FIRMAS: Luis María Anson, David Gistau, Raúl del Pozo, A. Espada, Erasmo, S. Sostre,

luis MARÍA ANSON
Don Carnal y Doña Cuaresma, las cajas y los bancos
Dicho todo esto, es verdad que algunas Cajas se han convertido en un auténtico carnaval de ligereza y dispendios frente a la cuaresma austera y rigurosa de los bancos. Es lo que va de la iniciativa pública a la privada. Hace seis años, por poner un ejemplo, mientras el canal privado Telecinco ganaba 35.000 millones de las antiguas pesetas y se encaramaba en el podio de oro de la audiencia, Televisión Española perdía más de 100.000 millones.
Sobre las Cajas cayó una de las peores plagas que padece España: la de los políticos, con su voracidad insaciable para colocar a parientes, amiguetes y simpatizantes; para dotarse de los más pingües sueldos; para disfrutar de la parafernalia de los viajes gratis total, los coches suntuosos, los ejércitos de secretarias y asistentes; para prestar a diestro y siniestro, sin los debidos avales, a los compromisos personales y del partido, agujereando las cuentas de pérdidas y ganancias.
Europa sabe que nuestros Bancos son un modelo de gestión eficaz. Está aterrada, sin embargo, con la realidad desconocida de nuestras Cajas. Zapatero después de proclamar en el año 2008, a los cuatro vientos monclovitas, que la salud de las Cajas era radiante, ha decidido intervenirlas, privatizarlas, evitar el cachete con que nos amenazan los rectores económicos de la Europa unida. A muchos nos produce pavor que el presidente circunflejo tenga alguna ocurrencia de las suyas sobre el destino de las Cajas. Antes de precipitarse con algún despropósito irreparable, que hable con Isidro Fainé. Él es quien sabe mejor que nadie lo que hay que hacer, lo que conviene a España y a su sistema financiero.
Non olet, dijo Vespasiano a su hijo Tito ante las acerbas críticas con que los romanos obsequiaban al emperador por un impuesto sobre los urinarios públicos. El dinero no huele desde entonces. Pero es falso. El dinero sí huele y a veces apesta. El poderoso caballero de Quevedo no todo lo puede. Que se lo digan a Lope. Que no se lo digan a Amancio Ortega. Pero no entremos en el debate insondable. De lo que se trata ahora es de encontrar un nuevo pienso para evitar el rebuzno de las Cajas. Y que la Europa de Merkel y Sarkozy no emprendan una operación de rescate que lesionaría para muchos años la imagen de España.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
arcadi espada
El milikito
UNA VEZ por década debo ocuparme de algo que haya escrito Javier Cercas. No por sus textos, que descansarían en paz, sino por lo que les rodea. Las mentiras de Cercas siempre son oportunistas. Y ocuparse de ellas no es un asunto literario, pero suele serlo de salud, y yo me la cuido. Este domingo en el suplemento del diario El País vertía el llamado Adiós muchachos, con este gusano: «(...) si la democracia fue tan generosa con los franquistas, no puede serlo menos con los etarras, y (...) no podemos exigirles a unos lo que no les exigimos a otros». Éste es el texto. Las circunstancias son bien conocidas. Cercas es el autor de Anatomía de un instante, un libro sobre la Transición española, centrado en el intento de golpe de Estado de 1981, que ha recibido el último Premio Nacional de Narrativa. Y muchos elogios críticos. Y mucha demanda de lectores. Este hombre, novelista, y esta circunstancia, la de pasar por un experto en la Transición política, pide para los etarras la amnistía que se concedió a los franquistas. De los comunicados de las Asociaciones de Víctimas, que exigen el arrepentimiento a los terroristas como condición para sacarlos de la cárcel, nuestro experto opina que se trata de una exigencia inaplicable. La reinserción de los etarras no necesita, a su juicio, más condición que el abandono del crimen. El olvido.
El problema, sin embargo, es que ya olvidamos. Entre 1976 y 1978 la democracia española excarceló o permitió la vuelta del exilio de casi mil militantes de ETA. Al igual que los franquistas no tuvieron que abjurar de su pasado. Es más, no tuvieron ni que disolverse. ¡Quia disolverse, parezco un Cercas! Es que ni arrepentirse: ni en lo íntimo ni en lo éxtimo. Tan poco en lo éxtimo que varios de ellos, nada más salir de la cárcel, volvieron al viejo trabajo con afición renovada, confiados en que años después les harían la auténtica justicia. Al proceder al vacío exhaustivo de terroristas de las cárceles (salvo, por cierto, los de extrema derecha) los demócratas de la Transición lanzaban un mensaje firme e inequívoco a los terroristas. Vuestra lucha estaba justificada, tenía sentido y no hay por qué condenarla ni arrepentirse de ella. Es decir, el mismo mensaje que Cercas envía a los terroristas, treinta años de democracia (y cientos de muertos) después. Un mensaje del que se hacía eco paradójico uno de aquellos excarcelados de entonces, Teo Uriarte, cuando comentaba en sus memorias la actitud del diputado Letamendia «nuestro diputado», dice, «que votó en contra, siguiendo posiblemente las tesis de los milis. Ninguna propuesta del poder podía ser buena, la democracia no era la auténtica democracia y la amnistía no era la auténtica amnistía».
Los milis. Degradado, pero aún queda uno.
ERASMO
El bus
ESA imagen, gentes del PP en autobús: hacia el poder. Dicen. Portentosa intuición mcluhaniana para el «global village»: el actor, presunto sujeto paciente del fotomensaje, que muta súbitamente en smooth operator, sujeto agente por tanto, merced a la magia inexplicable de los abstrusos megapixels de su teléfono movil. Entonces, tal guateque apoteósico del wishful thinking, alborozada kermés de cazadores imprudentes, venden la piel antes de abatir la pieza en su atolondrado rock del autobús: hacen el oso. ¿Y Correa? El rock de la prisión.
SALVADOR SOSTRES
Esperanza y libertad
La presidenta de Madrid se ha vuelto a soltar y ha demostrado que la política puede ser mucho más divertida y sexy si uno está dispuesto a bailar. En pleno debate sobre la conveniencia de la democratización de los partidos, de la elección de los candidatos mediante primarias y de las listas abiertas, Esperanza ha dicho que no va a hacer campaña en favor de la empleada que Rajoy ha puesto en Asturias porque Álvarez-Cascos le continúa pareciendo el mejor candidato.
La política española está en horas bajas porque la mediocridad siempre defrauda. Si más líderes como la señora Aguirre tuvieran coraje y sonrisa para decir lo que piensan y para jugarse la cara por ello, seguro que la percepción que los españoles tendrían de ellos sería mucho más generosa. Probablemente Rajoy odie en estos momentos a Esperanza, pero aunque le duela que le lleven la contraria tendría que dejar a un lado los resquemores personales y entender que el futuro de la política, y de los políticos, depende mucho más de personas valientes y brillantes como la presidenta de Madrid, que intenta siempre aportar ideas nuevas y valiosas, que no del viejo estilo Rajoy, autoritario y rupestre, que basa su estrategia en no equivocarse más que en acertar, en hacer ver que no cree en nada para no crear rechazo y en ese apostar -tan mezquino y tan tedioso- por el nivel más simplón y más bajo en lugar de entender que liderar es dar esperanza y compartir con los demás tu deseo de un mundo mejor.
La defensa que Esperanza Aguirre hizo ayer de Cascos va más allá de Asturias y es una admirable lección de libertad. Incluso sus insultadores habituales tendrán que reconocerle que se ha enfrentado sin ningún miedo a la estructura de su propio partido, y que es perfectamente y saludablemente coherente que alguien que enarbola siempre la bandera de la libertad como valor supremo, la ejerza sin tapujos incluso en las situaciones más arriesgadas; ese tipo de situaciones que cuando Rajoy las ha tenido que encarar se ha hecho el gallego -Rosa Díez dixit- en el peor sentido de la palabra. La libertad no se predica: se demuestra y se gana.
Y no sólo en la política, también en cada acto de tu vida cotidiana. No hay más libertad o menos, sino personas más o menos dispuestas a luchar para defender su integridad. La libertad no es un estado de las cosas general y generalizado. Es una elección, una batalla permanente, un compromiso, una promesa que hicimos hace tiempo: «No retreat, baby, no surrender».
No hables más en tercera persona de la libertad. También tú eres responsable de ella, también contigo crece o mengua. Esperanza podía haberse callado ayer y podía haberse doblegado ante los huelguistas y los sindicatos. Y habría tenido muchos menos disgustos, muchos menos problemas.
Ser libre implica meterse en problemas y requiere mucha audacia. Escribir libremente, por ejemplo, acaba saliendo bastante caro. EL MUNDO es un alambre donde cada día practicamos el desafío abismal de intentar saber la verdad y de contarla. Pero siempre es preferible jugártela y caer que despertarte un día y pensar que has acabado escribiendo tonterías en La Vanguardia.
Y oye, si el mejor para Asturias es Cascos, pues es Cascos.
david gistau
Final de fiesta
LA RENUENCIA de Esperanza Aguirre a apoyar la candidatura popular en Asturias no tiene por qué anticipar la creación de un Foro Madrid. Ni en realidad de ninguna otra escisión de lo que podría haberse perfilado como el PP Auténtico desde que Cascos se fue llevándose consigo una parte de la esencia.
Por Sevilla corrió el rumor de que Rajoy pisó a Aguirre la propuesta de revisar las prebendas de la casta política en cuanto se enteró por González Pons de que ella iba a hacerla y a madrugarle una vez más un asunto ajustado al pálpito de la calle. Como con el IVA, los toros y el tabaco. De ser cierto, Aguirre podría haberse cobrado ayer la pequeña venganza de desbaratar la impronta de unidad alrededor del líder presidenciable para la que fue pensada la convención. No en vano, el entorno de Rajoy aún reacciona a la mención del nombre de Esperanza Aguirre como las hienas de El rey león a la de Mufasa. Cabe otra interpretación, y es más sencilla.
Para bien o para mal, Aguirre siempre ha sido más vehemente que calculadora. Y es probable que no admita la caída en desgracia dentro del partido de un hombre como Cascos, compañero de remo durante muchos años y amigo. En ese sentido, la necesidad de expresar desagrado por el modo en que se resolvió el conflicto asturiano podría relacionarse con un sentido de la lealtad que no atiende a perjuicios políticos. Ni a los que afectan al partido, al que ha durado poco el impulso hegemónico de Sevilla, ni a los que pueden dañarla a ella personalmente.
Queda ahondada la reputación de una político difícil de ahormar cuya capacidad de ganar elecciones supone un único blindaje ante ese estilo de Rajoy que desde la derrota de 2008 pasa por recelar de los personajes demasiado caracterizados.
Lo que sí hay que reconocer a Esperanza Aguirre es el apego indoblegable a su propia ley, por más que la pierdan las frases repentistas, como si padeciese el síndrome de Tourette. Ahora que Rajoy huele a presidente inexorable, ahora que incluso Aznar le da abrazos conciliatorios después de haberle tenido por pasmado, y que alrededor se le acumulan los aduladores que antaño habrían ayudado gustosos a su destrucción, Aguirre no maniobra atendiendo a las carteras del porvenir, sino que insiste en una tendencia heterodoxa que le mantendrá los espacios achicados a Madrid. Es una versión bastante honorable del suicidio profesional que no abunda en política, donde se estila el instinto de supervivencia que alguna vez resumió Pío Cabanillas con cínica brillantez: «Van a ganar los nuestros. Lo que no sabemos aún es quiénes». Lo que sí van a lograr entre todos es que nadie ignore que delante del Espinosa va Pérez. ¿O era López?
>EN LA RED
La mayoría de los internautas es optimista y cree, como Rajoy, que España aún tiene solución
¿Cree que, como dice Zapatero en Veo7, el PSOE tiene margen para ganar las elecciones generales?
Parece que ha calado el mensaje de optimismo con el que Rajoy cerró el domingo la convención del PP celebrada en Sevilla. El líder popular apeló a «una gran tarea de recuperación nacional» a la que invitó a participar a todos los españoles, después de destacar la fortaleza de nuestra sociedad, a pesar de la difícil crisis económica que sufrimos. El 71% de los internautas piensa que España aún tiene solución; el 29% restante cree ya es un caso perdido.
Si quiere participar, puede hacerlo en la sección de Opinión de ELMUNDO.es hasta las 20 horas de hoy.
RAÚL DEL POZO
PP regeneracionista
José Luis Rodríguez Zapatero, primero eólico y federalista, después liberal y nuclear, sigue habitando en La Moncloa de los renacuajos y de los espíritus, donde por las noches no se aparece Lincoln, como suele hacerlo en la Casa Blanca, sino el fantasma de Angela Merkel. En la España zapaterista los renacuajos se convierten en tortugas, los de las cajas en butroneros y los de centro izquierda en votantes del PP mientras Mariano Rajoy es aclamado como presidente en Sevilla, pero no han llegado aún hasta Moncloa los pasos de la Santa Compaña con sus túnicas blancas y sus carallos al aire.
Me explica Francisco Herrera la tesis de las especies invasoras basándose en que en el estanque de Atocha hay miles de tortugas de Florida. «Los turistas se retratan en el estanque y José Blanco ha puesto un biólogo para cuidarlas». Además de esas especies invasoras están los seguidores del Barça. «En los últimos meses hasta el más gilipollas se hace culé y en los próximos meses todos se irán pasando al PP. Nadie quiere ser cesante». Es muy posible que las tortugas nos transmitan la salmonelosis, y los del PP, un nuevo desencanto si vuelve con las recetas viejas. En Sevilla, Mariano Rajoy ha tenido buen son de hacer un llamamiento a los de la otra nómina: «Todo el mundo será bienvenido. Cuando se trata de España no hay bandos». No se oía esto desde la Transición.
No denunció tanto la corrupción como en la otra convención sevillana, pero sí invocó el regeneracionismo. Con la corrupción vivimos desde Romanones, es consustancial a nuestra manera de gobernarnos, pero pedimos a los políticos que no hablen de regeneracionismo, que tanto se citó antes de la Guerra Civil y después invocó Aznar en los años 90. Cuando escuchen la palabrita, echen mano a la papira y evoquen al cirujano de hierro.
Se ha definido la moda como el salto del tigre al pasado. Rajoy ha propuesto en Sevilla un salto del tigre, no desde el armario al felpudo, sino del armario a la polilla. Tiene guasa hablar de regeneración cuando la política es una licorería y había cientos de implicados del Gürtel escuchando el discurso.
Ya avisó el clásico: todas las cosas que ves pronunciadas jactanciosamente ante la turba boquiabierta, antes las habían dicho otros, y no hay nada tan de cosecha ajena y antigua como aquella doctrina que en su tiempo se vendió como despensa, escuela y siete llaves al sepulcro del Cid.
Si el PP que gana las elecciones y sus surtidores de pensamiento ofrecen como alternativa una vuelta al krausismo y a la entomología, iremos de cráneo. Parece que les duele España aunque vivan de ella, pero no está el patio para buscar mariposas sino para acometer una profunda transformación democrática.
Etiquetas: Firmas






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