ELECCIONES REGIONALES: El centro derecha arrasa en Cataluña/ El PP consigue su mejor resultado/ El mayor castigo electoral a Zapatero

LEONOR MAYOR / Barcelona
El centro derecha arrasa
José Montilla lleva al PSC al peor resultado de su historia y anuncia que dejará su liderazgo en el próximo congreso
El PP logra su mayor número de diputados y lo presenta como «el inicio del cambio»; Ciutadans se mantiene
Esquerra pierde más de la mitad de sus escaños y el partido de Laporta consigue entrar en el 'Parlament'
Las urnas avalaron las propuestas de Artur Mas, quien, con toda seguridad, se convertirá en el próximo president. La candidatura nacionalista consiguió 62 escaños y se quedó muy cerca de la mayoría absoluta, que se sitúa en 68 diputados. Con esta representación, Convergència i Unió gobernará con tranquilidad.
Éste es precisamente el escenario que esperaba Mas. Los convergentes prevén pactar algunos asuntos con el PP, principalmente los económicos. Pero no descartan cerrar acuerdos de carácter identitario con ERC. E incluso podrían acercarse al PSC para impulsar leyes sociales.
Mas no se verá en apuros para aprobar sus presupuestos pues la equidistancia de su partido con la mayoría de los grupos le permitirá encontrar los seis escaños que le faltan para la mayoría absoluta.
Sigue en página 4
Editorial en página 3
También el Partido Popular (PP) tenía ayer mucho que celebrar. Alicia Sánchez-Camachó consiguió 18 parlamentarios y convirtió a su partido en la tercera fuerza política de la cámara catalana. El auge de los populares puede considerarse un éxito, partían de 14 escaños y eran en la anterior legislatura el cuarto partido del Parlamento catalán.
Ahora, el PP es el tercer partido y no está demasiado lejos del segundo, el PSC, que se queda en 28. Por si fuera poco, éste es el mejor resultado de la historia del PP en Cataluña. Hasta ahora, el récord lo ostentaba Alejo Vidal-Quadras, que logró 17 escaños en 1995.
Los catalanes han votado al centro derecha y parecen haber escogido al PP como socio de referencia de Convergència i Unió (CiU). Sin embargo, y a pesar de su buen resultado, el papel del grupo parlamentario de Sánchez-Camacho está por definir. Mas no necesitará cerrar un pacto estable, por lo que no es probable que incorpore a los populares a su Gobierno, tal y como se había barajado.
La otra cara de la moneda la pusieron los partidos de izquierdas. En mayor o menor medida, PSC, ERC e Iniciativa per Catalunya -las tres fuerzas que han gobernado Cataluña durante los últimos siete años- se pegaron el castañazo. Los socialistas pasaron de 37 diputados a 28, el peor resultado de toda su historia. El descalabro de Esquerra fue también de órdago. Tenía 21 escaños en la anterior legislatura y se ha quedado en tan sólo 10. Iniciativa también cayó, aunque aguantó mejor el golpe, al pasar de 12 a 10 diputados.
Los socialistas han pagado muchas facturas. Primero, la de su asociación con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que le ha obligado a virar hacia posturas ultranacionalistas durante los últimos años, no siempre compartidas por su electorado. Segundo, la de la crisis económica, que presumiblemente ha afectado con más ahínco a sus votantes. Tercera, la de la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del Gobierno central. Se dice que una gran parte de los votantes del PSC votan en realidad al PSOE. Esta vez han preferido quedarse en casa o han cambiado de partido.
De hecho, los analistas anunciaban que la participación sería muy escasa, auguraban una abstención de hasta el 52%, y vaticinaban un descalabro del PSC precisamente porque su gente no estaba movilizada. También por la escasa afluencia a las urnas se daba por hecho que en el Parlament entrarían nuevas fuerzas. Cuanto más baja es la participación, menos cuesta incorporarse a la cámara, ya que para ello se requiere tener un mínimo del 3% de los votos.
Pero esos análisis fallaron en parte. Ayer votó casi el 60% del censo, por encima del 56% registrado en las elecciones de 2006. Pese al alza de la participación, sí habrá un grupo nuevo en el Parlamento catalán, Solidaritat per la Independència, liderado por el ex presidente del Barça Joan Laporta, que tendrá cuatro escaños.
La entrada de Laporta es uno de los factores que han contribuido al descalabro de ERC. Los republicanos de Joan Puigcercós pasan de 21 escaños a sólo 10 y de ser la tercera fuerza política a empatar en el cuarto puesto con Iniciativa. Los independentistas sufrieron una escisión hace dos años, cuando Puigcercós tomó el relevo de Josep Lluís Carod-Rovira como presidente del partido. El gran perdedor en aquellas elecciones internas, el ex consejero Joan Carretero, optó por marcharse y crear su propia formación, Reagrupament Independentista, que ayer estuvo a las puertas de lograr un escaño por Gerona. La gente de Carretero no estará en el Parlament, pero su concurrencia a las elecciones ha restado votos a la formación liderada por Puigcercós.
Iniciativa pierde dos diputados y se queda con 10. Pese a ello, es el mejor de los resultados para los ecosocialistas de Joan Herrera. Esta formación ha sufrido un cierto desgaste durante la última legislatura debido a las constantes polémicas que se han generado en torno a sus dos consejeros, Joan Saura y Francesc Baltasar. Sin embargo, Saura fue reemplazado por Herrera como candidato y esa estrategia parece haber dado en la diana. De hecho, aunque los ecosocialistas quedaron empatados con ERC a 10 escaños, consiguieron más votos que los republicanos, lo que les permitirá conservar el cuarto puesto en el Parlament que ya ostentaban en la anterior legislatura.
Ciutadans completará el amplio abanico parlamentario. El partido de Albert Rivera mantendrá su representación, tres escaños, y compartirá las dependencias del Grupo Mixto con Laporta. Rivera esperaba mejorar, ya que ha hecho una campaña muy visible, pero no podrá tener grupo propio, como pretendía.
OORBYT.es
>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el análisis de Álex Sàlmon.
DANIEL G. SASTRE / Barcelona
Mas será 'president' sin pactos tras la mayor victoria de CiU desde 1992
Artur Mas será con toda seguridad el próximo presidente de la Generalitat. En su tercer intento, el líder de CiU consiguió por fin un objetivo que llevaba siete años persiguiendo. La holgura de su victoria -logró 62 diputados, más del doble que el PSC y 14 por encima de la suma de las tres formaciones del tripartito- le permitirá además gobernar sin pactos estables, apoyándose en unos y otros según las circunstancias, como había pedido durante toda la campaña.
Como en 2006, CiU se impuso en todas las provincias. El cambio estriba en el hundimiento de PSC y ERC, que deja a los nacionalistas a sólo seis escaños de la mayoría absoluta. El triunfo de Mas es más propio de la CiU de los años 90, cuando Jordi Pujol era el amo y señor del Parlament. Hay que remontarse hasta 1992 para encontrar una victoria nacionalista más amplia, cuando Pujol alcanzó los 70 diputados. Además, la diferencia entre la federación y el PSC es la mayor de la Historia.
Es cierto que no se cumplieron las eufóricas previsiones que, a lo largo del día, otorgaban a CiU una cifra de diputados muy cercana -y en algunos casos, superior- a los 68 que marcan la frontera del cielo. Pero la victoria es inapelable y servirá de sobra para pensar con calma cuál es la mejor estrategia para plantearle al Gobierno central en 2012 el concierto económico para Cataluña, gran objetivo nacionalista de la próxima legislatura.
Artur Mas se hizo esperar. Saboreó su victoria en privado y apareció cuando faltaban pocos minutos para las 23.00 horas, cuando ya habían hablado todos sus rivales. «Habíamos pedido una gran mayoría y el pueblo nos la ha dado. La administraremos al servicio de todos los catalanes», empezó el líder de CiU.
Acompañado por su esposa, Helena Rakosnik, y por Jordi Pujol, entre otros, Mas dedicó en primer lugar la victoria «al ejército de resistencia» formado por militantes y simpatizantes de CiU, que no le han abandonado en los siete años de travesía del desierto. Prometió «levantar Cataluña» con una mezcla de «responsabilidad, humildad y esperanza», llamó a todos los ciudadanos a «una gran movilización para levantar el país» y, tras el Visca Catalunya de rigor, acabó brindando con cava.
La fachada del hotel Majestic, feudo tradicional de las noches electorales de CiU, lucía engalanada con una bandera catalana gigante y proyecciones lumínicas con las siglas de la federación. Conscientes de que la fiesta era casi segura -todas las encuestas hablaban de un triunfo holgado-, los simpatizantes llegaron desde primera hora de la tarde.
A las 20.00 horas ya había varios cientos de personas en el Majestic y los responsables de seguridad pronto cerraron las puertas: no cabía un alfiler. La muchedumbre atronó cuando se dio a conocer el sondeo de TV3, que otorgaba a CiU entre 63 y 66 escaños. Entre bastidores, algunos dirigentes nacionalistas incluso elevaban esa cifra.
Los primeros datos oficiales enfriaron los ánimos. Hasta que no se superó el 30% de escrutinio, CiU se movía por debajo de los 60 diputados, entre los 58 y los 59. A cada nueva información, y a medida que iba creciendo el resultado de los nacionalistas, los simpatizantes celebraban los nuevos escaños con grandes gritos de júbilo.
El secretario general de la federación, Josep Antoni Duran Lleida, apareció poco después de las 21.30 horas para tranquilizar definitivamente los ánimos. Duran, que elección tras elección clava los resultados después de consultar 100 mesas representativas de toda Cataluña, tampoco falló esta vez: CiU obtendría entre 62 y 63 diputados, y, lo que gustó aún más a los simpatizantes reunidos en el hotel, el PSC se quedaría por debajo de los 30.
Duran habló de tres buenas noticias. La primera consistía en la participación, superior a la de 2006, contrariamente a lo que afirmaban todas las encuestas. La segunda era que CiU había ganado las elecciones. «No es ninguna novedad, porque ganarlas las hemos ganado siempre. Pero en esta ocasión las ganamos mucho mejor que hace cuatro o siete años», subrayó.
Como consecuencia de ello, dijo, la tercera noticia, la única importante, era una realidad: «Creo que ahora mismo nadie discute que esta vez el presidente de Cataluña tiene que ser Artur Mas». Para cubrirse las espaldas contra todo análisis pesimista, Duran recordó que todos los objetivos estaban cubiertos: «Nunca, ni yo ni Mas, hemos pensado ni hemos pedido durante la campaña mayoría absoluta. Hemos pedido mayoría amplia, y esa mayoría es la que tendremos».
El resto de la noche sólo dio alegrías a los congregados en el Majestic. Como cuando apareció el mapa de los resultados por comarcas completamente azul, el color que la televisión autonómica había adjudicado a CiU. O como cuando José Montilla apareció en los monitores para dar la cara y anunció que dejará la secretaría general del partido en el próximo congreso. «Adéu, adéu», le dijeron con la voz y con los brazos, henchidos de sorna. Luego Mas salió al balcón y todos juntos cantaron Els Segadors, felices como nunca.
SALVADOR SOSTRES
Muchas victorias a la vez
El tripartito ha muerto y con él la peor Cataluña de todos los tiempos, la más pobre y deprimente, la más ineficaz y provinciana, la más tópica y absurda y la que con las peores ideas globales se ha alineado, desde el antisemitismo hasta el castrismo, pasando por la gran superstición del antiamericanismo. Todo esto cae con el tripartito como cae la costra cuando cicatriza la herida, como el agua se lleva la suciedad del cuerpo cuando se ducha. Ayer en el hotel Majestic, la histórica sede electoral de Convergència i Unió, se celebraron muchas victorias a la vez, y muy esperadas, además de la de la segura Presidencia de Artur Mas los próximos cuatro años.
La bofetada monumental que los catalanes dieron al PSC y a ERC fue también motivo de un júbilo enorme, y también la nueva suma que emergía a la vez que el tripartito se derrumbaba: el próximo Parlament será en el que habrá más diputados soberanistas de toda la historia de Cataluña, 76 sobre 135. La sensación que uno tenía ayer en la sede triunfal del Majestic es que Cataluña no sólo le decía adiós al tripartito, sino que también le mandaba a España una larga lista de agravios, quizá definitiva. Todo se irá descubriendo en los próximos meses, y veremos hasta qué punto Convergència regresa a su conocido pragmatismo o si, todo lo contrario, Mas asume la herencia de la manifestación del 11 de julio que desfiló baja el lema Somos una nación, nosotros decidimos.
La Convergència que todo el mundo daba por muerta cuando pasó a la oposición tras crearse el primer tripartito ganaba ayer sus novenas elecciones autonómicas, todas las que se han celebrado desde la recuperación de la democracia. Y después de dos inconcebibles legislaturas en la oposición -inconcebibles por el desastre del tripartito- recuperó el poder y la Presidencia, y aunque al final quedó más lejos de la mayoría absoluta de lo que algunas encuestas pronosticaban, la victoria fue incontestable y Mas podrá gobernar más o menos en solitario.
Al final de la noche, con los resultados ya celebrados y asimilados, David Madí, director de la campaña y mano derecha de Artur Mas, llamaba la atención al reducido grupo de amigos que ahí estábamos sobre los espléndidos resultados que la federación había obtenido en Barcelona, 35 espectaculares diputados contra los decepcionantes 18 que obtuvo el PSC. Madí auguró unos grandes resultados de CiU en la capital de Cataluña de cara a las elecciones municipales de mayo. Por primera vez en democracia, los nacionalistas están en disposición de ganar una alcaldía que siempre se les ha resistido y que ha sido el feudo más simbólico de los socialistas.
Ayer, el hotel Majestic fue el escenario de una victoria que no daba la sensación de ser un punto de llegada, sino de partida. Sólo Mas sabe lo que quiere hacer y cómo quiere hacerlo. No habrá aventuras ni incertidumbres porque nada queda más lejos del disciplinado alumno de la escuela Aula, riguroso y estricto sobre todo con él mismo; pero tampoco habrá conformismo ni mediocridad, porque nadie se pasa nueve años esperando para hacer macramé y el ridículo. Y mucho menos alguien con el sentido del honor y del deber de Artur Mas.
BELÉN PARRA / Barcelona
El PP consigue su mejor resultado y se convierte en la tercera fuerza
El partido presidido por Alicia Sánchez-Camacho en Cataluña consiguió un total de 18 escaños, el mejor resultado en la historia de la formación tras aquellos lejanos 17 diputados que consiguiera Alejo Vidal-Quadras en las autonómicas de 1995 y que, hasta la fecha, conformaban el techo del PP catalán. Se cumplió, por tanto, la predicción de la propia candidata popular, que, en el acto central de campaña y al poco de que Mariano Rajoy reclamara el voto de los 600.000 catalanes que habían confiado en ellos en las generales de 2009, apuntó sin remilgos que sería la artífice de un hito «histórico» para la formación que preside. Y así ha sido.
Como no podía ser de otra manera, Sánchez-Camacho compareció anoche exultante y emocionada. Había respondido con creces al reto lanzado desde su propio partido y había conseguido movilizar no sólo a su electorado más fiel, sino también a todo aquel crítico con el tripartito pero que no comulga con las tesis nacionalistas. Ese cambio «moderado» al frente de la Generalitat que tanto ha promulgado la líder del PP a lo largo de toda la campaña electoral finalmente caló entre los electores. De hecho, Sánchez-Camacho advirtió de que «el cambio en España comienza hoy [por ayer] con este cambio histórico en Cataluña», argumento que aprovechó también para agradecer a Rajoy su apoyo y su continua presencia en la campaña electoral. Concretamente, acompañó a su candidata en siete actos en los 15 días.
«Crecemos en todas las provincias de Cataluña y crecemos más de lo que podíamos haber imaginado», expresó sin euforia la candidata del PP catalán, anoche arropada por su número dos, Jordi Cornet; el diputado popular en el Congreso Jorge Moragas, y el líder municipal Alberto Fernández Díaz. La satisfacción se veía en sus caras.
La candidata se comprometió a «cumplir» su programa electoral y a dar una «respuesta real» a las preocupaciones de la gente, con la crisis a la cabeza. Porque ésa ha sido una de las bazas defendidas por el PP, así como un modelo de educación «trilingüe», políticas de seguridad «más contundentes» y una inmigración «legal y ordenada».
Sánchez-Camacho tiene ante sí ahora una valiosa llave para la gobernabilidad estable de Cataluña, puesto que CiU necesitará de aliados, se verá si puntuales o no, para liderar el Govern. A buen seguro que el PP no se lo pondrá fácil, de querer contar con su apoyo, tal y como se ha encargado de recordar hasta la saciedad la candidata popular, que peleará porque muchas de sus promesas electorales prosperen. «No les defraudaré», apostilló anoche a todos los que le confiaron su voto.
LUIS GARRIDO / Barcelona
Ciutadans se consolida pero no logra grupo propio
Prueba superada para Ciutadans (C's). La formación no nacionalista no pudo acceder al grupo propio, pero logró consolidar su posición en el Parlament. El aumento de la participación entorpeció la «aspiración» del partido, que era llegar a los cinco diputados. Sin embargo, sus dirigentes se congratularon de haber logrado su «principal objetivo», mantener su representación con tres escaños.
Alegría notable y aplausos en el seno de la formación liderada por Albert Rivera, aunque no haya podido volver «a dar la campanada», como esperaba su candidato hasta última hora. El resultado logrado ayer dejó un sabor agridulce al relegar a C's al séptimo lugar en el Parlament tras la irrupción de Solidaritat Catalana, la fuerza independentista de Joan Laporta.
La Ley Electoral, una de las principales críticas del discurso de Rivera, acabó por jugar en contra de su aspiración de lograr grupo propio. Con menos votos, Laporta logró un escaño más y ERC alcanzó los 10 diputados con sólo el doble de papeletas que C's en todo el territorio.
«Hemos venido para quedarnos muchísimos años», manifestó Rivera, agradecido a los más de 105.000 votantes que posibilitaron que C's haya crecido en todas las provincias. El líder no nacionalista apuntó que rozaron el cuarto diputado y llegar al mínimo del 3% en Tarragona.
Albert Rivera -junto con Carmen de Rivera y Jordi Cañas- tendrá que compartir el Grupo Mixto con Joan Laporta. Dos posiciones ideológicas enfrentadas, aunque el director de campaña de C's, José Manuel Villegas, opinó que no tienen que aparecer roces más allá de las diferencias en el discurso de ambos.
Ante el renovado panorama del Parlament con CiU al frente, Rivera dejó claro que «los votos de C's no están en venta», mientras que algunos «ya han empezado a vender los suyos».
ANDREA PELAYO / Barcelona
UPyD obtiene apenas 5.000 votos y no logra ningún escaño
La revolución magenta propuesta por UPyD obtuvo ayer 5.276 votos en las elecciones autonómicas de Cataluña, comunidad en la que se presentaba por primera vez.
El decálogo de UPyD que pretendía, por ejemplo, devolver las competencias de Educación y Sanidad al Estado ha logrado el apoyo del 0,17% de los votos, lejos del 3% necesario para alcanzar representación parlamentaria.
En palabras de Rosa Díez, portavoz de UPyD a nivel estatal, «los ciudadanos han actuado como Sherlock Holmes, porque han buscado y nos han encontrado», algo «milagroso» debido a las dificultades para encontrar las papeletas del partido en algunos colegios electorales, unas «irregularidades» por las que están pensando en presentar una queja formal.
Además, la persistente líder y el candidato del partido por Cataluña, Antonio Robles, al que ha acompañado hasta el final, afirmaron que conocían la dificultad de estas elecciones y que sabían que no iba a ser «llegar y besar el santo», pero que «están en Cataluña para quedarse», lo que se traducirá en un nuevo intento en las próximas elecciones municipales.
Díez no dudó, tampoco, en considerar que estas autonómicas demuestran que los «partidos antisistema entran a España a través de Cataluña», en referencia a los escaños obtenidos por Solidaritat Catalana per la Independència.
El partido ve así cómo sus objetivos centralistas y su rechazo rotundo al concierto económico tendrán que esperar cuatro años más en Cataluña. Sin embargo, los ánimos se mantienen en pie para próximos intentos donde Robles espera que no haya un «juego desigual» como el que considera que ha habido en esta ocasión.
MANUEL SÁNCHEZ / Madrid
El mayor castigo electoral a Zapatero
José Luis Rodríguez Zapatero empezó como un diesel en sus primeras elecciones: mejoró levemente los resultados en los comicios gallegos y vascos. Aceleró como un gasolina en las municipales y autonómicas de 2003 y en las catalanas del otoño de ese mismo año, que llevaron al Govern a Pasqual Maragall. Y puso el turbo en las generales de 2004. Nunca en estos 10 años se había estrellado a los niveles de ayer. Pudo salirse de la pista en las últimas elecciones en Galicia o derrapar en las municipales de 2007, pero el resultado de ayer hace pensar que Cataluña ha marcando el camino de salida del líder socialista.
Los resultados cosechados por el PSC son los peores de toda su historia (en 1980, obtuvo 33 diputados y un 22% de los votos); colocan al PSC más cerca que nunca del PP en toda la etapa democrática, mientras su principal rival, CiU, le dobla una vez más en número de diputados.
Para el PSOE el resultado es letal porque, aunque mantenga el discurso de que cada elección es diferente, pierde su mayor feudo de votos y de diferencial con el PP que tiene en todas las comunidades autónomas.
Sólo hora y media después de que se cerrasen las urnas, el secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, hizo una intervención impecable en la que felicitó a CiU, y dijo que el PSOE compartía con el PSC los resultados y «asumía la parte que le pueda corresponder de la derrota». Pero, sobre todo, dijo que era el momento de abrir «una reflexión en profundidad» acerca de lo ocurrido.
Esta última declaración implica que en el PSOE hay deseo de que el PSC tome una nueva dirección, pero aún no se sabe cuál será.
Montilla, que anoche anunció que no repetirá como secretario general del PSC, continuará al frente del partido al menos hasta las municipales del año que viene. Un destacado dirigente del PSC comentó a este diario que gobernar en la Generalitat es «el techo», pero que el poder municipal del PSC «es la cuna», y que la cuna no se puede perder.
Lo difícil es saber quién pilotará una sucesión tan difícil. Aunque algunos ojos miran a Carme Chacón, es complicado en muchos aspectos, entre otros, por el propio PSC.
Iglesias, acompañado de la dirección federal del PSOE (Elena Valenciano, Gaspar Zarrías, Marisol Pérez y Pilar Alegría, entre otros) no ocultó que ha habido un castigo generalizado a todas las fuerzas que componían el tripartito, aunque mostró su confianza en que el PSC remonte de cara a las municipales de mayo. En la quinta planta de Ferraz también estuvieron gran parte de la tarde José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba, pero no se dejaron ver.
CARMEN REMÍREZ DE GANUZA / Madrid
El PP ve «el principio del cambio» en España
Pocas veces se había dado tanta prisa la cúpula del PP en salir a celebrar un resultado electoral. Con sólo el 15,14% de los votos escrutados, cuando el arco del Parlament se teñía ya de los colores de CIU y el PP -con un resultado absolutamente histórico-, compareció la número dos, María Dolores de Cospedal, para certificar no ya el triunfo de los convergentes -a los que felicitó con auténtica efusión-, sino el fracaso del PSC, su verdadero objetivo electoral. «Los catalanes han votado por el cambio. El PSOE ha sufrido un enorme castigo. La falta de una verdadera política económica y, en definitiva, del proyecto socialista, ha sufrido un duro retroceso», afirmó Cospedal, primero, para apuntalar su más directo mensaje político en clave nacional: «Éste puede ser el principio de un cambio que vendrá para el resto de España».
Y es que el PP celebró el descalabro del PSC como una victoria propia, superior a la de haber alcanzado su segundo objetivo electoral: convertirse en tercera fuerza política en Cataluña. Y eso que el PP no sólo comprobó ayer una resistencia histórica frente a varios años de acoso político a cuenta, primero, del Pacto del Tinell y, luego, de las acusaciones de catalanofobia por su recurso contra el Estatut. Lo que certificó ayer fue algo que rebasó por completo sus propias previsiones. Ni se creyeron los 18 escaños cuando EL MUNDO los vaticinó, en solitario, ni se los creían aún ayer a las 22.00 horas. De haberlo creído, probablemente, en Génova habrían preparado cohetes. Todo habría sido poco para celebrar un resultado que rompe el techo de los 17 escaños de Aznar y Vidal Quadras en Cataluña y con el que apuntala, dos años después, la victoria interna de Rajoy en el Congreso de Valencia. Rajoy, Cospedal, Arenas, Mato, González Pons, Sáenz de Santamaría y Ruiz-Gallardón recibieron medio atónitos, en Génova, una noche electoral más positiva, en clave interna, que la que convirtió a Basagoiti en la llave del Gobierno vasco y casi comparable al triunfo de Feijóo en Galicia.
Al lado de sendos datos -los socialistas y los propios-, los populares apenas reparaban en alegrarse por el estancamiento de Ciutadans.
Y también consideraron secundaria la aritmética de los pactos de gobierno. En su comparecencia, Cospedal eludió repetidamente abordar este asunto. Pese a haber centrado la campaña electoral en el papel «decisivo» y «moderador» del PP frente a la deriva soberanista de CiU, Cospedal lanzó al ganador un guiño de complicidad por el flanco de la economía al saludar un Gobierno «estable» y que «genere confianza», tal como postula el propio PP.
DANIEL G. SASTRE / Barcelona
Trabajo, esfuerzo y paciencia
De hecho, los guerreros tiempo y paciencia han guiado toda la vida política de Mas. Ya velaron por él en su primera escaramuza de importancia: cuando, en el puente de la Constitución del año 2000, Jordi Pujol se decidió finalmente por él como delfín y desechó a Josep Antoni Duran Lleida, que en principio lo tenía todo a favor. Mas jugó sus cartas con maestría y venció, y las heridas de esa guerra con Duran no se cerraron hasta el mitin del viernes en Sant Jordi, con la inminencia del poder como poderoso cicatrizante.
El tesón y la constancia le han servido también para convencer a los catalanes de que puede ser un buen president. Con un carácter reservado, con más preparación intelectual que carisma, Mas ha conseguido disipar finalmente las dudas que provocó su nombramiento a dedo.
En realidad, su vocación política fue bastante tardía. En los últimos años del franquismo y en la Transición, cuando a José Montilla le apodaban El Guerrillero y militaba en el PCI, Mas se licenciaba sin sobresaltos en Ciencias Económicas y empresariales y se forjaba su leyenda de yerno perfecto. Muchas le rondaron, pero sólo Helena Rakosnik le conquistó. Cuando se conocieron, Artur todavía se llamaba Arturu, y entre ellos hablaban en castellano.
«Yo no tenía una ideología catalanista. Como Pujol, que a los 12 años tuvo una revelación allí, en la masia de su tío, en el Montseny, o en el Tagamanent. Yo no. Ni a los ocho, ni a los 12, ni a los 18. Pero a los 20 años sí», admite el propio Mas en el libro La màscara del rei Artur.
No era catalanista, pero eso no le impidió entrar en la Generalitat convergente al poco de constituirse. Allí, «el trabajo, el esfuerzo, la autoexigencia y la búsqueda de la perfección», rasgos de su carácter que él mismo subraya, le hicieron escalar puestos rápidamente. Tras ser director y secretario general de Comercio, Mas conoció pronto la oposición, su estado natural tanto en el Ayuntamiento de Barcelona -donde se enfrentó durante siete años al Maragall alcalde- como en el Parlament, donde ha vivido otros siete a la sombra del tripartito.
Entre tanto, fue consejero de Política Territorial, de Economía y conseller en cap. También obtuvo dos amargas victorias, en las elecciones de 2003 y 2006. En las primeras se impuso a Maragall en escaños, aunque no en votos; en las últimas, ganó a Montilla en todos los frentes, pero ni así impidió que se reeditara el tripartito.
Digirió las decepciones con paciencia, y aprovechó el tiempo para suavizar las aristas de su carácter. «Me habría gustado tener un tic», ha dicho a menudo, pero el azar le hizo apuesto y brillante, un punto repelente. Ha aprendido a vivir con ello y su imagen ha mejorado.
Dice que llega a la Generalitat «sin sed de venganza» y con la promesa del concierto económico para Cataluña bajo el brazo. Tendrá que entenderse con el Gobierno que salga de las elecciones generales de 2012. Ya sabe que para esa batalla no tiene bastante con la ayuda de los guerreros tiempo y paciencia, y por eso ya ha invocado a esa mata hari llamada aritmética parlamentaria, que tradicionalmente decide la suerte de CiU en Madrid.
PREGUERÍAS
VICTORIA PREGO
Una legislatura amarga pero tranquila
Aventuremos desde ahora mismo algunos pronósticos que sólo el tiempo dirá si se cumplen. De entrada, los datos mandan que el ganador ocupe la centralidad política de la vida catalana. Y no porque asuma la responsabilidad de gobernar, ya veremos en qué condiciones y con qué apoyos, sino porque el mandato popular le obliga a encarnar la moderación en el proyecto que se aborde desde mañana mismo en el ámbito catalán y también, por supuesto, en el del conjunto de España.
Alguien me decía hace poco que, si en términos europeos, «España es demasiado grande para caer, en términos españoles Cataluña es demasiado grande y demasiado importante -y no en términos únicamente económicos y comerciales, sino políticos, históricos y sentimentales- para romper». Y eso no va a suceder.
No es ésta una opinión personal, sino la descripción de la corriente subterránea que, más allá de la pura campaña electoral, circula entre las filas convergentes y que va a contribuir a diseñar la estrategia de la próxima legislatura. Corto me lo fiáis, es verdad, porque cuatro años son muy pocos para la Historia, pero resulta que en esta España autonómica cuya planta se viene deshilachando hace años camino de no se sabe qué modelo -desde luego ya no un modelo federal- es un plazo que al menos permite una mínima planificación.
Convergència i Unió va a aparcar sus coqueteos con la independencia y, vistos los brutales resultados cosechados por ERC, que ha recibido un castigo que roza directamente la crueldad ciudadana, no va a caer en la tentación de levantar esa bandera.
Por ahí no vamos a padecer sobresaltos. Bastante tienen los nuevos gobernantes catalanes con ocuparse de una realidad económica que les tiene literalmente «acollonats», según confesión propia, porque el panorama es «horroroso». Para empezar, son más de 600.000 los parados con los que han de enfrentarse y para seguir son 10.000 los millones de euros que le vencen a Cataluña en 2011. No digamos ya cuando tengan que afrontar el pago de los «bonos patrióticos», al 7,75% de interés, que vencen el 19 de noviembre del año que viene. Y a ver de dónde va a sacar el Gobierno catalán ese dinero. La cuestión urgente y acuciante está, por lo tanto, para Artur Mas y para todo su equipo, en sobrevivir financieramente hablando a este 2011 que se asoma en toda España, y también en Cataluña, con el más angustioso de los perfiles.
Por eso resulta que la tarea inmediata de los convergentes va a ser la más amarga para cualquier gobierno, y mucho más siendo, como va a ser, el primer gobierno que en España se estrena en mitad de la crisis y que, nada más tomar posesión de sus puestos, se va a ver en la necesidad imperiosa de adoptar medidas drásticas de recorte de gasto, incluidos los gastos sociales.
Así que éste va a ser el primer experimento de gobierno recién estrenado que haga tragar a la población el aceite de ricino del «vamos a mucho menos y tardaremos mucho en ir a un poco más». Si se cumplen las previsiones en términos nacionales como se han cumplido en términos catalanes, ya sabe el Partido Popular y Mariano Rajoy hacia dónde han de mirar para calibrar los efectos de sus decisiones. Pero la pregunta inmediata, dado que CiU no ha logrado la soñada mayoría absoluta, es ¿quién le va a apoyar en el Parlament para reducir las prestaciones sanitarias, las ayudas a la dependencia, los gastos en educación? ¿Quién le va a prestar sus votos cuando nadie puede negar que el aroma preelectoral se respira ya en toda España de cara a las generales?
Es evidente que durante los próximos meses, Convergència i Unió tendrá que decidir en solitario, pero habrá de elegir cuidadosamente a quién le presta una muleta para caminar por una senda tan ingrata. Y esa muleta, los votos lo dicen, sólo puede ser ese Partido Popular con quien hace tan sólo cuatro años el propio Artur Mas hacía constar ante notario que jamás haría migas. Nada de esto va a sorprender a ninguna de las dos formaciones políticas. Guardando todas las distancias y mejorando lo presente, como se decía antes, la extraordinaria victoria de CiU corre pareja con la victoria del PP, que ha abandonado definitiva y brillantemente el gueto político en el que había vivido recluido durante años.
Dentro del centro del espectro político catalán, éstas han sido las dos grandes victorias registradas en los grandes partidos. Todo lo demás han sido derrotas sin piedad. Lo del PSC ha sido dramático, tan dramático como la propia intervención de José Montilla al filo de las 22.30 horas de la noche de ayer y al filo también de las lágrimas. El impresentable incidente de la agresión a Miquel Iceta resultó, vistos los resultados finales, algo tristemente simbólico.
Y no cabe decir, como se han dicho los dirigentes socialistas, que les ha castigado fundamentalmente la crisis. No es verdad. El tomatazo, por no utilizar el episodio del huevo, que los catalanes les han propinado va mucho más allá de una protesta por el deterioro de la situación económica: ha sido una enmienda a la totalidad, un rechazo esencial, radical e histórico y despiadado del que el PSC y también el PSOE tardarán muchos años en recuperarse. No cabría ahora aproximación alguna a un proyecto tan brutalmente vapuleado y que ofrece los peores augurios al Gobierno presidido por el socialista Rodríguez Zapatero, y a las autonomías y ayuntamientos gobernados por el PSOE.
Lo mismo vale para ERC. La suya ha sido una derrota de tal envergadura que no permite la menor duda de lo que vale para la opinión pública catalana la opción defendida por Joan Puigcercós y los suyos. Y tampoco permite dudas de hacia dónde debe dirigirse el nuevo Gobierno catalán. Hacia la radicalidad política, desde luego, no. Claramente hacia la moderación y hacia el pacto con el otro gran vencedor de estos comicios: el PP de Alicia Sánchez-Camacho en Cataluña y de Mariano Rajoy en el resto de España. Y eso será así. En la formulación que se elija durante este primer y terrible año de gobierno que le espera a CiU; desde una mayor o menor distancia en lo tocante a pactos públicos. Pero ésta será la base de actuación. Y ahí entrará, por sorprendente que parezca, la reivindicación del famoso concierto económico, cuyo recorrido político no será ni muy largo, ni muy intenso mientras dure la crisis y mientras el castigo a la gestión socialista otorgue al PP una victoria tan cómoda como la que anoche recibió como regalo de las urnas Convergència i Unió. Nos espera, pues, una legislatura tranquila. Alabado sea el Señor.
R. BENITO / Madrid
Una abstención en la media, pese a los malos augurios
Mucho se había escrito sobre la desafección que los catalanes sienten hacia la política autonómica y mucho se había pronosticado sobre supuestos récords de abstención. Sin embargo, al final la participación en las elecciones dio al traste con los augurios y, con un 59,95%, se situó apenas ligeramente por debajo de la media que han marcado las convocatorias autonómicas en Cataluña.
Durante la mañana, con el primer avance de participación, ya se apuntó que la tendencia no iba a ser la esperada. Los datos marcaban que los catalanes estaban acudiendo a las urnas en mayor proporción que en las últimas elecciones de 2006, aunque sin mayor entusiasmo.
Al cierre de esta edición, el escrutinio arrojaba el citado dato del 59,95%. Es el quinto porcentaje de participación más alto de las 10 elecciones autonómicas que se han celebrado en Cataluña desde la Transición y, sobre todo, mucho mejor de lo esperado.
El récord de abstención lo siguen teniendo los comicios celebrados el 15 de marzo de 1992, en vísperas de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Entonces sólo acudió a las urnas el 54,87% del censo, en unas elecciones en las que Jordi Pujol reeditó su mayoría absoluta y venció con contundencia (casi 20 puntos de diferencia) por tercera vez consecutiva al candidato socialista, Raimon Obiols.
El segundo puesto lo ocupan las pasadas elecciones de 2006, cuando acudió a votar el 56,04% del censo. Fueron los comicios adelantados tras las elaboración del Estatut y en los que José Montilla relevó al carismático Pasqual Maragall como candidato del PSC.
En el puesto contrario de la lista, las elecciones en las que se registró la mayor participación fueron las de 1984, cuando votó el 64,36% de un electorado catalán que entregó el poder a Pujol, dando a CiU nada menos que el 46,80% de los votos, que se tradujo en 72 escaños, una cifra que no volvió a ser igualada.
Etiquetas: Elecciones Regionales y Municipales








Links to this post:
Crear un enlace
Home