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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

viernes, 31 de diciembre de 2010

FIRMAS: Raúl Rivera, Santiago González, Erasmo, Secondat, Justino Sinova, Ana Romero, Raúl del Pozo, J Miravalls, D. Torres


RAÚL DEL POZO

El 'fumeque'

EL RUIDO DE LA CALLE

Se acabó el fumeque, ese veneno sin sentido, narcótico sin placer. Lo trajo Cristóbal Colón, con unos indios que fumaban en pipa, y acabó siendo un tráfico del Estado. Ni siquiera se salvó de esa alienación Carlos Marx que escribió su obra gigantesca en las madrugadas, a base de tabaco y limonada. Le cuenta a Engels «El Capital no dará ni el dinero que me gasté en los cigarrillos que me gasté para escribirlo». Ni siquiera resistieron la tentación los curas que fumaban en las misas hasta que el Papa Inocencio VIII lo prohibió.

Fumar, más que un placer es una neurosis. Lacan piensa que nos agarramos al pitillo como al pezón materno. Hay muchas interpretaciones fálicas, pero lo cierto es que algo terrible debe de haber en esa hierba de la reina, porque aún sabiendo que cada vez que te metes un trujo entre pecho y espalda te estás matando como los espías con polonio, sigues chupando como un estúpido. De todas las adicciones, ésta es la más incomprensible, porque no compensa el gran peligro al mínimo hedonismo.

Pronto se acabará ese rito público de fumar extendiendo el aroma de las hojas lanceoladas que huelen a aventuras equinocciales. Se acabó el culto estético a dos artistas que fumaron con más arte en el siglo XX, Bogart y César González Ruano. Recuerdo a César con los dedos amarillos acercándose al tullido de Carretería, al que vendía caramelos, pirulís, avellanas, muñecas y pitillos sueltos. El escritor pedía Partagás o cigarrillos franceses y el vendedor le contestaba que solo tenía Celtas y caldo de gallina.

Si el tabaco mata habría que felicitar al Congreso y al Gobierno por la Ley Antitabaco que entra en vigor el día 2 de enero. Pero luego lo piensas bien y te molesta que los políticos se hayan convertido en ese pelotón de damas piadosas, un ejército de salvación para las buenas costumbres, mientras nos esquilman. Esa política de la proscripción, tan típica del pensamiento escuálido, también viene de América, como el propio tabaco y la sífilis; es el discurso de la parte más puritana de los predicadores-senadores, que se meten en la vida de los contribuyentes, aunque no han sido elegido para cuidarnos las almas, sino para administrar los deseos.

La cuestión de fumar o durar es individual; que cada cual haga lo que quiera, y si se quiere fumar el pijo, que se lo fume. Me dice un amigo que la Ley Antitabaco le va a provocar abstencionismo electoral. «La prohibición no estaba en el programa electoral, es una ocurrencia de Trini». La Trini, reina del fanatismo de lo pequeño, comodín electoral, se va a llevar un chasco, porque es bien sabido que las prohibiciones estimulan los vicios.


Pocas razones para el optimismo en 2011

Termina 2010, un año que ha sido muy duro, porque en mayo el presidente del Gobierno se dio cuenta de lo muy equivocado que estaba y eso significa que muchos españoles también aterrizaron bruscamente en la realidad. El profesor Florentino Portero tiene la teoría de que el éxito electoral de Zapatero se debe a que es capaz de identificarse plenamente con el español medio, que es un español imaginario que reúne un poco de todo lo que somos los demás. Por ejemplo, los españoles nos endeudamos más allá de nuestras posibilidades y Zapatero hizo lo mismo con el Estado. Dejamos para mañana lo que se puede hacer hoy y Zapatero hizo lo mismo con la reforma laboral y con otras tareas. Nos disgusta el conflicto y para evitarlo somos capaces de aceptar que la nación es «discutible». En general somos espléndidos y por eso el presidente creó el cheque bebé y los 400 euros.

Desde mayo Zapatero se ha separado de esa línea de actuación. Ahora habla de sacrificios (el suyo y el de su partido) y ayer hasta tuvo resonancias aznarianas cuando lo planteó durante su balance de fin de año. Pero esta identificación puede volver en mayo, cuando Zapatero comience a experimentar el vértigo que han sentido muchos españoles que perdieron sus empleos.

El año 2011 será duro. El proceso de desendeudamiento de empresas y familias continuará. Gran parte de la población que está en el paro consumirá todas las ayudas a las que tiene derecho. La economía no creará trabajo a un ritmo que permita reducir el desempleo. Los precios de las casas se verán presionados a la baja por la desaparición de la deducción fiscal por la compra de vivienda habitual. Los que no tengan casa pensarán que pueden acceder a una en mejores condiciones, pero los que las tienen experimentarán el «efecto empobrecimiento».

Consecuencia inmediata de todo esto: el consumo seguirá plano. 2011 será el año en que nos enfrentaremos cara a cara con nuestro modelo económico: si tomamos el atajo y volvemos a una economía de gasto o cogemos el camino largo hacia una economía productiva.

Como sucedió hace un año, cerramos el ejercicio con todo tipo de vaticinios horribles sobre nuestro sistema financiero. Hemos aguantado dos tormentas sobre el euro y nada nos libra de que podamos recaer en 2011. Pero las necesidades de financiación neta del Estado han bajado a 47.200 millones y si hay privatizaciones, pueden ser menos. Y aunque hay mucha deuda privada, los bancos y cajas precisarán el próximo año 97.506 millones. Lo que hace que en Moncloa y en el Banco de España tengan un punto de optimismo es que casi el 50% de esas necesidades correponden al Banco Santander y al BBVA, dos entidades cuyo crédito es mejor que el del reino de España.

john.muller@elmundo.es


PEDRO G. CUARTANGO

Días de muy poca gloria

UNO DE los géneros literarios que más me gustan son las memorias. En casi todas las que he leído, el autor intenta justificar sus errores u oculta los lados oscuros de su personalidad. Esas omisiones son siempre más esclarecedoras que los propios hechos que se evocan.

Las memorias que más me gustan son las de Casanova, Saint Simon y Chateaubriand, verdaderos monumentos históricos que permiten comprender al individuo y su época.

Confieso que sentía curiosidad por leer Los días de gloria, las memorias de Mario Conde. El libro no me ha defraudado porque está muy bien escrito, con sentido del ritmo y repleto de divertidas anécdotas.

La tesis que sostiene Conde es que Banesto fue intervenido en diciembre de 1993 para truncar su carrera política. El ex banquero afirma que hubo un pacto entre Aznar y González para eliminarle de la escena nacional.

Describe con detalle cómo entregó 300 millones de pesetas a Adolfo Suárez, lo cual es rigurosamente cierto, y cómo pagó otra suma de unos 600 millones de pesetas a Antonio Navalón para conseguir las exenciones fiscales de la corporación industrial del banco, por lo que fue discutiblemente condenado en el caso Argentia Trust.

Pero Conde evita en su libro mencionar la sentencia de la Audiencia Nacional de marzo de 2001, por la que fue castigado con 14 años de cárcel por estafa y apropiación indebida. Contra la tesis que sostiene de que el banco era viable y la intervención fue exclusivamente política, el fallo judicial es demoledor. Describe cómo Conde utilizó una serie de sociedades instrumentales para enriquecerse y cómo desvió impresionantes cantidades de dinero a testaferros que no tenían ningún activo.

Un libro publicado por Encarna Pérez a principios de 1993 evaluaba ya en 300.000 millones de pesetas el agujero contable de Banesto, que luego el Banco de España elevó al doble.

La realidad es que Conde se dedicó a engrosar su fortuna mediante una serie de pelotazos, a la vez que pretendía erigirse en una referencia moral para los ciudadanos gracias a los medios de comunicación que controlaba.

El libro que acaba de publicar deja patente su afán de reescribir una historia que no ha sido como él la cuenta. Conde no fue una víctima del sistema sino un tipo listo que pretendió aprovecharse de sus debilidades. Que ahora imparta consejos desde una tertulia sobre cómo se gestiona la economía es sencillamente patético. Tras leer estas memorias, estoy seguro de que le sobra talento para triunfar en el género de las grandes obras de ficción.

ANA ROMERO

El globo al revés: la hora del Pacífico

George Eliot hizo de su capa un sayo. La novelista británica- se llamaba Mary Ann Evans- no sólo escribió como un hombre. Hizo otras cosas vedadas en el siglo XIX a ambos sexos. Como cohabitar de por vida con el crítico y filósofo George Hewes, que estaba casado. Desde la aparentemente aburrida y provinciana Inglaterra victoriana que de forma tan brillante describió, Eliot alcanzó a ver mucho: «De todos los errores humanos, la profecía es uno de los más innecesarios, pero también de los más persistentes».

En esas estamos. Esta medianoche comienza la segunda década del siglo XXI, y uno se empeña en intentar averiguar cómo serán los años que van del 2011 al 2020. Esta semana, me quedé con la idea que compartió conmigo la popular Soraya Sáenz de Santamaría, otra mujer valiente como Eliot, pero de este siglo: «Cuando pienso en esta década, imagino el mundo al revés, como ese mapa que vi en Lourdes y en el que Europa queda detrás».

Hagan la prueba. Giren la bola del mundo, y verán que delante de sus ojos reina, ancho y amplio, el Océano Pacífico. A ambas orillas, los imperios de Estados Unidos y China, rodeada de nuevas potencias como Rusia, Kazajistán, India y los emiratos del Golfo Pérsico (Qatar es el que más crece: un 15% anual). En el centro, el coluro equinoccial: si viajas al este, ganas un día, y si vas al oeste, lo pierdes.

Lo de Europa no es una profecía, sino un hecho tristemente establecido. El Viejo Continente es una zona anciana y llena de achaques por la crisis económica- ¿cómo competir con una China que crecerá al 10% y una India que lo hará al 9%?- pero también por nuestras propias decisiones: ¿recuerdan que a principios de 2010 se puso a Hermann Van Rompuy y a Catherine Ashton al frente?

Peor que la económica es la crisis emocional. Según una encuesta del Pew Research Center, abandonamos la década del terrorismo islámico y la crisis financiera para entrar en otra de total indefinición para Occidente. Estas son las cifras: el 87% de los chinos, el 50% de los brasileños y el 45% de los indios cree que su país va en la buena dirección. Compárenlas con el 30% de estadounidenses o el 26% de franceses que opinan lo mismo. O si no, con el 91% de los chinos que piensa que su economía va bien versus al 13% de los franceses.

A España, con un 41% de sus jóvenes en paro, dejémosla aparte. En nuestro país, una pequeñísima gota en el océano global, tenemos la moral por los suelos. No nos engañemos. Es poco lo que podemos hacer. Me lo cuentan las mentes preclaras de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores: caminamos de la mano de Europa. Este Gobierno, el que venga y hasta la ministra Trinidad Jiménez con sus gaffes - rueda de prensa con Taieb Fassi-Fihri, foto con Evo Morales en pijama, desafortunada entrevista en Veo7- lograrán escribir algo más que una nota a pie de página en la historia de la década. Los titulares los harán otros: en 2020 China habrá sobrepasado a EEUU para convertirse en la mayor economía del mundo.

Ya lo sabemos. Lo intuimos cuado miramos por el rabillo del ojo a las chinas arrasando en la zona de cosmética de Harvey Nicols. Sí, en el último año, los chinos han desbancado a los rusos en las tiendas de lujo de París y Londres. Francamente, eso nos cuesta. Como nos resulta duro relacionarnos con imperios que no son democráticos.

La primera visita a España en 2011 es la de del viceprimer ministro chino Li Keqiang. Olvídense de Barack Obama. Keqiang es un rey mago cargado de contratos. Por eso lo reciben el rey Juan Carlos, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, la vicepresidenta Elena Salgado y los ministros Miguel Sebastián y Jiménez. Y son pocos.

No se depriman. Lo dice Arianna Huffington, la referencia mediática de EEUU: atención al pensamiento positivo. A los chinos, a los rusos, a los pérsicos, aún les queda. Tienen los bolsillos llenos de dinero y los pies de barro. ¿Cómo les influirá el poder de internet, el gran invento de Occidente? ¿Se sentirán insatisfechos sus millonarios ciudadanos?

Lo cuenta Gideon Rachman en uno de los mejores libros sobre geoestrategia del año: Zero-Sum World. Abandonamos la Edad del Optimismo (1991-2008) y nos adentramos en la de la Ansiedad. La crisis económica envenena las relaciones internacionales. EEUU y China se enfrentan, los países europeos también lo hacen entre ellos (PIGS vs. APES, que diría Diego López Garrido), y hay que olvidarse de grandes acuerdos globales. Antes que Rachman, ya lo escribió hace dos siglos Eliot: «Nadie puede ser sensato con el estómago vacío».

Feliz Año. Feliz Década.

ana.romero@elmundo.es

JULIO MIRAVALLS

¡Ay, que llega el futuro!

Se va 2010, dejando en el ámbito de la tecnología cotidiana la aparición del iPad, que redefine y pone en el mapa del deseo de la gente de a pie el concepto del tablet, que llevaba 10 años ignorado como objeto profesional. Y llega durante el peor debate sobre el futuro del periodismo real.

Un futuro oscuro. Ross Dawson propone un timeline para la extinción de los periódicos impresos (www.futureexploration.net). Su cálculo es que el diario de papel desaparecerá (o se hará irrelevante) en EEUU en 2017. En España, en 2024.

Ojo, es la previsión de un gurú. Y ya ven a dónde nos han traído los gurús que prometieron a todos los editores un paraíso con 40 vírgenes y un río de publicidad, si convertían sus diarios en gratuitos de internet. Luego, ni vírgenes, ni nada.

La tecnología se ha acelerado vertiginosamente y cambia nuestras vidas en una evolución de Homo sapiens hacia un Homo digital, incapaz de recordar cómo eran las cosas antes (¿a qué distancia ponemos el antes?), ni de planificar cómo habrán de ser después. Escribe Van Doren que la civilización egipcia sobrevivió 3.000 años porque sus gentes «se dedicaron con entusiasmo a evitar cuidadosamente cualquier tipo de progreso». Ahora es el otro extremo.

Con el iPad reinando solo en el territorio, los periodistas creen adivinar un futuro, con ese receptor tan ligero, en el que Murdoch ha decidido incluso crear un periódico exclusivamente para la máquina de Apple.

Pero no es prudente fiarse. La semana próxima, en la feria CES de Las Vegas empezará a fluir una catarata de nuevas tabletas. Todos los fabricantes de informática tendrán las suyas, con diversos sistemas operativos y ambiciones. Según el analista Craig Ellis, el año próximo se venderán casi 54 millones de tabletas, de las cuales 36 millones serán iPad. El pasado reciente sugiere que en dos años el iPad será relevante, pero uno más. Por dos motivos: primero, habrá mucho donde elegir; y, segundo, porque la cultura empresarial de Apple, cerrada y exclusivista con sus cosas, no sería aceptable para las autoridades de la competencia (en EEUU, y sobre todo en la UE) como posición dominante en un sector clave para la información. Algo harían.

Y eso nos devuelve al ignoto porvenir. ¿Debe el periodismo repensarse apostando por la pantalla hermosa, vertical y amablemente proporcionada en 4:3 del iPad, o deberá ser más flexible, para las pantallas panorámicas (horizontales por naturaleza) en 16:9, que dominan los androides? O peor: teléfonos con tres pulgadas de pantalla. La mitad de los accesos a internet son ya desde móviles. Quizás en tres años las noticias del periódico las lea de viva voz el teléfono, tras un suave roce de pantalla. O pidiéndoselo con amabilidad. Es tecnología que está ahí. Lo que no se asegura es dónde está el futuro.

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¡Adiós 2010!

Una tendencia generalizada en los seres humanos es considerar malo el momento presente de su existencia. Edmund Burke hizo unas agudas consideraciones al respecto. Sin embargo, hay días, meses e incluso años que merecen ser olvidados pronto. Tal y como ocurre con este 2010 que ahora termina. Ha sido «un año horrible», que dirán algunos recordando una famosa calificación de reina extranjera, un año de sinsabores y contratiempos. En España hemos padecido un desempleo de dimensiones escandalosas, hemos asistido a espectáculos de desobediencia abierta a jueces y tribunales, con anuncios públicos de proyectos anticonstitucionales llenos de pretensiones independentistas. La clase política ha descendido vertiginosamente en la estima popular. Las estafas y los fraudes han brotado en demasiados sitios. Ni lo económico, ni lo jurídico, ni lo político de este año 2010 pasarán a las páginas buenas de la Historia. Sólo se podrán recordar, como apreciables, los triunfos deportivos. ¡Adiós 2010! Ya teníamos ganas de que terminases de oscurecer nuestro horizonte. / SECONDAT


JUSTINO SINOVA

Las palabras y los hechos

El inventario de las acciones parlamentarias del PP presentado ayer por Mariano Rajoy demuestra que el Grupo Popular ha desarrollado en 2010 una actividad muy intensa y que ha apoyado un buen número de las iniciativas gubernamentales.

Eso desmiente dos mensajes socialistas muy extendidos: que el PP y su presidente no trabajan lo bastante y que escurren el bulto o «no arriman el hombro» en los asuntos de interés general planteados por el Gobierno. Y convierte en evidencia, al mismo tiempo, que los equipos de comunicación y propaganda del Partido Socialista son más habilidosos que los del Partido Popular.

Es fácil comprobar cómo han calado incluso entre simpatizantes del PP las descalificaciones socialistas. A veces, hasta personas informadas muestran sus dudas sobre algo que deberían tener confirmado, como es la capacidad profesional y política del líder popular y la labor de oposición que realiza su equipo.

El ambiente político y mediático está dominado por la tenacidad machacona de los agitadores socialistas, que no dejan pasar una, y por el apoyo ajeno que suelen encontrar. Tienen una gran ayuda en la desenvoltura de quienes están prontos para condenar las provocaciones de la derecha, aunque sean tan inocentes como llamar «Pepiño» a José Blanco, y toleran con su silencio los insultos a la derecha, como los propinados por el propio Blanco al mismo Rajoy, que no han sido pequeños ni aislados.

El problema para el PP es que ese ambiente artificial tapa con frecuencia sus hechos y sus valores. Ayer quedó claro que la acusación que le hace el PSOE de ser una oposición levantisca y de no colaborar carece de fundamento. Este año, el Grupo Popular ha apoyado 36 de las 58 iniciativas parlamentarias del Grupo Socialista (el 62 %), se ha abstenido en 11 y ha rechazado sólo 11 (el 19 %).

Entre tanto, el Grupo Socialista ha apoyado sólo cinco de las proposiciones populares (el 21 %) y en lo que va de legislatura ha replicado a 24 proposiciones populares con el veto, que es una práctica legal pero limitadora del debate democrático. De igual modo, el mensaje de la inactividad es desmentido por las 30.000 iniciativas del PP en 2010, como también por la contradicción gubernamental de quejarse siempre de la oposición realizada por Rajoy y su gente al tiempo que difunde el mensaje de su pasividad. O una cosa u otra. Pero ganan la agitación y la astucia.

Esa imagen que le construye el PSOE al PP resulta involuntariamente favorecida por el estilo pausado de Rajoy. Algunos sectores de la derecha parecen desear un líder levantisco y contundente. Pero Rajoy dice mensajes consistentes con suavidad formal. Como ejemplo, estas dos frases de ayer: «Para que las cosas puedan mejorar de verdad, hace falta un profundo cambio político en España» y «es el momento de afrontar el futuro con altura de miras». Esto se puede decir con el estilo de la difamación. Pero Rajoy cree que es suficiente ese lenguaje para que se entienda que con Zapatero España no tiene solución. Por supuesto, Zapatero y su corte lo habrían dicho de manera diferente, como quienes gustan, incluso en las filas del PP, más de las palabras, a ser posible gruesas, que de los hechos.


SANTIAGO GONZÁLEZ

Un discurso de Capra

La Navidad no sería tal si no viniera acompañada de signos laicos que le confieren carácter. Por ejemplo, la lotería, puro azar al que quizá no le quede mucha vida como acontecimiento público y bien que lo lamento. La lotería es una versión seglar de la Divina Providencia (a quien Dios se la da, San Pedro se la bendice) y la DP queda mejor como empresa estatal que privatizada, como aceptarán los más ferviente liberales.

Otro par de signos distintivos de estos días son las películas de Frank Capra y el balance de fin de año del presidente del Gobierno, al que se suma el del líder de la oposición y los de los presidentes autonómicos. Ni el cine de Capra ni el discurso de Zapatero son de un extraordinario rigor descriptivo, pero ayudan a crear la sensación de felicidad un poco boba que nos embarga en estos días a los espíritus integrados, aunque los diabéticos deberían consumirlas en dosis muy moderadas o ponerse a continuación un chute de insulina.

El presidente, un hombre que ayer estaba entre Caballero sin espada y Qué bello es vivir, y el aspirante, estuvieron amables. Ambos mostraban una actitud muy adecuada para el traspaso de poderes. El primero, dispuesto a dejar la tarea razonablemente encarrilada y el segundo, crítico, pero constructivo: recordó las reformas que él propuso en 2009 para 2010, que coinciden bastante con las que el presidente enunció ayer para 2011, a la par que justificaba que él arrima el hombro cuanto sea necesario: «El PP ha aprobado 36 de las 58 iniciativas que ha presentado el Gobierno», mientras «el Gobierno no ha apoyado, prácticamente, ninguna de las muchas propuestas» del PP. Es hora de la responsabilidad y el líder de la oposición no quiere obstaculizar el aparente empeño presidencial de acabar las reformas «me cueste lo que me cueste».

Era como si el presidente hablara ya para la historia con un discurso bifronte: una yuxtaposición de Churchill y el protomártir del optimismo antropológico que nos dejó Voltaire repartido entre el doctor Pangloss y su pupilo Cándido. La parte churchilliana es reivindicar para sí toda sangre, sudor y lágrimas. La candidez (no confundir con candidiasis) está en su radical incapacidad biológica para renunciar a la sonrisa institucional, si bien la imprecisión de su lenguaje lastra notablemente la solidez de su discurso. «Si algo caracterizará a la crisis económica, es el esfuerzo titánico que este Gobierno ha venido haciendo para mantener las políticas sociales». Emocionante lágrima socialdemócrata, pero lo verdaderamente característico está en los datos: crecimiento negativo del PIB, tasa de paro, déficit y, sobre todo, las víctimas que dejará tras de sí. He aquí «datos contundentes», no «el proyecto, las políticas sociales y la coherencia». Eso son actitudes, intenciones o valores, no datos. A partir de estas imprecisiones no es de extrañar que quiera «mantener la extensión y la evolución de los pilares del Estado del bienestar». Seguramente quiso decir fortalecimiento o refuerzo. Los pilares son partes fijas de un edificio o de un proyecto. No evolucionan ni se expanden, ni siquiera en los proyectos con futuro.


raúl Rivero

Jarabe para marear

GUSTAVO Arcos Bergnes, uno de los hombres que inició, hace un cuarto de siglo, el trabajo a favor de los derechos humanos en Cuba, solía decir cada 31 de diciembre, en la década de los 90, con la marca en su vida de las prisiones de Fulgencio Batista y de Fidel Castro, que se debía esperar el año nuevo con la certeza de que sería el tiempo del cambio definitivo.

Esa ilusión la compartió siempre con el pequeño grupo de hombres que le acompañó al principio. Y con los integrantes de la oposición pacífica que tenía presencia en todo el país cuando él murió, en el verano de 2006.

El veterano rebelde al que, en un momento, le sobraran las sillas de la sala de su casa para su tropa de gente arisca y perseguida, no perdió la fuerza ni en la cárcel, ni en sus periodos de acoso policial en una Habana en la que pronunciar su nombre era un delito político.

Esa filosofía del líder opositor, un lector callado y discreto, tiene en esta época un destello que se puede ver en algunos de los hombres y mujeres que continúan con sus empeños y sus fuerzas entregados a democratizar y liberar Cuba.

Lo enseñaron al mundo en los últimos 12 meses hombres como Orlando Zapata Tamayo, con su huelga de hambre hasta la muerte en una cárcel. Lo hicieron, lo hacen público, las Damas de Blanco, la asociación de familiares de los presos políticos que ha recorrido las calles bajo golpizas, insultos y atropellos.

Reina Luisa Tamayo, la madre de Zapata, acorralada por las brigadas parapoliciales hasta en el cementerio de Banes, el pueblo de oriente donde está sepultado su hijo. Y con una muestra similar de esa fe conmovió al mundo el periodista Guillermo Fariñas, con un ayuno que lo puso a unos centímetros de la muerte.

Creo también que se puede percibir ese espíritu de Arcos Bergnes en los 11 prisioneros políticos cubanos, pertenecientes al llamado grupo de los 75 de la Primavera Negra de 2003. Ellos se niegan a aceptar salir desterrados a España y se mantienen en los calabozos, donde fueron confinados hace siete años, porque han decidido no abandonar su patria y trabajar allá adentro por su ideas.

Ahora que el Gobierno anuncia transformaciones económicas desde el brocal de un pozo negro, los demócratas, los que quieren libertad, desde los sitios más peligrosos y controversiales de la sociedad, sueñan -como Arcos Bergnes- con una modernización radical del país.

Unas medidas que tengan hondura y sustancia. Que no sean un jarabe de marca para que la dirigencia pueda pasar otra vez las 12 uvas de exportación.

DAVID TORRES

El camello hipócrita

LA CAZA al fumador ha alcanzado un punto de histeria, obscenidad e hipocresía intolerable. Para protegernos de nuestra imbecilidad, el Estado desaconseja, prohíbe y sataniza una sustancia legal de la que es el principal beneficiario y único distribuidor. Es como si a un camello profesional no le bastara con lucrarse y regodearse de los pobres imbéciles a los que va asesinando raya a raya, sino que, además de venderles la farlopa a precio de oro, les vetara chutarse en su presencia. Se lamenta por esos pobres yonquis de venas agujereadas, pero no sólo los despluma sino que, mientras trinca la pasta, les echa un sermón por lo alocado de su comportamiento.

El cinismo de los políticos es semejante al de esos traficantes de armas que imparten conferencias de paz subidos a una montaña de cadáveres. Porque por cada cinco euros que un fumador se gasta en tabaco, cuatro son para impuestos. Para que luego digan, después de haberle sangrado minuciosamente durante décadas, que no se ha ganado el derecho a un tratamiento por un enfisema o un cáncer de pulmón, cuando tanto veinteañero borracho se rompe el cuello a bordo de un deportivo llevándose tres o cuatro vidas de propina. Pero los coches (una de las mayores causas de mortalidad y no digamos de tetraplejia) no sólo no se venden con pegatinas de sillas de ruedas en el capó sino que la propaganda nos los sigue ofreciendo envueltos en el glamour de la velocidad y con el lazo de una rubia despampanante con un muslo en el embrague y el otro en la palanca de cambios.

La publicidad del fumeque, en cambio, está prohibida hasta el punto de que un chaval puede llevar una camiseta estampada con vistosas plantas de marihuana, con un kalashnikov o con un pederasta violando niños, pero nunca con una marca de tabaco. Cualquier día los estanqueros acabarán trabajando en las alcantarillas, si no acaban antes en el psiquiatra, atormentados por esas estadísticas que los convierten en responsables directos de millones de muertes. Un estanquero amigo hizo la cuenta entre los estancos de España y las cifras del Ministerio y calculó que salía a quinientos cadáveres al año. Pensó en ofrecerse en una comisaría para que lo detuvieran por genocida ahumado pero, de seguir el caso adelante, no sería más que un pequeño cómplice del gran asesino estatal.

La cruzada humófoba ha llegado al límite de prohibir los clubes de fumadores, lo cual está a un solo paso de vulnerar la ley de reunión. Si el tabaco es tan malo, que lo prohíban del todo, que cierren los estancos y que recauden impuestos sobre la aspirina. Pero, sobre todo, que dejen de darnos sermones, coño.

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