LA GUERRA DE ZAPATERO: Las ansias infinitas de Paz de Zapatero vira y nos muestra la realidad
CARLOS FRESNEDA / Nueva York
Corresponsal
«La guerra puede acabar en tablas»
Anuncia la «segunda fase» militar con ataques aéreos para «cortar el abastecimiento»

«La campaña militar es limitada y un resultado potencial es que Gadafi siga en el poder», admitió Mullen, en declaraciones a la NBC. «No puedo decir cómo acabará esto desde un punto de vista político», advirtió. «Pero lo cierto es que no vamos a poner tropas sobre el terreno. Esto no es una ocupación».
El jefe militar de EEUU añadió que «no se trata de echarle del poder [a Gadafi]», así como que la guerra «podría terminar en tablas». En el mismo sentido, el secretario de Defensa de EEUU opinó que matar a Gadafi «sería insensato», porque crearía nuevos problemas. Una declaración que contrasta con lo señalado horas antes por el Gobierno británico. Su ministro de Defensa, Liam Fox, aseguró que el lider libio podría convertirse en «blanco» de los ataques aliados, horas antes de que un misil impactara contra el complejo presidencial del dictador en Trípoli.
«Las operaciones militares seguirán adelante durante los días que haga falta, hasta que el régimen de Libia acepte finalmente la resolución de la ONU», declaró ayer el ministro francés de Exteriores, Alain Juppé. A la pregunta sobre si el objetivo es derrocar a Gadafi, Juppé respondió: «No, el objetivo es ayudar a los libios a elegir su futuro».
«Nuestra acción es correcta, legal y necesaria», concluyó finalmente el primer ministro británico David Cameron, el primero en plantear la zona de exclusión aérea y demás opciones militares en Libia, con la complicidad del presidente Nicolas Sarkozy y de la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, que logró persuadir a Obama.
Pese a la elevada implicación de Reino Unido (11 cazabombarderos Tornado, varios aviones de vigilancia y repostaje, un submarino y dos fragatas) y de Francia (una veintena de aviones, tres fragatas y el portaaviones Charles de Gaulle en camino), las operaciones han sido dirigidas por el comandante de la Sexta Flota de Estados Unidos en Europa, Harry B. Harris.
Once navíos norteamericanos están participando en la ofensiva, incluido el portaaviones norteamericano Garibaldi, fondeado en Sicilia y usado de base para los Harrier. El USS Kearsarge, desplazado desde el Mar Rojo con su tripulación de 400 marines, cuenta también con sus propios Harrier de despegue vertical. Las fuerzas norteamericanas cuentan con medio centenar de aviones en distintas misiones, desde los bombarderos B-2 a los cazas F-15 y F-16, pasando por los EA-18G de la Marina como «apoyo electrónico».
Tras el lanzamiento desde el mar de los 112 misiles de crucero Tomahawk que alcanzaron 20 objetivos y destruyeron la práctica totalidad de las defensas antiaéras y los sistemas de radar y comunicación, el almirante Michael Mullen anticipó que la segunda fase de las operaciones consistirá en bombardeos aéreos para «cortar el apoyo logístico» de las tropas del régimen.
«Las tropas de Gadafi no han podido volar en las últimas horas ni con helicópteros ni con aviones, lo que demuestra que la zona de exclusión aérea está siendo efectiva», declaró Allen. Pese a las informaciones que llegaron ayer de Libia, el almirante aseguró no tener noticias de «bajas significativas entre la población civil» por el impacto de los misiles o por las incursiones aéreas.
En la operación Alba de la Odisea, han muerto 64 personas, según un oficial del régimen libio. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso cifró en 48 los civiles fallecidos en los bombardeos aliados. Por último, un líder rebelde habló de 8.000 muertos desde el inicio de la revuelta en el país norteafricano.
El jefe de Estado Mayor norteamericano recalcó que la misión primordial es «proteger a la población civil», pero descartó la existencia de planes tanto para armar a los rebeldes como para forzar la caída de Gadafi por vía militar.
«Esperamos que repliegue sus fuerzas en el país y vuelvan a su fortín», declaró Mullen. «Y esperamos que sea capaz de tomar una decisión sobre su propio futuro».
El almirante norteamericano no ocultó su temor a que Gadafi pudiera usar gas mostaza o adoptar represalias contra los países agresores: «Es un bandido, un tipo astuto, un superviviente, y con eso contamos».
Mientras, desde Moscú, se transmitió malestar por, a su juicio, los ataques «contra objetivos no militares».
En EEUU, arrecian entre tanto las críticas contra Obama por su reacción tardía. «El mejor resultado de esta ofensiva debería ser que Gadafi y su familia reconocieran que no tienen legitimidad y dejaran la escena», declaró el senador demócrata Jack Reed. «Pero si Gadafi no se va, corremos el riesgo de un largo conflicto».
OORBYT.es
>Análisis de Carlos Fresneda.
EDUARDO DEL CAMPO / Bengasi (Libia)
Enviado especial
Gadafi amenaza con una guerra larga y cruenta como en Vietnam
Pese a las decenas de muertos de uno y otro lado que acumula el conflicto libio, Muamar Gadafi se levantó ayer con ganas de guerra. Tras la primera jornada de bombardeo aliado, el dictador -tan fiel a su retórica de líder de la «resistencia antiimperialista» como sordo a las reivindicaciones de gran parte de su pueblo- proclamó que luchará «hasta el final». En ese viaje al infierno no irá solo, porque aseguró que repartirá armas y que, aunque mueran todos sus soldados varones, le seguirán mujeres dispuestas a inmolarse contra los «cruzados occidentales».
Desde un refugio desconocido, la voz de Gadafi sonó en un mensaje televisado tras la imagen fija de la famosa escultura de Trípoli que representa una mano estrujando en el aire como una lata de Coca-Cola un avión de guerra de EEUU. Era una forma de decir que saldrá victorioso, como salió indemne del bombardeo de Reagan en 1988, al que alude el monumento. «Ganaré inevitablemente», afirmó el coronel más famoso y veterano del mundo, que aseguró que triunfará contra las potencias occidentales «como en Vietnam, Somalia y Afganistán».
De momento, otros han perdido algo más irrecuperable. La vida. Sesenta y cuatro personas murieron y 150 sufrieron heridas en los ataques lanzados desde barcos y aviones por la coalición internacional contra objetivos militares de Gadafi en el norte del país, según informó el Gobierno libio. También se supo que los blindados del coronel, de retirada de Bengasi, habían tomado a sangre y fuego el enclave rebelde de Misrata.
Imágenes polémicas
La televisión oficial mostró imágenes de heridos y de un funeral con varios ataúdes, presentándolos como víctimas del ataque aprobado por la ONU, aunque en la zona rebelde respondían asegurando que el régimen es tan retorcido que ha desenterrado los cadáveres de los rebeldes muertos en la represión de la ciudad de Zawiya, al oeste, para venderlos como propios. Otra versión dice que los han sacado de las cámaras frigoríficas de la morgue.
En la zona que gobierna el Consejo Nacional de Transición, con capital en Bengasi, la intervención militar para protegerlos de Gadafi los ha reavivado y ahora muchos dicen que su victoria es cuestión de sólo unas semanas. «El 90% de la población está contra Gadafi, pero sólo aquí tenemos libertad para decirlo. Tenemos que ir hasta Trípoli, porque allí están nuestros hermanos», dice el empresario Baset el Haj.
Toda la ruta desde la frontera con Egipto hasta Ajdabiya está en manos de los rebeldes, que hasta el viernes estaban a la defensiva. Ayer volvieron a enfilar hacia Trípoli, pero hay por delante 1.000 kilómetros. Y en la ecuación para conocer cuánto queda para llegar a la capital y al final del conflicto falta un número por escribir: el de los muertos que vendrán.
JAVIER ESPINOSA / Qaminas (Libia)
Enviado especial
La carretera de los horrores
El cuarteto parecía disponerse a desayunar. Había sacrificado un carnero que todavía colgaba del muro. Los trozos de carne permanecían en una enorme bandeja de metal. No tuvieron ninguna oportunidad. Los proyectiles destruyeron el carro de combate. Le arrancaron literalmente la torreta, que permanecía tirada en un costado de la carretera.
También redujeron a chatarra humeante los dos vehículos todoterreno. Al lado de uno de ellos se descubría un cadáver ennegrecido, con un rictus estremecedor en lo que le quedaba de rostro. La insignia que portaba el uniforme había caído al suelo. Les identificaba como las tropas de élite del régimen.
«Brigada de Mártires de Jamis Abu Muniar», se leía junto al escudo. Jamis Abu Muniar es el apodo con el que se conoce aquí a Jamis, uno de los hijos de Muamar Gadafi.
Otros dos cuerpos destrozados se hallaban recostados junto a la pared y un tercero tumbado en las inmediaciones.
El truculento escenario era una imagen recurrente en todos los kilómetros recorridos. Recordaban a aquellas fotos espeluznantes del convoy del ejército de Sadam Hussein en febrero de 1991. Lo llamaron la autopista de la muerte. Ayer, las tropas de Gadafi sufrieron la misma suerte. Los ataques aéreos dejaron decenas de vehículos blindados calcinados durante kilómetros y, junto a ellos, todo un reguero de cuerpos de militares, reducidos en muchos casos a meros pingajos o simples trozos de carne.
Una debacle que generó tal impacto en las fuerzas leales a Trípoli que éstas huyeron en desbandada. Si todavía por la mañana estaban acosando la ciudad de Bengasi, al caer la noche se habían replegado a las inmediaciones de Ajdabiya y Zweitina. Los mismos 150 kilómetros que recorrieron la noche anterior para lanzar su ofensiva sobre Bengasi.
A las 11.00 horas, media hora después de la última acometida de los aeroplanos, muchos de los tanques ardían todavía en la posición que ocupaban, a menos de cinco kilómetros de la salida de la segunda villa de Libia. Uno de ellos estalló creando una enorme bola de fuego mezclada con humo negro.
La parafernalia bélica devastada se encontraba esparcida en un entorno de casi cinco kilómetros a la redonda, justo en el emplazamiento que habían fortificado los militares con muros de tierra.
El asalto había sido sistemático. Uno tras otro, los tanques, vehículos anfibios, lanzaderas de cohetes, camiones radares, cañones autopropulsados y jeeps habían sido alcanzados por misiles o bombas. La munición que portaban seguía explotando a intervalos. Uno de los obuses reventó creando una especie de fuego de artificio blanco.
El coronel Suleiman Al Qarridi explicó que la aviación había lanzado dos acciones consecutivas. Primero a las 6.30 horas y después a las 10.30. «Los militares que seguían vivos salieron de estampida. Usaron vehículos civiles o se fueron incluso corriendo a pie», indica.
Huida a la desesperada
Ahmed Al Kuafi llegó al lugar muy temprano. Tanto que todavía se topó con los uniformados de Gadafi y tuvo que retirarse cuando éstos abrieron fuego contra su automóvil. «Entonces comenzaron a bombardear los aviones y los soldados huyeron como pudieron», precisa.
No todos tuvieron esa suerte. Al avanzar entre los residuos militares, se comprendía la magnitud del descalabro. Confundidos con los pedazos de metal, se descubría todo un amasijo de despojos humanos. Piernas arrancadas, manos, torsos separados del resto de su esqueleto. Piltrafas desparramadas por metros y metros de campiña. Había hasta un jirón de la piel que recubría la cara de una de las víctimas enganchada al cuero cabelludo. Parecía una macabra careta.
«Aquí sólo [en torno a uno de los tanques] he contado más de 15 cadáveres, aunque es difícil saber a veces si es uno o dos cuerpos. Es terrible. Nunca había visto nada igual. Son jóvenes a los que Gadafi les lavó el cerebro y les envió a la muerte», relataba Al Kuafi, mientras recorría el lugar.
El empresario de 49 años decía encontrarse dominado por la «conmoción». «Me gustaría llorar, pero no puedo. Ustedes son europeos, ¿no? Ustedes fueron los que hicieron negocios con este loco durante años y le hicieron creer que era alguien importante. Europa y Estados Unidos son responsables también de la muerte de estos chicos», añadía.
Los primeros recién llegados se dedicaban a recuperar los enseres que dejaron abandonados los militares del autócrata. Un grupo estaba saqueando un enorme camión de DHL repleto de cajas de comida que debió ser usado para alimentar al convoy armado. Otro contingente de chavales se hacía fotos sobre el único tanque que se salvó de la acometida aérea en ese enclave.
Tikka, Yaruza, Qaminas, Al Sultan. Las mismas aldeas que jalonan el camino entre Bengasi y Ajdabiya aparecían vacías. El único signo de la presencia de los uniformados oficialistas eran los vehículos que seguían sucediéndose en la carretera. Muchos seguían ardiendo. Otros habían sido abandonados a la carrera. En la entrada a Qaminas se encontraban dos carros de combate y un transporte de tropas vacíos.
«Se acaban de ir hace media hora», advertían dos chavales en Qaminas.
Ateniéndose al tono surrealista que ha caracterizado a esta guerra civil, los supervivientes de la columna que envió Jamis para conquistar Bengasi escapaban a toda velocidad en dirección hacia Ajdabiya seguidos tan de cerca por los automóviles de civiles alocados que, en ocasiones, tuvieron que detenerse para disparar varios cohetes que refrenaran el ímpetu irreflexivo de los conductores.
La presencia de un espectáculo tan devastador no generaba una opinión unánime entre los residentes de Bengasi, que volvían a recorrer por cientos una vía que hace 48 horas dominaban los blindados de Gadafi.
Personajes como Yamal Mashbri se congratulaban tan abiertamente que se permitía la ironía incluso frente a un panorama tan turbador. «Por favor, díganle a Sarkozy que no bombardee muy deprisa. Hay que dejar que Gadafi siga unos días más para que sufra», señalaba.
Pero otros parecían coincidir con Ahmed Al Kuafi. Los habitantes de Bengasi no olvidan que esta pretendía ser una revolución pacífica dirigida sólo a reemplazar a un déspota. Cuando comenzaron a alinear en la calzada los muertos calcinados, algunos se indignaron y pidieron a sus conciudadanos que dejaran de sacarles fotografías.
«¡Todos somos libios. Esto es una desgracia!», gritaba uno.
A media tarde, los jeeps de los shabab (muchachos) revolucionarios enfilaban como posesos hacia Ajdabiya. Las defensas de los seguidores de Gadafi se habían desmoronado bajo el poder aéreo que antes ellos mismos utilizaron para machacar a las fuerzas revolucionarias. «Ahora volvemos a tener la iniciativa y seguiremos hacia Sirte y Trípoli», prometía Atiya Lashar, un miliciano de 30 años.
EDUARDO DEL CAMPO / Derna ( Libia)
Enviado especial
«Nos han tratado como animales, sólo comer y beber, y la vida es más que eso»
Hay dos tumbas abiertas en el lugar más sagrado de la ciudad de Derna: en el recinto de la mezquita de Sahaba, junto a los mausoleos donde están enterrados, según la tradición, los 77 amigos del profeta Mahoma que murieron aquí luchando en el siglo VII. Este jardincillo es el lugar de honor donde los vecinos de la ciudad rebelde decidieron enterrar a las 15 personas que murieron en la insurrección popular de febrero contra el Gobierno de Gadafi.
Las dos tumbas nuevas son para otros dos mártires, muertos el viernes en el combate contra las tropas leales al régimen a las puertas de Bengasi. «Es su premio, ir al paraíso por una buena causa», afirma Abdul Ismail, ingeniero jubilado de la corporación nacional de petróleo libia. Su amigo, Fawzi Ibrahim, antiguo directivo de un banco del Gobierno, resume en una frase por qué se levantaron: «País rico, pueblo pobre». «Antes, por hablar con usted nos enviarían a la cárcel», asegura el ingeniero jubilado, que aprendió inglés, como su amigo, en la época anterior a la revolución de Gadafi que derrocó la monarquía del rey Idris en 1969 y, denuncian ellos, inició 42 años de represión política y declive educativo y social.
«Nos han tratado como animales, sólo comer y beber, y la vida es más que eso. En esta ciudad, en la librería sólo tienen el Corán y algunos libros religiosos», se queja el antiguo técnico petrolífero. Enseñan el mercado humilde, las casuchas cochambrosas. «Libia produce 1,4 millones de barriles de petróleo Brent. Pero mire qué pobreza. Toda la riqueza es para la familia de Gadafi. La gente que está en el Gobierno con él están ahí por ser leales, no por estar preparados. Ya puedes ser un burro, que si eres leal a él, tendrás poder», protesta el veterano ingeniero con el sentimiento de liberación de poder hablar por fin. «El Libro Verde [el manual que escribió Gadafi como guía de su peculiar revolución asamblearia] y eso del 'poder por el pueblo' es propaganda», continúa.
El antiguo funcionario bancario cuenta una historia para ilustrar cómo funciona la satrapía familiar: «Un hijo de Gadafi, Saadi, fue al gobernador del Banco central y le pidió 20 millones de dinares. El gobernador llamó al padre y éste dijo, 'dale 12'». Luego dice, con una sonrisa: hablar así, sin miedo, «es una gran sensación». No la habían experimentado en toda su vida adulta. «No nos hace falta comer y beber, lo que necesitamos es libertad».
En la mezquita exponen a modo de archivo histórico cientos de retratos de víctimas de la dictadura desde los años 80 hasta este mes de marzo, la mayoría jóvenes. Sus rostros son un tremendo repaso al pasado de Libia. Gadafi y sus hombres, aunque estén debilitados y lejos, aún siguen causando víctimas de puro terror.
Anoche, en el centro de Bengasi, estalló un fuerte tiroteo sin que se viera realmente contra quién. En escaramuzas como éstas, los muchachos rebeldes pueden acabar fácilmente siendo mártires de la forma más absurda e insospechada: por el fuego amigo.
ROBERTO BENITO / Madrid
Los cuatro cazas españoles, listos para entrar en combate
Domínguez Buj explicó que, de los cuatro tipos de acciones que se están realizando para implementar la zona de exclusión aérea en Libia -mando y control, patrulla, eliminación de defensas antiaéreas y reabastecimiento en vuelo-, los cuatro F-18 se emplearán en patrullas aéreas sobre el país. Y aclaró, por si alguien podía tener dudas, que se trata de «patrullas de combate».
Los aparatos españoles están «autorizados a abrir fuego si es necesario», cumpliendo siempre con las reglas de enfrentamiento que han consensuado los miembros de la coalición y que ayer ya estaban en vigor. Ello implica que si localizan algún avión o helicóptero que esté sobrevolando Libia vulnerando la zona de exclusión deberán derribarlo.
Al cierre de esta edición, el mando sobre los cuatro cazas de combate españoles ya había sido transferido a la coalición y los aparatos permanecían en la base italiana de Decimomannu, al sur de la isla de Cerdeña, donde habían llegado el sábado por la tarde, y esperaban que el comandante de la operación, el general estadounidense Carter Ham, les diera la orden de intervenir. Fuentes militares informaron, no obstante, de que en principio no estaba previsto que los F-18 españoles participaran en su primera patrulla aérea durante las siguientes horas.
Junto a ellos permanecía el avión de reabastecimiento en vuelo C-235, que completa por ahora la contribución de España a Alba de la Odisea y que tampoco había entrado aún en servicio.
Mientras tanto, la Armada continúa con los preparativos para enviar un amplio contingente naval a la región, en este caso para asegurar el embargo de armas sobre Libia y en el marco de la OTAN, que en los próximos días dará la orden para iniciar esta operación paralela a Alba de la Odisea.
Aquí es donde España hará el mayor esfuerzo militar. Al frente del contingente español estará la fragata Méndez Núñez, que ayer partió del Ferrol en dirección a la base de Rota, para posicionarse de cara a un inminente despliegue. Botada en diciembre de 2004 y entregada en marzo de 2006, la Méndez Núñez es la unidad más potente de la flota, la cuarta de las F-100, las fragatas más modernas de la Armada.
En abril de 2008, fue el buque que envió el Gobierno al océano Índico tras conocerse que los piratas somalíes habían secuestrado el Playa de Bakio. Y un año después, volvió a la misma zona para participar en el operativo naval que se movilizó durante el secuestro del Alakrana.
Las resoluciones 1970 y 1973 de Naciones Unidas establecen un duro embargo sobre Libia de todo tipo de material militar, incluyendo armamento, vehículos y mercenarios, y ordenan garantizar la entrada de suministros humanitarios al país. Entre otras cosas, la ONU ha autorizado que se realicen registros de todas las embarcaciones sospechosas, lo que obligará a los buques españoles a emplearse a fondo para garantizar el embargo.
Entre los dos operativos, España va a movilizar 500 efectivos, la mayoría de ellos en los medios navales. En su intervención ante los medios de comunicación, el teniente general Domínguez Buj destacó que, para las Fuerzas Armadas, es «un despliegue muy importante» por el número de medios y de efectivos, y por la rapidez con la que se han tenido que enviar los cuatro cazas y el avión de reabastecimiento a Cerdeña.
CARLOS CUESTA
Pacifistas a sueldo

Absorbidos por la agenda social propia de todo cortesano del oficialismo que se precie, varios integrantes de este colectivo no terminaban de apoyar este sábado al triimputado Garzón, cuando salían en defensa de una guerra que contará con aviones de combate españoles, una fragata, un submarino, casi 500 efectivos y la puesta a disposición de dos bases aéreas. Una serie de datos que en nada les hacía replantear su apoyo tras haber criticado una guerra en Irak en la que la representación estelar española se basó en un buque hospital, otro de aprovisionamiento de combustible y una base.
¿Cómo es posible que sólo 10 horas después de anunciar Zapatero su apoyo a la guerra en Libia, todos los asistentes a un acto que nada tenía que ver con ese motivo, se uniesen como un solo hombre en el respaldo el ataque? Cuando menos deberemos elogiar la impresionante capacidad de coordinación de los socialistas y la insondable sumisión de sus colectivos afines.
Gentes como Cándido Méndez, Toxo, Miguel Ríos, Almudena Grandes o Juan Diego se aglutinaban bajo un mismo argumento: «Esta operación cuenta con respaldo de la ONU». Por cierto, de esa misma ONU que, consumado el ataque, dio respaldo a EEUU en su plan en Irak. Pero qué más da eso. El socialismo les necesitaba y allí estaban ellos.
JOHN MÜLLER
Nuestra caótica política libia
Repsol, Sacyr y Abengoa son las grandes empresas españolas más perjudicadas por la crisis libia. Paradójicamente, la guerra que se ha desatado tras la Resolución 1973 supone para ellas la clarificación de un panorama donde la diplomacia española les había puesto en una posición muy incómoda.
Hace apenas dos años, en enero de 2009, el Rey viajó a Libia con una delegación de empresarios. Esa visita supuso un renovado impulso al comercio con el régimen de Muamar Gadafi. La buena relación permeaba todos los ámbitos. Por eso, muchos empresarios no entendieron que el Gobierno de Zapatero tomara partido por los rebeldes tan rápidamente. «Era la peor posición posible. Cameron mantuvo contacto con la gente de Gadafi, Sarkozy, también. Pero España, no. Enviaron un emisario a hablar con los rebeldes», dice un alto ejecutivo.
Una eventual transformación ética o moral de nuestra política exterior está decartada. «Bono acaba de venir de un viaje con empresas a Guinea, donde gobierna Obiang, un dictador impresentable», asegura el directivo.
Repsol era la compañía más expuesta. Tenía el 3,8% de su producción y el 5% de sus reservas en Libia. Tiene una sociedad mixta con la NOC (National Oil Corporation) que todavía obedece al régimen de Gadafi. Algunos proyectos de exploración figuraban entre los más prometedores de la compañía que preside Antonio Brufau. La estructura de negocios libia está intacta porque la mayoría de sus campos están en la zona suroccidental del país que es desierto puro y no ha sido tocada por la guerra.
Doblemente afectado está Luis del Rivero, el presidente de Sacyr y primer accionista de Repsol. Sacyr tiene adjudicada la construcción del alcantarillado y otros servicios de Bengasi. La ciudad, que fue de las primeras en caer en manos rebeldes, no había sido atacada hasta este fin de semana. De hecho, el único incidente reseñable era que se habían robado una máquina pesada de las obras, pero los vigilantes libios sabían perfectamente quién se la llevó.
Abengoa, que tras la visita de Don Juan Carlos en 2009 logró entrar en el negocio de las infraestructuras (desaladoras), es la tercera firma afectada, aunque su nivel de negocio aún podía considerarse incipiente.
Todo son incógnitas para estas empresas ahora, aunque prefieren que la situación se haya decantado de una buena vez. Una victoria de Gadafi suponía encaminarse a un régimen paria tipo Irán donde no hubieran podido seguir operando. Ahora piensan que hay nuevos factores en juego y que la intervención puede conducir a una salida negociada, porque a todos les parece imposible una victoria rebelde aplastante.
La crítica a la postura europea es unánime, excepto en el caso de Alemania cuya abstención en la ONU les resulta inexplicable.
Hay otro factor que aún no se ha valorado. Brufau, Del Rivero y Felipe Benjumea tratan mucho con Venezuela, China, Rusia y Brasil, países que no están de acuerdo con esta acción militar y que están efectuando cada vez más críticas. No sería raro que tengan que oir muchos reproches a la política española.
john.muller@elmundo.es
FRANCISCO CARRIÓN / El Cairo
Especial para EL MUNDO
La Liga Árabe critica el ataque por excesivo
Ayer, con las primeras bajas civiles de la intervención internacional, la organización panárabe trató de poner tierra de por medio y rebajó su entusiasta adhesión. «Lo que está sucediendo en Libia difiere del objetivo de imponer un área de exclusión aérea. Lo que queremos es que se proteja a la población y no el bombardeo sobre más civiles», subrayó el secretario general de la Liga Árabe, Amro Musa.
El diplomático, adalid del decisivo aval regional a la resolución de la ONU, asistió el pasado sábado a la reunión de los aliados en París que coordinó el inicio de la operación militar. Ayer, sin embargo, Musa calificó de excesiva la fuerza empleada en el ataque nocturno a Trípoli y anunció la celebración de una reunión de emergencia de los 22 países miembros, que están tomando unilateralmente posiciones de distinto calado.
La hipotética pérdida del respaldo de la Liga Árabe a esta intervención, la mayor contra un país árabe desde la impopular invasión de Irak en 2003, sería un serio revés para Occidente que Gadafi, con pasado terrorista y rehabilitado por la comunidad internacional hasta el pasado febrero, lo celebraría con nuevas amenazas.
Qatar se convirtió ayer en el primer país árabe que anuncia el envío de efectivos para «detener el baño de sangre en Libia». Cuatro aviones emprendieron camino hacia las posiciones más próximas al país norteafricano. El primer ministro del emirato, el jeque Hamad Bin Jasin Al Thani, explicó que participarán en «la operación militar con la convicción de que es necesario que los estados árabes contribuyan a una situación que se ha vuelto insostenible». Y agregó: «No es un enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas del orden, sino una guerra abierta en la que participan mercenarios y que debe acabar cuanto antes».
Ningún otro país de la zona secunda de momento la determinación catarí. El ministro de Exteriores británico, William Hague, instó a los estados vecinos a involucrarse en el operativo bélico, mas allá del fuerte apoyo diplomático y económico que han ofrecido. En la cumbre del sábado en el Palacio del Elíseo la región estuvo representada por Emiratos Árabes Unidos, Irak, Jordania y Marruecos. Los gobiernos iraquí y jordano rechazaron participar en la operación.
Por su parte, Arabia Saudí, que envió hace una semana 1.000 soldados a Bahrein para ayudar a sofocar las protestas en el país vecino, aseguró que no participará en las acciones militares a pesar de que, como miembro del Consejo de Cooperación del Golfo, presionará para el establecimiento de la zona de exclusión aérea. El Líbano, miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, fue uno de los promotores de la decisión adoptada el pasado jueves por este organismo. Como represalia, el sábado su embajada en Trípoli fue asaltada por los acólitos del dictador. La tensión domina las relaciones diplomáticas entre ambos países desde que el imán Musa Sadr, jefe espiritual de la comunidad chií libanesa, desapareciera en 1978 durante una visita oficial a Trípoli.
Otros miembros de la Liga Árabe como Siria, Bahrein, Yemen, Argelia o Marruecos están demasiado preocupados en ahogar sus propias revueltas como para sumarse a cualquier operación militar.
Tampoco se espera la participación de Túnez, el detonante de la primavera árabe que gestiona el complejo legado de una dictadura.
En Egipto, la junta militar podría haber empezado a proporcionar armas a la insurgencia libia a través de la frontera, según el diario The Wall Street Journal. La información, que cita a funcionarios estadounidenses y a rebeldes, precisa que se trata de armamento de pequeñas proporciones como rifles de asalto y municiones.
Fuera de la órbita árabe pero muy ligado a los acontecimientos de la región, Irán alertó ayer de que el objetivo de los países participantes en la ofensiva es inaugurar un «nuevo colonialismo».
Vecino de Irak y Afganistán, que sufrieron intervenciones recientes, Teherán aseguró que el mundo árabe asiste al «despertar islámico», pero alertó de la estrategia occidental. «Los antecedentes y los actos de los países dominantes al ocupar naciones oprimidas indican, sin ninguna duda, la dirección hacia la que se mueven sus intenciones», señaló el portavoz de Exteriores iraní, Ramin Mehmanparast.
GEORGE F. WILL
Demasiados interrogantes
Tras el ataque comentó: «Operaré con considerable libertad durante los primeros seis meses a un año, pero no tengo absolutamente ninguna confianza» después. Yamamoto conocía América. Había sido alumno de Harvard y había ocupado el puesto de agregado naval de la embajada de Japón en Washington. Sabía que Tokio estaría en guerra con un gigante industrial enardecido. La derrota de la flota de Japón que cambió el rumbo de los acontecimientos en la batalla de Midway tuvo lugar el 7 de junio de 1942, seis meses exactos después de Pearl Harbor.
No eran pocas las voces en Washington que instaban a aplicar la fuerza estadounidense, de alguna forma, en defensa de la población que intenta deponer al líder libio, Muamar Gadafi. Algunos de los intervencionistas eran republicanos, cuyo escepticismo con la capacidad de la Administración pública de lograr el efecto esperado se limita a las cuestiones nacionales. Pero considero que todos los intervencionistas deberían responder a una serie de preguntas.
Sin duda, el mundo será un lugar mejor sin Gadafi. Pero, ¿es ése un interés mundial vital? Si es así, ¿en qué momento se convirtió en uno? Hace un mes, a nadie le parecía que lo fuera.
Por otro lado, ¿qué lecciones deberíamos haber aprendido del hecho de que la peor atrocidad de Europa desde la Segunda Guerra Mundial -la masacre de los musulmanes bosnios de Srebrenica a manos de los serbios- tuviera lugar bajo una zona de exclusión aérea?
The Economist informaba hace unos días de que Gadafi dispone de «un enorme arsenal de misiles tierra-aire rusos» y que algunos expertos creen que Libia tiene misiles tierra-aire avanzados SAM que podrían ser una amenaza para la aviación estadounidense o aliada. Si un piloto es derribado y capturado, ¿estamos preparados para la tragedia de los rehenes?
Además, si decidimos abastecer de suministros bélicos a los insurrectos antiGadafi, ¿cómo podemos hacérselos llegar?
Presumiblemente coordinaríamos el apoyo con los líderes de las fuerzas antiGadafi, pero quiénes son.
Libia es una sociedad tribal. ¿Qué parte de nuestras experiencias en Irak y Afganistán justifica la confianza en que entendemos la dinámica libia?
En Túnez y en Egipto, los regímenes fueron depuestos a través de protestas multitudinarias. Libia no está sacudida por manifestaciones sino por la guerra. No es una guerra de agresión, no es una guerra de ejércitos que violan fronteras nacionales y que, por tanto, implican los pilares básicos de elementos convenidos del derecho internacional, sino que se trata de una guerra civil. ¿Con qué frecuencia la intervención de la nación A en la guerra civil de la nación B mejora el bienestar de la nación A?
La secretaria de Estado Hillary Clinton teme que Libia se convierta en un estado disfuncional - «una Somalia gigante»-. Hablando de eso, ¿no hemos visto una película de advertencia -Black Hawk derribado- acerca de la forma en que las intervenciones militares humanitarias pueden tener giros desagradables?
Las multitudes egipcias siguieron y aprendieron de las multitudes tunecinas. Pero el Gobierno libio siguió y aprendió del destino de los gobiernos tunecino y egipcio. Ha decidido luchar. ¿La intervención estadounidense en Libia no alentará a otras poblaciones inquietas a esperar el apoyo militar estadounidense? ¿Sería prudente que la fuerza militar norteamericana estuviera involucrada en tres países musulmanes simultáneamente?
George F. Will es columnista de 'The Washington Post'.
JALED YACOUB OWEIS / Damasco
Reuters / EL MUNDO
Desafío al régimen de Al Asad
Las mayores manifestaciones contra el régimen sirio de los últimos años no tienen visos de parar. Todo lo contrario. Una multitud de opositores incendió ayer la sede del gobernante Partido Baaz en la ciudad de Derra, donde se registraron importantes disturbios en las últimas jornadas.
Los manifestantes también incendiaron el principal complejo de tribunales de esta localidad y dos sedes de compañías de teléfonos. Una de las empresas, Syriatel, es propiedad de Rami Makhlouf, primo del presidente Bashar al Asad, cuya formación lleva en el poder medio siglo. «Quemaron los símbolos de opresión y de corrupción», comentó un activista, que destacó que «los bancos cercanos no sufrieron algún daño».
Miles de personas exigieron que las autoridades pongan fin a 48 años de ley marcial en Derra, en el tercer día consecutivo de unas protestas que ya se consideran como el mayor desafío al Baaz en las últimas cinco décadas.
«No a la ley de emergencia. Somos un pueblo enamorado de la libertad», cantaban ayer los manifestantes, mientras una delegación del Gobierno llegaba a Derra para dar sus condolencias por las personas que murieron a manos de las fuerzas de seguridad esta semana. Los agentes lanzaron gases lacrimógenos contra los opositores. Alrededor de 40 personas tuvieron que ser trasladadas a una mezquita tras haber inhalado gas. «Las fuerzas de seguridad dispararon con munición real directamente contra los manifestantes, mataron a uno e hirieron a más de 60», informó un testigo. «Algunos heridos tienen disparos en la cabeza y están en condición crítica», añadió.
Todo empezó el viernes, cuando los agentes abrieron fuego el viernes contra civiles que formaban parte de una manifestación pacífica para exigir la liberación de 15 escolares detenidos por escribir grafitis de protesta. Cuatro personas murieron y un comunicado oficial aseguró que varios «infiltrados» que se hicieron pasar por oficiales de alto rango habían pedido a las fuerzas de seguridad que dispararan contra cualquier reunión sospechosa. Las autoridades sirias buscaron calmar el descontento popular al prometer la inmediata liberación de los escolares.
El comunicado fue una inusual iniciativa por parte del Gobierno del país árabe ante la creciente presión popular en las calles de Derra. El presidente Al Asad destituyó ayer al gobernador de esta provincia «en respuesta a las exigencias del pueblo».
ERENA CALVO / Rabat
Especial para EL MUNDO
Las promesas de Mohamed VI no frenan las protestas por el cambio
Manifestaciones pacíficas, y sin cargas policiales, protagonizaron ayer la segunda gran jornada de marchas por la democracia que se desarrollaron en decenas de ciudades marroquíes. La primera gran convocatoria tomó las calles del país el pasado 20 de febrero -fecha que da nombre al movimiento organizador de las protestas-.
Decenas de miles de personas volvieron a congregarse ayer en las principales arterías de las localidades del reino alauí, a pesar del anuncio de reforma constitucional lanzado el 9 de marzo por Mohamed VI.
El monarca ha creado una comisión para estudiar los cambios en la Carta Magna, y se ha comprometido a dotar de más poderes al primer ministro y al Parlamento, así como a trabajar por una justicia independiente.
«Hoy [por ayer] nos manifestamos para pedir una nueva Constitución y no un remiendo; una verdadera separación de poderes y una monarquía parlamentaria; la liberación de presos políticos, y que la comisión que analice las reformas no venga de arriba sino que emane de la voluntad popular», comentaba a este periódico Nizar Benamate, uno de los organizadores del Movimiento del 20 de Febrero, que también reclama la disolución del actual Gobierno y Parlamento.
Asimismo, piden la supresión del artículo 19 de la Carta Magna que atribuye todas las prerrogativas al rey, al tiempo que le eleva a la categoría de comendador de los creyentes, líder espiritual de sus súbditos.
En la capital, así como en las otras ciudades donde hubo manifestaciones, la presencia policial se limitó a agentes de paisano y altos cargos de la seguridad, pendientes del desarrollo de las marchas. Casablanca fue la que se llevó la palma en número de congregados, con entre 30.000 y 50.000 manifestantes, según los organizadores. En Rabat, en cambio, salió menos gente que el pasado 20 de Febrero, alrededor de 10.000 personas.
La F de Facebook y la T de Twitter se elevaban entre la masa de manifestantes, que enarbolaban las dos letras iniciales de las redes sociales a través de las que convocaron las marchas y de las que se sirven como soporte informativo.
La manifestación no estaba autorizada en prácticamente ninguna ciudad, pero sí que se toleraron sin que se vivieran disturbios como los que empañaron el 20 de Febrero en localidades como Fez, Tánger o Alhucemas, donde las autoridades marroquíes contabilizaron cinco víctimas mortales.
El wali (gobernador) de Rabat, Hassan Amrani, aseguró a EL MUNDO que el discurso «histórico» de Mohamed VI «ha frenado a muchos manifestantes y ha rebajado el tono de las protestas, que son más de tipo social y económico que político». Y remarcó que los manifestantes están muy divididos, «cada grupo tiene sus reivindicaciones, no hay unidad», añadió.
Como el 20 de febrero, ayer se vieron carteles que piden al fundador del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), Fuad Ali Himma, amigo personal de Mohamed VI, que abandone la política. O con el lema Majidi, vete, en referencia al secretario personal del monarca y encargado de gestionar sus finanzas.
Amine Adelhamid, vicepresidente de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), aseguró, en declaraciones a este periódico, que «a pesar de la amenaza de represión de las autoridades, ha salido mucha gente a expresar su opinión». No en vano, en las últimas semanas se han producido violentos choques en ciudades como Casablanca entre manifestantes y fuerzas del orden.
Así, ha salido a la calle su organización y otros colectivos tan dispares como los sindicatos de trabajadores, formaciones políticas de izquierda o los islamistas del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) -parte de la oposición en el Parlamento-. También, los ilegalizados de Justicia y Espiritualidad, todos ellos simpatizantes del Movimiento de los jóvenes del 20 de Febrero, que según dijo esta semana el portavoz del Ejecutivo marroquí, Jalid Naciri, «están secuestrados y tomados como rehenes por ciertas organizaciones».
FRANCISCO CARRIÓN / El Cairo
Especial para EL MUNDO
El triunfo del 'sí' allana el camino a una transición rápida en Egipto
Gabrielle Veneus, una abuela egipcia de modales afrancesados, nunca imaginó que terminaría votando por primera vez a los 70 años. «Estoy orgullosa», reconocía el pasado sábado en los aledaños de un colegio electoral. Como otros miles de compatriotas, esta mujer -demasiado vieja para haber estado en la plaza Tahrir (epicentro de la revolución)- resistió largas colas antes de participar en el referéndum constitucional.
La primera votación democrática de la historia del país resolvió ayer la incógnita de su resultado. El sí a una limitada reforma de la actual Carta Magna, defendida por los Hermanos Musulmanes y los restos del otrora gobernante Partido Nacional Democrático (PND), cosechó un aplastante 77,2 % de los votos. Más de 14 millones de egipcios apoyaron la propuesta frente a los cuatro millones que votaron en contra. La participación alcanzó el 41,19% del censo electoral, conformado por 45 millones de personas.
El veredicto popular allana el camino a la transición rápida trazada por la junta militar que administra el país desde el 11 de febrero, tras la renuncia de Hosni Mubarak. «Lo próximo es convocar los comicios parlamentarios y luego los presidenciales. El futuro Parlamento designará una comisión constitucional encargada de elaborar una nueva Constitución», explicó a EL MUNDO el vicepresidente de los Hermanos Musulmanes, Rashad al Bayumi.
La reforma aprobada incluye la modificación de siete artículos y la eliminación de un octavo con el propósito de limitar a dos los mandatos del presidente y reducir los requisitos para ser candidato a la Presidencia.
«Fue una jornada de claroscuros. El pueblo participó sin miedo a los matones, pero algunas corrientes religiosas trataron de influir en la gente pidiendo el voto a favor», aseguró a este diario Ahmed Maher, líder del movimiento juvenil 6 de abril, uno de los grupos que iniciaron las revueltas y que rechazaban las enmiendas. En el bando de los derrotados, que abogaban por elaborar una nueva Constitución sin vestigios del régimen, figuraban también los candidatos presidenciales Amro Musa, secretario general de la Liga Árabe, y Mohamed El Baradei, premio Nobel de la Paz y víctima de un ataque cuando acudía a votar.
DANIEL G. SASTRE / Barcelona
«Combatiremos la ideología islamista»
El responsable de Inmigración de Convergència -que no de la Generalitat, donde Artur Mas ha colocado a Xavier Bosch, hombre la máxima confianza de Colom desde hace años- habla de tomar medidas contra algunos recién llegados. Mejor dicho, contra los hábitos de algunos recién llegados que no casan con los de su tierra de acogida.
Colom habla sin rodeos del burka. El Gobierno catalán se ha mostrado partidario de prohibir su uso. Él va más allá: «Convergència es muy clara: el burka y el niqab, los velos integrales, no son bienvenidos en Cataluña, porque chocan de pleno con los valores europeos y catalanes. Uno de los deberes de la nueva población es saber que han venido a un país diferente, con costumbres y valores que poco a poco se deben ir haciendo suyos. El velo integral es sólo la punta del iceberg de algo que no es aceptable: el islamismo radical, que por suerte, aunque está, es muy minoritario en Cataluña».
Colom se muestra de acuerdo con la opinión del Gobierno catalán, partidario de legislar -en un futuro- contra el velo integral. Pero va más allá. «Tenemos que separar la religión musulmana, que es como todas absolutamente respetable y es una religión de paz, de la ideología islamista. Combatiremos la ideología islamista. No sólo los catalanes; todos los demócratas deberían combatirla. En base a una interpretación sectaria de una religión están haciendo política. Intentan inculcar a los ciudadanos unos valores no compatibles con Cataluña y Europa», asegura en conversación con EL MUNDO.
¿Cómo afrontará Convergència el debate sobre la prohibición del burka? «Buscaremos consenso», afirma Colom, aunque no es partidario de «aguar» la propuesta de los nacionalistas, porque «tarde o temprano habrá una ley que prohibirá el uso del burka en todos los espacios públicos de Cataluña». En su opinión, la norma debería rechazar el velo integran en «vías públicas, hospitales, ayuntamientos... en todas partes, como en Francia». Colom señala a algunos dirigentes religiosos como responsables de los problemas actuales. Y lo hace con respecto a la decisión del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) de ratificar la suspensión de la prohibición del burka en Lérida. «En Lleida hay un imam que deberíamos poder expulsar de Cataluña, no sé todavía que hace ahí. Abdelwahab Houzi desde hace años predica la disgregación social de la comunidad musulmana. El problema es que la actual legislación no permite expulsarlo», opina. Caso diferente sería «si predicase el odio a Occidente y la violencia», porque se le podría «aplicar la Ley Antiterrorista». «Pero es hábil: obliga a las mujeres a llevar burka, les dice a sus fieles que no vayan a ver a los Mossos cuando tienen un problema, que vayan a verlo a él... Eso es un problema y habrá que modificar la legislación», añade el dirigente de CDC.
Carga también contra el «buenismo», porque «no cabe respetar todas las actitudes de la inmigración». Y pone como ejemplo de actitudes que «no son bienvenidas» la ablación del clítoris, que se lleva a cabo en algunos países del África subsahariana.
También es muy claro con respecto a las obligaciones lingüísticas de los inmigrantes. «El catalán como lengua propia de Cataluña, debe ser determinante en el proceso de arraigo», asegura. ¿El catalán, determinante? «En Francia, Alemania o Italia todos los que llegan tienen que conocer la lengua propia de esos países; eso es también válido para Cataluña. Todos deben entender, hablar y, si puede ser, escribir catalán», cree.
Colom es beligerante con el Ejecutivo central cuando pide que los inmigrantes tengan las mismas oportunidades de aprender catalán y castellano. «Ambas son oficiales, pero el catalán está en inferioridad de condiciones. Del catalán nos tenemos que ocupar los catalanes, España ya se suele ocupar del castellano, y contentos los unos y contentos los otros», zanja.











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