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domingo 27 de febrero de 2011

PRIMAVERA REVOLUCIONARIA EN ORIENTE PRÓXIMO: Los rebeldes controlan ya la mayor parte del petróleo libio/ Gadafi domina sólo el 15% del país




ANA ROMERO / Al Subiya (Kuwait)
Enviada especial

Un rey demócrata en la corte de los autócratas

Don Juan Carlos ratifica en Kuwait su papel de 'interlocutor privilegiado', según Exteriores

Zapatero embustero

El Rey de España celebró ayer junto a su amigo personal, el octogenario jeque Sabah al Ahmed Sabah, la liberación de este pequeño y rico emirato invadido por Sadam Husein hace 20 años.

Don Juan Carlos, el representante occidental de mayor rango en el llamado Desfile de la Lealtad, estuvo acompañado por una docena de monarcas absolutos y presidentes árabes de estados no democráticos, como el sirio Bashar el Hassad.

Así, en esta autopista en medio del desierto entre Irak y Kuwait City, el Rey confirmó su condición de «interlocutor privilegiado» entre el mundo occidental y el árabe, según fuentes oficiales.Sigue en pág. 4

Don Juan Carlos ocupó el lugar más destacado de la ceremonia: a la derecha del emir de Kuwait. Lo hizo, según las mismas fuentes, por ser el jefe de Estado que más tiempo lleva en el poder. Un lugar prominente fue otorgado también al rey de Bahrein, Hamad bin Isa al Jalifa, el único monarca del Golfo Pérsico que, de momento, se enfrenta a continuas protestas como las ocurridas en Túnez, Egipto y Libia.

El autoproclamado en 2002 rey Hamad apenas estuvo unas horas en Kuwait y regresó de inmediato su isla-Estado, donde siete personas han sido asesinadas a tiros por la policía en la ya famosa Plaza de la Perla. Según fuentes diplomáticas europeas, el asediado rey de Bahrein ha querido enviar un mensaje de estabilidad con su presencia en Kuwait. La familia Jalifa, perteneciente a la minoría suní, gobierna sobre una mayoría chií que viene pidiendo mejoras políticas y económicas sin éxito desde 1996.

El objetivo de Don Juan Carlos en Kuwait fue doble: apoyar la estabilidad política en esta parte del mundo a través de la celebración, también, del 50 aniversario de la independencia de Kuwait, y potenciar las relaciones económicas y energéticas entre la zona con España en un tiempo de especial turbulencia, tanto por las revueltas árabes como por la crisis económica en Europa.

A partir de hoy, la diplomacia española pasa ese mismo testigo al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que visitará Qatar y Emiratos Arabes Unidos. Todos estos pequeños países con regímenes absolutistas en el Golfo tienen unas rentas per cápita más altas que España -en el caso de Qatar, 120.000 frente a 33.000 dólares- gracias al petróleo y al gas.

No asistieron, aunque habían aceptado la invitación, los reyes de Marruecos, Mohammed VI, y de Jordania, Abdula II. El pasado agosto, Don Juan Carlos zanjó la última crisis diplomática entre Madrid y Rabat tras las tensiones en la frontera de Melilla con una conversación telefónica con el soberano alauí. Entonces acordaron celebrar una reunión, para la que todavía no hay fecha, en el futuro inmediato. El único representante marroquí en Kuwait fue Abdelaziz Radi, presidente del Parlamento del país magrebí. Sí acudió otro monarca más desconocido, el joven Jigme Khesar V Wangchuk de Bután. El soberano, de apenas 30 años, sustituyó a su padre hace tres años al frente de este pequeño y pobre país incrustado en las montañas del Himalaya.

Don Juan Carlos llegó al polvoriento lugar del desfile en un coche blindado. Con él iba el jeque Salem al Jaber al Sabah, ex embajador de Kuwait en España y ahora uno de los consejeros más importantes de su primo el emir. Le seguían dos vehículos con fuerzas especiales de asalto. Aunque Kuwait está tranquilo, con apenas unas revueltas de los bidun (apátridas), se nota el nerviosismo y las medidas de seguridad son más altas de las habituales en esta zona. Detrás del Rey, la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez.

Hubo que esperar casi dos horas antes de que empezara el acto. Durante ese tiempo, reyes, emires, presidentes -Nepal, Níger, Pakistán, Honduras, Irak, Bangladesh, Rumania, Turquía y Líbano- y príncipes -el heredero de Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed al Nayhan y uno de Arabia Saudí, Naif al Saud, ministro también del Interior- conversaron con los miembros de las 56 delegaciones bajo una jaima instalada detrás de las poltronas.

El Rey pasó más tiempo con James Baker, el ex secretario de Estado de George Bush padre, y también con la ministra de Asuntos Exteriores de Francia, Michèlle Alliot-Marie, cuyo puesto pende de un hilo tras el escándalo de su viaje de vacaciones navideñas a Túnez en plenas revueltas. También le dedicó más atención al presidente sirio Al Hassad.

El único encuentro bilateral que mantuvo ayer fue con el presidente de Alemania, Christopher Wulff. Hoy por la mañana tiene una entrevista concertada con el presidente turco, Abdula Gül. La gobernadora general de Australia, Quentin Bryce, ha pedido también una cita con el Rey antes de su regreso a España, donde está previsto que llegue esta tarde-noche. El presidente Wulff no acudió al desfile, pero sí estuvo en el espectáculo musical y en la cena oficial. Sólo otro jefe de Estado europeo, el rumano Traian Basescu, acudió al acto, que duró aproximadamente dos horas. Durante ese tiempo desfilaron tropas representativas de los 32 países que participaron en la operación Tormenta del Desierto. También hubo aviones, carros de combate, tanques y los famosos misiles americanos Patriot que hicieron frente a los Scud iraquíes. No faltó la bandera española, que desfiló al principio junto al resto de enseñas de la coalición. Aunque España no participó directamente en la liberación de Kuwait, sí envió dos fragatas a vigilar el paso por el canal de Suez.

Caras del pasado, hubo algunas. Sobre todo, las de los ex primeros ministros británicos John Major y Tony Blair. Tanto Major como Blair se dedican ahora a hacer negocios por todo el mundo, y mantienen unos lazos especialmente estrechos con las monarquías del Golfo. Precisamente, Blair está recibiendo duras críticas en el Reino Unido por su relación con el todavía líder libio Muamar el Gadafi.

OORBYT.es

>Vea hoy, en EL MUNDO, en Orbyt el análisis de Ana Romero.

FELIPE SAHAGÚN

Un ejemplo para los reinos árabes

«Tres españoles -el Rey Juan Carlos, Javier Solana y Miguel Ángel Moratinos- tienen influencia suficiente para levantar el teléfono y que se les ponga cualquier dirigente árabe, incluido el monarca saudí», me decía un ministro de Exteriores árabe hace dos años. Sólo uno, el Rey, sigue en su puesto, ejerciendo de primer embajador de España como el más alto representante del Estado en las relaciones internacionales, de acuerdo con el artículo 56 de la Constitución.

Aunque ese artículo menciona expresamente el ámbito iberoamericano, por los lazos históricos, culturales y financieros con Iberoamérica, ha sido el norte de África y Oriente Medio donde más eficaz ha resultado la función del Rey como mediador y moderador en defensa de España y de sus aliados.

Esa labor, siempre callada y mal conocida, con frecuencia desaprovechada por los presidentes que han ocupado La Moncloa, ha sido especialmente útil en los momentos más conflictivos, como la normalización de relaciones con Israel en 1986, la guerra del Golfo en 1991 y la invasión de Irak en 2003.

La revolución árabe, que desde el 14 de enero se ha llevado por delante a dos presidentes -el tunecino y el egipcio- y está a punto de acabar con la dictadura más longeva y represiva de la región, la libia de Gadafi, es otra situación excepcional en la que el rey español está siendo, otra vez, un interlocutor privilegiado entre las monarquías árabes y las grandes potencias occidentales.

Así lo reconoció ayer el emir de Kuwait, Sabah al Ahmed al Sabah, al sentar a su derecha a Don Juan Carlos en el desfile de Sabiya, entre la capital kuwaití y la frontera iraquí, para celebrar tres aniversarios: el vigésimo de la invasión iraquí, el quincuagésimo de la independencia del Reino Unido y el quinto de la coronación del actual emir.

Los festejos y los encuentros con los monarcas de Marruecos, Mohamed VI; de Jordania, Abdala II, y de Bahrein, Hamad Bin Isa Al-Jalifa, el más aplaudido -supongo que por ser ahora el más acosado por el tsunami revolucionario que golpea a toda la región-, quedaron ensombrecidos por la oleada de protestas, el temor al contagio y sus efectos en el precio del petróleo.

La monarquía de Bahrein está siendo la más amenazada, pero la jordana está sometida a presiones muy fuertes para que ceda algunos de sus poderes principales y muchos se preguntan cuánto tiempo falta para que Arabia Saudí y Marruecos, las más importantes, se encuentren igual o peor.

En 1979, días después de la caída del Sha, cayó en mis manos un informe reservado de los servicios secretos estadounidenses que daba un año de vida a las tres monarquías supervivientes a finales de los 70 en el llamado arco de la crisis, que va de Mauritania a Afganistán. Ahí siguen. Teniendo en cuenta el fracaso de los principales servicios de información del mundo para detectar el triunfo de Jomeini, la derrota de la URSS en Afganistán, la caída del Muro de Berlín, la invasión iraquí de Kuwait, el 11-S, la guerra alquilada contra los talibán en 2001 y la invasión ciega de Irak en 2003, hacer futurología sobre las monarquías marroquí, jordana y saudí es perder el tiempo.

Kuwait se ha adelantado con elecciones semilibres, Arabia Saudí ha aprobado 36.000 millones de dólares en aumentos salariales y subsidios, y Jordania ha cambiado de Gobierno y ha prometido nuevas reformas. Todas las Casas Reales árabes necesitan reformas constitucionales y pocos reyes del mundo tienen más experiencia en ese arte que el español.

Desde su acceso al Trono, el rey Juan Carlos ha cultivado unas relaciones de familia nada fáciles con los reyes de esos países, con frecuencia por encima de los Gobiernos respectivos. Ese vínculo le convierte, en momentos tan delicados como estos, en un amigo especialmente valioso.

No es fácil medir ese valor, pero se puede comparar al que ejercían al final de la dictadura franquista los dirigentes de las democracias occidentales cuando aparecían ante las cámaras al lado de los españoles.

Cuando, desde Marruecos a Bahrein pasando por Egipto y Jordania, los líderes de la oposición reclaman en la calle árabe libertad, democracia y respeto de los derechos humanos, citando los modelos monárquicos constitucionales de España y del Reino Unido como ejemplos para ellos, ¿qué mejor imagen que la de Juan Carlos a su lado? Lo difícil será pasar de la imagen a la realidad.

El monarca español necesitará sus mejores conocimientos para navegar sin accidentes entre su amistad con los monarcas autoritarios árabes, la defensa de los intereses de España (petróleo, gas y lucha antiterrorista) y el golpe de timón del Gobierno, apuntado a última hora, como los demás Gobiernos occidentales, a la causa democrática en la zona, una bandera que siempre ignoraron en aras de la realpolitik.

JAVIER ESPINOSA
Brega (Libia)

Los rebeldes controlan ya la mayor parte del petróleo libio

Dominan ya el 77% de la capacidad de exportación del país / Arrasan las efigies del dictador en Brega y echan a sus fieles / Obama: 'Gadafi debe marcharse ahora'

Zapatero embustero

El complejo petrolero de Brega solía estar plagado de enormes carteles con el rostro de Muamar Gadafi. La furia popular acabó con ellos el día 20. De uno solo queda el repetitivo puño en alto que suele alzar el coronel libio. De otro permanece el simbólico signo de la victoria que hacía con los dedos.

La desaparición de la iconografía que rendía culto al disparatado dirigente se concretó la misma jornada en la que la estratégica instalación de Brega pasó a ser controlada por el movimiento revolucionario que pretende acabar con 42 años de dictadura. Ahora los rebeldes gestionan casi el 77% de las exportaciones de crudo libias, según la estimación que realizó la firma Stratfor. Sigue en página 24

Editorial en página 3

Enviado especial

El control de la terminal petrolera de Brega se suma al de otros enclaves del llamado Golfo de Sidra, como Tobruk, y constituye un nuevo quebranto para Gadafi.

El camino que conduce desde Bengasi hasta la mencionada localidad -dos horas de carretera- pasa por la ciudad de Ajbadiya, que también pasó a manos de los alzados el lunes. La entrada de la población está custodiada por un grupo de milicianos que ha adoptado el look de Che Guevara, que ha puesto de moda la revuelta popular en el área de Bengasi, después de que los chavales se apropiaran de todo un cargamento de boinas militares.

La plaza central de Brega está tomada por los manifestantes, que acampan en varias tiendas de campaña. Han colgado un monigote de una de las farolas para no dejar dudas sobre la suerte que le desean a Gadafi. Según refieren jóvenes como Mohamed Hamed o Abdala Faraj, la suerte de la localidad se decidió -como en otras muchas ciudades- tras un asalto de la multitud contra el principal cuartel del lugar, después de que se quemaran todos y cada uno de los edificios que representaban el poder del régimen.

«Murieron tres personas y decenas quedaron heridas. No teníamos armas, sólo atacábamos con cócteles molotov y piedras, pero el general que mandaba las fuerzas de Gadafi decidió huir el domingo a media noche. Formaron un convoy que iba disparando a su paso», indica Faraj, armado con un AK-47.

La ruta hasta Brega se encuentra asegurada por los militantes de la rebelión, pero el propio Faraj reconoce que en esta zona todavía reina la incertidumbre ante la cercanía relativa de Sirte, la ciudad natal de Gadafi y uno de sus últimos baluartes. «Hay mucha confusión en torno a quien controla Ras Lanuf [donde se encuentra ubicada la principal refinería del país]. Está en manos de la revolución, pero las tropas de Gadafi están muy cerca», precisa.

El mismo director de Brega, Fathi Isa, reconoce que el complejo dedicado a la exportación principalmente de crudo y gas natural se encuentra «en el borde» de las regiones que se disputan ambas facciones.

Isa deja clara cuál es la situación en Brega. «Estamos con la revolución. Estamos apoyando el cambio y lo hacemos manteniendo el funcionamiento de esta instalación para evitar que el país se hunda. El petróleo no pertenece a un régimen en concreto, sino al pueblo libio».

El funcionario, que lleva desde 1985 en este lugar, admite sin embargo que, más que unirse a la revolución, fue la propia revuelta la que se trasladó hasta Brega y les obligó a ello. El domingo por la noche cientos de residentes de la ciudad irrumpieron en el recinto arrancando los carteles de Gadafi y asaltando la sede de las fuerzas de seguridad.

La turba arrasó la pequeña edificación. Hay muebles tirados en la calle, junto a ejemplares del incongruente Libro Verde donde Gadafi resumió todos sus desvaríos. «Libia libre», han garabateado sobre uno de los paneles cercanos. Ante la presencia de las cámaras, un grupo de chavales decide mostrar la animadversión que guardan hacia quien fuera su líder supremo escupiendo y después quemando una fotografía del mismo. «La población llegó el domingo por la noche y acordó proteger el complejo junto a los guardias de seguridad», explica el director.

La mayoría de los 600 empleados extranjeros y los miles de libios -en el complejo y en los pozos petrolíferos que lo abastecen trabajaban 6.000 personas- han huido de las instalaciones, que ahora parecen un emplazamiento casi abandonado. La revolución no ha dañado Brega, pero un conflicto duradero sí podría hacerlo, ya que la exportación de crudo se ha reducido al mínimo. Una tónica general en todo el país, cuya producción -en torno a 1,6 millones de barriles al día- podría haber menguado hasta un 75%, según Reuters. La parálisis de las exportaciones no sólo amenaza con desestabilizar el mercado mundial, sino la misma economía del país, que depende en gran medida de los millones de dólares que reporta este sector.

«La extracción en los pozos no se ha detenido, pero está en un nivel mínimo. Hemos pasado de exportar 90.000 barriles diarios a 11.000. El problema es que no hay barcos que quieran venir a cargar crudo y no podemos seguir sacando petróleo, porque se acumularía en nuestros tanques y en esta situación resulta demasiado peligroso», observa el máximo responsable de Brega.

Su principal asesor, Ahmed Jecksi, aclara que «cualquier explosión aquí provocaría una tragedia. Esto está lleno de gas, metanol, petróleo... Por eso han huido los empleados, porque se corrió el rumor de que Gadafi iba a bombardear el lugar». Los últimos remanentes de los cientos de trabajadores foráneos -24 británicos y otro pequeño grupo de otras nacionalidades- se disponían ayer a evacuar el lugar.

Es la segunda vez en la que estas instalaciones de Brega se ven afectadas por circunstancias ajenas a su desempeño. La primera fue en la década de los 80, cuando las turbulentas relaciones entre Washington y Trípoli acabaron con la presencia de las firmas norteamericanas que habían establecido este complejo. «Refinería desde 1963», reza el mensaje en inglés que recuerda a los primeros gestores del complejo.

«Esto es una gran familia», asegura Jecksi, que lleva 41 años trabajando en Brega. «Tenemos que preservarla, porque si no el país moriría».

OORBYT.es

>Videonálisis de Javier Espinosa.

CARLOS FRESNEDA / Nueva York

Obama pide a Gadafi que deje el poder porque está deslegitimado

El Consejo de Seguridad de la ONU le sanciona, pero suaviza una resolución de condena

Zapatero embustero

Dolor entre la esperanza. Los acontecimientos que se están sucediendo desde el pasado día 17 en Libia arrojan esperanza para muchos y dolor para otros. En este último caso, sólo hay que contemplar la fotografía superior, donde una madre muestra su pena y desolación ante la tumba de su hijo, Salem al Moqlah, fallecido en los disturbios que concluyeron con la liberación de Bengasi y la toma del poder de la ciudad por parte de comités populares. Estos comités y sus seguidores son los que encarnan la ilusión por una nueva Libia, lejos de las garras del dictador. Ayer, un miembro del gobierno provisional de Bengasi sentenciaba: «El final de Muamar Gadafi llegará en los próximos días».

Corresponsal

Barack Obama aseguró ayer que Muamar Gadafi «ha perdido la legitimidad para gobernar» y pidió expresamente al líder libio que «deje el poder ahora». El presidente de EEUU se anticipó apenas cinco horas a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que impone el embargo de armas y sanciones económicas contra el Gobierno de Libia, al tiempo que deja abierta la posibilidad de llevar a Gadafi y a sus subordinados ante el Tribunal Penal Internacional (TPI).

Obama abrió fuego, tras una conversación telefónica con la canciller alemana Angela Merkel, calificando al líder libio como «una amenaza inusual y extraordinaria contra la seguridad y la política exterior de EEUU». La embajadora norteamericana en la ONU, Susan Rice, le tomó la palabra tras la resolución aprobada por unanimidad en el Consejo de Seguridad: «Se trata de una clara advertencia al Gobierno libio para que pare la matanza. Quienes asesinen a civiles tendrán que rendir cuenta personalmente».

La resolución, auspiciada por Francia y Gran Bretaña, fue «suavizada» a última hora para eliminar la posibilidad de una intervención militar y evitar referencias muy concretas a posibles «crímenes contra la Humanidad» cometidos por el líder libio. Estados Unidos, Rusia y China (los otros tres miembros permanentes y con derecho a veto en el Consejo), pusieron objeciones a una mención directa del TPI, al igual que Brasil y Portugal.

La referencia a los «crímenes de lesa humanidad» -usada en una ocasión anterior contra el presidente sudanés Omar Hasan al Bashir por el genocidio en Darfur- provocó pues más fisuras de los que se esperaba en la reunión, un día después de que el propio embajador libio en la ONU Mohamed Shalgam comparara a Gadafi con Hitler y Mussolini.

«'O permitís que mande yo, o vais a morir': ése el mensaje de Gadafi al pueblo libio», dijo Shalgam en una emotiva intervención durante las deliberaciones previas del Consejo. «Desde aquí le pido al hermano Gadafi que deje al pueblo libio en paz. Lo único que quieren es libertad y democracia, y han reclamado sus derechos sin lanzar una piedra, de una manera pacífica». «Por favor, no permitan la matanza de inocentes», fue la súplica de Shalgam (que hasta hace unos días seguía llamado a Gadafi «mi amigo»), antes de romper a llorar y fundirse en un abrazo con el embajador adjunto, Ibrahim Dabbashi, el primero en romper filas esta misma semana con el presidente libio.

«Espero que en cuestión de horas, y no de días, puedan hacer algo tangible», dijo Shalgam, secundado poco después por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que pidió «acciones concretas». En líneas generales, y excluyendo la mención a los crímenes de lesa humanidad, la resolución avanzaba por el camino desgranado la noche anterior por Obama, cuando firmó un decreto para congelar todas las cuentas y activos de Gadafi, sus hijos y «toda persona responsable o cómplice de haber ordenado, controlado, dirigido o participado en las violaciones de los derechos humanos» en Libia.

«Estamos avanzando las negociaciones a la velocidad de un terremoto», anunció el embajador francés, Gerard Araud, que reconoció los problemas causados por la referencia al TPI. El embajador británico, Mark Lyall Grant, afirmó que existía un amplio acuerdo en los puntos principales del borrador y expresó su confianza en un voto unánime. El Consejo desestimó de entrada la petición del embajador adjunto de Libia, Ibrahim Dabbashi, para decretar una «zona de exclusión aérea» en todo el país para proteger a los enclaves rebeldes de las fuerzas leales a Gadafi.

FRANCISCO CARRIÓN / El Cairo

Una complicada primavera árabe a la que le llevará tiempo brotar

Los ciudadanos de Bahrein, Yemen, Egipto y Jordania siguen echándose a las calles

Especial para EL MUNDO

La primavera árabe tardará en brotar. Necesita salvar viejas resistencias, echar raíces y definir la hoja de ruta sin descuidar el tempo. En Yemen se enfrenta a un presidente que trata de acallar el grito a golpes. En Bahrein y Jordania ha desembocado en un rosario de jornadas de pancartas y manifiestos que obliga a sus regímenes a abrir las primeras ventanas. Un aire fresco que corre ya por Egipto pero no a la velocidad exigida por sus inquilinos, que empiezan a desesperarse por la lentitud de la fotosíntesis democrática que cocina la Junta Militar.

Con similar ceremonia, los habitantes de estos cuatro países tomaron el viernes la calle. En El Cairo, el gentío se volvió a citar en la Plaza de Tahrir, talismán de un triunfo que tardó 18 días. Decepcionados con la tímida remodelación del gabinete, el pueblo amenazó con liquidar su romance con los uniformados y acampar en Tahrir hasta que sus plegarias fueran escuchadas. Pero no hubo tiempo. A la una y media de la madrugada de ayer, la policía militar abortó la tentativa con golpes y arrestos. «Hay una crisis de confianza entre el pueblo y las fuerzas armadas porque el gobierno de transición integra a caras del régimen de Mubarak, entre ellas [el primer ministro] Ahmed Shafiq», señaló a EL MUNDO Osama Farid, miembro de los Hermanos Musulmanes.

Se avecina una primavera compleja en la tierra de los faraones. El comité de reformas constitucionales debe publicar en los próximos días sus enmiendas y el ejército se ha comprometido a entregar el poder a una autoridad civil en seis meses coincidiendo con la celebración de elecciones libres y justas. Consciente del trabajo pendiente, la Junta Militar se limitó ayer a negar que hubiera dado órdenes a la Policía Militar para agredir a los manifestantes y tildó de «roces no intencionados» los incidentes. En una nota publicada en la red social Facebook, las fuerzas armadas comunicaron la «liberación inmediata» de los detenidos y alertaron de la presencia de «elementos infiltrados» interesados en generar «divisiones entre la revolución y el ejército».

Lejos de los interrogantes egipcios y enfrascados aún en las revueltas, Bahrein y Yemen mantienen encendida la llama revolucionaria en el Golfo Pérsico. En el pequeño emirato bahreiní, la centenaria monarquía suní de Hamad ben Isa Al Jalifa anunció una remodelación del Gobierno en la que cinco ministros cambian de funciones pero se mantienen en el gabinete. Este intento sui géneris de cambiar para que nada cambie coincidió con el esperado regreso desde el exilio del líder de la oposición chií Hasan Mushaimaa. El político, que encabezó desde Londres el movimiento Haq y fue juzgado en Bahrein por supuesta participación en un complot, no fue detenido a su llegada al aeropuerto de Manama en lo que muchos consideran un gesto gubernamental para rebajar la tensión. «Queremos una Constitución real», declaró el opositor, decidido a «sentarse y hablar con la gente de la plaza» de la Perla, que el viernes protagonizó una de las manifestaciones más multitudinarias desde el inicio de las revueltas el pasado 13 de febrero. Su grito pide la liberalización del sistema político, del que la mayoría chií se siente excluida. La semana pasada las manifestaciones acabaron con la vida de siete personas. Presionado por Occidente, con fuertes intereses en este enclave estratégico, el monarca cedió y se comprometió a permitir protestas pacíficas y ofrecer un diálogo nacional que aún no se ha iniciado.

En cambio, la represión gubernamental triunfa en la ciudad yemení de Adén. El parte médico hecho público ayer cifró en siete los fallecidos en las manifestaciones del viernes mientras medio centenar de personas resultaron heridas. Desde el 27 de enero, primera jornada de revueltas contra el presidente Ali Abdulá Saleh, han perecido 24 personas. Ayer, Saleh, aliado de Estados Unidos y azote de los grupos terroristas inspirados en Al Qaeda, no modificó ni un ápice su discurso y reiteró la mano dura. «Confiamos en que nuestro pueblo y su gran institución nacional [ejército y policía] aborten cualquier complot», señaló.

Mientras, el termómetro sube de temperatura en Jordania. La capital lleva ocho viernes consecutivos siendo testigo de las proclamas de miles de vecinos. Veloz, el rey Abdalá II destituyó al primer ministro y prometió reformas. En las postrimerías del mes, la oposición, crecida por el éxito de convocatoria, alertó al Gobierno de que «alzará el tono». El Frente de Acción Islámica, principal partido de la oposición, apuntó que «el régimen debe comprender que las reformas son la única vía para su supervivencia y cuanto más tarden, más aumentarán las demandas».

JACK SHENKER / El Cairo

Los jóvenes saudíes fraguan su 'Día de la Ira'

Un grupo de intelectuales pide al rey que escuche a las nuevas generaciones

The Guardian / EL MUNDO

Zapatero embustero

Gestos de gran generosidad pero puramente económicos no sirven como sustitución de reformas políticas de envergadura. Ése es el mensaje que han lanzado prominentes intelectuales de Arabia Saudí al rey Abdulá, después de que el monarca diera a conocer un paquete de medidas sociales de unos 26.000 millones de euros con el objetivo de frenar las protestas que se preparan contra el Gobierno para el mes que viene.

En una declaración difundida esta semana, varios pensadores islámicos -incluidos un poeta y una mujer- hicieron un llamamiento a la familia real a que tome nota de los recientes levantamientos populares en Oriente Próximo y en el norte de África. Los intelectuales saudíes instaron a Abdulá a que empiece a escuchar las voces de las jóvenes generaciones, privadas de todo tipo de derechos y libertades. Algunos estudiantes ya están preparando un Día de la Ira para el 11 de marzo.

«El régimen saudí está tomando nota de todas las lecciones de Egipto y Túnez», asegura Shadi Hamid, director de investigación del Centro Brookings de Doha. «El malestar en la zona no es fundamentalmente económico, sino que tiene que ver sobre todo con la política. La economía juega su papel, pero lo que los acontecimientos de los últimos meses nos han mostrado es que los árabes andan en busca de libertad, dignidad y democracia y que, si los dirigentes saudíes no son capaces de verlo así, entonces van a tener problemas», añade el analista.

El anciano monarca de Arabia Saudí, de 86 años de edad, regresó al país esta semana después de tres meses en un hospital en el extranjero y anunció de inmediato un amplio paquete de medidas sociales. Entre otras, nuevas subvenciones a la educación y a la vivienda, la creación de 1.200 puestos de trabajo y un aumento salarial del 15% para todos los funcionarios del Ejecutivo. Sin embargo, la mayoría de los analistas cree que Abdulá -que prometió una reforma política de gran calado cuando ascendió al trono en 2005 pero que hizo muy pocos esfuerzos por enfrentarse al vigente statu quo político- tiene una idea equivocada de las reivindicaciones de la población. «Estamos observando falta de visión de los dirigentes saudíes en estos momentos», explica Hamid: «Están tratando de comprar a la gente para que se esté quieta. Eso es cínico y predecible, y no tiene por qué funcionar».

A pesar de su riqueza petrolera, en Arabia Saudí coinciden muchas de las características demográficas subyacentes que contribuyeron a prender la mecha de la sublevación popular en otras naciones árabes. Cerca de la mitad de la población es menor de 18 años y -a diferencia de otros estados del Golfo, algunos de los cuales pueden presumir de pleno empleo- el 40% de los ciudadanos de 20 a 24 años está sin trabajo.

Hasta el momento, el anuncio de un día de protesta para el mes que viene, difundido a través de Facebook, se recibió con un entusiasmo más bien escaso; si los llamamientos similares en Egipto y Túnez reclutaron a decenas de miles de seguidores, tan sólo unos pocos centenares de personas accedieron a la página web saudí. Sin embargo, algunos analistas estiman que hasta 20 de los 27 millones de habitantes del reino se sienten peligrosamente distanciados del Estado, lo que representa un peligro para el régimen.

«En Arabia Saudí existe desde hace décadas una corriente subterránea de descontento y de malestar hacia el Gobierno; siempre hubo burbujas bajo la superficie», indica Hamid: «La incógnita es cuándo va a explotar todo».

No obstante, el experto del Centro Brookings de Doha explica que los llamamientos a una revisión general de la monarquía no tienen muchas posibilidades de prosperar: «Hay dos modelos de cambio en la región: uno es el derrocamiento de los regímenes de Egipto, Túnez y Libia; el otro es el de Marruecos y Jordania, de pasar de una monarquía absoluta a una constitucional, que también es aplicable a Arabia Saudí. No creo que haya un deseo vehemente de ruptura total con el sistema».

Argel

La policía impide por la fuerza una protesta en Argel

Los manifestantes pretendían exigir cambios en el régimen de Buteflika

Zapatero embustero

Varios centenares de agentes policiales impidieron ayer, de nuevo y por la fuerza, el arranque de una manifestación en el centro de Argel, con la que se iba a pedir cambios en el régimen argelino y que había sido convocada por el opositor Reagrupación por la Cultura y la Democracia (RCD).

Cerca de un centenar de personas intentaron concentrarse en la Plaza de los Mártires, punto de arranque de la manifestación, una hora antes de su inicio, pero fueron dispersados hacia las calles adyacentes por las fuerzas policiales.

La de ayer fue la primera manifestación que se produce en la capital desde que el pasado jueves el presidente del país, Abdelaziz Buteflika, levantase oficialmente el estado de excepción vigente en Argelia desde hace 19 años.

Un diputado del RCD resultó herido tras caer al suelo por los empujones de la policía a los manifestantes, que intentaban reunirse en la Plaza de los Mártires, junto a la bahía de Argel. El parlamentario fue evacuado en camilla y trasladado al hospital en una ambulancia, según informa la agencia Efe.

Toda la plaza estaba tomada por la policía, que instaló barreras de hierro y alambre de espino en torno a la misma e impidió el acceso de cualquier ciudadano.

A cada tentativa de concentrarse en una calle adyacente, los manifestantes fueron dispersados por decenas de agentes antidisturbios, que les empujaron con sus escudos e hicieron ruido con sus porras para amedrentarles.

Entre gritos de «poder asesino», «el pueblo quiere la caída del régimen», «fuera Buteflika» o «Argelia libre y democrática», los manifestantes intentaron reunirse de nuevo en otro lugar.

El secretario general del RCD, Said Saadi, se encaramó durante unos minutos a un vehículo e instó a la gente a continuar manifestándose para «acabar con el estado policial y dictatorial».

Como ha ocurrido en las dos tentativas de protesta de los sábados anteriores, varios jóvenes, en su mayoría adolescentes, se entremezclaron entre los manifestantes, gritando consignas a favor de Buteflika e intentado provocar incidentes, ante la pasividad policial.

Coincidiendo con este suceso, el Gobierno argelino desmintió, «de la manera más categórica», que se haya transportado a Libia a mercenarios a bordo de aviones militares argelinos para apoyar al régimen de Muamar Gadafi.

Un diplomático libio recién dimitido de su cargo en la embajada en Pekín acusó anoche en la televisión árabe Al Yazira al Gobierno de Argelia de utilizar sus aviones militares para llevar a mercenarios a Libia, con el fin de «respaldar el régimen de Gadafi y de asesinar a los manifestantes».

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