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martes 30 de noviembre de 2010

ELECCIONES REGIONALES: CATALUÑA: El día después de los ganadores

CARMEN REMÍREZ DE GANUZA / Madrid

Rajoy reivindica como propio el «trasvase de votos» del PSOE al PP

Se posiciona como la «oposición» en Cataluña y «partido de Gobierno» en España

Zapatero embustero

La sorpresa seguía siendo ayer, en la cúpula del PP, una sensación que se palpaba sobre la propia euforia. Mariano Rajoy no desaprovechó la ocasión de improvisar una intervención en abierto ante el Comité Ejecutivo extraordinario de su partido para celebrar por todo lo alto unos resultados absolutamente inesperados.

Primero, y sobre todo, porque se había roto el techo histórico del PP en Cataluña -«yo aún no me lo creo», confesaban, uno a uno, los protagonistas de la campaña-, lo que le iba a permitir, a él y a su equipo, hacer una reivindicación expresa, aunque implícita, del espíritu del Congreso de Valencia frente a la ya casi olvidada resistencia interna.

Segundo, porque aunque el PP venía a renunciar formalmente a ser «decisivo» en Cataluña, tal como pretendía, las urnas le habían dado un margen mayor del calculado para hacer el discurso del «cambio en España».

Y así presentaron ayer Rajoy y su Comité Ejecutivo al nuevo PP: como un partido de «oposición» en Cataluña y como un partido «de Gobierno» en España, y en sustitución, en ambos casos, de un PSOE sumido en un doble e irreversible retroceso.

Porque el mensaje poselectoral del PP apenas reparó en el aplastante triunfo del nacionalismo en Cataluña, sino que se concentró en la sustitución del PP sobre el PSOE; primero, como fuerza de oposición constitucionalista en Cataluña. «El PP ha tenido el mejor resultado de su historia y el PSOE el peor de toda su historia», enfatizó Rajoy. «El PP va a ser la verdadera oposición en Cataluña», dijo, por su parte, Alicia Sánchez-Camacho.

Una sustitución, en segundo lugar, trasladable al resto de España. «Cada día crece en España la confianza hacia el PP» y «ha quedado patente el hartazgo de las políticas que a nivel nacional ha llevado a cabo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en los últimos años», sentenció ayer Rajoy, antes de subrayar con tinta roja el «trasvase» de votos del PSC hacia el PP.

Éste fue, de hecho, el análisis de Rajoy que más molestó al PSOE. Pero, frente a la tesis socialista de que su voto se había transformado en abstención, Génova explicaba ayer que sólo su trasvase al PP podía explicar la subida de cuatro escaños, máxime cuando Ciutadans no había logrado aumentar ninguno. Además, insistían en que la diferencia entre PSC y PP se había reducido de manera especial, precisamente, en los feudos urbanos socialistas de Tarragona y Barcelona.

El caso es que Rajoy ahondó en esa grieta, y no sólo se ensañó con sus adversarios por haberse «disfrazado de nacionalistas» y haber ido «contra sus propios votantes». Lo que hizo, sobre todo, fue invitar a estos antiguos votantes socialistas a seguir apoyando al PP para sustituir definitivamente al PSOE. «Convocamos a todos los españoles», dijo el líder popular, «porque aquí caben todos, sin distinción de nada. Ni siquiera de a quién hayan votado».

Y, en este contexto, Rajoy introdujo un discurso económico, de auténtica perentoriedad nacional, con el que dictaminó la crisis de «confianza» existente sobre el Gobierno de España, «dentro y fuera» del país.

Hasta hizo un guiño a CiU, al obviar casi por completo el perfil no ya nacionalista sino soberanista del nuevo Gobierno de Cataluña, para apelar a su naturaleza de partido de centro-derecha y a su responsabilidad en la recuperación de la crisis. «Vamos a dialogar con quien tengamos que dialogar», dijo, «desde la convicción de que Cataluña tiene un papel importante, diría decisivo, en la recuperación económica de toda España».

Los populares daban ayer por hecho que ni a CiU ni a ellos mismos les interesa ahora hipotecarse con pactos contra natura frente a sus respectivos electorados y apostaban por que habrá un Gobierno en minoría. Por eso Sánchez-Camacho acentuó su apuesta económica y se apresuró ayer a adelantar las propuestas que llevará al Parlament, en favor de las pymes y los autónomos, y de determinadas rebajas impositivas.

De hecho, algunas fuentes del PP, habitual y veladamente críticas con Rajoy, alertaban ya frente a esos posibles pactos con el nuevo soberanismo catalán. Y hasta discutían la euforia de Génova con unos resultados que, en números absolutos, no superaban los votos de 1995 y 2003, en tiempos de José María Aznar.

Pero Sánchez-Camacho fue ayer diáfana en la reivindicación de un escaño más que el obtenido en su día por Alejo Vidal-Quadras, con menos participación y sin la competencia de otros partidos, como Ciutadans.

Y si ella fue diáfana, Rajoy fue, aún más, explícito. No sólo reivindicó el «diálogo» con todas las fuerzas políticas sino también la decisión de designar «candidatos nuevos» en las tres elecciones autonómicas que el PP ha celebrado desde el polémico Congreso de Valencia. «Era la primera vez que se presentaban», dijo, y «ha quedado demostrado que los cambios que se plantearon eran unos cambios que han sido útiles, necesarios y han funcionado bien».

Y es que, con el resultado en Cataluña, Rajoy ha visto finalmente confirmada su victoria interna.



DANIEL G. SASTRE / Barcelona

Mas promete adelgazar el «aparato político» de la Generalitat un 20%

Duran podría dejar Madrid y ocupar un Departamento del nuevo 'Govern' de CiU

La cara de Artur Mas dejaba claras dos cosas: que era un hombre feliz y que había dormido poco. El día después de su incontestable victoria electoral empezó, para el líder de CiU, con la ingesta de un botillo leonés y terminó en el Camp Nou. Entre medias, Mas tuvo tiempo de confirmar algunas de las cosas que había anunciado en la campaña electoral, como, por ejemplo, su decisión de «adelgazar el aparato político» de la Generalitat entre un 20% y un 25%.

El líder de CiU se refiere tanto al número de conselleries de la Generalitat -actualmente son 15 y quiere dejarlas en 11 o 12- como al de directores generales y cargos de confianza. Los recortes afectarán también a las empresas públicas y a los «organismos duplicados» que los nacionalistas encontrarán cuando esté lista la auditoría que preparan.

Todo esto forma parte de la estrategia de «triple A» que Mas lleva semanas anunciando: austeridad, agilidad y adelgazamiento. Además del ahorro en efectivo -CiU cree que el tripartito ha acabado convirtiendo la Generalitat en un instrumento para colocar a altos cargos-, los nacionalistas esperan generar «confianza» en las pequeñas y medianas empresas, que entienden imprescindibles para la recuperación económica, dada la estructura social de Cataluña.

Mas dijo que no precisará los recortes hasta que pase un tiempo. «Me lo quiero pensar bien, sin prisas», afirmó en su primera rueda de prensa como presidente in pectore. Por la mañana, el líder de CiU había ido a recoger el premio Protagonistas al mejor político del año, donde había coincidido con el vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Lo que sí va a hacer de inmediato es reunirse con los líderes del resto de partidos para «buscar su colaboración» en la misión más importante que deberá llevar a cabo el nuevo Govern: luchar contra la crisis económica o, como Mas prefiere decir, «levantar Cataluña». En principio, el líder de CiU quiere que esa ronda de contactos incluya una reunión con el presidente en funciones, José Montilla, aunque el dirigente socialista anunció ayer que renuncia a su escaño en el Parlamento catalán.

El objetivo es abrir «puentes de diálogo» con el resto de fuerzas y explorar vías de acuerdo para la próxima legislatura. La victoria de Mas es holgada, pero, con 62 diputados, le faltan seis para la mayoría absoluta y es de suponer que de aritmética parlamentaria también se hablará en esos encuentros. El líder de CiU quiere abrir hoy mismo la ronda, que empieza por el PSC porque el domingo fue el segundo partido más votado, con Montilla o con quien designen los socialistas en su lugar.

Mas dijo que con estas reuniones pretende prolongar el «tono positivo» de su campaña electoral, aunque también es consciente de que su programa tiene «la confianza mayoritaria» de los ciudadanos. «La ronda nos la podríamos ahorrar, lo digo claramente», afirmó.

El líder de CiU también pidió a los periodistas que «no hagan quinielas» acerca de los miembros del futuro Govern, pero lo cierto es que ya circulan nombres como el del independiente Heribert Padrol (Economía), el del alcalde de Sant Cugat Lluís Recoder (Política Territorial) o el de la ex consejera Irene Rigau (Educación).

Pero la gran sorpresa del nuevo Ejecutivo podría ser la incorporación del secretario general de CiU, Josep Antoni Duran Lleida. Fuentes de su partido aseguran que no vería con malos ojos dejar de representar a la federación en el Congreso por varios motivos. El fundamental: a un año y medio del fin de la legislatura, y tras los acuerdos entre PSOE y PNV, considera su labor prácticamente amortizada. Las mismas fuentes afirman que Convergència no permitiría «una bicefalia», por lo que el líder de Unió no ocuparía ni la vicepresidencia del Govern ni sería tampoco conseller en cap.

SALVADOR SOSTRES

Es la patria, estúpido

Después de tanto apelar a la entelequia de «los problemas reales de la gente» o de «lo que interesa realmente al ciudadano», después de tanto citar lo de Clinton («Es la economía, estúpido»), tenemos un Parlamento catalán más identitario que nunca. De un lado, el bloque soberanista suma un récord histórico de 76 diputados: ERC con sus 10 diputados -y a pesar de haber perdido 11-, Laporta con sus novedosos cuatro, y los 62 de una CiU que son las primeras elecciones a las que acude con el derecho a decidir en su programa y, por lo tanto, sólo esta vez puede ser contada entre los soberanistas (y no en 1984 o 1988, cuando Pujol no sólo no era soberanista, sino que dejaba muy claro que no lo era). De otro lado, los españolistas y los que han basado su campaña en agitar el miedo al independentismo han obtenido también su mejor resultado de todos los tiempos: los 18 de Alicia y los tres de Ciutadans suman 21 diputados.

La identidad, como no puede ser de otra forma, está en el centro de las preocupaciones de la gente. Españolistas y catalanistas han votado en Cataluña en este sentido; también en otros sentidos, pero fundamentalmente han votado para definir su visión y sentimiento nacional: para fomentar el derecho de decidir de Cataluña como ente soberano o para frenarlo. El tópico de «los problemas reales de la gente» para desacreditar los debates identitarios murió ayer en la sede electoral del hotel Majestic. Murió también en la fiesta eufórica de Laporta, en el alegre brindis de la admirable Alicia, y en los muy meritorios tres diputados que fue capaz de mantener Ciutadans pese a una acibarada legislatura llena de hostilidades y escisiones.

En países sin problemas también la identidad importa, e importa de un modo fundamental, aunque al no estar en cuestión no se discute en las urnas. Pero ningún americano, francés o inglés permanecería impasible si le discutieran su pleno derecho de ser americano, francés o inglés.

Es cierto que está por ver cómo administra el presidente Mas su poder, hasta dónde llega su pragmatismo y hasta dónde llega su osadía, aunque ya hoy se pueden descartar grandes pactos de legislatura porque simple y llanamente no los necesita. Podrá pactar con Laporta y con ERC los asuntos referentes a la construcción nacional y con el PP lo referente a la economía. ERC necesita desmarcarse como sea del tripartito y hasta puede que vote, sin pedir nada a cambio, la investidura de Mas. El PP, antes de las próximas elecciones generales, no está en disposición de molestar demasiado a un posible aliado en el caso de que Rajoy no obtenga mayoría absoluta.

Y cuando llegue el momento de decidir -y ese momento llegará cuando el presidente Mas plantee el concierto económico (o similar) y Rajoy o Zapatero se nieguen a concederlo-, veremos si los que tienen razón son ERC, Laporta y compañía, cuando acusan al próximo presidente de Cataluña de ser un mero regionalista, o tienen razón los sectores más emergentes de Convergència, que aseguran que son el partido con más votantes independentistas, que la relación con España no tiene solución, que es inútil continuar y que la emancipación, aunque no tan inminente como los otros la proponen, es el único camino.

LEONOR MAYOR/ Barcelona

EL MUNDO / Madrid

Sigma Dos fue la que más se acercó

Sólo el sondeo que publicó EL MUNDO pronosticó el récord histórico del PP y se aproximó más que nadie al resultado final

Las elecciones catalanas volvieron a demostrar la fiabilidad de Sigma Dos, la empresa demoscópica que elabora los sondeos electorales para EL MUNDO. La encuesta que publicó este diario en el fin de semana previo a los comicios fue la que se acercó de manera más aproximada a los resultados finales.

Sólo el sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO fue capaz de pronosticar el fortísimo ascenso del Partido Popular hasta los 18 escaños, uno por encima del que hasta ahora era su techo histórico en Cataluña. La encuesta vaticinaba entre 17 y 19. Nadie más adelantó ese récord. ABC y La Razón le daban entre 15 y 16; El País, entre 14 y 15; los diarios catalanes El Periódico y La Vanguardia, 14, y Público, tan sólo 12, lo que hubiese representado un verdadero descalabro electoral para los populares.

Ni siquiera en la sede del PP en la calle de Génova se creyeron los augurios del sondeo de este diario, que se sostuvo en una predicción muy ajustada de los datos de participación, que fueron superiores a los que esperaba el resto de encuestas, y en que esa circunstancia beneficiaría, precisamente, a la candidata Alicia Sánchez-Camacho.

Sigma Dos clavó la notable mayoría que obtendría CiU -pronosticaba una horquilla entre 61 y 64 diputados, y finalmente fueron 62; El País, por ejemplo, le daba entre 64 y 65- y la debacle del PSC de José Montilla -el sondeo vaticinaba 30 parlamentarios, ya por debajo de su mínimo histórico de 33, y el desastre fue aún mayor: 28-.

Otros medios se aproximaron a ese resultado, como El País y El Periódico, que también auguraban 30 escaños para los socialistas. Abc, La Razón y La Vanguardia les daban a partir de 31, mientras que Público pronosticaba que salvarían los muebles, con 33 parlamentarios.

La encuesta que publicó este periódico fue, asimismo, la que se aproximó más en la predicción del retroceso de los otros dos partidos que integran el Gobierno tripartito. A Esquerra se le adjudicaban 11 escaños -fueron 10- y a Iniciativa, entre nueve y 10 -obtuvo también 10-.

Sólo el sondeo de La Vanguardia vaticinaba que Esquerra caería exactamente hasta los 10 diputados; la caída que auguraba el resto era mayor -El País la situaba en los ocho o nueve escaños- o mucho menor -Público le daba 13 y La Razón, entre 13 y 14-. Respecto a Iniciativa, casi todos los medios la situaban en el entorno de los 10 parlamentarios, aunque el diario ABC le auguraba hasta 13.

Por último, Sigma Dos acertó de pleno en el augurio de que Ciutadans mantendría sus tres diputados -El País le daba hasta siete- y sólo resbaló en su pronóstico de que los independentistas de Joan Laporta no alcanzarían el umbral mínimo del 3% de los votos para acceder al Parlament -recibieron el 3,28%-. Sólo El Periódico contemplaba la posibilidad de que consiguiesen los cuatro escaños que finalmente obtuvieron, ya que predijo una horquilla entre 0 y 4, que de hecho fue el resultado en el que Solidaritat estuvo oscilando durante toda la noche.

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