e-pesimo Auxiliar 1

Auxiliar1, Auxiliar2, Auxiliar3 y Auxiliar4 son Blogs auxiliares de epesimo y de e-pesimo

Actualización de madrugada

Mi foto
Nombre:
Lugar: Cantabria, Spain

miércoles, 16 de febrero de 2011

FIRMAS (De hoy y de ayer) Federico Jiménez Losantos, Carlos Cuesta, Erasmo, D.Gistau, F.Sánchez Drago, C.G.Abadillo, J.Müller, R.del Pozo, S.González



F. JIMÉNEZ LOSANTOS

Guerra en las cloacas

Zapatero embustero

NO RECUERDO una situación tan escandalosa como la que ahora se vive en el Ministerio del Interior. Y conste que, Roldán y Paesa aparte, hemos pasado de todo. Felipe González dijo sobre el caso GAL: «No hay pruebas ni las habrá». Y cuando las hubo, que la democracia -¿o era el Estado?- «también se defiende en las cloacas». Pero el caso Faisán empieza a superarlo todo. No en muertos, claro, al menos por ahora, pero sí en escándalo. Mucha gente apoyaba entonces la guerra sucia contra ETA, en sí misma guerra sucia. Pero poca gente apoya que desde el propio Ministerio y por órdenes superiores -Rubalcaba, Zapatero o ambos- se avisara a la ETA para que su aparato de extorsión pudiera evitar que lo detuviera la Policía española, dirigida por el juez Grande-Marlaska. Pero así que han pasado cinco años, como en el plúmbeo dramón, la curiosidad intermitente del juez Ruz ha puesto patas arriba al Ministerio y al Gobierno, al vice y al presidente, a la cúpula de confianza de la Policía y a la confianza de la cúpula en que, como dijo Felipe, «no hay pruebas ni las habrá». Ja. Creyeron entonces haberlas borrado. Pero, como entonces, los encargados de borrar la pizarra se llevaron el borrador a casa. Por si las moscas, la Prensa, los de asuntos internos o los jefes políticos que hoy te mandan y mañana te olvidan.

Hacía años que no se producía una reyerta de madrugada en los diarios de Madrid, con revelaciones y contrarrevelaciones de tanto interés y seguramente todas ciertas. Anochecimos con el informe de la Guardia Civil sobre el Faisán, asegurando que los minutos borrados de la cinta de vigilancia lo habían sido deliberadamente y en directo. Antes de medianoche, leímos que el equipo del comisario Carlos Germán, encargado de la investigación, había aportado al juez Ruz imágenes que complementaban la cinta borrada y que llevaban escondidas cinco años. Y antes del amanecer, EL MUNDO revelaba la identidad de una de las estrellas del vídeo de Producciones Rubalcaba, un inspector llamado Ballesteros, como el jefe de la lucha antiterrorista en los años de UCD. Esta guerra en las cloacas acaba de empezar porque, si no recuerdo mal, Carlos G. tiene a su cargo investigaciones internas de tanta entidad como la del caso Malaya, donde, tachán, aparece J.A.G. el superpoli de Rubalcaba, como receptor de 200.000 euros de Roca. Sabemos lo que circula en las cloacas, pero sin alcantarillado no hay civilización.

pedro g. CUARTANGO

La guerra del chacolí y el nacionalismo

LAS PALABRAS nos sirven para etiquetar las cosas. Humpty Dumpty le dice a Alicia en un delicioso diálogo: «Cuando yo uso una palabra significa lo que yo quiero que signifique y nada más».

Esto es lo que ha hecho el Gobierno de Vitoria con el chacolí, un vino ácido con aguja carbónica, que ha inscrito -con la aceptación de la UE- como un producto con denominación de origen en el País Vasco. Ha creado incluso una escuela de chacolí en Zalla y un banco de germoplasma con las variedades de uva de las que se obtiene este vino.

Como si la naturaleza tuviera fronteras, el Gobierno y los productores vascos están dispuestos a entablar acciones judiciales contra quienes pretendan comercializar chacolí que haya sido elaborado fuera de Vizcaya, Álava o Guipúzcoa.

Pero como la realidad muchas veces no tiene nada que ver con las palabras, el chacolí es un vino que se lleva cosechando en Miranda de Ebro, provincia de Burgos, desde los tiempos de Alfonso VI, monarca que en 1099 otorgó el fuero de la villa en la que yo he nacido.

El edicto de Alfonso VI ya recoge la existencia del abundante cultivo de vides en Miranda. De esas vides se sacaba el chacolí, que ha sido un vino mirandés desde hace diez siglos, como existe constancia documental. No voy a aburrir al lector con datos, pero, según señala el historiador mirandés José Luis Montes Lozano, la producción de chacolí en Miranda era de 42.000 cántaras en 1593, año en el que reinaba Felipe II. Esa producción se había elevado al doble a finales del siglo XIX.

En la Exposición Vinícola Nacional de 1877, el chacolí mirandés recibió una mención especial por su calidad. Del chacolí vasco no había entonces ninguna noticia.

A mediados de los años 50, cuando yo nací, había registrados en Miranda 16 establecimientos de chacolí. El más renombrado de ellos era el Chamorro, donde me llevaba mi abuelo. Se decía entonces: «Dos cosas tiene Miranda que relucen más que el oro: las fiestas de San Juan del Monte y el chacolí de Chamorro».

Miranda es la cuna y la capital mundial del chacolí, pero eso no encaja en los esquemas mentales del nacionalismo. Los partidos vascos han decidido que este vino es sólo suyo, aunque haya pruebas documentales e históricas de que el chacolí era cultivado en los prioratos medievales castellanos del Valle de Mena y la Bureba.

Aquí tenemos un nítido ejemplo del afán enfermizo del nacionalismo vasco de apropiarse de aquello que les interesa para forjar una identidad construida a partir de un imaginario que nada tiene que ver con el pasado.

Pero esa manipulación de la realidad se vuelve contra sus propios promotores, que pretenden vasquizar un producto genuinamente castellano, perfecta metáfora de la voluntad expansionista y totalizadora del nacionalismo sabiniano. Puede que las piedras sean cosa suya, pero lo nuestro es el chacolí. Que nos dejen beberlo a gusto.

ERASMO

Hair

'AND GRASS', en los '60. Europa, Mayo parisino, el comunismo libertario y el desquiciado estrabismo político de J. P. Sartre. Mientras: los chicos de 'Hair' arreglaban el mundo follando y su overdose de LSD: creían que la revolución incesante de Leon Trotsky emanaba de la Carta Astral. Tal amanecer: The Age of Aquarius (2.150 años), «la paz guiará los astros» etecé. Qué linces. Ahora, Hair en Barcelona o la imbecilidad como arrebato: no pueden fumar. Mas el asturianÍn Nacho Vegas (¿y esa Rosenvinge?), guaje, mas, más fuerte: fuma en su vídeo y.

SANTIAGO GONZÁLEZ

El mediador unilateral

Brian Currin presentó ayer a su equipo con éxito notable, porque, apenas terminada su rueda de prensa, la portavoz del Gobierno vasco explicaba que no van a precisar de sus servicios y que ni siquiera piensan mantener una reunión con el abogado sudafricano y sus compañeros. Tampoco el Gobierno central parece mucho más entusiasmado que el vasco por las capacidades del mediador. El mismísimo Urkullu parecía echar de menos un poco de discreción hace dos meses: «Todos deberíamos hablar y especular menos sobre ETA, incluidos los mediadores internacionales».

¿A quién representa entonces? Los mundos de la paz son muy propicios para el oxímoron. Pluja seca (Lluvia seca) se titulaba un documental de Lokarri para TV3 a mayor honra y gloria de su maña para los conflictos. Pero, ¿cómo podrá mediar si una de las partes no acepta su ministerio? No importa. Con él nace el mediador unilateral, del que dijo con mucha precisión el vicepresidente Rubalcaba: «El señor Currin parece más bien un mediador entre ETA y Batasuna. Su mediación se limita al campo de la izquierda abertzale».

Debe insistir. Empezar por limar aristas entre EA y Nafarroa Bai, por ejemplo. Después podría intentar la mediación entre el PNV y EA, entre la Ezker Batua post Madrazo y su escindida Alternatiba, que encabeza Oskar Matute, y luego mediar entre los conjuntos resultantes. Currin no puede entender que si de algo tiene excedentes Euskadi es de mediadores y de txistularis. Desde muy antiguo, venían resolviendo la tradicional parquedad del personal autóctono en la lucha de los sexos concertando bodas. Gozó de justa fama un tal Arriaga, de Markina que, amén de casamentero, era ebanista y en el mismo servicio concertaba el himeneo y vendía el ajuar a la feliz pareja. Después vinieron los intermediarios tipo Juan Félix Eriz, que apañaban acuerdos entre los extorsionadores y sus víctimas a cambio de un porqué. De ambos modelos se deriva lo existente: la Fundación Carter que organiza bodas y procesos de paz, y Currin, más parecido a lo de Eriz, levemente más sofisticado.

Brian Currin y sus mediadores creen en la buena voluntad de ETA y animan al Gobierno a legalizar Sortu y revisar la ley antiterrorista y la política penitenciaria para corresponder. Es asombroso el número de portavoces que nos explican en estos días que ETA ya lo ha dejado: los mediadores, batasunos, una juez con mando en plaza, Eguiguren, periodistas, profesores universitarios, sociólogos, nacionalistas de condición variada. Todos hablan de la voluntad de ETA menos la propia ETA, que el pasado noviembre se ratificaba: «Partimos de la base de que la estrategia político militar es incuestionable».

Han pasado ya 23 años desde el Pacto de Ajuria Enea: «Si se producen las condiciones para un final dialogado de la violencia, fundamentadas en una clara voluntad de poner fin a la misma y en actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción, etcétera». Cuatro veces han visto desde entonces las almas bellas actitudes inequívocas (y han oído voces). Al parecer, los tres fracasos anteriores no les han servido para ahorrarnos el cuarto que viene.

CARMEN RIGALT

La rebeca

NO HAY en el diccionario palabra más banal y pretenciosa que evento. Suena a antigualla y con razón: viene del latín eventus, lo que da una idea de hasta dónde se remonta la tontería. La palabra ha estado alejada de nuestro vocabulario durante mucho tiempo, pero de no usarla casi nunca hemos pasado a convertirla en comodín y actualmente es una palabra rehabilitada. Lo que hoy prevalece, sin embargo, es su acepción más social, precisamente la que no está sujeta a eventualidad.

Hablando de eventos, esta semana tengo uno. En realidad tengo más, pero yo sólo pretendo hablar de uno: la moda. Para entendernos: Pasarela Cibeles, que decíamos antes, o Madrid Fashion Week, como la llaman ahora. Me gustaría creer que en tiempos de crisis la imaginación actúa como un resorte automático: a menos pasta, más ingenio. Lamentablemente, no siempre es así. A lo más que se llega es a ensalzar el principio del reciclaje. La moda, como tantas expresiones del arte, se reinventa cada día, sobre todo en tiempos de escasez. ¿Habrá mayor prueba de ingenio que darle la vuelta a un abrigo, como hacían las madres de postguerra?

Salvando las distancias, eso es lo que hicieron unos empresarios españoles cuando decidieron comerse el mundo con precios de mercadillo. El ojo avizor de Amancio Ortega e Isak Andic, que pusieron sus barbas a remojar mucho antes de que la crisis pasara por Moncloa, cosechan ahora ruidosos éxitos. La oportunidad es para todos, pero sólo sacan tajada de ella quienes la trabajan.

La presente edición de Cibeles (perdón: Madrid Fashion Week) nace con unos cuantos cadáveres en el armario (Antonio Alvarado, Elio Berhayer, Lidia Delgado y Miriam Ocariz), primeras víctimas del colectivo diseñadores en apuros (que son todos). Ellos deberían aprovechar su paréntesis de silencio para escuchar el pulso de la historia. Y como muestra, un botón: desde hace un par de años detecto un curioso guiño en pasarelas y escaparates. Vuelven poco a poco las chaquetillas de punto, aquellas deliciosas prendas que se denominaron rebecas en homenaje a la película de Hitchcock de donde salieron. La rebeca es símbolo de sencillez, expresión del gusto por lo ambable y cómodo, abrazo de lanilla necesario en las noches frescas de verano. Prenda interclasista y multicultural, la rebeca está pensada para combinar con camisa y vaqueros, o para llevar, remangada, sobre un vestido de corte recto. Como hace Letizia. Las princesas también reiventan su armario.

JOHN MÜLLER

La caja de Cameron

La economía británica está sufriendo su ajuste más duro en 30 años. En el último trimestre de 2010 su riqueza se contrajo un 0,5%, según Eurostat, retornando a los númerosrojos después de tres trimestres en los que parecía que salía de la crisis. El plan de David Cameron para ahorrarse 81.000 millones de libras y equilibrar el gasto público ha supuesto fuertes recortes a todos los niveles. En diciembre, tan solo seis meses después de asumir como primer ministro, su popularidad se hundió en las encuestas.

Cameron sabía que, con la crisis, la economía no sería un terreno donde apuntarse victorias. Por eso ideó un plan sociopolítico al que denominó The Big Society (la Gran Sociedad) destinado a «reconstruir la sociedad británica» frente a un Estado que se había inmiscuido en todos los rincones de la vida debilitando la iniciativa privada.

Según Cameron, sólo cuatro de cada 10 británicos creen que se puede influir en las decisiones de su comunidad. The Big Society debía cambiar esto. «Se trata de un poderosa visión para crear una nación de ciudadanos y comunidades con capacidad de decisión», afirma la web de The Big Society Network. Tres son los principios que animan al movimiento: conceder más poder a los individuos y a las comunidades para decidir qué hacer con los recursos, fortalecer la responsabilidad social y crear un Estado transparente y eficaz.

La idea de Cameron también tendrá este año su propio banco, el Big Society Bank, constituido con un capital de 300 millones de libras (unos 359 millones de euros): 200 millones aportados por los bancos comerciales británicos y 100 millones que proceden de cuentas bancarias abandonadas o no reclamadas por nadie. Se supone que el BSB financiará empresas con proyección social, grupos caritativos, organizaciones de voluntariado, microempresas, etc.

Si el concepto de The Big Society ya era ambicioso y un poco étereo, lo que ha terminado por confirmar el insospechado idealismo de Cameron ha sido su decisión de relanzarlo justo cuando los recortes del gasto público amenazan su idea. A las críticas de los laboristas de que The Big Society no era más que un sucedáneo de un amputado Estado benefactor se han sumado ex partidarios de la idea que ahora la dan por imposible. Es el caso de Elizabeth Hoodless, la responsable de una de las principales organizaciones caritativas del país, que la semana pasada dijo que los recortes presupuestarios «amenazan con destruir el voluntariado» en el Reino Unido.

El plan tampoco funciona a nivel de las corporaciones locales porque éstas tienen que aplicar un recorte del 27% de sus recursos en cuatro años.

En fin, que Cameron no ha encontrado mejor forma de poner otra vez de moda su iniciativa, a la que describe como su «pasión», que poner en marcha su banco social. Y para ello ha reclutado a Sir Ronald Cohen, un financiero que tradicionalmente hace donativos a los laboristas y que ha aceptado hacerse cargo el banco. Cohen ha advertido que los 300 millones de capital inicial no van a paliar los fuertes recortes que están sufriendo diversas organizaciones, pero ha aceptado ponerse a trabajar en ello.

Curiosamente, los laboristas crearon hace unos 10 años el antecesor directo del BSB, el Social Investment Bank, donde se iban a verter los fondos de todas las cuentas abandonadas en los bancos comerciales. Se esperaba recaudar 400 millones de libras y al final sólo se pudieron colocar 75 millones a disposición de proyectos sociales. Como se ve, los ingleses han redescubierto los principios sociales de la banca escocesa o de los frugality banks, los mismos que dieron origen a nuestras ahora criticadas (y casi sentenciadas) cajas de ahorros. Cuando unos van, otros vienen.

john.muller@elmundo.es

RAÚL DEL POZO

Fiebre del oro

EL RUIDO DE LA CALLE

El dinero de papel está en una cárcel de mínima seguridad, más amenazado que nunca aunque parece que ha superado el efecto tango. Todo indica que el jurdó se ha salvado del corralito, pero ya está en la puerta de su banco un navajero, un atraca al que llaman inflación. El oro, al que los quinquis dicen sorna, vuelve a ser un valor seguro, estrella del canje, aquí donde tanto se le amó y fue el reclamo de nuestra épica.

Nadie vio a España tan deslumbrante como Carlos Marx, entre las cascadas de oro y las terribles iluminaciones de los autos de fe. La conquista hizo a nuestros aventureros semidioses a pesar de ser muchos de ellos porqueros, pero más sanguinarios que los sacerdotes del Orinoco. Atahualpa, una madre al lado de Francisco Pizarro, tuvo que ser despertado por el fraile que le invitó a la matanza de los indios diciendo: «Actúa al instante. Yo te absuelvo».

Creían entonces los españoles que el metal precioso podía llevar a la gente al paraíso y que en el ombligo de Guataviva se alzaba la leyenda de El Dorado y había una diosa con un tetamen dorado, más bella que los propios ángeles. Después la fiebre pasó a los forajidos de California cuando se descubrió que entre la harina de los molinos de agua salían pepitas resplandecientes como las de Maureen O'Hara. Ya entonces, como ahora mismo, se sabía que no hay nada malo en la codicia y que el oro es el refugio de los prudentes.

En los años del milagro España fue un puticlub con cajas de ahorro; en cualquier localidad donde había una iglesia, una taberna y un alcalde ladrón montaban un garito financiero. Luego se cayeron los ladrillos. Zapatero nos ha llevado a pensar que el oro de hoy en España no era el tiempo, ni siquiera el culo, ni el petróleo, sino el oro propiamente dicho, antídoto contra el nuevo pánico que se llama inflación.

Incluso Keynes, que inventó nuestro bienestar, dijo que el metal precioso era una reliquia bárbara. Pero la avaricia siempre busca refugio en el oro y más ahora que vuelve la inflación cuando sufrimos una hinchazón a pesar de estar en los huesos.

Nos despertamos con la noticia de la última forma de saqueo, el impuesto sin legislación: el IPC está en el 3,3%, el nivel más alto desde el año 2008. Eso nos dijeron a las 8; a las 10, el Gobierno me escribe para decirme que el aumento obedece a causas coyunturales y que la cifra se irá compensando hasta menos del 2% a final de año, según la profecía del Banco de España. Intentan explicarme algo que yo no comprendo: las 3 décimas de calentura son atribuibles a la electricidad, al tabaco y a la gente de la gasolina, la gente más fina que el mundo parió.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

15/02/2011

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

david gistau

Ira y ridículo: el español sentado

LA CÓLERA del español sentado, tal y como la vio Lope, aún es una noción trágica de las cosas abocada a lo cómico. Furia de fogueo. Estupidez que trata de redimirse en la indignación vocinglera, la que se arruga cuando es menester pasar a la acción.

La Ley Antitabaco ha incitado algunos ejemplos de este modo tan español de hacer el ridículo y de resultar gracioso a pesar de uno. En un extremo del debate surge el hostelero de Marbella, ese torito bravo que pide la rapsodia de El Fary, ese Cascorro de heroísmos cejijuntos, azuzado por quienes confunden la libertad con el incumplimiento de las leyes, que ya ha sido debidamente desmochado por una estupenda columna de Sánchez Dragó, que en estos episodios castizos va a seguir encontrando motivos para preferir antes que a España cualquier otro país en el que no falte finezza. Tiene razón Fernando: yo también me imagino al hostelero entrando en el Congreso, no a lomos de un caballo, como Pavía, sino de un toro de Osborne.

En el otro extremo del conflicto, igual de grotesco, está el delator del musical Hair. Le suponemos un tipo triste, un Gargamel que percute contra el jipismo impostado. Salió en fin de semana a completar un plancito de teatro y cena, y terminó en comisaría, donde acaso alentó expectativas policiales cuando aseguró que venía a denunciar un crimen, que luego se quedó en que había visto a actores hacer lo que sus personajes: pretender que fumaban. De aplicar a toda creación esa confusión entre ficción y realidad, uno tendría que haberse ido del teatro al que fue a ver Beaumarchais para denunciar en la comisaría más cercana: «Oigan, aquí al lado están guillotinando gente». Hace falta tener verdadera alma de sicario para interiorizar de tal forma la invitación de un Estado a denunciar: cuánto talento ruin desperdiciado por la casualidad de que semejante chota no naciera en la Alemania Democrática o en la Cuba de los comisarios de escalera vecinal.

Más allá de esta mediocridad que produce fatiga, el espectador indignado de Hair evoca un error característico de nuestro etnocentrismo: el de valorar tiempos pasados en función de principios actuales, como si hubiera que rebobinar para contar jipis sin marihuana, romanos sin esclavos, westerns sin horca, un Siglo de Oro regido por una monarquía parlamentaria, y una Atenas en la que Pericles dijera las mismas convenciones que Leire Pajín. En realidad, la censura retrospectiva ya está asentada: circula por ahí una fotografía en la que a Winston Churchill el photoshop le ha capado el puro. Igual que los jipis de Hair, Churchill es culpable de no haber sido como nos exigimos a nosotros mismos ahora.

ERASMO

'Armas'

EGIPTO como advertencia. A Irán. A China: borran la palabra Egypt de Internet. Para ingenieros de almas estalinianos: Policía. «¡Váyanse a casa!». «No nos iremos. Quien se irá es él» (Mubarak). La qatarí 'Al Yazira' incesante, sorprendente. Invasión de Irak (2003), un trillón de dólares, tanques, barcos, aviones, cientos de miles de muertos, cientos de informadores caídos, Anguita Parrado (EL MUNDO) et alii. WPFC: Egipto, expulsión incruenta del dictador con otro armamento USA, la Red, Google, Facebook, Twitter: tales armas de libertad.

luis MARÍA ANSON

Médico de urgencia, médico de cabecera

EN LAS CRISIS graves, cuando se vacía el poder y se descuartiza el orden público, el pueblo suele llamar a un militar como médico de urgencia. Los militares tienen la costumbre de quedarse luego como médicos de cabecera. Un sector relevante del pueblo chileno convocó a Augusto Pinochet para que sacara al país del hundimiento que provocó la política disparatada de Allende. Después, el general no se quería ir ni con vaselina. Eso lo ha explicado muy bien Ernesto Ekáizer en el mejor libro que he leído sobre aquel militar cruel: Yo, Augusto. Ante el desastre de la II República, pues los años treinta fueron catastróficos por mucho que Zapatero quiera maquillarlos, ante el desbarajuste económico y el orden público fracturado, una parte del pueblo español apeló al general Franco. Tras la guerra incivil, el militar victorioso, que era un legionario, decidió que solo abandonaría su puesto con los pies por delante: por muerte violenta o por muerte natural. Tras una agonía atroz y casi cuarenta años de dictadura, Franco abandonó el poder con los pies por delante. Falleció en la cama y sus partidarios le sepultaron bajo una losa de tonelada y media en el Valle de los Caídos.

Al lector le será fácil repasar docenas de casos, en Europa, en Asia, en África, en América, en que los militares una vez en el poder hicieron virguerías para seguir sacrificándose por la patria. Muchos de ellos, casi todos, consideran que el país permanece enfermo y precisa, por consiguiente, de un médico de cabecera.

No es que yo piense que el mariscal Tantaui vaya a incumplir lo que ha prometido. Pero la tendencia de un militar egipcio a convertirse en faraón es tan fuerte como la Historia. Al rey Faruk se le derribó no precisamente en favor de la libertad. Nasser aspiraba a convertirse en Ramsés II y Mubarak se consideró siempre heredero de la estirpe faraónica. Que Tantaui va a convocar elecciones me parece claro. Que renuncie a seguir controlando el país, bien directa, bien indirectamente, eso es otro cantar. Las Fuerzas Armadas egipcias mantienen una fuerte dependencia del Pentágono y Washington, a pesar de Obama, no está por la labor de que en las elecciones triunfe en Egipto el fundamentalismo islámico como ocurrió en Argelia. ¿Recuerdan los lectores aquel pucherazo descomunal que tuvo que instrumentar el Imperio norteamericano y sus satélites europeos? Ahí está, a pesar de que sobre él se han vertido toneladas de tierra y escombros.

Mubarak era un dictador y había que terminar con él. De eso no hay duda. Pero no lo ha derribado el pueblo, aunque haya participado en su caída. Lo que al final se ha producido en Egipto es un golpe de Estado militar puro y duro. Es tan grande el país, tan compleja su política interna, tan comprometida su situación geográfica, que resulta muy difícil aventurar, incluso a los expertos, qué va a pasar. Por lo pronto tenemos un nuevo dictador, el mariscal Tantaui, que ha disuelto el Parlamento, ha suspendido la Constitución y ha asumido todos los poderes. Menudo angelito demócrata. La pelota de la libertad está en su tejado.


Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

arcadi espada

Gato al agua

NO PODRÍA yo imaginar que después de haber escrito aquí mismo que los escritos y melopeas de Javier Cercas merecen mi atención una vez por década iba a reincidir al cabo de tres semanas. Sin embargo, las circunstancias de su detención y, sobre todo, de la publicidad de su detención, durante la operación policial que ha llevado al acabamiento de una trama de explotación sexual en Arganzuela, me obligan a volver con él.

Como sucede tantas veces en nuestro periodismo no siempre el grano se separa adecuadamente de la paja. Y el hecho de que Cercas estuviera haciendo uso de una de las casas de Arganzuela la misma madrugada, del pasado domingo, en que irrumpió allí la policía ha acabado mezclando innoblemente su nombre con el de los cabecillas de la red. Parece lógico que la policía condujera a comisaría a los clientes de la llamada, en prosa antigua, casa de tolerancia para verificar su identidad; un trámite que acabó con la inmediata puesta en libertad del escritor, sin cargo alguno y tal vez con la ruborizada sorpresa de algún funcionario. Pero no es ni lógico ni justo ni tolerable que su nombre fuera citado al día siguiente en uno de esos siniestros programas televisivos que se llevan el gato del periodismo al agua, pero sólo para escaldarlo.

Mis polémicas con Cercas son más o menos conocidas. Hemos debatido dura y briosamente sobre la realidad y la ficción, la literatura y el periodismo, y también sobre la vanidad humana. Este pasado domingo el diario El País, aún ignorante de su detención (cabe esperar, por cierto, que no se repita con Cercas el bochornoso asunto Vigalondo) publicaba un artículo donde, en cierto modo, el escritor volvía a las andadas. Quién sabe si yo, forzando mi dieta (recuerden, uno por década) habría contestado a ese artículo en la forma y manera que me hubiesen parecido adecuadas. Pero, obviamente, los sucesos de Arganzuela se imponen con la cruda luz de los hechos y aplazan cualquier reanudación de la polémica. Es por completo miserable que alguien haya querido mezclar a Cercas con el tráfico de personas; y hablo perfectamente en serio y no quiero que nadie vea, ni ensartada, mi punta polémica sobre sus manejos con personas y personajes. Cercas podrá ser cualquier cosa, de hecho lo es; pero jamás un malvado. Que hayan arrastrado su nombre por auténticos lupanares, que no son desde luego los de Arganzuela, me llena de de espanto y desprecio. Sobre todo, porque el caso no refleja más que nuestra identidad de inofensivos soldados, al fin y al cabo sólo interesados en las maniobras de la retórica, el estilo y la verdad.

Vaya desde aquí mi fraternal abrazo a la víctima Cercas y mi deseo de que se recupere pronto del mal trago infame. Aquí le espero, seguro de que volverá sabio y recrecido a la lucha.

EL PAPEL DE LA SOCIEDAD CIVIL / RODRIGO TENA

Cortesanos y ciudadanos

SEgún una frase repetida, utilizada normalmente para justificar el salto de la política a la empresa privada, «los políticos en España mandan mucho pero ganan poco». Prescindiendo de alguno con mucha suerte en la lotería, esa afirmación es exacta. Pero eso no significa que la opuesta también lo sea, es decir, que en la empresa privada se gane mucho pero se mande poco. En un sistema partitocrático y clientelar como el nuestro, apoyado en una administración pública desmotivada y en proceso de desmantelamiento funcional y territorial, las empresas, especialmente las grandes, tienen muchas oportunidades para mandar y, es lógico, no las desaprovechan.

El capital no es perverso por naturaleza. Simplemente aspira, como los gases, a ocupar espacios y aumentar su volumen. Por eso, cuando la política es permeable a su influencia, ésta se hace sentir. La existencia de una íntima conexión entre el poder político y económico es un fenómeno bastante general. En EEUU, esa conexión ha quedado suficientemente demostrada durante los últimos años. Pensemos, simplemente, en la relación entre el ex vicepresidente Cheney y la empresa Halliburton, o en casos como Wachovia-Wells Fargo, y Bear Sterns-JP Morgan, en los que proliferaron disposiciones legales introducidas a última hora para favorecer directamente a algunos de los implicados. Para que vean que ni siquiera en asuntos tan chocantes como el de ACS-Iberdrola (con reforma incluida de nuestra Ley de Sociedades Anónimas para beneficiar a la primera) somos muy originales.

Pero la diferencia es que en EEUU, al menos, no sólo se invoca cierto interés de carácter general a la hora de tomar esas medidas (en la forma de algún ahorro puntual o un menor riesgo para el Tesoro) sino que el escrutinio público (vía comisiones de investigación) y mediático es mucho más intenso. En España, por contra, la comunicación entre política y capital se desarrolla, digamos, de manera discreta, en la penumbra que suele caracterizar la relación del soberano con sus cortesanos. Pero, como en nuestro país los soberanos son tropel gracias a nuestra descentralización, y hay que atender a todos, las empresas más poderosas y con mayores medios parten con ventaja. No se puede descuidar ninguna camarilla, no sea que en esa precisamente termine imponiéndose la competencia.

Al margen de la escasa formación de la clase política española y del deterioro de su aparato administrativo, es la propia naturaleza de nuestras grandes empresas la que explica la preponderancia del tipo cortesano. La mayoría se desenvuelve en sectores -financiero, energético, construcción, telecomunicaciones- intensamente regulados, en los que la más nimia decisión política supone una diferencia de millones en la cuenta de resultados. Pero si bien es cierto que el cortesano depende de su soberano, también el poder político debe andarse con ojo al tratar con determinados sujetos palaciegos, que pueden acabar siendo muy peligrosos, o demasiado grandes para caer sin arrastrar a alguien. El capital, también por naturaleza, termina siendo acreedor, y el deudor es siempre siervo.

De esta mutua dependencia se aprovechan nuestras grandes empresas, especialmente, para hacer dinero o para que paguen otros cuando llegan las facturas. Pero no es culpa de ellas, sino de nuestro sistema político. Buscando consejo sobre la posible financiación de un proyecto sobre transparencia pública, un conocido empresario y ex político de nuestro país -hombre capaz y honesto- me sugirió amablemente no perder el tiempo. ¿Quién va a financiar un posible proyecto que busque dotar de mayor transparencia a la contratación pública o al funcionamiento de la Administración? ¿Los que se benefician de su opacidad? ¿Los que en un sistema en el que la rendición de cuentas brilla por su ausencia han sabido encontrar los resquicios adecuados? En nuestro país -concluyó- no existe sociedad civil ni perspectiva de que la haya.

Se refería, claro, a que no existe sociedad civil con posibles. Por eso, el paso de insignes políticos a la gran empresa, paso normal y lógico en cualquier país moderno, en el nuestro resulta siempre un poco inquietante.

En una democracia no es necesaria una revolución para acabar con los cortesanos. Puesto que basta exigir transparencia y rendición de cuentas a nuestros representantes para que la corte desaparezca como por ensalmo, fijemos esa prioridad a la hora de ejercer nuestro derecho al voto. No es época de fobias o de fidelidades mal entendidas. La hora de la responsabilidad ha llegado.


Rodrigo Tena es notario y editor del blog ¿Hay Derecho?

ANA ROMERO

#25 Bahman, #14 de febrero: la mecha prende

Además de la religión islámica, poco comparten los persas con los árabes. Hasta el calendario es diferente. Los iraníes conservan el heredado de Zaratrusta, y celebran su año nuevo -el noruz- el mes que viene coincidiendo con la llegada de la primavera. Es una fiesta hermosa, que nada tiene que ver con el casi inexistente año nuevo árabe.

Ayer fue el 25 Bahman, nuestro lunes 14 de febrero, el penúltimo mes del año persa. Por primera vez en su historia, los iraníes -que sienten un gran desprecio intelectual por los árabes, a los que consideran infinitamente inferiores y sin apenas cultura- pudieron inspirarse en una revolución iniciada en ese lugar del mundo tan poco admirado por ellos.

Para seguir lo ocurrido ayer en Irán hubo que echar mano de nuevo de Twitter (#25 Bahman) y de ciertas páginas web. El régimen de los ayatolás es uno de los más represivos de Oriente Próximo, y los medios de comunicación occidentales son poco bienvenidos.

En los vídeos caseros que pronto empezaron a circular por internet pudimos ver a gente en silencio, o algunos gritando «Ala Akbar» (Dios es grande), y algún otro que instaba al dictador «a tener vergüenza y a imitar a Mubarak».

Las manifestaciones de ayer en Teherán, Isfahan y Shiraz fueron la mejor manera de ridiculizar al líder supremo, Ali Jamenei, y al presidente Mahmud Ahmadineyad. Ambos dijeron que las revoluciones de Túnez y de Egipto eran «un despertar islámico».

Evidentemente, no lo fueron. Túnez y Egipto tienen el mismo origen que las protestas de ayer en Irán: el hartazgo de los más jóvenes que ven a través de internet cómo vivimos los que tenemos libertad y quieren lo mismo para ellos.

Junto a Irán, hasta 10 países de Oriente Próximo (Argelia, Bahrein, Egipto, Irak, Jordania, Libia, Palestina, Siria, Túnez y Yemen) están alimentando de alguna manera la mecha prendida por el trágico bonzo Mohamed Buazizi.

Pero no olviden los más optimistas que aún no sabemos si Egipto lleva camino de convertirse en un caótico Pakistán o en una exitosa Indonesia.

Como tampoco podemos olvidar que la anémica oposición iraní, prácticamente aniquilada en junio de 2009 tras la fallida Revolución Verde, poco puede hacer contra los matones del régimen. ¿Cómo acabar con el miedo, como hicieron los tunecinos y los egipcios?

Para algunos, más potente que la inspiración egipcia será la debacle económica que está sufriendo Irán en manos de la cleptocracia gobernante. Más que las ansias de libertad de una población cuyo 70% tiene menos de 25 años, el miedo puede enterrarlo el estómago: el 25% de paro y el encarecimiento de los precios que acarrean la desaparición de los subsidios desde hace dos meses.

De momento, la desesperación de los jóvenes iraníes les ha llevado, como mucho, hasta cruzar el estrecho de Ormuz y emigrar a Dubai. En el futuro, como ayer, puede que tomen la plaza Azadi (Libertad) como los egipcios tomaron la de Tahrir.

Cuando llegue el caso, si llega, los iraníes tendrán que aprender bien la lección que les han dado los denostados árabes: si salen a la calle, tienen que quedarse hasta que el dictador se vaya.

ana.romero@elmundo.es

OORBYT.es

>Vea hoy el análisis de Ana Romero sobre Irán.

VÍCTOR DE LA SERNA

Facebook y cine: ¡no a los mercaderes!

Hay un programa que ya ha aparecido alguna vez por aquí, Siglo 21, de Radio 3, que resulta de gran interés sociológico porque en él sueltan de sopetón las confidencias que algunos de sus oyentes hacen a un contestador automático, y las sueltan sin ningún criterio cualitativo que uno logre apreciar -agudeza, interés tópico, humor, rebelión contracultural...-, sino aparentemente de manera aleatoria, con quizá una cuota mínima, en cada ráfaga, de palos a la derecha cavernícola: ayer, por ejemplo, una mujer inquietísima llamaba a parar los pies al PP como sea, porque es de temer que si llega al poder acabe con Radio 3 y su libertad de expresión. (Radio 3, por cierto, fue un invento de la derecha y ha vivido largos años con gobiernos de derechas. Pero pelillos a la mar...).

No hay mayor muestra de libertad de expresión, como saben los espectadores de los programas tomateros de TV, que la de propagar por las ondas las estupideces más obvias, los insultos más patentes a la inteligencia del oyente. ¡Igualdad de derechos para los tontos y los orates! Es muy democrático. Y en Siglo 21 nunca falta algún ejemplo egregio. Ayer, por ejemplo, un hombre de voz agitada lanzaba una perorata no muy inteligible contra Facebook, de la que se podía entender que esa red social resulta ser una empresa que gana muchísimo dinero, que ésa es una explotación intolerable, y que quienes participan en ella son «a la vez ladrones y víctimas».

A este cronista, a bote pronto, le pareció todo ello una soberana sandez. Pero, al cabo de un rato, uno se pone a pensar: caramba, si eso lo emite el Ente Público, será porque tiene más chicha y es más representativo de la opinión pública española de lo que uno, con sus prejuicios, pudiera pensar. Así que no lo echemos tan deprisa en saco roto. Pero... ¿cuál es el mensaje?

Repasando al día siguiente -había un partidazo de fútbol y, claro, lo primero es lo primero- las imágenes de la gala de los Goya, y deglutiendo el contraste entre el glamour impostado del festejo -un quiero y no puedo parahollywoodiense- y la realidad cutre en la que suele moverse el actual cine español, uno logró al fin atar cabos: a franjas sociales, al parecer no desdeñables, les sienta mal que unos capitalistas listos intenten rentabilizar cosas como internet, la comunicación o la cultura. Sienta tan mal que los cineastas que conectan con esas franjas hacen lo posible por fabricar productos invendibles, que gastan muchísimo más de lo que ingresan. Pero como hay un gobierno que comulga con todo ello, él se encarga de sangrar al resto de los contribuyentes para que la cultureta gratuita siga adelante. Y, claro, eso se festeja de tiros largos una vez al año. Todo claro al fin.

RAÚL DEL POZO

Somos faraones

EL RUIDO DE LA CALLE

Yo antes de hacer la columna hacía la calle. A veces me perdía en el infierno de los garitos. Así como en Grecia los viejos piratas acababan en los monasterios, en España los viejos jugadores terminan de monitores. «Me retiré del juego -me dice un burlanga-, ahora trabajo en la rehabilitación de los ludópatas». Yo no caí tan bajo, pero recuerdo que cuando estaba muy colgado en el póquer tuve que trabajar de negro; no para escritores porque no me alcanzaba para ello el estilo, sino para algún político. Bien sabe que no miento Rafa Ruiz, que antes dirigía campañas electorales y ahora vive en Marbella tocando el acordeón.

Te pagaban tanto por folio; luego, puerta y cremallera. Una vez, en una leonera antes de la partida, cuando ya nos habíamos apuntado en la pizarra para los vuelos, hablaba un político en la tele y alucinaron los puntos porque yo iba recitando lo que el candidato iba diciendo.

En los Estados Unidos, al que escribe discursos se le llama speech writer. El redactor de las arengas de Obama se llama Jon Favreau. Tiene 27 años, se inspira en las fronteras, en los sueños de JFK y Luther King. A Luther nadie le escribía los sermones porque era pastor bautista y tenía mucha labia, pero al bello JFK, al que su padre le puso la Casa Blanca como el que pone una mercería, seguro que le escribieron aquello que dijo en Berlín cuando corría el año 1963: «Yo soy un berlinés». La historia fijó después la frase como «Todos somos berlineses».

El que le haya confeccionado a Manuel Chaves el mitin para que le diera al pico en Sevilla, seguramente refritó el discurso del presidente de los Estados Unidos en Alemania e hizo al presidente del PSOE pronunciar la siguiente frase: «Todos somos egipcios». Podía haber rematado la oración diciendo : «… y tenemos sangre de faraones en la palma de la mano». Fue escueto, pero a pesar de ello esta mañana noto mucho cachondeo en las tertulias con la ocurrencia. Se olvidan de que las palabras al aire libre han de ser ratoneras, cercanas a la actualidad.

Empiezan los dos años de elecciones y ya están encima de nuestras cabezas los bombarderos, que derraman palabras. No esperen picos de oro, sino filípicas tabernarias. El discurso se reduce a una oferta publicitaria. Los que escriben parten de la base de que las personas más capaces, más inteligentes en sus profesiones y en sus vidas, se comportan como niños ante los discursos de las campañas electorales.

Mira que nos avisó Tierno Galván: la elocuencia muere donde el eslogan triunfa insultando al rival. Hasta Manuel Azaña abusaba de esa aversión española al adversario cuando comentaba: «A mí todo lo que es de derecha me repugna».

Etiquetas:

Links to this post:

Crear un enlace

Home

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

Visitor Map
Create your own visitor map!