FIRMAS: Carlos Cuesta, Federico Jiménez Losantos, Erasmo, S.González, C.G.Abadillo, F.Sánchez Drago, J.Müller, R.del Pozo,
CARLOS CUESTA
Pacifistas a sueldo
Absorbidos por la agenda social propia de todo cortesano del oficialismo que se precie, varios integrantes de este colectivo no terminaban de apoyar este sábado al triimputado Garzón, cuando salían en defensa de una guerra que contará con aviones de combate españoles, una fragata, un submarino, casi 500 efectivos y la puesta a disposición de dos bases aéreas. Una serie de datos que en nada les hacía replantear su apoyo tras haber criticado una guerra en Irak en la que la representación estelar española se basó en un buque hospital, otro de aprovisionamiento de combustible y una base.
¿Cómo es posible que sólo 10 horas después de anunciar Zapatero su apoyo a la guerra en Libia, todos los asistentes a un acto que nada tenía que ver con ese motivo, se uniesen como un solo hombre en el respaldo el ataque? Cuando menos deberemos elogiar la impresionante capacidad de coordinación de los socialistas y la insondable sumisión de sus colectivos afines.
Gentes como Cándido Méndez, Toxo, Miguel Ríos, Almudena Grandes o Juan Diego se aglutinaban bajo un mismo argumento: «Esta operación cuenta con respaldo de la ONU». Por cierto, de esa misma ONU que, consumado el ataque, dio respaldo a EEUU en su plan en Irak. Pero qué más da eso. El socialismo les necesitaba y allí estaban ellos.
Porque cuando en plena debacle laboral un Gobierno es capaz de seguir destinando 2.500 millones de euros al año a una supuesta formación que acaba gestionada de forma casi absoluta por CCOO, UGT y CEOE, pues se está dónde se te mande. Y cuando en plena agonía presupuestaria, el Gobierno es capaz de destinar 113 millones al cine español -35 más que en los primeros presupuestos del PSOE-, pues se cierran filas en 10 horas… y en 10 minutos. Y a falta de consigna, como es obvio, que nadie espere ver a ninguno de estos avezados pacifistas el próximo día 9 defendiendo por las calles de Madrid a las víctimas del terrorismo y llamando asesinos a los etarras de Sortu. Porque allí sólo estaremos esos a los que nuestros queridos pacifistas llaman radicales.
F. JIMÉNEZ LOSANTOS
La abdicación de ZP
ABDICAR, verbo que en español sólo deberían conjugar los reyes, no supone sólo abandonar un Poder vitalicio sino entregarlo a otro -el hijo o la hija, a veces un sucesor adoptado familiarmente, como en Roma- para reeditar la misma política y los mismos valores, actualizar pactos, fortalecer el mismo sistema y así garantizar el sonido favorito de todas las instituciones: la repetición. Aunque siempre nos fijamos en el poderoso que se va y el poderoso que llega, lo que realmente queda es el Poder, ratificado y renovado por el cambio.
Una institución es lo que sobrevive al que la encarna, de ahí la frase célebre: «El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey!». Por lo visto, Zapatero va a declararse políticamente muerto el 2 de abril pero va a conferir la vividura institucional a Rubalcaba. Y diríase que desde que Fernando VII abdicó en su padre Carlos IV, para solaz de Napoleón en Bayona, no se ha visto mayor contradiós.
Es verdad que ya el primero de los Borbones, Felipe V, debió reasumir las funciones de su hijo y sucesor Luis I; que Fernando VI también abdicó de la razón; que Carlos III, lo mejor de la Casa, tras enviudar de María Amalia -aquella reina fumadora y chocolatera que no pudo con el palacio de las corrientes de aire-, se dedicó a cazar y no se quiso casar; pero tanta virtud fue inútil. Su hijo y sucesor Carlos IV compitió en vileza con su primogénito Fernando VII, que ya le había forzado a abdicar, y cuya madre pidió a Napoleón que lo matara.
Luego, de Alfonso XII a Juan Carlos I, el desalojo de los padres -Isabel II, Don Juan-, ha asegurado el trono de los hijos. Y si se recuerda tanto la abdicación de Carlos I en Yuste no es porque Felipe II fuera mejor, sino porque es casi la única que siguió el guión. Las demás, si lo fueron, no salieron; y si salieron, no lo fueron.
Leopoldo, Landelino, Serra o Almunia -dos veces- fueron abdicaciones fallidas. Aznar lamentó haber abdicado en Mariano Rajoy y Felipe González no quiso abdicar en Bono, pactó con Maragall y puso a Zapatero. Pero éste, en dos años, ha pasado de mamá de Tarzán a pulga de Chita y quiere abdicar en Rubalcaba.
La experiencia parece demostrar que todo lo que no sea recurrir a la democracia interna de los partidos está condenado al fracaso, pero ni Felipe de Suresnes ni Aznar de Perbes fracasaron. Si no le pasa nada, Rajoy llegará a Moncloa. Pero si el vegano Zapastalin abdica en Beria, el canibalismo será religión de Estado.
ERASMO
Misiles
HOMBRE, ese ente irremediable. La idea de civilización a través de la pugna, la Historia entendida como milicia, la vida a través de la muerte, del tomahawk de los amerindios, de la hoja de piedra a la de metal de la Royal Navy, al diseño de los navegantes vikingos. Ese Tomahawk, diana a tres mil kilómetros, precisión escalofriante. Catálogo de modelos para las Ferias de la muerte, la misma aséptica pulcritud semántica de Steve Jobs sobre su i Phone 4. La colisión se salda con las incruentas onomatopeyas de los fumetti: Fuiii…¡Zas! ¡buumm! S. XXI.
SANTIAGO GONZÁLEZ
El hecho sucesorio
Se han cumplido tres meses de la revelación hecha por el presidente a los periodistas durante el copetín navideño: «He tomado una decisión, pero solo la conocen mi mujer y una persona del partido». Un pourparler que se corresponde con la manera de ser del presidente, su gusto por mezclar su vida privada y su vida pública. Desde que daba sus primeros pasos en la política nacional, Zapatero ha blasonado en paralelo de sus dos amores: Sonsoles y el partido. Así se lo dijo al difunto Feliciano Fidalgo, recién estrenado diputado, en 1986: «El partido es sentimentalmente mi segundo amor» y al ser preguntado por el primero, dijo: «Sonsoles, mi novia». Veinte años después confesaba a Suso de Toro que la primera vez que vio a Sonsoles «en mi interior tenía la idea de que eso era un matrimonio para toda la vida. Como con el partido».
No es pues de extrañar que una decisión tan relevante se la confiara a Sonsoles y a una persona del partido. No hay manera de saber si había tomado ya la decisión, pero los barones del PSOE están tratando de convencerle de que la haga pública y, si no la había tomado, que lo haga ya. Será, dicen, el 2 de abril. Unos, porque se temen que mantener en la ambigüedad el hecho sucesorio en vida va a ser perjudicial para sus intereses electorales el 22 de mayo, otros porque quieren nominar a Rubalcaba y las primarias, digan lo que digan los estatutos, porque son un engorro democrático que solo sirve para líos. No es el dedazo lo que se busca, ojo, sino una aclamación plebiscitaria en los órganos de dirección del partido. Las fechas favorecen esa hipótesis. Con unas municipales y autonómicas tan cuesta arriba, no parece que sea buen momento para enzarzarse en pelea interna.
Está, por otra parte, la experiencia. Las primarias las carga el diablo, por más que las primeras, Nicolás Redondo versus Rosa Díez por la candidatura a la lehendakaritza en 1998, salieran bien: ganó el candidato oficial y su oponente hizo campaña por él, como años después Hillary Clinton por Barack Obama. Luego vinieron las de Borrell y Almunia. Éste era el candidato del partido, pero las bases se ilusionan con candidatos que no les convienen y tras el triunfo de aquél, el aparato tuvo que emplearse a fondo para lograr que dimitiera 13 meses después. Eso por no hablar de las dos últimas, las que el rebelde Tomás Gómez ganó a la oficialista Trinidad Jiménez y las que Jordi Hereu le madrugó a la candidata del PSC, Montserrat Tura.
Rubalcaba tiene muchos apoyos, pero si la ministra de Defensa se anima a dar el paso podría tener los apoyos suficientes para forzar unas primarias. La cuestión es que uno u otra parecen condenados a estrellarse electoralmente contra la herencia de Zapatero. Puede que administrar los restos del naufragio sea peor que nada, pero tal vez lo más coherente sería que él, que ha querido apurar la legislatura, la lleve hasta el final, asuma la derrota a modo de catarsis y deje al partido listo para la refundación
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
Frenesí 'rubalquino'
Los socialistas afines a Rubalcaba (llamémosles rubalquinos) estaban ayer de los nervios. Frenéticos, al ver su maniobra puesta al descubierto.
Humo de móviles. «Hay que salir a contrarrestar la ofensiva de los partidarios de Chacón» (llamémosles chaconianos), fue la consigna de la mañana del domingo entre los rubalquinos.
Y salieron. Vaya que si salieron. Lo hicieron anónimamente pero con el mensaje bien aprendido. Acusaron a los chaconianos de «desleales», lo que en un partido es casi como la alta traición en el Ejército.
¿En qué consiste la deslealtad de los que defienden como candidata a la ministra de Defensa? Básicamente, en no apoyar a Rubalcaba.
La lógica de la argumentación es tan elemental como escasa de ingenio. Dado que Rubalcaba es el que sale mejor en las encuestas, el que tiene más posibilidades de obtener un «resultado digno», lo mejor es que los chaconianos no «generen ruido», que se estén calladitos a lo que diga el sucesor natural que es, naturalmente, el vicepresidente primero.
Y concluyen, como perdonándole la vida a la ministra, que lo mejor que podría hacer es decir ya «que no se va a presentar a las primarias», para evitar disensiones en un momento crítico como este, justo antes de las elecciones municipales y autonómicas.
El diccionario de la Real Academia atribuye al adjetivo leal la denominación que se da a ciertos animales domésticos (perros o caballos) que muestran hacia el hombre cierto amor o reconocimiento.
¿Es esa lealtad perruna a la que apelan los rubalquinos? A la luz de sus razonamientos no cabe otra explicación.
Conspiranóicos, buscan intenciones aviesas en el «ruido» de los chaconianos.
Dicen que, en el fondo, lo que pretenden éstos no es ir a unas primarias, sino que el candidato sea Zapatero para que pierda por goleada y así poderse quedar con el control del partido tras las generales.
Dime de que presumes... Lo que está en juego es la democracia interna en el PSOE. Si Zapatero decide en el Comité Federal del próximo 2 de abril comunicar que no será el candidato, la elección del sucesor debe hacerse mediante un sistema de primarias, como dicen los estatutos del partido. Y eso es precisamente lo que no quieren los partidarios de Rubalcaba. O sea, Rubalcaba.
Lo más sorprendente de la clac del ministro del Interior es que repite los mismos esquemas que en anteriores circunstancias y que ya se han demostrado fallidos o tramposos.
Dan por hecho que el vicepresidente primero es el mejor candidato porque sale bien en las encuestas. ¿No les recuerda eso a lo que dijeron para justificar la nominación de Trinidad Jiménez a la candidatura para optar a la presidencia de la Comunidad de Madrid? En aquellos meses, Rubalcaba quería machacar a Tomás Gómez por rebelarse contra los designios de las encuestas. ¡Y también se le acusó de deslealtad a Zapatero!
Como ven, nada nuevo bajo el sol. Esperemos que el presidente no cometa el mismo error que con Tomás Gómez. Cada uno puede decir libremente cuál es su jinete favorito en esta carrera, pero el aparato debe ser exquisitamente neutral.
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Cocinillas y calzonazos
DÍA DEL PADRE según el santoral de El Corte Inglés. Se asombra Boadella, en nuestro libro de conversaciones, de que los maridos de hoy acompañen a sus mujercitas al ginecólogo. ¿Qué pinta allí un maromo que se viste por los pies y carece de sonrisa vertical? No cabe imaginar situación más ridícula y humillante que ésa. Bueno, sí… La de una esposa solícita que vaya con su marido cincuentón al urólogo para que éste le palpe la próstata con los calzoncillos en los calcetines. A él, no a ella, claro, aunque todo se andará. Dicen algunas biólogas que pronto habrá féminas provistas del cromosoma Y en el par 22 y capaces, por lo tanto, de reproducirse entre ellas sin concurso de varón. Sobramos, eso es lo cierto. El mundo de hoy (y el de ayer, en contra de lo que los tamborileros del feminismo sostienen) es un matriarcado. De acuerdo, pero a no ser que nos lleven a rastras -¿doy ideas?- ni Boadella ni yo iremos nunca al ginecólogo. ¡Si no lo hemos hecho cuando estábamos en edad de merecer! Nos dijo al salir el libro una periodista que las mujeres preñadas necesitan apoyo psicológico y que ésa es la razón de que sus santos vayan a la consulta. ¿Apoyo psicológico? ¡Pero si nunca las mujeres son tan felices, pisan tan fuerte y se comen el mundo con más apetito que cuando están encinta! Somos nosotros quienes en tan embarazosa circunstancia necesitamos mimo, sopitas, yinseng y psicoanálisis. Mienten, como cobardicas que son, todos esos calzonazos que sonríen melifluamente y aseguran sentirse realizados (¡bonita cursilada!) cuando sus cónyuges les anuncian, entre dengues y ronroneos, que por fin ha sucedido. La paternidad, que nunca es segura ni obedece a mandato de la biología, sólo con el tiempo deja de producir terror en quien con desgana inicial la ejerce. Soy y he sido, y seré (si se tercia), un buen padre, pero jamás he puesto ni pondré un pañal. Mejor así, porque se me caería el niño al suelo y se escacharraría. Tampoco soy capaz, por parecidas razones, de freír un huevo. Las yemas se me rompen y el aceite me salpica. Las mujeres, sabias siempre, no me dejan andar entre las perolas. Nunca vi a mi padrastro, ni a mi abuelo, ni a mis tíos, franquear el umbral de la cocina. No seas cocinilla, me decían. Y no lo soy, aunque me gusta fregar, barrer y quitar el polvo. Tampoco me dejan. ¿Es eso crueldad mental? No. Es astucia. Quieren tener la sartén por el mango y el control de la escoba. Ya lo tienen. Siempre lo han tenido. ¡Socorro!
JOHN MÜLLER
Nuestra caótica política libia
Repsol, Sacyr y Abengoa son las grandes empresas españolas más perjudicadas por la crisis libia. Paradójicamente, la guerra que se ha desatado tras la Resolución 1973 supone para ellas la clarificación de un panorama donde la diplomacia española les había puesto en una posición muy incómoda.
Hace apenas dos años, en enero de 2009, el Rey viajó a Libia con una delegación de empresarios. Esa visita supuso un renovado impulso al comercio con el régimen de Muamar Gadafi. La buena relación permeaba todos los ámbitos. Por eso, muchos empresarios no entendieron que el Gobierno de Zapatero tomara partido por los rebeldes tan rápidamente. «Era la peor posición posible. Cameron mantuvo contacto con la gente de Gadafi, Sarkozy, también. Pero España, no. Enviaron un emisario a hablar con los rebeldes», dice un alto ejecutivo.
Una eventual transformación ética o moral de nuestra política exterior está decartada. «Bono acaba de venir de un viaje con empresas a Guinea, donde gobierna Obiang, un dictador impresentable», asegura el directivo.
Repsol era la compañía más expuesta. Tenía el 3,8% de su producción y el 5% de sus reservas en Libia. Tiene una sociedad mixta con la NOC (National Oil Corporation) que todavía obedece al régimen de Gadafi. Algunos proyectos de exploración figuraban entre los más prometedores de la compañía que preside Antonio Brufau. La estructura de negocios libia está intacta porque la mayoría de sus campos están en la zona suroccidental del país que es desierto puro y no ha sido tocada por la guerra.
Doblemente afectado está Luis del Rivero, el presidente de Sacyr y primer accionista de Repsol. Sacyr tiene adjudicada la construcción del alcantarillado y otros servicios de Bengasi. La ciudad, que fue de las primeras en caer en manos rebeldes, no había sido atacada hasta este fin de semana. De hecho, el único incidente reseñable era que se habían robado una máquina pesada de las obras, pero los vigilantes libios sabían perfectamente quién se la llevó.
Abengoa, que tras la visita de Don Juan Carlos en 2009 logró entrar en el negocio de las infraestructuras (desaladoras), es la tercera firma afectada, aunque su nivel de negocio aún podía considerarse incipiente.
Todo son incógnitas para estas empresas ahora, aunque prefieren que la situación se haya decantado de una buena vez. Una victoria de Gadafi suponía encaminarse a un régimen paria tipo Irán donde no hubieran podido seguir operando. Ahora piensan que hay nuevos factores en juego y que la intervención puede conducir a una salida negociada, porque a todos les parece imposible una victoria rebelde aplastante.
La crítica a la postura europea es unánime, excepto en el caso de Alemania cuya abstención en la ONU les resulta inexplicable.
Hay otro factor que aún no se ha valorado. Brufau, Del Rivero y Felipe Benjumea tratan mucho con Venezuela, China, Rusia y Brasil, países que no están de acuerdo con esta acción militar y que están efectuando cada vez más críticas. No sería raro que tengan que oir muchos reproches a la política española.
john.muller@elmundo.es
RAÚL DEL POZO
Odisea al amanecer
En la madrugada silbaron los Tomahawk sobre el Mediterráneo. Luego amaneció un día de claridad y resplandor. La gente comía en las terrazas, con sus niños y sus perritos, y sin embargo estábamos en guerra, una guerra que consiste en matar o llevar al banquillo a un friqui con tacones que se perfuma como una puta y que cuando vino a Madrid, en vísperas de la Navidad del 2007, se le permitió poner una jaima con piel de cabra después de pasar revista a la Guardia Real envuelto en una sábana negra de algodón. Los políticos, de derechas y de izquierda, apoyan la operación bélica; hay consenso esta vez y empiezan a predicar en el desierto, donde ya hay moros muertos y tanques ardiendo causados por los fuegos fatuos de ordenador.
Esta guerra es más presentable que las anteriores porque se hace con cobertura legal. Sin embargo, prepárense para recibir las ondas explosivas de la propaganda. Yo mato legalmente, tú matabas sin autorización, se dirán unos a otros como si la ONU fuera la fuente de toda legalidad. Los que gobiernan tenían entonces los pies planos, iban de pacifistas y ahora se han vestido de sargentos apenas han escuchado la corneta de la OTAN, si es que no han sido ellos los cornetas, mientras hasta los alemanes, a los que tanto les gusta un tanque, han pasado. Nuestros políticos se apresurarán a asaltar la razón para subir en las encuestas desde el bajo cero.
Esta vez la opinión pública no está contra la intervención aunque sea en nuestro cuarto trasero. Hay que advertir, sin embargo, que la guerra será muy justa, muy necesaria, pero ya se pueden contar los muertos; la guerra será relámpago pero no se ganará desde el hotel donde duermen con pijama los pilotos. Hay que pisar las dunas, donde hay chacales.
Llaman a la operación Odisea al amanecer. Está bien la referencia homérica porque Libia es el país de los lotófagos, al que llegó Ulises después de la guerra de Troya, aunque las hazañas bélicas de Sarkozy no tienen nada que ver con las guerras de armas relucientes ni con el África Korps de Rommel o las tropas del general Montgomery. Esto es como un programa de televisión.
Lo recuerdo como si fuera hoy. Insisto: en las vísperas de Navidad, el beduino con gafas de Armani estuvo en el paraninfo. Los de Moncloa me dijeron: Gadafi no está en la lista de los gamberros. Explicaron que Libia era vital, por Repsol y por las pateras. Ahora, cuatro años después, el de la Jamahiriya dice que va a dar armas al pueblo mientras lo coloca como un escudo humano.
Cuántos monstruos se crearon en aquellos años cuando los futuros asesinos decían que iban a hacer la síntesis entre Marx y Alá. Hicieron un matadero.
Etiquetas: Firmas






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