EDITORIALES: Ha llegado la hora de pasar la factura al PSOE

EL MUNDO ante la jornada del 22-M
20/05/2011
Ha llegado la hora de pasar la factura al PSOE
LAS ELECCIONES del domingo adquieren una importancia en la vida democrática de España que trasciende el ámbito autonómico y municipal, aunque los ciudadanos están convocados a las urnas para elegir a sus representantes en los parlamentos regionales y en los consistorios. Esa importancia deriva de que nuestro país atraviesa en estos momentos una situación límite, una profunda crisis económica, social y política, en medio de la cual los españoles van a tener la oportunidad de votar en unos comicios de ámbito nacional, algo que no sucedía desde marzo de 2008.
En estos tres últimos años han pasado cosas de enorme trascendencia en España. Por eso, a diferencia de otras ocasiones, EL MUNDO no ha formulado recomendaciones concretas de voto para las comunidades y los ayuntamientos. Eso no significa que no nos parezca que existen muchas más razones para votar a Esperanza Aguirre, a José Ramón Bauzá o a Ramón Luis Valcárcel que para hacerlo por Francisco Camps. O que todos los presidentes y alcaldes del PSOE merezcan personalmente la misma suerte.
Creemos que lo que se dirime en las urnas va mucho más allá de los ámbitos municipales y autonómicos. La propia campaña electoral se ha desarrollado en clave nacional, con escasa presencia de los temas locales. Y es que estas elecciones son, ante todo, una oportunidad para votar contra el PSOE de Zapatero y Rubalcaba y para rechazar las políticas de un Gobierno que ha llevado a nuestro país al desastre.En este sentido, hay dos motivos de peso para castigar electoralmente al PSOE. El primero es de justicia: pasarle la factura por lo sucedido en los últimos tres años. No puede salirle gratis su pésima gestión. Y el segundo, de utilidad: solamente un resultado adverso obligaría a Zapatero a disolver las Cámaras y convocar unas elecciones anticipadas.
Somos conscientes de que ello equivale, en la mayoría de los casos, a pedir el sufragio para los populares, aunque también pensamos que en determinados lugares resulta igualmente válido votar por UPyD -partido que ha hecho bandera de la regeneración- o por otras opciones que hagan retroceder al PSOE en el ámbito autonómico (Cascos, en Asturias o UPN, en Navarra). Lo que nos parece un criterio esencial es que el voto contribuya a desalojar al PSOE del poder y a castigarle por su pésima manera de gobernar.
El PP es la gran alternativa al PSOE y la esperanza de un recambio que nos permita salir de esta situación, aunque no nos gusten su falta de propuestas en esta campaña, su laxitud con la corrupción periférica o su nulo compromiso con la regeneración de la vida pública. Pero, como decimos, el PP nos parece la única alternativa o, si se quiere, el mal menor.
Y ello porque el PSOE se ha ganado a pulso el duro castigo que puede tener en las urnas. En primer lugar, por una desastrosa gestión económica que ha elevado el paro a casi cinco millones de personas. Es verdad que la crisis mundial ha tenido parte de culpa en este fenómeno, pero no se habría llegado a esa cifra sin la indecisión, los autoengaños, los bandazos, las ocurrencias, los compromisos incumplidos y el doble juego con los sindicatos del Gobierno. Sin ir más lejos, el Ejecutivo va a reabrir ahora la tibia reforma laboral que tanto costó sacar adelante para afrontar el problema del paro juvenil, mientras sigue atascado en la negociación colectiva.
A ello se suma la gran pirueta de Zapatero en mayo del año pasado cuando dio un giro radical a su política económica e inició los duros ajustes que estamos soportando. El presidente no se quiso someter entonces a una cuestión de confianza, que hubiera legitimado el cambio de rumbo, por lo que ahora se merece el castigo que eludió hace doce meses.
Zapatero ha antepuesto los intereses de su partido a la eficacia en la gestión, pactando con fuerzas nacionalistas como ERC y el PNV cuando le hacía falta para seguir gobernando. Ello ha generado un debilitamiento de la fortaleza del Estado, cuyo último episodio es la legalización de Bildu. Hay que recordar en este contexto la ambigua sentencia del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, que no se ha cumplido y, por añadidura, ha agudizado los agravios del nacionalismo catalán.
El culpable del espectáculo que estamos viendo en la calle en los últimos días es Zapatero, que lleva gobernando siete años. Por ello, estas elecciones suponen no ya sólo la oportunidad de hacerle ver su incompetencia sino, sobre todo, la ocasión de forzarle a disolver las Cámaras y convocar elecciones en otoño, poniendo fin al calvario que los ciudadanos están sufriendo.
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