DEDAZO POR "PRIMARIAS": El lado oscuro del PSOE hereda a la " Vía NINI"de Zapatero

ROBERTO BENITO / Málaga
Enviado especial
30/05/2011
Chacón asocia los 'servicios' de Rubalcaba con el pasado
«No estaba emocionada, estaba enfadada». El rostro tenso y la voz temblorosa que mostró Carme Chacón el jueves, cuando anunció que renunciaba a las primarias del PSOE, no fueron la expresión de una persona rota y derrotada, sino la de una dirigente que se esforzaba por contener la rabia por «el espectáculo» que estaba dando el partido.Eso es lo que aseguraron ayer en Málaga fuentes próximas a la ministra de Defensa tras los actos centrales del Día de las Fuerzas Armadas, que ofrecieron algunas claves de la semana negra de Chacón. Ella dio de forma directa su opinión sobre la proclamación de hecho de Alfredo Pérez Rubalcaba como sucesor. En una entrevista en TVE, definió al vicepresidente como un «gran candidato», un «político muy experimentado» con «una magnífica hoja de servicios, dilatada en el tiempo».
Con ello, la ministra de Defensa parecía asumir, con algo de resignación, cierto discurso oficial-conciliador. Pero, como es habitual en sus declaraciones, la frase daba lugar a todas las dobles lecturas posibles, porque, en realidad, Chacón estaba asociando al candidato del PSOE con el pasado de forma indudable.
Era quizá su contestación a la promesa que hizo el sábado Rubalcaba de construir y liderar «un nuevo proyecto» para el PSOE. Al fin y al cabo, en las primarias, de haberse celebrado, ella hubiera sido la cara de la juventud, del zapaterismo y del siglo XXI, mientras que él, por mucho que lo hubiera intentado, no hubiera podido dejar de ser el rostro de la veteranía, del felipismo y del siglo pasado.
Porque, como repitieron ayer fuentes muy cercanas a la ministra de Defensa, Carme Chacón estaba decidida a luchar por ser la candidata del PSOE en las elecciones generales de 2012 y lo único que le faltaba por decidir a comienzos de la semana pasada era el día en que anunciaría oficialmente su candidatura. «El lunes por la tarde comenzó a pensar en ello», explican las fuentes consultadas, que apuntan a que el día escogido había sido el martes 31; es decir, mañana.
Si todo hubiera seguido los cauces marcados por el propio Zapatero a comienzos de abril, cuando anunció que no se presentaría a la reelección como presidente del Gobierno, el sábado 28 el Comité Federal socialista hubiera convocado las primarias; Chacón hubiera acudido esa tarde y el domingo al Día de las Fuerzas Armadas en Málaga (como ha hecho), y hoy habría participado en la reunión en La Zarzuela del Consejo de Defensa Nacional (como va a hacer), en la que Javier Solana va a explicar al Rey, al Gobierno y a la cúpula militar el contenido de la Estrategia de Seguridad Nacional que ha elaborado por encargo de Zapatero. Sólo entonces, cumplidos los compromisos ministeriales inmediatos, hubiera presentado su candidatura.
El problema fue que las cosas no marcharon por el camino convenido. «Hasta el 22-M se estaban respetando las formas y todo se estaba haciendo bien», recordaron las fuentes, para denunciar a continuación que, tras el batacazo electoral, y se deba a éste o no, «todo se desmadró».
El martes, Chacón le comunicó al presidente del Gobierno su intención de optar a ser la candidata en las elecciones generales, pero para entonces Rubalcaba y sus afines ya habían puesto en marcha la operación antiprimarias. El martes y el miércoles fueron para la ministra dos días durísimos, en los que un grupo de dirigentes socialistas, encabezados por el lehendakari, Patxi López, reclamaron la celebración de un congreso antes que las primarias.
Entonces, dice el entorno de Chacón, «estábamos yendo a unas elecciones generales anticipadas», las que se iban a tener que convocar si los partidarios de Rubalcaba forzaban un congreso extraordinario, desautorizando así al secretario general y eligiendo una nueva dirección política.
«El jueves por la mañana, al ver las portadas de los periódicos [el titular principal de EL MUNDO fue 'Zapatero busca apoyos para frenar el golpe de Rubalcaba'] fue cuando decidió renunciar a la carrera por la sucesión. Salió del Congreso sin siquiera votar en el Pleno, se marchó a casa y preparó el que quizá ha sido el discurso más difícil de su vida. O, al menos, el escrito con más enfado».
Como aseguró ese día, ayer la ministra incidió en que su interés máximo es el Gobierno de la Nación, remarcando, tanto en la entrevista como en las breves palabras que pronunció en la recepción posterior a los actos centrales, la necesidad de que el Ejecutivo se emplee a fondo en el escaso tiempo que queda para las generales.
En TVE pidió al Ejecutivo, en general, «trabajar en el año que le queda», mientras que en la recepción proclamó estar «cada día más orgullosa» del cargo que ocupa al frente de Defensa, como si también quisiera desmentir a los que la han acusado de descuidar el día a día de su Departamento por la batalla interna en el PSOE.
Fue inevitable, en cualquier caso, que hubiera un aire de despedida. El de ayer fue su último Día de las Fuerzas Armadas, como las fuentes cercanas a la ministra corroboraron, y ella misma sugirió cuando dijo que llevaba «1.140 días» al frente del Ministerio, como señalando que ya ha estado un tiempo prolongado. No parece, sin embargo, que le pese la acumulación de jornadas al frente del Departamento. Cuando se le pregunta sobre los comentarios que señalan que su renuncia del jueves es una apuesta de futuro, responde que está «muy bien» en Defensa, y ahora hasta se dice que «duerme bien», como sólo lo hacen las personas que «tienen la conciencia tranquila». Ayer, incluso, se comentaba que tenía «tres razones para estar feliz: Pedro, Messi y Villa». Cosas de culés.
Eso no quita para que su entorno mantenga la indignación. La ministra y su equipo consideran que se han roto unas reglas del juego aceptadas por todos, que pasaban por la asunción de los resultados de las elecciones (que ya se sabía que iban a ser malos), por la convocatoria de primarias en el Comité Federal y por el juego limpio entre compañeros de partido y de Gobierno.
Por ello, las personas cercanas a la ministra observaron la semana pasada con estupefacción las maniobras de Rubalcaba y personas cercanas a él. Afirman que fue el «espectáculo» en el que se convirtió el PSOE en sólo 48 horas lo que podía destrozar las delicadas posibilidades electorales de los socialistas, y no la pugna limpia en unas primarias. En cualquier caso, se insiste en que se ha hecho lo que se tenía que hacer y es seguro que Carme Chacón, a sus 40 años, no da por finiquitada su carrera política. Aunque la semana pasada, su semana negra, haya tenido que asumir una derrota.
SANTIAGO GONZÁLEZ
30/05/2011
La gran esperanza roja
En el mismo tiempo, Tomás Invictus se presentó contra Trini Puede, candidata de Zapatero y Rubalcaba, y ganó de calle. Otro tanto lo de Hereu contra Tura y el aparato. ZP sacó conclusiones y se plantó en el previsto fracaso del 22-M con la misma estrategia que el PNV en las presidenciales del Athletic: dos candidatos propios. El menos propio hizo una oferta a la candidata más allegada que la llevó a volver antes de haber ido.
Todo habría sido más o menos comprensible si no fuera por la épica y por su empeño de llamar elección al ungimiento. Zapatero anuncia unas primarias que a su partido le parecen un dislate, el voto es demasiado importante para dejarlo sin vigilancia en manos de los afiliados. Mejor un candidato solo, pero lo que se impone no es la rectificación, sino la perseverancia: cambian el significado de las palabras y presionan a Chacón, que renuncia entre pucheros. Es una lástima que la derrotada pertenezca al sector laico, porque la mística habría sido una muleta: «También entre pucheros anda el Señor, ayudándonos en lo interior y los exterior», escribió Teresa de Ávila en sus Fundaciones.
«Me voy a presentar a las primarias», ha anunciado en el momento mismo de ganarlas. A Rubalcaba le basta un voto para ser proclamado candidato. No sé si este panorama bastará para tenernos con el alma en vilo la noche del recuento, pero igual vale la pena el espectáculo. Rubalcaba es como Onésimo, aquel jugador del Valladolid tan apegado al balón que, solo ante la portería rival, volvía contra sus propias filas con tal de no deshacerse de la pelota. El aún secretario general lo elogió diciendo que un tipo «capaz de correr 100 metros en poco más de 10 segundos es capaz de ganar en 10 meses unas elecciones», demostrando que también es incompetente como ministro de Deportes: no sabe distinguir entre un sprinter y un fondista.
Por otra parte, el PSOE no está para reflexiones: sólo busca un improbable remedio mágico que le evite la derrota de marzo y ha puesto al velocista a correr la maratón. ¿Es Rubalcaba la gran esperanza roja? Es dudoso. Ha dirigido tres campañas, aparte de avalar a Trinidad contra Tomás: la de Rosa Díez a las europeas de 1999, que perdió por 4,5 puntos frente al PP; la de la Alcaldía de Madrid, en la que Jiménez perdió la chupa frente a Gallardón por 15,6 puntos y el Congreso que Bono perdió por nueve votos contra Zapatero en 2000. Ojo, perdió Bono, no él.
MARISA CRUZ / MANUEL SÁNCHEZ Madrid
30/05/2011
Zapatero decidió en octubre que su heredero fuera Rubalcaba
Alfredo Pérez Rubalcaba está ahí y está para quedarse. Y está ahí porque en su día lo situó el propio Zapatero.
Fuentes de toda solvencia confirman que el presidente tenía previsto desde hace muchos meses que el candidato a la sucesión fuera Rubalcaba y así se lo comunicó a la ex vicepresidenta primera María Teresa Fernández de la Vega el mismo día de octubre en el que optó por proceder a un cambio de Gobierno en el que ella tendría que abandonar el Gabinete.
Zapatero entregó un poder inmenso a Rubalcaba a sabiendas, «para ponerle claramente en pista», afirman las mismas fuentes. Y añaden: «Carme Chacón lo sabía». Por eso, cuando la ministra de Defensa le confesó a Zapatero su intención de presentarse a las primarias éste le dijo: «Eres libre, la decisión es tuya y yo la respeto pero... mi candidato será Alfredo». Y es, casi exactamente, lo mismo que le repitió el jueves pasado cuando Chacón le comunicó su disposición a dar un paso atrás.
Al final, las cosas han quedado claras. Y Rubalcaba va a coger las riendas del PSOE desde hoy mismo, sin perder un solo minuto. Empezará un nuevo PSOE, o volverá un viejo PSOE, según se mire, pero será un partido muy distinto al que hemos conocido en los últimos 11 años.
En esta ocasión, Rubalcaba no ha ocultado sus intenciones. «Vamos a hacer las cosas de distinta manera. Vamos a elaborar un nuevo proyecto». El candidato aclamado por la cúpula pone esta misma semana manos a la obra iniciando un periplo por federaciones y agrupaciones y no lo hace para pedir avales, que no los necesita, sino para empezar a trasladar la idea de que él, a partir de septiembre a más tardar, será el líder, el encargado de intentar conducirlos a una victoria electoral, el artífice de una nueva estrategia que no incurrirá en los errores de Zapatero.
Rubalcaba tendrá el apoyo firme de toda una vieja guardia que conserva aún una enorme capacidad de influencia en el partido y que no ha comulgado con un buen número de decisiones tomadas por el presidente del Gobierno, aunque hasta ahora habían callado. Y a ellos se suman barones, de los nuevos, que respiran por la herida de un desastre electoral que creen no haber merecido.
«¿Dónde está escrito que el Estatuto de Cataluña sea de izquierdas?», «¿por qué hay que pactar con radicales minoritarios con los que no tenemos ni un solo punto en común?», «¿qué motivo hay para hacer nombramientos de tocomocho?», «¿es imprescindible acaso defender a capa y escapada a los liberados sindicales?».
Estos interrogantes han salido de la boca de miembros destacados del PSOE en el curso de la última semana, cuando la guerra interna escaló hasta el punto de situar al borde del abismo al mismísimo Zapatero.
Ahora, sin embargo, el partido se sumirá en una tensa calma. «Cerrarán filas en torno al presidente, pero muchos lo harán por pura supervivencia», explica un socialista estrechamente unido por amistad a Zapatero.
El panorama que se abre para los próximos meses puede deparar sorpresas, sobre todo cuando a partir de septiembre el candidato acapare todo el protagonismo. Zapatero se lo facilitará. «Será muy generoso», aseguran las fuentes consultadas, que aseguran que serán ambos, reflexionando juntos, los que decidan si al nuevo candidato le conviene o no seguir en el Ejecutivo.
Cierto es que abandonar la responsabilidad de Gobierno le permitiría tomar distancia con mayor libertad de las medidas duras que le resten a Zapatero por adoptar y, de paso, desligarse de la presión diaria de quien ejerce como número dos del Gabinete y es la voz que justifica todas sus políticas.
No obstante, los que conocen los entresijos del partido y de La Moncloa coinciden en señalar la posibilidad de que Rubalcaba abandone sólo el cargo de portavoz pero se mantenga como vicepresidente primero y ministro del Interior.
«En los próximos meses la clave pasará por Euskadi. Es en relación con ETA donde el actual Gobierno puede cosechar algún éxito. No desde luego en el terreno económico. Si fuera así, Rubalcaba tendría que apuntarse el triunfo como titular de Interior». Ésta es una de las bazas que aspira a ganar y su intención es apostar fuerte por ella.
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
30/05/2011
Zapatero dice adiós a sus convicciones
Zapatero ha dado la última prueba, una más, pero esta definitiva, de su debilidad. Se ha rendido sin presentar batalla ante quienes reclamaban el poder de elegir al sucesor tras la humillante derrota del 22-M, de la que sus enemigos, los que han ganado, le culpan a él en exclusiva.La palabra que más utilizó el secretario general del PSOE en su discurso ante el Comité Federal celebrado el pasado sábado fue «convicción». Sí, es una palabra que le gusta. Zapatero se ve a sí mismo como un «hombre de convicciones». Pero, lo que ha hecho en los últimos días ha sido traicionarlas, renunciar a ellas por puro pragmatismo y también por cobardía.
Vayamos a su discurso, bastante malo por cierto, pero que encierra algunas claves de lo ocurrido en el PSOE, que tendrá consecuencias durante mucho tiempo, malas para el partido y también para el país.
«Los ciudadanos y los compañeros nos pedían unidad y se la vamos a dar», dijo el secretario general. No y mil veces no. Lo que le dijeron los ciudadanos al PSOE y a Zapatero el 22-M es que estaba gestionando mal el país y que ya no se puede seguir así.
La respuesta a esa demanda masiva, sin paliativos, debía ser dar la voz a los ciudadanos y a los militantes. Más democracia. ¿Cuántas veces ha utilizado esa expresión Zapatero? ¿Cuántas veces se ha servido de ella para restregarle a Rajoy que su designación fue el fruto del dedazo de Aznar?
No, los ciudadanos, señor presidente, no le han pedido más unidad, sino que asuma sus responsabilidades, que gobierne o que convoque elecciones anticipadas, pero que deje de marear la perdiz con reformas que nunca concluye.
Cuando Zapatero resistió la ofensiva de los partidarios de Rubalcaba, que consistía en forzar su nominación como candidato a las generales en el Comité Federal del pasado 2 de abril, yo creí que al presidente aún le quedaban algunas de las convicciones que le llevaron a ganar el XXX Congreso del PSOE hace ahora 11 años.
Pero no. Los barones de la asonada esperaban atrincherados hasta después del 22 de mayo. Ninguno de ellos asumió la derrota (en algunos territorios y ciudades vergonzosa), no. Era la hora de culpar a Zapatero y pedirle de inmediato la renuncia al poco poder que ya le quedaba, el de mantener su compromiso de que el sucesor sería elegido en un proceso abierto de primarias.
Zapatero sabía que Carme Chacón estaba dispuesta a competir. La ministra de Defensa era una persona de su confianza, de su equipo, alguien en quien él había delegado importantes responsabilidades y que podía representar la culminación de la renovación que comenzó en el PSOE justo con el XXX Congreso.
Rubalcaba, Zapatero también lo sabía, no quería primarias. ¿Por qué? Sencillamente porque podía perderlas. En eso es experto el vicepresidente y ministro del Interior. Para muestra, el botón de las de Madrid, donde puso todo su empeño en defender la candidatura de Trinidad Jiménez.
El todopoderoso Rubalcaba sólo cree en la democracia como último recurso. Él se parapeta en los «métodos científicos», para eso es químico, como, por ejemplo, las encuestas. «Trini es mejor que Tomás, eso lo dicen claramente nuestras encuestas», era su argumento favorito para, primero, evitar el proceso de primarias en Madrid; después, para machacar a su no candidato.
Las encuestas, de nuevo, han jugado aquí un papel esencial. «Rubalcaba, el mejor valorado por los militantes del PSOE»; «Rubalcaba podría ganar a Rajoy...».
Todo menos que decidan los militantes del partido. Algo, y eso es muy importante, a lo que se comprometió Zapatero en el Comité Federal del 2 de abril.
Vale que haya tenido que ceder ante la presión de unos barones que lo que persiguen es mantenerse en la poltrona pese a sus derrotas. ¡Pero que encima pretenda hacer pasar por primarias un proceso en el que sólo va a haber un candidato! Hombre, no nos tome por imbéciles.
En el proceso que se abre formalmente ahora (y que dura 15 días) puede presentarse algún outsider (ya lo ha anunciado el sevillano José Carlos Carmona, que necesitará, al menos, 20.000 firmas de afiliados). En todo caso, Zapatero ya ha roto el principio de neutralidad, al que se comprometió, al decir explícitamente que «Rubalcaba es el mejor candidato».
Una vez que han quedado puestas en evidencia las «convicciones», vayamos a las cuestiones prácticas. Al final, algún socialista pensará que Rubalcaba es la solución más pragmática. Tiene experiencia, es hábil orador, cuenta con sólidos apoyos políticos y mediáticos, etc.
Conocemos bien al ministro Portavoz de Felipe González. ¿Cuál será su actitud con los díscolos, con aquellos, barones, diputados, dirigentes, que mostraron abierta o discretamente su apoyo a Chacón?
La magnanimidad de Rubalcaba sólo alcanza a los suyos. La vieja guardia espera recobrar el poder que perdió en aquel lejano Congreso del año 2000.
Por eso no creo que el mejor garante de la «unidad», a la que apeló ayer Zapatero como primer argumento para su decisión, sea precisamente Rubalcaba.
Habrá ganadores y habrá perdedores.
¿O es que no fue una prueba evidente su discurso en el Comité Federal, en el que ni siquiera mencionó a Chacón?
«Gana Rubalcaba, gana el Grupo Prisa; pierde Chacón, pierde la Sexta», me decía un dirigente del PSOE este sábado.
La segunda razón, esgrimida también por Zapatero en su discurso, es que Rubalcaba es el mejor contrincante frente a Rajoy.
Lo dudo mucho. El peor enemigo de Rubalcaba es su propia historia. Y su presente. Cada avance en la investigación judicial sobre el Faisán será una rémora para su credibilidad.
Por cierto, Rajoy, su contrincante en las urnas, confesó a un grupo de amigos en una cena el pasado jueves, tras conocerse la decisión de la ministra de no presentarse a las primarias: «Yo prefiero a Rubalcaba. Sí, porque ya le conocemos, sabemos cómo actúa. Pero Chacón es una incógnita, nos podía provocar muchos más problemas. Para mí, mucho mejor Rubalcaba».
En resumen: la elección de Rubalcaba ha sido un apaño que deja todavía más débil a Zapatero.
No creo que el vicepresidente (debería dimitir si es candidato) gane las elecciones. Pero este país no se merece que el hombre que va a mandar en el PSOE en los próximos años sea un político como Rubalcaba.
PILAR ORTEGA / Madrid
30/05/2011
Rosa Díez ve las primarias del PSOE «un fraude» y «un juego de pillos»
Rosa Díez, líder de Unión, Progreso y Democracia (UPyD), y Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP, coinciden: el proceso de primarias con un único candidato, Alfredo Pérez Rubalcaba, es «un fraude puro y duro», «un juego de pillos» y «una pantomima».
Para Rosa Díez, «lo que ha hecho el PSOE es cualquier cosa menos primarias». Lo dice ella, que participó en un proceso como el que ahora, al menos formalmente, se abre en el PSOE. Fue en 1998, cuando Díez militaba en las filas socialistas y disputó el puesto de candidato a lehendakari a Nicolás Redondo Terreros.
Ella perdió, con el 47% de los votos, frente a su rival. «Hicimos una campaña juntos y sin problemas. Lo que pasa es que las primarias no son fáciles cuando el aparato está con el otro candidato», recuerda.
«Un partido tiene todo el derecho a elegir a sus candidatos como quiera, pero lo que no puede hacer es tratar de engañar a los ciudadanos. Lo de Rubalcaba ha sido una designación pura y dura del secretario general, de manera que no quede posibilidad de que alguien se presente», dice respecto al proceso actual de primarias en el PSOE.
A la líder de UPyD, la propuesta de la Ejecutiva federal del PSOE para que Rubalcaba compita en primarias aun siendo por ahora el único candidato le recuerda al «modelo soviético»: «Le han elegido por un método de lo más tradicional, en su sentido más negativo. Zapatero no se ha conformado con designarlo, sino que luego ha sometido su voluntad al Comité Federal».
La elección de Rubalcaba será «democrática», dice Díez, pero «no es democrático engañar a la gente. Todo ha sido una farsa, un fraude puro y duro, un juego de pillos».
Ejemplifica «el esperpento» en lo ocurrido en los últimos días: «Una candidata que no sabíamos que lo era se retira, mientras que el que ha sido designado por la cúpula dice que se presenta a las primarias».
Por su parte, González Pons dice que en su partido están «asombrados» por la «pantomima de primarias». Va más allá y afirma que «lo que hace el PSOE se parece a los referendos de Franco: sólo se puede ir a votar a Rubalcaba, y al que no vaya lo apuntan en una lista». «Ha habido tongo. Puede haber procesos más o menos democráticos en todos los partidos, pero nunca habíamos visto que se eliminara a los contrincantes. Antes de que empezara la partida, Rubalcaba ha comprado al árbitro, a los rivales y al público», añade.
El dirigente popular pone el énfasis en la denuncia de Carme Chacón, cuando dijo que presentarse contra Rubalcaba suponía «romper el partido y el Gobierno».
«No hay primarias porque han quitado a los candidatos. A la única rival posible le doblaron el brazo y tuvo que retirarse. Para acabar con el hipódromo no hacía falta dar un laxante a los caballos», dice, en referencia a las votaciones a los posibles candidatos a suceder a Zapatero a través de elmundo.es.
«Tanto que presumía Zapatero de feminista para acabar cargándose a la chica joven y con futuro para poner al abuelo sin futuro y con demasiado pasado», concluye Pons.





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