EDITORIALES: El Rey lo intenta, pero ni Zapatero ni Rajoy ayudan

EDITORIALES DEL DÍA
EL REY LO INTENTA, PERO NI ZAPATERO NI RAJOY AYUDAN
LA TENTATIVA del Rey de impulsar un gran pacto de Estado contra la crisis ha servido para poner en evidencia el rechazo que suscita esta idea en Gobierno y PP, igualmente interesados -aunque por razones diferentes- en que fracase la iniciativa del Monarca. Horas después de que Don Juan Carlos recibiera ayer en La Zarzuela a los líderes de UGT y CCOO tras haber declarado el día anterior que «es hora de amplios acuerdos», la vicepresidenta Fernández de la Vega arrojó un jarro de agua fría a quienes esperaban una acogida favorable de la iniciativa del Rey.
De la Vega subrayó que «la responsabilidad de abordar acuerdos es exclusiva del Gobierno» y que el Monarca no está efectuando una ronda de contactos para impulsar un pacto sino haciendo «una labor institucional de mantenerse informado».
Por la reacción de la vicepresidenta, resulta evidente que la iniciativa del Rey no le ha gustado nada al Gobierno, tal vez porque pone de manifiesto su incapacidad para combatir la crisis económica y desarbola la coartada «ideológica» esgrimida por Zapatero para no pactar con Rajoy.
El PP tampoco disimuló su frialdad ante ese pacto. Dolores de Cospedal afirmó que sólo sería posible mediante un giro radical de la política del Gobierno y declaró que Mariano Rajoy no espera ninguna llamada del Rey. Sus palabras pueden ser interpretadas como una invitación a que Don Juan Carlos no le llame porque el PP no ve que existan condiciones para un pacto de ese calado con el Gobierno.
Una de las cosas que ha podido provocar el recelo del PP es que el Monarca haya dado este paso a cinco días de la comparecencia de Zapatero en el Congreso. Rajoy sabe que es una gran oportunidad para poner contra las cuerdas a su adversario en unos momentos en los que los datos económicos son devastadores y parece lógico que reserve para ese día cualquier hipotético ofrecimiento de colaboración.
La reacción del PSOE y del PP es simétrica porque pone en evidencia que ninguno de los dos va a mover un dedo para que se produzca ese pacto de Estado que reclamaban partidos como CiU y un amplio sector de la opinión pública que se da cuenta de que la única forma de adoptar las dolorosas medidas que requiere la situación es con un amplio consenso político.
Los sindicatos tampoco están dispuestos a facilitar ese pacto porque ayer, antes de acudir a su cita con el Rey, anunciaron la convocatoria de manifestaciones el próximo día 23 de febrero para protestar contra el retraso de la edad de jubilación. Su reacción es desproporcionada porque se trata de una medida inevitable, que ya están adoptando otros países como consecuencia del alargamiento de las expectativas de vida. Cualquiera puede comprender que la edad de jubilación no puede ser la misma hoy que hace 100 años, cuando el promedio de supervivencia era 30 años más bajo.
Si al Gobierno no le interesa pactar con el PP por razones «ideológicas» o porque considera que es una estrategia equivocada, si el PP no quiere tender la mano al Gobierno porque cree que Zapatero se quiere aprovechar y va a capitalizar políticamente ese acuerdo y si los sindicatos no quieren ceder en nada y se oponen a cualquier recorte del gasto social, por muy razonable que sea, la conclusión es que ese gran pacto de Estado es imposible.
Ayer decíamos en estas páginas que era muy tarde para el acuerdo, pero que la iniciativa del Rey propiciaba una última oportunidad de alcanzarlo. Ya está claro que ni Zapatero ni Rajoy van a poner las cosas fáciles. Pero uno y otro deben ser conscientes de que la gravedad de la situación exige soluciones y no clichés. Tal vez después de que se vapuleen el miércoles aún quede una remota esperanza de que el atinado planteamiento del Rey se abra camino por su propio peso
MENOS DEL 10% DE LO COMPROMETIDO HASTA 2013:
Raquítico recorte del gasto público para este año
EL PLAN de acción inmediato para reducir el déficit, publicitado por el Gobierno como una muestra de su voluntad de atajar el gasto público, se ha quedado bastante raquítico. El Consejo de Ministros aprobó ayer un recorte del gasto de 5.000 millones de euros, que en realidad se quedan reducidos a 3.500, puesto que otros 1.500 corresponden al fondo de contingencia destinado a imprevistos. Teniendo en cuenta que el Gobierno, hace sólo quince días, aprobó una reducción de 40.000 millones de los gastos del Estado hasta 2013, la cantidad recortada para este año supone menos del 10% del total comprometido para tres ejercicios. El recorte afecta, sobre todo, a los ministerios inversores, como Industria y Fomento, mientras que Igualdad o la vicepresidencia tercera son los que menos sufren la rebaja. Por este camino, será difícil que el Gobierno pueda cumplir el compromiso de reducir el déficit al 3% en 2013. Da la impresión de que el Gobierno se ha relajado porque se siente a salvo, después de sortear la tormenta de los mercados internacionales. Si así fuera, sería un error. Otro más
MUCHO RUIDO Y POCOS ARGUMENTOS JURíDICOS:
Una defensa de Garzón entre verbenera y patética
LA CAMPAÑA que ha iniciado un sector de la izquierda en contra de que se investiguen las posibles irregularidades de Garzón oscila entre lo folclórico y lo patético. Afirmar, como se ha dicho, que procesarle sería lo «peor» que le ha sucedido a la democracia española «desde el 23-F» es algo que se comenta por sí solo. Sugerir que hoy, en 2010, hay una confabulación de franquistas y de la extrema derecha para apartarle de la magistratura es ridículo. Apelar a sus méritos del pasado -como si el currículo concediera patente de corso- o iniciar una verbena de abajofirmantes prueba la orfandad de argumentos para justificar al magistrado. Lo último en esta escalada de disparates ha sido la petición de la nieta de Negrín de solicitar a Dívar, presidente del Poder Judicial, que se abstenga de decidir sobre Garzón porque en su día juró «lealtad al Caudillo». Según esa tesis, todos los que ingresaron en la carrera judicial antes de 1975 estarían contaminados por franquistas. Afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho y será un
LA AYUDA DEBERá PROLONGARSE ENTRE 6 Y 10 AñOS:
Una oportunidad para construir un nuevo Haití
UN MES después del violento terremoto que destruyó Haití y mató a cerca de 220.000 personas, el país se prepara para una larga travesía en la que la ayuda exterior será fundamental. La ONU calcula que los trabajos para la puesta a punto de las infraestructuras básicas deberán prolongarse entre seis y diez años. Si algo positivo cabe extraer de esta tragedia es la magnífica respuesta internacional. En el caso concreto de España, sólo las donaciones de particulares han superado los 70 millones de euros, una generosa aportación que tiene más valor si cabe por la grave crisis económica. Ahora el reto de los haitianos y de la comunidad internacional es, más que reconstruir lo que había -lo que entraña el riesgo de repetir los defectos que hicieron del país una calamidad- construir un Haití nuevo, con políticas de desarrollo coherentes y con estructuras
El Mundo en dos minutos
Jornada de escaramuzas institucionales








