EDITORIALES: Zapatero prepara una amnistía fiscal/ Pepiño y Pons ¡coinciden! y afirman que sobra burocracia política

Una amnistía fiscal polémica pero justificada
NO ES un secreto para nadie que España tiene en estos momentos un gravísimo problema de financiación no sólo de la deuda pública sino también de la del sector privado. Según revela hoy EL MUNDO, ello ha impulsado al Gobierno español a elaborar un plan de regularización fiscal que consistiría en intentar captar dinero que hoy por hoy está fuera del alcance de Hacienda mediante emisiones de deuda pública especial, a precio más barato que el del mercado.
El Ejecutivo lleva este asunto en secreto porque es consciente de la polémica política que puede generar una iniciativa de estas características, como ya sucedió en 1984 cuando Miguel Boyer sacó adelante los afros (pagarés opacos al portador) o cuando Carlos Solchaga lanzó en 1991 unas emisiones para captar dinero negro, proviniente de la economía sumergida.
Ambas operaciones fueron un éxito para las arcas de Hacienda porque permitieron recaudar una buena cantidad y, además, afloraron unos recursos que estaban ocultos al Fisco. Ahora hay cálculos que indican que se podrían captar hasta 50.000 millones, cifra que sería la mitad de la lograda por Berlusconi en Italia con unas emisiones parecidas.
La principal objeción que se puede plantear a esta amnistía fiscal es que dejaría impune la conducta de ciudadanos que han defraudado a Hacienda, mientras que otros cumplían fielmente sus obligaciones. No deja de ser un sarcasmo la anunciada subida de la presión fiscal a las rentas más altas de trabajo en Cataluña y Baleares, mientras se perfila esta solución que favorece al que ha vulnerado la ley porque tenía unos ingresos opacos, seguramente mucho mayores que los de las personas que van a sufrir el incremento del IRPF.
En un mundo ideal, el Estado no se debería prestar a ningún tipo de amnistía fiscal. Pero la realidad es que la situación de nuestras arcas públicas es desastrosa y que el Gobierno se ve obligado a buscar soluciones de emergencia. No en vano el principal deber de un gobernante democrático es velar por el bienestar de la mayoría y resolver los problemas con el menor daño posible. Ésta sería la gran justificación de la operación que planea el Gobierno, que probablemente es una de las menos malas dentro de lo posible.
En estos momentos, el montante de la deuda total española asciende a 1,5 billones de euros, el 150% del PIB aproximadamente. De esa cifra, 600.000 millones corresponden a la deuda del conjunto de las Administraciones Públicas y los 900.000 millones restantes son deuda de los bancos y las empresas en el exterior.
La suma que hay que refinanciar este año para hacer frente a los vencimientos y a las nuevas obligaciones asciende a unos 600.000 millones de euros, una cantidad mareante incluso para un país que ha sido hasta ahora solvente.
España tendría que recurrir a ayudas de la UE y del FMI si no es capaz de colocar las nuevas emisiones, lo cual no es una ficción porque la última subasta del Tesoro fue cubierta por los bancos españoles en ausencia de compradores extranjeros. Con un diferencial de 200 puntos básicos sobre el bono alemán a 10 años, la situación empieza a ser dramática.
Zapatero ha cometido, sin duda, muchos errores pero no sería justo reprocharle que quiera hacer ahora lo que le hemos venido pidiendo desde hace mucho tiempo: un recorte del gasto, una reforma laboral en profundidad y un cambio de política que permita a España salir de la crisis. Si estas emisiones para captar dinero depositado en el extranjero o en billetes de 500 euros guardados en los cajones contribuyen a aliviar el gravísimo problema financiero del Estado, habría que apoyar la iniciativa teniendo en cuenta su excepcionalidad y sin menospreciar las objeciones éticas que plantea.
Abogan por reducir drásticamente el tamaño de las administraciones
Blanco y González Pons ¡coinciden! y afirman que sobra burocracia política
SI LA crisis ha logrado unificar el discurso de José Blanco y de Esteban González Pons es que la cosa se ha puesto muy seria. Ayer, a Blanco no le dolieron prendas al plantearse cuestiones como «¿tiene sentido en una administración tan descentralizada que sigan existiendo las diputaciones provinciales?, ¿o que haya tantos miles de ayuntamientos tan dispersos cuyo único gasto es el gasto corriente?» En idéntica línea se manifiesta González Pons en la entrevista que publicamos hoy con afirmaciones como «hemos creado demasiadas consejerías, direcciones generales y puestos de asesores» o «cada político en la administración es una unidad de producción de burocracia». Aunque han sido los propios políticos -en todos los niveles de la administración- los que han ido alimentando al monstruo año tras año, es una magnífica noticia que los partidos de los que depende la inmensa mayoría de las administraciones españolas se hayan dado cuenta por fin de la necesidad de reducir un sector público administrativo que engulle recursos del Estado como un pozo sin fondo. El punto de partida es perfecto: Gobierno y oposición de acuerdo en la imperiosa necesidad de reducirlo. Ahora falta empezar a recorrer el camino; es decir, concretar el cómo y el cuándo en un programa ambicioso y creíble. Como reconocía ayer Blanco, «en el debate político nos hemos acostumbrado a hablar de chorradas en lugar de hablar de las cosas de fondo». Pues que se sienten y hablen de esto.
Gana su quinto Roland Garros y recupera su mejor nivel de juego
El espíritu de superación de Nadal, una lección en tiempos de crisis
RAFAEL NADAL sigue haciendo historia. Ayer ganó su quinto título en Roland Garros al derrotar de forma contundente al sueco Robin Soderling, que le había eliminado el año pasado. El tenista español se acerca a Bjorn Börg, que es el único que ha ganado seis torneos en París. Su victoria le permite recuperar el número uno en el ranking mundial, que estaba en manos de Roger Federer. Lo primero que hay que subrayar es la enorme fuerza de voluntad de Nadal, que ha superado una crisis de la que algunos creían que no se iba a poder sobreponer. Tras su derrota el año pasado en Roland Garros, el tenista sufrió un importante bajón y una serie de lesiones que mermaron su juego. Además, pasó por el mal trago de la separación de sus padres. Gracias a su tenacidad. Nadal ha remontado esta temporada en los torneos de tierra, con victorias en Roma, Montecarlo y Madrid. Ayer se tomó la revancha en París, siendo el tercer jugador que gana sin perder un solo set. Nadal tiene ya un impresionante historial y, como dijo ayer Soderling, seguirá engrosándolo si mantiene el nivel alcanzado, dado que sólo tiene 24 años. Nadal no es el tenista del circuito con golpes más agresivos ni con el juego más brillante. Pero demuestra que no hay límites en el deporte cuando se tiene una fuerza de voluntad como la suya. Hay que estar orgullosos tanto de sus triunfos como de su espíritu de lucha ante las dificultades, una cualidad más necesaria que nunca en épocas de crisis.











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