FIRMAS: David Gistau, Erasmo, Luis María Anson, F. Drago

david gistau
22/05/2011
Viaje a Sol
CÓMO no va a maravillar el espectáculo de una sociedad civil que se sacude el abatimiento y pega un grito de desahogo que restalla como un latigazo. Que en plena campaña surge como un personaje colectivo que vuelve ridículos, estériles, los rituales endogámicos de los mítines. Cómo no va uno a sentirse reconciliado con su época después de descubrir que la gente que se cruza por la calle es mejor que los políticos profesionales que hace tanto defraudaron. En estos pasados días, he podido detectar emoción y sentido de la trascendencia histórica en amigos y conocidos rescatados del cinismo, de la resignación. No quieren cambiar el sistema. Exigen que sean aplicados principios fundacionales eternamente traicionados, y que terminen la impunidad y la retórica estafadora de la partitocracia. Hasta aquí, lo que gusta. Y más valdría no ahondar en el 15-M, conformarse con este retrato parcial, porque sólo así es posible librarse de la increíble agresividad -«No te enteras de nada», es la más suave de las reprimendas, como si no alienarse equivaliera a no comprender- que castiga a cualquiera que no abrace este movimiento en los términos de su versión idealizada.
Ésta es una de las cosas que no gustan. Otra, el narcisismo por el cual algunos portavoces, presos del entusiasmo, han llegado a arrogarse la soberanía popular en sustitución del Parlamento y sin someterse a unas elecciones, como golpistas de fogueo. Otra que, aun asumiendo que la entrada de la policía en Sol para dispersar habría constituido una irresponsabilidad, y que el campamento no tiene la menor inclinación a la violencia, queda la sensación de que el cumplimiento de la Ley es cosa de pringaos que no disponen de coartada revolucionaria. Y otra, que el movimiento tiene una naturaleza desdoblada. Que siendo verdad que acoge a esa sociedad civil que atiende antes a un afán catártico que a una intención ideológica, en su núcleo está intervenido por grupos de extrema izquierda cargados de ideología, venidos para cobrarse la revancha por derrotas históricas, y cuya visión estatalista, totalitaria, del porvenir constituiría, de cumplirse, una tragedia para la libertad del individuo.
Estoy harto de aclarar que no considero que todo el 15-M sea así. Pero que sí existe ese meollo nada transversal cuyas asambleas y cotidianeidad ayer eran fotografiadas en Sol por turistas que parecían visitar una reserva mapuche. O la selva Lacandona, que se nos ha puesto al alcance del Metro para los turistas del ideal.
Terminé. Ya podéis empezar a llamarme facha, y carca, e hijoputa. Pues eso espera en vuestro roussoniano mundo nuevo al que discrepa, así sea en matices.
CONJETURAS
ERASMO
22/05/2011
En Sol II
DESDE EL RETIRO CON AMOR
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
22/05/2011
Si mi pluma valiera...
El creador de Bradomín vio cómo recibían el Nobel los dos dramaturgos que más odiaba: Echegaray y Benavente. Del primero dijo que más valía pescar la peste bubónica en Bombay que asistir a sus estrenos. ¡Gente pendenciera la del teatro! Arrabal y Antonio Gala no se saludan, y hacen bien, porque son tan opuestos como un ornitorrinco con mostachos y el polisón de una condesa. Los miembros de lo que fuese infame turba son hogaño cagatintas de corbata que se pirran por asistir a los saraos pagados con fondos de reptiles del erario o con los royalties que los editores les birlan.
Yo, en su día, armé jarana, me las vi a cara de perro con Umbral y lo llamé fascista y rata de cloaca. ¡Benditas Disidencias, Pedro Jota! Paco me había acusado de ser hombre refranero y, por ello, maricón o pilonero. ¿Hay algo de malo en lo uno o en lo otro? Sí lo hay en que los escritores sean ahora metrosexuales más cursis que las señoritas de Sicur. Umbral era un giocondo. Yo, también, ergo hicimos las paces. Sus últimas reyertas fueron con un columnista de L'Osservatore Romano, que entonces aún no lo era, porque describía coños, y con el maestro de esgrima Alatriste… ¡Y al finalizar te hiero! Benet e Isaac Montero tuvieron una pelotera homérica sobre el realismo poco después de que Solzhenitsyn viniera a España y elogiase a Franco porque aquí se podían sacar fotocopias y en el Archipiélago Gulag del papaíto Stalin, no.
Yo también, en mis mejores años, los del Gárgoris (libro al que Umbral, siempre él, llamaba, con gracejo, Sergio y Estíbaliz), me las tuve tiesas con Leopoldo Azancot, entonces novio judío y brazo armado de Sefarad, con Julio Rodríguez-Puértolas, que veía fascistas por todas partes y no daba abasto, y con Rafael Conte, que se creía un mandarín y sólo era un culi. Luego me enfadé con García Martín y el hijo de Julián Marías, pese a la respetuosa amistad soriana que me había unido a éste. Javier, con el que me gustaría hacer las paces antes de morir, porque lo nuestro fue una tonta trifulca alfaguarí, le endiñó un buen sartenazo a Cela, que lo había tildado de onanista lívido, y yo, ¡quién me mandaría!, intenté poner paños calientes que no sirvieron de nada.
Habían pasado ya muchas lunas desde que don Camilo tiró por las escaleras de la Bonanova a Sender y llamó, con sorna galaica, sieguesito a Borges, pero aún sacaría arrestos para calificar de doncel tontuelo a Muñoz Molina y arremeter contra Terenci, Llamazares y los 100 novelistas de la mujer de Felipe. Lo del boom es expresión que conviene tomar al pie de la letra. Gabo pudo comprobarlo cuando Varguitas, que era su íntimo, le hinchó los morros por un zipizape de faldas.
Búsquense también éstas en la recámara del rifle con el que Luis Racionero, convertido en sheriff de San Martín de Ampurias durante una noche loca de tramontana, quiso aliviar del peso de sus partes a Juan Luis Panero. Yo andaba por allí, pero es él quien lo cuenta en sus inteligentes y divertidas Memorias de un liberal psicodélico, que acaban de aparecer.
Eran otros tiempos. Si los de ahora van al Gijón no es para despellejar al ausente, dar un sablazo a Alfonso, el cerillero, que en gloria está, o llevarse al catre a poetisas deseosas de publicar sus sonetos, sino para comer lentejas en la cripta y fingir que escriben por si alguna mirona pica mientras Pepe Esteban toma nota. Sólo los de la Fiera cultivan el insulto, en el que a veces (pocas) me incluyen, o recurren al patadón propinado por García Viñó en las canillas de Molina Foix.
Sugiero que el próximo viernes, en la excesivamente pacata fiesta de EL MUNDO que da el pistoletazo al torneo del Retiro, y a la que iré con coraza, rocín flaco y yelmo de Mambrino, pues no quiero perderme la posible y deseable gresca, Juan Cruz, Fernando Delgado, Javier Reverte y Millás abofeteen a Juancho para que éste los rete a primera sangre. Con la Regás no podrá batirse, porque él es un caballero y ella, aunque de armas (Marcelo) tomar, una dama, a diferencia de la Etxebarria, que es una monja sexista con galones de alférez y alma de cántaros (en plural). Los humillados y ofendidos por las equis del Salón de Trapiello podrían enviar sus testigos al leonés, que es hombre de péñola tan peligrosa como los dientes del áspid de Cleopatra. Valente, Gimferrer, Gamoneda (creo), Paquito Rico, el ya citado Marías Jr. y la Matute, entre otros muchos, los han probado. ¿Invitará Manu Llorente a Cercas, Gistau y Arcadi? Seguro que sí, porque ese duelo de dos contra uno en el OK Corral de la avenida de San Luis le dará titulares. ¿Cascará Gustavo el Bueno al horticultor de berenjenas y, en sus ratos libres, filósofo de boudoir y maestrillo de escuela José Antonio Marina? ¿Animarán el cotarro Rafa Reig, Ignacio Echevarría (sin tx ni be de burra) y Alberto Olmos, que es un miura? ¿Se abalanzarán contra mí David Torres y un tal Lucas o nos daremos, como el Marqués y la niña Chole, el dulce abrazo de estío de la reconciliación? Aux armes, écrivains! ¡Segundos fuera! ¡No se me arruguen los cuates! A la contra se escribe mejor.
Etiquetas: Firmas





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