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EL MUNDO, ante el Informe Everis (III)
El reto del Estado de Bienestar
UN PAÍS que envejece a marchas forzadas tiene que replantearse en profundidad el Estado de Bienestar. Es la tesis que defiende el Informe Everis, que califica esta misión como un «reto mayúsculo» que exigirá «reformular las reglas para asegurar su viabilidad». Como es lógico, los expertos hacen hincapié en la reforma del sistema de pensiones y abogan por una «profunda revisión de su concepción y diseño» que vaya más allá del retraso de la edad de la jubilación o la ampliación del periodo de cálculo de las pensiones. EL MUNDO también pide en sus 100 propuestas medidas para mantener el Estado de Bienestar en una sociedad moderna, como el establecimiento de incentivos para retrasar la jubilación, un plan integral de ayuda a las familias y otro de conciliación familiar y laboral.
El PP, la opción más útil para moderar a CiU

Mientras los ciudadanos prestaban atención a este bochornoso espectáculo, los medios de comunicación y los partidos mantenían un significativo silencio sobre una información en la que Artur Mas, el líder de CiU y el hombre que probablemente va a gobernar Cataluña, aparecía como cotitular de unas cuentas opacas en Liechtenstein y Suiza.
A lo largo de estos siete últimos años, el Gobierno tripartito ha asumido la endogamia y el ombliguismo nacionalista de CiU, reproduciendo -corregidos y aumentados- la mayor parte de sus defectos e ignorando sus indiscutibles virtudes de solvencia política. Ahora el PSC de Montilla se enfrenta a lo que pueden ser sus peores resultados desde la Transición como consecuencia de unas políticas que han traicionado la sensibilidad de sus electores.
Montilla ha prometido que no va a repetir los errores cometidos en esta legislatura, pero, atrapado en el rechazo de su propia gestión y también de la alternativa que ofrece CiU, se ha quedado sin discurso. Difícilmente se puede encontrar un ejemplo de cómo explicar peor una propuesta política.
Todas las encuestas dan una amplia ventaja a Artur Mas, que se situaría cerca de la mayoría absoluta. CiU ha hecho una campaña identitaria, explotando el victimismo nacionalista y fomentando los agravios comparativos. Su principal reivindicación es el concierto económico, el fetiche que en la próxima legislatura podría sustituir al Estatuto en el imaginario del nacionalismo. Artur Mas, sin embargo, puede permitirse gobernar de una manera más moderada en las formas, dado que el Gobierno tripartito ya le ha hecho el trabajo sucio durante los pasados años.
En este panorama desolador, la única fuerza política que puede jugar un papel moderador si CiU gobierna es el PP. Ha logrado encontrar un buen líder en Alicia Sánchez-Camacho, una persona que sintoniza con los militantes de este partido dentro y fuera de Cataluña. Sería muy positivo que el PP tuviera unos buenos resultados y los escaños suficientes para condicionar la acción de gobierno de Artur Mas. Por ello, el PP representa la opción del voto más útil de quienes no son nacionalistas.
Hay que reconocer también el mérito de Ciutadans al defender sin desmayo los valores constitucionales en el Parlament. Albert Rivera ha crecido políticamente y se ha convertido en un activo para el futuro. Las encuestas le auguran unos buenos resultados, a diferencia de UPyD, que se presenta de forma testimonial para dejar patente que tiene un proyecto nacional. Lástima que los partidos no nacionalistas no hayan podido lograr un acuerdo para sumar fuerzas en estas elecciones en las que Cataluña se juega tanto.
Desdeña la presunción de inocencia







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