FIRMAS: Raúl Rivera, Santiago Gozález, Erasmo, Salvador Sostres, Justino Sinova, Manuel Hidalgo, Raúl del Pozo
raúl Rivero
Punto de encuentro
Hugo Chávez enrumba hacia La Habana y ordena el asalto de medio centenar de grandes fincas privadas, en un país donde cerca del 90% de la tierra es propiedad del Gobierno. De paso, sin consultar con el capítulo venezolano de la Academia de la Lengua, cambia el concepto de la palabra latifundio y asegura que una hacienda, aunque sea pequeña, se aviene a esa definición si el dueño no vive en ella y la trabaja. El hombre de Caracas quiere imponer también un ley de universidades que, a juicio de estudiantes y docentes, provocará que se pierda la autonomía de esos centros y que se conviertan en nichos de adoctrinamiento.
La rectora de la Universidad Central de Venezuela, Cecilia García Arocha, ha dicho que la ley «es una violación total y completa de la autonomía universitaria; es pretender liquidar sus universidades, que siempre se han basado en la libertad, en la pluralidad y en la democracia».
Para que el acercamiento a Cuba sea más claro, Chávez y sus amigos aprobaron unas reformas de la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos que forzará a los medios y proveedores de internet a censurar o filtrar los textos que no obedezcan sus disposiciones. El mamotreto oficialista también tipifica penalmente el desacato y el «irrespeto a los poderes públicos o personas que ejerzan dichos cargos».
Con ese menú salvaje de controles, panfletos represivos y limitaciones de las libertades de los ciudadanos, acompañará Chávez su hallaca navideña.
Pero al militar de Barinas le falta un trecho todavía para emparejarse con la realidad cubana. Allá tienen la ventaja de que, como sus salvadores asiáticos, controlan los medios, acosan o encarcelan a la oposición pacífica y están en vigor, desde muchos años, esas leyes revolucionarias que Chávez ha descubierto ahora.
Cuba está más cerca de China que Caracas de La Habana. Los compañeros antillanos necesitan con urgencia el manual del capitalismo de Estado. Y una ayuda para seguir en el poder.
Ahora, si Chávez sigue así, el malecón habanero y la avenida Urdaneta van a desembocar al mismo tiempo en la plaza de Tiananmen.
A CONTRAPELO
SANTIAGO GONZÁLEZ
Una navajita multiusos
Así, a ojo, podría parecer un poco extraño que el indómito carácter de los socialistas catalanes frente a Madrit, se haya resuelto en este comportamiento tan pastueño ante el amo de la finca con el que han firmado el acuerdo de los 18 puntos, es de suponer que ante notario. Recuerden las jeremiadas de Maragall: «El drama está servido», «aquest Govern, a vegades se sent com una dona maltractada» y otras del mismo registro. El primer acto de una nueva época es el apoyo tácito del PSC a la investidura de Artur Mas: no será para echar cohetes, pero nosotros no teníamos un candidato mejor.
Siete años de hacer el ridículo para esto, si bien hay que destacar un último gesto elegante de Montilla, que ha demostrado saber irse con buenas maneras y una cierta sobriedad muy de agradecer. Se va apoyando la investidura de Mas, lo cual constituye un gesto de generosidad notable. ¿Puede un saliente convertirse en soporte para el entrante?¿no supondrá esto una cesión de los derechos de primogenitura a favor de Alicia Sánchez-Camacho? Puede haber una interpretación más simple. Tanto ha insistido el socialismo realmente existente en que la principal tarea de la oposición es arrimar el hombro, que en un gesto de íntima coherencia se han puesto a predicar con el ejemplo.
Esto no ha hecho más que empezar. Para mayo, al socialismo catalán le espera otra prueba difícil, como es la probable pérdida de las alcaldías en las capitales catalanas. No debe descartarse la posibilidad de que, llegado el caso de que el candidato de CiU le supere en votos, Hereu se nos amontille y apoye a Trias para alcalde de Barcelona.
Tal vez en esta hora crepuscular del zapaterismo se haya vuelto al clasicismo: reclamaciones retóricas que se resuelven mediante un poco de dinero. Todas las gestas nacionalistas tienden a resolverse en melancólica astracanada. El pacto CiU-PSC es una apuesta por los objetivos nacionalistas que suscribía el socialismo catalán: el Estatut, el abierto desacato a las sentencias del Supremo y la perseverancia en la inmersión lingüística. La manifestación que encabezó Montilla contra el fallo del Constitucional, de la que tuvo que salir escoltado, era una parábola anticipatoria.
De momento, el socialismo es la clave de la victoria de Mas, pese a lo que dijera Joaquim Nadal. CiU tenía el problema de indefinición que se le planteaba al burro de Buridan, animal emblemático de Cataluña: la indefinición. Si se acercaba al independentismo, perdía a sus votantes conservadores; si optaba por el acuerdo con el PP, perdía votos nacionalistas. El apoyo del PSC en cambio, es un bálsamo de Fierabrás, una navajita multiusos que le ha permitido investirse sin perder apoyos. Los socialistas le han puesto bajo el hocico la brazada de heno y el pozal de agua.
En cierto modo es un adiós del socialismo catalán, a punto para su refundación, un mutis a lo Don Mendo: «Fuera ocioso./ Ved cómo muere un león/ cansado de hacer el oso».
CONJETURAS ERASMO
De Noche
ALEMANIA, densa seriedad DIN, formó su grosse koalition por la inflación (estaba alta); aquí, en las estribaciones del abismo, lo de Rajoy acaso sólo sea una breve concesión al incierto impulso apostólico epistolar del amor-fraterno-en-fechas-tan-señaladas-etecé. Mientras: tiempos de mestizaje. Nadal, sic: a los 'cuatro Reyes Magos'/Santa incorporado. De la tentativa de destrucción de Madrid: una niña de Serrano/cae en manos de rumanos. Belén y su portal/ menos mal: ya no lo climatizan con los eructos de keroseno de los blindados. Buena Noche
SALVADOR SOSTRES
Mal comienzo
Artur Mas fue investido ayer presidente de la Generalitat y los que esperábamos que empezara a escribir un libro nuevo nos hemos tenido que conformar con un pasar de página que, aunque significativo, no deja de arrastrar la grave molestia de la complicidad del PSC. Yo soy de los que pienso que en el mundo hay buenos y malos; y que muy especialmente hay malos, dado que una bondad redonda y perfecta sólo está al alcance de Dios y en cambio ser una mala persona está al alcance de cualquier miserable, como tan bien se ha podido ver en Cataluña a lo largo de estos últimos siete años.
El pacto de ayer entre convergentes y socialistas finiquita el tripartito y esto es siempre una buena noticia, pero es profundamente angustiante que Artur Mas haya escogido de socio de referencia a un partido que es el máximo responsable de lo ocurrido en Cataluña mientras tal artefacto se ha mantenido en el poder.
Que después de tantos años Cataluña vuelva a tener un presidente decente y capaz, competente y debidamente alfabetizado ha de provocarle una inmensa satisfacción a cada catalán sensato, aunque sólo sea por la penosa comparación con lo que hasta ahora hemos tenido que soportar. Pero existen los malos y el PSC ha sido siempre contrario a los intereses de Cataluña. Ha sido un partido que cuando ha estado en la oposición ha hecho el ridículo y ha practicado una impresentable demagogia lerrouxista; y que, cuando ha mandado, ha mostrado de un modo descarnadamente pernicioso y cruel hasta qué punto su incompetencia y su zafiedad no tenían límites.
No es una buena noticia que un partido de estas funestas características, y con personajes tan siniestros como Joaquim Nadal, que después de tantos años de arrastrarse sin ningún tipo de dignidad parece el poltergeist de sí mismo, continúen tan peligrosamente cerca del poder en Cataluña. No es bueno para Artur Mas, porque transmite continuidad con el gobierno anterior; no es bueno para los catalanes porque siempre que los socialistas han decidido algo el desastre ha sido lo que nos ha caído encima; y no es bueno para Cataluña porque pervierte la democracia y la seriedad de las instituciones que quienes han sido tan severamente castigados por los votantes permanezcan en los ámbitos de poder en lugar de ser fulminantemente marginados.
No soy de los que cree que Artur Mas necesitaba los años de oposición para forjarse ni para crecer interiormente, porque siempre fue mucho mejor candidato que Maragall y ya no digamos que Montilla. Pero sí espero que tanta espera le haya servido para aprender a administrar con un cinismo extremo las relaciones con el PSC, y que lo de ayer fuera sólo una estrategia puntual y que a cambio de baratijas se asegurara pieles para todo el invierno, y que en el futuro tenga aliados de más talla moral y política porque sólo así podrá tomar medidas de altura moral y política, esta altura tan demostradamente incompatible con los socialistas.
Mas es ya el nuevo presidente de Cataluña, y con el mismo énfasis que he perseguido este propósito juzgaré su labor en tanto que entre personas inteligentes la medida de honor y de respeto es la medida de la exigencia, la alta esperanza que ponemos en ellos.
JUSTINO SINOVA
Libertad para la religión
Aunque me resisto a suscribir documentos colectivos -no me pregunten por qué, pues nos apartaríamos del asunto principal-, he firmado sin dudarlo el Manifiesto por la liber-tad religiosa en el mundo en cuanto me han invitado a hacerlo. Recuerdo que firmé hace unos años un escrito sobre un problema grave de libertad de expresión. Ahora acabo de rubricar el segundo. ¿Por qué lo he hecho? Porque ese documento reclama el respeto a una libertad esencial que está siendo vulnerada en muchos países y es necesario aunar esfuerzos para lograr que cada persona, sea de la religión que sea, pueda practicarla y exhibirla si es su deseo con plenitud y amparada por el respeto de todos.
El manifiesto es muy breve y claro, y se obtiene fácilmente en internet con Google o cualquier otro buscador. Arranca de la masacre causada por un atentado el 31 de octubre en una iglesia católica de Bagdad, en el que murieron 58 fieles, entre ellos tres sacerdotes. Por supuesto, el asesinato es la mayor agresión que puede ser perpetrada contra el ser humano, pero hay otros atentados a la libertad que no podemos desconocer y que el manifiesto apunta. Uno de los ataques más sutiles y más nocivos es la imposición del silencio sobre la religión y sobre el culto. Está muy extendido porque sorprendentemente tiene un aire de normalidad. Se trata de forzar a que la creencia y la práctica religiosas queden relegadas al ámbito privado. En España se ha oído muchas veces el sofisma de que las creencias religiosas no deben ilustrar los argumentos sobre cuestiones de la vida práctica. Es un modo de censura que limita la autonomía personal. La religión forma parte de la vida del creyente y omitirla a la fuerza en casos concretos equivale a una mutilación. Nada avala ni autoriza esa agresión; bien al contrario, la libertad religiosa faculta a una persona a ejercer la «libertad de manifestar su religión o su creencia», según sostiene la Declaración Universal de Derechos Humanos (art. 18), que añade que esa libertad podrá ejercerse «individual o colectivamente, tanto en público como en privado».
Algunos han interpretado erróneamente que el que nadie pueda ser obligado a declarar «sobre su ideología, religión o creencia», de acuerdo con nuestra Constitución (art. 18), equivale a excluir la religión del ámbito público. Nada que ver una cosa con otra. La ocultación de los signos de la religión, que es lo que buscan los intentos que estamos viendo de prohibir los belenes o retirar los crucifijos, es una agresión a la libertad de la persona.
Estos días, la iluminación que decora nuestras ciudades no muestra ni rastro de la Navidad salvo excepción insólita, pese a ser un acontecimiento religioso su justificación; podría servir sin una sola variación para anun-ciar ferias o carnavales. Esa usurpación de la identidad cristiana de la Navidad puede ser considerada como un detalle menor, una vez que nos hemos acostumbrado a traducir el Merry Christmas por unas simples Felices Fiestas acreditadamente correctas. Pero cada vez hay más gente dispuesta a hacer valer su libertad. Compruebe, por ejemplo, cómo la relación de firmas al documento va creciendo por minutos en internet.
SACHA GUITRY Estreno de 'Beaumarchais' en el Teatro Español
GALERÍA DE IMPRESCINDIBLES 187
MANUEL HIDALGO
Del gusto francés
Sacha Guitry estuvo dotado de forma portentosa por el don de la fecundidad. La fecundidad, en la creación artística -como en casi todo-, suele obedecer a la conjunción de dos fluidos que se entremezclan en variables proporciones: la capacidad de trabajo y la facilidad de ejecución. El primero es objetivable y no suele presentar efectos secundarios -salvo en las fases episódicas de cansancio o de agotamiento final-, mientras que el segundo puede ser aparente -y estar, en realidad, relacionado con la persistencia en la tarea- y dar lugar, en las peores ocasiones, al conformismo, al descuido, a la irregularidad y a la brillantez superficial.
La inabarcable obra de Guitry, como escritor de teatro y como director de cine, no escapa al perfil de sierra de los altibajos, pero lo constatable es que, sobre las tablas y sobre las pantallas, dejó el suficiente número de piezas valiosas como para ser considerado uno de los grandes.
Algunos datos para el asombro: escribió más de 120 obras de teatro y dirigió 36 películas en un periodo de unas cinco décadas. Fue, además, pintor, dibujante, caricaturista y escultor. Colaboró de forma constante en prensa, radio y televisión. Su bibliografía, que incluye obras ajenas al teatro y al cine, alcanza los 210 volúmenes, y grabó más de 30 discos con sus creaciones e interpretaciones.
Se sabe que llegó a escribir algunas de sus obras teatrales en sólo tres días. Cuando le dio definitivamente fuerte por el cine, hubo un año (1936) en el que dirigió cuatro películas. Para la pantalla, es verdad que adaptó en 17 ocasiones sus propias piezas, pero para las otras 19 escribió guiones originales. Por si esto fuera poco, Guitry fue el protagonista de todas sus películas y, por tanto, uno de los actores más conocidos de Francia.
Para redondear el panorama de la frenética hiperactividad de Sacha Guitry, habrá que decir que tuvo cinco esposas, actrices todas ellas y -al menos, cuatro- intérpretes de sus películas. En tal faceta, destacó especialmente la tercera, Jacqueline Delubac, que logró gran notoriedad en 10 títulos de Guitry, tras haber sido la que lo empujó a dirigir películas con continuidad.
Sacha Guitry nació accidentalmente en San Petersburgo en 1885, hijo de Lucien Guitry, un actor de extraordinaria reputación. A los 20 años, Sacha tuvo ya sus primeros éxitos en el teatro y, gracias a las relaciones de su padre con lo más granado de la cultura francesa, él mismo fue amigo de relevantes personalidades -Rodin, Monet, Saint-Saëns, Rostand, Degas, Sarah Bernhardt, Renoir, Mirbeau, Anatole France, Rostand…-, a las que filmó en un insólito documental mudo, en 1915, en su primera película, Ceux de chez nous. Guitry, en las proyecciones, añadía personalmente en la sala y de viva voz comentarios y declaraciones. Después, en 1952, esta película fue ampliada con una alocución leída a cámara por Guitry.
Las relaciones amorosas, los triángulos sentimentales, las fricciones entre amos y criados y, muy particularmente, los personajes y trances históricos de toda condición fueron los asuntos más recurrentes del teatro y del cine de Sacha Guitry, que disponía de una gran habilidad para los diálogos y para la comedia (incluida, por cierto, la comedia musical).
Cuando François Truffaut -todavía crítico de cine- reivindica encendidamente a Sacha Guitry, recién fallecido, en 1957, el luego director no duda en situarlo a la altura de Ernst Lubitsch, compararlo sin complejos con su querido Jean Renoir y colocarlo por encima de René Clair. Truffaut afirma que el toque Guitry reside en la malicia.
Sin embargo, algo falla, y el lector lo ha tenido que notar hace rato. ¿Por qué desconocemos tan profundamente la obra de Guitry en España?
Bueno, como que me voy a abstener de citar títulos en francés para no aburrir ni irritar a quienes hayan llegado hasta aquí.
Está claro que Guitry, 50 años después, no está valorado en Europa, ni mucho menos, como un cineasta a la altura de los tres nombres que Truffaut citaba. De las treintaytantas películas de Guitry, aproximadamente sólo cuatro fueron estrenadas en algún momento en nuestro país. Ahora mismo sólo hay una -Si Versalles pudiese hablar (1953)-, accesible en DVD. Sus textos teatrales y sus otros libros no se editan entre nosotros, y para encontrar algo hay que recurrir con suerte a una librería de viejo. Sus comedias no se montan en los teatros, y al respecto -y no sólo en España- existe la idea de que Guitry ha quedado como un chispeante comediógrafo de bulevar al gusto francés y, más concretamente, parisino, con el pecado de origen de haber sido totalmente indiferente a las vanguardias.
La supervivencia de Guitry vino después de que pasara, al fin de la II Guerra Mundial, por el doloroso lance de ser acusado de colaboracionista, encarcelado sin juicio durante dos meses y, por fin, rehabilitado con plenos honores en 1947. Guitry se quedó trabajando en París durante la invasión nazi y tuvo amigos en todas partes. Eso le pasó dura factura. Eso y haber participado en un libro elogioso sobre el mariscal Pétain.
Pasteur, Talleyrand, Napoleón, Mozart, María Malibrán o La Fontaine son sólo algunos de los personajes que Sacha Guitry retrató en sus comedias. Y llegamos a Beaumarchais, un texto que ha permanecido inédito hasta hoy porque en su día, hacia 1950, se pensó que era irrepresentable por costoso, por la abundancia de personajes y decorados y por parecer más bien un guión de cine.
No conocemos los apaños que ha hecho José María Flotats para poner en pie este digest sobre la azarosa vida del autor de Las bodas de Fígaro y El barbero de Sevilla: espía, conspirador, arribista, revolucionario, traficante de armas y sospechoso sin pruebas del asesinato de dos esposas, que conoció el exilio y también la prisión.
La resolución escenográfica es brillante, el vestuario es hermoso y Flotats seduce al público con sus eficientes recursos. Bien. Pero el ingenio y la estética, que complacen, no evitan la sensación de estar asistiendo a una sucesión de ilustrativas viñetas, con un gran protagonista sin antagonistas -sólo acompañantes o frontones- y sin un fuerte asunto ni conflicto centrales que, con su evolución e incertidumbres, dieran fuerza a la comedia.
RAÚL DEL POZO
Feliz Nochebuena
Suenan en la buhardilla de mi cabeza los almireces y ese clavel que se le ha caído a la aurora en su seno. Los que faltan vuelven esta noche por unos instantes a la cena del corazón. Ya nos están haciendo luz de gas con las bombillitas y cabalgatas de reyes, todo organizado por los alcaldes, los obispos y los grandes almacenes. Se celebra en estos días el cumpleaños de un hombre que según Robert Graves fue acunado en el cesto de aventar, el cesto de los elegidos.
Cristo tiene la biografía y árbol genealógico del héroe. Le lamieron animales al nacer, le persiguieron los sacerdotes y los gobernadores, murió joven, heroicamente. Luego se cantaron sus hazañas y prodigios en los evangelios, que no tienen validez histórica pero son la base de su culto. De su magnificencia, la mejor prueba es su perduración y vigencia a pesar de que administraron su doctrina tantos ministros bulderos.
El prodigio de esta noche ha sido cantado, contado, en verso y en himno, en lienzo y madera, por los grandes artistas.
Los laicos cuentan que el ángel de la luz anunció a la doncella que un rey glorioso le concedía el favor de parir un hijo natural que sería el más grande. Fuera Jesús, un héroe, un dios, un mago, un rabí o un agitador, lo cierto es que trajo a la humanidad una ideología antiesclavista y se adelantó 17 siglos a la carta de los derechos humanos.
Está claro que existió aunque la Iglesia tendría que hacer un esfuerzo para blindar el hecho histórico. Si estudian con el ADN el dedo de un homínido para asegurar que una especie humana vivió en Siberia hace 30.000 años, ¿por qué no son capaces de averiguar el rastro de Jesucristo de hace 2.000 años? ¿No dicen que conservan la Sábana Santa? Ahí habrá restos biológicos.
Este Papa es muy inteligente, y como sabe que del Jesús histórico apenas se sabe nada ha hecho un esfuerzo por acoplar la biografía del dios a la racionalidad de hoy. La existencia de Cristo es innegable. Hacen referencia de él los textos de Flavio Josefo, de Plinio, de Tácito, de Suetonio, aunque todos bastante después del año de la crucifixión. También los evangelistas escribieron más tarde.
Benedicto XVI, que anima a poner el belén en las casas y en los centros de trabajo, ha intentado explicar que el Jesús histórico y el de los evangelios es el mismo. Reconoce que si existieran incertidumbres sobre la veracidad biográfica el debate devanaría en el vacío.
En su Jesús de Nazaret acopla el Jesús histórico al Cristo de la fe, aunque los descreídos siguen insistiendo en que eso del hombre-dios es un plagio de la mitología griega.
Etiquetas: Firmas






Links to this post:
Crear un enlace
Home