CRÓNICA: Manal al Sharif y la rebelión de la mujer islámica

MARÍA A. GARCÍA DE LA TORRE
29/05/2011
MANAL PREFIERE LA CÁRCEL A NO CONDUCir
Manal tiene 32 años y viste de negro desde los pies hasta la cabeza. Un hiyab cubre su cabello azabache. Vive en Arabia Saudí y está divorciada. En la imagen, la mujer aparece con gafas también oscuras. Sus manos, se intuye, se aferran a un volante. Sí, saudí y conduciendo. Ocurrió el pasado 21 de mayo. Fue su particular, y provocador, día de la ira. Y desde entonces anda pagando caro su osadía. Quiso desafiar a todo el sistema con un vídeo, que pensaba colgar en YouTube [lo hizo]. Su propósito era simple, y temerario en el único país del mundo donde las mujeres tienen vetado conducir bajo ninguna circunstancia: mostrar a todo el planeta el precio que paga en Arabia cualquier mujer por ponerse al volante de un coche.Hoy se cumplirán 8 días desde que la valiente Manal, con un hijo de cinco años, está presa. Y aún le quedan otros tantos entre los barrotes de la cárcel de Khobar, su ciudad.
¿Quién es realmente Manal al Sharif? Empleada como consultora de seguridad informática en Saudí Aramco, la compañía petrolera nacional, esta joven lleva ya un tiempo batallando por la liberación de la mujer en Arabia Saudí, donde la ilegalidad es más que sólo eso: es la metáfora de la imposibilidad de cualquier mujer a viajar sola y a ser tratada como un adulto sin depender de la voluntad de los hombres.
Aunque no hay una ley como tal que lo prohíba, la tradición imposibilita de hecho que las mujeres conduzcan. La norma no escrita se sigue a rajatabla, y su incumplimiento se castiga con la cárcel. Las familias que cuentan con un automóvil deben pagar unos 400 euros al mes para contratar a un chófer que transporte a las mujeres [se estima que hay cerca de 750.000 en todo el reino al servicio de las familias más pudientes] Si no tienen capacidad para hacerlo, la movilidad de ellas queda a expensas de padres, esposos y hermanos.
Por todo eso Manal se lanzó al asfalto aquella noche. La idea le surgió tras una experiencia cotidiana: una noche pasó media hora en la calle esperando un taxi. Su hermano no contestaba al móvil y, como era tarde, tuvo que soportar el acoso de los hombres en la vía pública. Tuvo miedo. Lloró. Y, tras muchos por qué, concibió su plan: cogería el vehículo de su familia, una cámara de vídeo y, con ayuda de su hermano, haría ver al mundo entero lo que una mujer libre puede hacer: conducir. El plan era más ambicioso aún. Haría un llamamiento a todas las mujeres para que siguieran su ejemplo en una fecha determinada, el 17 de junio. El vídeo aún circula por internet, y es perceptible su discurso incendiario: «No es una manifestación. Lo único que deben hacer es salir en sus coches, conducir a sus lugares de trabajo. Es de suma importancia que todas la mujeres, como yo estoy haciendo ahora, se graben al volante y suban el vídeo a YouTube».
Lo cierto es que aquel 21 de mayo, el sábado de la semana pasada, Manal al Sharif, vestida con su atuendo tradicional (sólo le deja el rostro al descubierto) y gafas de sol oscuras, recorrió las calles de Khobar, sabiendo que sobrevendría lo inevitable. La policía, casi con seguridad, la detendría. Y así fue, aunque el vídeo ya estaba grabado.
Al agente le dijo que no estaba cometiendo ninguna ilegalidad, pero no bastó. Tras dejarle pronunciar un par de frases en su defensa, el policía se la llevó retenida, en compañía de su hermano, su cuñada y sus sobrinos, que le acompañaban en el vehículo.
Cinco horas después, la dejaron ir a casa tras firmar un documento donde se comprometía a no conducir nunca más. Pero al amanecer del domingo, volvieron a por ella.
Las autoridades habían descubierto que la rebelde Manal había subido a YouTube un vídeo con su fechoría. En realidad, había más. La saudí tenía cuenta abierta en Twitter desde hacía algo más de un mes. Ocho tuits (mensajes suyos) daban cuenta de ello. Hoy, su grupo de Facebook, titulado Women2drive (Mujeres al volante), cuenta con más de 2.000 simpatizantes.
Su grabación en el coche, donde no oculta su rostro, ha dado la vuelta al mundo y ha creado una gran expectación. Aún se desconoce si su llamamiento a una macro salida de mujeres saudíes el próximo 17 de junio será secundado o no. [Desde que se conoció su historia muchas otras mujeres saudíes se han atrevido a repetir su hazaña y han subido a la red vídeos donde se las ve conduciendo].
Sin acceso estos días de cautiverio a internet, Manal desconoce de primera mano los esfuerzos internacionales por su liberación: ya se han conseguido varios miles de firmas. Es un icono que trasciende su propia historia individual: estudió Informática en la universidad King Abdulaziz, en 2002, en un país donde casi un 15% de las mujeres no tiene acceso a la educación superior.
Pero la presión de la comunidad internacional poco ha cambiado. Más aún, el régimen decidió ampliar el tiempo de encarcelamiento: 10 días más. Porque su conducta fue tipificada como violación del orden público, conducción sin licencia e incitación a otras mujeres a seguir un mal ejemplo que ¡atenta contra la dignidad de la mujer saudí! Una conspiración, en definitiva.
«La mía es una campaña voluntaria para ayudar a las chicas de este país», dijo ella en el vídeo. «Que puedan conducir al menos en casos de emergencia. Imagínense que el hombre que conduce el coche sufre un paro cardíaco...».
La cruzada de Manal al Sharif recuerda a esa primera mujer negra que se sentó en un asiento delantero de un bus en EEUU marcando el inicio del fin del racismo. Tal vez su protesta, en el otro extremo del mundo, también florecerá.
Etiquetas: CRÓNICAS





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