e-pesimo Auxiliar 1

Auxiliar1, Auxiliar2, Auxiliar3 y Auxiliar4 son Blogs auxiliares de epesimo y de e-pesimo

Actualización de madrugada

Mi foto
Nombre:
Lugar: Cantabria, Spain

domingo, 23 de enero de 2011

FIRMAS: Luis María Anson, David Gistau, F Sánchez Dragó, Carmen Rigalt, Erasmo

david gistau

La trampilla de los cocodrilos

EL MINISTRO Jáuregui anunció para el próximo verano la entrada en servicio del CEMA: el consejo que patrullará las televisiones para poner a disposición del Gobierno recursos coercitivos que la democracia siempre prefirió encomendar a la Justicia. Por aquello de simular la separación de poderes. Después de la claudicación de los controladores, esto es lo más cerca que se puede llegar de la militarización de los periodistas. El Lord Protector, como llama Ruiz Quintano a Rubalcaba, amplía su jurisdicción, que, además de los cielos, cubrirá las mentes.

La fecha no es casual: justo después del previsible desastre electoral de mayo, y justo antes de que la legislatura fluya hacia sus últimos meses, en vísperas ya de la campaña, para la cual el socialismo va armando sus diques de contención dialéctica. Tampoco es casual que Jáuregui hiciera el anuncio el mismo día que todo el país hablaba de la agresión al consejero de Murcia, como si pretendiera hacernos creer que fue la preocupación por la integridad física de los adversarios políticos lo que animó la imposición del artefacto.

Jáuregui también se ha amparado en cínicos motivos de orden moral para los cuales sacó ventaja de la existencia de la telebasura. El hombre no puede soportar que se nos cuelen en casa personajes de «escaso mérito» elevados a la categoría de «modelo social». Como si el CEMA fuera un remedo de Van Helsing que fuera a irrumpir en los platós de Telecinco para clavar estacas en el corazón de Belén Esteban y los Matamoros, si es que éstos aún andan por ahí.

Jáuregui tiene su propia idea de lo que nos conviene ver en los ratos de esparcimiento y de qué somos capaces de digerir sin estropearnos, sin distanciarnos del arquetipo del perfecto progresista en el que pretenden encajarnos como Cela a sus personajes: a hostias. No puede abandonarnos a nuestro propio criterio, y esta es una convicción que en general motiva al Gobierno que más ha intervenido en el individuo -que más ha recortado su margen de decisión- del que uno tenga memoria. Como no es posible entregar el mando a distancia de cada hogar español a un comisario socialista, que además ocuparía un espacio valioso en el sofá y se comería una parte de las patatas fritas, ha urdido un órgano que se haría con el control del mando a distancia. La censura, que no escandaliza a ese perfecto Tío Tom llamado Urbaneja, alcanzaría su perfección si lograran que se abriera una trampilla para que cayera a los cocodrilos todo espectador que pulsara el botón de uno de esos canales que se hartan de llamar fascistas y cuyo cierre los exquisitos jamás llorarían como el de CNN+. Pero no sé si hay tecnología para eso.

Desde Kioto con amor
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

Balada del viejo periodismo

Los gansos de Bill Gates graznan frente a las puertas de los rotativos. Ese ministro portavoz del nuevo apocalipsis lo anunció hace cuatro años. La prensa de papel, dijo, mientras una sonrisilla de conejo transformaba su boca en cicatriz, tiene los días contados.

Leí hace unos meses que el New York Times dejará de venderse en los quioscos y lo hará sólo en la Red. Ignoro si la noticia es cierta o alarmista y, por ello, amarillista, pero siempre suena el río antes de que llegue la riada.

El otro día, durante una cena que no lo era de los idiotas, sino de personas avisadas, alguien contó que el director de una importante cabecera española había reconocido aquella misma mañana, al término de los maitines de la mesa de redacción, que estaba emocionalmente preparado para cerrar el periódico. Me estremecí y puse a remojo las barbas de la pluma de la profesión en la que mi padre echó los dientes y yo las muelas del juicio.

>DIOS HA MUERTO

Pocos días antes había leído en EL MUNDO impreso un excelente artículo de García-Abadillo que hablaba de tales cosas y era, a la vez, curioso oxímoron en el que los acordes triunfales del Mesías de Haendel se trenzaban con las fúnebres notas de un réquiem de pie quebrado. Citaba Casimiro al buen Cuartango: «No es que ahora haya menos lectores, sino menos gente que paga por leer».

Yo no soy tan optimista. En las pantallas del ordenador se escribe, sí, pero, stricto sensu, no se lee, porque la lectura requiere atención y reflexión. Dicen los replicantes del AnticristoGates y los grillos de los coros (no es errata) sociales que la segunda, en el mundo virtual, no existe, pues la primera decae en la décima línea y desaparece en la vigésima. El e-book, de ser así, es utopía y entropía. Tendrá compradores, pero no lectores. Lo dijo en Las noches blancas el editor, y algo más, Manolo Pimentel.

Así hablaba Zaratustra: ¡la literatura ha muerto! ¿Y el viejo periodismo? Las redacciones parecen hoy un tanatorio. ¿Cómo están las cosas en Japón, que es siempre, frente al resto del mundo, verso suelto?


>UN TSUNAMI DE PAPEL

Cifras que apabullan: los grandes periódicos de ámbito nacional -el Asahi, el Mainichi, el Yomiuri, y no son los únicos- rozan y a veces superan los cinco millones de ejemplares en un país cuya población triplica, grosso modo, la española y es la más longeva del mundo, pero en la que los jóvenes ya no leen papel impreso y las librerías, una a una, van cerrando.

¿Cómo se explica tamaña contradicción?

Ésta lo es aún más considerando que apenas existen los quioscos. En la calle no los hay. No los busque el gaijin o guiri. Yo, desesperándome, lo hice in illo tempore. Sólo cabe encontrar algunos, con lupa y paciencia, en los aeropuertos y en los vestíbulos y andenes de las grandes estaciones y nudos ferroviarios.

Japón, verso suelto, decía... ¿Dónde diablos compra el viandante la prensa en el país del mundo donde más periódicos -ya sea en japonés, ya en inglés, pero nunca importados- circulan?


>EL CARTERO LLEGA A LAS CINCO

Sólo cabe hacerlo de dos formas: por rigurosa suscripción domiciliaria en la mayor parte de los casos o con cuentagotas en los conveniencesstores, que están por doquier, no cierran nunca y en los que venden casi de todo: comida, bebida, lencería, jabón, cepillos de dientes, mangas, vídeos porno con los genitales pixelados, películas de Almodóvar y Jodorowsky, bolsas de basura, paquetería, servicios postales y de cajero automático, novelas de Murakami y noveluchas de Paulo Coelho, diccionarios electrónicos, entradas de sumo, kabuki o cine, rulos, condones, cualquier cosa, ¡vaya!, menos diplodocus disecados, vedijas del pubis de Yoko Ono y drogas de diseño.

Lo de la suscripción es asombroso. A las cinco en punto de la mañana 15 millones de periódicos, o más, se deslizan, de uno en uno, por las ranuras de los buzones que existen en las puertas de todos los domicilios, haya o no ascensor y sea cual sea la altura del piso en el que se encuentran. No falla.

El roce del papel es un murmullo equivalente al del lechero de Churchill que en las sociedades democráticas despierta a los ciudadanos una hora después. Yo me espabilo a su arrullo. Es sumamente agradable. Bienestar panglossiano: el mundo funciona, la vida sigue.

Y, encima, cuando llueve, cosa que en Japón pasa a menudo, el periódico llega embuchado en una bolsa de plástico.

¿Cómo lo hacen? No se estrujen las meninges mis colegas de Occidente. Es inútil. Sólo los japoneses, versos sueltos en el kaliyuga de Bill Gates, son capaces de obrar milagros así. Deberían gobernar el mundo. ¿Por qué no se lo proponemos?

LUIS MARÍA ANSON
de la Real Academia Española

PASCUAL SALA

La colisión entre el Tribunal Supremo
y el Constitucional

Querido presidente…

Muchos son los problemas que aquejan a la Justicia española. En mi opinión, el más importante es el roce pedernal entre el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo. Fui testigo en su día de cómo tu mano izquierda, la habilidad en la negociación, el gesto moderador del Rey, evitaron el escándalo de la colisión entre ambos tribunales, impidieron que las chispas se convirtieran en incendio.

El objetivo sustancial del Tribunal Constitucional, aparte la custodia de la carta magna, era decidir sobre las eventuales discrepancias entre lo legislado en los Parlamentos regionales y el Congreso de los Diputados. Desgraciadamente, por la soberbia de algunos magistrados del TC, por la voracidad para exprimir a los clientes de ciertos bufetes de abogados y por otras causas circunstanciales, el Constitucional derivó hacia un tribunal de casación del Supremo. Inmensa torpeza. Última instancia de la justicia desde siglos atrás, el ciudadano consideraba que una sentencia del Supremo ponía el punto final judicial en el Estado de Derecho.

El Tribunal Constitucional, querido presidente, debió constituirse desde el primer momento como una Sala del Tribunal Supremo para evitar ambigüedades, vanidades y voracidades. No fue así y nadie como tú conoce los riesgos que ha sufrido la Justicia española, tambaleándose en más de una ocasión por el choque entre el Supremo y el Constitucional.

Al margen de los aspavientos políticos y las navajas cachicuernas, a mí me ha producido especial satisfacción tu nombramiento. Eres juez profesional, has presidido el Tribunal Supremo y estoy seguro de que te esforzarás en reconducir al Tribunal Constitucional, devolviéndolo a sus cauces con el rechazo sistemático de todos aquellos recursos sobre los que no es, no debe ser, competente. Al Tribunal Constitucional lo que es del Tribunal Constitucional. Y al Tribunal Supremo lo que es del Tribunal Supremo.

Tu éxito al frente del TC, querido presidente, será el éxito de la Justicia española, el éxito de España. He tenido muchas ocasiones de comprobar que, sobre la ideología política, lo que tú has sido siempre es un juez, celoso de tu independencia, riguroso en el servicio a la ley.

ALFREDO SÁENZ

«Es de justicia reconocer el éxito de tu vida profesional»

Querido consejero delegado…

Si hay un banquero por cuya honradez personal yo pondría la mano sobre las brasas, ese eres tú. Por supuesto que acato cualquier sentencia dictada por el Tribunal Supremo. Pero nada impide que yo diga lo que pienso, como he hecho a lo largo de toda mi vida.

Eres, querido Alfredo, un hombre de bien, siempre dispuesto a ayudar a los que tienen problemas, solidario con los desfavorecidos, magnánimo con todos. Nadie podrá negar lo que afirmo. Has dedicado tu vida a hacer el bien. Y has demostrado tu generosidad desde puestos relevantes en los que has acreditado seriedad y profesionalidad. Tu presidencia de Banesto, en una época de incertidumbre y zarandeo, fue un modelo de eficacia y sabiduría bancaria. En su día, supiste sanear el embolado aquel de la Banca Catalana y, después, junto a Emilio Botín, el Messi de la banca internacional, el Indurain de los números, has contribuido al engrandecimiento del Banco de Santander que es hoy el guion de España en el mundo. Algún día habrá que contar la proeza de cómo un pequeño banco de provincias se ha convertido, China aparte, en el primero del mundo en cuanto a beneficios.

«Hay que subirse en la bicicleta y pedalear», has dicho siempre. Poca verborrea y mucho trabajo ejecutivo. Y tu pedaleo incansable en todas las empresas que has gestionado ha consistido siempre en aumentar los ingresos y reducir los gastos. Es una fórmula que no falla nunca.

En la actividad infatigable que has desplegado a lo largo de toda tu vida, querido Alfredo, has respondido con la nobleza de tu tierra vasca. Sin duda, tendrás defectos como tenemos todos y habrás cometido errores como a todos nos ha ocurrido. Pero el balance de tu vida profesional es uno de los más brillantes de España. Y conviene decirlo así. Es de justicia.

Eras agnóstico y marxista pero te llevabas bien con las monjitas

Mi querido alcalde…

Propuse a la Redacción del periódico que se te concediera el ABC de Oro. Se aprobó por unanimidad. ¡El ABC de Oro a un alcalde socialista! En junio de 1985 acudiste a la cena organizada en la Casa del diario fundado por Torcuato Luca de Tena. Recibiste el galardón, creación de Jesús Yanes, de manos de Antonio Mingote. Hablaron Joaquín Satrústegui, Leguina, Álvarez del Manzano, José Federico de Carvajal, Óscar Alzaga y Fernando Lázaro Carreter. Mingote, no, porque lo que más le gusta en esta vida al genio del humor es pronunciar discursos y coleccionar gallos, sobre todo si son de porcelana y lapislázuli. Según Alfonso Ussía, cuando Mingote toma la palabra no la suelta nunca y es capaz de derrotar a Fidel Castro. Así es que en aquella ocasión la Redacción de ABC no dejó hablar a Mingote para que no abusara de su verbo castelarino, aunque fue él quien te entregó el ABC de Oro y se publicó una foto a página entera de vosotros dos durante el trance.

Tú, querido alcalde, estuviste magnífico. Pronunciaste un estupendo discurso, con tartamudeos demóstenes y brillantez ciceroniana. Dijiste que te llevabas muy bien con las monjitas pero que eras agnóstico y marxista; que en las postrimerías de la dictadura te diste cuenta de que quienes podían encabezar la lucha contra el franquismo y en favor de la libertad eran los monárquicos de Satrústegui; que en la primera conversación con Don Juan comprendiste que era un demócrata convencido; y que te llevó hasta Villa Giralda, en Estoril, Luis María Anson, en un viaje de un tirón en un coche pequeñito. Lo del coche pequeñito era verdad. Tenía yo un 600 por aquella época, un automóvil magnífico, por cierto, que nunca se estropeaba. Joaquín Satrústegui, después de larga negociación contigo, me encargó que te llevara a Estoril para que conocieras a Don Juan y yo te deposité en Villa Giralda como un trofeo. Pero lo que dijiste del viaje de un tirón no era verdad. Fue una exageración tuya. Paramos cinco minutos en Mérida para repostar.

La cena resultó un éxito. Recuerdo vagamente que a ella asistieron desde la duquesa de Alba hasta Juan Barranco, desde Ramón Mendoza hasta Nicolás Redondo. Solo unos meses después, la muerte te arrancó de la Alcaldía y Luis Reverter, el político que debió ser ministro de Cultura, te organizó un funeral como no recuerdan los siglos.

Tras el «contubernio de Munich», nos reuníamos en tu casa o en la de Georgina para levantar fondos que ayudasen a los deportados por Franco, entre ellos destacados monárquicos como Satrústegui, Miralles, Álvarez de Miranda.... Desde entonces mantuve un contacto ininterrumpido contigo y recordaré siempre nuestras conversaciones sobre cultura y filosofía de la Historia en mi despacho del ABC verdadero. Recibías en tu casa a todo el mundo y les hacías esperar en habitaciones diferentes. A mí me reservaste un saloncito en el que había una foto de tu hijo vestido de primera comunión. Un detalle, que nunca te agradecí, y lo hago ahora, querido alcalde, admirado profesor, cuando a los 25 años de tu muerte, se encienden todas las nostalgias, se enturbian, fatigados, los recuerdos, se adensan los viejos dolores enterrados.


SALVADOR SOSTRES

La ternura de la política

Ni es cierto que todos los políticos sean iguales, ni lo es que todos sean unos chorizos, ni tampoco se les puede acusar de que cobren todos sueldos altísimos. El sueldo, por ejemplo, del presidente del Gobierno, no guarda proporción alguna con su enorme responsabilidad. Los políticos relevantes -no sólo en España- cobran sueldos demasiado bajos. Soy de los que piensan que en algún momento tendría esto que revisarse.

Desde luego, el momento no es hoy, ni mañana, y Mariano Rajoy estuvo ayer perfectamente acertado cuando reclamó que los diputados renuncien a su plan de pensiones en solidaridad con los esfuerzos de austeridad que se están pidiendo a todos los españoles. El mismo sentido común que sirve para entender que no todos los políticos son unos chorizos y que algunos de ellos cobran probablemente sueldos demasiado bajos, sirve también para tener la elemental prudencia de predicar con el ejemplo en algo tan delicado como las pensiones, sobre todo en tiempos en que tanta incertidumbre acecha sobre la viabilidad de este sistema.

Lo que le falta al actual Gobierno es lo mismo que le faltó al tripartito catalán. Ese sentido común, ese incluso ser previsible que da confianza a los ciudadanos y que asegura la calma y un ambiente más o menos respirable. Es cierto que el tripartito tenía poco margen para luchar contra la crisis, el mismo poco margen que tiene hoy el presidente Mas, pero también es cierto que dio una sensación de irresponsabilidad que causó un desasosiego entre los catalanes completamente evitable.

Rajoy va a tener más margen que Mas para hacer reformas y lograr interesantes resultados, aunque también es cierto que Zapatero es el presidente de España que menos poder ha tenido para trazar una política económica y que Bruselas manda más que nunca. «Manda más Almunia que Zapatero», sentenciaba el viernes Jordi Pujol.

Pero, siendo todo ello cierto, también lo es que Zapatero ha tomado siempre las peores medidas que podía tomar y de la peor manera; que en lo simbólico ha dado muestras de una gran precipitación y de mucha inestabilidad, y que casi nadie le ve como un líder que pueda ayudarnos a salir de ésta y, en cambio, casi todo el mundo, socialistas incluidos, le identifican -aunque tal vez exageradamente, precisamente por el escaso margen que tiene- como uno de los principales estorbos para progresar adecuadamente.

Rajoy, con su renuncia a las pensiones de los diputados, no va a resolver la crisis económica española ni mundial, pero sí que se ha puesto al lado de tantos españoles que sufren toda clase de dificultades. Su discurso de ayer fue un sensato y dulce modo de decirles: «Estamos con vosotros». Liderazgo es encontrar soluciones, pero también tener suficiente empatía como para saber comprender el dolor de tu gente, y permanecer cerca y atento.

Cuando el PP encuentra el camino del sentido común -1996 y 2000- es imparable, nadie le percibe como una amenaza de nada y España consigue sus mejores resultados dentro y fuera del Estado; su mejor prosperidad, su mayor prestigio, su mayor equilibrio y estabilidad. Cuando se desmelena como una arrabalera loca, el único signo que conoce es el de la derrota.

Silvio Berlusconi
y sus fans

TESTIGO IMPERTINENTE / CARMEN RIGALT
Berlusconi, según sus 'velinas', supera incluso a Antonio David Flores: hasta ocho en una noche.Se debate entre la necesidad de esquivar a la Justicia y la satisfacción de saberse envidiado.Sostres se identifica con el presidente: «Silvio somos todos», dice. Mira, guapo: Silvio lo serás tú.

En el solar ibérico parece que no interesan (ni escandalizan) las noches azules de Berlusconi. Tiene su explicación. Aquí pocos hombres han salido escaldados de un lío de faldas, especialmente si es un lío por exceso. Nuestros hombres escandalizan por defecto, o sea, cuando no dan la talla. Acabo de leer en LOC que Álvaro Domecq ha recurrido a la Justicia para librarse de una señora de la alta sociedad que, al parecer, le acosa amenazándole con dejarle públicamente en ridículo: entre otras cosas le llama «impotente».

No es el caso de Berlusconi, que sonríe con jactancia ante las informaciones proporcionadas por una de sus velinas del amor, al asegurar que en una noche, il Cavaliere superaba el récord de Antonio David Flores (seis polvos, seis). El último mito erótico de la caverna, según definición de David Torres, ha llegado a siete, incluso a ocho. Mejor publicidad para la viagra, imposible.

El presidente se debate así entre la necesidad de esquivar a la Justicia y la satisfacción de saberse envidiado por sus proezas. Puede que esto acabe traicionándole. Si Al Capone cayó por evadir al fisco, Berlusconi puede caer por no reparar en la edad de las chicas con las que se acuesta.

Las noches azules de Berlusconi no tienen el morbo de otras epopeyas sexuales narradas en la literatura o el cine (pongan ustedes los ejemplos: ahora queda feo citar a Henry Miller y a Nabokov. A Genet, no, y tampoco a Rimbaud, autor del Soneto al ojo del culo. Todo lo que sucede entre hombres se da por bien sucedido y bien contado).

Berlusconi es un apunte cómico que no recuerda a Bocaccio, sino a una pornopelícula doméstica. En ella, el presidente aparece como un anciano rijosillo y colgón con ínfulas de emperador romano. Cabe imaginarlo recostado en el triclinium y acariciándose la barriga, mientras consuma la sobremesa con un postre de velinas. «Que pase la siguiente», afirman que decía, insaciable, el macho man de geriátrico.

La estampa es landismo para ricos. Me pregunto cómo un país como Italia puede fiarse de un presidente que hace el ridículo universal y pretende acomodar las leyes a su antojo. Aquí, la prensa ha sido unánime al calificarlo (de acuerdo: criticar al vecino siempre es más fácil, porque la distancia da perspectiva y libertad).

Entre los numerosos artículos publicados estos días hay uno que destaca por la indulgencia con que su autor trata a Berlusconi. Tómenlo como una excepción entre las numerosas críticas. Se trata de un artículo de Salvador Sostres, compañero de EL MUNDO. Realmente Sostres es también una excepción en sí mismo, así que no debería de extrañarnos. Respecto a las relaciones de Berlusconi con la prostituta marroquí, a quien il Cavaliere pagó 7.000 euros (según ella, a cambio de contarle su desgraciada vida y sin tocarle un dedo), escribe el columnista: «Yo sí creo a Berlusconi. Más allá del placer orgánico, el sexo para los hombres es una cuestión de vanidad y nada hay que nos excite tanto la vanidad como poder redimir a una mujer desgraciada». ¿Les suena?

Salvador Sostres trata de explicarlo: «Se tiene más sensación de poder salvando a una pobre chica desvalida que llevándotela por delante. Sobre todo, si es un poco puta». (Qué bonita, y qué nostálgica, resulta la expresión «un poco puta». Definitivamente, Sostres es un bombón).

La apoteosis viene a continuación, cuando el autor afirma: «Somos católicos, apostólicos y romanos. Nos atormenta la misma culpa y nos cura la misma compasión que hace 2.000 años». El hombre bíblico que hay en Sostres evoca a la Magdalena, sigue con Sabina y la mítica de los juegos preadolescentes, con médicos y enfermeras, para terminar diciendo: «Silvio somos todos».

Mira, guapo: Silvio lo serás tú. La porno novela de Berlusconi es facilona, cutre, propia de un nuevo rico (por la rapidez con que se mete la mano al bolsillo), pero ni siquiera tiene esa dosis de dureza que tanto gusta a los amantes de la literatura sórdida. Con todo, lo grave es que se trata de una porno novela presidencial, donde lo privado y lo público se amontonan sospechosamente. Y con eso, pocas bromas.

Etiquetas:

Links to this post:

Crear un enlace

Home

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

Visitor Map
Create your own visitor map!