Isabel San Sebastián
Publicado el Sábado, 26 de junio de 2010
De todas las caras que presenta esta 'crisis horribilis' que nos fustiga, la más siniestra ha pasado prácticamente desapercibida, sin alcanzar la gloria de las portadas: España no quiere hijos. España sufre una grave enfermedad que le impide crecer y multiplicarse. España se muere poco a poco.
Desde la primera infancia de la Humanidad los vástagos fueron siempre fuente de alegría, perpetuación, prosperidad… Hoy se han convertido en una carga. Nunca dispusimos de tanta riqueza y sin embargo nunca cotizó tan a la baja el valor de una nueva vida. El año pasado nacieron menos de 500.000 bebés y fueron abortados más de un millón. ¿Qué clase de futuro aguarda a una sociedad que se mira de tal modo el ombligo? Romperse el cuello.
Se aducen las dificultades económicas como argumento para justificar la escasez de nacimientos, pero se trata de un argumento falaz que se desmonta recurriendo a las cifras de renta per cápita. La razón de fondo que explica esta debacle es mucho más compleja y poco tiene que ver con el dinero. Es una cuestión de consideración, de concepto, de ignorancia suicida. Los niños son percibidos por una alarmante cantidad de hombres y de mujeres como un estorbo para su desarrollo personal, un obstáculo en la carrera profesional, una molestia a la hora de planificar viajes o salidas, un desafío demasiado enmarañado en lo que concierne a su educación. En definitiva, un lastre. Leemos y escuchamos a diario testimonios de personajes y 'personajas' con gran proyección pública que se declaran «no preparados/as» para ser padres o madres, aunque sí para tomar las riendas de un ministerio, por ejemplo. Como si los hijos requirieran otra cosa que amor, ejemplo y algo de tiempo de calidad. Como si no fueran la mejor escuela de generosidad, el mayor de los regalos. Como si nos empeñáramos en empequeñecer deliberadamente el sentido de nuestra existencia agotándola en sí misma.
Caminamos a pasos agigantados hacia el escenario de un país de viejos, abanderado de una Europa senecta en la que hoy ya hay 85 millones de ancianos por 78 de jóvenes. Esa España arrugada, decrépita, exhausta, estará gobernada por los exponentes de esta generación de hijos únicos (la tasa de fecundidad, o sea, el número de criaturas habidas por cada mujer, está ya en 1,33 en las españolas y 1,69 en las extranjeras, que han dejado de suplir nuestras carencias), crecida entre algodones sin la menor idea de lo que significa compartir y acostumbrada a ver satisfechos todos sus caprichos al instante. ¿Quién pagará las pensiones de los abuelos? ¿Cuánto tardará en imponerse la eutanasia como 'solución final'?
Al tiempo...
Manuel Hidalgo
Publicado el Sábado, 26 de junio de 2010
Hay muchas personas que lo saben todo sobre la talla de las bragas de Belén Esteban y hay unas pocas personas que lo saben todo sobre las cesuras en la poesía de Virgilio, siendo bien cierto que casi la totalidad del personal no sabe siquiera lo que es una cesura.
Así de mal repartido está el conocimiento. El conocimiento de las cesuras, desde luego, no es lo más importante que hay en este mundo, y para eso están las clases medias del saber, que pueden citar cuatro cuadros de Velázquez por su título, un par de sinfonías de Beethoven de oídas y el número 'pi' -que nunca ha servido p [...]
LA POLÉMICA NACIONAL
Sordina al pacto, que luego los
'duros del PP' van e incordian
Víctor de la Serna
Publicado el Sábado, 26 de junio de 2010
Con solemnidad, EA y la izquierda 'abertzale' firmaban su pacto en Bilbao. Algunos lo denunciaban. Así, Ignacio Camacho, en 'ABC': «Acuciados por la necesidad perentoria de encontrar hueco en las instituciones locales que alimentan su entramado filoterrorista, los batasunos han contratado a Eusko Alkartasuna como vientre de alquiler para incubar el huevo de la serpiente al calor del presupuesto público». Y ratificaba Consuelo Sánchez-Vicente, en 'La Vanguardia': «La pretensión de Eusko Alkartasuna de jugar sola a este juego me parece doblemente lamentable, mendaz y mentirosa. Basta ya de engañar a la gente. Batasuna no es un partido perseguido por sus ideas radicales: hasta que cumpla la ley de partidos Batasuna es ETA. Habría sido estupendo que las cosas fueran de otra manera, pero como dice Rubalcaba, Batasuna está 'incapacitada' para separarse de ETA. Es a ETA a la que los nacionalistas vascos de EA (la escisión del PNV de Carlos Garaikoetxea, que fue lehendakari, por favor) le han puesto el domingo la alfombra».
¿Es EA la culpable del bochorno? Federico Jiménez Losantos, en EL MUNDO, tiraba de historia y discrepaba: «Dice Rubalcaba que 'la historia democrática de Eusko Alkartasuna (EA) es impecable'. Si no recuerdo mal, es lo mismo que dijeron el fiscal general y el Gobierno (Rubalcaba siempre es el Gobierno) cuando ETA eligió el disfraz de Acción Nacionalista Vasca (ANV) para presentarse a las elecciones municipales. (...) A efectos políticos, el que inventa las coartadas legales del terrorismo no es ETA, es el PSOE. Recordemos que el PSOE ha llegado a prohibir y permitir a la vez las mismas siglas etarras según en qué provincia se presente».
Enfrente está 'El País', donde, inasequible al desaliento, Luis R. Aizpeolea repetía: «La que tiene clara su hoja de ruta es la izquierda 'abertzale', que proclama su apuesta por un polo soberanista por 'vías políticas y pacíficas', para las que trata de ganar adhesiones y aumentar con ellas la movilización de sus bases, desanimadas tras la ruptura de la última tregua hace ahora tres años». Pero, quizá escaldados por los patinazos de las últimas semanas, ni un editorialista o columnista del periódico de Prisa decía esta boca es mía.
En cambio, 'El Periódico' daba una de cal y otra de arena en un editorial: «Es precisamente la política de firmeza la que ha llevado a los radicales a interiorizar que sólo podrán hacer política legal si se distancian de ETA (...). Pero algo está cambiando en el mundo de Batasuna. Por eso esa firmeza en lo esencial no debe impedir que se adopten decisiones que faciliten el desenganche. En este aspecto, la discreción es esencial. Entre otras razones para evitar que el ala dura del PP, con Mayor Oreja al frente, ponga constantes palos en las ruedas de una solución. Porque parece que al PP lo que más le molesta es que esa solución pueda llegar mientras aún gobierna Zapatero».
Es cristalino el editorialista del diario filosocialista barcelonés: que sigan los contactos con los 'abertzales' y sus jefes, pero discretitos, porque el peligro no son ellos, sino esos incontrolados del PP.
EL CORREO CATALÁN
'Personal Copyright'
Arcadi Espada
Publicado el Sábado, 26 de junio de 2010
Querido J:
SEQUEIROS
En octubre saldrá a la venta la novela Annexed: The Incredible Story of the Boy Who Loved Anne Frank (Andersen Press), de Sharon Dougar, una escritora británica especializada en adolescentes. En su novela, Dougar utiliza la retórica del falso diario, atribuyéndoselo al joven Peter van Pels, que compartió escondite con Ana Frank. El eje de la atención publicitaria del libro es el enamoramiento y el petting (de la edición final se suprimió un coito) de Ana y Peter. En Gran Bretaña ha provocado una cierta atención polémica. El único pariente vivo de Ana Frank, su primo Buddy Elias, se queja de que las caracterizaciones de los personajes no son fidedignas. Y ha añadido que no se debería hacer ficción con «su horrible destino». La Fundación Ana Frank, por su parte, ha acusado a Dougar de querer hacer dinero a costa de la memoria de la joven y le reprocha que no haya sido capaz de crear personajes desde cero.
La escritora afirma haber tenido las mismas dudas y se ha defendido apelando a la «sensibilidad» con que ha escrito el libro. También ha dicho que en los diarios de Ana Frank la sexualidad ocupa un espacio mayor que en su novela. Y ante los que la acusan de haber incurrido en el anacronismo (es decir de haber materializado la atracción de Ana y Peter, ignorando que en la sociedad de la época la materialización sentimental era mucho más improbable que en nuestro tiempo), se remite a la biología: lo único que han cambiado son las costumbres; porque las hormonas de los adolescentes de hace 60 años eran las mismas que ahora.
Comprenderás, dados mis gustos, que estas cuestiones hayan armado también la habitual polémica en mi cabeza.
Empecemos por despejar el campo en la medida en que se pueda. Es obvio que el primo Elias se adentra en territorios pantanosos. No parece que sólo los destinos felices puedan ser materia de las ficciones. La Fundación no debería aludir al dinero. Mucha gente en el mundo hace dinero con la memoria. ¡Si lo sabremos en España! El problema no es la falsa moneda, sino la falsa memoria. En cuanto a hacer personajes desde cero, la réplica es sencilla: no hay personajes, ni siquiera vivos, que estén hechos desde cero. Las ficciones, como ya dijo Christophe Donner hace años, no sólo se alimentan de lo que pasa, sino de lo que no pasa y debiera pasar: «Si tengo sed, imagino que bebo». Y en cuanto a la «sensibilidad» que garantiza la novelista no es más, dicho de un modo benevolente, que el pacto sexual al que parece haber llegado con sus editores, no yendo más allá del petting. Dougar tiene una franca relación con los tópicos: hay por ahí otro momento de sus justificaciones en el que dice, sin rubor, que ella no quería escribir esta historia pero que «la historia la eligió a ella» para ser contada. Ya sabes: mesas que se mueven.
Un reportaje en el Guardian ofrece también el punto de vista de John Boyne, autor de la célebre novela El niño con el pijama de rayas. Sus opiniones sobre el papel pedagógico de la ficción proyectada sobre asuntos como el Holocausto me parecen razonables, o al menos pueden discutirse. Y Boyne dice, como ya dijo nuestro Pombo: «Coloquemos un personaje de ficción en un marco histórico y ese mundo se habrá corrompido.» Creo que le darás la razón, desde luego. Pero no, justamente, si la sentencia se aplica al caso que nos ocupa: Ana Frank no es un personaje de ficción. Y la cuestión clave es, precisamente, si la ficción puede corromperla. No conozco el libro de Dougar y no sé en qué medida sus tesis y sus estética narrativa necesitan de Ana Frank. Más bien me inclino a pensar que son sus derechos de autor los que necesitan a Ana Frank. Aunque ya te he dicho que la cuestión no es el dinero: sólo la forma de ganarlo.
La estrategia de Dougar no es distinta de aquella que utilizó Donald McCaig para escribir la continuación de Lo que el viento se llevó. Un asunto muy interesante: McCaig negoció su proyecto durante doce años con los herederos de Margaret Mitchell, la autora de la novela original. Dougar, en cambio, no ha necesitado del asentimiento de los herederos de Ana Frank: es la diferencia entre las personas y los personajes. Las personas no tienen copyright. Al parecer nadie impide que un novelista invente los besos de Ana Frank. Pero si se trata de los besos de Rhett Butler (¡y no de los de Clark Gable!) habrá de pagar. Debe de ser aquel tributo a la verdad poética que hacen flamear los aristotélicos.
Como sabes bien, yo soy un hombre caracterizado por el sentido práctico y todas las cartas que te escribo aspiran a tenerlo. Después de muchos años dedicado al examen de estos avatares de la fiction y la faction ha llegado la hora pragmática. Estarás de acuerdo en que yo no puedo escribir en un periódico que Ana Frank mantuvo relaciones sexuales durante su cautiverio. El titular provocaría una airada petición de explicaciones. E incluso algún problema judicial: no se puede mentir impunemente en un periódico. Imagínate lo que sucedería si yo escribiera que el ministro Pedro Solbes (una persona viva y coleando) mantuvo relaciones sexuales en un Consejo de Ministros. El derecho al honor y mil etcéteras. Dirás que la diferencia radical está en el género: no es lo mismo escribir en un periódico que en una novela. La objeción habitual. Pues bien, no. Ya no.
La exigencia de veracidad del nombre propio no debe verse afectada por la circunstancia retórica en que se exhiba el nombre. Es decir, por el hecho de que el nombre figure en un periódico o en una novela. La nitidez de esas circunstancias es mucho menos intensa que el nombre propio y sus etiquetas asociadas, es decir, Ana Frank, Ámsterdam, ocupación nazi, cautiverio. Por lo tanto cualquier utilización de los nombres propios en una ficción deberá someterse a las mismas exigencias de veracidad que se darían en el caso de aparecer en un periódico. Y con las mismas consecuencias, en el caso de falseamiento. El nombre propio corrompe la ficción e instala un automático pacto de veracidad.
Estoy seguro de que te parecerá perfectamente razonable esta propuesta. Has dado muestras repetidas de ser un hombre cabal. Pero lo que espero, sobre todo, es que les parezca razonable a todos esos aniñados que están todo el día jodiendo la marrana a propósito de la imposibilidad de distinguir entre realidad y ficción y entre personas y personajes. A su campo me he pasado, y con sus propias armas y bagajes. Yo tampoco distingo. La Ana Frank de la ficción no existe.
Sigue con salud A.
CONJETURAS
A. Rubio
Erasmo
Publicado el Sábado, 26 de junio de 2010
Incalculable Billy Clinton, su affaire sexual estrafalario, Oval Room, fellatios furtivas, su tenor sax y los solos de clarinete de Monica Lewinsky. Apagar el clamor mediático: bombardeó una instalación dizque de armas químicas en Sudán; era una fábrica de aspirinas. Aquí: polo de distracción, controversias con la Prensa independiente. Jueces hitlerianos(obedientes al poder), la Ley de Prensa de Franco, vigente, fiscales (Gobierno) en primer tiempo de saludo y: España condenada por la Corte Europea de Derechos Humanos y.
VIDAS PARALELAS
Predicadores sin fe
Pedro G. Cuartango
Publicado el Sábado, 26 de junio de 2010
JOSÉ ANTONIO ALONSO / SAN MANUEL BUENO
No hay oficio más duro que aquel en el que no se cree. Al ver el pasado martes en la tribuna del Congreso a José Antonio Alonso, sentí una mezcla de pena y admiración por el papel que se veía obligado a hacer: defender al Gobierno.
Alonso es un descreído. Hace mucho tiempo que ha perdido la fe en Zapatero, pero sigue haciendo su trabajo de portavoz por lealtad. Es precisamente la palabra que él utilizó para recriminar a Antonio Gutiérrez el haber roto la disciplina.
A pesar de que es perfectamente consciente del derrumbamiento del proyecto, el portavoz socialista pone todo su talento y su esfuerzo en intentar dar una coherencia a lo que no la tiene.
Me recuerda mucho a aquel personaje de Miguel de Unamuno: San Manuel Bueno, el párroco de Valverde de Lucerna, el sacerdote que simula tener una fe que ha perdido hace mucho tiempo.
Don Manuel finge que cree en Dios para no desmoralizar a los feligreses que le consideran un santo. Igual le sucede a Alonso, amigo personal de Zapatero, que disfraza su escepticismo con la contundencia dialéctica de sus argumentos contra el PP.
Me reprocharán algunos escépticos que compare a Alonso con un santo, lo mismo que cuando revestí a Dolores de Cospedal de algunos rasgos de 'La Pasionaria'. No les quitaré yo la razón, porque el ejercicio de estas vidas paralelas siempre tiene mucho de esperpéntico. Busco deliberadamente la exageración para iluminar una realidad oculta. Que lo logre o no es otra cuestión.
Alonso me produce la misma fascinación que los músicos de la orquesta del Titanic, que interpretan un vals mientras el buque se hunde.
La grandeza de este hombre está en su inmolación al servicio de un Gobierno en el que no cree, lo mismo que el moribundo párroco de Valverde se despide de sus paisanos invocando una fe de la que carece.
Todos en el pueblo juzgan a Don Manuel como un santo por sus obras de caridad y nadie es capaz de imaginar el tormento interior que sufre por su escepticismo.
A Alonso le sucede lo mismo: la gente le ve como alguien que no duda, que siempre encuentra motivos para justificar al Gobierno y a Zapatero. Pero el portavoz socialista sufre una crisis de identidad cuando se mira en el espejo y se da cuenta de que tiene que defender aquello en lo que ha dejado de profesar hace mucho tiempo.
«Sí. Hay que creer en todo lo que nos enseña la Santa Madre Iglesia Católica», dice el cura a alguien que duda. Es el mismo mensaje que lanza Alonso desde la tribuna del Congreso: el Gobierno siempre tiene razón, aunque la razón sea hoy contradictoria con la de hace un mes.
El PSOE ya tiene su 'San José Antonio Bueno y Mártir', lo que prueba el mérito de este sufrido y leal varón leonés. Como apunta el Evangelio, la virtud de un hombre puede redimir el pecado de otros muchos.
ASUNTOS INTERNOS
La paz de Mariano Rajoy
Lucía Méndez
Publicado el Sábado, 26 de junio de 2010
La vida es un juego de compensaciones. Así como este mes de junio ha sido el peor para Zapatero desde que decidió dedicarse a la política, a Mariano Rajoy le ha sucedido todo lo contrario. Desde que fuera elegido por Aznar para sucederle en aquel lejano agosto de 2003, este mes de junio ha sido el mejor para el presidente del PP. Las encuestas que pronostican su victoria en las elecciones han obrado el milagro de que todo el mundo le deje en paz, que es, como se sabe, su máximo deseo junto al de ser presidente del Gobierno. De pronto han desaparecido las especulaciones sobre su liderazgo, los sobresaltos producidos por los comentarios de Esperanza Aguirre y las tonterías de Francisco Camps. Hasta Gallardón ha pasado a hacer política casi en la clandestinidad, que ya es decir. Contemplando tranquilamente el derrumbe político de Zapatero, el líder del PP cumple escrupulosamente el consejo de sus asesores: «Ya hemos logrado que el PSOE pierda las elecciones, ahora lo único que hace falta es conseguir que el PP no las pierda».
A Rajoy quizá le gustaría meterse en la cama y no despertar hasta el día de las próximas elecciones, pero como no puede, sigue cumpliendo su agenda disciplinadamente. Ayer el presidente del PP había anunciado la presentación de su alternativa económica para España. Tenía toda la pinta de ser un acontecimiento importante para el planeta, aunque a tono con los tiempos en los que vivimos, al final Rajoy acabó hablando de Sara Carbonero y el Mundial. En realidad fue un acto social. Las fuentes que acompañan a Rajoy en la planta noble de Génova, 13 se declararon muy satisfechas de la asistencia de los principales empresarios y banqueros del país. El contenido de la intervención no cumplió las expectativas del enunciado de la conferencia, pero es igual. La alternativa del PP consiste en decir que Rajoy está listo para gobernar España. Claro. ¿Quién lo duda? Listo está desde que fue elegido candidato a la Presidencia del Gobierno en 2003. Y preparado también porque es un político de largo recorrido. Lo único que le falta es ganar las elecciones que, de momento, están previstas para dentro de un año y medio.
No es que sea una eternidad, pero tal y como va el mundo, es mucho tiempo para un único mensaje. Aunque para que no digamos que los políticos sólo se ocupan del corto plazo, hay dirigentes del PP que ya están pensando en 2020. El gran superviviente, Javier Arenas, ha propuesto un Gobierno de coalición PSOE- PP para dentro de seis o diez años. Para entonces, si se cumplen las predicciones del PP, Rajoy estará en su segundo mandato y Zapatero a lo mejor paseando por León. Lo único seguro es que Arenas seguirá en política. De lo que sea