EDITORIALES: Cunde el pánico

El crecimiento sin más empleo no es crecimiento
EL BANCO de España considera que la economía española creció un 0,1% en términos intertrimestrales entre enero y marzo y al Gobierno le ha faltado tiempo para difundir a los cuatro vientos la esperada buena nueva. Ya había anticipado el presidente Zapatero en sus últimas comparecencias públicas que la evolución del PIB iba a ser positiva y en eso ha basado su discurso de «datos y no rumores» con el que ha tratado en vano de calmar la tormenta financiera que ha caído sobre España en las últimas jornadas. En primer lugar, hay que felicitarse de que la economía española vuelva a la senda del crecimiento y deje atrás seis trimestres consecutivos de caídas. Pero el Banco de España introduce tantas cautelas al analizar los principales datos de producción, demanda y empleo que el panorama todavía dista mucho de invitar al optimismo, más allá de la constatación de que hemos podido dejar atrás lo peor de la crisis. Así lo certifica cuando dice que esta ligera recuperación se ha basado en gran parte en estímulos coyunturales -planes de ayuda al automóvil y de inversión local, implantación de la TDT, adelanto de gasto ante la subida del IVA en el verano...- que no se repetirán en el futuro.
Éste es el sentido que hay que darle al informe cuando habla de que «el proceso de destrucción de puestos de trabajo se atenuó»; de «menores ritmos de contracción» de algunos indicadores de demanda o de la «suavización de los descensos» de la inversión en construcción. Frases que evocan más una ralentización en el proceso de deterioro económico que el inicio de una recuperación efectiva de la crisis. El Banco de España, lejos de dulcificar su discurso, apremia al Ejecutivo a que aplique las medidas de ajuste fiscal que se le están pidiendo desde todos los ámbitos económicos y como se exigió anoche en la cumbre extraordinaria de líderes europeos.
Pero el Banco de España añade un dato preocupante al considerar que «la magnitud del desequilibrio presupuestario hace inevitable tener que recurrir al incremento de los recursos mediante las figuras tributarias con mayor poder recaudatorio y que menores distorsiones generen». En román paladino, el Banco de España considera que el Gobierno no tendrá más remedio que subir de nuevo el IVA o retocar al alza el Impuesto sobre la Renta en 2011. Junto a la política fiscal, Fernández Ordóñez vuelve a incidir en que el Gobierno basa su programa de recorte de gastos en un «escenario macroeconómico optimista», que hará necesario «adoptar medidas complementarias» para evitar desviaciones. Y mantiene sus recomendaciones imperativas sobre la urgencia de la reforma laboral y la de la negociación colectiva.
Haría, pues, muy mal el Gobierno en congratularse con este crecimiento. La situación hoy es igual, o más bien un poco peor, a la de ayer -la Bolsa cayó otro 3,2%, presa del miedo inversor que se extiende por el mundo- y España no podrá decir que deja atrás la crisis hasta que su economía no sea capaz de generar empleo neto. No hay que olvidar que en el periodo en el que la economía creció un 0,1%, la tasa de paro pasó del 18,8% al 20,05% y se destruyeron casi un cuarto de millón de puestos de trabajo. Confiemos en que Zapatero no se quede con el titular del informe y profundice en su contenido.
Rechazada la recusación a Varela
El Supremo pone en su sitio a Garzón
LA RÁPIDA respuesta del Supremo a la recusación planteada por Garzón al magistrado que instruye la causa contra él por prevaricación en el asunto del franquismo pone en su sitio al juez estrella. Garzón alegó que Luciano Varela había perdido la imparcialidad favoreciendo a los querellantes por instarles a corregir los defectos formales que presentaban sus escritos. El Tribunal, que ha tenido la elegancia de no condenar a Garzón en costas para no ahondar más en su descrédito, avala absolutamente a Varela y aclara que no sólo cumplió con «lo establecido en la Ley Procesal Penal», sino que su actuación suponía «reforzar las garantías del imputado». A Garzón, en su intento por evitar que le juzguen, no le ha importado recurrir a una marrullería. Su recusación era infundada y, como era lógico, ha tenido un recorrido muy corto: en dos semanas ha sido rechazada de plano. El jueves, en la presentación de un libro, Garzón aún se permitía lanzar una indirecta a Varela al subrayar que es partidario de emplear la «imaginación creativa» en la Justicia. Ese término lo había empleado el instructor cuando le imputó, para establecer qué es lo que no debe hacer un juez en el ejercicio de sus funciones: reinventar la ley para burlarla.
Amarga victoria de Cameron
EN POLÍTICA, ni las dulces derrotas ni las amargas victorias son fáciles de digerir y gestionar. Bien lo saben el líder conservador británico David Cameron, ganador de las elecciones pero con una exigua mayoría, y el aún premier Gordon Brown, quien pese al fracaso del laborismo en las urnas ha logrado un resultado más decoroso del que se vaticinaba. Los tories suman 306 escaños -a 20 de la mayoría absoluta-, los laboristas, 258, y los liberales, 57. Pero, paradójicamente, es el líder liberal quien tiene la llave de la gobernabilidad pese al pobre resultado electoral, que ha causado bastante decepción por cuanto el efecto Clegg y la posibilidad de acabar con el bipartidismo habían dado una nueva dimensión a la campaña.
Lo cierto es que los resultados han sembrado el Reino Unido de desconcierto e incertidumbre. El último Parlamento colgado que salió de las urnas se remonta a 1974. Y ante la falta de una cultura del pacto, los partidos ayer dieron varios palos de ciego hasta que Cameron tendió su mano a los liberales para formar un Gobierno de coalición -el primero desde los ejecutivos de concentración nacional durante la II Guerra Mundial-. Con su oferta, el líder tory se juega el todo por el todo, y es presumible que, con coalición o en minoría, acabará siendo primer ministro. Pero resulta difícil imaginar la cohabitación entre dos formaciones tan divergentes en materias como Europa, la inmigración o incluso la política fiscal.
Brown lo sabe bien, y por ello, en un desesperado intento por no perder su último tren político, ayer se apresuró a abrir a Clegg su puerta por si fracasan las negociaciones con los tories, insinuando su predisposición a acometer una reforma del sistema electoral. Un inmejorable canto de sirenas para los liberales, muy perjudicados por una técnica tan injusta que les lleva a conseguir sólo 57 diputados pese a tener el 23% de los votos.
En todo caso, un Gobierno frágil sería el peor escenario posible ante la delicada situación que afronta el Reino Unido. Porque con un sistema financiero en cuarentena y una deuda pública disparada, el nuevo Ejecutivo deberá aprobar el mayor plan de ajuste en décadas. Como dijo el gobernador del Banco de Inglaterra, «tan draconiano que lo más probable es que el partido del Gobierno no vuelva a ganar las elecciones en una generación». Apocalíptico o no, el diagnóstico refleja bien la herencia envenenada que conlleva esta vez mudarse a Downing Street, harto difícil de soportar sin un respaldo parlamentario suficientemente sólido.
Ni rastro de verdaderos brotes verdes
















La desconfianza en España aumentó tras la subasta. La llamada prima de riesgo de la deuda española batió ayer todos los récords desde el ingreso de España en el euro. El diferencial frente al bono alemán repuntaba desde los 138 puntos básicos de la víspera a los 166 puntos básicos, un nivel inimaginable y próximo al de la deuda pública italiana. Antes de la crisis financiera que estalló en agosto de 2007, el diferencial entre el bono español y el alemán era prácticamente cero.
