EDITORIALES: A la letra le faltan detalles pero el estribillo es bueno

A la letra le faltan detalles pero el estribillo es bueno

Rajoy propone la privatización o el cierre de la mayoría de las 4.000 empresas y entes públicos, la aprobación de una ley de estabilidad presupuestaria, iniciativas para lograr la unidad de mercado, el cierre de organismos superfluos, la reducción de la carga fiscal a las pymes y la reimplantación de la desgravación de la vivienda, entre otras cosas. En síntesis, un programa basado en dos pilares: la austeridad del sector público y la creación de un marco favorable para que la empresa privada cree empleo.
Se trata de un conjunto de medidas que, a nuestro juicio, va en la buena dirección, pero Rajoy es muy concreto cuando habla de algunas como la desgravación a la vivienda o la prórroga de Garoña y ambiguo en sus alusiones al capítulo autonómico, aunque ello sea comprensible porque no estamos ante un programa de Gobierno sino ante el esbozo de lo que serán iniciativas concretas. En cualquier caso, merece la pena leer la entrevista con atención para poder captar los matices.
Rajoy defiende la necesidad de una ley de estabilidad presupuestaria que obligue a un déficit cero y establezca techos de gasto para todas las administraciones públicas. Y ello nos parece muy bien. Pero la cuestión es si va a tener la suficiente autoridad política para que las comunidades autónomas disciplinen sus gastos. Aunque dice que es partidario de no tocar la Constitución, probablemente no tendrá más remedio que abordar cambios legislativos para armonizar la política autonómica.
Teniendo en cuenta que el objetivo de déficit para este año es del 6%, para que Rajoy pueda lograr a corto plazo el equilibrio presupuestario con un altísimo coste del desempleo y los elevados intereses de la Deuda es obvio que tendrá que hacer recortes drásticos en áreas que no menciona.
Seguramente por esta razón Manuel Chaves hizo ayer referencia al «programa oculto» del PP, sugiriendo que la victoria de Rajoy traerá recortes sociales y un cúmulo de desgracias a España. Lo que ya hemos visto y padecido es la política de Zapatero, que ha dilapidado la herencia recibida en 2004. Lo que hoy propone Rajoy no es todavía la letra detallada de la música regeneracionista que el pasado fin de semana hizo sonar en Sevilla pero sí un buen estribillo de lo que es esencial para sacar a España de la crisis.
La situación es tan mala que podría parecer imposible que España pueda recuperarse en dos años. Pero hay que recordar que en 1996, cuando Aznar llegó al poder, existía un escepticismo semejante. El PP logró entonces crear una dinámica favorable que aceleró el crecimiento económico y la generación de empleo. Eso es lo que ahora podría pasar si Rajoy acierta.
Occidente debe apoyar una salida democrática en Egipto
El presidente Mubarak intenta prolongar su agonía política y, tras la dimisión del Gobierno, ha nombrado vicepresidente al jefe de los servicios de inteligencia, Omar Suleiman, un hombre clave en la fontanería del régimen, lo que ha exacerbado más a los manifestantes. Es imposible saber si Mubarak aguantará este envite, pero sí se ha evaporado su sueño de crear una dictadura hereditaria con la sucesión de su hijo. Con un presidente de 82 años y gravemente enfermo, la única posibilidad es la tutela del proceso por el Ejército, algo por otra parte común en la historia egipcia.
Los acontecimientos de Egipto -como los de Túnez- recuerdan en la forma a los que hace 30 años entronizaron en Irán al régimen de los ayatolás encabezado por Jomeini: el pueblo de un país musulmán que exige en las calles el final de un régimen despótico. En la forma sí, pero no en el fondo. Porque la revolución que puso sobre el tapete internacional la radicalización del Islam estaba organizada y tutelada por líderes religiosos totalitarios. En cambio, la que estamos viviendo ahora ha surgido espontáneamente desde un pueblo -autoespoleado a través de Internet- que se rebela contra la dictadura que sólo ha traído miseria. Y si los ayatolás lograron la sumisión de un país, los egipcios -como los tunecinos- anhelan la libertad. ¿Estamos, dos siglos después, ante la revolución francesa del Islam?
Occidente observa entre escéptico y esperanzado porque no sabe si en pleno desafío sangriento del terrorismo islamista radical puede haber democracia política en los países de mayoría musulmana.
Egipto es la gran piedra de toque. Porque Mubarak es el mejor aliado de EEUU en el polvorín de Oriente Próximo y nadie sabe qué consecuencias podría tener su desaparición de la escena política. No hay que olvidar que los radicales Hermanos Musulmanes son el principal partido de la oposición.
El presidente Obama ha pedido a Mubarak nuevas reformas y que no use la violencia para reprimir las protestas. Ayer se pronunciaron en el mismo sentido tres líderes europeos -Merkel, Sarkozy y Cameron- en un poco habitual comunicado conjunto. El mundo desarrollado debe implicarse para buscar una salida democrática en Egipto. El apoyo a sus ciudadanos y a las instituciones que surjan será un antídoto contra tentaciones totalitarias.







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