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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

jueves, 28 de abril de 2011

FIRMAS: David Gistau, Raúl del Pozo, Erasmo, Luis María Anson, Arcadi Espada, J.Müller, A. Romero, S. Sostres,


RAÚL DEL POZO

La barrida

EL RUIDO DE LA CALLE
Zapatero embusteroLa vida bribona es una aportación verbal de Diego Torres de Villarroel al referirse a la corte de Madrid y a sus vicios. El matemático, chulo, ladrón, torero, sacerdote, bailarín, médico fingido y catedrático de Matemáticas de Salamanca ya avisó que Madrid era el imán para los vividores y toda la corrupción y la picaresca. El gran escritor profetizó el Motín de Esquilache y hasta la Revolución Francesa.

Aquellos galanes de monja y caballeros del milagro, aquellos pícaros y espadachines sin pendencia siguen o seguimos aquí, en el Madrid de los subsecretarios que ahora ha multiplicado su burocracia y las maneras de vivir a la droga, con más funcionarios del Estado que en los tiempos en los que había que administrar las colonias. A los cocidos de tres tumbos ha sucedido la comida-fusión, a los aliviaderos, los masajes, y a los corregidores, los parásitos del presupuesto. Madrid sigue siendo un imán para vividores y la gente viene al foro a vivir del sable.

No hubo tal descentralización sino una duplicidad de administraciones; la primera industria de Madrid sigue siendo, como siempre, el poder. Cientos de miles de madrileños trabajan para alguna de las manflerías del Estado. Los presidentes, alcaldes, magistrados, defensores de los pueblos, reciben como los viejos consejeros de Castilla en palacios, ahora rehabilitados, rodeados de guaruras, maderos, chóferes, periodistas de cámara, secretarios y asesores. Hay más teatros que en Broadway y más cineastas que en Hollywood, la mayoría mamando del presupuesto. Madrid sigue siendo capital de la monarquía. Zapatero siempre miró con desconfianza esta olla de poder y de gloria donde uno de cuatro coches lleva cristales ahumados como los de los gánsteres.

Ahora nos llaman a elecciones para renovar a cientos de diputados de asamblea y de concejales de barrio cuando Madrid, lo mismo que la mayoría de las administraciones, carece de dinero para pagar a los empleados. Pero de eso no hablan los candidatos, ni tampoco de la corrupción. Las encuestas sólo se fijan en quién ganará y todo indica que Esperanza Aguirre arrasará en las urnas. Es lo que ya se llama la barrida de Madrid. En el cuartel general de Tomás Gómez matizan: «Esta mujer es muy lista, dice que no hay imputados en las listas y lo dice de tal manera que la gente se lo cree». Imputados los hay, aunque la presidenta dice que lo son «por tonterías».

Aguirre, que tiene la esperanza de los madrileños, dice que el 22-M es una oportunidad para censurar al socialismo y anuncia medidas de privatización y de austeridad. Pero es la hora de privatizar no sólo las compañías sino el poder, aligerándolo, haciéndolo más delgado, con menos bribonería y enchufe. Si quiere reducir el déficit, debe anegar algunos agujeros y bancarrotas e iniciar una campaña de verdadera austeridad y honradez.


JOHN MÜLLER

Lo que va de Mas a Mas

Llevaba varios días considerando elogiar a Artur Mas por la valentía política que ha tenido al emprender una serie de recortes impopulares (pero imprescindibles), pese a la proximidad de la cita electoral del 22-M. Incluso descubrí que la Generalitat catalana no nació como un poder ejecutivo desnudo, sino como un órgano delegado de las Cortes que recaudaba impuestos y se encargaba de supervisar que se cumplieran las normas del Parlamento. Ese ánimo tributario y fiscalizador me parecía consonante con la actitud de un Gobierno dispuesto a hacer las cosas en serio y no a esconder los déficit en los cajones.

Pero el impulso le duró a Mas hasta el martes, cuando por táctica política decidió aplazar todas las medidas hasta después de las elecciones. Asegura que entonces acometerá los ajustes, anuncio inopinado porque no hace más que aplazar el disgusto de la gente. Un analista de Barcelona asevera que la Generalitat espera ponerse así a la altura del resto de las comunidades autónomas que también tendrán que adoptar restricciones del gasto público tras los comicios. Quizás en ese ambiente, la reacción de la calle sea más llevadera.

Tenía gracia que CiU, con su discurso rebelde sobre los objetivos de déficit y todos sus aspavientos nacionalistas, fuera realmente la única fuerza política que estaba corrigiendo con mano dura la factura del guateque que le dejó el tripartito encabezado por el PSC. En ese contexto, las amenazas del conseller Andreu Mas-Colell, y del propio Mas, sobre el cumplimiento del déficit, quedaban relativizadas por lo que veíamos en la práctica. Pero ahora las cosas han cambiado. El cálculo ha sustituido al valor.

Aunque Salgado encontrara «constructivo» ayer el discurso de Mas-Colell, este dejó claro que no cumplirá el déficit en 2011. Más aún, la vicepresidenta abrió la puerta a la fijación de «objetivos diferenciados» de déficit a partir de 2012, declaración que lleva su carga política porque puede suceder que en esas fechas gobierne el PP de Mariano Rajoy, el cual quizás debería decir algo al respecto. Y quizás tenga que decir algo que no esté en consonancia con el apoyo que el PP ha prestado a Mas en la reclamación del dinero del Fondo de Competencia.

Quizás lo más sorprendente de este pulso de política fiscal sea el artículo que Guillem López Casanovas, profesor de la Pompeu Fabra, le dedicaba ayer en La Vanguardia al asunto. López, que es consejero del Banco de España y asesor de Mas, repetía la acusación que Sánchez Llibre vertió en el Congreso donde culpó al Gobierno de centrifugar el déficit hacia las comunidades autónomas.

Según López, el Gobierno ha repartido por igual entre las comunidades dos puntos del déficit al haberles adelantado cantidades infladas en 2008 que no se recaudaron en 2009. Se quejaba así de la asimetría y dejaba caer que la Generalitat bien podía aplazar los ajustes.

El secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, contestó a estas afirmaciones en el Congreso de manera contundente afirmando que cuatro regiones, entre ellas Cataluña, rebasaron ampliamente los objetivos. Pero sería conveniente que cada uno expusiera sus números con claridad porque sobre estas medias verdades se acaban asentando agravios.

john.muller@elmundo.es


GINA MONTANER

Ortega y su conexión libia

Los cables de Wikileaks vuelven a aportar más pruebas de las estrechísimas relaciones que el gobernante nicaragüense Daniel Ortega ha mantenido con Muamar Gadafi desde los 70. Se sabía que la lucha armada contra la dictadura de Somoza fue financiada por el autor de El Libro Verde. Desde entonces Ortega ha recibido millones para sus campañas y para el manejo de los intereses de su amigo libio. Pero ahora, con la publicación de una serie de cables fechados en 2007 y emitidos por el entonces embajador estadounidense en Managua, Paul Trivelli, aparece otro dato alarmante: que el secretario privado del dirigente sandinista, y uno de sus hombres de confianza, es un sobrino de Gadafi.

Era un secreto a voces: Mohamed Lashtar, más conocido en los círculos políticos como Mohamed El Ashtar Ferraro, se estableció en el país centroamericano en los 80. Este ex agente de la inteligencia libia llegó allí con la misión de velar por las inversiones de su tío. Poco a poco Lashtar acabó siendo la mano derecha de Ortega y obtuvo la ciudadanía para sustituir al diputado Jacinto Suárez en el Parlamento Centroamericano.

En misivas confidenciales Trivelli comunica a EEUU que un estado terrorista como el libio financia al estado terrorista de los sandinistas. Por si alguien alberga dudas acerca de la complicidad de Ortega con la multinacional del narcoterrorismo, basta recordar lo que se halló en el ordenador incautado del líder de las FARC Raúl Reyes. En un correo electrónico del 4 de septiembre de 2000 Reyes le pedía al Gobierno de Trípoli 100 millones de dólares para obtener armamento. Tres años después el guerrillero escribió: «Los libios nos han dicho que la responsabilidad política de las operaciones de Libia en la región está en manos de Ortega». O sea, para cualquier operación desestabilizadora su socio sandinista era el chico de los recados de Gadafi.

También se ha sabido que en los últimos tiempos Gadafi se mostraba cansado de financiar a los revoltosos latinoamericanos dirigidos durante décadas por el régimen internacionalista de los hermanos Castro. Se tiene noticias de que en 2008 Ortega visitó Trípoli y pidió más ayuda económica que Gadafi le negó. Lo mismo le ocurrió ese año a Evo Morales. Es evidente que ni siquiera su sobrino Lashtar logra convencer al acorralado tirano de seguir subsidiando con petrodólares los ineficientes gobiernos de sus discípulos.

En noviembre se celebran elecciones generales en Nicaragua y los sandinistas pretenden perpetuarse en el poder. Por si fuera poco, los documentos de Wikileaks son otra señal del carácter siniestro de Daniel Ortega y sus verdaderas intenciones. Mientras la oposición es masacrada en Libia, al otro lado del charco este sicario pordiosero protege los asuntos de una cruel dinastía. Sus manos están tan manchadas de sangre como las de su benefactor Gadafi.



ERASMO

Matute

ESTA Ana María, señora lejana y adorable, delgadez escueta/ su imparable porfía / su copa de verdejo/ y su Cervantes. Que posa en los jardines/ umbríos, de la universidad cervantina/ en Alcalá de Henares/. Perplejidad distraída de quien se despide, resumida, ante sí misma. Párpados marsupiales, que acaso podrían esconder a gnomos, xanas, elfos, a sus hadas, almacenar una vida de gozos, sombras, sinsabores, una existencia de invenciones de niña en su refugio, cuando nada le era ajeno aún a una infancia voraz de bicicletas y bocadillos. Chapeau.

luis MARÍA ANSON

Matute, crónica de una sonrisa anunciada

COMO la Monarquía es de todos, según proclamaba Juan III contra el dictador Franco, a las fiestas del Palacio Real acuden escritores del más vario pelaje, amén de algunas cucarachas que corretean por la vida literaria española. En el almuerzo que Juan Carlos I ofreció a Ana María Matute, el olimpo de las letras se esforzaba educadamente por no pisar a las cucarachas, exultantes en los salones que cuida Nicolás Martínez-Fresno, el eficaz presidente del Patrimonio.

Ana María Matute escarbaba en la felicidad fugaz del homenaje que rendíamos a la rara inocencia que todavía se enrosca en su mirada y en la anunciada sonrisa de una mujer, ya por encima del bien y del mal. Junto a ella, el gran protagonista del almuerzo cervantino era Mario Vargas Llosa, que escribió, por cierto, en el diario adicto un artículo espléndido con los dídimos subidos de tono. Mario ha estado siempre contra las dictaduras. Zarandeó a Pinochet y en la época en que la progresía se extasiaba genuflexa ante Fidel Castro denunció las atrocidades de la tiranía cubana. Ahora prefiere en Perú el riesgo del izquierdista Ollanta Humala a la tentación totalitaria y corrupta de la hija de Fujimori. Keiko legitimaría la dictadura que envileció la política peruana. Un diez para la independencia del autor de La fiesta del chivo.

El Rey sentó a su derecha a Ana María Matute y a su izquierda a Ángeles González-Sinde, una mirada suya hace más por Zapatero que todos los entusiasmos de Elena Salgado, la marioneta mayor del reino. Cerca estaba su subsecretaria, Mercedes Elvira de Palacio, que es mujer muy inteligente y de rara simpatía. El nuevo director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, cortejaba a la Reina. Con Doña Sofía hablé de la polémica engendrada en el Teatro Real por El rey Roger, la ópera de Warlikowski y Szymanowsky. A mí me gustó todo, incluso el escándalo. Un acierto más de Mortier que ha conseguido desperezar a la ópera en España, bien respaldado por Gregorio Marañón.

Víctor García de la Concha es Toisón de Oro y precede en el protocolo a todo el mundo salvo a los miembros de la Familia Real y al presidente del Gobierno. Anda enfrascado en manuscritos de Lope de Vega y, como Pepe Hierro, espera a que Marta abra sus ojos azules porque quiere escuchar el mar. Antonio Colinas lucía su cabellera lateral al viento y Luis Antonio de Villena, que es la calidad y la cultura profunda, atendía a todos con su sorna incontenible.

Alberto Aza está haciendo una labor impagable al frente de la Casa del Rey. Le comenté la crecida del Príncipe y el prestigio que acumula día a día. Don Juan Carlos reía las ironías de Álvaro Pombo al lado de Manolo Calderón, hombre que tiene en la cabeza toda la cultura española, hoy. Encontré al Rey en plena forma, lúcido y divertido, tan bien informado como siempre. Y conversé con la Princesa de Asturias, integrada plenamente en la realeza y que está encantada con el acoso a los fumadores. Doña Letizia es la inteligencia viva, la sagacidad permanente, la moderación y el buen sentido. Ya lo era cuando trabajaba en el ABC verdadero.

Y allí estaban Mingote, el genio, con Isabel su mujer. Y Pere Gimferrer, que será premio Nobel de Literatura, contemplando cómo ardía el mar literario en los salones de Palacio. Y Sánchez Albornoz en conversación con Carmen Caffarel. Y Juan Manuel de Prada, al que sigo desde que empezó, coño, con El silencio del patinador. Y a José Antonio Pascual, que es un sabio de la palabra y que disfruta como un enano cuando está con el Rey. Y a Darío Villanueva, que me ha enviado El polen de ideas, con sagaces análisis, por cierto, de Valle-Inclán y James Joyce. Y a Humberto López Morales, artífice del gran Diccionario de americanismos. Y a Pérez Azaústre, que va de éxito en éxito. Y a Rogelio Blanco, uno de los hombres importantes con que cuenta Zapatero y que está organizando una magna exposición de portadas del Quijote en la Sociedad Cervantina. Y a Antonio Gamoneda, el temblor de la mejor poesía. Y a Gonzalo Anes, el académico de la Historia al que quiere todo el mundo. Y a Antonio Skármeta, con el recuerdo siempre del más grande, Pablo Neruda. Y a tantos y tantos otros que no caben en esta crónica, amén los giliporcelanas de turno y las inevitables cucarachas.

A Ana María Matute le brillaba la ensoñación en los ojos, con Aranmanoth entre los dedos, su historia medieval del Teseo cornicoronado por Fedra. Sabía que al salir de Palacio, una golondrina caería misteriosamente del cielo, y una larga y oscura gota de sangre manaría de sus alas.


Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

arcadi espada

La opinión

ME INTERESÓ mucho el diálogo que mantuvieron la política Cospedal y la periodista Pastor la otra mañana, desayunando en la televisión pública. Me interesó hasta lo que no se vio. Es decir, a la política C como tomando medidas de la casa, a ver qué muebles pongo, y a la periodista P cual ventoso mascarón de la Numancia socialdemócrata. En un momento dado la política C aventuró una opinión, una de tantas de las que vierte día y noche en platós y púlpitos, sin mayor anclaje en los hechos ni razón empírica. La televisión pública manipula, eso dijo, para añadir acto seguido que la práctica de la objetividad le era ajena. Me sonreí cuando la oí hablar de la objetividad. La primera lección que dan en las clases de periodismo españolas, salvo en una, es que la objetividad no existe. Lo que sin duda representa un alivio para el lacio alumnado. ¡Un trabajo menos!

Sorprendentemente, cuando la periodista P oyó eso no le preguntó qué datos traía. Una pregunta que habría obligado a la política C a un ejercicio de objetividad. Qué va. Sólo se le ocurrió contradecirla. Eso no es cierto, dijo. La política C le replicó enseguida que eso sería su opinión. Y fue entonces, abriendo de nuevo la boca la periodista P, cuando se instaló el drama. Con ingenua arrogancia la periodista P le dijo que, en efecto, era una opinión, como la suya. Me sorprendió la inteligencia de la respuesta de la política C. Con una sonrisa tranquila e implacable, propia del que ha cobrado la pieza, le hizo ver que era una opinión como la suya pero que valía diez millones menos: el número de votantes del PP, así por lo grueso. La periodista P la escuchó, balbuceó y ya no levantó cabeza.

Fue una dura y vibrante lección de periodismo. El objetivo del político convencional sólo es la suma de opiniones. Una, ciento, un millón. El movimiento de las mareas. De ahí, por ejemplo, que algunos políticos, y algunos del PP para no ir más lejos, legitimen las prácticas digitales más infames, incluida la del robo, temerosos de que las mareas internáuticas perjudiquen esa parte de su hegemonía basada en el aluvión. A los políticos les impresiona mucho menos la verdad que la masa. Frente a la vertiente cuantitativa de la democracia los periodistas deben oponer hechos y preguntas. Por desgracia, y cada vez con mayor abundamiento, sólo ofrecen opiniones. Y no sólo eso: en su delirio han llegado a confundir los votos con el share, y a pensarse a sí mismos en términos de representatividad. Menos mal que la política Cospedal lo dejó dicho, y espero que sea por una buena temporada. Usted no es nadie y sus opiniones nada. Esto que jamás habría podido decir de un hecho.

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