FIRMAS: Arcadi Espada, Pedro G Cuartango, Erasmo, Javier Villán

Nuestro Gobierno
Arcadi Espada
Publicado el Miércoles, 25 de agosto de 2010
La otra noche fue emocionante oír hablar a Albert Vilalta, uno de los cooperantes secuestrados por los terroristas islámicos. No sólo por la evidencia de que era un hombre que acababa de escapar de la tortura y la amenaza de muerte. Es que dijo, además: "El Gobierno español ha hecho un esfuerzo diplomático con todos los países de la zona y estamos muy agradecidos.
El Estado ha podido pagar por la vida de Vilalta como no pudo pagar por la de Miguel Ángel Blanco
El hecho nos hace sentir muy orgullosos de nuestro Gobierno". Sin duda, debe de ser una tesitura muy difícil para un hombre y es casi imposible ponerse en su lugar. El Gobierno acababa de salvarle la vida; pero no mediante una acción heroica y precisa de comandos militares, que siempre tiene graves riesgos, como demostró el reciente asesinato del rehén francés Michel Germaneau.
El Gobierno le había salvado la vida por debajo de la mesa. Pagando, y lo que es más duro: forzando (pagando) a otro Gobierno a que dejara en libertad a Omar 'el Saharaui', principal responsable del secuestro. Un tipo que, digamos, tiene un peculiar modo de vida principal.
Yo no creo que el Gobierno tenga graves dificultades morales para justificar su acción. Siempre hay razones para salvar de la muerte a cualquier hombre. Y frente al argumento de los secuestros futuros que podrían cometerse con el terrorista liberado y con el dinero entregado, el Gobierno tiene a su favor el presente: el secuestro de Vilalta ya se había cometido y su asesinato era algo más que una hipótesis.
El problema del Gobierno, en estos asuntos, no es moral, sino político. Parecería estar obligado a trazar una línea recta de conducta. Quiero decir que si mañana ETA secuestrara a un hombre. Pero aun así el Gobierno tendría margen para tomar la curva. De cuatro patas en el terreno de la negociación salvar a un hombre sólo depende del precio que pongan a su vida. El Estado ha podido pagar por la vida de Vilalta como no pudo pagar por la de Miguel Ángel Blanco. No hay nada sólidamente establecido: toda la jurisprudencia es el precio.
Mis emociones, en cualquier caso, no terminaron en la imaginación del forcejeo moral de un
hombre que durante sus desolados meses de cautiverio habría tenido muchas oportunidades de pensar en estos asuntos. Es que Vilalta había dicho "nuestro Gobierno". No sólo eso: su Gobierno era el Gobierno del Estado español. Y postdata: lo estaba diciendo en lengua catalana, que siempre es más dulce y donde el signo lingüístico tiene que hacer piruetas. ¿Cuántos años hace que no oía eso en boca de un catalán? Nuestro gobierno. ¡Y no como el que dice nuestra cruz! Mmmm... Nuestro Gobierno. En fin, voy a dejarlo de repetir, no sea que pierda sentido. Qué alto precio para sentirse español. O salvar hombres en el desierto o ganar la copa del mundo.
Olvido y negación del presente
Pedro G. Cuartango
Publicado el Miércoles, 25 de agosto de 2010
Se suele dar por verdadera la afirmación de que el genio está vinculado al sufrimiento, pero no estoy seguro de que ello sea cierto. Dostoievski fue un desgraciado, pero no León Tolstoy. Shakespeare llevó, por lo que sabemos, una vida relativamente burguesa, mientras que Cervantes padeció cautiverio y penurias económicas. Nada hay en la existencia de Montaigne que explique la profundidad de sus reflexiones personales, al igual que carecemos de las claves para saber por qué Proust, Kafka o Thomas Mann fueron inmortales escritores.
Aparentemente no hay nada que diferencie el talento de la estupidez. Flaubert tenía aires de idiota y parece mentira que de un tipo tan burdo físicamente como Balzac pudieran salir obras tan sublimes como 'Las ilusiones perdidas'. Vemos, en cambio, cómo mediocridades cuyo único mérito es ser profesionales de la banalidad adoptan la apariencia de genios incomprendidos.
No, no es fácil separar el grano de la paja ni detectar un diamante entre las toneladas de basura de la oferta cultural del momento. Pero supongo que nunca lo ha sido. Mozart murió en la miseria y otros grandes creadores han tenido que esperar a su fallecimiento para que su trabajo fuera valorado.
Creo que ello es debido a que el genio es esencialmente disonante, es decir, que rompe los cánones y los moldes de lo que la época considera como buen gusto. El talento va siempre por delante: muestra el camino. De ahí que tenga que pasar un tiempo para ser reconocido. Eso le sucedió a Stendhal, cuyas grandes novelas se anticiparon a la sensibilidad de la época. Hoy se entiende mucho mejor el maquiavelismo de Mosca o el feminismo de Sam Severina en 'La cartuja de Parma', una de las diez mejores narraciones de los dos últimos siglos.
Así como 'Las uvas de la ira' de John Steinbeck ha quedado como la gran creación de la Gran Depresión, habrá probablemente alguien escribiendo en estos momentos una obra que refleje las grandes contradicciones que ha producido esta crisis. Ese trabajo podría llevar a entendernos a nosotros mismos y servir en el futuro de testimonio de nuestra época.
A lo largo de los últimos años, están proliferando géneros como la novela negra y la recreación histórica, que tienen gran éxito popular, pero casi nadie escribe sobre el presente, sobre lo difícil que resulta sobrevivir intelectual y moralmente en una sociedad esclerotizada por el materialismo económico y la trivialidad del discurso político. Lo realmente apasionante podría ser contar esa pérdida de atributos del hombre contemporáneo, que debe renunciar trágicamente a la imaginación, para sobrevivir en un mundo regido por la banalidad, en el que los antiguos héroes han sido sustituidos por personajes como Belén Esteban.
V/Burritos
Erasmo
Publicado el Miércoles, 25 de agosto de 2010
ESTUDIANTES (extranjeros), Sierra Norte (Madrid), en defensa del burro, en peligro de extinción. Otro atisbo de barbarie. Ahí el sacrificado, magnífico burrito (sólo Cela los protegía) como injusto patrón de necedad, orejas de pollino, borriquito como tú/que no sabe ni la U (mas, aún peor, 'Iran/ Irak War', 1980/88: morían descuartizados al explosionar campos de minas). O Jesús, aquel domingo de ramos. O de 'Nobel a Nobel': el genio juanrramoniano recaló en la peluda barriguita de algodones de 'Platero', tal prosa lírica inconmensurable. 'Donkey Business'.
Los dioses de la pintura y el arte taurinos
Javier Villán
Publicado el Miércoles, 25 de agosto de 2010
Estaba anunciado Cayetano, pero Cayetano no vino porque tiene un brazo en cabestrillo. Y así, claro, no se puede torear. Tampoco pueden salir al ruedo toros como el que salió en primer lugar, lisiado y justito de trapío para unas Corridas Generales, ni tan inválidos como el segundo, tercero y cuarto, que tuvieron nobleza y son; el sexto un pavo con fuerzas, casta, trapío y pitones. En general, la corrida de Joselito no se tenía en pie y los pitones, salvo el sexto, se escobillaban contra el viento: lacios y frágiles como brochas de afeitar. Hay días en que el clima de este proceloso norte ataca sin piedad la anatomía de los toros y estos se quedan reumáticos y despitonados. Así, las posibles bondades de bravura, son difíciles de calibrar.
Morante, dulces céfiros de transparentes alas, aunque sin ligar dos muletazos seguidos; a Castella, valeroso y previsible, se le fue a medias su primero y se descentró de forma patética en su segundo. Y Leandro, estilista y, como decían los antiguos revisteros, pulcro y aseado. Ante todo, higiene; quizá por este exceso de pulcritud se le marchó, relativamente, el que cerraba plaza.
Menos mal que uno, previsor, se fue por la mañana a ver una auténtica fulguración de arte y de tauromaquia en el museo de Bellas Artes: 'Taurus'. Hasta ahora mis vínculos con este museo eran el retrato que Olasagasti, un pintor malogrado, le hizo a un jovencísimo Caneja; y algunas referencias de Javier de Bengoechea que fue su director hace años. A Bengoechea yo le quería como poeta -Premio Adonais en los años 50- y como crítico taurino que se firmaba 'Tabaco y Oro'. Desde ayer mi deuda con el Bellas Artes y con Javier Viar, comisario de esta magna exposición, es a fondo perdido y sin posibilidad de cancelación. 'Taurus', al socaire de los 100 años del club Cocherito, es un prodigio que poco tiene que ver con lo que ocurrió ayer en Vista Alegre con los toros de José Miguel Arroyo y los afamados diestros Morante, Castella y Leandro. Como me decía Viar, un guía de lujo y director del Museo, "aquí están los dioses del arte y la pintura taurinos". Cierto; desde piezas de siglos antes de Cristo hasta la modernidad de Juan Gris, Luis Fernández, Óscar Domínguez, Equipo Crónica y Barceló, por ejemplo.
No hay dioses menores en este Olimpo aunque cada cual pueda elegir su mitología. Para mí, la elección está clara: Las tauromaquias de Carnicero y de Goya, Picasso, Solana y su tenebrismo noventayochista, Zuloaga, Vázquez Díaz...¿Merecerán los maestros de ayer ya citados ser retratados alguna vez por pintores aunque no sean Vázquez Díaz o Zuloaga? Un catálogo sorprendente que por separado ya se conocía de otras muestras y otros libros; antes muletazos sueltos y ahora una faena ligada y rematada por Javier Viar y el peonaje, supongo, del club Cocherito. Una faena redonda de la que ayer no fueron capaces brilló Morante, Castella y un Leandro sin resolución definitiva. Las cenizas de Javier Urtijo esparcidas por el ruedo de Vista Alegre se habrán rebrincado en su fantasmagórica presencia. Urtijo ejerció en EL MUNDO sus múltiples saberes de teatro, toros y pintura: un renacentista en tiempos de pensamiento único; un humanista, con perdón.
Etiquetas: Firmas





Links to this post:
Crear un enlace
Home