FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Erasmo, R.del Pozo, J. Sinova, S.González, J. Müller, A. Romero, R. Rivero, D. Torres
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F. JIMÉNEZ LOSANTOS
Siete años de 11-M
¿Hay que investigar las ilegalidades de Sánchez Manzano en el análisis ilegalísimo de los explosivos? Sí. Sólo eso sería más que suficiente para no ver el sol en otro país que no fuera lo que hace siete años aún llamábamos España. Pero hay más: averiguar si los tedax destruyeron las muestras que acarreaban, si fue una tarea del jefe de los tedax con su perita y, sobre todo, quién dio la orden de hacerlo. Porque, como en el caso Faisán, nadie cree que un policía o cargo político mediano se atreva por su cuenta a avisar a la ETA de que viene la Policía; o a destruir las muestras de los trenes siniestrados para que no se pueda investigar bien lo primero que debe hacerse: identificar el arma asesina.
No sabemos con total precisión si hubo uno o más explosivos, pero sí sabemos que no estalló Goma 2 ECO de Mina Conchita, como prueba el libro Tytadine de Antonio Iglesias con prólogo de Casimiro García-Abadillo. Y por ese explosivo «u otro» se ha condenado a tres personajillos que no sé si serían capaces de volar el cobertizo de su casa, pero cuatro trenes, jamás. Cuando el juez Gómez Bermúdez iba de decente, mandó una pericia de verdad sobre los restos que no logró extraviar Sánchez Manzano, y salió DNT y Tytadine. La filmación de ese análisis se ocultó a los imputados y sus abogados. Luego se escondió en un juzgado con otro nombre, pero alguien la encontró. Y a partir de esas mentiras sobre las pruebas destruídas o construidas debemos empezar a averiguar la verdad. Siete años más tarde. Pero nunca es tarde para la Justicia.
ANA ROMERO
El discurso del rey
Un rey que hace frente a las inclemencias del destino y lucha por sacar adelante la institución en un momento en el que su país lo necesita más que nunca.
Ese es Bertie/Jorge VI, magistralmente interpretado por Colin Firth en la película El Discurso del Rey. Menos emocionante, pero igual de ilustrativa, resulta la imagen de Mohamed VI flanqueado por su hermano, Mulay Rachid, y por su hijo pequeño, Mulay Hasan, proclamando que renuncia a su omnímodo poder. El británico en el siglo pasado hizo ímprobos esfuerzos por vencer la tartamudez. El marroquí, ahora, por darle al pueblo lo que es del pueblo: la soberanía.
Dieciesiete días ha tardado Mohamed VI en volver a mover ficha. Ya lo hizo al día siguiente de las Facebookrevueltas del 20-F. Ahora ha vuelto, con nocturnidad y sorpresa, para dar un paso más: una reforma constitucional que le permita reinar pero no gobernar. En España hay entusiasmo. Sus valedores socialistas están exultantes. Otros analistas, más mesurados, ven en el discurso del rey el reflejo -al otro lado del Estrecho de Gibraltar- de nuestra Ley de Reforma Política.
«Marruecos no está avanzando al ritmo que todo el mundo quiere, pero sí paulatinamente», me cuenta un miembro del establishment político marroquí. «Ya no hay tabús. Ya no hay miedo. La prensa es libre para criticar. Ahora la pregunta que nos hacemos es si tenemos la clase política adecuada para acompañar estas reformas, si están preparados nuestros partidos políticos».
A pesar del entusiasmo, las preguntas son ésas y muchas más. Además de al primer ministro, ¿dejará de nombrar el rey a los cuatro superministros de Interior, Exteriores, Religión y Justicia? ¿Renunciará a su cargo el odiado secretario particular Mounir Majidi, el que gestiona los dineros del fabulosamente rico rey? ¿Dejarán las fuerzas de seguridad de reprimir a la población civil del Sáhara Occidental? «Con la llegada de la democracia verdadera, todo es posible: hasta que se arregle el conflicto saharaui y regresen los refugiados», me insisten desde Rabat.
Uno de los partidos más importantes, el islamista Justicia y Caridad no lo cree así. Ni su líder, el jeque Abdeslam Yasin, ni su hija Nadia se pronunciaron ayer. Pero sí lo hizo su portavoz, Fath Alah Arsalan, que puso el dedo en la llaga: la comisión que se formó ayer, destinada a reformar la Constitución, no les vale. Tiene que haber una auténtica asamblea constituyente, como la hubo en España.
Por si acaso, las redes sociales mantienen la convocatoria del próximo 20 de marzo. Hay quien prevé un mantenimiento de la presión popular, suave pero constante, que vaya modulando las reformas al mismo tiempo que éstas se van anunciando.
Veremos. Hay veces en la vida que no queda más remedio que tomar decisiones dolorosas. Para Mohamed VI, no me cabe la menor duda, ésta es una de ellas. Pero el rey sabe que no tiene alternativa: o comparte, o se queda sin nada. Marruecos vive su momento histórico.
JOHN MÜLLER
Es el tumor, no la estatura
La consigna oficial, ayer, era batir a Moody's. La rebaja de la calificación de la deuda española, anunciada por la mañana, encendió los ánimos de Elena Salgado, de la directora general del Tesoro, Soledad Núñez y del presidente Zapatero. «Podían haber esperado a los datos del Banco de España», decían.
Zapatero y Salgado se hicieron los sorprendidos, pero Moody's les avisó con 12 horas de antelación sobre lo que iba a decir: que rebaja la calificación y que nos sitúa en perspectiva negativa, que es lo peor.
Sus razones son tres: no cree que la reestructuración del sistema financiero se vaya a zanjar con tan poco dinero (creen que se necesitan de 40.000 millones a 50.000 millones y hasta 110.000 millones en una situación extrema), no creen que el Gobierno vaya a cumplir con el objetivo de déficit en un año electoral y, por último, piensan que la recuperación económica es débil.
Pero lo que más molestó en el Gobierno es que el informe de Moody's suponía una desautorización directa del Banco de España a pocas horas de detallar el capital que faltaba para cumplir con las nuevas normas de solvencia. La línea argumental ideada en Cibeles fue que el Banco iba a señalar entidad por entidad las cantidades que se necesitarán. «Quienes den otra cifra, deben hacer lo mismo si pueden», desafió Zapatero. Mientras, en blogs y redes sociales los community managers sacaban el catálogo de desaciertos de las agencias de calificación.
Es cierto que estas firmas han cometido errores graves. Pero, seamos serios, cuando eres un Gobierno que va a pedir dinero no puedes entrar burlándote del dueño del banco, porque nadie presta un euro de sus clientes si no hay un aval de mercado. Si Moody's callara, sus clientes la pondrían a caer de un burro. El Gobierno no puede adoptar esa postura marxista que Groucho resumía así: «No deseo pertenecer a un club que acepte como socio a alguien como yo».
Pero ocurre que a Moody's tampoco le falta razón. La agencia no dice que falten 40.000 millones para «recapitalizar las cajas», que es lo que ayer anunció el Banco de España, lo que dice es que ese dinero puede faltar para acometer toda la reestructuración.
En síntesis y con palabras llanas, el Gobierno ha legislado que sólo los individuos que midan 1,80 metros podrán ser entidades financieras. El Banco de España los ha medido y descubrió que hay cuatro bancos y ocho grupos de cajas que no alcanzan esa estatura. Para medir 1,80 necesitan 15.152 millones. Pero hay manga ancha en cuanto a tallas. Si se usan alzas disponibles en el mercado o se acude a la Bolsa, bastan poco más de 4.000 millones. El problema -y esto es lo que contempla Moody's- es que las cajas tienen un tumor que es el riesgo inmobiliario: 217.000 millones, según el Banco de España que, además, considera que de esa cantidad, el 46% son «problemáticos», o sea unos 100.000 millones. Los números coinciden.
john.muller@elmundo.es
SANTIAGO GONZÁLEZ
Un pasito p'alante
Hay en la nota de prensa de los legalizandos algunos aspectos curiosos. No se debe negar el derecho que reclaman en el punto primero del comunicado a encauzar los proyectos «independentistas y socialistas» a través de una oferta electoral. Nuestro sistema no contempla esa limitación. Ahí están para demostrarlo Aralar, EA, ERC y los que pudieran venir. No es la ideología socialista o la aspiración independentista lo que choca con la Ley de Partidos, sino la muy documentada presunción de que Sortu es la continuación de Batasuna.
Aceptamos como animal de compañía que el rechazo de Sortu a la violencia no es equidistante «entre distintas vulneraciones de derechos humanos». Cierto que no lo son. Veamos cuántos librillos de papel de fumar emplean al cogerse el calificativo en los planes del comando Otazua para atentar contra el lehendakari: «Desde el respeto a la presunción de inocencia (…) y ante la filtración de supuestas y presuntas planificaciones», entre las que, «al parecer», figura la de López, «nos reafirmamos en nuestro rechazo de cualquier acto de violencia». Si están hablando de un acto de violencia concreto, el asesinato de López, afortunadamente en grado de tentativa, ¿por qué no rechazan el acto preciso, en lugar de un genérico «cualquier acto»?
Veamos que la distancia para hablar de las presuntas torturas a los miembros del comando no es, efectivamente, la misma, las «supuestas» y «presuntas» dejan paso a la esplendente convicción moral: «Las nuevas y graves denuncias de episodios de tortura y el mantenimiento de la persecución política y judicial contra militantes independentistas». Volvamos al punto 1º: los miembros del comando Otazua no han sido detenidos por independentistas, sino por terroristas y asesinos: presuntos por ahora, naturalmente.
Digamos ya que sí es un paso ese rechazo de un hecho del pasado, porque a él se encadenan otros de manera irremediable. Es muy raro que rechacen el atentado que no ha llegado a materializarse y que no digan ni Pamplona sobre los que sí perpetraron (presuntamente) estos militantes independentistas: los del inspector Puelles y el brigada Conde. Y por supuesto, los otros 856 asesinatos consumados que tiene ETA en su debe, nada presuntos, por cierto. Deben hacer el esfuerzo. Ese paso positivo les obliga moralmente a dar otros 858 con la misma lógica. Que rechacen todos y cada uno de los crímenes perpetrados en el pasado. El relato democrático no puede basarse en la idea de que ni uno solo de los asesinatos estuvo justificado ni pueden invocar una negociación sobre tanta sangre derramada.
Las almas bellas tendrán razón esta vez al decir que «es un pasito», pero deberían reparar en este aspecto de la cuestión: sin la última advertencia de Zapatero («Sortu no es viable si ETA sigue viva»), los responsables del nuevo ma non troppo partido no lo habrían dado. O sea, que el escepticismo ante sus buenas intenciones da mejores resultados que la credulidad. El presidente debería perseverar en su mensaje por razones éticas; y si eso no le basta, por motivos prácticos.
JUSTINO SINOVA
La hora del patriotismo
Zapatero ha provocado en su entorno una catarata de argumentos a favor y en contra de su dimisión. Aunque quiere fingir que nada pasa, la élite socialista no hace más que hablar del incierto destino de su líder. Pero en todos sus comentarios predomina la condición de jefe socialista del incierto dimisionario sobre la de responsable del Gobierno de los españoles. Y así, especula con las secuelas que tendría para el partido su resistencia en el poder («impediría organizar la sucesión») o el anuncio de su renuncia («perjudicaría las expectativas electorales en mayo al obligar a un relevo que acortara la interinidad»). Estos argumentos tienen su lógica, pero pecan de un impúdico egoísmo. Zapatero se debe a España más que a su partido o que a sí mismo.
Hace 30 años, dimitía el primer jefe de Gobierno de la democracia. Adolfo Suárez había dirigido una operación magnífica, que consistió en pasar de una dictadura a una de-mocracia por vía de reforma. A pesar de mérito tan sobresaliente, que respondía a la aspiración mayoritaria del pueblo español, Suárez fue objeto de una cruel oposición del Partido Socialista dirigido por Felipe González y Alfonso Guerra, de reproches en su partido, de unas críticas feroces en los medios y de unos ruidos de sables en algunos círculos militares que bebían también de lo que el antisuarismo destilaba. En ese contexto, Suárez entendió que lo mejor era su renuncia.
En enero de 1981, la legislatura no había llegado a su ecuador, pero a Suárez no le preocupaba tanto que UCD encontrara dificultades en unas elecciones que probablemente habría que adelantar como que él no tuviera fuerza bastante para seguir gobernando y que el rumbo de España se torciera. Y el día 29 pronunció un discurso por televisión en el que dejó constancia de su patriotismo con afirmaciones tan elocuentes como éstas dos: «He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia». «Como frecuentemente ocurre en la Historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas, y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España». Suárez había decidido no enquistarse en el poder, sino quitarse de en medio para favorecer el destino de España. Toda una lección de patriotismo.
La actual situación evoca en muchos aspectos aquélla y presenta problemas agravados. España está a punto de la parálisis con un contingente de desempleados que se acerca angustiosamente a los cinco millones y un Gobierno incapaz de alumbrar un plan congruente para combatir la crisis económica, la crisis política y la crisis moral que laceran a la nación. Zapatero ha demostrado carecer de soluciones para los problemas que le acogotan y que nos hieren a todos los españoles. Ya no es hora de inventar magias. Es la hora del patriotismo.
raúl Rivero
Tarjeta blanca
UNA PIEZA de cartón, un cuño desvanecido y la firma de un sirviente son las llaves de la entrada y la salida del país. Esa bazofia material controla las fronteras. Ese triángulo primario, impuesto por el poder absoluto que puede llegar a ejercer el totalitarismo, dibuja la libertad o el cautiverio en Cuba, en pleno siglo XXI, mientras se deshielan los polos y se ven las mismas noticias en un apartamento de Madrid que en una yurta del desierto de Gobi.
No importa que haya leyes, regulaciones, papeles suscritos en alguna reunión internacional para cumplir con una exigencia pasajera. Lo que decide la posibilidad de los cubanos de entrar o salir de su país es la orientación de un capataz político previa consulta con las alturas.
Esa orden es un instrumento que se usa para tratar de acallar y poner en fila a quienes sueñan con irse del país porque no soportan el narigón o la pobreza a manera de cadena perpetua.
Fuera de Cuba se usa para mantener en la ruta privada de su corazón a sus asuntos -ninguna opinión política, quietos en el limbo de emigrante- a los ciudadanos que quieren regresar de vacaciones, a visitar su familia o a retratarse en el patio de la casa donde nació, entre la inocencia vegetal de las matas de níspero, guanábana y caimito.
No aparece el cartón, el cuño y el pie de firma para que salgan a un tratamiento médico Martha Beatriz Roque o Vladimiro Roca, dos líderes opositores, enfermos y que han sufrido años de cárceles. Tampoco hay tarjeta blanca para que la periodista Yoany Sánchez venga a España o vaya a Holanda a recibir un reconocimiento por su trabajo informativo.
Pero esta semana, se le puso fin a una gestión para que saliera rumbo al exilio la señora Reyna Luis Tamayo Danger, madre del prisionero político Orlando Zapata Tamayo, muerto hace un año después de una huelga de 85 días. Se autorizó el viaje de ella y de otros doce familiares.
El Gobierno, según la madre de Zapata, se encargará de cremar los restos del opositor para que se lleven las cenizas al extranjero.
La familia, residente en un pueblo oriental llamado Banes, ha estado sometida a presiones, insultos, golpizas y arrestos. «He dado este paso con mucho dolor para salvar los cuatro hijos que me quedan y mi nieto», dijo la mujer.
El entusiasmo estatal para abrir esta puerta permite recordar al poder que los símbolos no se apagan con la lejanía. Y a los funcionarios internacionales (viajan gratis y no necesitan permiso para entrar o salir de su países) que deben aprovechar esas ventajas para llegar a tiempo a los conflictos.
DAVID TORRES
La realidad ya no es lo que era
LAS RELACIONES entre realidad y ficción son un tema complejo. A veces van cogidas de la mano, a veces se tiran meses sin hablarse. Hay días que bailan cual amantes y de pronto la emprenden a golpes como uno de esos matrimonios cuyas bodas de plata se celebran mediante un certificado de defunción. Pero lo cierto es que la ficción casi siempre lleva las de perder: no puede competir con su prima porque ni el más delirante y enloquecido novelista se atrevería a imaginar las cosas que la realidad escribe a diario y sin despeinarse.
A poco que uno hurgue un poco en un periódico, encontrará noticias que difícilmente se tragaría en una novela. Lo de ese señor andaluz que estaba apuntado desde el momento de nacer en las filas de una empresa que no pisó en su vida, ¿no es un argumento fantástico que dejaría seco a Philip K. Dick? Lo del bar Faisán, con sus policías manazas y atontolinados que se pierden lo mejor de la grabación, ¿no parece sacado de una peli de Torrente, con Rubalcaba de actor invitado?
La realidad, al contrario que las novelas, puede permitirse el lujo de ser inverosímil. Gracias a esa patente de corso, el PP levantino acumula en sus filas un plantel de primeras figuras que llevaría a Hollywood al paro. ¿Qué monstruo del cine negro podría incorporar a Fabra, ese siniestro vendedor de lotería al que los delitos le caducan uno tras otro como latas de guisantes pasadas de fecha? ¿Qué actor del método podría mentir con el descaro monacal de Camps, que primero pagaba sus trajes y luego aceptaba regalos, que no conocía de nada al Bigotes y luego eran amigos de toda la vida?
«La realidad ya no es lo que era», dice un personaje de mi última novela, Punto de fisión. Es una frase hecha pero tiene gracia que la diga un independentista madrileño oculto tras un traje folclórico y una careta de Lenin. Cuando me inventé el PICHY (Partido Independentista Chulapo ¿Y?), un insensato grupo terrorista que aboga por la independencia de Madrid y vuela las estatuas de Cibeles y Neptuno porque no son lo bastante autóctonas, pensé que quizá se me estaba yendo un poco la mano. Justo antes de publicarse mi libro, la realidad me enmendó la plana con la aparición del FUET (Front Unitari per l'Emancipació de la Terra), que a falta de gorras y mantones de manila, gastan barretina.
Lo bueno de vivir en un país esperpéntico es que casi no tienes que inventar nada: basta con abrir la ventana. Valle-Inclán ya advirtió que el esperpento no era más que la deformación matemática de la realidad vista a través de un espejo combado. Llega a nacer hoy y ni espejo ni pluma: se dedica a la fotografía
RAÚL DEL POZO
Moody's, el buitre
Arden los pozos de petróleo en el desierto. En plena Cuaresma nos recuerdan lo de la ceniza y nos comunican cataclismos. Hemos llegado a un punto en el que sólo lo catastrófico parece cierto. En muchas guaguas de América se anuncia el fin del mundo para el año que viene, basándose en las predicciones mayas. La gente vuelve a la religión, pero tampoco es cosa de ser ateos ya que éstos gozan de pocos días de fiesta.
Aquí, en España, cuando vamos al banco a sacar dinero no sabemos si nos va a atracar el cajero, erigido en segurata de corralito. En medio de este clima fatídico José Luis Rodríguez Zapatero, que veía brotes verdes, se ha convertido en el enemigo público porque predecía el fin de la recesión. Se salió del discurso general de los profetas del miedo. Ahora le niegan y le esconden sus secuaces, precisamente muchos de los que se han llevado el tesoro de las cajas, casi todas en quiebra.
El principal error de Zapatero pudo ser que no creía en los cisnes negros, teoría enunciada primero por Popper según la cual no hay que preocuparse de lo improbable, lo que no va a ocurrir nunca, porque la infinita mayoría de los cisnes son blancos.
Tal vez el presidente no conocía el libro de Nassim Nicholas Taleb (El cisne negro), breviario de los golfos de Wall Streeet. Taleb anunció antes que nadie la burbuja y la recesión, y ahora en su libro, como un hereje, demuestra que los banqueros, las agencias de calificación, los traders, los brokers, los premios Nobel de Economía son más peligrosos que los médicos en la Edad Media.
Zapatero no vio los cisnes negros escondidos en los sótanos de los bancos y de las cajas. Nunca llegó a sospechar que les habían dado a conducir el autobús escolar con los ojos vendados, según la teoría de Taleb, a los mismos que ya lo habían estrellado cuando estalló la burbuja.
Pese a la incredulidad del presidente, planean otra vez sobre España los cisnes negros en bandadas. La gran bestia de siete cabezas y 10 cuernos que llaman Moody's, con el pelo de leopardo y boca de león, vuelve a arrojarse como un buitre sobre la piel de toro, llena de moscas. La agencia rebaja el rating de nuestro país con impacto instantáneo en la prima de riesgo. Duda de este sistema financiero que ha reducido el déficit y ha recortado gastos pero ha tapado, como la trampa que se pone a los tigres, el agujero del sistema financiero.
La banca española necesita 50.000 millones (aunque el Banco de España, que es muy solvente, rebajó ayer la cifra a 15.000), apenas nada, dinero de bolsillo. Vuelven a sonar los cascabeles de los cuatro caballos del Apocalipsis, que en su lectura de San Juan es apenas un poema de Dylan Thomas al lado de la versión del rescate.
Etiquetas: Firmas







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