

LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIÁN
Suicidarse por España
SI ZAPATERO tuviese una remota idea de lo que significa el término patriotismo haría lo que tiene que hacer a la mayor brevedad y luego convocaría unas elecciones anticipadas en las que su partido sufriría probablemente un castigo durísimo. O no.
¿Quién sabe? Tal vez el electorado premiara la grandeza de miras de una formación capaz de rectificar antes de someternos a todos al colapso total que se avecina, reconocer la incapacidad de su líder y cambiar de candidato. Es incluso probable que un regreso a las raíces del socialismo auténtico, obrero y español, pasado por el tamiz del siglo XXI, devolviera la ilusión a ese porcentaje creciente de ciudadanos desencantados que las encuestas sitúan actualmente en la abstención. En todo caso el sacrificio no sería gran cosa, habida cuenta de que el antaño altivo Maquiavelo de León es hoy por hoy un muerto viviente sin proyecto ni futuro. Un presidente zombi que no termina de asumir su condición de difunto y se aferra al mandato con gesto crispado, sin atreverse a dar la cara ante los representantes del pueblo. Escondido como un cobarde detrás de sus vicepresidentas.
Si habitara en él la generosidad, si tuviese sentido del Estado, aprovecharía el poco tiempo que le queda para urdir un suicidio útil. Suicidio político, se entiende. ¿Cómo? Despejando el campo español de las minas heredadas y de las que él ha sembrado. Forzando una profunda reestructuración del mercado de trabajo susceptible de permitir la creación de empleo, aun a costa de enfrentarse a los sindicatos. Despejando las trabas que, en forma de presiones, impiden al TC emitir una sentencia sobre el Estatuto de Cataluña acorde a lo que dicta la Constitución. Poniendo coto al despilfarro autonómico por el procedimiento de cerrar el grifo en el próximo Presupuesto. Liquidando de una vez por todas los ministerios-florero.
Algo así le pidió el jueves Duran Lleida en el Congreso, a la vez que le proporcionaba oxígeno para seguir agravando la dimensión del desastre. ¡Curiosa paradoja! ¿De verdad confía el portavoz de CiU en la capacidad de nuestro líder para hacerse un harakiri patriótico, o será más bien que el calendario electoral aconseja a los nacionalistas mantener como sea al cadáver? Alguien tiene que pagar el cabreo del respetable, piensan ellos, y lo que conviene a sus intereses es que el primero sea Montilla. Lo demás es lo de menos, al menos hasta ese día.
Se ha perdido una oportunidad. Nos espera, mucho me temo, otra yenka demoledora bailada en esta ocasión al son de la reforma laboral. Otro pasito palante, otros dos o tres patrás, y más millones de parados. No se suicida, no. Él se agarra a la poltrona y se nos lleva por delante.
RITA BARBERÁ / BIANCA CASTAFIORE
Ruiseñores desafinados
VIDAS PARALELAS / pedro G. cuartango
El berrinche sufrido esta semana por Rita Barberá me recuerda mucho a la reacción de Bianca Castafiore cuando le roban las joyas en Moulinsart.
Al enterarse de que el Gobierno iba a prohibir a los ayuntamientos endeudarse con nuevos créditos, la alcaldesa de Valencia llamó «incompetente, inmoral político, ignorante y miserable» a Zapatero. «Comprendo que su mujer esté harta», apostilló.
A Bianca Castafiore también le dio un síncope al enterarse de que la gruesa esmeralda regalada por el maharajá de Gopal había desaparecido del cajón de su dormitorio. Castafiore riñe con Hernández y Fernández, los inefables agentes encargados de investigar el robo, que se sienten ofendidos por sus palabras. «Usted se ríe de nosotros», reprochan a la diva italiana, conocida como El ruiseñor milanés.
Si Rita paga su frustración con Zapatero, la Castafiore lo hace con Hernández y Fernández. Pero en ambos casos hay que interpretar su desahogo con otras claves.
La alcaldesa ha estallado por las presiones que soporta desde hace meses. Está escuchando cantos de sirena que la piden que sea la sustituta de Camps. Rita Barberá ha criado políticamente al presidente de la Generalitat y no quiere ni puede traicionarle. Se enfrenta a un conflicto de lealtades que le hace sufrir mucho.
Es la misma reacción de Bianca Castafiore, desgarrada entre su amor por el capitán Haddock y su carrera profesional que le exige abandonar Moulinsart. La diva arremete contra la prensa sensacionalista y se indigna por el robo de las joyas, pero en el fondo está enamorada del viejo lobo de mar.
Rita Barberá y Bianca Castafiore tienen personalidades muy parecidas. Son famosas, carismáticas, admiradas y tienen mucho talento en su oficio. Una hace política y la otra canta en un escenario, por lo que sus desafinos no pasan inadvertidos.
La salida de tono de la habitualmente prudente alcaldesa refleja el calvario personal que está sufriendo al enterarse de las tropelías cometidas por los amigos del alma de Camps.
En el relato de Tintín, la Policía sospecha de unos gitanos acampados en los jardines de Moulinsart como autores del robo de la esmeralda. Al final, se descubre que ha sido una urraca que se ha colado por una ventana abierta.
A lo mejor el responsable del caso Gürtel es también una urraca misteriosa, pero parece que los culpables están muy cerca de la alcaldesa. Por eso está tan nerviosa.
No hay indicio alguno de que Sonsoles Espinosa esté harta de Zapatero, pero sí de que Rita Barberá empieza a estar harta de las miserias que la rodean. Dos espíritus tan elevados y tan sensibles al bel canto no pueden soportar tanta zafiedad.
Lovely Rita, Meter maid / nothing can come between us.
EL CORREO CATALÁN
Vamos bien
Arcadi Espada
Publicado el Sábado, 29 de mayo de 2010
Querido J:
Matt Ridley acaba de publicar un libro. Apreciarás que te lo diga. Se llamará cuando lo traduzcan 'El optimismo racional': cómo evoluciona la prosperidad. Un párrafo del 'Times' expone la profecía de Ridley: «La prosperidad se extiende, la tecnología progresa, la pobreza disminuye, la enfermedad se repliega, la violencia se atrofia, la libertad crece, el conocimiento florece, el medio ambiente mejora y la tierra salvaje se expande».
Al mismo tiempo el autor se interroga en el 'Guardian': «Por razones que no comprendo del todo, parece ser más inteligente negar con la cabeza cuando los otros aplauden. Tendemos al dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y no lo fue. Las obras de Jane Austen, muy bonito, el siglo XIX, sí. Pero la mayoría no podríamos ni acercarnos al salón de baile. Y si hubiésemos podido, el olor corporal hubiese sido terrible».
Ridley es uno de mis hermanos de tinta. ¡El olor corporal! Yo ni siquiera tengo que ir al XIX. Me basta acercarme a alguna película de Bacall y Bogart para que el tufo de tabaco y dispepsia me estropee alguno de aquellos cabarets en blanco y negro, tan hermosos. Ridley no comprende el prestigio del pesimismo; yo tampoco. Decía hace unos días el alcalde de Florencia, científico y escritor de mérito: «Hay dos botones que provocan en el ser humano una respuesta inmediata: el del miedo y el de la esperanza». De acuerdo, por supuesto; pero no se comprende la decantación por el miedo. El miedo debería ser algo así como el valor: un sobreentendido, algo que no mencionan las personas educadas. Es notorio que la vida acaba mal. Sé que en su forma desbocada y moderna la decantación pánica tiene que ver con el periodismo, con su triunfo apoteósico; pero no me basta con decirme que mi oficio sólo aprecia el drama y la tragedia. Sí tengo comprobadas algunas curiosidades marginales. Como esta de que los periódicos muy subordinados celebren con euforia, y sin asomo de espíritu crítico, cualquier mínimo éxito del 'establishment' mientras reservan una lúgubre y cazurra mala cara a las grandes hazañas de la ciencia. Debe de ser algo así como la coartada metafísica. Pero más allá de estas aproximaciones creo que algo se me escapa en la relación entre el periodismo y pesimismo.
El último ejemplo lo hemos tenido con la célula de Venter. El estreñimiento ha sido general, sorprendente. Hasta el punto de que el Vaticano ha tenido que alzar muy poquito la voz: le han hecho todo el trabajo. En el caso de la célula actúa un fantasma muy conocido, que es el de la eugenesia nazi. Un asunto que requeriría incluso más matizaciones que las que le dedica Michael Shermer en el excelente capítulo sobre el negacionismo de '¿Por qué creemos en cosas raras?' Pero que, en cualquier caso, es instructivo comparar con el proyecto, similar por más que no actuara sobre los genes, del comunismo. La intervención biológica siempre es sospechosa de nazismo; pero la intervención cultural siempre es inocente, por más que haya de cargar con el sanguinario fracaso de la creación del Hombre Nuevo.
Sólo conozco, por el momento, las reseñas de prensa; pero la tesis de Ridley para explicar el éxito del hombre como especie y su brillante porvenir se resume en una palabra: intercambio. En lo que llama la vida sexual de las ideas. Si el 'Neanderthal' se quedó en un pliegue del tiempo no fue por causas biológicas: al fin y al cabo tenía un cerebro de mayor tamaño que el del 'homo sapiens'. La causa, según Ridley, fue que no intercambió sus conocimientos. No puedo opinar, todavía, sobre la solidez de la tesis; pero sé, por un extremo del tiempo, que el miedo de dios fabricó Babel; y por el otro, que la profecía de Ridley tiene en internet a su mejor aliado. La prueba es, justamente, la síntesis entre la lengua y la superficie digital. No hay semana que los periódicos no traigan una nueva majadería altisonante sobre la voracidad de Google. Da igual que hayan pillado a una dama en sostén en una calleja de Beverly Hills como que hayan quebrantado por dos horas los derechos de autor del primer poeta en lengua osetia al volcar en la red sus 12 poemas póstumos. Grandes algaradas. Por el contrario lo que Google, lo que la 'googlisation', está haciendo por la vida sexual de las ideas merece una atención infinitamente menor.
A veces no sólo hay desatención sino sarcasmo, como el que reciben muchas notas periodísticas sobre el traductor de Google, que éste sí, y no las enfermedades que trata, merece el privilegio de ser nombrado Patrimonio de la Humanidad. No sólo Google. La otra tarde bajé al iPhone una aplicación llamada Jibbigo. Es casi inconcebible. Te pones el micro pegadito a la boca, le dices en español claro y recio «El mundo mejora» y la máquina lo graba, lo reproduce y lo escribe en español... y en inglés: «'The world improves'». No trabaja con frases preprogramadas y tiene un diccionario de 40.000 palabras. En principio la cosita funciona para que salgan del paso y mejoren sus frágiles rudimentos viejos merluzos como yo que no saben inglés. Pero cuando piensas que Jibbigo acaba de sacar una versión del ingenio emparentando el inglés de América y el principal dialecto iraquí, la cosita pasa a cosa. Una cosa es el turismo y otra la invasión. Y aún otra es la vida sexual de las ideas y muy otra la supervivencia. El reconocimiento de voz automático y su inmediata traducción a cualquier lengua es todavía muy imperfecto, pero ya permite poner en contacto grandes volúmenes de información con un gran número de personas. Pura fecundación Ridley que debe sumarse a la que ya procura la red entre personas de la misma lengua. El otro día mi amiga Eugenia Codina me enviaba un gráfico de la BBC sobre la extensión de internet en el mundo. Hay cifras impresionantes, y las cojo al azar. Holanda, por ejemplo, 17 millones de habitantes y 14 millones conectados. ¡Casi todos los holandeses! Es cierto que África va muy por detrás: pero en dos años Níger ha aumentado en un 100% sus usuarios. Y, en fin, América: 309.349.000 habitantes y 230.630.000 conectados.
Las estadísticas continuarán repitiendo que los niveles de felicidad humana no se mueven al compás del progreso. Cada tanto se publican esa líricas derramas que demuestran, ¡números en la mano!, que en el Medellín de Pablo Escobar los hombres no eran menos felices que en la Rue Jacob de París. Ah, ah. Esta frase de Markus, en su 'Kluge', al hilo de los famosos experimentos de 'Festinger': «Hacemos cuanto está en nuestras manos para sentirnos felices y cómodos con el mundo, pero estamos más que dispuestos a mentirnos si la verdad no coopera». Lo que realmente me impresiona de esas estadísticas es que las sociedades civilizadas aún conserven hombres felices. Habiendo dejado de creer en dios y habitantes de un mundo que cada día cuesta más dejar.
Sigue con salud.
A.
LA POLÉMICA NACIONAL
El disputado voto de los señores diputados de CiU
Víctor de la Serna
Publicado el Sábado, 29 de mayo de 2010
Las discrepancias eran ayer nítidas y bien audibles en una tertulia de radio muy seguida como es la Federico Jiménez Losantos en esRadio: su propio director y Maite Nolla opinaban que una derrota del Gobierno hubiese acelerado su relevo y una nueva política económica en España, mientras que Cristina Losada y José García Domínguez advertían de la hecatombe bursátil y monetaria, aquí y en Europa, que se habría desencadenado de no haber salido adelante el tijeretazo.
En las columnas de 'ABC' también se desplegaban esta vez visiones encontradas. Así, Ignacio Camacho, duro con el PP: «Se trataba de una cuestión de tacto y de responsabilidad, una de esas decisiones esenciales que pueden marcar el curso de un liderazgo, y Rajoy eligió la opción más antipática y también la que le descubre el flanco más vulnerable a la crítica. Es lo que tiene la democracia, que cada uno es libre de equivocarse como prefiera». En cambio, Manuel Martín Ferrand vituperaba a los nacionalistas catalanes: «Han propiciado la continuidad -nada menos que la continuidad- del presidente en La Moncloa. ¿Todo por evitar que un anticipo de las legislativas pueda ensombrecer este otoño el brillo que Artur Mas espera lucir en las autonómicas catalanas? Es útil, pero no cabal». Y Carlos Herrera terciaba: «Pactar supone negociar y admitir sugerencias del rival, cosa para la que ZP parece negado biológicamente, pero no le queda más remedio, especialmente desde el áspero trago de ayer. Eso o se acabó el baile. Lo que le pase a él es un problema menor y que afecta a su persona y a sus huestes, pero lo que le pase a España, en un escenario de absoluta inestabilidad y desprestigio, nos afecta a todos».
El propio editorial de 'ABC' era inequívoco: «Duran i Lleida hizo un discurso correcto y patriarcal, pero incongruente en su planteamiento, porque, si a su juicio tan negativas son las medidas aprobadas, no se entiende que facilitara su convalidación». Pero el de EL MUNDO defendía el recorte: «Rajoy estuvo también muy duro en la tribuna y supo argumentar con fundamento las razones de un voto negativo que no compartimos». Y 'El País' iba más lejos para describir el descalabro que amenazaba: «Sin el plan de reducción del gasto público, la solvencia financiera de España se hubiera deteriorado rápidamente hasta situarse en una situación similar a la de Grecia, forzando una intervención de las autoridades europeas de consecuencias aún más drásticas y dramáticas».
Capítulo aparte para 'La Razón', con su habitual equilibrismo entre derecha española y nacionalismo catalán, celebrando el desgaste de Zapatero a la vez que, ¡qué cosas!, ensalzaba a quien le había mantenido en vida: «El portavoz de CiU, Duran Lleida, realizó un discurso brillante y contundente. Una vez más estuvo a la altura de las circunstancias».
En la izquierda ya no hay ni fuerzas para discutir cómo se hubiese tenido que votar. Ignacio Escolar, en 'Público', empezaba a reflexionar sobre otro tipo de votación: «Ya no es tan descabellado imaginar un escenario en el que Zapatero se vea forzado a convocar elecciones anticipadas».
ASUNTOS INTERNOS
PIB, austeridad y felicidad
Lucía Méndez
Publicado el Sábado, 29 de mayo de 2010
El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, que acaba de recibir con todo el merecimiento el premio Príncipe de Asturias, ya nos advirtió hace una década de lo que estaba pasando. Bauman acuñó el concepto «modernidad líquida» para explicar los cambios sociales. Nuestro mundo, otrora sólido y compacto, ha dejado paso a otro cambiante, variable, inestable, flexible e inseguro. En su libro El arte de la vida, Bauman reflexiona sobre la felicidad. Y cita varios estudios científicos, entre ellos el de Richard Layard, un economista británico de mucho prestigio que ha demostrado, con datos y estadísticas, que el dinero no da la felicidad. Según Layard, los índices de satisfacción vital suelen crecer en paralelo con el Producto Interior Bruto, pero sólo lo hacen hasta el punto en que las personas tienen cubiertas sus necesidades esenciales de supervivencia. A partir de ahí, los niveles de satisfacción vital descienden. Los países más industrializados son menos felices que los que tienen un desarrollo medio. Bauman concluye que la estrategia de hacer feliz a la gente elevando su nivel de vida no parece que funcione.
Viene al pelo esta reflexión en unos días de llanto por los recortes del gasto público. Mariano Rajoy y el PP lloran por los pensionistas y los funcionarios. El PSOE llora por sí mismo y la mayoría de los españoles lo que hace es llorar por su clase política en general. Sin embargo, la austeridad no es mala, sino todo lo contrario. Incluso puede ser una consecuencia positiva de esta crisis. Poner fin a la juerga que nos hemos pegado en la última década no tiene por qué resultar tan traumático como parece.
Además, hay una prueba definitiva. Gallardón se ha puesto a ahorrar, por lo que la cosa ya no tiene mucho remedio. Si el alcalde de Madrid, con lo que es, deja su Audi porque puede ser igual de feliz y eficaz en un Toyota, todos los alcaldes, presidentes autonómicos, ministros, diputados provinciales y concejales podrán hacer lo mismo. Incluso Mourinho podría entrenar al Madrid con la misma chulería, pero por menos de 10 millones de euros, que es lo que va a cobrar. Aquí se ve que la austeridad sólo rige para algunos.
Hay un hermoso discurso de Bobby Kennedy, unos meses antes de que lo mataran, que habla de todo esto: «El PIB no refleja la salud de nuestros hijos, ni mide la belleza de nuestra poesía ni la solidez de nuestros matrimonios. No evalúa la calidad de nuestros debates políticos ni la integridad de nuestros representantes. No toma en consideración nuestro valor, sabiduría y cultura. Nada dice de nuestra compasión ni de la dedicación a nuestro país. En una palabra: el PIB lo mide todo, excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida»
RITA BARBERÁ / BIANCA CASTAFIORE
Ruiseñores desafinados
VIDAS PARALELAS / pedro G. cuartango
El berrinche sufrido esta semana por Rita Barberá me recuerda mucho a la reacción de Bianca Castafiore cuando le roban las joyas en Moulinsart.
Al enterarse de que el Gobierno iba a prohibir a los ayuntamientos endeudarse con nuevos créditos, la alcaldesa de Valencia llamó «incompetente, inmoral político, ignorante y miserable» a Zapatero. «Comprendo que su mujer esté harta», apostilló.
A Bianca Castafiore también le dio un síncope al enterarse de que la gruesa esmeralda regalada por el maharajá de Gopal había desaparecido del cajón de su dormitorio. Castafiore riñe con Hernández y Fernández, los inefables agentes encargados de investigar el robo, que se sienten ofendidos por sus palabras. «Usted se ríe de nosotros», reprochan a la diva italiana, conocida como El ruiseñor milanés.
Si Rita paga su frustración con Zapatero, la Castafiore lo hace con Hernández y Fernández. Pero en ambos casos hay que interpretar su desahogo con otras claves.
La alcaldesa ha estallado por las presiones que soporta desde hace meses. Está escuchando cantos de sirena que la piden que sea la sustituta de Camps. Rita Barberá ha criado políticamente al presidente de la Generalitat y no quiere ni puede traicionarle. Se enfrenta a un conflicto de lealtades que le hace sufrir mucho.
Es la misma reacción de Bianca Castafiore, desgarrada entre su amor por el capitán Haddock y su carrera profesional que le exige abandonar Moulinsart. La diva arremete contra la prensa sensacionalista y se indigna por el robo de las joyas, pero en el fondo está enamorada del viejo lobo de mar.
Rita Barberá y Bianca Castafiore tienen personalidades muy parecidas. Son famosas, carismáticas, admiradas y tienen mucho talento en su oficio. Una hace política y la otra canta en un escenario, por lo que sus desafinos no pasan inadvertidos.
La salida de tono de la habitualmente prudente alcaldesa refleja el calvario personal que está sufriendo al enterarse de las tropelías cometidas por los amigos del alma de Camps.
En el relato de Tintín, la Policía sospecha de unos gitanos acampados en los jardines de Moulinsart como autores del robo de la esmeralda. Al final, se descubre que ha sido una urraca que se ha colado por una ventana abierta.
A lo mejor el responsable del caso Gürtel es también una urraca misteriosa, pero parece que los culpables están muy cerca de la alcaldesa. Por eso está tan nerviosa.
No hay indicio alguno de que Sonsoles Espinosa esté harta de Zapatero, pero sí de que Rita Barberá empieza a estar harta de las miserias que la rodean. Dos espíritus tan elevados y tan sensibles al bel canto no pueden soportar tanta zafiedad.
Lovely Rita, Meter maid / nothing can come between us.
LA BALSA DE LA MEDUSA
Economía y vanguardia
Manuel Hidalgo
Publicado el Sábado, 29 de mayo de 2010
¡Ya lo tengo! Por tanto, alguien lo habrá dicho antes. La Economía -es decir, el Capitalismo, el Sistema- ha llegado a su momento vanguardista. Esto es la crisis.
El siglo XX trajo a las artes plásticas, a la música y, finalmente, a la cocina, el fin de lo representativo y de lo figurativo. La desconfiguración y la deconstrucción. Impresionismo, surrealismo y abstracción, por resumir. Ese proceso -signo de la evolución de los tiempos- acaba de alcanzar a la Economía. Ya no es narrativa, no es legible, no es inteligible.
Hemos aceptado que una tortilla de patatas no parezca tortilla y nos la sirvan en un vaso para chupitos
Estamos, con cien años de retraso, en plena vanguardia económica: lo incomprensible. De momento. Impulso, intuición, sueño, trazo espontáneo, improvisación, 'performance', mancha... frente a lo que estábamos acostumbrados: representación ordenada y legibilidad.
La Economía es, ahora, una mezcla de Picasso, Dalí, Tàpies y Jackson Pollock. Por hablar de pintura. Vive su máximo momento creativo y rompedor. El Estado dibuja una cara reconocible, el Mercado añade un ojo en la frente, los inversores ponen un trozo de tela en cualquier sitio y los especuladores añaden con un spray unas manchas de colores sobre todo el conjunto. Y otros agentes espontáneos, en plan 'hapenning', se desnudan frente al cuadro o lo cortan a tijeretazos.
Momento histórico. No es que estuviéramos muy preparados para la irrupción de la Vanguardia en el arte, pero es que no estamos nada preparados para su irrupción en la Economía. Esto no hay quien lo entienda.
Los socialistas actúan, por necesidad, como si no fueran naturalistas. Y los conservadores, partidarios de cierto barroquismo espontaneista, piden orden clasicista. Están todos como cabras. No es para menos. La oleada vanguardista que empuja a la Economía les ha dejado en bragas.
Los cuadros o la música contemporáneos han sido, poco a poco, un asunto digerible. Estaban fuera de nosotros. Y, a buen ritmo, hemos ido teniendo gente capaz que, con mayor o menor convicción, nos lo han ido explicando con buena literatura. Incluso hemos aceptado que una tortilla de patatas no parezca tortilla y nos la sirvan en un vaso para chupitos.
Pero con la Economía -la máxima Vanguardia, empiezo a creer, porque es que va sola, la tía, con un empuje rompedor que asombra y acojona- pasa otra cosa: somos nosotros los que estamos dentro del cuadro o de la sinfonía. No es que contemplemos, desde afuera, el desorden o el caos de formas, es que estamos dentro: somos una nariz que no entiende a su cara, o un golpe de color que no comprende porque se posa en una nube que, en principio, parece una nube, pero es una pestaña.
Con el arte vanguardista pasó lo que pasó -incomprensión, en su momento-, pero nos lo fueron aclarando. Ahora, como estamos dentro del disloque y la apoteosis de lo incomprensible, no sólo no acabamos de entender, sino que somos un punto de color en un conjunto indescifrable, creado por un loco con la ayuda de otro que le lleva la contraria. Vanguardia. Crisis.
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