LOS DICTADORES CAMARADAS DE ZP: Gorila Chávez, Dilma y familia monarquimarxista Kim Jong Il

JAIME LÓPEZ / Caracas
La disputada mayoría de la Asamblea Nacional
Especial para EL MUNDO
«Ellos dicen que son mayoría, que sacaron más votos, y eso es mentira», afirmó Chávez en su primera aparición pública, tras las elecciones parlamentarias. El mandatario, quien se mostró muy molesto por la «atención mundial» que acapararon unas «elecciones locales», acusó a la Mesa de la Unidad de «confundir y manipular» los resultados con ayuda de la prensa extranjera, que «siempre les hace el jueguito».
El llamado Poder Electoral (CNE) no ha divulgado todavía los votos totales, ni cómo quedan repartidos los 165 escaños de la Asamblea. Fue Chávez quien se encargó de hacer públicos los últimos resultados. Con sus 98 escaños en el Parlamento, al líder socialista le falta un asiento para dominar los tres quintos del hemiciclo, y solicitar Leyes Habilitantes para legislar por decreto. Los dos congresistas del PPT, que acudió a los comicios como una «tercera vía», serán fundamentales en la próxima legislatura para cualquier tipo de negociación. La oposición, por su parte, se alzó con 65 diputados, repartidos así: 22 de Acción Democrática (AD); 15 de Primero Justicia; 12 para Un Nuevo Tiempo; y seis para los democristianos de Copei. Los 10 restantes están en manos de pequeñas formaciones regionales minoritarias.
Los críticos de Chávez salieron ayer al paso de sus acusaciones: «Presidente, si usted no quiere aceptar que esto es una derrota, acéptelo como una lección», dijo el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, quien rechazó someter a revocatorio su mandato.
El director de Hinterlaces, Óscar Schemel, explicó que los resultados revelan «un gran descontento en la población», pero muchos electores chavistas no perciben «el surgimiento de una alternativa». Ése será el verdadero reto de la oposición, convertirse en «una posibilidad de poder para 2012», cuando Chávez opte a su tercera reelección como presidente.
L. T. / Río de Janeiro
«Dilma sigue el modelo de Chávez; nosotros, el de España»
Corresponsal
Aterrizó en la campaña brasileña de rebote, sólo después de que fracasara la primera opción elegida por José Serra para ocupar la vicepresidencia en caso de victoria, pero no tardó en hacerse notar con sus afiladas críticas a Dilma Rousseff -favorita en las encuestas- y al Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. A sus 39 años, Indio da Costa aporta frescura y agresividad a la candidatura del casi septuagenario ex gobernador de São Paulo.
Pregunta.- Usted apenas conocía a Serra. Ahora que ha estado cerca de él durante meses, ¿por qué cree que debería ser presidente?
Respuesta.- Porque tiene mucho carácter y es una persona leal. Está dedicado a Brasil desde hace décadas. Veo en él la preparación de un gran estadista y la dedicación que el país necesita.
P.- Él no cree en las encuestas que pronostican la victoria de Dilma...
R.-En esta recta final, el proceso de formación de la opinión pública se concreta a partir de las conversaciones entre las personas. Habrá segunda vuelta e iremos hacia la victoria con Serra.
P.- ¿Qué cambiarán si ganan?
R.-Vamos a asumir el papel del Gobierno federal en la seguridad pública y a mejorar la vida en las metrópolis. Respetaremos el dinero de los contribuyentes recaudado por el Ejecutivo, bajaremos los impuestos y trabajaremos con valores cristianos, éticos y morales. Aumentaremos el salario mínimo, subiremos un 10% las pensiones y generaremos muchos empleos creando la infraestructura necesaria para transformar Brasil en una gran potencia a través de la produción y la exportación.
P.- ¿Qué ha aprendido en la campaña?
R.- Que el cariño del pueblo brasileño es mucho mayor de lo que podría imaginar.
P.- Ha recurrido a Twitter para calentar la campaña; por ejemplo, al vincular al partido de Lula y Dilma con las FARC. ¿Esperaba tanta repercusión?
R.- No. Todo lo que dije ya era de conocimiento público.
P.- ¿Teme una marearoja el 3 de octubre?
R.- No. Confío en nuestra victoria. Si ellos ganan, el modelo será el de Hugo Chávez en Venezuela. Basta leer lo que han hecho últimamente, a pesar de que lo nieguen todo el tiempo. Yo me inspiro en la democracia española, país que tanto admiro y donde vive mi preciosa hija a la que tanto quiero.
P.- En caso de que esta vez no consiga ser vicepresidente, ¿aspira a ocupar algún día el primer lugar en la candidatura del centro derecha?
R.-En este momento no me imagino otra hipótesis en mi vida que ser el númerodos de José Serra. Él es nuestra esperanza democrática en Brasil y yo siempre contribuiré con mi país.
ALBERTO BARRERA TYSZKA
Educando al caudillo
Los corresponsales internacionales fueron citados a las cuatro de la tarde. El presidente llegó dos horas después. Comenzó leyendo su Twitter. Le había escrito una mujer embarazada, madre soltera, pidiendo ayuda. También un seguidor: «Hoy amanecí más chavista que nunca». El presidente sonrió. Después contó que sus hijas le habían regalado un libro de poemas. Terminó leyendo en voz alta unos versos dedicados a Simón Bolívar. El país llevaba 20 horas esperando a que Chávez dijera algo sobre el resultado.
La noche del domingo, la poca gente que fue a la calle frente al palacio de Miraflores se quedó esperando a que Chávez se asomara en el llamado Balcón del Pueblo. No lo hizo. No hubo celebración. Y, sin embargo, de madrugada, el primer informe anunció el triunfo del oficialismo. Ganaron pero sin fiesta.
Tal vez, el resultado de las elecciones legislativas ofrece el más complejo de los escenarios. El más democrático, el que obliga a una práctica poco frecuente en las sociedades polarizadas: la negociación. La oposición, perdiendo, ha ganado. Se ha recuperado a sí misma. Ha vuelto a ejercer su capacidad de representar la diferencia. Con 65 escaños, impide que el oficialismo tenga la mayoría calificada, lo que obliga a ambos bandos a debatir y a lograr acuerdos con respecto a ciertos temas puntuales. La Asamblea Nacional, ahora, refleja esa diversidad que va siendo la sociedad venezolana. Es un parlamento que se parece más al país.
Para el oficialismo, por el contrario, el triunfo tiene un extraño sabor a derrota. El número de diputados obtenidos ha estado por debajo de sus metas. Tienen una mayoría absoluta pero no han podido «liquidar», «demoler», «pulverizar» al enemigo. Peor aún: en términos de votos, los resultados han sido demasiado parejos. A partir de ahora, seguir llamando «escuálidos» a quienes adversan al Gobierno será una estupidez.
Los resultados, además, involucran a Chávez. Conspiran contra la pretensión épica de la revolución. Atentan contra esa retrofantasía con ínfulas heroicas que lo lleva a actuar como si acabara de bajar de Sierra Maestra. Los resultados aparecen de pronto como un gran agujero en esa intención de leyenda. Al Chávez que se piensa siempre desde la eternidad, que se comporta y habla como si no tuviera límites, los venezolanos le han vuelto a decir que él también es vulnerable, que políticamente es mortal.
Mientras cada bando trata de ponderar a conveniencia las cifras, y se espera que el Consejo Nacional Electoral ofrezca los resultados definitivos, se calcula que la diferencia entre el Gobierno y la oposición sea por una cantidad mínima de votos. Esta cifra ha develado lo que la oposición y varias organizaciones han venido denunciando: una maniobra oficial que, hace más de un año, logró reformar la ley electoral para favorecer al chavismo. Eso es lo único que explica que, teniendo más o menos la misma cantidad de votos, el partido del Ejecutivo haya obtenido casi 30 diputados más que la oposición.
Pero este equilibrio en los votos propone otro problema más de fondo que toca la incapacidad de Chávez para aceptar al otro, para reconocer que hay venezolanos que rechazan su proyecto. Al referirse a la oposición, Chávez habló el lunes de la «ultraderecha», de «fragmentos de partidos», de «grupúsculos». Con los más de cinco millones de votos obtenidos, sigue calificando de traidores y apátridas a quienes disienten. Es una forma de deslegitimar los resultados del domingo. A Chávez no le gusta el país que se expresa en las elecciones. Se niega a verlo, no quiere aceptarlo. «Educando al caudillo», podría llamarse esta película. La democracia sigue siendo un gran esfuerzo.
Alberto Barrera es poeta y escritor, autor de Hugo Chávez sin uniforme.
LUIS TEJERO / São Paulo
Lula da Silva, el candidato sin dorsal
Enviado especial
En Brasil no hay candidato sin número. Igual que ciclistas y atletas lucen un dorsal a la espalda durante las carreras, cada aspirante a presidente, gobernador, senador o diputado recorre la campaña con hasta cinco dígitos adosados a su nombre. Es la combinación que recuerdan insistentemente a los electores para que no se olviden de marcarla este domingo en las máquinas de votación: el 13 de Dilma Rousseff, el 45 de José Serra, el 43 de Marina Silva... o el 4011 de Romário y el 12777 de Bebeto.
La excepción que confirma la regla es Luiz Inácio Lula da Silva: no lleva dorsal alguno, pero es más candidato que nadie en estas elecciones. Porque a juzgar por lo visto el lunes por la noche en el Sambódromo de São Paulo, el Partido de los Trabajadores (PT) no presenta a Dilma sino al todavía jefe de Estado, el único capaz de enardecer a los militantes tras más de dos décadas de batallas en las urnas.
Así se explica que fuera el presidente y no su ex ministra quien se encargó de cerrar el último gran acto de la izquierda. El aguacero intermitente que cayó a media tarde en la capital paulista amenazaba con repetir el mal trago que Dilma pasó en Río de Janeiro el pasado julio, cuando se quedó hablando ante una plaza casi vacía después de que buena parte de la audiencia huyera del chaparrón nada más concluir Lula su discurso.
No podía haber una segunda vez. Mejor colocar a Dilma de telonera que arriesgarse a otro plantón. Bajo la lluvia, y flanqueada por dos enormes números 13 a ambos lados del escenario, la presidenciable pidió el voto para ratificar en las urnas la ventaja que los sondeos le dan respecto al opositor Serra. Una distancia que, por cierto, viene reduciéndose en las dos últimas semanas desde los 24 puntos hasta los 18 que pronosticaba ayer el instituto Datafolha.
«El domingo vamos una vez más a mostrar que este país democrático sabe tomar sus decisiones. Tanto que hace ocho años eligió el cambio y la esperanza y volvió a hacerlo en 2006. Espero que nuevamente el pueblo elija el cambio y elija a la primera mujer presidenta de Brasil», proclamó Dilma ante los miles de seguidores que abarrotaban el Sambódromo.
La favorita para suceder a Lula sorprendió al presentarse vestida con una chaqueta anaranjada, en lugar del rojo habitual en sus mítines. Extrañó también que defendiera «el cambio» siendo la candidata oficialista, aunque inmediatamente matizó: «Necesitamos el cambio... y la continuidad de los avances».
Y de ese modo fue desglosando sus promesas genéricas para el mandato que comenzará el próximo Año Nuevo: «Asumo el compromiso de erradicar la pobreza y de hacer de este país un país desarrollado, de dar salud y educación de calidad a los brasileños y de no dejar que los jóvenes y niños sean víctimas del crack y la violencia».
En la traca final, Lula se dejó la garganta para asegurarse de que Dilma arrasa sin dejar margen para una segunda vuelta, que debería celebrarse el 31 de octubre si no rebasa el listón del 50%. Ese riesgo justifica que el presidente esté apretando más el acelerador que en su propia campaña para la reelección, en 2006, cuando dio menos mítines en la recta final que esta vez.
No sólo arengó el presidente; también se emocionó. Porque a punto estuvo de llorar cuando, al tiempo que él se iba por las ramas repasando los éxitos del país -«El dedo de Dios apunta al pueblo brasileño»-, los militantes del PT desplegaron una enorme sábana sobre las gradas: «Gracias, compañero Lula». ¿Es o no es candidato?
DAVID JIMÉNEZ / Bangkok
Un nuevo heredero en Pyongyang
Corresponsal
No ha llegado a la treintena y no se le conoce experiencia militar alguna, pero Kim Jong Un acaba de ascender a general de cuatro estrellas y ha sido nombrado vicepresidente del todopoderoso Comité Militar, sólo por debajo de su padre, el dictador Kim Jong Il, según informó ayer la agencia oficial norcoreana KCNA. Se trata de la primera indicación procedente del régimen norcoreano de que el menor de los hijos del líder Kim Jong Il ha sido posicionado para suceder a su padre. La decisión fue tomada en la reunión del Buró Político del Comité Central del Partido de los Trabajadores, congregado desde ayer en Pyongyang para renovar el liderazgo de la última nación estalinista del mundo.
La promoción del joven Kim, que podría tener 27 o 28 años, fue mencionada en los medios de propaganda norcoreanos, convirtiéndose en la presentación oficial de Kim Jong Un a una población que apenas conocía su existencia. Los cambios en la dictadura norcoreana han sido acelerados a causa de los problemas de salud de Kim Jong Il, que en 2008 sufrió una apoplejía y desde entonces ha aparecido en público frágil y delgado.
El congreso que se celebra en la capital es el mayor evento político del país desde que en 1980 el fundador de la patria, Kim Il Sung, concediera a su hijo y actual líder cargos de importancia que lo situaron como el indiscutible sucesor. Fue el nacimiento de la primera dinastía comunista del mundo, que aspira ahora a prolongarse con la futura llegada al poder de Kim Jong Un. «El régimen ha dado el paso previo a la formalización de la sucesión», según Kim Yong Hyun, analista de política norcoreana de la Universidad Dongguk de Seúl.
La cumbre de dirigentes comunistas en Pyongyang sirvió para representar ayer la reelección de Kim Jong Il como secretario general del Partido -una elección en la que los norcoreanos no tienen voz- y reforzar las posiciones del pequeño círculo familiar que dirige el país con mano de hierro. La televisión estatal anunció la promoción, también a general, de Kim Kyong Hu, hermana de Kim Jong Il. Su marido, Jang Song Thaek, fue recientemente ascendido a vicepresidente del Comité de Defensa Nacional y podría acumular nuevos cargos tras la reunión del Buró Político.
La mayoría de los analistas cree que la ascensión del influyente matrimonio supone la formación oficiosa de una regencia en la sombra. Su objetivo sería dirigir el país en caso de fallecimiento del Líder Supremo, a la espera de que el joven Kim reúna la experiencia y el respeto de sus camaradas para hacerse cargo de la nación.
El proceso sucesorio en Corea del Norte es seguido con atención fuera de sus fronteras, especialmente en sus vecinos Corea del Sur y Japón, hacia cuyos territorios apuntan cientos de misiles norcoreanos. La más hermética y represora dictadura del mundo cuenta con armas nucleares y su situación extrema, con una economía arruinada e intermitentes hambrunas entre la población, la convierten también en impredecible.
La diplomacia occidental ha puesto sus esperanzas en que la renovación en el régimen sitúe en lugares de responsabilidad a dirigentes más favorables a una apertura. Lo que más atención ha despertado es la posibilidad de que el heredero de la monarquía norcoreana haya estudiado varios años en un colegio suizo bajo identidad falsa.
El aparato de propaganda del Gobierno tiene ahora la misión de construir el culto a la personalidad del nuevo delfín, tratando de reforzar su imagen entre la población y especialmente entre un Ejército dirigido por veteranos de la Guerra de Corea.






Links to this post:
Crear un enlace
Home