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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

miércoles 30 de marzo de 2011

FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Erasmo, R.del Pozo, J. Sinova, S.González, J. Müller, P.G. Cuartango,

F. JIMÉNEZ LOSANTOS

Alta traición

Zapatero embustero LA PORTADA de EL MUNDO de este lunes debería marcar un antes y un después en el devenir político español. En las actas de ETA que reseñan para los jefes de la banda sus reuniones con los enviados de Zapatero hay tal cantidad de atrocidades que resulta evidente que los actos y palabras del Gobierno atentan contra la ley, la Nación, el Estado, la libertad y la seguridad ciudadana.

Antes y después de la Revolución Francesa el Gobierno ZP habría acabado en la guillotina. En la revolución americana, anterior y mejor que la francesa, Washington se habría limitado a fusilarlos por el mismo delito de alta traición: colaborar con los enemigos de la nación y atentar contra sus conciudadanos en vez de defenderlos, como juraron al asumir el cargo.

Contra el peor delito político sólo cabe la máxima pena, aunque pueda conmutarse el paredón, la horca o el garrote por la cadena perpetua; y es que no hay nada peor que ver al Gobierno al que se confió toda la fuerza del Estado para usarla contra sus enemigos volviéndola contra los que se la dieron.

Y si el que de oficio se encarga del cumplimiento de la ley -aquí, el fiscal general del Estado- no actúa contra los presuntos culpables de alta traición, la oposición política debe asumir su papel en la restauración de la legalidad. Bien apelando a la Jefatura del Estado para retirar su confianza al Ejecutivo, bien llamando a las urnas para que el pueblo eche pacíficamente al Gobierno antes de sentarlo en el banquillo. Antaño se recurría a la revolución contra un Poder deslegitimado. Hoy existen fórmulas legales que evitan la violencia para cambiar de Gobierno.

Rajoy se ha sorprendido -y endiosado como está, ha rectificado un poco- al ver la indignación en sus bases por no atacar como debería al Gobierno nacido del 11-M y muerto en el Faisán. Olvida que la colaboración de ZP con la ETA se tradujo en la persecución de los que sus enviados señalaban como obstáculos -o blancos- a ETA: la AVT de Alcaraz, jueces y fiscales insumisos y algunos medios de comunicación amén de la oposición que ejercía como tal. Millones de personas les respaldaron en la calle y en las urnas frente a la traición de ZP. Rajoy, que preside el partido de Miguel Ángel Blanco, estaba allí. Ahora, por vil electoralismo quiere borrarse. Espero que la ciudadanía, que pone y quita Gobiernos, no le deje. También es reo de alta traición el que, pudiendo combatirla, no lo hace.

TIEMPO RECOBRADO

pedro g. CUARTANGO

De la mentira como una de las bellas artes

DECÍA Thomas de Quincey en El asesinato como una de las bellas artes que se empieza matando al prójimo con cualquier justificación, luego se roba, más tarde se maltrata a la esposa y, por último, se acaba por faltar a misa.

De Quincey condenaba moralmente el recurso al asesinato, pero valoraba sus cualidades estéticas. Igual les sucede a Zapatero y Rubalcaba: que repudian la mentira pero la utilizan cuando les conviene.

François Mitterrand era otro gran mentiroso. Ambroise Roux, presidente de CGE y de la patronal francesa, contaba que en una cena le reprochó su programa de nacionalizaciones al candidato socialista y él contestó cínicamente que no se lo había leído, pero que en cualquier caso daba igual porque no lo pensaba aplicar.

También Felipe González prometió que nos iba a sacar de la OTAN y luego organizó una consulta para lo contrario, pero al menos tuvo que asumir públicamente su rectificación. Ahora estamos asistiendo al penoso espectáculo de un Gobierno atrapado en una flagrante mentira que no quiere reconocer.

Declaraba anteayer Antonio Camacho que no se puede dar veracidad a las actas de ETA. Tiene razón, pero lo que sí son verosímiles son los hechos y éstos confirman lo que apunta la banda terrorista en cuanto al chantaje a los empresarios, la kale borroka, la paralización de las detenciones, los cambios en la Audiencia Nacional, la creación de una mesa de negociación en Loyola y la continuación de las conversaciones después del atentado de la T-4.

El Gobierno pudo cometer errores o dar pasos equivocados en su afán de que ETA dejara las armas. Eso puede ser discutible. Pero de lo que no hay duda es que Zapatero ha mentido con absoluto descaro.

Si el presidente no dijo la verdad en un aspecto tan esencial como era la negociación con ETA, podría estar haciendo lo mismo ahora sobre su sucesión o cualquier otra cosa. Parodiando a De Quincey, se empieza engañando sobre ETA y se acaba contando patrañas sobre la crisis, las pensiones, el sistema financiero o la intervención en Libia.

El interrogante que me suscita este hombre es que no sé si estamos ante un junco que se dobla hacia donde empuja el viento, un mentiroso patológico o ambas cosas. Sea lo que sea, lo que más me admira es la naturalidad con la que no dice la verdad e incumple sus compromisos, lo que encaja en esa tipología de políticos como Mitterrand que han justificado el embuste como un instrumento al servicio del poder.

Zapatero, el idealista que predicaba talante y republicanismo cívico, ha elevado la duplicidad a una de las bellas artes. Su dominio del género ha llegado a tal grado de virtuosismo que ha logrado engañarse a sí mismo, de suerte que es ya incapaz de distinguir entre la verdad y la falacia.

Aseguraba Bismarck que los políticos siempre mienten cuando hay elecciones y cuando van a cazar. Afortunadamente a Zapatero sólo le gusta la pesca y tiene a un Rubalcaba que se lleva todas las tortas.

ERASMO

De Japón

QUÉ consuelo para las gentes en la tribulación, país que sufre y ministro que relincha. Mas otros aún peor: «Cuentan de un sabio que un día/ tan pobre y mísero estaba/que solo se sustentaba/ de unas hierbas que cogía»/…y « otro sabio iba cogiendo/ las hierbas que él arrojó». Sabiduría calderoniana del premier nipón N. Kan ante tres jinetes del nuevo Apocalipsis, seísmo, tsunami, terror nuclear: la mayor hecatombe desde la II Gran Guerra. Y su heroica receta: si la nación permanece unida, 'we will overcome'. Venceremos. ¿Obra? La vida es sueño.

A FONDO

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO

¿Han hecho lo mismo Aznar y Zapatero?

«No venimos a la derrota de ETA». Esa frase fue pronunciada por Javier Zarzalejos, secretario general de la Presidencia del Gobierno, en la reunión que una delegación en representación de José María Aznar (compuesta, además de por Zarzalejos, por Ricardo Martí Fluxá, secretario de Estado de Interior, y Pedro Arriola, asesor del presidente) mantuvo con dos representantes de ETA (Mikel Albizu Antza y Belén González Peñalva Carmen) el 19 de mayo de 1999 en la ciudad suiza de Vevey. Ésa fue la única reunión entre representantes del presidente del Gobierno español y ETA en la época de Aznar.

Esa frase ahora vale su peso en oro, ya que el Gobierno la utilizará para decir que Aznar y Zapatero han hecho lo mismo.

En el punto 6 (obviado ayer por El País) del acta de la reunión de ETA y representantes del Gobierno celebrada el 18 de mayo de 2007, se le atribuye a uno de ellos esta frase: «El objetivo final del proceso no es la rendición de ETA».

¿Son iguales las dos frases? ¿Significan lo mismo?

Las diferencias son sustanciales:

1º. La reunión de los representantes de Aznar con ETA tiene lugar sin que haya habido contactos previos. La tregua de esa época se produce como consecuencia de la negociación de ETA con los nacionalistas vascos, no con el Gobierno.

2º. La frase de Zarzalejos no se puede sacar de contexto, el secretario general de Presidencia, aclara: «No tenemos vocación misional». Es decir, que no iban a convencer a ETA de que dejara de matar, ni a pedirles la rendición en esa reunión.

3º. Precisamente una de las cosas que más sorprende a ETA es que los representantes de Aznar (insisto en ello porque fue como representantes del presidente, ni siquiera del Gobierno, como fueron a hablar con ETA) no tenían nada que ofrecer. Venían, dice ETA en el acta de aquella reunión, «con las manos en los bolsillos, sin ninguna propuesta concreta».

4º. En una de sus intervenciones, Arriola afirma: «La posibilidad de negociar con una organización armada es ilegal. No tenemos posibilidad de negociar la salida de las fuerzas armadas, el derecho de autodeterminación...» Y Zarzalejos remacha: «La lógica del Estado es una realidad que existe y que tiene su propia dinámica».

Arriola insiste en ese argumento: «Un Gobierno no puede hacer un debate político con una organización armada, por ejemplo, para cambiar la Constitución».

Es evidente que los dos procesos son distintos. La tregua de 2006 se produce como consecuencia de la negociación entre el Gobierno español y ETA (a la que se suman las 200 reuniones de Batasuna y el PSE).

En las distintos encuentros que se mantuvieron durante dos años entre el Gobierno de Zapatero y ETA no sólo se hicieron cesiones políticas, sino que se concedieron a ETA bazas judiciales y policiales.

5º. La reunión en la que el Gobierno dice que «el objetivo final del proceso no es la derrota de ETA» se produce cinco meses después del atentado de la T-4, cuando, públicamente, Zapatero y Rubalcaba decían que las negociaciones con ETA ya se habían roto.

SANTIAGO GONZÁLEZ

Palabras y hechos

Las palabras. Habían pasado tres días desde la T-4 cuando el ministro del Interior convocó su segunda rueda de prensa para hacer una valoración sobre los hechos. Recogiendo la petición del portavoz del PP Ignacio Astarloa para que despejase cualquier tipo de duda, el ministro dijo: «Quiere [el PP] que diga que el proceso está roto, pues evidentemente está roto; quiere que diga que el proceso está liquidado, evidentemente está liquidado; quiere que diga que está acabado, evidentemente está acabado, porque ETA ha sido quien ha roto, ha liquidado y acabado el proceso de paz». A mí me convenció. El presidente había creado alguna incertidumbre, al calificar el atentado de «el paso más equivocado e inútil», porque «va contra lo que el futuro va a acabar imponiendo en nuestro país».


Los hechos. Ayer se cumplieron cuatro años de la primera reunión después del atentado. En ella, los enviados del Gobierno usan un lenguaje más cauto que antes de la T-4. Pero, ay, los contenidos. Los emisarios del Gobierno le dicen a la banda que ven posible alcanzar un acuerdo político. «El objetivo final del proceso no es la rendición de ETA […] es que la izquierda abertzale y ETA puedan defender su proyecto en igualdad de condiciones y que ETA desaparezca porque existen esas vías políticas. Finalmente, la desaparición de los presos y exiliados porque no existen causas de que los haya». El mal siempre es culpa del sistema, porque el corazón de los hombres (y no les cuento el de las mujeres) es puro. Si la izquierda abertzale pudiera defender su proyecto no tendría sentido que ETA asesinara a nadie y, por ende, no habría presos ni exiliados. Entre los años 78 y 80, Herri Batasuna defendió su proyecto en las elecciones locales y generales de 1979 y en las autonómicas de 1980. ETA asesinó en esos tres años a 246 personas. También Zarzalejos dijo en la única reunión de Zúrich: «No venimos a la derrota de ETA». Debe de ser por el ambiente.

Tanto tiempo después, el Gobierno se defiende con la epistemología de Forrest Gump: tontos son los que hacen tonterías y mentirosos son los que dicen mentiras. No siempre, claro: un sabio puede hacer una tontería y un mentiroso es perfectamente capaz de decir la verdad si le conviene. Las democracias han regulado esto con el código de honor de los tahúres: ¿se puede mentir o hacer trampas en el juego? Si no le pillan, vaya, pero no pretenda que después de la mentira solemne en el espacio público o el as en la manga la partida pueda seguir como si tal cosa. Me temo que hemos llegado a ese punto y que los autores intelectuales, el par director de este proceso debería obrar en consecuencia.

Hubo un momento estelar en la carrera de Rubalcaba. Fue el 13 de marzo de 2004, durante la jornada de reflexión de las elecciones: «Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta». Yo estuve muy de acuerdo con la observación. Es más, todavía lo estoy. Por eso no puedo entender que sus adversarios vuelvan la frase contra el vicepresidente. Después de todo, él se guardó muy mucho de decir que ese Gobierno de la Verdad iba a ser este.

DESDE KIOTO CON AMOR
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

¿Cien mil años de soledad?

Ni con agua ni sin agua tienen sus males remedio.

Cuatro de los seis reactores de Fukushima siguen heridos de gravedad. No hay forma de repararlos. Su organismo se rebela contra todos los tratamientos, medicamentos e intentonas quirúrgicas. La electricidad ya ha sido conectada, pero la temperatura de los enfermos no desciende. Su fiebre es muy alta.

Sólo el agua fría puede bajar los humos a quienes no dejan de echarlos. Los irrigan, pues, con ella, pero sale despedida, de rebote, a la inmediata, con el agravante de que lo hace contaminada por elevadísimos índices de radiactividad. Eso obliga a cerrar las mangueras y a regresar al punto de partida. Un círculo vicioso.

La inquietud de los ciudadanos crece. Su indignación, siempre contenida y educada, también. Blanco de la incredulidad rampante es la nebulosa información que transmiten, o que no transmiten, los portavoces de TEPCO (Tokyo Electric Power Company), gestora de la central de Fukushima y responsable de su reparación. Es un coloso de la industria -el cuarto de su género en el mundo-, pero con musculatura de trapo, pupilas atontolinadas y lengua pastosa.

Sus técnicos aparecen, confusos y contritos, en la tele, dan rodeos, tartamudean, desvían las preguntas, omiten las respuestas, se contradicen y, en gráfica expresión de uno de mis informadores, profesor argentino que habla perfectamente el japonés, parece como si «en su puta vida» hubieran visto de cerca, «en vivo y en directo», un reactor nuclear.

La gente los acusa de ser como esos médicos que, si se les trae un ahogado, le toman el pulso, le miden la tensión, le hacen un electro, lo someten a diálisis, se rascan la cabeza y luego extienden el certificado de defunción.

Lo de los rodeos, los tartamudeos, las contradicciones y la ignorancia supina vale también para los expertos (es un decir) de la Comisión Japonesa de Energía Atómica. El espectáculo que ofrecen es, en opinión de casi todo el mundo, lamentable. Y se quedan cortos.

El críptico idioma en el que esas marionetas de gesto agrio dan abstractas explicaciones que nada explican resulta tan ininteligible para las gentes del común que, tras ellas, a renglón seguido, los locutores de la NHK no tienen más remedio que traducirlas al japonés paladino.

Los políticos no salen mejor librados. Lo suyo, hasta ahora, ha sido dar palos de ciego, y ninguno a derechas. Cuando el temporal amaine, caerá el Gobierno. Eso es seguro. Naoto Kan no tardará en besar la lona. Sus ministros se tambalean por el ring como boxeadores sonados. Buena la armó el lunes por la tarde Motohisa Ikeda, que lo es de Economía. Dijo ante el Comité de Presupuestos de la Cámara Alta que el Ejecutivo teme lo peor y sólo Dios sabe lo que va a suceder (sic). La oposición se le echó encima y el deslenguado tuvo que retractarse y pedir perdón. Eso es muy japonés. Y a todo esto, en Shizuoka, ciudad de cuatro millones de habitantes situada a unos 150 kilómetros de Tokio, hacia el sudoeste, en la costa y a los pies del Monte Fuji, el vecindario aguarda sin pestañear la llegada del feroz terremoto (tsunami incluido), de fuerza superior a la del título de una célebre película de Fellini, que desde hace mucho tiempo vaticinan los sismólogos.

Cada siglo y medio, aseguran los expertos, se produce en el lugar mencionado una catástrofe de esas características. La última se remonta a mediados del XIX. Creo que fue en el año 1853, quizá en 1857, pero no he podido verificar la fecha. La suerte, en cualquier caso, parece echada. El volcán, además, podría enfurruñarse y dar en cólera. Una de las mayores colmenas nucleares del país -la de Hamaoka- está precisamente allí. Si el terremoto la despanzurra, como ha sucedido en Fukushima, Tokio tendría que ser evacuado. Casi nada. Fácil de decir. Imposible, supongo, de hacer.

El profesor argentino dice que todo esto es la crónica de una muerte anunciada. ¡Ojalá se equivoque para que Japón no tenga que vivir cien mil años -los que se atribuyen a los residuos radiactivos- de soledad!

JOHN MÜLLER

Problemas con los ingresos

Carlos Ocaña, secretario de Estado de Hacienda, no quiso destripar ayer la nueva regla de gasto que el presidente del Gobierno anunció en Bruselas y que se introducirá en la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Muy probablemente, Zapatero dará detalles sobre esto en su comparecencia de hoy, previa a la sesión de control al Gobierno, donde tendrá a bien explicar a las Cortes los resultados del Consejo Europeo que ya expuso el sábado a los grandes empresarios que le visitaron en Moncloa.

No ha trascendido ningún detalle adicional sobre esta regla. Sabemos que será obligatoria para la administración central y autoimpuesta para las comunidades autónomas. También, que con toda seguridad no se llamara techo de gasto, porque bajo esa denominación el PP propuso una norma obligatoria nacional en enero y el PSOE la tumbó en el Congreso.

La medida consistirá, a grandes trazos, en indexar la evolución del gasto público con el crecimiento del PIB, lo cual nos garantizará que el Estado, que actualmente ocupa entre el 42% y el 46% de la riqueza nacional, seguirá manteniendo este tamaño desorbitado.

En todo caso, al margen del diseño técnico, la clave estará en las comunidades autónomas, que es donde se están produciendo las presiones para saltarnos el compromiso de estabilidad presupuestaria. Hace sólo dos días, Artur Mas vaticinaba que «sólo hay una forma» para que Cataluña pase de un objetivo de déficit del 2,3% del PIB en 2010 (que, por cierto, incumplió a costa del resto de España llegando al 3,86%) al 1,4% previsto para 2011, y es «destrozándolo todo». «Eso no lo vamos a hacer, no nos hemos vuelto locos», sostuvo.

Ocaña quiso ayer contestarle directamente y dijo que el objetivo de déficit «no es negociable» y «lo tienen que cumplir todos». De hecho, el Gobierno y la Generalitat están negociando un plan de reequilibrio de sus finanzas que, según el secretario de Estado de Hacienda, será muy riguroso.

Ocaña dio, además, un dato importante al recordar al diputado de CiU Sanchez Llibre que el 30% del presupuesto de las comunidades autónomas no se destina a gasto social sino a «inversiones de lo más diverso» a través de empresas y consorcios públicos.

Las cuentas del Reino en los dos primeros meses no permiten establecer una tendencia clara, pero sí se ve con claridad que hay un grave problema del lado de los ingresos públicos. El fin del efecto escalón en la recaudación, la vuelta de las devoluciones ordinarias de IVA, la atonía del consumo y el increíble dato que hoy traemos a estas páginas de que la recaudación por el impuesto de sociedades ha venido cayendo durante 35 meses consecutivos, son alarmantes. No es raro que muchos expertos estén visualizando una nueva subida de impuestos en junio o julio. Éste es uno de los ejercicios más complejos para el Gobierno: hay que reducir el déficit en 33.000 millones, 3,3 puntos del PIB, del 9,3% de 2010 hasta el 6%. Y además es año electoral. Pases de magia vamos a necesitar.

john.muller@elmundo.es

RAÚL DEL POZO

Banda y bandos

EL RUIDO DE LA CALLE
Dicen que los que más talento tienen para el trato son los gitanos y los diplomáticos de la Santa Sede porque son astutos como serpientes. En la componenda entre Leviatán y ETA, ha ganado por maña y jesuitismo la víbora agonizante, como es preceptivo. El Estado, monstruo lento de letra pequeña, burócrata hasta cuando miente, pica en los anzuelos y tiene enfrente siempre, al otro lado de un río de mala leche, al enemigo. Aquí no hay partidos sino banderías.

Un pacto es siempre un momento de artificialidad, ningún acuerdo es sagrado cuando está el poder sobre le mesa, pero en este momento el PP no quiere que un gobierno que no sea el suyo llegue a un acuerdo con ETA. Un dirigente del PP me contradice: «No es así. Es que la negociación con ETA sólo la autorizó una parte del Parlamento, sin el PP, lo cual era ya una anomalía. Pero en cualquier caso se autorizó a hablar con ETA, no a cometer delitos ni a ayudar de esa manera vil a los etarras». Según el partido de la oposición, esto va a ser el comienzo del fin de Zapatero y antes el escándalo abrasará a Rubalcaba «porque en todo momento ha gozado de capacidad de acción y decisión».

Con terroristas se han sentado todos los gobiernos, y hasta algunos jefes de la lucha antiterrorista en secreto, pero es cierto que no se puede negociar nada contra la ley. Blair buscó una salida dialogada al terrorismo y la encontró en una sociedad británica que para los grandes asuntos de Estado siempre tiene una sola voz. Así logró el acuerdo de Viernes Santo, aunque también le acusaron de hacer excesivas concesiones después de dar la mano al brazo político del IRA.

Liberó a centenares de presos que habían colocado bombas en pubs; eso parece imposible aquí, donde se acusa al Gobierno de traición. La traición no prospera si nadie se atreve a llamarla traición, y ya ha ocurrido. Además, acusan al Gobierno de haber seguido negociando después de la T-4, de evitar detenciones y de ocultar todo a la opinión pública.

¿Por qué no se logró un consenso básico entre el PP y el Gobierno? Porque siempre nos paralizan las dos intransigencias, como recuerda el espléndido libro de Ada del Moral Fernández Noches de Casablanca, prologado por Stanley Payne y presentado en el Ateneo por Joaquín Leguina, Óscar Alzaga, José Luis Gutiérrez y Pilar Altamira. Es la biografía de Luis Ruiz Huidobro contada por su sobrina-nieta, la historia de una víctima de la República, la muerte y el exilio de un demócrata entre los dos bandos, atormentado por la intolerancia de las dos Españas.

Ojo al dato: pasaran más de mil años y los gobiernos intentarán, inútilmente, llegar a un pacto con ETA sin contar con el otro bando.

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