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Actualización de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

lunes 29 de noviembre de 2010

FIRMAS: Federico Jiménez Losantos,Carlos Cuesta,C.G-Abadillo, Erasmo, P.G. Cuartango, Arcadi Espada, A. Romero, Gistau, R. Pozo, J. Müller, V. Pregro

Zapatero embustero

Melodía de edredón

Federico Jiménez Losantos

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

No importa demasiado el resultado de las elecciones catalanas cuando el separatismo a plazos pero al contado es, más que nunca, el discurso del Poder. No había que aplazar el Barça-Madrid para saber que a los catalanes llamados a las urnas les interesa más el fútbol politizado que la política controlada por el villarato mediático. Podía haberse abstenido la abstención y quedarse en blanco el voto en blanco. Estaban cantados el cambio de guardia de la Brigada Político-lingüística y la ampliación del Palau de la Corrupció, sede del Estat Catalá Cleptocràtic i Social, gemelo elefantiásico de esa Sagrada Familia injustamente imputada a Gaudí.

La foto de ZP con los 37 empresarios es como la del 'castell' que se viene abajo con Montilla mirando

Pero al final de la campaña, el villarato mediático ha hecho posar a todos los líderes juntos haciendo como que apuntalan un castell, como si aquello fuera una democracia, como si se respetasen los derechos individuales y se persiguiera a la corrupción, como si no se hubiera matado ningún niño encaramado a esa pirámide inexacta, como si no se hubieran prohibido los toros pero no los correbous ni los castells. Ante todo, la ilusión de comunidad, de que todos los catalanes, incluso los anticatalanes del PP, Ciudadanos y UPyD, pueden acercarse al Pessebre, a adorar al Niño de la Tribu. Esa foto del castell derrumbado de forma controlada, con Montilla abajo, esa imagen de todos los candidatos sonriendo después del grato esfuerzo, lástima de cigarrito, borran la imputación a España de robar a los catalanes por parte de los ganadores y las ordinarieces de la sexomanía politiquera y futbolera de los perdedores, de unas elecciones sin elección en un país que sólo hace política cuando dicen que toca, ojito al CAC. En vez de borrar las fotos, como la de Trotski junto a Lenin, Godó las multiplica con el mismo efecto: todo queda borroso, nada se distingue.

Pero el modelo despótico catalán se ha implantado en toda España, salvo cierta numancia madrileña que se resiste a la mafia de la deuda. La foto de ZP con los 37 empresarios de Ayete (diríase que el Rey quiere y no puede rehacer la Transición) es como la del castell que se viene abajo con Montilla mirando arriba. En vez de decretos para enderezar la economía, el Gobierno se hace cuatro horas de fotos y teles en Moncloa. En vez de pedir la democratización y saneamiento de Cataluña, el villarato mediático regala una cálida jornada de reflexión con el dominical. Melodía de edredón. Ni pensar en despertar.

El juego de la cerilla

Carlos Cuesta

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

Zapatero llama a la calma. Como hiciera el pasado mayo. Reúne a 37 empresarios en una patética sesión de fotografía y propaganda. E insiste en que son los especuladores quienes atacan injustificadamente a la economía española. Y como entonces, Europa y el FMI se preparan ante la posibilidad de tener que emplear el mecanismo de rescate e incluso de tener que ampliarlo hasta los 850.000 millones de euros.

El mismo proceso y la misma reacción del presidente. Y eso es lo que hace temblar al mercado. Los inversores vieron en aquella ocasión cómo el presidente se aferraba a su sinrazón económica hasta el punto de dejarnos entre el 3 y el 7 de mayo sin posibilidad de colocar las emisiones de deuda, ni públicas ni privadas. Y vieron, igualmente, como se comprometía, tras el aviso de colapso financiero, a cuatro reformas decisivas: mercado laboral, gasto público, cajas de ahorros y pensiones.

Medio año más tarde esos mismos inversores han hecho balance. Y lo que han encontrado ha sido el incumplimiento generalizado de los compromisos. La reforma laboral sólo garantiza un enorme atasco judicial en la disputa por los despidos; los recortes de gasto anunciados no evitarán que España cierre el año con un nuevo déficit de 95.000 millones; el gasto de personal del Estado acumula una subida del 1,4%; los costes financieros se han disparado un 25,1%; la reestructuración de las cajas avanza sin ritmo y bajo la sombra de 45.000 millones de deuda de dudoso cobro, y la reforma de las pensiones ni siquiera ha iniciado su trámite parlamentario. Todo ello, mientras el crecimiento permanece estancado, las inversiones del Estado bajan un 13,7%, y las previsiones de 2011 (Funcas) avanzan un aumento de la tasa de paro hasta el 20,4%.

España no es Irlanda, replica el Gobierno. Pero tampoco Irlanda era Grecia, y eso no ha evitado su caída. Según las previsiones de RBS, España cerrará 2011 bajo el yugo de una deuda total -pública más privada- del 350% de su PIB. Un volumen que prácticamente duplica los niveles de inicio de los 2000. Y, de todo ese paquete, la mitad -180.000 millones-, se lo debemos al extranjero. Es decir, que para salvarnos del agujero, dependemos de su libre decisión de prestarnos o no dinero. Una decisión en la que ya no cabe el lamentable juego del presidente de seguir pasando la cerilla encendida con la infantil esperanza de que los dedos quemados por las reformas sean los del PP.

Si Zapatero no está dispuesto a adoptar ya las reformas más drásticas debe irse inmediatamente. Porque si los recortes no llegan en días, España se hundirá. El juego, señor presidente, ha terminado.

El hundimiento

Santiago Gónzalez

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

En un mitin de la campaña legislativa de 1993, Julio Anguita remató la faena con uno de aquellos desplantes entre la moralina y el desdén: "Hala, ahora todos a votar CiU y a joderse". Lo que ha pasado, poco más o menos. Es como si los votantes del tripartito se hubieran volcado en el voto a las listas encabezadas por Artur Mas.

Los análisis preelectorales recordaban el punto electoral más bajo del PSC, los 33 escaños de Raventós en 1980; la frontera de los 30 era el punto mínimo por debajo del cual no había esperanza para Montilla. Ay, aquellas tres legislaturas de Obiols en las que alcanzó 41, 42 y 40 escaños, que les condenaban a la oposición frente al pujolismo, pero con dignidad. Ayer, los socialistas catalanes consiguieron romper su suelo. Con empeño, mérito y capacidad, mediante una gestión ineficaz que se estrenó con el hundimiento del Carmel y desde ahí lo llevó todo seguido.

El Gobierno tripartito se embarcó bajo el impulso de Pasqual Maragall en un error de difícil reparación, al proponer un nuevo Estatut por el que los ciudadanos catalanes no manifestaban querencia alguna, y por el que Pujol no había dado un solo paso en sus 23 años de presidencia. Zapatero bendijo la operación en aquel famoso mitin del Palau Sant Jordi, inspiró el pacto del Tinell, salvó en dos ocasiones el artefacto del naufragio, engañó a Artur Mas y sacrificó a Maragall por Montilla.

La derrota de éste es también la de Zapatero, que ayer en previsión de lo peor, prefirió seguir el escrutinio desde La Moncloa, quizá para no tener que salir de incógnito por el garaje de Ferraz, como en las últimas elecciones municipales.

El montillazo se ha consumado estrepitosamente y el sorprendente aumento del PP anuncia voto de castigo a Zapatero. Hoy le (nos) espera el castigo de los mercados a la deuda, mientras sigue por la Vía Dolorosa hasta las elecciones municipales, donde le espera la pérdida de los ayuntamientos capitalinos.

Así está el tema. Montilla anunció anoche dignamente la derrota y su intención de no repetir como primer secretario del PSC a partir del próximo congreso ordinario del partido. Veremos si Zapatero se cree obligado a decir algo o se apunta a la máxima de Ignacio de Loyola, "en época de desolación no hacer mudanza".

Desmoronamiento

Raúl del Pozo

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

Cataluña quedó partida ayer entre la abstención y la barretina en un invierno feroz para toda España. A las dos de la tarde, Artur Mas ya anunciaba que tenía sensaciones positivas y se filtraba que las clases medias del Eixample encontraban más placer en votar que los de la comarca del Vallés, a pesar del anuncio del orgasmo. Esa Barcelona geométrica, perfecta, de color de paloma sucia y luz submarina, demasiado teatro para tan poco espectáculo, según los poetas y novelistas, la Barcelona burguesa, se imponía así a la Barcelona del cinturón.

Le han dado un meneo histórico al PSC, en el peor escenario, la peor crisis económica después de una campaña electoral al borde de la astracanada y la ordinariez. José Luis Rodríguez Zapatero queda tiritando después del pateo de Barcelona, la joya de su corona. Todo lo que fueran menos de 33 diputados se consideraba un fracaso; obtuvo menos y el peor resultado de su historia. Además, el PP creció, convirtiéndose en la tercera fuerza política catalana.

[foto de la noticia]

Será presidente Mas, un liberal catalanista, que según Maragall «S'ha amorisit» (Se ha humanizado). Me explica un gran catalán que vive en Madrid: «Lo que ha ocurrido se sabía desde la sentencia del Estatuto. Se ha producido un cambio sociológico, ya no se mira a Madrid. Hay una cierta tristeza y la tristeza también se expresa en la abstención».

Ganó el independentista moderado, con una abstención no tan desbocada como se esperaba. Cataluña hoy es un país frustrado y angustiado que, desengañado por el fracaso de su inserción en el Estado, se refugia en un proyecto político sólo defendible allí. Desde Madrid, algunos siguen a esa comunidad como un laberinto de privilegios, casi igual que aquellos escritores áulicos del imperio español que decían que a los catalanes, para ser gallinas, sólo les falta cacarear.

Vuelve a hacerse fuerte el nacionalismo de Pujol un milhombres, según Pla, que demostró «poseer una ambición desmesurada, propia del típico político ignorante». Hoy los catalanistas no pedirán la independencia, sino un pacto fiscal, una nueva financiación, contribuyendo al «caos de fueros» en un instante de crisis nacional. La abstención, no fue tan catastrófica como se anunciaba (hubo más participación que en las elecciones del 2006). Algunos observadores explican: menos mal, porque si no, el lunes algunos van a intentar ocultar el cambio y deslegitimar los resultados. La abstención es un signo de tranquilidad política, es preocupante cuando no existe. «Las dictaduras», me explica un jurista, «no tienen abstención y hay mucha en Suiza o Dinamarca. La gente se moviliza en casos de emergencia, como el 23-F o el 11-M».

País

Erasmo

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

Entretenido. Ese Federer-Nadal, en Londres. Y tal Barça-Madrid, calentado, recalentado, ambos subliminalmente orientados por la malla mediática. Y Liberty en Prisa, cambio de metabolismo societario, de la propiedad y los ascensores funcionando. Proceso teledirigido por González con Janli Cebrián: chapeau. Se culmina la vieja operación anunciada ya por Erasmo (EL MUNDO, 28-10-2007): pronto, el Grupo Prisa será mexicano. Y otro nuevo cambio de metabolismo político: Cataluña. ¿País? Nah. Aglomeración de sobredosis

Montilla le da la victoria a Mas

Casimiro García-Abadillo

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

La sorpresa, de verdad, en estas importantes elecciones catalanas, ha sido la participación. Se temía lo peor, un porcentaje cercano al 50%; pero, finalmente, los electores, probablemente tapándose la nariz, acudieron a votar en mayor número, hasta rozar el 60% del censo.

Entre el original y la fotocopia, los ciudadanos prefieren lo primero; por eso han votado a Mas

Montilla había declarado en el Foro de EL MUNDO, cuando le preguntamos su opinión sobre la alta abstención que se esperaba para el 28-N, que eso ocurría ya en otros países de gran tradición democrática, como EEUU, y que ese fenómeno no era más que una prueba de «madurez democrática». Confío en que este repunte en la participación no le lleve a razonar que los electores se han comportado de una forma más inmadura de la augurada por él.

Aunque la victoria aplastante de CiU no haya sido una sorpresa (responde a lo que pronosticaba la mayoría de las encuestas), no por ello es menos trascendente. El partido nacionalista catalán le ha sacado más del doble de votos al PSC. Por fin, a la tercera, Artur Mas podrá gobernar con comodidad la Generalitat gracias a los 62 escaños que ha conseguido.

Mas ha recogido la cosecha del desastre que ha significado el tripartito para Cataluña en los últimos cuatro años. Con olfato, el dirigente de CiU moduló el mensaje de su partido. Se olvidó de las aventuras independentistas, aplazándolas para un futuro incierto y fijó como eje de su futuro gobierno la reivindicación de un concierto económico como el vigente en el País Vasco y Navarra.

El PP ha subido cuatro escaños; la lección es clara: todo apunta a un cambio en España

Inmune a los escándalos de corrupción, CiU no sólo recupera el poder en Cataluña, sino que se convierte en un partido clave para la gobernabilidad de España.

El descalabro del PSC, también apuntado por algunas encuestas, ha sido un durísimo golpe para los socialistas, que esperaban un repunte en campaña que les permitiera obtener una derrota digna: es decir, un resultado en torno a los 33-35 escaños.

Probablemente, desde el punto de vista político, el batacazo de Montilla (28 escaños) es el elemento esencial de estas elecciones. Los ciudadanos han castigado sin piedad a un partido que ha coqueteado en exceso con el nacionalismo, olvidándose de su votante de izquierdas. Lo que le ocurrió al presidente de la Generalitat en la manifestación independentista del pasado mes de julio, que él respaldó y de la que tuvo que ser retirado con protección policial, era el anticipo de lo que le acaba de ocurrir en estas elecciones. Gobernó con una óptica identitaria, como si fuera CiU, y ha sido expulsado sin contemplaciones del Palau humillado y dejando a su partido en una situación muy difícil para remontar de aquí a las elecciones municipales, claves para el PSC, ya que es en los municipios donde han basado su influencia los socialistas en Cataluña.

Montilla anunció ayer que no se presentará a la reelección como secretario del PSC. Quiso abandonar, pero sus compañeros le pidieron que aguantara.

Aunque ayer en el PSOE rechazaban hacer una lectura nacional de lo ocurrido en Cataluña, es evidente que el desastre de Montilla supone un varapalo para la política de Zapatero. El agredido Iceta echó la culpa de la derrota a la «crisis económica», que está provocando, dijo, un giro a la derecha en Europa. Toma castaña. O sea, que no se puede hacer una lectura para España, pero sí que se puede enmarcar el descalabro socialista catalán en la escena europea.

Montilla, no lo olvidemos, fue una apuesta de Zapatero, al igual que el Estatuto de Cataluña, el eje de su Gobierno. Por tanto, hay que sacar lecciones de lo ocurrido.

Ni Montilla puede seguir al frente del PSC, ni el partido podrá recuperar crédito ante sus electores si no hace una dura autocrítica de los últimos siete años.

Otra sorpresa: el PP. La mayoría de las encuestas (no la de Sigma Dos) daban a los populares un resultado similar al de 2006 (14 escaños). Sin embargo, Alicia Sánchez Camacho ha logrado 18 asientos en el Parlament, el mejor resultado de la historia del partido en unas elecciones autonómicas. Lógicamente, no sólo hay que atribuir a la candidata este éxito, sino a que ya en Cataluña se atisba un cambio político a nivel nacional.

El naufragio de ERC ha sido aún mayor de lo que apuntaban los sondeos. El partido independentista empata a 10 escaños con ICV, menos de la mitad de los que obtuvo en 2006. En total, los componentes del tripartito han perdido 22 escaños ¿Pueden ser más contundentes en su veredicto sobre un gobierno los ciudadanos?

Y, por último, otra sorpresa: Laporta. El ex presidente del FC Barcelona entra con fuerza en el Parlament: 4 escaños. Uno más que Ciudadanos, que se queda con 3, a pesar de haber obtenido más votos que el estrambótico abogado.

Cataluña ha girado a la derecha, pero también hacia el soberanismo. Aunque hay que reconocer que Mas lo va a tener difícil para superar en ese aspecto al tripartito

La marcha fúnebre

Llucia Ramis

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

Consulto en Facebook: ¿qué me pongo para ir a la sede del PSC? Casi todos coinciden en que vaya de negro, en plan funeral. Y es que a esta crónica de color le va a faltar eso. En Nicaragua hay un gran revuelo: un hombre le ha lanzado un huevo a Miquel Iceta en nombre de España, la Falange e Intereconomía. Tan vergonzoso como que la xenófoba Plataforma per Catalunya no baje de los tres escaños durante los primeros 60 minutos de escrutinio. Ya lo advirtió Josep Anglada: «Vamos a ser la sorpresa». Afortunadamente, por poco tiempo.

Más emociones fuertes: el susto y el alivio al comprobar que CiU pasa de los 66 escaños de los primeros recuentos a 59 una hora más tarde. La cosa se quedará en un rotundo 62 que el Príncipe Artur acertó en su porra electoral con el mismo rigor que exigirá durante su mandato.

Resultará difícil para los socialistas superar el dolor psicológico que implica obtener menos de 30. Como no hay nada que celebrar, los simpatizantes se han quedado en casa porque el Barça-Madrid sí es algo para reflexionar. Con la excepción de tres optimistas mujeres vestidas de rosa a las que comento que el Hotel Majestic, según lo que se ve por la tele, hierve de convergentes felices con la sonrisa simple de su logo. Paca responde: «Claro, ¿quién tiene los medios de comunicación en Cataluña?».

Pero si están tocados y hundidos es por los 18 escaños históricos del PP, que mejoran los 17 que logró Aleix Vidal-Quadras. «Esto es el preámbulo de lo que va a pasar en España», vaticina el diputado resignado Àlex Masllorens. «La gente no entiende la labor intensa del Govern, cuyas políticas sociales han conseguido que Cataluña esté aguantando bien la crisis», dice Ernesto Carrión, coordinador adjunto de la Secretaría de Ciudananía del PSC. Será porque la conexión de la sede con el mundo es terrible. Y no hablo en clave, sino de internet.

Los partidos nunca pierden unas elecciones. Pero a ver cómo se defiende Montilla de esto. El primero en llegar es el alcalde Hereu, que recibe palmaditas en la espalda. Ni siquiera intenta sonreír. Los demás, por el contrario, sí procuran aplaudir mientras el ex president sube al escenario. Pero el aplauso suena a esos de cuando se han acabado los bises.

Caras largas de Celestino Corbacho, José Zaragoza, la probable sucesora de Montilla, Montserrat Tura, y de Carme Chacón que, como el increíble hombre normal, va de negro. Supermonti ha colgado el disfraz. «Mi corazón está al lado de quienes me han dado soporte», dice, no sé si con tristeza o cansancio. «Nuestra organización es sólida, portadora de esperanzas». Y de repente: «Hoy hemos perdido unas elecciones, hemos sido derrotados». ¿Cómo? ¿Así de claro? ¿Sin eufemismos ni excusas? Recuerda que se marcha, solo y tristemente, pero no le pasa la patata caliente a nadie. Como diría Pujol, «avui no toca». Una chiquilla de las Juventudes se abraza a un periodista con los ojos bañados en lágrimas. Un socialista le comenta a otro: «Bueno, mañana Mas». Da todo tanta pena que ni siquiera es triste.

Por cierto, al final me he puesto minifalda. Pienso pasarme la noche bailando sobre nuestra tumba. Qué marcha más fúnebre

¿QUIÉN MATÓ A MÓNICA LE VINCI? (Capítulo 17)

El melocotón

Andreu Martín

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

Este texto es una ficción fruto de la imaginación. Cualquier parecido con la realidad es coincidencia.

-Basta -me corta la mosquita muerta de Wendy-. Enseguida supimos quién mató a Mónica Le Vinci, pero no convenía airearlo todavía.

«Dijiste que, al entrar en su piso, reinaba un silencio absoluto. La encontraste muerta en la terraza y parecía que le habían tirado la piedra desde una azotea vecina mediante un tirachinas o una catapulta. Pero a una vecina le pareció oír que Mónica tenía puesto el televisor y estaba viendo uno de esos realitys de discusiones enloquecidas. Tú no viste el televisor encendido. Porque lo que oyó la vecina no fue más que una discusión en vivo y en directo».

«Una discusión tan chillona y tan estúpida como la de un reality, entre tú y Mónica Le Vinci».

-¡Tenía novio y me lo ocultaba -protesto-, porque decía que yo se lo iba a quitar, la guarra! ¡Y me tiró del pelo!

-Nuestra pista principal fue la piedra, que estaba ensangrentada, mientras el papel que la envolvía estaba inmaculado. Si la hubieran tirado envuelta en el mensaje, el papel estaría manchado y la piedra no. O sea, que la mataste golpeándola con una de las muestras minerales que Mónica, como geóloga, tenía en casa, y luego escribiste aquel mensaje absurdo para despistarnos.

«Todo lo que has hecho desde entonces ha sido para despistar, distraer nuestra atención con chorradas, gritos y discusiones inútiles, acusando a unos y a otros al azar, mintiendo y difamando para que no pensáramos en tu culpabilidad. Pero yo no estaba a tu lado para protegerte, como te dijeron, sino para controlarte mientras durase la campaña. Ahora que ha terminado ya te lo puedo decir: ¡Quedas detenida!».

-¡Serás marrana! -le espeto.

La mossa me ciñe las esposas tan fuerte que la voy a denunciar por malos tratos.

-No te servirá de nada -me susurra-. Artur Mas revocará el código ético de los Mossos. Estás perdida.

Lloro mientras me lleva...

...Y mientras que, en otro lugar, Artur Mas va a comerse un melocotón. Sonríe al pensar que Montilla lo comparó con esta fruta durante la campaña. Dijo que su piel era estatutista y ahora Mas prescinde de esa piel, que a más de uno le da alergia. Mientras saborea la pulpa, recuerda que su rival afirmó que su pulpa es soberanista, curiosa palabra que evoca a un soberano, un rey o un coñac. Y al llegar al hueso, que representa su independentismo, se le ocurre que, a la hora de comer, el hueso se tira. Y, según dónde caiga, no fructifica ni nada.

(Fin)

Una legislatura amarga pero tranquila

Victoria Prego

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

Aventuremos desde ahora mismo algunos pronósticos que sólo el tiempo dirá si se cumplen. De entrada, los datos mandan que el ganador ocupe la centralidad política de la vida catalana. Y no porque asuma la responsabilidad de gobernar, ya veremos en qué condiciones y con qué apoyos, sino porque el mandato popular le obliga a encarnar la moderación en el proyecto que se aborde desde mañana mismo en el ámbito catalán y también, por supuesto, en el del conjunto de España.

[foto de la noticia]

Alguien me decía hace poco que, si en términos europeos, «España es demasiado grande para caer, en términos españoles Cataluña es demasiado grande y demasiado importante -y no en términos únicamente económicos y comerciales, sino políticos históricos y sentimentales- para romper». Y eso no va a suceder.

No es ésta una opinión personal, sino la descripción de la corriente subterránea que, más allá de la pura campaña electoral, circula entre las filas convergentes y que va a contribuir a diseñar la estrategia de la próxima legislatura. Corto me lo fiáis, es verdad, porque cuatro años son muy pocos para la Historia, pero resulta que en esta España autonómica cuya planta se viene deshilachando hace años camino de no se sabe qué modelo -desde luego ya no un modelo federal- es un plazo que al menos permite una mínima planificación.

Convergència i Unió va a aparcar sus coqueteos con la independencia y, vistos los brutales resultados cosechados por ERC, que ha recibido un castigo que roza directamente la crueldad ciudadana, no va a caer en la tentación de levantar esa bandera.

Por ahí no vamos a padecer sobresaltos. Bastante tienen los nuevos gobernantes catalanes con ocuparse de una realidad económica que les tiene literalmente «acollonats», según confesión propia, porque el panorama es «horroroso». Para empezar, son más de 600.000 los parados con los que han de enfrentarse y para seguir son 10.000 los millones de euros los que le vencen a Cataluña en 2011. No digamos ya cuando tengan que afrontar el pago de los «bonos patrióticos», al 7,75% de interés, que vencen el 19 de noviembre del año que viene. Y a ver de dónde va a sacar el Gobierno catalán ese dinero. La cuestión urgente y acuciante está, por lo tanto, para Artur Mas y para todo su equipo, en sobrevivir financieramente hablando a este 2011 que se asoma en toda España, y también en Cataluña, con el más angustioso de los perfiles.

El 'Govern' abandonará todo coqueteo independentista y ocupará la centralidad política para afrontar la crisis

Por eso resulta que la tarea inmediata de los convergentes va a ser la más amarga para cualquier gobierno, y mucho más siendo, como va a ser, el primer gobierno que en España se estrena en mitad de la crisis y que, nada más tomar posesión de sus puestos, se va a ver en la necesidad imperiosa de adoptar medidas drásticas de recorte de gasto, incluido los gastos sociales.

Así que éste va a ser el primer experimento de gobierno recién estrenado que haga tragar a la población el aceite de ricino del «vamos a mucho menos y tardaremos mucho en ir a un poco más». Si se cumplen las previsiones en términos nacionales como se han cumplido en términos catalanes, ya sabe el Partido Popular y Mariano Rajoy hacia dónde ha de mirar para calibrar los efectos de sus decisiones. Pero la pregunta inmediata, dado que CiU no ha logrado la soñada mayoría absoluta es ¿quién le va a apoyar en el Parlament a reducir las prestaciones sanitarias, las ayudas a la dependencia, los gastos en educación? ¿Quién le va a prestar sus votos cuando nadie puede negar que el aroma preelectoral se respira ya en toda España de cara a las generales?

Es evidente que durante los próximos meses, Convergència i Unió tendrá que decidir en solitario, pero habrá de elegir cuidadosamente a quién le preste una muleta para caminar por una senda tan ingrata. Y esa muleta, los votos lo dicen, sólo puede ser ese Partido Popular con quien hace tan sólo cuatro años el propio Artur Mas hacía constar ante notario que jamás haría migas. Nada de esto va a sorprender a ninguna de las dos formaciones políticas. Guardando todas las distancias y mejorando lo presente, como se decía antes, la extraordinaria victoria de CiU corre pareja con la victoria del PP, que ha abandonado definitiva y brillantemente el gueto político en el que había vivido recluido durante años.

Dentro del centro del espectro político catalán, éstas han sido las dos grandes victorias registradas en los grandes partidos. Todo lo demás han sido derrotas sin piedad. Lo del PSC ha sido dramático, tan dramático como la propia intervención de José Montilla al filo de las 22.30 de la noche de ayer y al filo también de las lágrimas. El impresentable incidente de la agresión a Miquel Iceta resultó, vistos los resultados finales, algo tristemente simbólico.

Los dos grandes ganadores, CiU y PP, están destinados a brindarse apoyo recíproco en los próximos cinco años

Y no cabe decir, como se han dicho los dirigentes socialistas, que les ha castigado fundamentalmente la crisis. No es verdad. El tomatazo, por no utilizar el episodio del huevo, que los catalanes les han propinado va mucho más allá de una protesta por el deterioro de la situación económica: ha sido una enmienda a la totalidad, un rechazo esencial, radical e histórico y despiadado del que el PSC y también el PSOE tardarán muchos años en recuperarse. No cabría ahora aproximación alguna a un proyecto tan brutalmente vapuleado y que ofrece los peores augurios al gobierno presidido por el socialista Rodríguez Zapatero, y a las autonomías y ayuntamientos gobernados por el PSOE.

Lo mismo vale para ERC. La suya ha sido una derrota de tal envergadura que no permite la menor duda de lo que vale para la opinión pública catalana la opción defendida por Joan Puigcercós y los suyos. Y tampoco permite dudas de hacia dónde debe dirigirse el nuevo Gobierno catalán. Hacia la radicalidad política, desde luego, no. Claramente hacia la moderación y hacia el pacto con el otro gran vencedor de estos comicios: el PP de Alicia Sánchez-Camacho en Cataluña y de Mariano Rajoy en el resto de España. Y eso será así. En la formulación que se elija durante este primer y terrible año de gobierno que le espera a CiU; desde una mayor o menor distancia en lo tocante a pactos públicos. Pero ésta será la base de actuación. Y ahí entrará, por sorprendente que parezca, la reivindicación del famoso concierto económico, cuyo recorrido político no será ni muy largo, ni muy intenso mientras dure la crisis y mientras el castigo a la gestión socialista otorgue al PP una victoria tan cómoda como la que anoche recibió como regalo de las urnas Convergència i Unió. Nos espera, pues, una legislatura tranquila. Alabado sea el Señor.

Sólo seis genuinamente privadas entre 39 firmas

John Müller

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

De las 39 empresas que fueron invitadas a La Moncloa el sábado -y que dan empleo a un millón de trabajadores, según el presidente del Gobierno-, apenas seis pueden decir que no le deben nada al Ejecutivo y que son auténticos emprendimientos. Ésa es la realidad del gran empresariado de nuestro país. Esas empresas son, tras recortar muchas veces la lista, los bancos Santander, Popular y Sabadell, Inditex, Mercadona y El Corte Inglés.

Todas las demás están en sectores regulados, sometidos a tarifa, o reciben contratos públicos, cuentan con licencias estatales, han sido monopolios públicos, fueron privatizadas o el Gobierno (éste o uno anterior) les ha salvado la vida en un momento dado.

Si Zapatero tuviera esta misma reunión con pymes oiría cosas muy distintas

Esto no significa que todos sus representantes hayan sido obsecuentes con el poder (algunos fueron muy críticos), pero el tan traído y llevado discurso de que España es una marca que lastra sus resultados es muy difícil de sostener oficialmente por la mayoría de ellos. Telefónica, BBVA, Iberia o Repsol, por ejemplo, no lo pueden decir sin que alguien les recuerde que comenzaron siendo monopolios o empresas públicas privatizadas, que con deuda adquirida desde España se expandieron por el mundo. Es verdad que lo han hecho muy bien, que se han convertido en las multinacionales de cuño español que no teníamos hace 20 años, pero es de bien nacido ser agradecido. Por eso este asunto de la marca sólo afloró de manera descriptiva en algunas intervenciones, como la de César Alierta, presidente de Telefónica.

En estas circunstancias no sólo es importante prestar atención a lo que se le dijo a la cara a Rodríguez Zapatero (todo el mundo coincide en que Francisco González, presidente del BBVA, fue el más crítico con su gestión), sino también a esos silencios que fueron tan estruendosos como los discursos. Por ejemplo, la mayoría de quienes están concernidos por el acuerdo energético que está a punto de lograr el ministro de Industria Miguel Sebastián, con la única excepción del presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, callaron. En La Moncloa interpretaron las palabras de Sánchez Galán reclamando un marco legal «atractivo, estable y predecible» como una presión destinada a parar las primas a las plantas termosolares. Pero no más que eso.

Unos pocos fueron capaces de formular propuestas que escaparan a la acuciante tormenta financiera: Rafael del Pino, de Ferrovial, que destacó que el Estado de Bienestar no es sostenible, Luis del Rivero, de Sacyr, y Sebastián Escarrer, de Sol Meliá, que pidieron revisar el despilfarro autonómico, o la hotelera Carmen Riu que instó a reformar drásticamente nuestro modelo educativo.

Si el Gobierno tuviera esta misma reunión con pequeños y medianos empresarios, o con autónomos -que son los que dan trabajo a 12 o 13 millones de españoles-, lo que tendría que oír sería muy diferente. Tendría noticia, por ejemplo, de la enorme brecha que existe entre lo que legisla el Parlamento y lo que le ocurre realmente a las empresas. Quizás comprendería cómo a Acciona no le cuesta nada cumplir con la Ley de Protección de Datos, pero ésta hace polvo a una pyme y se convierte en un elemento disuasorio para los emprendedores. Y este es sólo un ejemplo aislado, pero hay muchos más entre aquéllos que no tienen acceso a La Moncloa o que no tienen capacidad para cambiar las leyes.

Polvo, sudor y hierro

David Gistau

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

Este extraño fin de semana de fútbol sirvió al menos para hacer un experimento: constatar cómo sería la Liga sin el Real Madrid y el Barcelona. Deprimente. Como un gin tonic sin ginebra. Como Rita Hayworth cuando Orson Welles le cortó el pelo. Vacío como una isla sin Robinson, que cantaba Sabina, así estoy yo sin vosotros. Desmochada de sus dos equipos grandes, de la Liga queda una nimiedad terruñera que, de ser así siempre, potenciaría la lectura, la frecuentación de los teatros y el negocio de la hostelería. Y no digo por ello que no hubiera algunos buenos partidos. Es sólo que, sin el Madrí y el Barsa, faltan el matiz aristocrático y los cauces por los que nuestro fútbol se proyecta al respeto.

Pero hoy es lunes, se juega el clásico, con un aroma de final prematura y con los chispazos que saltarán como cuando se frotaban las ruedas de las cuádrigas de Ben-Hur y Mesala. Me ha llamado la atención el empeño de Guardiola por enfriar el partido, aun jugando de local, con una ley del silencio con la que parecía intentar que ninguno de los suyos se enredara en el juego de la demolición psicológica. O como si creyera que la excitación excesiva favorece al Real Madrid, que es mejor cuanto más arrebatado juega y se complace en la hostilidad más que en el cariño. Buena parte de la energía que está propulsando al Real Madrid se debe a que, a diferencia del Barcelona, viene planteándose la campaña como una vindicación de sí mismo, como una rehabilitación, y el Camp Nou es el escenario perfecto para demostrar que con Mourinho es capaz de prevalecer en los mismos trances que en los últimos dos años le doblegaban. Un ambiente cargado no haría sino agregar alicientes a semejante examen de carácter que, de ser superado, equivaldría para Mourinho a la espada que Arturo extraía de la roca. Es probable que al Barcelona le falte semejante combustible para la ambición, pero tiene mucho que ganar con la victoria: hacerse el exorcismo de Mourinho, refrescando por añadidura algunos traumas madridistas recientes, y postergar al menos media Liga cualquier posibilidad de vuelco jerárquico. Para Chamartín no sería grato descubrir que también con Mourinho perder contra el Barsa es costumbre.

Este clásico viejo tiene un ingrediente nuevo: el maniqueísmo. La partición entre un bueno y un malo, ambos absolutos, como en las tramas más reductoras de la novela. En la encuesta de un diario argentino, más de un 70% de lectores se declaraba este fin de semana partidario del Barcelona. En parte es por Messi, obviamente. Pero lo cierto es que el Barcelona, con su publicidad de salvar niños y el nerd Sapientín que tiene por entrenador, se ha creado una reputación beatífica, como la de los Beatles. Mientras que el Real Madrid quema las guitarras eléctricas, va en moto como los Hells Angels, es recibido a cascotazos por donde pasa y, en definitiva, parece la banda de William Munny asolando la Frontera, y esto es un elogio. Las chicas buenas anhelan llevar a Guardiola o Messi a almorzar en casa el domingo, y las malas quieren ser raptadas por Mou o Cristiano, como por Belmondo al final de la escapada. Así, la rivalidad de nuestro fútbol, más aún desde que Mourinho se trajo consigo el escándalo, ha escorado hacia un cómic de la Marvel: hay un superhéroe nada oscuro, y luego está su Némesis, ese Real Madrid entrenado por un tipo tallado a cuchillo para quien la victoria siempre será mucho más importante que caer tan bien como para ser el filósofo de las cuentas corrientes. No es sólo el choque de dos estilos abocados ambos al gol por caminos diferentes. Es también el de dos arquetipos. Y resulta que a veces gana el malo, que luego le aúlla a la Luna. Polvo, sudor y hierro, Mou cabalga

john.muller@elmundo.es

Las canteras del clásico

Carlos Toro

Publicado el Lunes, 29 de noviembre de 2010

Sepultadas bajo las instiladas por Mourinho y las vomitadas por Preciado, las palabras de Tito Vilanova, edecán de Guardiola, apenas se oyeron en el guirigay del fútbol nacional. Vilanova reivindicaba la superioridad moral del Barcelona frente al Real Madrid en razón de su culto a la cantera frente a la desnaturalizada apuesta del Madrid por los vástagos ajenos, condottieri de corazón de paso. Vale. A todos se nos cae la baba viendo a los canteranos del Barça impartir lecciones de fútbol y compromiso sentimental. A todos nos emociona imaginar a las estrellas de hoy compartiendo vivencias infantiles y coleccionando cromos y autógrafos de sus ídolos de entonces, retirados ya hace tiempo. Todos hemos glosado la escuela de La Masía y admitido las ventajas de una filosofía constante y un estilo reconocible. Pero ya nos cansa tanto incienso a la gloriosa autarquía y tanto canto a la maternal endogamia, como si tal determinación hubiera sido la permanente seña de identidad del club y asegurara para los restos un futuro radiante.

En el Barça 'triomfant' de Johan Cruyff, del cuatrienio 90-94, sólo había dos canteranos, Ferrer y Amor

El Madrid ha puesto siempre en la cantera el mismo (o más) interés y mimo que el Barcelona. La historia lo registra y el número de jugadores profesionales que con destino a los cuatro puntos cardinales han salido desde los viveros blancos lo atestigua. Pero el Madrid, como el Barcelona, está sujeto a soles y lluvias impredecibles que dictaminan la cantidad y calidad de las cosechas. Existe un elemento de azar que nadie puede predecir y controlar. Una eclosión o no de generaciones selectas.

Por echar mano de dos épocas gloriosas de ambos clubes, en el victorioso quinquenio del Madrid entre 1985 y 1990, en el equipo figuraban La Quinta del Buitre y otros elementos propios que constituían el grueso del equipo. Tomemos ahora una formación titular del Barça triomfant del cuatrienio sucesor 1990-1994: Zubizarreta, Ferrer, Nando, Koeman, Serna, Amor, Bakero, Goikoetxea, Laudrup, Stoitchkov y Begiristain. ¿Dónde están los canteranos? Sólo vemos a dos (Ferrer y Amor).

¿Y qué club paladín de la devoción a ultranza por las raíces ha fichado en los recientes años, con diferente fortuna, a Martín Cáceres, Henrique, Chygrynskiy, Touré, Milito, Ibrahimovic, Alves, Keirrison, Abidal, Maxwell, Keita, Adriano, Mascherano, Hleb, Gudjohnsen, Henry, Villa y, hace unos días, Afellay?...

Enhorabuena, sí, al Barça por sus camadas. Pero no siempre es cantera todo lo que reluce

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