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sábado 30 de abril de 2011

PRIMAVERA REVOLUCIONARIA EN ORIENTE PRÓXIMO: Al Qaeda cierne su sombra en Marraquech


ERENA CALVO / Marraquech
Especial para EL MUNDO

Al Qaeda cierne su sombra en Marraquech

Un explosivo activado a distancia mató a 16 personas, incluida una embarazada
El ministro del Interior admite que el método recuerda al estilo de la red de Bin Laden
Zapatero embusteroNo ha habido reivindicación, al menos hasta el cierre de esta edición, pero la sombra de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) planea sobre el atentado del Café Argana de la Plaza Jemaa el Fna de Marraquech, que el jueves terminó brutalmente con la vida de 16 personas -de ellas 12 turistas- y dejó más de 20 heridos, muchos en estado muy grave. Entre las víctimas identificadas hay siete franceses, dos marroquíes, un holandés, un británico y una mujer israelí embarazada, además de su marido, un judío de origen marroquí.

La teoría del kamikaze se descartó para dar explicación al terrible atentado, que en un principio se relacionó con una explosión accidental de bombonas de gas propano. Las investigaciones sobre la detonación se centran ahora en que fue un explosivo activado a distancia el origen de la explosión, que provocó un socavón de unos 70 centímetros en el local. El método «recuerda al estilo de Al Qaeda», reconoció el ministro marroquí del Interior, Taieb Cherqaoui, si bien no excluyó otra posible autoría.

El artefacto estaba compuesto de nitrato de amonio, clavos y dos explosivos TATP; conocidos éstos últimos por su uso habitual por extremistas islamistas, y utilizados en los atentados de 2005 que costaron la vida en Londres a 56 personas.

Según el equipo médico de uno de los hospitales donde se atendió a los heridos, se encontraron objetos metálicos en los cuerpos de algunos de ellos. «No se trata de un atentado suicida», señaló el ministro del Interior marroquí, Taieb Cherqaoui, al tiempo que indicaba que «todo el mundo sabe quiénes recurren a este modo de actuar».

Fuentes cercanas a la investigación señalaron a este periódico que un testigo holandés (John Van Leuven) declaró ante la policía haber visto a un hombre árabe entrar con dos grandes bultos en el Café Argana de la plaza Jemaa el Fna, donde se produjo la detonación. Leuven dijo que él y su acompañante abandonaron el café dos minutos antes de la explosión. «Sus cabellos eran largos y negros, llevaba un chandal azul; sentado como a un metro mío, tomaba té mientras escuchaba un mp3», dijo Leuven, quien no sospechó hasta que tuvo noticia del atentado.

El holandés fue interrogado durante la noche del jueves y tras acompañar a la policía a la morgue no identificó su cadáver, pero sí pudo reconstruir un retrato robot del mismo. «Era un personaje conocido por los agentes», según fuentes de la investigación, que señalaron que ya se han practicado detenciones.

Agentes de diferentes cuerpos policiales hacían sus pesquisas ayer en el derruido establecimiento. Sobre las 14.30 hora local hacían su aparición también miembros de la policía científica española. Hombres especializados en la cobertura de grandes catástrofes y con la experiencia de haber trabajado en Madrid el trágico 11-M. Mientras, prosiguen los trabajos para identificar, a través del ADN, a las tres víctimas mortales que aún no han sido identificadas.

«La policía está analizando también un vídeo atribuido a Al Qaeda en el Magreb Islámico que se publicó en Youtube», explicó a El MUNDO Taoufik Bouachrim, director del diario marroquí Akhbar Al Yaoum. El vídeo se colgó en internet el 25 de abril. En él aparecían cinco jóvenes armados y uno de ellos enmascarado. «Tres o cuatro, entre ellos el que toma la palabra, se identifican como marroquíes». Su discurso amenaza «a las autoridades e intereses marroquíes y a sus servicios secretos» y «es la primera vez que en un escenario como éste se identifica un marroquí en un vídeo como miembro de AQMI», señaló Bouachrim.

El hombre que dirige el discurso se hace llamar Abu Abderrahmane Al Maghribi y focaliza sus objetivos en la liberación de los más de 600 presos salafistas que están entre rejas en Marruecos después de la gracia real de hace un par de semanas que benefició a 190 reos, la mayoría de ellos islamistas. «¿Hasta cuándo vais a continuar deteniendo a los creyentes en prisiones marroquíes? Pido a mis hermanos, prisioneros oprimidos, paciencia. Vuestra causa es nuestra causa, la hora de la victoria es inminente», concluye el vídeo.

Por su parte, el movimiento islamista ilegalizado de Justicia y Espiritualidad, condenó ayer el acto criminal del Argana y expresó su solidaridad con las víctimas. El movimiento del jeque Yasin confió en que no se repita el escenario de los atentados de Casablanca de 2003 «y las violaciones de los derechos humanos que se cometieron entonces», en referencia a los centenares de detenciones que se practicaron y que en algunos casos fueron calificadas de arbitrarias por organizaciones internacionales como Human Rights Watch.

En opinión de Justicia y Espiritualidad «el objetivo de este acto criminal es propagar el miedo para perturbar las protestas» que protagoniza parte de la sociedad marroquí encabezada por los jóvenes opositores del 20 de Febrero para demandar más democracia, la erradicación de la corrupción y una monarquía parlamentaria, y que desembocaron en un discurso el 9 de marzo en el que Mohamed VI se comprometió a hacer reformas constitucionales para ampliar los poderes del primer ministro y el Parlamento, y a trabajar por una justicia independiente.

El primer ministro Abas El Fasi dijo que «hay personas en el exterior del país y otras en el interior que constituyen focos de resistencia a las reformas y no quieren que Marruecos se convierta en modelo de democracia». El Gobierno expresó, además, que el atentado no afectará a las reformas emprendidas.

OORBYT.es

>Análisis de Erena Calvo.

GUSTAVO DE ARÍSTEGUI

Síndrome postraumático

Han pasado casi 30 horas desde el terrorífico y cobarde atentado en el restaurante Argana. Todo el mundo aquí en Marraquesh sigue bajo el shock, sin dejar de comportarse con ejemplar serenidad. He almorzado en un restaurante conocido de la ciudad con puerta de calle y medidas de seguridad incrementadas pero discretas. Había locales, familias, matrimonios mixtos, extranjeros residentes -15.000 franceses viven aquí- y una nutrida delegación de autoridades del Gobierno como el ministro de Turismo, de la región y la alcaldesa en un almuerzo de trabajo, seguramente y con acierto, para mostrarse en público en un momento de duda y de dolor intensos.

Hay tristeza y desolación, que está dando paso a la profunda preocupación por el impacto que este atentado puede tener en la economía. Conviene subrayar que quienes más pueden sufrir por un eventual parón económico, consecuencia del atentado, son las pequeñas y medianas empresas, los pequeños comerciantes y artesanos, así como los empleados más modestos. Todo el mundo está preocupado, autoridades, empresarios, trabajadores y ciudadanos de a pie. No hay un solo sector económico que no crea verse potencialmente afectado. Ya hay anulaciones de reservas de hotel, algunos temen daños al mercado inmobiliario -que esta ciudad había logrado preservar-, las inversiones extranjeras y obviamente la imagen de país relativamente estable y seguro. Si se produce una crisis de confianza, si la economía se ve seriamente afectada, supondrá un serio revés para Marruecos y una victoria para los terroristas.

Empiezan a conocerse algunos detalles del atentado, parece que el explosivo fue dejado en el interior del café y detonado a distancia, según reconocen fuentes del Ministerio del Interior. De confirmarse estos extremos, podríamos concluir que se podría tratar de una célula bien organizada y de un atentado planificado meticulosamente. Habrá que esperar a que se produzca una reivindicación o al resultado de la investigación.

Algunos analistas se han precipitado al afirmar que este atentado tendría como consecuencia una paralización de las reformas constitucionales, o por lo menos una ralentización. No parece que vaya a ser el caso. Todo el mundo se ha expresado en sentido contrario, autoridades, analistas, personalidades entrevistadas. Los marroquíes quieren un camino claro e irreversible hacia una democracia plena. Los terroristas saben demasiado bien que en una democracia el terror puede ser igual de mortífero, pero está más aislado y es más débil. Hay quienes piensan que en estos momentos de incertidumbre los Estados son más frágiles y más vulnerables a los ataques del terror. Es evidente que las organizaciones terroristas lo comparten, pues creen que en estos momentos de transición, su afán desestabilizador puede ser infinitamente más eficaz, y por ello van a intentarlo en otros lugares que han iniciado su camino hacia la democracia. Justamente por eso es indispensable reforzar la cooperación entre ambas orillas del Mediterráneo, pero también entre países de la región. Muchos medios internacionales, especialmente los franceses, abundan en la tesis de los dos objetivos, el económico, de profundas repercusiones sociopolíticos, y el político, de intentar desestabilizar el país, o por lo menos sus reformas. El éxito del primero no depende nada más que del grado de impacto que el atentado haya generado en los mercados y en la opinión pública, así como de los potenciales visitantes. El éxito del segundo va a depender de la madurez política con la que se conduzcan estas autoridades, de la voluntad inquebrantable de democracia del pueblo marroquí y del apoyo de Europa. Es preciso reforzar con carácter urgente esta política, tanto en el plano bilateral entre España y sus vecinos, como en el europeo, y convencer a nuestras opiniones públicas de que la inestabilidad en esta parte del mundo es un potencial desastre global, en el momento de que muchos países empezaban a ver la luz al final del duro túnel de la crisis.

Podemos concluir diciendo que la democratización es más urgente que nunca, que es, sin duda una de las más eficaces armas contra el fanatismo. Que hay que intensificar los esfuerzos en la lucha contra el terror, mejorar las medidas de seguridad para proteger a turistas, residentes extranjeros y a nacionales, para dar cumplida respuesta al legítimo miedo que puedan sentir. Y todo sin caer en la tentación de crear un Estado policial. Al terror se le puede derrotar por medios escrupulosamente respetuosos de los derechos fundamentales. Una democracia, a diferencia de lo que dice la extrema derecha, no es débil con el terror, es respetuosa con los principios democráticos, lo que dota a su lucha de fuerza y legitimidad que las dictaduras no tienen.

OORBYT.es

>Gustavo de Arístegui, portavoz de Exteriores del Grupo Popular en el Congreso, analiza la situación en Marruecos.E. C. / Marraquech
Especial para EL MUNDO

«Fue espantoso, nunca podré quitar de mi mente los cadáveres»

Los camareros del Café Argana relatan el «pánico» que sintieron durante el ataque
Mou Rachid, Mulay Drissi y el resto de los camareros del Café Argana tardarán mucho tiempo en olvidar la «horrorosa explosión» que sacudió sus vidas este jueves en la plaza Jemaa el Fna. «Me ha afectado muchísimo, sentimos verdadero pánico», relataba ayer Rachid a las puertas de la sala de reanimación del hospital Ibn Tufail.

Un grupo de siete camareros del ya derruido Argana se dirigieron ayer por la mañana al centro sanitario para visitar a uno de sus camaradas. «Uno de los chicos del café resultó herido a causa de la explosión. Sabemos que su estado de salud no es grave porque le hemos visto hacer declaraciones en la televisión, pero venimos a darle ánimos», explicó un consternado Rachid. «Todos nos hemos tenido que hacer pruebas de audición, porque el estruendo fue ensordecedor», asegura el camarero del popular Argana.

Ellos han tenido suerte y han podido contarlo. Yassine, otro de sus compañeros, no sobrevivió al ataque terrorista, según cuenta Drissi, que sirve cafés, zumos y lo que se tercie desde hace cuatro años. «Yo vi hasta cinco o seis cadáveres, fue espantoso; no creo que nunca pueda quitarlo de mi mente», asegura. «Creo que la bomba estalló en el primer piso, en la terraza que no da al interior; todo fue muy rápido y no vi nada que me hiciera pensar que eso iba a ocurrir», añadió Rachid. En su opinión, fue una suerte que todo sucediera poco antes de las 12.00, porque «a esa hora empezamos a servir comidas y hay mucha más gente». Tampoco sospechó de nadie. «En este café entran y salen mochileros a todas horas, no puedes sospechar de todo el mundo», explica.

Jamila Joudar, abogada marroquí, se acercó también hasta el hospital con otros colegas de profesión y diputados para visitar a las víctimas. Entre sollozos, explicó que había podido ver a una joven francesa de unos 18 años, que estaba muy grave. «Esto que ha pasado es terrible, nunca lo imaginamos».

El conocido Café Argana se levantó en 1983 y, según agentes de viaje locales, recibe en temporada alta hasta 1.000 visitantes por día. Allí se dirigieron a lo largo de la pasada jornada distintos colectivos, como los taxistas de Marraquech o sus guías, además de ciudadanos particulares, para depositar velas y flores como ofrenda a las víctimas.

A pocos metros del escenario de las explosiones, decenas de marroquíes se citaron también ayer para hacer la plegaria del viernes, la más importante para los musulmanes. La plaza Jemaa el Fna continuaba haciendo honor a su nombre a pesar del duro atentado terrorista que sacudió uno de sus rincones este jueves. «El lugar del encuentro infinito, donde todo el mundo puede darse cita»: así explican sus moradores el encanto de la plaza, y así se levantaba ayer. Decenas de turistas marchaban por el mítico lugar, mezclándose con los marroquíes y disfrutando de sus atracciones.

Zakaria Bouhaja, agente de viajes de Marraquech, considera que el atentado ha echado por tierra la «tranquilidad» y la «paz» que los marroquíes venden como atractivo turístico de la ciudad: «Es nuestra principal baza, ¿cómo vamos a vendernos ahora?». Ha calculado que en los próximos seis meses se pueden perder hasta 60.000 puestos de trabajo. «Es lo que nos jugamos y sinceramente creo que ninguna persona nacida en Marraquech sería capaz de golpear así a su plaza y de hacer daño a los extranjeros».JAVIER ESPINOSA / Bengasi (Libia)
Enviado especial

La guerra libia se extiende a Túnez

Tropas de Gadafi invaden territorio tunecino para enfrentarse a los rebeldes

Zapatero embustero

La guerra civil que sufre Libia registró ayer una preocupante escalada después de que tropas del ejército leal a Muamar Gadafi invadieran brevemente el territorio tunecino para enfrentarse a los rebeldes en la ciudad fronteriza de Dahiba.

La arremetida de casi una docena de vehículos todoterreno degeneró en un breve enfrentamiento con los alzados libios, pero también con uniformados del ejército regular tunecino, que obligaron a replegarse a los militares.

De inmediato, el Gobierno de Túnez convocó al embajador libio y le comunicó su «fuerte protesta», avisándole de que «no tolerarán una repetición de estas violaciones. El territorio tunecino es una línea roja», manifestó el viceministro de Exteriores tunecino, Radhouane Nouicer, en declaraciones a la cadena Al Yazira.

El propio Nouicer recordó que esta es la tercera ocasión en los últimos 10 días en el que los ataques del ejército de Gadafi alcanzan el suelo tunecino, aunque antes se trataba de obuses y disparos.

Las imágenes grabadas por Al Yazira muestran la refriega en pleno centro de Dahiba, una pequeña villa fronteriza que fue alcanzada por los cohetes de las fuerzas oficialistas libias, que dañaron varios edificios y dejaron al menos un herido. La acometida generó la estampida de decenas de personas, que huyeron de la aduana en medio del tiroteo mientras que los soldados tunecinos tenían que refugiarse en los habitáculos cercanos.

Dahiba se encuentra situada frente al puesto fronterizo libio de Wazin, capturado el pasado día 21 por los rebeldes, que consiguieron así romper el cerco que sufría la región montañosa de Nafusa, poblada principalmente por la etnia bereber.

Un testigo citado por Ap, Ismail al Wafi, explicó que la confrontación comenzó en torno a las 10 de la mañana y duró casi hora y media. Según él, varios militares libios fueron capturados, al igual que algunos de los vehículos que conducían.

Un fotógrafo de Reuters vio al menos tres cadáveres de soldados libios en la zona limítrofe. La acción de las tropas de Gadafi ni siquiera es una novedad en el largo historial de invasiones y agresiones que ha promovido el dictador contra todas las naciones de su entorno, incluido el pequeño territorio tunecino.

El autócrata ya apoyó en enero de 1980 un asalto de subversivos tunecinos contra la ciudad de Gafsa en el que murieron decenas de personas y llevó a ambos países al borde de un conflicto abierto, cuando Francia declaró su apoyo explícito al régimen tunecino que entonces lideraba Habib Bourguiba. La crisis llevó a la retirada de embajadores y la expulsión de miles de trabajadores tunecinos que habitaban en Libia, otra de las maniobras habituales de represalia de Gadafi.

El jueves, Wazen había sido escenario de violentos enfrentamientos entre los alzados y los refuerzos de acólitos de Gadafi. El estratégico enclave cambió de manos en varias ocasiones durante la jornada pero ayer seguía dominado por los revolucionarios. «Ahora mismo estoy viendo la nueva bandera (revolucionaria) en la frontera. Los combatientes por la libertad la controlan. La vamos a reabrir muy pronto», manifestó uno de los rebeldes, Akram el Muradi, a la agencia Reuters.

Los combates en la región de Nafusa se han intensificado en las últimas jornadas, en las que los seguidores del autócrata están intentando aislar las diferentes ciudades que jalonan este enclave y en especial a las villas de Zintan, Naluf y Yaran, las tres urbes más destacadas del área.

Un portavoz de la OTAN, el general británico Rob Weighill, reconoció durante la jornada que sus aviones piensan intensificar sus bombardeos en esa zona en las próximas jornadas para frenar la ofensiva de Gadafi, que también capturó la remota localidad de Kufra, en el sureste del país. «Es una prioridad», admitió.

El mismo Weghill denunció que los navíos de la Alianza interceptaron varias embarcaciones de la fuerza naval libia que estaban minando los accesos al puerto de Misrata, la única vía con la que se abastecen los alzados.

«Se trata de otro intento del régimen de Gadafi de ignorar totalmente el derecho internacional para impedir que la ayuda humanitaria llegue a la población de Misrata», manifestó el uniformado inglés.MÓNICA G. PRIETO
Buqaya (Frontera entre el Líbano y Siria)
Especial para EL MUNDO

La represión del régimen obliga a los sirios a huir del país

Denuncian la muerte de 62 personas en otra jornada de protestas multitudinarias
No importa la violencia que emplee Damasco: cada Viernes de ira atrae más gente a sus calles, convencida de que si la insurrección popular se apaga, el régimen hará pagar a todos los que osaron cuestionarlo. «Hemos perdido el miedo, ese régimen va a caer y sus responsables pagarán con la cárcel», decía a este diario una mujer de Tall al Kalah tras atravesar la frontera con el Líbano para huir de la represión.

Ayer, las protestas volvieron a congregar a decenas de miles de personas con consignas como «No tenemos miedo» o «Abajo el régimen» en Damasco, Homs, Latakia, Banias. Raqqa y Hama, además de la kurda Qamishli. Las fuerzas de seguridad sirias reprimieron las marchas con la violencia habitual, si bien el mayor número de víctimas se produjo, una vez más, en Deraa, la ciudad sureña donde comenzó la insurrección popular hace seis semanas.

Esta vez, sin embargo, las balas no fueron disparadas en el interior sino en sus puertas, contra los centenares de vecinos de las zonas colindantes que pretendían romper el asedio militar impuesto desde el lunes pasado con suministros básicos para asistir a una población desesperada.

Los disparos causaron al menos 32 víctimas mortales en la ciudad. Organizaciones defensoras de los Derechos Humanos denunciaron que 62 civiles perdieron la vida en todo el país. Según los activistas, en las morgues de Deraa se acumulan los cadáveres de 83 personas, asesinadas desde que comenzase el cerco. «La mayoría de los disparos alcanzaron la cabeza y el pecho, lo que indica que probablemente fueron realizados por francotiradores», explicó a Reuters el abogado Tamir al Jahamani, residente en Deraa. Se estima que unos 3.000 soldados, apoyados por carros de combate, patrullan la ciudad, donde se han cortado la luz, el agua y las comunicaciones.

En Homs, al menos nueve personas murieron según la ONG Sawasiah. Según el régimen, sus fuerzas fueron atacadas por «terroristas» y tres policías murieron. En Duma, un suburbio de Damasco, unos 2.000 fueron reprimidos con fuego real.

Refugiados sirios están tratando de huir a Turquía, Jordania y el Líbano, donde en tres días han entrado unas 3.000 personas, según pudo constatar este periódico. Provienen de Tall al Kalah, una localidad suní que, según los entrevistados, es asediada por tanques desde el jueves. «Los francotiradores disparan a lo que se mueve. Han cortado la electricidad y el teléfono y no hay suministro de agua. En la ciudad solamente están quedando los hombres para defender nuestras casas», explicaba una de las refugiadas.

Ayer la UE -como ya hizo con Túnez, Egipto y Libia- incluyó a Siria en su lista negra. Los Veintisiete tendrán prohibido el comercio de armas con el régimen.EDUARDO DEL CAMPO / Bengasi (Libia)
Enviado especial

El mayordomo que adoraba al 'Zorro del desierto'

Issa Kraim Budawa recuerda en Bengasi su estrecha relación con el militar alemán
El comando británico que a finales de 1941 desembarcó en secreto en la costa este de Libia para matar al Zorro del desierto estaba equivocado. El mariscal de campo Erwin Rommel, jefe del ejército alemán en la campaña del Norte de África, no dormía en el cuartel general de Al Baida, en el centro de la provincia colonial italiana de la Cirenaica, sino en una residencia secreta junto a las ruinas griegas de Apolonia: el pueblo de Susah, al borde del Mediterráneo.

Por eso se salvó. Dormía allí acompañado sólo de un ayudante militar, el oficial Alex Ulrich, y de su asistente personal libio, Issa Kraim Budawa. Lo cuenta, 70 años después, aquel joven mayordomo hoy nonagenario en el salón de su piso de Bengasi, la capital del Gobierno rebelde que desafía a Gadafi.

Issa, vestido con chaqueta y corbata, camina a paso lento y su cuerpo ha encogido, pero su memoria conserva bien los recuerdos de entonces, como si no hubiera pasado tanto tiempo desde la II Guerra Mundial. Alternando italiano, inglés y árabe, cuenta su historia. Cuando vino al mundo, Libia era desde 1911 una colonia italiana y el líder rebelde Omar Mojtar dirigía la resistencia contra la metrópoli desde la Montaña Verde, la tierra de Issa. Pero él se educó con los italianos y se integró en la administración colonial.

«Nací en Apolonia en 1919 o 1920. Trabajé como empleado del municipio hasta 1940. Ese año empezó la II Guerra Mundial y, en febrero de 1941, vinieron los alemanes para apoyar a los italianos contra los aliados. Yo era el supervisor de la residencia secreta de Rommel en Apolonia. Iba a todas partes con él cuando no estaba en el frente. Yo le daba de comer, de beber, era el responsable de la casa, podía entrar en su habitación cuando dormía, le traducía. Pero durante varios meses no supe que era él», cuenta Issa.

«Al principio él iba vestido de civil y los oficiales alemanes me decían que era un periodista, un maestro o un asesor militar. Yo quería conocer a Rommel y no sabía que trabajaba con él», rememora el ex mayordomo, que tardó seis meses en darse cuenta. «Un comando británico con unos 60 hombres desembarcó en la costa para matar a Rommel. Como era su cuartel administrativo, creían que dormía allí. ¡Pero no, dormía en Apolonia conmigo! Era el 18 de noviembre de 1941. Unos oficiales alemanes y yo fuimos a Al Baida. Vimos a tres alemanes de la guardia y al capitán inglés muertos. Por la tarde llegó Rommel, vestido de militar. Entonces supe que era él. Siempre me dijo: '¡Pero si yo creía que tú sabías quién era!'».

Issa llevaba entonces en el brazo izquierdo el brazalete con la esvástica. Pero de su boca no salen palabras de admiración hacia los nazis. Su asistencia era profesional. Y la adoración hacia su jefe Rommel, personal, no política. «Él no tenía nunca miedo. Era un hombre valiente. Muy inteligente. No fumaba, no bebía alcohol. No hacía distinciones entre oficiales, suboficiales, soldados y árabes: para él todos éramos iguales, como una familia. Nos respetaba como si fuéramos sus hijos. Y también respetaba a los prisioneros de guerra aliados».

Issa y Rommel se comunicaban en italiano. Desarrollaron tanta amistad que el general fue a su boda y hasta le confió intimidades familiares, como que su mujer quería venir a visitarlo con su hijo, «pero él no quería verlos mientras durara la guerra». Los ingleses, para detener o matar a Rommel, habrían hecho mejor en captar a Issa: «Yo entraba en su cuarto cuando dormía, él no llevaba pistola ni fusil en casa».

Rommel quería llevar sus tanques hasta el otro lado del canal de Suez. Pero la ofensiva británica en la batalla de El Alamein le paró. Fue un punto de inflexión y los alemanes empezaron a retroceder. Un día, a finales de 1942, Rommel se despidió de Issa. Le dio una foto suya firmada, que aún conserva. «Se acabó, hemos perdido el Norte de África», le dijo entonces, antes de volver a Alemania, donde en 1944 se vio obligado a suicidarse tras ser implicado en el complot para matar a Hitler.

Issa acabó trabajando para los británicos en la Oficina Meteorológica de Bengasi, donde estuvo hasta su jubilación, en 1986. El ex mayordomo de Rommel trabajó antes para italianos y alemanes, luego para los británicos, después para la administración del rey Idriss y más tarde, desde 1969, para la de Gadafi. Ahora asiste tranquilo a la nueva revolución. Todos pasaron y él sigue aquí, con su mujer y ocho hijos. ¿Qué piensa de Gadafi? «Al comienzo la gente lo quería. Era bueno. Pero últimamente el pueblo no estaba contento. Sólo esto te puedo decir». Palabra de superviviente.

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