Pero debe tener cuidado. El populismo, que da resultado en la periferia de las grandes ciudades, puede echar para atrás a ese votante urbano y centrista sin el que el PP no alcanzará nunca el Gobierno y que rechaza propuestas a lo Le Pen. Lo increíble es que los debates que preocupan a los ciudadanos apenas aparezcan en las campañas, en los mítines de los grandes líderes nacionales, que siguen afrontando estas elecciones como la primera vuelta de las generales.

Ayer, miles de ciudadanos salieron a la calle convocados por Democracia Real Ya. Su queja es contra todos los partidos. Son una minoría, pero representan una preocupación creciente: los políticos son el tercer problema para los españoles, según el CIS

SANTIAGO GONZÁLEZ

16/05/2011

Justicia poética

La criticada sentencia del Tribunal Constitucional en la que daba a Bildu el pase a la fiesta de la democracia ha revolucionado las encuestas con un punto de justicia poética. De todas las fuerzas que clamaban por la legalización de la nueva (ma non troppo) coalición, la única que gana en términos absolutos es propiamente Bildu. Los socialistas pagan. Pasan de ser la segunda fuerza electoral a la tercera. El PNV perderá en favor de Bildu varios ayuntamientos de cierta importancia, la mayoría absoluta que habría ganado en Bilbao el buen hacer de Iñaki Azkuna y, en el peor de los casos, una diputación foral. Aralar, que tanto se ha empeñado en la legalización, ha visto cumplido su objetivo: como era previsible, los votos que le dieron presencia en los ayuntamientos, junto a Ezker Batua, van a volver a su ser, que no es Eusko Alkartasuna ni -perdonen la risa floja- Alternatiba, sino ese magma de «independientes», que escribía entre comillas hasta el propio Tribunal que los legalizó.

La portavoz Ezenarro recalcó el sábado la credibilidad de su partido: «Nadie en Aralar, en ninguna circunstancia, va a justificar la violencia». No como otros, podía haber añadido. Orwell llamaba a esto una fe nacionalista, «cosas que son y no son al mismo tiempo». La confianza en las buenas intenciones de Bildu se resiente un poco cuando el espacio que van a ocupar se lo tenemos que ceder nosotros. A 22 meses escasos de las elecciones autonómicas de 2013, el partido que creó Patxi Zabaleta en una escisión de Batasuna tiene puesta fecha de caducidad; los cinco escaños que obtuvo esta legislatura por ilegalización de la casa matriz volverán donde solían en la próxima.

Es una mala noticia. En los extraños caminos hacia la paz que sueña Zapatero, al final siempre salen derrotados los que se habían separado de verdad de la violencia. Recuerden que el primer efecto del proceso que puso en marcha al llegar a La Moncloa fue la derrota de los etarras que ya se habían rendido: Francisco Mujika Garmendia (Pakito), Iñaki Bilbao Beaskoetxea (Iñaki de Lemona), Ignacio Arakama Mendia (Makario), Carlos Almorza (Pedrito de Andoain), Kepa Solana y Koldo Aparicio, que, en agosto de 2004, habían escrito una carta a la dirección de la banda abogando por el cierre: no es el espejo retrovisor, es el motor, la lucha armada, lo que no funciona. Ningún Gobierno central va a querer negociar con nosotros. En éstas, Arnaldo da el mitin de Anoeta y Zapatero levanta el dedo: «Yo sí estoy dispuesto». Algo debió sospechar cuando los que estaban dispuestos a dejarlo fueron expulsados de la banda que se aprestaba a negociar con él.

Un eterno retorno. Aralar ya es historia, y no sólo Aralar. Vamos a asistir a la disolución paulatina de Eusko Alkartasuna en una solución de «independientes» al cumplirse los 25 años de su fundación. Todo lo hemos visto antes. Peio Urizar repetirá el airoso papel de Juan Carlos Ramos, secretario general del Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK), que, en 2005, ofreció sus listas como rebaño de Polifemo para que los «independientes» de Batasuna salieran de la cueva atados al vientre de sus ovejas. Urizar tiene un futuro político como el de Ramos, a quien asignaron un honroso 10º puesto en las listas de Vizcaya. ¿Serían ustedes capaces de recordar cómo se llamaba el secretario de Acción Nacionalista Vasca antes de convertirse en la mula de Batasuna antes de las municipales de 2007? Pues eso.

Para conocimiento de las almas pías: el viernes, unos tipos que votarán a Bildu el domingo agredieron a las ocupantes de un coche electoral de UPyD en el barrio de Eguía, en San Sebastián. Una de ellas era Estíbaliz Garmendia, la viuda de Joseba Pagazaurtundua. Comprendo a Pascual Sala, aun desde un subjetivismo radicalmente distinto al suyo: en mi opinión, son estas cosas las que deberían ponerle la carne de gallina.

VICTORIA PREGO

16/05/2011

Sin piedad

El ecuador de la campaña obliga a hacer un balance de lo visto y un apunte de lo previsto. Es costumbre. Y en esa ocasión no hay más remedio que decir que la campaña está siendo mortalmente plana.

Y eso es porque, independientemente de la acción de los candidatos autonómicos y de los que batallan por las alcaldías de los pueblos y ciudades de España, los dos líderes políticos, Zapatero y Rajoy, no alteran ni por misericordia su mensaje, que repiten con despiadada monotonía. El señor Zapatero y quienes le secundan en los escenarios nos ha contado ya mil veces que viene la derecha. Como si la derecha no hubiera ya venido antes, no hubiera gobernado ocho años y los españoles no tuvieran memoria de lo que hicieron y de lo que no.

Que viene la derecha y nos quitarán las pensiones y la atención sanitaria y la educación y todo demás, dice Zapatero, dice Blanco, dice Rubalcaba. Y muy poquita cosa más, salvo recrearse en toques de color como la última aportación del presidente sobre el PP y su parecido con la derecha finlandesa, cosa que no entendió nadie en nuestro país porque, que se sepa, el caso de la derecha en Finlandia no formaba parte hasta ahora de las pasiones informativas de nuestro pueblo soberano.

Lo único que esta extravagancia presidencial pone en evidencia es que ya no es materialmente posible sacarle una sola gota más a un argumento exprimido elección tras elección y que ya pide tesis doctoral para poder entenderlo. Deben buscar otra cosa.

Lo que está fuera de duda, y esto también lo hemos dicho desde el comienzo, es que ésta está siendo una campaña de mensajes políticos de ámbito nacional. Planos, chatos, cortos de vuelo, pero de vocación nacional. Otra cosa será la vocación de los votantes, la intención que lleven a la hora de meter su papeleta en la urna el próximo domingo, que no lo sabemos.

Por lo que se refiere al PP, Rajoy repite una, y otra, y otra vez, todos los días de Dios, cómo este Gobierno ha empobrecido a España y cómo los socialistas y sólo los socialistas son los responsables de todos nuestros problemas. Pero como eso lo opinaban ya de antes muchos españoles no estaría de sobra que se estirara algo más y añadiera un gramo de impulso político al proyecto que nos transmite, más allá del enésimo «Zapatero lo ha hecho muy mal, nosotros lo haremos muchísimo mejor».

Muy bien, pero cómo. ¿A qué nos convoca el PP en estas elecciones? ¿O nos está convocando a las del año que viene? Sea como sea, de este discurso no es posible sacar un destello que movilice a los electores a una votación que lleve consigo una brizna de esperanza.

El PP ha decidido llevar en andas a su jefe y pasearle por España como quien pasea a la Inmaculada Concepción. Que no se ensucie las manos con nada: ni con ETA y Bildu -a la que tuvo que referirse el otro día porque, caramba, estaba en Vitoria y hasta ahí podíamos llegar que ni siquiera hubiera mentado la soga en la casa del ahorcado- ni con lo que piensa hacer, si es que va a hacer algo, con este Estado de las Autonomías que se deshilacha por las costuras y que requiere soluciones y decisión.

Uno nos llama a resistir porque viene el coco popular. El otro nos llama a escapar del coco socialista, pero no nos aclara adónde conduce el camino de salida. A ver si en los días que quedan se sacuden las escamas y nos ayudan a nosotros a sacudirnos el aburrimiento

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

16/05/2011

Elecciones... ¡uf!

PONGO LA tele a la hora de las noticias y la apago en el acto. Lo que escupe me asquea. ¿Son quienes van a los mítines personas con albedrío y luces o hinchas a los que dan cuerda para que berreen imbecilidades? Yo los desposeería de su derecho al voto, aunque peores son quienes vociferan en el estrado. Metan los discursos en un licuadora y no saldrá ni una gota de zumo. Sólo zupia. ¿Cómo se puede hablar tanto sin decir nada? Es pasmoso. ¿Excepciones? Tres (de otros tantos partidos): Esperanza, Cascos y Rosa. Diversifiquemos el voto. No seamos fieles a ninguna sigla. Toda ideología es teología.

Miente Zapatero como un bellaco cuando dice que mienten como bellacos quienes le achacan la ablación del clítoris del estado de bienestar, pero incurre Rajoy en hipocresía y error político al echar en cara a su adversario las reformas emprendidas sin subrayar la evidencia de que no son malas por exceso, sino por defecto. ¡Programa, programa, don Mariano! ¿Bajar los sueldos a los chupatintas, reducir su número y no cubrir las vacantes que se produzcan? Pues claro que sí. ¿Suprimir ministerios? Cuantos más, mejor. ¿Copago en sanidad? Ojalá llegue pronto. ¿Fiscalidad? Sólo impuestos indirectos. ¿Concesiones a los sindicatos? Ni agua. ¿Despido libre? Eso reduciría el paro. ¿Privatizaciones? Todas. ¿Gastos sociales? Los justos. ¿Escuela pública? Oxímoron. ¿LOE? Excelencia. ¿Autonomías? Carpetazo. ¿Renunciar a la libre circulación de criminales e ilegales? Sentido común danés. ¿Ayudar a Portugal, Irlanda y Grecia? Ni un duro para incompetentes y gandules, por más que Vandalia, Tontalia o Cigarria (antes España) sea ambas cosas en grado sumo. ¿Imitar a Finlandia? Sí. ¿Salir del euro? También. ¿Urnas? Abstención o voto en blanco. Todo lo demás son componendas in artículo mortis. ¿Manca finezza? No.

Faltan cojones para decir y hacer lo que debe ser dicho y hecho. El Estado de bienestar, culpable de la crisis, ha muerto. ¡Viva el Estado (mínimo) de responsabilidad! ¡Basta de cleptocracia! ¡Europa, go home! ¡OTAN no! ¡Manos fuera de Afganistán y Libia! ¡Atajemos la corrupción y la corrección políticas! ¡Pongamos fin a la sociedad de control! Estoy censado en Castilfrío, provincia de Soria. No puedo votar por Cascos ni por Esperanza. Por Rosa, tampoco. No se presenta. Tenemos aquí un buen alcalde. Saldrá reelegido. No necesita mi ayuda. Me quedaré en casa, con los gatos, sin encender la tele, tomaré una galleta de marihuana y votaré a bríos

RAÚL DEL POZO

16/05/2011

Aznar y la gaviota

EL RUIDO DE LA CALLE
El centro, esa zona idílica entre las dos trincheras donde no se dispara, es un espectro y una oferta electoral. El término viene de la Revolución Francesa, era el rodal denominado Pantano o Llanura, entre la Gironda derechista y la Montaña jacobina. El centro puede parecer una máscara, una carátula que prescinde de las pinturas de guerra y muestra un rictus de consenso, una lengua dialogante desde el sentido común. Un centrista jamás se encolerizaría por un principio.

En ese sentido Mariano Rajoy encarna e interpreta bien esa ambigüedad, aunque no todo el PP se muestra así; en muchos de sus actos no huye del melodrama ni de la crispación, ni siquiera de la demagogia, hasta el punto de que se ha relacionado alguna corriente dura del PP con el Tea Party norteamericano.

Anuncian las encuestas que el PP va a arrasar en España el próximo fin de semana. Esa victoria sería el principio de una larga hegemonía de la derecha. Hay que ver para creer que el PSOE se transforme en una fuerza casi extraparlamentaria. Pero en caso de que así fuera no parece que los vaticinios del triunfo respondan a los efectos demoledores de lo que sería la mayoría de un partido centrista. Las expresiones arrasará, desbancará, el adversario al borde de la catástrofe, no se ajustan a los propósitos de un partido centrista al que se supone moderado en todo, hasta en sus victorias.

Antes de que las izquierdas queden al borde de la clandestinidad, antes de que sea demasiado tarde para preguntar de dónde venimos y a dónde vamos, habría que preguntarse quién va a ganar el domingo: ¿una derecha moderada, liberal-conservadora o, como anuncia Zapatero, vencerán «los verdaderos españoles», la derecha de la derecha, la ultraderecha, los del Tea Party?

En los últimos días prospera la tesis de que hay dos pepés, uno de los equilibristas, ambiguo y centrista que encabeza Mariano Rajoy, y otro oculto, ultra, donde colocan a José María Aznar. El Aznar del 96 al que yo seguí en campaña no era un desalmado derechista ni un peligroso conservador, sino un político moderado que hablaba de déficit cero y prometía que no llegaba para quitar las pensiones a los abuelos. El Aznar del 96 es el que ha hablado en Cuenca este fin de semana de equilibrio, el que ha dicho que España no saldrá adelante por partes («saldrá toda o no saldrá»), el que afirma que hay que construir, no dividir, recuperar el espíritu de concordia de la Transición y hacer política con mayúscula para recuperar la confianza.

Si quieren que sigamos considerando a Aznar la gaviota carroñera de pico negro, continúen con el cuento de terror, pero recuerden que el jefe de las campañas electorales de Hannibal el caníbal no era otro que el centrista de pico anaranjado, Mariano Rajoy.

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