EDITORIALES: Un Papa profundo que esta vez ha matizado muy poco

Un Papa profundo que esta vez ha matizado muy poco
Por ello, sorprenden sus simplificadoras declaraciones cuando, en el avión que le transportaba a Galicia, el Papa comparó «el movimiento laicista y anticlerical fuerte y agresivo» que existía en la España republicana de los años 30 con «la disputa entre la fe y la modernidad» que se produce en estos momentos en España de forma «muy vivaz». El Papa aseguró que nuestro país es hoy «punto central» en la confrontación entre los valores religiosos y el laicismo, batalla cuyo resultado, según sus palabras, decidirá «el futuro de la fe» en Europa.
Es cierto que en España existe una minoría activa anticlerical, extremadamente intolerante, pero la sociedad en la que vivimos es muy distinta de aquella de los años 30, cuando se quemaban conventos y se agredía a los religiosos. Afortunadamente, hoy nadie es perseguido, encarcelado o, menos aun, asesinado por sus posiciones católicas. En el propio Gobierno de Zapatero y en el PSOE, existen dirigentes que proclaman sus creencias católicas como José Bono, José Blanco o Francisco Vázquez y compatibilizan sin problemas esas convicciones religiosas con su militancia socialista.
En la entrevista que publicamos hoy, el cardenal Rouco introduce un matiz interesante en este debate al precisar que una cosa es «una legislación que nos coloca en el primer puesto del ranking mundial de laicismo y otra la realidad social» que pone en evidencia que la mayoría de los españoles son creyentes y actúan en consecuencia. Ello se ajusta más a lo que sucede en este país.
No compartimos el análisis del Pontífice por la sencilla razón de que no debería haber una contraposición entre «fe y laicismo», como literalmente planteó en el avión. El propio concepto de laicidad tiene su origen en el pensamiento cristiano occidental. Los filósofos escolásticos ya defendían una conciliación entre la fe y la razón, una tradición intelectual que llega hasta este Papa que ha reivindicado en muchas ocasiones la idea de que ambas son compatibles.
La laicidad, entendida como separación del ámbito de las creencias religiosas de la organización política del Estado, no es patrimonio de la derecha ni de la izquierda, ni de los católicos ni de los agnósticos. Es simplemente una actitud de respeto hacia el otro que debemos asumir. Y lo primero que hay que respetar es el libre ejercicio de las convicciones religiosas.
Dicho esto y dado que la mayoría de la población española es católica, como señalaba Rouco, se echó en falta ayer la presencia del presidente del Gobierno en Santiago. Zapatero, que no dudó hace un año en desplazarse a Washington para acompañar a Obama en sus oraciones, viajó a Afganistán y se hizo una foto con el poco presentable Hamid Karzai. Su actitud recuerda la de Alfonso Guerra cuando se marchó de España en viaje oficial a Hungría para no tener que dar la mano a Ronald Reagan.
Ayer se volvió a visualizar que quien lleva las riendas del poder en el Gobierno es Alfredo Pérez Rubalcaba, que recibió al Papa en Santiago y luego tuvo un encuentro a solas con él, como si fuera la máxima autoridad del Estado. El protagonismo de Rubalcaba en un acto tan importante subraya todavía más el error de la ausencia de Zapatero, que estará hoy en el aeropuerto de El Prat para despedir al Pontífice. Demasiado tarde y demasiado poco.
Eguiguren deja en evidencia la falsa coartada de Rubalcaba

La entrevista desmonta de pleno las explicaciones con las que José Antonio Alonso y Rubalcaba han intentado minimizar en los últimos días la presencia del presidente del PSE en el juicio alegando que acudía allí a instancias del juez del caso: «Irá como ciudadano, porque le llama un juez a declarar y tiene que colaborar con la justicia», manifestó ayer el vicepresidente primero, olvidándose de recordar quién es el que lleva a Eguiguren a ese juicio.
Con esta ambigüedad, a todas luces calculada, se entiende el éxito de la concentración que el colectivo Voces contra el Terrorismo, presidido por José Antonio Alcaraz, había convocado ayer en Madrid. Sin el apoyo de ningún partido político ni de la AVT -asociación que Alcaraz presidió hasta mayo de este año y a la que Rubalcaba parece haber domesticado- logró reunir a unos 20.000 ciudadanos que protestaron contra cualquier negociación con la izquierda abertzale, mientras ETA siga existiendo. En aras de la firmeza en un proceso que no debe tener otro final que la rendición de ETA, Jesús Eguiguren tiene que dejar cuanto antes la presidencia del PSE o el partido debería obligarle abandonar el cargo.















