DIOS NOS LIBRE DEL SOCIALISMO:

RAMY WURGAFT / Buenos Aires
Los peronistas se pelean ante el féretro de Néstor Kirchner
Corresponsal
La presidenta rechazó suavemente el brazo que le ofrecía su hijo, Máximo, y entró con paso resuelto al salón donde estaban siendo velados los restos de Néstor Kirchner. Hace tres años, el hombre que yacía en el féretro también le prestó su brazo, cuando accedió por la misma puerta a la Casa Rosada para ocupar el sillón presidencial.
Entonces, Cristina Fernández lucía un vestido primaveral. Ahora estaba demacrada y de luto, pero firme. Antes de entrar, hizo una advertencia con la mano a los jóvenes que entonaban consignas contra el vicepresidente Julio Cobos, aun estando él ausente.Sigue en página 26
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«Borombonbón, borombonbón… Andate Cobos, sos un traidor», gritaban los militantes del peronista Frente Para la Victoria (FPV) desde la contigua Plaza de Mayo, a un palmo de quienes lloraban la pérdida de su líder. El vicepresidente de Argentina que desde 2008 se opone a la política de los Kirchner, desistió de acudir al velatorio y optó por enviar un telegrama de condolencias a Cristina. «Cobos entiende que ésta es la mejor forma de rendir su respeto al ex presidente», explicó su portavoz, Julio Paz.
Otro que no pudo asistir fue Eduardo Duhalde. El ex presidente y líder de una fracción del peronismo disidente fue advertido por el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, de que evitase ese riesgo. «Me vine de Brasil para asistir a la ceremonia. Porque aún siendo adversarios yo lo respetaba. Pero Fernández me dijo que habría turbulencias y no quise dar un justificación a los violentos», dijo Duhalde.
Ayer, la policía recibió instrucciones de sofocar cualquier acción de ese tipo, tomando en cuenta que la ceremonia fúnebre sería una vitrina al mundo por la presencia de gobernantes de la región y de medios de comunicación extranjeros. Pero algunos activistas no fueron capaces de poner a un costado sus viejas rivalidades en un momento tan solemne como el que se vivía.
Poco después de que se abrieran las puertas para que el público desfilara por la capilla ardiente, estalló un altercado entre diferentes sectores del peronismo que disputaban a empujones y a golpes el derecho de ser los primeros en rendir tributo a Kirchner. La policía tuvo incluso que confiscar los altavoces a dos grupos de piqueteros por el bullicio que estaban armando al competir por quién entonaba más fuerte el himno peronista.
«Hubiese sido más eficaz lanzar gas lacrimógeno. Incluso estábamos autorizados para hacerlo ante una situación extrema. Pero habría sido una falta de respeto llenar de humo la plaza cuando se velaba a un ex presidente», explicó Rodrigo Montes, el oficial a cargo del operativo de seguridad.
También fue necesaria la intervención policial para proteger a la delegación de parlamentarios opositores que fue recibida en la explanada del palacio presidencial con una lluvia de insultos. Las personas que hacían cola desde la madrugada para dar el adiós a Kirchner, reclamaron mano dura contra los revoltosos. «Esto es una vergüenza. Qué diría el difunto si los viera comportarse así cuando todo el país está de luto. No había que permitirles que vinieran», dijo un obrero que había viajado toda la noche desde Córdoba para manifestar su dolor.
A diferencia de otros, Diego Armando Maradona fue recibido con una unánime salva de aplausos a su llegada a la Casa Rosada. Vestido de azul oscuro, a tono con el traje de su esposa, la antigua estrella futbolística se fundió en un fuerte y prolongado abrazo con Cristina Fernández. «Presidenta usted sabe lo que siento….», dijo Maradona. Al salir del palacio presidencial, el hasta hace poco entrenador de la selección expresó su opinión acerca de las manifestaciones de dolor de ciertos políticos. «Escuché hablar a muchos y lo que decían me pareció el colmo de la hipocresía. Hace poco le lanzaban lodo y ahora que se fue le tiran flores. Yo no sé cómo no se les cae la cara de vergüenza».
Los jefes de Estado de la región no se percataron de los incidentes. El jefe de protocolo, Sebastián López, tuvo el acierto de hacerlos entrar al palacio por la puerta que da al Paseo de Colón. Desde allí, la propia presidenta los acompañó a la sala VIP de la Casa Rosada, donde compartieron una merienda mientras esperaban su turno para bajar al Salón de los Patriotas Latinoamericanos, donde se hallaba el féretro.
Los primeros en llegar fueron los presidentes de Bolivia, Evo Morales y Rafael Correa de Ecuador. A su llegada al aeropuerto metropolitano, Morales dijo sentirse como huérfano. «Pasé momentos difíciles en Bolivia y el compañero Néstor siempre estuvo conmigo. Tengo muchos recuerdos de un hombre que fue tan solidario con los pobres. Recuerdo la Cumbre de jefes de Estado en Mar del Plata, cuando defendió la Dignidad de toda América Latina frente a Estados Unidos. Espero que siga velando por nosotros desde arriba», expresó el líder boliviano con la voz entrecortada.
Más tarde, el chileno Sebastián Piñera y el uruguayo José Mujica se sumaron al cortejo de mandatarios que ingresaron en silencio a la capilla ardiente. Los presidentes de Brasil y Venezuela llegarían más tarde. Había gran expectación en la sala, pues las relaciones de Piñera y de Mujica con el fallecido Kirchner tuvieron sus altibajos.
Pero ellos no habían venido a deshacer entuertos. «Hemos venido a expresarle a la presidenta nuestro profundo sentir por la pérdida de un hombre como Néstor Kirchner, que a lo largo de su vida supo asumir grandes responsabilidades», dijo Sebastián.
R. W. / Buenos Aires
Chávez se queda sin 'cómplice'
Corresponsal
Apenas se retiraron del salón donde eran velados los restos de Néstor Kirchner, los funcionarios del Gobierno consultaron sus relojes. Eran las once y Hugo Chávez aún no aparecía en la Casa Rosada. Paciencia. Al mandatario venezolano le encanta hacerse esperar en los grandes eventos. Él no se privaría de dar el último adiós al que fuera uno de sus principales aliados en la región, o según dicen las malas lenguas, su cómplice perfecto. Probablemente esperaría a que hubiera menos gente para que su paso ante el féretro fuese más notorio.
De cualquier manera, el caudillo bolivariano envío a una avanzadilla de altos funcionarios para apaciguar la inquietud de sus huéspedes. Tranquilos. A pesar de la crisis económica que azota a su país, Chávez no cobrará los 1.200 millones de dólares que invirtió en la compra de bonos de la deuda argentina cuando no valían el papel en que estaban impresos. Él no revelará los secretos de la embajada paralela que Néstor estableció en Caracas para llevar a cabo ciertos negocios como la venta de soja argentina a precio de ganga a cambio de asesoramiento en el terreno militar.
Y desde luego, Cristina Fernández podrá dormir tranquila, pues el amigo caribeño mantendrá en secreto el origen de los 600.000 dólares que en 2007 envío a Buenos Aires en una valija, presuntamente como donativo a la campaña de la entonces candidata presidencial.
Pero la generosidad de Chávez tiene un límite. Cuando la presidenta asumió su cargo se rumoreaba que le imprimiría un giro a la política exterior de su marido y antecesor en la Casa Rosada. Que la Argentina se acercaría a Washington a expensas de sus lazos con Caracas. Si tuvo esa intención, su marido se encargó de echarla por tierra. Una cosa era que a Cristina le gustase codearse con los inquilinos de la Casa Blanca y otra deshacer un pacto de amplio contenido ideológico y esencial para evitar la recaída de la economía argentina.
Bajo el mandato de Néstor Kirchner, disminuyó drásticamente la inversión en el sector energético al punto que cesaron las exportaciones de gas a Chile y que en el invierno pasado hubo que recortar el suministro a la industria para que los argentinos pudieran calentar sus hogares. Pero si el agua llegaba al cuello, siempre se podía recurrir a las reservas venezolanas.
Durante la reunión que mantuvo con el ministro de Planificación, Julio de Vido, su homólogo venezolano Raúl Návez prometió que pese a las dificultades por las que atraviesa la industria petrolera en su país, Argentina puede seguir contando con «apoyo estratégico en materia de hidrocarburos».
El presidente de Bolivia, Evo Morales, también quiso averiguar que rumbo tomarían sus vecinos tras el fallecimiento de Néstor Kirchner.
Especialmente si bajo la conducción única de Cristina Fernández, Argentina seguiría aceptando a los inmigrantes bolivianos, muchos de los cuales se asientan en el país en calidad de indocumentados. En más de una oportunidad, la policía alertó al Gobierno acerca de la presencia de grupos de narcotraficantes, mezclados con los trabajadores honestos.
El ministro argentino de Asuntos Exteriores, Héctor Timerman, calmó la inquietud del líder aymara, ante la posibilidad de que Argentina establezca severos controles en los pasos fronterizos. «Mientras pueda Argentina seguirá colaborando con los países vecinos en la búsqueda de fuentes de trabajo. No habrá otras restricciones aparte de las que contempla la ley de inmigración», señaló Timerman.
El jefe de la diplomacia argentina también envió un mensaje a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que Néstor Kirchner presidió hasta su deceso. «Néstor fue un referente para todos los pueblos de la zona e invirtió su talento en el fortalecimiento de los foros regionales. Tengan la completa seguridad de que Cristina continuará por el mismo camino. Argentina participará en todos los proyectos encaminados a combatir la pobreza y a fomentar las buenas relaciones entre los estados miembros», subrayó el canciller.
DAVID GISTAU
Dejarlo todo al más fuerte
No es probable que Néstor Kirchner vaya a consagrarse como superstición en el santoral pagano de Perón, Evita y Gardel. Sin embargo, su muerte deja dos desamparos profundos. El del Justicialismo, que tiende a devorarse a sí mismo cuando no lo contiene un liderazgo providencial, y el personal de Cristina Fernández. La presidenta formaba con su marido una unidad política bifronte que se repartía el trabajo: ella en la jefatura de Estado y en la retórica discursiva, él en el aparato partidista.
Tanto es así, que de la presidenta, más allá de su dolor íntimo, puede decirse que, en términos políticos, el destino le ha amputado un miembro y le ha robado una figura tutelar que lo mismo la moldeó como en Pigmalión que la protegía, domeñándolos, de los elementos más castizos del peronismo. Esto incluye a sátrapas provinciales, a veteranos de la cleptocracia e incluso a un sindicalismo feroz, el de Moyano, que tiene en su estructura reminiscencias falangistas, sólo que matizadas por gordos en chándal como los de Los Soprano. E incluso advenedizos de última hornada como el ex presidente de Boca Juniors, hijo de millonario y actual intendente de Buenos Aires, Mauricio Macri, que ensaya un peronismo chic de corte liberal que en realidad acaba de quedarse sin discurso, pues todo en él consistía en la confrontación con El Pingüino y su hiperactividad agresiva.
A Cristina Fernández se la supone ahora una víctima potencial de la rebatiña que animará el vacío por colmar. Tanto más cuando, salvando las distancias, Kirchner ha muerto como Alejandro: dejándolo todo «al más fuerte» de quienes aspiran a asaltar el partido y a posicionarse para las presidenciales de 2011. Empero, Fernández tiene sus bazas. Muchas dependerán de cómo administre el duelo y el flujo de simpatía popular.
Pero, sobre todo, de cómo maneje una temperatura aliviada de las infinitas escaramuzas de Néstor, de que logre armar una tregua -con los medios, con los disidentes del peronismo, contra todo el frente anti-K, incluidos los socios radicales que perdió por el conflicto del campo- a partir de la cual pueda hacerse política de un modo más natural, sea cual sea el significado de esta palabra en una nación tan políticamente excéntrica como la Argentina. Que le concedan esta tregua dependerá en parte de que ella aspire o no a un siguiente mandato, pues, si se declara una viuda pantojiana en proceso de salida, y no una custodia del legado kirchnerista con vocación de largo aliento, lo probable es que la traten con educación y le tiendan menos emboscadas e intrigas.
En todo caso, Cristina Fernández deberá caracterizar su liderazgo y compensar las sospechas de que su mandato nunca fue sino una adaptación a la política de la ventriloquia. El peronismo está expectante, dispuesto a olfatear la debilidad.
Para hacerse respetar y restaurar la bicefalia, lo primero que necesita es encontrar entre los fieles de Néstor, que también tienen ahora oportunidad de maniobrar sin el aplastamiento del caudillismo kirchnerista, una suerte de prótesis humana en la que seguir prolongándose como en su marido.
Dispone de su jefe de gabinete, Aníbal Fernández, de De Vido y Zannini, y por supuesto de Daniel Scioli, actual gobernador de la provincia de Buenos Aires que ya antaño fue ungido como continuador natural de la rama Kirchner del Justicialismo. En cuanto a lo segundo, tendrá que hacerse con todos esos elementos montaraces que rendían pleitesía a Néstor y que constituyen la primera línea popular del peronismo: los sindicalistas, los bravos de las patotas.
Ella ha existido hasta ahora en una burbuja exquisita en la que podía jugar a estadista internacional mientras era Néstor el que se ocupaba de esas criaturas del subsuelo político, del tipismo peronista. Cuando se arrime a ellos, recordará al personaje de Catherine Zeta-Jones en Traffic, la mujer que vivía en el lujo sin preguntarse de dónde venía el dinero. Y que, cuando su marido era encarcelado, debía cruzar la frontera hasta el lado salvaje para mponerse a los narcos mexicanos de los que dependía su porvenir.
>VENEZUELA
San Sebastián
Una firma de Isaías Carrasco favorece a Portu y Sarasola
Citan a Cubillas a declarar como testigo el martes
El nombre de Isaías Carrasco, el concejal asesinado por ETA el 7 de marzo de 2008, salió ayer en el juicio contra los guardias civiles acusados de torturas a los etarras que volaron la T-4 de Barajas, Igor Portu y Mattin Sarasola. No fue para respaldar las tesis de los agentes, que se declaran inocentes, sino para apoyar el alegato que hizo el fiscal, que piensa que los acusados «no dicen la verdad», y, por tanto, para favorecer a los dos terroristas.
El Ministerio Público se mostró contundente al asegurar que la versión de los guardias civiles «es cualquier cosa menos creíble». Para respaldar tal afirmación, el fiscal presentó un detallado informe en el que analiza cada una de las pruebas practicadas en el juicio. Entre ellas, un justificante del peaje de la autopista firmado por Isaías Carrasco el 6 de enero de 2008, sólo dos meses antes de que fuera asesinado.
Este justificante y otros firmados por los compañeros de Carrasco en el peaje de la autopista son importantes en el caso, porque constituyen una prueba esencial para aclarar la hora a la que se produjo la detención de Portu y Sarasola, ya que mientras los etarras sostienen que fue entre las 10.15 y las 10.30 horas, los guardias retrasan ese hecho hasta cerca de las 11.00.
A este respecto, el fiscal puso de manifiesto el desajuste entre la versión de los agentes y las horas registradas en los distintos justificantes de los peajes de autopista que atravesaron los vehículos de la Guardia Civil, tanto a la ida como a la vuelta de Arrasate (Guipúzcoa), donde tuvieron lugar los arrestos. Uno de ellos lleva la firma de Isaías Carrasco, informa Efe.
Quizá por ello, el fiscal quiso recordar que Portu y Sarasola son unos «terroristas» y unos «asesinos», cuyo objetivo último es la «destrucción» del Estado de Derecho; pero también, añadió, son «sujetos de derecho» que pueden sufrir torturas.
El fiscal dio credibilidad a la versión de los forenses del Instituto de Medicina Legal de Guipúzcoa, que el miércoles declararon que las principales lesiones de los etarras no eran compatibles con la versión de los guardias, quienes antes habían sugerido que fueron producto de su violenta detención al intentar escapar.
CARACAS.- La Fiscalía de Venezuela ha citado al presunto etarra Arturo Cubillas a declarar como testigo el próximo martes, para obtener más información sobre su posible participación en el adiestramiento de etarras en territorio venezolano. / EUROPA PRESS





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