EDITORIALES: Primero cierre del espacio aéreo, luego acusación de sedición, luego amenaza de declarar el "estado de alarma" ¿y luego estado de guerra?
Un colectivo envilecido que merece lo peor

El cierre del espacio aéreo provocó las lógicas y comprensibles escenas de indignación en todos los aeropuertos españoles, en los que muchas personas perdieron los nervios ante la imposibilidad de coger vuelos contratados desde hace semanas o meses.
El motivo de los controladores para abandonar sus puestos de trabajo fue la interpretación, aprobada ayer por el Consejo de Ministros, del decreto del 5 de febrero de 2010. Ese decreto establecía un total de 1.670 horas anuales de trabajo. El Gobierno entiende ahora que el tiempo de formación, las tareas sindicales, los permisos laborales y las guardias no deben contabilizarse dentro de esas 1.670 horas, lo cual, según los controladores, contradice la literalidad del decreto.
El Consejo de Ministros aprobó también una disposición que exige a partir de ahora la autorización de un médico de AENA para abandonar el servicio por enfermedad, lo que agudizó el descontento de este colectivo.
Ante la extraordinaria gravedad de los hechos, el ministro de Fomento compareció anoche para exigir la inmediata reincorporación de los controladores a su puesto de trabajo. Como la vuelta no se produjo, Zapatero firmó la orden de militarización de la gestión del tráfico aéreo en base a un decreto aprobado ayer mismo en el que se le confería esa potestad. Se trata de una medida sin precedentes pero justificada por lo caótico de la situación. Además, hoy se reunirá el Consejo de Ministros para valorar la posibilidad de decretar el estado de alarma, por primera vez en la historia de la democracia.
La Fiscalía de Madrid abrió diligencias por un presunto delito de sedición de los controladores, contemplado en el artículo 544 Código Penal, en el que se establecen penas de hasta 10 años de cárcel e inhabilitación a perpetuidad contra quienes «se alcen públicamente para impedir por la fuerza la aplicación de las leyes». No parece que esa tipificación encaje con la conducta de los huelguistas, a los que tal vez se les podría aplicar la Ley Penal de Navegación Aérea, que establece sanciones de hasta 12 años de cárcel por «interrumpir» el servicio.
Al margen del plano penal, esa conducta merecería el despido inmediato de los huelguistas, aunque desgraciadamente ello no será posible porque no existe recambio a un colectivo que se ha cuidado muy mucho de restringir el acceso a su profesión. En esta ocasión, los controladores -los profesionales mejor remunerados en la sociedad española- han sobrepasado los límites y han abusado de su poder. Todos y cada uno de quienes ayer se fueron a su casa deberían no sólo sufrir un durísimo castigo sino además la reprobación de los ciudadanos por su ignominioso comportamiento que contraviene el más elemental sentido de la ética.
Críticas contra la eliminación de los 426 euros
El nuevo ajuste 'repugna' dentro del propio PSOE
LA SUBIDA del tabaco y la decisión de aprobar la reforma de las pensiones el próximo 28 de enero, junto a la supresión de la ayuda a los parados de larga duración y la privatización parcial de Aeropuertos y Loterías han puesto en pie de guerra a los sindicatos e incluso han generado una escalada de críticas dentro del propio PSOE. Varios dirigentes socialistas se posicionaron ayer en contra de la eliminación del subsidio de los 426 euros, caso de José María Barreda, Javier Rojo, Tomás Gómez o Jerónimo Saavedra. El ex presidente canario llegó a decir que le «repugna» la medida «por muy socialista que sea el presidente». No cabe duda de que este paquete de recortes, el retraso de la edad de jubilación y el alargamiento del periodo de cálculo de las prestaciones comportan aún más desgaste para el PSOE a pocos meses de las elecciones municipales y autonómicas. Pero la cuestión de fondo es que la crisis, agravada por los continuos bandazos del Gobierno, ha llegado a tal punto que Zapatero no tenía más remedio que actuar como lo ha hecho. A la propia UE se le ha acabado agotando la paciencia con España.
Los informes policiales acorralan a Bárcenas
EL LEVANTAMIENTO del secreto del sumario de Gürtel permitió conocer ayer que Luis Bárcenas intentó recuperar todavía el pasado mes de febrero 1,3 millones de euros de sus cuentas abiertas en Suiza. Su intentona se produjo justo un año después de ser implicado en el caso por el juez Garzón. Al margen de que las pruebas incriminatorias contra Bárcenas siguen creciendo, este episodio revela la torpeza del PP al no desmarcarse antes y más rotundamente de su hoy ex tesorero. En febrero de 2010, Bárcenas todavía militaba en el PP, ocupaba su escaño en el Senado y dirigentes como Arenas decían estar «orgullosos» de su labor. Dos meses después se dio de baja y dimitió en la Cámara Alta, pero por decisión propia. Una vez que los informes policiales apuntalan la tesis de que Bárcenas se enriqueció con la trama, cabría pedir al PP que afronte los hechos y deje de presentarse como víctima de Rubalcaba.
Filtrar informes secretos no da patente de corso
EL FUNDADOR de Wikileaks, sobre el que pesa una orden de detención por dos posibles delitos de violación cometidos en Suecia, sigue haciendo oídos sordos a los requerimientos de la Justicia de ese país. Julian Assange se oculta en el sur de Inglaterra y podría ser detenido de forma inminente. De hecho, Scotland Yard dice tenerlo localizado y procederá a arrestarlo en cuanto reciba la euroorden de Estocolmo. Assange ha asegurado que los delitos de los que se le acusa son falsos, pero donde debería defender su inocencia es ante los tribunales. Suecia es un Estado de Derecho con todas las garantías. Tal vez Assange ha creído que está por encima de la ley por la repercusión que ha tenido su filtración de documentos secretos de EEUU. Esa actuación le ha servido por sí sola para ganarse a cierta élite progresista, que trata de justificar ahora su comportamiento, igual que intentó disculpar en su día a Polanski. Pero sacar a la luz información confidencial -la mayor parte irrelevante- no da patente de corso. Assange ganaría credibilidad para él y para su causa si saliera del escondite y diera la cara.











