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jueves 31 de marzo de 2011

JAPÓN: Terremoto, tsunami y alerta atómica


DAVID JIMÉNEZ / Tokio
Enviado especial

La larga batalla de Fukushima

Llevará meses estabilizar la central y décadas desmantelar los reactores dañados en el 'tsunami', ante la imposibilidad de recuperar el control sobre cuatro de ellos

Zapatero embustero

Ni días ni meses. La crisis nuclear que vive Japón tardará años en resolverse. La imposibilidad de recuperar el control sobre cuatro de los seis reactores de la central obligará a desmantelarlos, según anunció la empresa eléctrica Tepco. La operación podría durar hasta tres décadas y supone la aceptación por parte de Japón de que salvar la central nuclear es ya una misión imposible.

El largo proceso para desmantelar Fukushima Daiichi no podrá comenzar hasta que se logre estabilizar la planta, enfriar los reactores y almacenar el material radiactivo que han liberado. Pero ninguno de esos objetivos parece estar al alcance en un futuro inmediato. Las autoridades siguen inyectando toneladas de agua en las instalaciones, a la vez que buscan formas de contener la radiación. Entre las opciones que se están estudiando estarían el despliegue de una tela especial sobre la planta para evitar la emisión de partículas radiactivas a la atmósfera y la utilización de un buque para almacenar de forma temporal el agua contaminada. «Nos enfrentamos a una situación sin precedentes y tenemos que considerar diferentes estrategias, más allá de lo que normalmente se hace», aseguró el portavoz del Gobierno, Yukio Edano.

Tepco continúa buscando la forma de drenar el agua radiactiva que inunda varias zonas de la central nuclear y que en los últimos días ha obstaculizado los intentos de los operarios de reparar los sistemas de refrigeración.

El nivel de yodo radiactivo registrado en las aguas cercanas a Fukushima ha superado en 3.355 veces el límite permitido, confirmando que la filtración de la contaminación al mar sigue aumentando.

Aún así, la Agencia de Seguridad Nuclear cree que no hay motivo para la alarma porque el yodo tóxico se disuelve en ocho días. «No debería ser perjudicial para la salud», según un portavoz.

Sin embargo, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) se mostró ayer partidario de que la zona de evacuación en torno a la central de Fukushima se extienda al pueblo de Litate, de 7.000 habitantes, situado a 40 kilómetros de la planta y donde se han detectado altos niveles de radiactividad. Según los expertos del organismo, los niveles de contaminación son el doble de lo permitido, informa Efe.

Los técnicos no descartan la posibilidad de que Fukushima Daiichi no pueda ser puesta bajo control con los medios tecnológicos que existen, dejando como única opción la construcción de un sarcófago que cubra los reactores. Se trata de la misma solución adoptada tras el accidente de la central ucraniana de Chernobil en 1986 y tiene entre otros inconvenientes su temporalidad. La contención de la radiación estaría garantizada durante algunas décadas.

La central nuclear fue dañada tras el terremoto y el tsunami que golpearon la costa noreste de Japón el pasado 11 de marzo, causando cerca de 30.000 muertos y desaparecidos.

Los japoneses han tratado de mantener la unidad para hacer frente a su peor crisis desde el final de la II Guerra Mundial. Su paciencia, sin embargo, se ha ido agotando según salían a la luz las irregularidades que contribuyeron a agravar las consecuencias del desastre natural. Informes del Gobierno demuestran, por ejemplo, que Tepco mantenía unas defensas insuficientes en caso de un tsunami que los expertos consideraban probable.

La denuncia se suma a la revelación de que la compañía eléctrica, que suministra energía a un tercio de los hogares japoneses, manipuló sus propios informes de seguridad, dejó de revisar piezas claves de los reactores durante años y aprovechó sus conexiones políticas para lograr que las autoridades extendieran la vida de la planta.

El presidente de la empresa, Masataka Shimizu, permanece hospitalizado en Tokio después de sufrir un aumento de la presión arterial y mareos, según un portavoz de la empresa.

El Gobierno ha tratado en los últimos días de distanciarse de la que es ya la más odiada empresa de Japón, un país que tradicionalmente venera a sus multinacionales. El primer ministro Naoto Kan, cuya gestión de la crisis también ha sido criticada, ha endurecido su mensaje contra los directivos de Tepco y ha dado un mes de plazo a todas las centrales nucleares del país para que aumenten su seguridad.

Una de las nuevas exigencias ha sorprendido por su obviedad: las plantas deberán tener camiones de bomberos con mangueras preparadas para intervenir en caso de accidente. El hecho de que la central de Fukushima Daiichi careciera incluso de medidas tan básicas vuelve a poner en evidencia a Tepco, una compañía que hasta el accidente se situaba entre las más ricas del país.

Viena

Viena acogerá una conferencia sobre seguridad atómica en junio

El director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Yukiya Amano, anunció ayer la celebración del 20 al 24 de junio de una conferencia ministerial en Viena sobre seguridad nuclear tras el accidente nuclear de Japón.

El responsable de la agencia nuclear de la ONU informó a la prensa en la capital austríaca de que ha enviado cartas de invitación a todos los gobiernos de los países miembros del OIEA y precisó que la reunión tendrá nivel ministerial.

Según Amano, el principal objetivo de la conferencia será una «evaluación preliminar del accidente y una revisión de las normas de seguridad» en la averiada planta atómica japonesa de Fukushima y también se deberá estudiar la respuesta internacional.

«No será una reunión que mire hacia atrás sino que mire hacia el futuro», aseveró el máximo cargo de la agencia nuclear de la ONU.

Asimismo, añadió que ha encargado al embajador de Brasil ante el OIEA, Antonio Guerreiro, la coordinación de los preparativos para la conferencia. «Esperamos poder obtener una importante presencia de ministros», agregó.

La reunión internacional de Viena estará centrada en aspectos políticos de la seguridad nuclear en el planeta, aunque también tratará ángulos técnicos.

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