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Lugar: Cantabria, Spain

lunes 28 de febrero de 2011

PRIMAVERA REVOLUCIONARIA EN ORIENTE PRÓXIMO:

JAVIER ESPINOSA
Bengasi (Libia)

Gadafi pierde un bastión clave y los rebeldes forman Gobierno

Zawiya, a 50 km de Trípoli, cae en manos de los opositores que constituyen en Bengasi el nuevo Consejo Nacional / EEUU les promete «todo tipo de ayuda»

Zapatero embustero

«Para nosotros Muamar Gadafi es Drácula». Así se expresaba ayer en Zawiya un oficial del ejército que ahora sirve a las órdenes de la revolución y que habló con un grupo de periodistas occidentales que llegó hasta esta ciudad sita a 50 kilómetros de Trípoli y confirmó que el centro de la misma se encuentra ya en manos de la revuelta popular. La batalla por el control de Zawiya y la que se libra en torno a Misrata podrían resultar cruciales para decidir la suerte del alzamiento que pretende acabar con 42 años de dictadura en Libia. Sigue en pág. 22

Enviado especial

Las imágenes grabadas en Zawiya permiten apreciar una ciudad plagada de coches quemados, calles bloqueadas por árboles o barricadas y hasta un cementerio improvisado en el parque central de la villa donde los alzados han tenido que enterrar a algunos de los 24 locales que han fallecido en las últimas jornadas, según indicó el doctor Yusef Mustafá a la agencia Reuters.

Los rebeldes han conseguido apropiarse de tanques y vehículos todoterreno equipados con ametralladoras antiaéreas, pero la situación en la población de casi 200.000 habitantes era crítica. «Necesitamos más medicinas, comida y doctores. Hay un montón de buenos doctores en Libia, pero no pueden llegar hasta Zawiya», precisó.

Las tropas de Gadafi intentan desde hace días retomar esta villa y se encuentran acantonadas en las inmediaciones de la misma, aunque ninguna de las dos facciones parece capacitada para lanzar un ataque definitivo.

La confusión que reina en torno a la situación militar en el oeste del país se ha trasladado ahora al escenario político que intenta organizarse en el este, ajeno desde hace días a la autoridad del autócrata.

Pese a que los responsables de Bengasi, y en concreto el abogado Abdel Hafiz Ghoga, anunciaron la creación de un Consejo Nacional de Libia (CNL) que pretende ser un embrión de gobierno transitorio y que integrará a representantes de todas las ciudades «liberadas» del país -ésa fue su expresión-, la reunión se celebró sin la presencia anunciada del ex ministro de Justicia Mustafá Abdulyalil, al que el propio Ghoga le negó el liderazgo.

«Abdulyalil está con la revolución, pero no es el líder del CNL. No tenemos todavía un líder definido. El CNL está constituido por representantes del oeste y del este. Es una respuesta a Gadafi, que dijo que tras él vendría el caos. Hemos demostrado que en 10 días podemos hacer retornar a la normalidad a las ciudades liberadas. Creemos que la revolución vencerá en los próximos días», señaló el defensor de los derechos humanos.

La comparecencia de Ghoga reveló las primeras fisuras entre los opositores a Gadafi al desmentir a Abdulyalil en varias ocasiones. El ex ministro había prometido un gobierno transitorio y elecciones en tres meses, algo que desestimó el representante de Bengasi.

El viernes, Ghoga explicaba a este diario cómo «la mayor parte del ejército se ha unido a la revolución. Gadafi se esconde detrás de mercenarios y de las milicias de su hijo Jamis, pero eso no durará mucho. Trípoli está a punto de caer».

Sin embargo, los expertos comienzan a alertar sobre el peligro que entrañaría una estabilización en los frentes del oeste del país y en el hecho de que lo que comenzó siendo una revolución ha derivado hacia una guerra civil como amenazó Saif al Islam, hijo de Gadafi.

En una entrevista con una cadena de televisión de EEUU, éste último recordó que, pese al impacto mediático que ha tenido la derrota que han sufrido sus fuerzas en el este, «todo el sur está en calma y el centro está en calma». Al Islam incluyó en su idílica descripción a todo el oeste del territorio libio, precisamente donde se están librando los combates más feroces.

El dictador no sólo mantiene posiciones como Sirte o la mayor parte de Trípoli, sino que cuenta además con el apoyo de un nutrido contingente de mercenarios africanos -muchos de ellos integrados en la llamada Legión Islámica constituida en gran parte por tuaregs- estacionados en el área de Sabha.

«Gadafi mantiene desde hace varios años campos de entrenamiento de grupos rebeldes, principalmente de Chad, en el sur del país y desde allí es de donde está reclutando a sus mercenarios», explicó Peter Bouckaert, representante de Human Rights Watch presente en Bengasi.

OORBYT.es

>Análisis de Rosa Meneses.

CARLOS FRESNEDA / Nueva York

EEUU tiende la mano a la oposición

Gadafi desafía al Consejo de Seguridad por querer investigarle por crímenes de guerra

Corresponsal

Hillary Clinton admitió ayer que Estados Unidos está «dispuesto y preparado para ofrecer cualquier tipo de asistencia» a un gobierno provisional post Gadafi. «Estamos en contacto con diferentes grupos libios que están intentando organizarse en el este conforme la revolución avanza hacia el oeste», declaró la secretaria de Estado norteamericana poco antes de tomar el avión hacia Ginebra, donde intervendrá hoy en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

«Queremos que se vaya, que ponga fin a su régimen y que suspenda las acciones de los mercenarios y las tropas que siguen siendo leales», dijo Clinton, en sus declaraciones más contundentes hasta la fecha. «Es demasiado pronto para saber qué va a resultar de esto, pero estamos sólo en el principio de lo que seguirá a Gadafi», vaticinó.

La secretaria de Estado alabó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que pide la apertura de una investigación por crímenes de guerra contra el líder libio por sus «ataques extendidos y sistemáticos» contra la población civil. Pese a la resistencias iniciales, China y Rusia se sumaron a la petición unánime y contribuyeron al aislamiento diplomático del líder libio, acorralado y «sin amigos».

El propio Gadafi, en declaraciones a una televisión serbia que logró entrevistarle en Trípoli, condenó la resolución del Consejo de Seguridad, culpó «a los extranjeros y a Al Qaeda» por los recientes disturbios y aseguró que Libia es «un país seguro y sin conflictos».

La Unión Europea aprobará por su parte hoy un nuevo embargo de armas contra Libia y anunciará la congelación de bienes de Muamar Gadafi y su familia, que también tendrán vetada la entrada en territorio comunitario, junto a otros dirigentes del régimen.

Se espera que el paquete sea casi idéntico al pactado en el Consejo de Seguridad de la ONU a propuesta de Reino Unido y Francia. Los británicos querían ir más lejos en la UE y utilizar a las petroleras como BP, Repsol y ENI en su campaña de presión y prohibir las importaciones energéticas a Europa. El 55% del PIB libio depende del comercio de gas, según recuerda la Comisión Europea. Italia, el Estado con más intereses en Libia, se ha opuesto hasta ahora a la idea.

La ruptura con Gadafi ya empezó la semana pasada. Los 14 países de los Veintisiete que exportan armamento a Libia -entre ellos, España- decidieron por su cuenta suspender este comercio. El embargo que se aprobará hoy supone la vuelta al bloqueo existente durante casi dos décadas y hasta 2004, informa María Ramírez desde Bruselas.

Con la idea de planear las futuras acciones en una Libia post Gadafi y de «hablar con una sola voz», Hillary Clinton mantendrá hoy en Ginebra una ronda de conversaciones con ministros europeos. Sobre la mesa, y mientras se estrecha el cerco económico a Gadafi y su círculo de colaboradores, estará la posibilidad de legitimar al Gobierno provisional formado en la ciudad rebelde de Bengasi por el ex ministro de Justicia Mustafa Abdel Jalil, que ha prometido unir facciones civiles y militares y preparar el terreno para una elecciones democráticas en tres meses.

Hillary Clinton no mencionó directamente ayer al «gobierno provisional» ni especificó que tipo de ayuda está dispuesta a facilitar Estados Unidos, pero sus palabras se interpretaron como la primera señal lanzada públicamente por la Administración Obama en apoyo a las fuerzas rebeldes. El presidente de Estados Unidos podría aprovechar su reunión de hoy con el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, para avanzar su estrategia en la era post Gadafi, después de haberle pedido expresamente al líder libio que abandone el poder.

«Debemos reconocer la oposición a Gadafi como el Gobierno legítimo de Libia, y debemos prestarle asistencia humanitaria y ayuda militar», declaró el senador independiente Joe Lieberman a su paso por El Cairo. El republicano McCain se declaró partidario de una «zona de exclusión aérea».

BERTA GONZÁLEZ DE VEGA / Málaga

El fastuoso proyecto de Gadafi en Málaga

El coronel libio pidió autorización para construir 1.900 casas en la Costa del Sol

Tiene nombre de cortijo tradicional y pudo ser el feudo europeo de Mickey Mouse, pero finalmente La Resinera, el latifundio más grande de la Costa del Sol, tiene pinta de quedarse como activo congelado de Muamar Gadafi. El terreno, por ahora, se quedará virgen, como le gustan al líder libio sus guardaespaldas. Y no porque al coronel le faltaran ganas de construir, sino porque el dominó de las revueltas magrebíes amenaza con tumbar el plan para edificar en La Resinera unas 1.900 casas, un campo de golf, un hotel y un palacio de congresos.

El proyecto fue enviado hace un mes por la Junta de Andalucía al Ayuntamiento de Benahavís. Para saltarse las restricciones al urbanismo desaforado que en los últimos años ha impuesto el gobierno andaluz, los representantes de Gadafi quieren tramitarlo bajo la denominación de proyecto de especial interés turístico. Y lo que es indudable es que ahora mismo La Resinera sí tiene un especial interés.

¿Cómo llegó este pastel de 7.000 hectáreas a manos de Gadafi? Gracias a la crisis anterior. La finca estaba a principios de los 90 en manos del libanés Reda Aleywan. Poco antes, hubo una posibilidad de que Eurodisney se instalara en ella, pero finalmente la jugada le salió a París, aunque se consiguió que la finca fuera calificada de urbanizable. Finalmente se la quedó el Lybian Foreign Bank, o sea, Gadafi, según afirman fuentes municipales. Durante muchos años no se supo nada de los planes del nuevo dueño, hasta que se conoció la identidad del redactor del proyecto de la urbanización: José Seguí, autor de iniciativas emblemáticos de la Junta, como la Ciudad de la Justicia de Málaga. En principio, la visita del líder libio a Málaga extrañó en su último viaje a España. Luego, a la vista de sus planes, encontró una fácil explicación.

Fuentes municipales denuncian que, si la Junta -que tiene ahora un par de meses para contestar- diera el visto bueno al proyecto, se trataría de un agravio comparativo hacia otros vecinos con pretensiones similares en la zona. ¿Pero quiénes son esos vecinos de Gadafi? Entre los que quieren urbanizar, destaca la sociedad del Marbella Club, propiedad de David Shamoon, un empresario libanés imputado por el caso Hidalgo. También está La Quinta Inmobiliaria, que preside Joaquín Moya Angeler, ex presidente de IBM España y amigo de Felipe González. Luego están las urbanizaciones ya construidas, como La Zagaleta, la que fuera finca de Adnan Khassogui, escenarios de fiestones en los 80, cuando los árabes llegaron a Marbella con dinero y gustos ostentosos. También están los hijos del banquero euroescéptico James Goldsmith: entre ellos, Zacharias, asesor verde de David Cameron que predica con el ejemplo, ya que no sólo no ha construido en los terrenos, sino que incluso permite visitarlos a pie.

Ante la primera negativa del consistorio, los hombres de Gadafi en la Costa del Sol se han ido directamente a Sevilla, a la sede de la Consejería de Turismo. El proyecto le llegó hace unos días al Ayuntamiento de Benahavís, según informó el diario Málaga Hoy, y ahora las administraciones, Obras Públicas y Medio Ambiente, tendrán dos meses para pronunciarse. Luego, tendrá que estar durante un mes en exposición pública.

Esta figura excepcional, que se aprobó después de arduas negociaciones entre los promotores y la administración autonómica, es el último cartucho que pueden quemar Gadafi y sus representantes.

ROSA MENESES
Ras Ajdir (Túnez)

Dimite el primer ministro de Túnez con el que Zapatero se iba a entrevistar

Zapatero quería ser el primer dirigente occidental en visitar el Túnez de la transición, pero la crisis interna ha hecho que el premier, con quien iba a entrevistarse, presentara ayer su dimisión. Sigue en pág. 24

Enviada especial

Zapatero embustero

El ya ex primer ministro Mohamed Ghanuchi se vio obligado a dejar su cargo ayer, después de 48 horas de violentas protestas que han provocado al menos seis muertos. El sábado, una manifestacion masiva en la que participaron 100.000 personas invadió el centro de la capital para pedir la dimisión de Ghanuchi y todo su Gobierno.

La dorada transición que Ghanuchi quería presidir es en realidad un imperfecto proceso con el que el pueblo tunecino no está contento. Los manifestantes que lograron la caída del presidente Zin el Abidin Ben Ali el pasado 14 de enero llevaban desde entonces demandando la salida de todos los dirigentes que hubieran tenido responsabilidades durante los 23 años de dictadura.

Y Ghanuchi era uno de ellos. Primer ministro de Ben Ali desde 1991, antes había ocupado la cartera de Finanzas. Aunque era visto como un tecnócrata, todos los tunecinos eran conscientes de que -como responsable de esta rama de la economía tunecina- no era ajeno a los tejemanejes de Ben Ali y su círculo de privilegiados. Durante el régimen, la corrupción y el nepotismo había llegado a niveles estratosféricos.

El presidente, Fuad Mabaza, nombró enseguida a un nuevo primer ministro. «Es un hombre más político que Ghanuchi, que era un tecnócrata», afirma Tark Chabuni, del partido Tajdid. Se trata de Beyi Said Esebsi, antiguo decano del Colegio de Abogados de Túnez y ministro de Exteriores bajo la época de Habib Burguiba, considerado el padre de la independencia tunecina y presidente del país de 1956 a 1987, cuando fue sustituido por Ben Ali.

La Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT) rechazó el nombramiento porque dijo que se había hecho «sin consultarles». El principal sindicato del país -motor de la revolución- ha endurecido su postura y afirma ahora que trabajará para que caiga este Gobierno.

La oposición -que demandaba la cabeza de Ghanuchi desde que cayó Ben Ali- ha dado la bienvenida a su dimisión. «Ésta es una decisión impuesta por la calle», afirmó a EL MUNDO Samir Ben Amor, abogado defensor de los derechos humanos próximo a los islamistas, refiriéndose a la marcha de Ghanuchi. «Es el último episodio de nuestra revolución», añadió.

Esa revolución que empezó el 17 de diciembre con la inmolación de un joven que vendía verduras en una localidad del interior de Túnez y que fue creciendo hasta que el 14 de enero forzó la huida del país de Ben Ali. Si en un principio Ghanuchi había asumido la Presidencia en funciones, el 15 de enero se impuso el orden constitucional y Ghanuchi volvió a su puesto de jefe del Gobierno.

La Presidencia fue ocupada por el entonces presidente del Parlamento, Fuad Mabaza. El 17 de enero, Ghanuchi anunciaba en la sede de la Jefatura del Gobierno -en el centro de la Casbah- un Gobierno de transición que conservaba a prominentes figuras de la época de Ben Ali, entre ellas al ministro de Exteriores Kamal Morjane, casado con una prima del dictador.

El descontento creció y la fuerte presión de la calle -con una acampada frente al palacio de Gobierno- obligó a Ghanuchi a ceder y formar un nuevo Ejecutivo limpio de los símbolos de la corrupción y las exacciones del antiguo régimen. El 27 de enero Ghanuchi formó un nuevo Gabinete, apoyándose en tecnócratas.

Pero los jóvenes revolucionarios, los desheredados del interior del país -empobrecido y subdesarrollado-, pedían también la cabeza de Ghanuchi. El anuncio de elecciones presidenciales para mediados de julio no logró calmar a los revolucionarios más radicales, que constituyeron el Comité Nacional para la Protección de la Constitución.

Ayer, el clima de tensión de los últimos días de enero, volvió a percibirse en enfrentamientos entre policías y manifestantes en la capital. Un joven falleció a causa de estos disturbios, que las fuerzas de seguridad intentaron reprimir con tiros al aire y granadas de gas lacrimógeno.

«He decidido dimitir de mis funciones como primer ministro», dijo Ghanuchi ayer. «No seré el primer ministro de la represión», añadió tras los graves acontecimientos de este fin de semana. «No soy del género de personas que toman decisiones que pueden provocar víctimas», agregó intentando dar una imagen distanciada de las políticas represivas del antiguo régimen del que formó parte durante 20 años.

«Mi renuncia ayudará a crear una mejor atmósfera para esta nueva era», declaró en un discurso televisado por el canal estatal. «Mi dimisión está al servicio del país», concluyó. Ghanuchi, nacido en Sousa en 1941, era un economista de renombre, la cara del régimen de Ben Ali frente al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

La tensión ha vuelto a las calles de la capital tunecina, tomada ayer de nuevo por la policía que en la época de Ben Ali era omnipresente. Anoche se declaró el toque de queda. «La situación es muy peligrosa», señalaba desde allí Halim Meddeb, abogado próximo al Partido Democrático Progresista (PDP), partícipe en el Gobierno de Ghanuchi.

«El Gobierno permanece, sólo cambia el primer ministro», precisaba Tarek Chabuni, del Tajdid, formación de izquierda que también participa en el Gabinete de transición. «Pero la situación es muy difícil, hay violencia y se ven los efectos negativos de la falta de seguridad. El país debe trabajar», afirmó a este diario.

La fragilidad de la transición se deja sentir también en la frontera con Libia. Ayer, en Ras Ajdir, los tunecinos no ocultaban su malestar por la crisis libia. Esta ciudad vive del comercio con el país vecino. Puerta de entrada de mercancías hacia el interior del país, los tunecinos de los pueblos cercanos a la línea fronteriza temían que su modo de vida se viera afectado.

Sin un Gobierno estable y con la economía doméstica en peligro, los vecinos de Ben Gardane -la última localidad de Túnez antes de pasar a Libia- descargaron su ira en el puesto de Ras Ajdir, a 33 kilómetros. Temen que si se interrumpe el flujo de comercio ellos se queden sin trabajo. Muchos viven del mercado negro de gasolina y del tráfico de mercancías como alfombras, que ayer seguían fluyendo hacia Túnez.

TESTIGO DIRECTO
ROSA MENESES / Ras Ajdir (Túnez)

Atrapados en tierra de nadie

Los miles que escapan de la guerra sufren atracos de los soldados por el camino

Con las maletas sobre los hombros, cargados con sacos donde guardan sus pertenencias y horas de pánico en el cuerpo. Miles de trabajadores extranjeros cruzan cada día la frontera de Ras Ajdir desde Libia. Huyen de la violencia y en el camino son víctimas de robos por parte de los soldados libios y de bandas de civiles armados.

«Hemos huido de Joms», explica Hu, un trabajador de CCECC, una compañía china que construye un ferrocarril en esta ciudad a 120 kilómetros al este de Trípoli, cerca de la romana Leptis Magna. «En medio de la noche, el 20 de febrero, asaltaron nuestra casa con armas y bastones de madera. Nos robaron nuestro dinero y se llevaron el coche», relata este joven chino de 24 años.

El camino hasta la frontera es «muy peligroso», señala Hu, uno de los 1.150 chinos que cruzaron ayer este puesto fronterizo. A su lado, otro hombre afirma que la carretera hasta Ras Ajdir está plagada de bandas armadas. «Los soldados nos robaron los teléfonos, las cámaras y el dinero». Jufun, ingeniero de una compañía hidroeléctrica, SinoHydro, viene de Trípoli. «Hay tiroteos esporádicos y soldados en el camino», comenta.

El paso fronterizo de Ras Ajdir es un flujo constante de refugiados. Las organizaciones humanitarias calculan que desde el pasado día 20 han cruzado 50.000 personas. Al otro lado, esperan varios miles, sobre todo ciudadanos egipcios, asiáticos y africanos. «Hay cientos de egipcios y malienses atrapados en tierra de nadie», constata Hosni Romdhane, de la Asociación por una Cultura Ciudadana, una de las organizaciones civiles tunecinas que está dando asistencia a los refugiados.

Los egipcios son los más numerosos: «En Libia hay más de un millón de trabajadores egipcios; unos 8.000 han pasado ya la frontera con Túnez mientras por el lado egipcio lo han hecho 80.000», señala Heinke Veit, responsable de la Agencia Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO). La agencia de la UE ha donado tres millones de euros para hacer frente a la crisis de refugiados.

Llegan en una situación muy precaria. Muchos no tienen ni zapatos y andan en chanclas de piscina o zapatillas de estar por casa llenas de agujeros. Otros carecen de ropa de abrigo y se envuelven hasta la cabeza en mantas de brillantes colores que les facilitan las asociaciones civiles tunecinas. En Ras Ajdir -en una zona semidesértica- las temperaturas nocturnas son muy bajas.

La situación se va volviendo cada vez más tensa ante la falta de organización. Un conato de protesta estalló ayer en el puesto fronterizo cuando varios ciudadanos egipcios dejaron sentir su frustración ante la ausencia de responsables de su Gobierno. «La gente está dejando salir la frustración que siente. El gran reto ahora es la evacuación de todos estos trabajadores», afirmaba Veit, quien puntualiza que «el número de ciudadanos egipcios que entra es mayor que el que sale» y por eso la situación en Ras Ajdir corre el riesgo de deteriorarse en los próximos días.

A pocos kilómetros de allí, el ejército tunecino ha instalado un campamento para albergar a esta gente. El general Esusi, al mando del puesto, asegura que están bien organizados. «Los egipcios están nerviosos porque quieren volver a sus casas pronto, por eso algunos no quieren siquiera ocupar las tiendas habilitadas y prefieren esperar al pie de la carretera, a la intemperie», admite. A unos metros de él, cientos de egipcios se agolpan frente a un camión donde reparten los pasaportes de los que podrán ser evacuados pronto. Gritan un nombre y lanzan al aire un pasaporte verde y alargado hacia las manos que suben al cielo.

«Hemos tenido mucha ayuda de los tunecinos, pero no de los libios», cuenta Ahmed, un chico de Alejandría de 26 años que acaba de llegar. «He visto gente robando, cadáveres en las calles», dice describiendo las escenas de Trípoli, de donde ha escapado. «El problema es que no hay nadie que evacue a esta gente», añade Jalil Jelifi, un agente de seguridad de 28 años de Sousa que es voluntario en la Media Luna Tunecina.

Enviada especial

JAVIER ESPINOSA / Bengasi (Libia)

Evacuaciones de primera y de segunda clase en Bengasi

Mientras los africanos se hacinan en el puerto, los europeos reciben caramelos

Enviado especial

Zapatero embustero

Hasta las revoluciones hacen distingos. No es lo mismo llamarse Mohamed Abdi Abdel Malik que Douglas Peace. El primero, un somalí de 25 años, lleva cuatro días hacinado en una habitación de un barracón portuario de Bengasi junto a otra docena de compatriotas, en medio de un escenario dominado por el barro y un frío intenso, a la espera vana de un navío que decía le iba a llevar a Italia. El segundo, británico, fue acogido horas después con zumos de fruta, caramelos y pastillas contra el mareo antes de embarcarse en la fragata HMS Cumberland, que debía trasladarle hasta Malta.

Peace es uno más de los miles de extranjeros que ayer huían de Libia en un éxodo que se ha acrecentado en las últimas horas y que en la última semana ha llevado a más de 100.000 personas a escapar de la nación árabe, según estimó la Agencia de Ayuda para el Refugiado de la ONU (ACNUR). Esas cifras sólo contabilizan la oleada humana que ha atravesado las fronteras terrestres de Túnez y Egipto, y no incluye a los miles que han abandonado el país a bordo de barcos y aviones.

Si los testimonios que llegan desde Trípoli hablan de la precaria situación humanitaria que se ha generado en torno al aeropuerto de esa capital, donde vive desde hace días un número incontable de trabajadores foráneos, las imágenes que se aprecian en el puerto de Bengasi no son muy distintas. Más de 2.000 obreros de Somalia, Etiopía, Bangladesh o Pakistán permanecen atrapados en una sección del complejo marítimo.

Las capacidades de los cobertizos se han visto desbordadas por la afluencia de foráneos y muchos de ellos duermen bajo camiones y autobuses, en cartones o colchonetas tiradas sobre el barro. Los más afortunados permanecen acurrucados junto a los muros, protegiéndose con mantas de unas temperaturas gélidas que terminaron en un espectacular granizo.

Sin embargo, las inclemencias climáticas no parecen eclipsar el optimismo de Abdel Malik, acostumbrado al sufrimiento. El vecino de Mogadiscio lleva tres años en Libia intentado llegar a Europa. Más de una decena de miembros de su familia han sido asesinados en la guerra civil que asuela su país. «Es irónico: yo estaba huyendo de la guerra y es la guerra la que me ha vuelto a atrapar», comenta con humor negro.

Los inmigrantes de Somalia o de la conflictiva región de Oromia, en Etiopía, acumulan años de angustias y relatan cómo han pasado más de dos semanas atravesando los desiertos de Sudán y Libia hasta llegar a Bengasi en trayectos donde vieron morir a un número incontable de sus acompañantes. «Somos los que más hemos sufrido, pero aquí nos han dejado. Abandonados en una esquina del puerto. Pero llegaremos a Italia, ya lo verá», observa Daniel Mangiso, un oromo que permanece en el enclave portuario con su esposa y su hijo de ocho meses.

Los africanos se enfrentan además a la psicosis que se ha generado en torno a los ciudadanos de piel negra que la población local asimila de forma automática a los mercenarios que está utilizando la dictadura para intentar contener la revuelta popular. Mangiso dice que al menos cinco personas de su grupo «han desaparecido» en el caos que se instaló en Bengasi: «No sabemos donde están. Nos tememos que los hayan matado al confundirlos con mercenarios».

De hecho, en una visita a la prisión improvisada que se ha instalado en el tribunal de justicia de esta urbe, donde las autoridades locales mantienen arrestados a más de una 20 de extranjeros a los que acusan de ser mercenarios, una decena de nacionales de Ghana intenta proclamar su «inocencia» aduciendo que eran obreros contratados por una firma local.

«Llevo años aquí, tengo a mi esposa en casa», señala Mohamed Muza, antes de que los guardias le hicieran callar. «Nuestras vidas están en peligro», añade bajando la cabeza.

Tras escuchar relatos como los de los africanos, las penas que referían los cientos de europeos que abandonan Bengasi en el HMS Cumberland parecen ser meras anécdotas. La mayoría provienen de plataformas petrolíferas y reconocían que allí sólo se enteraron de la crisis «por la televisión», en palabras de Simson Mardon, un ingeniero inglés de 63 años. Tan sólo un contingente de rumanos explica que sus complejos fueron asaltados por hombres armados -«Ali babas», les llamaron- que les robaron los vehículos.

Los británicos establecieron un sistema tan pulcro como ordenado. Los primeros pasajeros vieron incluso como un uniformado ataviado con una corbata les ayudaba a transportar sus enseres. Del otro lado de la ensenada, Mohamed Abdi seguía esperando su improbable traslado a Europa.

DANIEL UTRILLA / Moscú

Gadafi, compuesto y sin enfermera

La ucraniana favorita del dictador libio se marcha de su lado y regresa a su país natal

Corresponsal

Zapatero embustero

Mientras las milicias opositoras estrechan el cerco en torno a Muamar Gadafi, el círculo de su entorno se destensa cada vez más. Galina Kolotnytska, la mujer de 39 años que encabezaba su séquito de enfermeras ucranianas, ha dejado a su amo solo con su paranoia.

Según informó ayer la televisión Kanal 5 de Ucrania, Kolotnytska (que trabajaba en Libia desde 2001) aterrizó ayer en Kiev a bordo de un avión en el que viajaban otros 120 ucranianos que huyen de la violencia que sacude al país norteafricano.

Según la web de filtraciones Wikileaks, Kolotnytska fue descrita en 2009 por un cable del embajador de EEUU en Libia, Gene Cretz, como «una rubia voluptuosa». En el documento diplomático se sostenía que Gadafi «no puede viajar sin ella», y se especulaba con la posibilidad de que ambos mantuvieran una relación amorosa, punto que siempre ha desmentido la familia de Kolotnytska.

La víspera de su llegada a Kiev, el diario ucraniano Segodnya, publicó una entrevista con la hija de la enfermera, Tatiana Kolotnytska, que detalla la última conversación telefónica que mantuvo con su madre. «Nos dijo que estaba en Trípoli, que había tiroteos y enfrentamientos. Habló con voz tranquila, pidió que no nos preocupáramos y dijo que pronto estaría en casa», relató la hija.

Antes de ser atraída al entorno del dictador, Kolotnytska trabajó en un hospital libio. Según rumores publicados por la prensa rusa, su incursión en palacio se produjo cuando un ayudante de Gadafi cayó enfermo y fue atendido por Kolotnytska. Después de aquello no se separó más del líder libio.

Según algunas informaciones, al menos cuatro enfermeras de nacionalidad ucraniana forman parte de la corte sanitaria del dictador. «Por alguna razón, él [Gadafi] no confía en las mujeres libias para esta función», aseguró la hija de Galina.

¿Le habrá roto a Gadafi el corazón la marcha de su enfermera de cabecera? El pasado noviembre, cuando Wikileaks difundió el cable donde se menciona a su madre, Tatiana Kolotnytska salió al paso de la polémica y negó que su progenitora mantuviera relación carnal alguna con el líder libio. «¿Mi madre, amante de Gadafi? Eso es un desvarío», reaccionó la joven, que se hizo eco de la indignación de su madre ante tales rumores.

«Su trabajo es muy pesado. A veces trabajan a jornada completa. A veces está en casa, llaman y le dicen que tiene que salir en cinco minutos. Muy a menudo van de viaje de servicio y mi madre va con ellos, como parte del cuerpo médico», explicaba la joven hace unos meses. En su relato contaba cómo su madre se veía obligada a veces a vivir durante uno o dos meses en pleno desierto, donde a Gadafi le gusta acampar y descansar con frecuencia. Sobre el dictador libio, Kolotnytska dijo a su hija que «es una persona bondadosa, aunque puede ser exigente cuando lo ve necesario».

Según la revelación de Wikileaks, el Gobierno de Libia fletó en una ocasión un avión privado para trasladar a Kolotnytska hasta Portugal, donde se encontraba descansando el líder libio.

Galina Kolotnytska nació en Brovari, cerca de Kiev, en 1972. Su marido murió en 1992 y hace nueve años se marchó a Libia, como hicieron otros muchos médicos ucranianos que tras la desintegración de la URSS recalaron en este país. Según la radio Vesti FM, muchos de los cientos de médicos ucranianos que trabajan en el país norteafricano (alrededor de medio millar) se resisten a dejar el país hasta no cobrar su salario. Fuentes oficiosas citadas por Komsomolskaya Pravda, cifran en 1.500 euros el sueldo medio (con alojamiento gratuito) que un médico cobra en Libia, país que tradicionalmente carece de este tipo de especialistas.

La hija de Kolotnytska aseguró que gracias a las ayudas económicas que recibe de su madre puede cursar estudios en la facultad de Filología de la Universidad KNU, una de las más prestigiosas de Kiev. Su especialidad: lengua árabe. ¿Consejo de madre?

MAHMOUD AL NAKOU

Una sociedad ni islamista ni tribal

Los luchadores por la libertad, que se han topado con las payasadas brutales, inhumanas y criminales de Gadafi, provienen de todos los sectores de la sociedad libia. El coronel trató de ganarse a algunos libios con la promesa de inmensas riquezas; en una ocasión incluso arrojó materialmente fajos de billetes a la multitud. Sin embargo, el pueblo controla en estos momentos la mayor parte del país y son cada vez más las tribus que reniegan de sus vínculos con el dictador.

Si bien se mantiene el dominio parcial de Gadafi sobre Trípoli, el pueblo se da cuenta ahora de que ya ha rebasado el punto de no retorno: se trata de derrocarlo o morir. También se da cuenta de que los discursos recientes del coronel sacan a la luz a un dictador desesperado que ha perdido el control casi por completo. Una oportunidad como ésta no se les va a volver a presentar.

A lo largo de la semana pasada, una hilera interminable de ex dirigentes del régimen abandonaron a Gadafi y proclamaron su lealtad a la revolución. Muchos hablaron de su repugnancia más absoluta a la orden de disparar a los manifestantes. Una serie de generales apareció ante las cámaras para manifestar que no iba a cumplir las órdenes de utilizar aviones de combate contra los civiles desarmados que se manifestaban.

A pesar del tremendo sacrificio que están ofreciendo todos los días, los libios rechazan de manera rotunda toda intervención extranjera, aunque sea para defenderlos y protegerlos. Gadafi advirtió desde un principio que su derrocamiento reproduciría en Libia el mismo escenario de horror y caos que hoy en día son Irak y Afganistán. Pero el pueblo insiste en que la revolución es exclusivamente suya. Pocas dudas caben de que esta determinación y esta resistencia se inspiran en la transformación del ánimo y el ambiente reinantes en toda la región árabe tras las revueltas de Túnez y Egipto. Este nuevo espíritu se ha generado y se ha alimentado en la región y rechaza toda influencia occidental.

Centenares de miles de libios han estudiado y vivido en Europa y EEUU en las décadas transcurridas desde que se descubrió el petróleo y esos individuos, altamente cualificados, desean unas relaciones productivas, de cooperación y de colaboración con Occidente. Que nadie se confunda, la Libia post-Gadafi va a necesitar vínculos sustanciales con los gobiernos y las empresas de estos países para beneficiarse de su tecnología, conocimientos y técnicas; por otra parte, Occidente necesita nuestras riquezas naturales.

Hasta entonces, la liberación de Libia, calle a calle y ciudad por ciudad, va a continuar sin pausa. Ya hay un cierto número de pueblos y ciudades que han declarado su independencia del régimen de Gadafi y han empezado en serio a trabajar en la gestión de sus asuntos cotidianos. Se han constituido ya comités comunitarios y consejos de ancianos para contribuir a restablecer la vida y la normalidad en previsión de la caída de Trípoli.

El temor expresado por algunos comentaristas internacionales de que Libia caerá en manos de extremistas es totalmente infundado. La naturaleza misma de la sociedad no lo permitirá. No hay duda de que, en lo que se refiere a fe, cultura e identidad, el islamismo cuenta con una poderosa presencia debido a nuestra tradición, pero la violencia y el extremismo no son de aquí. A lo que la mayoría de los libios aspira es más bien al modelo turco de gobierno, donde la ética y los valores islámicos enriquecen los esfuerzos para conseguir la democracia y la justicia.

Occidente debería ver con buenos ojos la transformación de esta región y no debería poner obstáculos a las aspiraciones populares. Nuestra esperanza pasa también por que, una vez que Libia llegue a celebrar sus primeras elecciones libres y justas, el resultado sea plenamente respetado en todo el mundo.

La última intentona de Gadafi es jugar la carta tribal. En sus dos últimos discursos, prometió riquezas y tierras a varios grupos, tratando de utilizar la vieja táctica de dividir para vencer. Pero Libia no es una sociedad tribal. No hay más que fijarse con atención en la revolución para comprobar que nadie se ha querido poner por encima de los jóvenes que conducen al pueblo hacia una Libia libre.

Mahmoud al Nakou es un escritor libio que vive en el Reino Unido.

SALEH AL SHAIBANI / Mascata

Omán se suma a las revueltas

Dos muertos en choques entre policía y manifestantes que exigían reformas políticas

Reuters / EL MUNDO

La primavera árabe extiende sus tentáculos hasta la sultanía de Omán. Ayer, la policía omaní intervino para frenar las protestas que estaban teniendo en las calles y causó la muerte de dos personas.

Los agentes dispararon balas de caucho contra los manifestantes, que pedían reformas políticas, pero que también la habían emprendido contra la policía, arrojándoles piedras. Poco después, prendieron fuego a varios edificios gubernamentales y vehículos.

Los sucesos tuvieron lugar en la localidad de Sohar, uno de los principales centros industriales del país, y causó desconcierto, ya que no se esperaba que hubiera protestas en el tranquilo sultanato. De hecho, la de ayer fue la segunda jornada de manifestaciones.

Más de 2.000 personas se concentraron el pasado fin de semana en una plaza de Sohar, exigiendo reformas políticas, más empleos y mejores salarios antes de que la policía intentara dispersarlos, primero con gases lacrimógenos y a golpe de bastones, y después con balas de caucho.

«Dos personas han muerto después de que la policía disparara conta la multitud», dijo un testigo, que declinó dar su nombre, en Sohar. Una tercera persona se encontraba herida grave.

El sultán Qaboos bin Said lleva cuatro décadas en el poder, ejerciendo de manera absoluta. Los partidos políticos están prohibidos. En un intento de relajar los encrespados ánimos de la población, el sultán remodeló su gabinete el pasado sábado, una semana después de que hubiera una pequeña protesta en la capital, Mascata.

La agencia de noticias estatal de Omán informó de altercados, así como de la destrucción de propiedades públicas y privadas, pero no mencionó ninguna muerte.

Ayer, los manifestantes en Sohar -tras unos choques con las fuerzas de seguridad- se dirigieron a la comisaría de la ciudad con petróleo y cerillas, en un intento de lograr liberar a los detenidos en las protestas del sábado. La policía actuó para detenerles, disparando al aire y arrojando gases lacrimógenos. Al final, los manifestantes se retiraron sin liberar a los detenidos, que se encontraban ya en Mascata.

Los helicópteros sobrevolaron ayer la ciudad de Sohar y testigos señalaron que el ejército había hecho presencia en las calles. «El ejército es neutral. Está en el medio», dijo Mohamed, ciudadano de Sohar.

Las fuerzas de seguridad instalaron controles policiales en la carretera de 200 kilómetros que une Mascata y Sohar. Un portavoz del puerto de Sohar señaló sin embargo que éste se encontraba operando con total normalidad.

Las últimas informaciones precisaban que las protestas habían llegado a una tercera localidad, Salalah, donde un pequeño número de manifestantes llevarían mostrando su descontento con el régimen -con acampada incluida- desde el pasado viernes.

Ahora, sólo queda esperar (o no) más acontecimientos en el sultanato. Por si acaso, sus ricos vecinos del Golfo, alarmados también por lo ocurrido en Bahrein, han empezado a tomar medidas para tener bajo control, y calmadas, a sus respectivas poblaciones.

ARITZ PARRA / Shanghai

La policía china sofoca las protestas

Fracasa el segundo intento de emular las movilizaciones de los países árabes

Especial para EL MUNDO

El segundo intento de emular en China las revoluciones árabes resultó ayer literalmente barrido por una contundente presencia policial y los camiones del servicio de limpieza de Shanghai. Los silbatos y empujones de los primeros y el agua a presión de los segundos lograron dispersar en apenas una hora a cientos de ciudadanos congregados frente a un céntrico cine de la metrópoli china, punto de encuentro elegido para «pasearse pacíficamente» en contra del Gobierno a modo de protesta.

Tomando el testigo del Movimiento Democrático de Tiananmen, la llamada anónima a la acción se difundió por internet desde el extranjero. Apela al descontento social por temas como la degradación medioambiental, la brecha social, la corrupción o las expropiaciones.

Tras una primera edición confusa que se saldó con varios detenidos, la convocatoria se ha extendido a 27 ciudades chinas, todos los domingos a la misma hora y en el mismo lugar. Hasta ahora, sin embargo, ha cosechado mayor celo en las autoridades que éxito entre manifestantes. Un centenar de activistas han sido detenidos, interrogados o permanecen vigilados de cerca, según Chinese Human Rights Defenders.

JUAN MANUEL BELLVER / París

Sarkozy vuelve a lavar la cara de su Gobierno

Los vínculos de Alliot-Marie con Ben Ali desencadenan la crisis

Corresponsal

Alain Juppé se ha convertido en el nuevo bombero del Elíseo. El veterano ex primer ministro y alcalde de Burdeos está viviendo una segunda juventud desde que se integró en el Gobierno de Fillon el pasado 14 de noviembre. Entonces le tocó en suerte la cartera de Defensa. A partir de hoy, es el nuevo jefe de la diplomacia francesa, después de que Nicolas Sarkozy aceptara ayer la dimisión de Michèle Alliot-Marie.

«El mejor de entre nosotros», como gustaba llamarle su antiguo mentor, Jacques Chirac, ha logrado en sólo tres meses hacerse imprescindible para el actual presidente de la República, que desde hace varias semanas le consulta todo sobre política exterior. A los 65 años, Juppé es un superviviente que ha conocido el triunfo y la derrota, el olvido y la regeneración, además de haber pasado por al menos cuatro ministerios. De hecho, ya fue titular de Asuntos Exteriores entre 1993 y 1995. Así que sabe lo que se trae entre manos. Su designación al frente del Quai d'Orsay le confirma ahora como el más sólido pilar del binomio Sarkozy-Fillon y como el número dos de facto del Gabinete.

Por la puerta de atrás sale Alliot-Marie, muy tocada tras su pésima gestión de la crisis tunecina. De poco sirve todo el tiempo que ha ejercido como ministra a las órdenes de distintos jefes de Gobierno y presidentes: primero en Defensa, luego en Interior, después en Justicia, recientemente en Exteriores... A la flemática dama, este último destino le ha chafado una carrera hasta la fecha bastante irreprochable.

«Hace nueve años que sirvo a nuestro país con alegría y orgullo. Me he esforzado en cumplir dicha tarea de acuerdo a unas altas exigencias de legalidad, dignidad, ética y lealtad. Desde hace algunas semanas, soy el objetivo de ataques políticos y mediáticos basados en medias verdades, que han tratado de debilitarme y han afectado incluso a mi familia. No puedo aceptar que me usen como arma para dar una imagen degradada de la política internacional francesa. Aunque creo firmemente que no he cometido ninguna falta, he decidido dimitir para no perjudicar a mi Gobierno y a mi país». Éste es el resumen de su carta de dimisión, hecha pública ayer por la tarde y difundida en internet.

Cambiar dos veces de titular de Exteriores en apenas cuatro meses no dice mucho de la diplomacia gala. Lo saben los analistas políticos, lo denuncia oportunamente la oposición y lo asume el partido gubernamental UMP. Pero no había más remedio, después de que Alliot-Marie tropezara repetidas veces con la revolución tunecina.

¿A quién se le ocurre ofrecer al Gobierno del tirano Ben Ali el savoir faire de la policía francesa para sofocar las movilizaciones ciudadanas? ¿No intuyó lo que se fraguaba en Túnez cuando pasó allí sus últimas vacaciones navideñas junto a su compañero, el también ministro Patrick Ollier, dejándose invitar por Aziz Miled? ¿Y los negocios de sus padres con este empresario afín a Ben Ali? ¿Son trigo limpio? Demasiadas torpezas, demasiado seguidas.

«Necesitamos una política exterior sólida. Estamos viviendo un cambio histórico al que no debemos tener miedo», dijo Sarkozy sobre su 10º reajuste ministerial. El traslado de Juppé ha generado un efecto dominó. Al nuevo jefe de la diplomacia le reemplaza Gérard Longuet, mientras que el secretario general del Elíseo, Claude Guéant, toma posesión en Interior y el titular de ese departamento, Brice Hortefeux, pasa a ser consejero político del presidente.

OORBYT.es

>Análisis de Juan Manuel Bellver.

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