JAPÓN: Terremoto, tsunami y alarma atómica

DAVID JIMÉNEZ / Tokio
Enviado especial
Plutonio en la 'Zona Cero' japonesa
La empresa eléctrica aseguró que el plutonio hallado ha sido detectado en muestras recogidas hace una semana y que los trabajos de contención no serán detenidos a pesar de su presencia. Su vicepresidente, Sakae Muto, pidió calma al asegurar que no supone un riesgo adicional para la salud pública. Los japoneses, sin embargo, hace días que han dejado de confiar en una empresa con un largo historial de engaños e informaciones incorrectas. El desplome ayer de un 18% de las acciones de Tepco en la Bolsa refleja lo que lo japoneses sienten hacia la operadora de la central: desconfianza total.
La falta de información, la sensación de que durante la crisis ha priorizado el beneficio económico sobre la seguridad y su nula preparación para hacer frente a los problemas de los últimos días han convertido a la empresa en el objetivo de las iras de gobierno y ciudadanos. El último error de la compañía, al informar el domingo de que el nivel de radiactividad en la planta era 10 millones de veces superior cuando en realidad era de 100.000, ha terminado con la paciencia de muchos japoneses. «¿En manos de quién estamos?», se preguntaba en el distrito Ginza de la capital el empresario local Shunsuke Ito. «Da miedo pensar que los que han provocado todo este desastre sean los encargados de resolverlo».
La Agencia de Seguridad Nuclear de Japón ha pedido a Tepco que revise sus sistemas de medición para evitar errores que podrían hacer cundir el pánico, después de que el Gobierno describiera su gestión como «inaceptable». La cuarta mayor eléctrica del mundo sigue sin poder controlar cuatro de los seis reactores de Fukushima Daiichi, una planta con cuatro décadas de vida llenas de irregularidades. Los propios inspectores japoneses habían informado en varias ocasiones de que la empresa no cumplía las normas de seguridad mínimas, pero las conexiones de los directivos de Tepco les permitieron seguir operando con normalidad hasta que la planta sufrió daños irreversibles en el terremoto y el tsunami que golpearon la costa noreste de Japón el 11 de marzo.
Ni la compañía ni el Gobierno han sabido decir de dónde procede exactamente la fuga radiactiva que en los últimos días ha contaminado el aire, el agua, las verduras y el mar cercanos a la planta, en algunos casos en niveles perjudiciales para la salud. Los ingenieros creen que las principales fuentes podrían ser el reactor 3, cuya vasija de contención podría estar agrietada, y el reactor 2, donde se ha detectado una radiación de 1.000 milisieverts por hora (100.000 veces mayor del límite). La cifra es muy superior a los 100 milisieverts anuales considerados suficientes para aumentar el riesgo de cáncer en una persona.
El portavoz del Gobierno de Japón, Yukio Edano, dijo ayer que la radiación en el reactor 2 podría provenir del contacto de agua con material de las barras de combustible nuclear, que estaría parcialmente fundido. Unas horas después los técnicos detectaban agua con altos niveles radiactivos también en el exterior, lo que hace temer que el líquido se esté filtrando al suelo, extendiendo la contaminación.
Las autoridades prefirieron aferrarse a las escasas buenas noticias que llegan de la central y anunciaron que el nivel de radiactividad en el aire ha descendido en las últimas horas. La ciudad de Fukushima, a unos 60 kilómetros al noroeste de la central, registraba ayer 3,84 microsieverts a la hora, una cifra superior a lo normal que, sin embargo, no debería dañar la salud de sus habitantes.
Mientras el mundo centra su atención en la radiactividad, muchos japoneses siguen teniendo como principal preocupación a las víctimas del tsunami. Las últimas cifras hablan de más de 28.000 muertos y desaparecidos. Poco más de la mitad de los fallecidos han sido ya identificados, aumentando la angustia de las miles de personas que buscan a sus seres queridos.
Una «pesadilla» inocua fuera del país
Guillermo Cortés explicó que la radiación que ya ha llegado a EEUU «tiene una concentración de entre 0,5 y 2 becquerels por metro cúbico, cuando los límites en el aire para respirar están entre 700 y 800». El catedrático aseguró que los elementos radiactivos que llegarán a todo el planeta son «totalmente inocuos», tanto que las concentraciones naturales del radón ya están por encima de estas cantidades. «De hecho aún hoy en día hay una pequeña contaminación en todo el planeta de cesio 137 procedente de los ensayos nucleares que se hicieron durante los años 50, 60 y 70», añadió Cortés.
El profesor Luís Batet añadió que, aunque hay algunos expertos que están hablando ya de la fusión del núcleo, «mientras se consiga mantener la refrigeración no pasará nada más y la situación no tiene que ir a peor. Siempre pueden surgir complicaciones, pero mientras se mantenga la integridad del edificio de contención, no estaremos peor de lo que estamos ahora».
Batet habla de una «pesadilla», pero no cree que la situación sea equiparable a Chernobil, cuya explosión «puso en circulación elementos radiotóxicos que aquí no saldrán».






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