e-pesimo Auxiliar 1

Auxiliar1, Auxiliar2, Auxiliar3 y Auxiliar4 son Blogs auxiliares de epesimo y de e-pesimo

Actualización de madrugada

Mi foto
Nombre:
Lugar: Cantabria, Spain

martes 29 de marzo de 2011

FIRMAS: David Gistau, Raúl del Pozo, Erasmo, Luis María Anson, Arcadi Espada, J.Müller, S. Sostres, Stéphane Hessel

david gistau

El Chaves bueno

NO CONOZCO a ningún lector de Chaves Nogales que no lo haya descubierto con la biografía de Belmonte. Yo he regalado o recomendado mucho ese libro en Argentina, tanto a los amigos que tuvieran curiosidades taurinas como a sus novias, las que creían que un torero es un malevo que destripa ositos panda: maldito toque british, el de la América sanmartiniana. Lo que en realidad estaba regalando a ambos era una iniciación española.

Una vez atrapado por la biografía, de Chaves Nogales se lee todo lo demás, hasta descubrir una rareza impropia del vocinglero antagonismo de tertulias de café en que siempre ha consistido el pensamiento en Celtiberia: nada menos que un ensayista europeo, limpio de casticismos, más próximo a Zweig que a los alineamientos de mono azul o de yugo y flechas. Y que además aporta el olor a calle del reportero. Con él y con Koestler, después de suprimirle a éste algunos matices propagandísticos impropios de su inteligencia, alcanza para entendernos en aquellos años de mono o yugo.

Este otro Chaves soluciona una pregunta, la que viene después de la del torero, que los argentinos con biblioteca suelen hacer a los españoles en la sobremesa: «Si hubieras tenido 20 años en el 36, ¿en qué bando habrías luchado?». Amparado en Chaves, uno puede entonces disertar sobre la figura que antes que ninguna otra perdió la guerra, la del tercer hombre, la de la burguesía liberal, la del eterno afrancesado triturado por dos absolutismos, la que tuvo la dignidad de poder ser asesinado por cualquiera de los dos bandos. Esa pérdida fue la más grave, la del tercer español que luego ni pudo ser exiliado profesional.

Después de escoger el Marca en la gasolinera, Rajoy sigue apegado a su táctica de no parecer más listo ni más leído que su votante promedio. Le regalaron este fin de semana un libro de Chaves Nogales, «un periodista andaluz» en el que no había reparado porque no tiene biografía de ningún ciclista. No vamos a ponernos estupendos. Pero me preocupa el poder que va a recaer sobre un lector perezoso porque entiendo que están incompletos, cuando no fallidos, los hombres que forman sus opiniones recurriendo sólo a los periódicos. Es decir, a la calderilla del día, como uno mismo, antes que a autores como Chaves Nogales. Sobre todo cuando apenas juntando unos cuantos párrafos de La agonía de Francia o de A sangre y fuego, Rajoy -o quien le resuma las lecturas- encontrará el discurso que lleva décadas buscando esa derecha soft de perfil liberal que nunca supo cómo emanciparse de sus propios ismos y del aroma a superstición que, como dijo Diderot al defender la Enciclopedia de los jesuitas, arruina todo si las puertas de las iglesias permanecen entreabiertas.

JOHN MÜLLER

Ladrillo y credibilidad

Hay varias conclusiones que se pueden extraer a primera vista de lo ocurrido ayer con las 12 entidades que no cumplen los nuevos requisitos de solvencia del Banco de España. Sin duda, los casos más extremos son los de los cuatro grupos de cajas que ayer bajaron los brazos y se mostraron dispuestas a que el Estado les proporcione capital fresco. De estos cuatro grupos, en tres de ellos la razón fundamental de su actual falta de solvencia ha sido la crisis inmobiliaria.

Así ha ocurrido con CatalunyaCaixa, Banco Base (por la CAM) y Unnim. El caso de Novacaixagalicia quizás obedezca más a un importante error de diseño a la hora de plantear la fusión de una caja de ahorros mala con otra muy buena por razones políticas que escapaban a la lógica económica.

Detaco la existencia de esta herida inmobiliaria en la quilla de la solvencia de estos tres grupos porque se ha repetido mucho estos días que en la reunión del sábado en Moncloa Isidro Fainé, presidente de la Caixa y jefe máximo de los cajeros de España, habría sugerido que la burbuja inmobiliaria estaría a punto de pasar a ser un mal recuerdo.

Según varios asistentes a la reunión, Fainé relativizó el problema afirmando que, grosso modo, «un tercio» de la deuda con los promotores inmobiliarios ya ha sido provisionada por instrucción del Banco de España. «Otro tercio», añadió, correspondería al valor real de la vivienda. Y un último tercio equivale a las cantidades que se van a provisionar en los próximos años y que ya están previstas.

Hay testigos que afirman que Francisco González, el presidente del BBVA, habría pedido discreción con estos cálculos y otros afirman que dijo que «la situación no es exactamente así», dando a entender que no todas las entidades han sido disciplinadas.

En esto de la burbuja inmobiliaria hay optimistas y pesimistas. Hay quienes creen que ya se ha descomprimido y siguen invocando que Spain is different en lo que concierne al ladrillo y que la morosidad, pese a los 4,5 millones de parados, es relativamente baja. Pero ayer se conoció que los impagados han crecido un 34,3% en 2010 en relación al año anterior y superan ya los 70.000 millones, según la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros (Asnef). Y eso que estamos pagando tipos de interés reales negativos en estos últimos meses, por lo que la presión sobre los deudores hipotecarios la podríamos estimar mínima.

Hay un segundo aspecto a considerar en lo sucedido ayer con las cajas y es la falta de credibilidad de las cuentas aportadas, sobre todo en el caso de la fusión fría formada por CajAstur y Caja Mediterráneo (CAM) que denominan Banco Base (en la que también están Caja Extremadura y Caja Cantabria). Al final, las necesidades de capital han pasado de 1.447 millones a 2.784 millones tras descubrirse, de forma inesperada, que la CAM tenía unos niveles de morosidad más altos de lo previsto.

Los alicantinos pensaban que podrían reclutar el capital necesario saliendo a Bolsa, pero sus socios se negaron porque prácticamente suponía dejar más del 50% del capital del Banco Base a merced del mercado.

El desenlace ha quedado postergado hasta el miércoles cuando se celebren las respectivas asambleas. Muy probablemente, la fusión fría se romperá y la CAM quedará aislada, a merced de lo que decida el Banco de España. No es plato de buen gusto saber que cuando eres la autoridad financiera y acabas de enfrentarte a Moody's y a Fitch sobre las cantidades necesarias para recapitalizar las cajas, venga una y te deje fatal.

john.muller@elmundo.es



luis MARÍA ANSON

Zapatero, el pacificador

JOSÉ LUIS Rodríguez Zapatero, tras convertirse en presidente por accidente todavía no aclarado, decidió dar una lección a Adolfo Suárez, a Leopoldo Calvo-Sotelo, a Felipe González y a José María Aznar. Él, que trabajaba para convertirse en el faro de la Alianza de las Civilizaciones, conseguiría lo que no pudieron los cuatro presidentes anteriores: la paz con Eta. Ese era su destino histórico y su gloria personal, que cantarían los poetas durante generaciones. Así es que decidió abrir formalmente la negociación, que ya había iniciado como líder de la oposición, con la banda terrorista. Contrató agentes internacionales, disparó a Eguiguren, movilizó copiosas cantidades de dinero, desbrozó los caminos cegados.

Estamos ante la ocurrencia estrella de Zapatero: convertirse en el gran pacificador, con el Premio Nobel acariciándole en horizontes cercanos. Para conseguir su propósito, Zapatero hizo las concesiones más humillantes. La negociación política, de tú a tú, entre el Gobierno y Eta constituye la mayor vergüenza para la dignidad nacional que recuerda la historia reciente de España. Buscó también una fórmula para entregar Navarra a los etarras y cuando alguien le alertaba de que tanta concesión facilitaría la independencia del País Vasco su respuesta siempre era la misma: «¿Y qué más da?»

Como los terroristas no querían que Zapatero les diera largas igual que a Carod Rovira, le dejaron su tarjeta de visita en la terminal de Barajas. Zapatero condenó con la boca chica la atrocidad, a la que calificó reiteradas veces de accidente, anunció urbi et orbi que quebraba la relación con Eta… y continuó negociando bajo cuerda, como terminó por reconocer en este periódico. La cercanía de las nuevas elecciones generales le aconsejó tomarse un descanso al comprobar la hemorragia de votos que suponía la ignominia de la negociación con Eta, si bien a través de agentes internacionales los contactos se prolongaron hasta el día de hoy.

La negociación política entre el Gobierno y la banda terrorista tuvo tal dimensión formal que se levantaron actas de lo que se debatía y acordaba. Dos periódicos vascos publicaron algunas de esas actas en medio de una escandalera general. Yo reclamé desde estas columnas que se hicieran públicas todas las actas y el Gobierno se precipitó a echar tierra sobre el asunto. Tan avanzadas, en fin, estuvieron las negociaciones con la banda terrorista que, ante la redada contra el bar Faisán, el Gobierno Zapatero tomó la decisión de dar un chivatazo a los etarras para que pudieran escapar. Ayer, Pedro J. Ramírez hizo pública el acta de 22 de junio de 2006 que demuestra la falacia zapatética.

La monstruosidad de lo publicado es tal que al español medio no le cabe la vergüenza en el cuerpo. Zapatero traspasó todos los límites, engañó al pueblo español y se convirtió en aliado virtual de Eta. La dureza de estas afirmaciones que hago empalidecen ante la infamia del texto ahora publicado. No se puede caer políticamente más bajo y si el Gobierno continúa dando la callada por respuesta, los ciudadanos le darán a Zapatero una respuesta contundente por la callada.


Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.


arcadi espada

Interlocutores, dícese

LOS TERRORISTAS han de estar en los medios por su actividad principal, que es la violencia. Hubo uno, hace muchos años, que además fue torero; pero creo que eso es bastante anecdótico. No veo por qué habría de dispensarse a los terroristas un trato diferente que a los físicos nucleares, que sólo salen en los periódicos hablando de fukushimas y no de sus aficiones particulares a la poesía elegíaca. De ahí que tenga un sobresalto cada vez que veo hablar a los terroristas en un periódico. La costumbre es que disparen. Y, en consecuencia, la única de sus sintaxis que debe exhibirse, bien exhibida, es la de cerebros, corazones, páncreas, vísceras reventadas. Esta es su especialidad y el hablar un mero hobby. El sobresalto se reprodujo ayer, claro está, en la lectura de la información que trajo Ángeles Escrivá al periódico y que permitió el raro goce añadido de leer una portada en vez de verla.

La información afectaba también a otra instancia delicada de las relaciones entre prensa y delincuencia. Secamente formulada, es la pregunta de si los canallas pueden decir la verdad. Y la verdad es, en este caso concreto, si el Gobierno, en sus tratos con los terroristas, cruzó la línea de confianza de la sociedad democrática. Este periódico ya ha ofrecido grave magisterio en este asunto, porque la más trascendente de sus investigaciones se produjo, básicamente, a partir de las confesiones de un canalla de libro. Y fueron, por lo general, confesiones verdaderas. En cualquier caso los periodistas se pasan buena parte de su vida tratando con canallas: no hay duda que acertaban los franquistas cuando en el primer hervor democrático llamaban a la prensa, en brava metonimia, la canallesca. El secretario de Estado, Antonio Camacho, aludió ayer al asunto: «Todo demócrata conoce la veracidad de los papeles o documentos de la banda». Camacho eligió el camino de la descalificación moral genérica: un canalla es incompatible con la verdad. Es un camino muy difícil: los que escribieron esas actas son los mismos que hablaron con el Gobierno. Por lo tanto el Gobierno no tiene más remedio que ir a los textos y ceñir a ellos su respuesta. El problema no es que el Gobierno se siente a hablar con canallas: eso lo hace con frecuencia cualquier Gobierno. El problema es que se siente a hablar con canallas en los que no se puede confiar.

El resultado es visible. Este insoportable tuteo en los titulares: tu palabra contra la mía, pues. Fue el Gobierno el que les concedió la altura de interlocutores. Y es por voluntad del Gobierno que hoy están legítimamente en los periódicos con la sintaxis común y civil.

ERASMO

De caras

OSCAR: un año. Su neurofibromatosis tremenda. Ansioso de vida, recibió el rostro trasplantado. Mas, surgen rechazos inesperados de su cara: caraduras de la intolerancia, de los adoradores de la hermosura inerte, efímera: y la ocultación, la repulsa ante la mueca quirúrgica, escondida bajo alfombras más/menos rojas, joder, qué nueva izquierda. Salvo el caso de aquella infeliz, aplaudida por sus cien quirófanos: buscaba un rostro de canon renacentista. Tanta miss, tanta estrella, tanto estrello. Mejor aquel adorable, dulce J. Merrick, Hombre Elefante y.

SALVADOR SOSTRES

Si quieres ir al Ritz

La turba descontrolada atacaba el Ritz de Londres este pasado fin de semana para protestar contra las medidas económicas tomadas por su primer ministro David Cameron, y esa estampa fue el mejor resumen de la vieja Europa. De tanto hablar de conquistas sociales, alguien acabó pensando que ir al Ritz era un derecho más, y por eso los obreros ingleses fueron este fin de semana a pedir su habitación; siempre a su manera, a golpe de valla y pedrada.

Hay que dejar de hablar de recortes sociales para hablar de medidas económicas, porque si se habla de recortes se da por supuesto que se mutila algún derecho fundamental o incluso alguna propiedad privada, cuando en realidad lo único que se hace es corregir los excesos que nos llevaron al abuso, a la holgazanería, a la falta de productividad y, finalmente, a la bancarrota; en el Reino Unido, en España y en todos los países donde se ha ido extendiendo, letal, el cáncer socialdemócrata.

Cameron tiene que resistir pese a huelgas y demás chantajes, como resistió Margaret Thatcher contra mineros y terroristas, contra piquetes y huelgas de hambre. La turba tiene que entender que sólo podrá entrar en el Ritz si se lo gana. La socialdemocracia presenta la vida como un regalo y el lujo como un derecho. La masa contra el Ritz revela el fin de esta mentira, y por muchas piedras que lo lancen, el mítico hotel va a permanecer, orgulloso y regio, donde está, y los manifestantes van a continuar teniendo el mismo problema hasta que trabajen y entiendan que es imprescindible que su salario guarde relación con el beneficio que sean capaces de generar.

Cameron tiene que resistir lo mismo que tendrá que resistir el líder político, Zapatero o Rajoy, que al fin tome las drásticas medidas económicas que hay que tomar para salvar la economía española. No tenemos derecho a ir al Ritz y hay que vivir con el rigor de pensar que no tenemos derecho a nada más de lo que seamos capaces de ganarnos. Es así como más avanzamos y como más frutos somos capaces de dar. Cameron tiene que aguantar como aguantó Margaret Thatcher, y escribo esto en 2011, cuando se va a cumplir el 30º aniversario de la muerte del terrorista Bobby Sands.

Thatcher aguantó firme y salvó el Imperio. Aguantó con los mineros, aguantó contra el IRA y aguantó en las Malvinas. Es la hora de un nuevo paradigma moral para acabar con la perversión relativista que sólo conduce al caos. Es la hora de volvernos a concentrar en nuestra misión, que es dejar el mundo mejor y más ordenado de lo que nos lo encontramos. Ella lo consiguió, y cuando la echaron los muros se vinieron abajo.

Siempre ha sido igual: después de los grandes derroches y de la gran inconsistencia vienen tiempos de introspección, de mucho más vigor, de que cada cual sea dueño en lo que vale y compita sin red con sus propias fuerzas.

Que la caridad se ocupe de los verdaderos desvalidos para que tengan una vida digna. Pero que farsantes y trileros, gandules y mediocres sepan que no van a vivir más de parasitarnos. Es la higiene de la Humanidad, las horas más duras, pero también las más brillantes. Arad la tierra y sembrad prodigios. Que escampe la siniestra niebla subvencionada y que el fulgor del talento vuelva a iluminarnos.

ANTONIO LUCAS / Madrid

«Las revoluciones ya no tienen sentido»

A los 93 años, el francés Stéphane Hessel aúlla en voz baja un discurso que pide insubordinación. Que exige insurgencia. Nos la reclama a todos como una ética. Él ya sabe lo que es formar parte de la nocturnidad lobuna de la Resistencia francesa, pasar por varios campos de concentración, salvar la vida al modo de los milagros. Sobrevivir al siglo XX con la lucidez intacta. Saber decir a tiempo: no. En 1948 formó parte del equipo redactor de la Declaración de Derechos Humanos: Fue diplomático ante la ONU y es un defensor de la causa Palestina.

Pero Hessel mira el mundo y no le gusta lo que ve. Por eso dice: ¡Indignaos! Y lo hace en forma de libelo de 50 páginas (publicado en España por Destino), con prólogo de José Luis Sampedro y que en Francia ha vendido 1.600.000 ejemplares. No es un texto que abunde en profundidades ideológicas, sino la carta de un abuelo a los nietos de los hijos de la ira. Para que despierten.

Pregunta.- ¿Esperaba el éxito?

Respuesta.- En absoluto. Este es un libro que está confeccionado desde una perspectiva muy francesa, así que la acogida en otros países es una excelente sorpresa. Y eso responde a un sentimiento nítido: los jóvenes perciben que el modelo social está en peligro e irremediablemente hay que actuar.

P.- ¿Diría que ¡Indignaos! está en la tradición de Thoureau, con El deber de la desobediencia, y otros autores que han reclamado una actitud activa de la sociedad en la defensa de su dignidad y sus derechos?

R.- Está en esa corriente, claro. Pero también en la perspectiva de Sartre y su incitación al compromiso y la resistencia. Es un mensaje común en todos los filósofos que se han expresado de modo valiente. Incluso de autores esenciales como Cervantes, que hizo con don Quijote uno de los arquetipos literarios más fascinantes. Un hombre que en el fondo trabajaba para el bien... Es un modelo que reviví en Jorge Semprún, con el que compartí cautiverio en Buchenwald. Él es un Quijote contemporáneo.

P.- Entre los mensajes del libro destaca uno: corremos el riesgo de caer en el fascismo de la inacción...

R.- Existe ese riesgo. Las circunstancias pueden ser aprovechadas para que los reaccionarios, que creíamos eliminados después de todos los desastres del siglo XX, tomen fuerza. Ésa es una de las razones que está empujando a los jóvenes de hoy al compromiso.

P.- ¿Existe alguna posibilidad de hacer frente al poder de los mercados ante una izquierda diluida y organismos internacionales como la ONU en sus horas más bajas?

R.- Bueno, creo que estamos asistiendo al nacimiento de nuevas ideas en Europa. Y en esta línea destacan libros como los de Edgar Morin, Joseph Stieglitz o los estudios de Matthias K. Thun sobre agricultura ecológica. Hay personas de peso intelectual que plantean salidas y soluciones. Los jóvenes tienen a mano visiones que permiten adivinar que un cambio de conducta es posible.

P.- ¿Pero el desencanto no tiene que ver también con la falta de referentes intelectuales?

R.- En buena parte es culpa de la fuerza arrolladora de la televisión, que ha ido anulando o desactivando el discurso crítico. Escuchamos que los bancos han sido rescatados y que eso favorecerá la salida de la crisis, por ejemplo... Pero es falso. Y si los jóvenes no tienen acceso a otro tipo de mensajes se reblandecerán y serán más indiferentes.

P-. El primer paso eficaz de la indignación, inesperadamente, se ha dado en algunos países árabes...

R.- Ha sido una maravillosa coincidencia lo sucedido en Túnez y en Egipto tres meses después de la publicación del libro. Es la prueba de que mucha gente está indignada ante la constatación de que siempre son los mismos los que dirigen, los que manipulan, los que ganan.

P.- Dice que los medios de comunicación han perdido autoridad.

R.- Así es. Han caído en manos de los poderes económicos. Y una democracia verdadera necesita periódicos y televisiones independientes...

P.- E instituciones también independientes, como no lo es la ONU.

R.- Bueno, si lo dice por Libia... Es una cuestión compleja e interesantísima... Gadafi es un dictador que quiere masacrar a su pueblo. Parecido a lo que ocurrió hace 10 años cuando Sadam Hussein quiso exterminar a los kurdos. Entonces, por primera vez, la ONU dictó una resolución para denunciar y combatir ese afán. Pero lo que estamos viviendo en Libia es muy distinto a lo que sucedió en Irak cuando EEUU intervino fuera del marco de la Naciones Unidas. En el asunto Libia estoy a favor de la resolución porque lo que viene a decir es que hay que parar la masacre contra el pueblo.

P.- Pero Gadafi ha sido un aliado de Occidente, un dictador consentido casi con nostalgia colonial.

R.- No creo que haya nostalgia colonial en la actitud de Europa, ni tampoco afán de conquistar Libia. Lo que existe es un deseo de explotar su petróleo, pero con un gobierno Libio amigo de Occidente.

P.- ¿Y eso es altruismo?

R.- Sin duda, no. Los gobiernos son egoístas, siempre lo han sido. Ninguno piensa en el bien ajeno, sino en el propio.

P.- La situación de Palestina es otro de los aspectos que le mueven a indignarse.

R.- Es un problema acuciante que sigue chocando contra el muro de alianzas entre Washington y Tel Aviv.

P.- Como Apollinaire, usted cree en la violencia de la esperanza... sin violencia.

R.- Por supuesto. Ese verso de Apollinaire es excepcional.

P.- ¿Tienen sentido hoy revoluciones como las del siglo pasado?

R.- Creo que no. Si algo hemos aprendido es que las revoluciones siempre corren el riesgo de convertirse en aparatos totalitarios. Por eso prefiero una democracia tibia a una revolución. Al menos las democracias hacen lo que pueden. Recuerde aquello que dijo Churchill: «La democracia es la necesidad de doblegarse, de vez en cuando, a las opiniones de los demás». Mi lema es la no violencia y el progreso social.

RAÚL DEL POZO

El imperdible

EL RUIDO DE LA CALLE
Como dijo el italiano de la chepa, en este chiaroscuro surgen los monstruos. Cuando la congregación de gobernantes y banqueros es incapaz hasta de arruinarnos, algunos descubren el Mediterráneo con piratas de corazón de piedra y manos de usurero. No nos engañemos: para que los banqueros urdieran la burbuja, congelaran el crédito y se quedaran con las casas, necesitaron la colaboración de los políticos, esa casta que siempre parece la misma en España. Recordemos que Federico el Grande le preguntó a su ministro de Guerra cuál era el país más difícil de arruinar y, al ver al ministro algo confuso, respondió por él: «Este país es España, puesto que el gobierno hace ya muchos años que procura arruinarlo pero en vano».

Antes había muchos poderes fácticos: las marquesas Rosalindas, los cuervos chupasangre con bombín, los generalitos y los obispones; llegó la democracia y aquel sistema de linajes feneció. Ahora, después de todo, los que mandan son los políticos, mucho más que en otras naciones; en los Estados Unidos, sin ir más lejos, el poder está repartido entre la Casa Blanca, el Pentágono y el Congreso. Aquí manda una oligarquía ágrafa y corrupta, con excepciones brillantes, así que no confíen mucho en nuestra casta dirigente ni tampoco esperen que los banqueros descubran un Miguel Ángel o un Donatello, como hacían los Médicis.

Ahora el banquero Botín ha salvado de un complot de su propia nomenclatura a Zapatero. Le ha hecho el quite al presidente cuando empieza a hacer la lidia ortodoxa. Los de Génova se han enfurecido. ¿Acaso no se han dado cuenta todavía de que el partido del orden y de los banqueros es el PSOE?

No culpen a los banqueros. Pidan cuentas a las 20 personas, o menos, que deciden: los dirigentes de los partidos y los barones regionales. Unos pocos mandan, otros van de extras, aplauden. «Somos anarquistas disolventes porque no hemos sido soldados de una palabra». Afortunadamente aque-lla España de Ortega no es ésta. Ya no hay soldados de palabra sino de sigla; incluso los banqueros, aunque enseñen los tirantes y el paquete en palacio, hacen lo que se les manda.

Una de las frases más famosas de Carlos Marx es aquella: «Después de la Revolución de julio, el banquero liberal Laffitte acompañó en triunfo al Hôtel de Ville a su compadre el Duque de Orléans y dejó caer estas palabras: 'Desde ahora dominarán los banqueros'». Jacques Laffitte, el contable de los Napoleones, de joven fue a pedir empleo a Penegaux, que se lo negó, pero el banquero vio cómo en el patio del edificio el chico encontró un imperdible en el suelo que se apresuró a recoger, y entonces le dio trabajo.

Emilio Botín ha visto cómo Zapatero recoge el imperdible; hace el ajuste que necesita el poder financiero.

Etiquetas:

Links to this post:

Crear un enlace

Home

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

Visitor Map
Create your own visitor map!