EDITORIALES: Un buen pacto que puede quedarse corto
Un buen pacto que puede quedarse corto
Según datos del Ejecutivo, el pacto traerá como consecuencia un retraso en la edad real de jubilación de los 63,2 años de hoy a los 65,5 años en el 2027. En síntesis, los trabajadores que hayan cotizado 38,5 años podrán jubilarse a los 65 años cobrando el 100% de la base reguladora. El Gobierno ha cedido en este apartado a las demandas de los sindicatos, que han conseguido que alrededor de la mitad de los cotizantes vayan a poder jubilarse a esa edad de 65 años sin merma de sus derechos.
Quienes no logren superar ese periodo de cotización tendrán que jubilarse a los 67 años para no ver penalizada su pensión. La edad mínima de jubilación se fija en los 63 años, dos años más que el requisito actual. En Francia, la elevación de la edad mínima dio lugar a varias huelgas generales, mientras que aquí la batalla se ha librado sobre el retraso de la edad legal. La aplicación conjunta de ambas modificaciones contribuirá a alargar de hecho la vida laboral media en esos dos años.
Otro de los aspectos importantes del acuerdo es que se elevará el periodo para calcular el importe de la prestación de los actuales 15 a 25 años, lo que de hecho conllevará una reducción de la cuantía.
Todas estas medidas se irán implantando gradualmente desde el año 2013 al 2027 en el que estarán totalmente en vigor, lo que significa que afectarán plenamente a la población que ahora tiene menos de 50 años.
Al igual que sucede en otros países como Alemania o Suecia, el acuerdo introduce también el crecimiento económico y la evolución demográfica como factores para calcular la pensión, que hasta la fecha se había venido revalorizando sólo en función de la inflación.
Estos ajustes eran inevitables en una población como la española que ha incrementado en más de 15 años sus expectativas de vida desde los años 50. Según la OCDE, esas expectativas aumentarán unos cinco años más a mitad de este siglo, lo que hacía imposible la sostenibilidad del actual sistema.
A ello se suma el envejecimiento de la población española, que se acelerará a partir del 2030, lo que supondrá que el porcentaje de personas en edad de trabajar será muy inferior al actual.
A la luz de estas tendencias, cabe preguntarse si la reforma pactada es suficiente para garantizar a largo plazo la viabilidad del sistema, del que se benefician hoy ocho millones de ciudadanos, el doble que en 1980. No hay una respuesta segura a esta cuestión, pero parece probable que el acuerdo alcanzado ayer tenga que ser revisado en un plazo no superior a 20 años, como ha sucedido con el Pacto de Toledo, suscrito en 1995. Pero no hay duda de que el nuevo marco legal es más realista que el anterior y que ayudará a la Seguridad Social a mantener un equilibrio financiero que hoy está en peligro.
El acuerdo supone, sin duda, un éxito político del Gobierno y una muestra de realismo de los sindicatos, que tendrán que abordar ahora la crucial reforma de la negociación colectiva. Sería lamentable que el precio por el pacto de ayer fuera el endurecimiento del despido objetivo o la renuncia del Ejecutivo a modificar el desfasado sistema de convenios. Pronto lo veremos.
En cualquier caso, todo indica que la CEOE y el PP se van a sumar al acuerdo sobre pensiones que, aunque no deja plenamente satisfecho a nadie, va en la buena dirección y crea un positivo precedente para pactar futuras y necesarias reformas.
Chaves habla del líder del PSOE en pasado
Un lapsus que prueba la debilidad de Zapatero
EL DESLIZ cometido por Chaves al referirse a Zapatero en pasado revela hasta qué punto la vieja guardia del PSOE, partidaria de que le sustituya Rubalcaba como candidato, ha interiorizado que el secretario general ya está amortizado. «Yo habría preferido que hubiera seguido José Luis Rodríguez Zapatero, pero hay que afrontar con absoluta normalidad el supuesto de otro candidato», se retrató Chaves. El debate sobre la continuidad de Zapatero volvió a intensificarse después de que revelase EL MUNDO las rotundas declaraciones de un alto cargo socialista que afirmó que Rubalcaba será el relevo sin «ninguna duda». Varios barones socialistas alabaron ayer al ministro del Interior sin ahorrar calificativos. «Es un extraordinario cabeza de cartel», dijo Patxi López, mientras que el extremeño Fernández Vara aún fue más lejos al asegurar que es «la persona que mejor sintetiza ahora mismo en el PSOE lo que el país necesita». Los hechos demuestran que Zapatero no calibró las consecuencias de confesar que podría no volver a presentarse. Cada día que pasa es un líder más débil... también entre los suyos.
Pide al fiscal que le trate como a Chaves y Bono
Camps, pendiente de la Justicia... y de Rajoy
EL JUEZ que instruye el caso de los trajes decidirá antes de un mes si abre juicio oral contra Camps por aceptar presuntamente regalos de la trama Gürtel. Si el magistrado o la Sala de lo Civil y Penal encontraran razones para el archivo eso contribuiría a despejar antes la atmósfera enrarecida que respira hoy la política valenciana. Pero no parece probable. El propio Camps instó ayer a la fiscalía a aplicarle «la doctrina Bono o la doctrina Chaves», o sea, le reclamó que pida el archivo de su causa. Eso equivale a solicitarle que actúe con la misma presunta parcialidad que el PP le ha atribuido en esos casos. Todo indica que Rajoy debe estar preparado para enfrentarse a la tesitura de decidir si acepta como candidato a alguien que va a sentarse en el banquillo. En ese supuesto, lo lógico es que Camps no fuera en las listas: ni los valencianos deberían tener a un aspirante a presidente bajo sospecha ni el PP soportar tal desgaste. Otra cosa sería que el juicio se hiciera antes de las elecciones y Camps fuera declarado inocente, pero casi no hay tiempo, en parte porque la táctica de la defensa ha sido la de dilatar el proceso.
Tendrá más facilidad para atraer inversores
La Caixa predica con el ejemplo y será un banco
LA CAIXA, primera caja de ahorros española por tamaño, ha empezado los trámites para convertirse en banco. La entidad presidida por Isidro Fainé toma así la delantera en el proceso de reconversión del sector, pero sobre todo lanza una señal inequívoca a los responsables del resto de las cajas: sólo hay un camino. Porque La Caixa da este paso cuando está considerada por los expertos como la más bancaria de las cajas, menos contaminada políticamente y gestionada con criterios profesionales de eficiencia. Caixabank, como se llamará, será el grupo más solvente entre los grandes con un core capital del 10,9%, cotizará en Bolsa y tendrá mucha más facilidad para captar inversores. Con este trascendental paso, además, la entidad catalana se asegura ser dueña de su propio destino al evitar el riesgo de nacionalización por la entrada de capital público en su futuro accionariado.
El Mundo en dos minutos
Merkel nos reforma las pensiones, o no






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