COALICIÓN DEL TOMAHAWK: La Guerra de Zapatero en apoyo del Alzamiento Nacional libio contra un Gobierno reconocido legítimo durante casi medio siglo

EDUARDO SUÁREZ / Londres
Corresponsal
Los aliados dibujan la era sin Gadafi
Los aliados se reunieron ayer en Londres para empezar a trazar los contornos de una Libia sin Gadafi. Se trataba de presentar en sociedad al Consejo Nacional Transitorio: el órgano que aglutina al grueso de la oposición al dictador. Pero también de ofrecer una imagen de unidad que contradijera los bandazos políticos que han marcado las dos primeras semanas de la intervención.En este sentido, el fruto más tangible fue la creación de un grupo de contacto con dos objetivos: ofrecer un liderazgo político a la intervención y fundar un foro donde los aliados puedan mantener un diálogo con todos los elementos de la oposición al dictador. Así lo ha explicado al final del encuentro el titular británico de Exteriores, William Hague: «Hemos fortalecido y profundizado en nuestra coalición y hemos escuchado al Consejo Nacional interino confirmar su compromiso por una Libia libre, unida y democrática».
Se desconoce qué países formarán parte del grupo de contacto. Pero fuentes españolas aseguran que serán muchos menos que los que se reunieron ayer en Londres. El grupo tendrá una presidencia rotatoria, pero su primera reunión se celebrará en los próximos días en Qatar. «Esperamos que lo que ocurre en Libia termine lo más pronto posible», afirmó el primer ministro del emirato, Seij Hamad bin Jabr al Thani. «Es un momento triste, pero esperamos que el pueblo libio pueda elegir lo antes posible su propio futuro. Queremos que Gadafi y su gente se vayan lo antes posible. Es la única opción para evitar más derramamiento de sangre. Hemos escuchado al Consejo Nacional interino confirmar su compromiso por una Libia libre, unida y democrática», añadió.
La elección de Qatar tiene un sentido evidente. Se trata de apartar el foco de EEUU y los países europeos y ahondar en la impresión de que se trata de una intervención respaldada por algunos países árabes. El emirato desempeñará un papel muy relevante en el futuro del país norteafricano. Y no sólo por su liderazgo circunstancial en el grupo de contacto sino por su decisión de facilitar las exportaciones de petróleo a los rebeldes libios, que desde hace unos días controlan las refinerías del importante enclave de Ras Lanuf.
A la conferencia asistieron los ministros de Exteriores de más de 40 estados. Entre ellos, algunos de mayoría musulmana como Marruecos, Irak, Túnez o Emiratos Árabes Unidos. También los máximos responsables de la ONU, la OTAN, la Liga Árabe y el servicio exterior de la UE pero no de la Unión Africana, que no asistió para no violar su neutralidad y ofrecer quizá en los próximos días una salida honrosa al dictador libio.
El comunicado final recuerda a Muamar Gadafi que ha perdido la legitimidad y reafirma el compromiso de los presentes con «la integridad territorial» y «la unidad nacional» de Libia. El documento reconoce «el valor y la profesionalidad» de los soldados que han aplicado la zona de exclusión aérea y llama a abrir «un proceso político inclusivo con la presencia del Consejo Nacional interino, de líderes tribales y de otros actores».
La conferencia se inauguró a mediodía con un discurso del primer ministro británico, David Cameron, que recordó que el régimen libio seguía sin cumplir con los términos de la resolución: «El pueblo de Misrata sigue sufriendo ataques asesinos. Gadafi usa francotiradores para abatirlos y les deja desangrarse en las calles. Les ha cortado el agua, la luz y la comida para que se rindan por inanición. Nuestras acciones militares pueden proteger a ese pueblo de sus ataques y nuestras acciones humanitarias pueden ayudarle a recuperarse. Pero estas acciones no son suficientes para darles una libertad más grande».
La conferencia ofreció una plataforma notable a Mahmud Jabril, presidente del Consejo Nacional interino, recibido por David Cameron y William Hague en Downing Street. El organismo presentó lo que bautizó como «una visión para una Libia democrática»
OORBYT.es
>Videoanálisis de E. Suárez.. S. / Londres
Corresponsal
España quiere una salida para el dictador
La ministra ensalzó el liderazgo del Reino Unido y saludó la decisión de formar un grupo de contacto para coordinar los esfuerzos de los aliados y crear un foro donde moldear el futuro político del país. «El grupo representa una voz única», dijo Jiménez, «dirigirá la acción política y diplomática y hará un seguimiento de la crisis».
La ministra subrayó que España estaba a favor de mantener la intervención militar «hasta lograr un alto el fuego verificado por la ONU» y abrir luego «un proceso político que cumpla las aspiraciones legítimas del pueblo libio». Recordó también los aspectos humanitarios de nuestra presencia en la misión, que por ahora ha costado al contribuyente unos cuatro millones de euros.
«Todos hemos coincidido en que Gadafi no puede ser parte del futuro de Libia», dijo la ministra. El problema es cómo lograr ese objetivo. En los prolegómenos de la conferencia, Italia presentó un plan para facilitar al dictador un exilio dorado en uno de los países africanos que está fuera de la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional. La propuesta no la discutieron los ministros pero la ministra subrayó varias veces que a España le parece bien. «Una vez que [Gadafi] decida abandonar el poder es evidente que hay que facilitar las cosas para que se pueda ir a otro lugar. (…) Es la mejor manera de acabar con el enfrentamiento interno y de iniciar un proceso de reconciliación nacional».
¿Significa eso que España prefiere un final rápido a la crisis a llevar al dictador ante la Justicia? «Como el resto de los países», dijo la ministra, «España quiere lo mejor para el pueblo libio. Lo que permita encontrar una solución cuanto antes que ponga fin al conflicto, evite muertes e inicie un proceso de reconciliación. No es incompatible encontrar una solución cuanto antes y que el tribunal trabaje y busque delitos de lesa humanidad. Esta es una posición homogénea y unificada. Aquí no hay discrepancias en la comunidad internacional».
La ministra española se pronunció en contra de la posibilidad de hacer llegar armamento a los rebeldes libios. «Las dos resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad dicen bien claro que el embargo de armas rige para todas las partes en el conflicto. [Para armar a los rebeldes] debería aprobarse una nueva resolución». Es decir, lo contrario de lo que ayer dijo la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton.
CARLOS FRESNEDA / Nueva York
Corresponsal
Washington no descarta armar a los rebeldes
«No hemos tomado esa decisión, pero ciertamente no descartamos la posibilidad de armar a los rebeldes», aseguró Rice. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, se mostró también ayer favorable a esa opción si el coronel Gadafi no cede a corto plazo.
Hillary Clinton allanó el camino para que su país acabe tomando esa vía al declarar que la reciente resolución de Naciones Unidas contribuye a relajar el embargo de armas sobre el país. Durante la conferencia sobre Libia en Londres, la secretaria de Estado norteamericana advirtió: «Nuestra interpretación [sobre la Resolución 1973] es que enmienda o anula la absoluta prohibición de armar a ningún bando en Libia, con lo que podría haber una legítima transferencia de armas si un país eligiera hacerlo», insistió, matizando, como hizo Rice, que EEUU no se ha decantado por esa vía de momento.
La embajadora norteamericana dejó también abierta la posibilidad de conceder el exilio al dictador libio a cambio de una salida pacífica al conflicto. «La expectativa, tanto para la comunidad internacional como para el pueblo libio es que tiene que haber justicia por los crímenes cometidos», dijo. «Pero obviamente, si surge la oportunidad de algún tipo de arreglo para que Gadafi deje el poder, es algo que el pueblo de Libia tendrá que considerar y nosotros lo aceptaremos».
Horas después del discurso de Barack Obama sobre la misión en Libia, criticado por los republicanos por su falta de definición, Susan Rice se esforzó en usar un tono más directo y desafiante que el del propio presidente. Recalcó Rice que hasta la fecha «no ha habido indicación alguna» de que Gadafi esté dispuesto a dejar el poder «sin una continuada presión por parte de la comunidad internacional».
A la pregunta sobre las informaciones acerca de los supuestos contactos del círculo interno de Gadafi con los Gobiernos occidentales, Rice descartó que se hayan producido novedades. Y volvió a formular la advertencia lanzada por el presidente Obama, con quien tuvo ocasión de entrevistarse ayer en la misión norteamericana en Naciones Unidas: «El mensaje para Gadafi y sus colaboradores es que la Historia no está con ellos y el tiempo no está con ellos... La presión va en aumento, las sanciones están haciendo daño y él necesita tomar una decisión por el beneficio del pueblo libio».
El senador republicano John McCain criticó entre tanto la «confusión» creada por el discurso de Obama, que insistió en que la operación militar es «limitada» y que no se deplegarán fuerzas de tierra.
Entretanto, el almirante estadounidense James Stavridis, comandante supremo de la OTAN, advirtió ayer del riesgo de «infiltrados de Al Qaeda» en los grupos de oposición a Gadafi. «La información que recibimos de los servicios de inteligencia es que hay un liderazgo responsable en la lucha contra el coronel Gadafi», dijo Stavridis. Aun así, el almirante admitió que existe el riesgo de inflitración de Al Qaeda y del grupo chií libanés Hizbulá, especialmente peligroso si se produce un vacío de poder.
EDUARDO DEL CAMPO
Bin Jawad (Libia)
Enviado especial
Gadafi se hace fuerte en Sirte, su ciudad natal
A los rebeldes, que en la madrugada del lunes anunciaban con tiros al aire haber conquistado Sirte, la ciudad natal de Gadafi, les ha durado muy poco la supuesta victoria y han tenido que retroceder para intentar fijar sus posiciones en Bin Jawad, a 140 kilómetros del considerado uno de los principales feudos del dictador. En Bin Jawad, un poblado en el desierto de calles arenosas y casas grises y pobres, se concentraban ayer por la mañana varios cientos de combatientes voluntarios que esperaban instrucciones de no sabían bien qué comandante para esperar allí, lanzarse al combate o, lo que pasó poco después, retroceder un poco para evitar caer en una posible emboscada.
Un hombre maduro subido al capó de una furgoneta y con un pañuelo blanco en la cabeza daba instrucciones improvisadas a los jóvenes que en pandillas de amigos habían acudido en sus coches desde Bengasi para estrenarse en la guerra, para que no sacrificaran su vida absurdamente. Decía que tenían que tener mucho cuidado porque temían que los soldados de Gadafi, militares profesionales, se habían salido de la carretera y desplegado desierto adentro para rodearlos y atacarlos por el flanco.
A lo lejos se alzaba contra el cielo, como blanqueado de cal por el viento caliente que empezó a soplar desde el Sáhara, varias columnas de humo que adjudicaban a proyectiles lanzados desde las posiciones del ejército de Gadafi. En primera línea estaban los rebeldes con armamento pesado, como vehículos lanzacohetes, y en el control de Bin Jawad los voluntarios de reserva dotados sólo con armas ligeras, como fusiles Kalashnikov, explicaban los revolucionarios.
En un corro, un anciano de Ben Jawad pedía a los rebeldes, sin aparente organización jerárquica, al menos en la segunda línea, que registraran las casas del pueblo porque tienen miedo de que seguidores de Gadafi armados se hayan escondido allí para disparar desde la retaguardia. «Bin Jawad todavía no es seguro, no estamos tranquilos», decía Suleiman Al Nasal, bombero de 24 años que había venido desde Ajdabiya, tomada por los rebeldes el sábado, para apoyar el avance de este ejército popular. Pero al mismo tiempo afirmaba que no tiene miedo a disparar, matar y quizás morir.
Gracias a la intervención militar aérea encabezada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido los rebeldes han vuelto a la misma posición que perdieron hace un mes ante la ofensiva lanzada por Gadafi, con la diferencia de que ahora el régimen de Trípoli tiene cientos de vehículos menos y no puede usar sus aviones. La nivelación de las fuerzas da más motivos para pensar que ninguna parte podrá derrotar estrepitosamente y que sólo el apoyo militar occidental, ya abiertamente decidido a acabar con el Gobierno de Gadafi, podría inclinar la balanza del lado de los insurrectos en poco tiempo.
Unos kilómetros al oeste o al este, según los ataques y contraataques de cada día, el frente de la guerra civil libia parece que podría estabilizarse, nadie sabe por cuánto tiempo, en torno a Bin Jawad. Hacia el oeste, muy lejos aún, quedan Sirte a 140 kilómetros, la ciudad rebelde y aislada de Misrata 390 y Trípoli, la capital, a 600.
Después de avanzar desde Bengasi más de 400 kilómetros en una semana, los rebeldes abarcan ya algo más de la mitad de la costa libia, todo el este desde la frontera egipcia, y todas las instalaciones petrolíferas y gasísticas.
Mantener firme el frente de Bin Jawad es fundamental para ellos si quieren empezar pronto a exportar gas, petróleo crudo y productos derivados, porque la principal refinería y dos terminales marítimas de carga de crudo están muy cerca, Ras Lanuf (62 kilómetros) y As Sidrah (27), y no parece que los técnicos libios que abandonaron sus instalaciones al inicio de los combates hace un mes vayan a regresar hasta que no se sientan totalmente seguros y que los soldados de Gadafi no tienen ninguna posibilidad de recuperar el terreno perdido.
La refinería de Ras Lanuf, de la compañía libia Rasco, seguía ayer abandonada, como un monstruo industrial varado en el desierto. Apenas un puñado de jóvenes rebeldes vigilan la entrada al complejo, por el que cualquiera puede pasearse ahora libremente, rebasando los antiguos carteles que dicen en inglés y en chino «no pasar». ¿El director? No saben dónde está ni se le espera pronto. No tendría dónde ponerse a trabajar.
El edificio de oficinas de la empresa ha sido arrasado por dentro por los soldados de Gadafi que acamparon aquí durante varias semanas hasta retirarse. Hay impactos de bala, basura y restos de comida por todas partes, como un sobre de comida militar, fabricado en Turquía para el ejército de Gadafi.
Los despachos están patas arriba, con sillones, sofás y sillas volcados, y cristales y ficheros por los suelos, junto a carnés laborales, mezclados con papeles rasgados. En este panorama, el documento enmarcado que certifica que la Ras Lanuf Oil and Gas Processing Company (RASCO) aplica un sistema integral de seguridad laboral suena tristemente como el recuerdo de un mundo perdido.
ROSA MENESES
Mizda (Libia)
Recibimiento a balazos a los periodistas en el desierto libio
Enviada especial
El grupo de reporteros -unos 40 de varias nacionalidades, entre los que se encontraban EL MUNDO y Televisión Española- caminó hacia las tres tiendas levantadas en medio del desierto. A la derecha, un camión cargado de sacos de harina; a la izquierda, ropa de niños tendida al sol; a su espalda, el autobús.
Tres hombres cargaron sus Kalashnikov y dispararon en dirección a los periodistas sin apuntarles directamente. No se trataba de disparos al aire sino de tiros de intimidación. Los informadores retrocedieron. Los funcionarios del Gobierno les gritaron que se metieran en el autobús, cosa que hicieron. Mientras, uno de los sheij (jefes de familia) se abalanzó hacia uno de los hombres armados, vestido con camiseta amarilla y con un pañuelo ajedrezado, y comenzó a golpearle con un bastón.
Las ráfagas cesaron pero los hombres seguían apuntando, amenazantes. El sheij Mohamed Abdulrahman se acercó al autobús de los periodistas y les dijo: «Libia antes del coronel Gadafi no tenía historia». El anciano entonó una canción beduina: «Somos hombres fuertes y defenderemos nuestro país hasta morir».
Hay varias versiones sobre qué significa este incidente. Una, la que dan los funcionarios del Gobierno, apela a la tradición del desierto, que dice que los beduinos no pueden permitir que un extranjero se acerque a sus mujeres. Pero las mujeres de la familia se encontraban a salvo en el interior de sus tiendas cuando los periodistas se acercaron. La otra versión se inclina por pensar que esto es una maniobra para intimidar a los periodistas y al mundo en general. La conclusión es que los periodistas no están seguros en Libia, y ni siquiera el Gobierno puede garantizar su integridad.
Tras el incidente, la comitiva lo intenta con otro grupo de tiendas beduinas donde tiene más suerte. Esta vez son bien recibidos e incluso pueden hablar y filmar a las mujeres fuera y dentro de sus jaimas.
Nayat Ibrahim explica que ha perdido a dos de sus hijos cuando trataba de huir de un bombardeo en Mizda. Muestra a su otro vástago con marcadas ojeras en la cara: «No puede dormir por la noche debido a las bombas». Pero cuando se le pregunta a la mujer por los dos niños perdidos, por sus nombres y por qué les pasó, se retira sin querer explicarse.
Al emprender camino hacia Mizda, se observan por el desierto más tiendas beduinas levantadas en la hamada (desierto de piedra). Es la época de la recogida del trigo que plantan los beduinos en los wadis (cauces de ríos) cercanos y muchas familias acampan en la zona para recolectarlo. La pregunta es si las otras familias visitadas por la prensa no estarían en este lugar con el mismo propósito. Mizda es una ciudad de 50.000 habitantes y si una ola de refugiados tuviera que salir de la ciudad debido a los bombardeos se agolparían muchas más personas que sólo tres familias.
El hospital de la ciudad se encuentra desierto, una enfermera bangladeshí explica que los bombardeos de hace tres noches recogieron muchos heridos. Enseña los regueros de sangre en una sala de cuidados intensivos. En una habitación los médicos nos muestran los estragos de una granada que impactó en el techo. «La persona que estaba en esta cama murió y los otros cinco pacientes están heridos», cuenta una enfermera. Al parecer, según dicen, todos los pacientes de este hospital han sido transferidos.
El impacto de este katiusha tiene una explicación: «Los occidentales bombardearon un depósito de armas cercano y los misiles salieron disparados alcanzando varias casas», afirma uno de los funcionarios del hospital. El depósito de armas se encuentra a tan sólo cinco kilómetros del centro sanitario.
Uno de los doctores de este hospital, originario de Corea del Norte, perdió su pierna a causa de los katiusha descontrolados que salieron despedidos tras el bombardeo del depósito de armas, según cuentan varios residentes de esta ciudad.
Dicen que el doctor se encuentra en un hospital de Trípoli. La casa está totalmente arrasada pero no hemos podido ver a ningún miembro de la familia. A pocos metros, otra casita exhibe heridas ocasionadas por otro cohete. «Nadie resultó herido aquí porque todos se marcharon cuando empezaron los bombardeos», explica Ahmad, administrativo en una compañía de servicios.
La visita del grupo de periodistas ha llamado la atención en este barrio y numerosos jóvenes acuden al lugar. Entre ellos hay varios armados con kalashnikov que comienzan a disparar al aire muy cerca de donde se encuentra la prensa. «Esto es igual que Faluya», exclamaba un periodista poniéndose a cubierto en el autobús y evocando a la ciudad iraquí.
Muchos de estos chicos visten camisetas de sus equipos de fútbol favoritos, entre los que está el Barcelona. «¡Alá, Muamar Wa Libia Bas!» es decir, «No hay más que Alá, Gadafi y Libia», exclaman los fanáticos animados por los sonidos de los disparos.
En Mizda, que se encuentra a 200 kilómetros al sur de Trípoli y toda la región que la rodea, se vive una atmósfera marcial. Situada en el interior de Jabel Nafusa, las carreteras que conducen hasta ella están desiertas. Sólo pasan camiones con munición y suministro para las fuerzas del coronel Gadafi. Los pueblos que salpican la ruta desde Trípoli hasta esta ciudad están cerrados a cal y canto. Los únicos signos de vida se ven en los controles militares donde soldados en zapatillas de deporte dormitan o fuman sus cigarrillos observados por los omnipresentes retratos del coronel Gadafi.
OORBYT.es
>Análisis de Rosa Meneses.
CARLOS TORO
El 'USS Barry', un buque que nunca se hace viejo
Los destructores de la clase Arleigh Burke, nombre del primero de la saga, el DDG 51, podrían ser definidos como buques multimisión Aegis. Esa palabra, Aegis, resulta clave a la hora de describir el barco y sus bondades guerreras. Se trata de un sistema integrado que, por medio de su radar SPY-1D, puede buscar, detectar y seguir cientos de posibles blancos simultáneamente. Las cuatro características antenas fijas y octogonales del SPY, que exploran 360º de cielo y horizonte, envían rayos de energía electromagnética que cubren a la vez todas las direcciones. Luego el mismo sistema se encarga de neutralizar las amenazas por medio del envío de los correspondientes misiles.
Los Arleigh Burke están construidos con acero (casco) y aluminio (superestructura). Las zonas vitales (motores y salas de control) llevan una coraza de kevlar. En su momento fueron los primeros buques de la Marina estadounidense susceptibles de operar en ambientes de guerra NBQ (nuclear, biológica, química). Su cometido original era la defensa contra aviones, misiles y submarinos soviéticos. Pero se mostraron igualmente dotados para realizar operaciones no sólo antiaéreas y antisubmarinas, sino también antisuperficie.
El USS Barry, que ayer volvió a intervenir contra objetivos libios, es el segundo de la serie. O sea, el DDG 52. Y pertenece a la remesa inicial, denominada Flight I. Más tarde llegarían la Flight II y la Flight III, básicamente iguales a la primera en cuanto a dimensiones, tonelaje, etc, aunque con mejoras en los sistemas y, si nos referimos a la III, la existencia de un hangar para alojar dos helicópteros SH-60B Sea Hawk.
El Barry, que puede recibir uno de esos helicópteros, aunque no albergarlo, en la cubierta de popa, entró en servicio en la US Navy en 1992 y está basado en Norfolk (Virginia). Con el tiempo ha ido recibiendo actualizaciones que lo mantienen en plenitud de modernas capacidades operativas. Es, como todo destructor, un buque largo (154 metros de eslora), aunque no muy estilizado (20 metros de manga). También como todo destructor, es rápido (32 nudos, unos 59 kilómetros por hora, de velocidad máxima). Su dotación consta de 33 oficiales, 38 suboficiales y 210 marineros. Desplaza a plena carga unas 9.000 toneladas.
Está armado con ametralladoras, torpedos, un cañón de 127 mm. y dos Phalanx de 20 mm. para la defensa de punto (cercana). Pero especialmente con una panoplia de casi un centenar de misiles entre Tomahawk antibuque y de ataque a tierra, Standard SM-2 de defensa aérea y ASROC antisubmarinos.
Quizás sea el segundo destructor de la clase Arleigh Burke más conocido en el mundo. El primero es el USS Cole (DDG 67), víctima de un ataque terrorista, el 12 de octubre de 2000, cuando se encontraba atracado en Adén (Yemen). Como resultado del atentado, perpetrado por dos suicidas, murieron 17 miembros de la tripulación y otros 39 resultaron heridos de diversa consideración.
La US Navy planea contar con 62 buques de esta clase. Los tres últimos serán puestos en servicio este mismo año. Barcos todos ellos extremadamente capaces, dotados de unos sistemas de navegación, comunicación y armamento punteros y en continua renovación. Su único pero es el precio: unos 1.200 millones de dólares cada uno.
Roma
EEUU ataca a tres embarcaciones libias cerca de Misrata
Como consecuencia de la ofensiva, el Vittoria se retiró alcanzando la playa, una de las otras dos embarcaciones fue destruida y la tercera fue abandonada por sus ocupantes, según señalaron los responsables de la Sexta Flota de la Armada estadounidense desde el sur de Italia, informa Reuters.
El ejército del país norteamericano explicó que el buque estadounidense encargado de la ofensiva en el Mediterráneo fue el destructor USS Barry, apoyado por un avión A-10 Thunderbolt y otro aparato de vigilancia, el Navy P-3C.
Desde el buque se autorizó el ataque contra la patrullera, de 12 metros de eslora, y sus dos acompañantes. El A-10 Thunderbolt descargó entonces una andanada a la embarcación de los guardacostas, que se vio obligada a refugiarse en la costa cerca de Misrata.
«La ofensiva se llevó a cabo después de que se confirmara que el Vittoria y sus dos acompañantes estaban disparando de forma indiscriminada contra barcos mercantes en el puerto de Misrata», aseguraron ayer altos oficiales de las fuerzas estadounidenses. La ciudad se encuentra a unos 200 kilómetros al este de Trípoli, a medio camino entre la capital y la zona alcanzada por los rebeldes.
MÓNICA G. PRIETO / Beirut
Especial para EL MUNDO
Un nuevo Gobierno para desactivar la revuelta siria
Ayer, Asad dio su primer paso real hacia la materialización de las promesas de cambio que habían intentado apaciguar el malestar social tras la brutal represión de las protestas en el sur del país, que ha costado entre 65 y 100 vidas.
El presidente aceptó la dimisión del Gobierno, cuyo primer ministro, Mohamed Naji al Otari, lleva ocho años en el cargo. Se espera que se forme un nuevo Ejecutivo para finales de esta semana con un único encargo: poner en práctica las reformas ya adelantadas -el levantamiento del estado de emergencia que ahoga las libertades sirias desde hace 48 años, una ley de prensa y otra que permita el pluralismo político, además de ayudas económicas- y desamortizar así el amago de insurrección. Si pasa de las palabras a los hechos, Asad podría ser el único dirigente árabe, junto al rey jordano Abdalá, en desactivar una revuelta regional que ha costado el puesto a dos dictadores árabes -en Túnez y Egipto- y mantiene al borde del precipicio al yemení.
Lo cierto es que la población le mostró ayer un apoyo que muchos le sospechaban. Pese a haber heredado el cargo de su padre, Hafez Asad, el hecho de que lleve 11 años en el poder y que mantenga una coherencia política con su población respecto al problema iraquí o palestino le garantiza cierta afinidad social. Eso podría explicar -además de la invitación a manifestarse del régimen, difícil de ignorar en el contexto de las autocracias- que decenas de miles tomaran las calles de Damasco, Aleppo, Homs, Hasaka, Raqqa, Tartus y Deir Ezzor.
Latakia, escenario de tiroteos el fin de semana, no acogió ninguna protesta: en Deraa, donde comenzó el levantamiento social para exigir la liberación de 15 escolares detenidos por una pintada revolucionaria hace más de dos semanas, unas 300 personas se congregaron ayer a favor de la «revolución» contra Asad.
«Si las decisiones [anunciadas] son implantadas de forma seria serán suficientes, explicó en declaraciones al diario kuwaití Al Rai el conocido opositor sirio Michel Kilo. «Sin embargo, anteriormente habíamos recibido promesas del régimen sobre la cancelación de la ley de emergencia y la nueva ley de partidos sin que se cumpliesen», añadió. Como él, todos los analistas coinciden en que sólo una aplicación estricta de reformas puede desactivar una crisis que, en caso contrario, podría terminar en un conflicto sectario, dado que el régimen alauí (una secta chií) gobierna a un 75% de suníes.
«La clave del problema no es la ley de emergencia», estimaba el profesor sirio de Sociología Burhun Ghalyun al canal Al Arabiya: «Es la forma en la que el régimen trata con la gente. Debe admitir que el pueblo es la fuente de su poder, dar igualdad de derechos, dar libertades y reconocer a la oposición».
MARC SEMO
Libération / EL MUNDO
«El ejército disparará si se lo pide Asad»
Pregunta.- ¿Estamos ante una revolución en Damasco?
Respuesta.- El movimiento se está extendiendo. Es el pueblo como tal el que se ha echado a la calle, algo nunca visto en la historia reciente de Siria. La revuelta de 1982 en Hama estaba organizada, era algo muy específico y se hizo en nombre del fundamentalismo islámico suní. Hubo violencia por ambas partes, antes de la reconquista de la ciudad y de que se aplastase la revuelta a sangre y fuego. Las revueltas kurdas también desafiaron al poder en varias ocasiones, pero estaban siempre circunscritas geográficamente y centradas en reivindicaciones específicas. Esta vez el movimiento revolucionario afecta a todo el país. Hoy los sirios se rebelan todos juntos, por encima de diferencias tribales. En esta revolución nos encontramos con todos los elementos que triunfaron en Túnez y Egipto.
P.- ¿Ese mismo escenario podría repetirse en Damasco?
R.- Hace tan sólo un mes, nadie habría podido imaginar que huyese Zine el Abidine Ben Ali o que se pudiese derrocar a Hosni Mubarak. Precisamente por eso, hay que ser muy prudentes. De todas formas no creo que Bashar Asad vaya a caer con tanta facilidad. Tiene controladas férreamente las fuerzas de seguridad, incluido el ejército, que disparará contra el pueblo si el presidente se lo ordena. Estados Unidos dejó caer a Mubarak, presionando al ejército. En este ámbito, la situación en Siria también es diferente. Asad no sólo cuenta con Irán como aliado. Dispone de otros apoyos, como el de Qatar, con su poder diplomático y mediático a través de Al Yazira. Y también cuenta con el apoyo de Turquía, inquieta ante la desestabilización de su frontera sur.
Muchos países de la región creen hoy que las revueltas conocidas con el nombre de primavera árabe deben detenerse. Sobre todo, Arabia Saudí. En 2005, tras el asesinato de Rafic Hariri en el Líbano, Riad quiso derrocar al régimen sirio, pero hoy no quiere que sigan cayendo los Gobiernos de la región. De hecho, intervino en Bahrein para apoyar a la monarquía y teme las consecuencias de lo que pueda ocurrir en Siria.
P.- ¿Las promesas del régimen podrían desactivar la revuelta?
R.- Cuando se siente débil, el Gobierno sirio anuncia concesiones y promete una cierta liberalización, como ya hizo en 2005, tras la retirada del Líbano. Las promesas eran más o menos las mismas de hoy y se quedaron en letra muerta. Los sirios creyeron, y algunos siguen creyendo, en la modernización prometida por Asad, estimando que está mal asesorado y prisionero de la herencia y de los hombres de su padre.
Ésta es la carta que sigue jugando un régimen que siempre hizo creer que hay un conflicto en la cumbre entre los más duros y los más abiertos. Pero el caso es que el presidente es el único que detenta todas las claves del poder. Y, por el momento, se está manteniendo en segundo plano y ni ha salido por la televisión.








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