ESPAÑOLES POR EL MUNDO: Agresión a españoles en el Aaiún

ERENA CALVO / PILAR ORTEGA Rabat / Madrid
La represión a 14 españoles sube la tensión con Marruecos

La agresión y arresto de un grupo de activistas españoles prosaharauis en El Aaiún ha generado una nueva situación de tensión con Marruecos, apenas unos días después de que el Gobierno diera por zanjada la crisis fronteriza de Melilla. Según explicó ayer Exteriores, un miembro de la embajada en Rabat se desplazó a la capital administrativa del Sáhara Occidental para gestionar la situación del grupo, que anoche embarcó en un ferry de regreso a Las Palmas, tal y como estaba previsto antes de los incidentes.
Los 14 integrantes de la asociación canaria
SáharaAcciones llegaron el sábado en avión a El Aaiún procedentes del Archipiélago. Su intento de manifestarse esa misma tarde en la ciudad acabó con 11 de ellos retenidos durante ocho horas. Varios resultaron agredidos y dos mujeres del grupo sufrieron contusiones «muy serias» en pómulos, sienes y tórax, según explicó a este diario Anselmo Fariñas, uno de los detenidos. Al menos una de ellas, Carmen Roger, fue trasladada por la policía al hospital con la cara amoratada. El grupo pasó la noche del sábado y todo el domingo en la Casa de España. En «arresto domiciliario», según ellos; confinados «por recomendación de las autoridades», según Exteriores, ya que la situación era «un poco tensa».Sigue en página 4
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«La policía nos ha obligado a comunicar todos nuestros pasos y nos advirtieron de que podía haber gente enfadada con nuestras acciones, por lo que era mejor que no saliéramos a la calle por si nos agredían», explica Fariñas.
El español considera que Marruecos les tenía «vigilados» e intervenidas sus «comunicaciones» antes incluso de salir de Tenerife, porque habían previsto y organizado la manifestación a las seis y media de la tarde en el centro de El Aaiún. «A esas horas, en Ramadán, ya no hay casi nadie en la calle, pero al llegar al lugar de la manifestación vimos que había varias furgonetas de la Policía y muchas personas vestidas con el atuendo tradicional saharaui. Nos estaban esperando», relata Fariñas.
Les dio tiempo de sacar camisetas y pancartas en las que pedían, entre otras cosas, la liberación del Sahara Occidental y de los presos saharauis reos en cárceles marroquíes. No llegaron a más: «Cuando sacamos la bandera del Frente Polisario y la República Árabe Saharaui Democrática», recuerda Fariñas, la muchedumbre que se había congregado en la plaza «comenzó a lanzar proclamas pro marroquíes y a ondear banderas del reino alauí». «Muchos de ellos se lanzaron sobre nosotros y fue cuando agredieron a nuestras compañeras», dice.
«Sin previo aviso, una multitud se abalanzó sobre nosotros», relata Alexis Dorta, otro de los españoles. «Pensamos que nos iban a linchar. Las patadas y los golpes nos llovieron por todos los lados. Fuimos literalmente apabullados».
Dorta afirma que «el nivel de agresión fue brutal». «Caímos al suelo, levantamos las manos de manera pacífica y nos cubrimos como pudimos. La situación fue muy tensa», explica. Añade que no pudo ver «si los agresores eran policías de paisano, de uniforme o gente de la calle», pero sí que a su alrededor se percibía «control policial». «Había demasiada organización, banderas marroquíes por todos los lados, y enseguida aparecieron infinidad de coches con agentes de paisano», dice.
Las autoridades locales resaltaron ayer que los españoles no habían pedido autorización para el acto y que la reacción de la población local había sido espontánea.
Poco después de las agresiones, la policía marroquí se llevaba a 11 de ellos a comisaría. «En el traslado hubo agresiones por parte de la policía», afirma Dorta.
Los otros tres activistas que no habían estado presentes en los incidentes más violentos ya habían sufrido previamente el acoso de un grupo de marroquíes que les insultaron e intentaron forzarles a besar la bandera de Marruecos, por lo que se vieron obligados a refugiarse en un hotel.
Los españoles pasaron el domingo encerrados en la Casa de España, mientras el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, conversaba por teléfono con su homólogo marroquí, Taieb Fassi Fihri. Ante el temor de ser agredidos durante los 22 kilómetros de trayecto hasta el puerto llegaron a pedir protección policial. Finalmente, el grupo zarpó sin nuevos incidentes hacia Las Palmas de Gran Canaria.
En el momento del embarque el grupo no había recibido la visita del funcionario de la embajada que supuestamente se había dirigido a El Aaiún. «Sólo hemos hablado por teléfono», explica Dorta, que también lamenta que la Delegación del Gobierno en Canarias no hubiera contactado con sus familias pese a que tenían todos sus datos desde el sábado.
«Han tenido que pasar 14 horas para que lográramos contactar con la Embajada de Rabat, por exigencias nuestras, sintiéndonos por ello realmente desprotegidos ante los actos de atropello y retención», señalaban los activistas a Europa Press poco antes de embarcar.
Pese a todo lo sucedido, los activistas afirmaron ayer en un comunicado que su acción había sido «un éxito» porque habían roto el cerco mediático en torno a la situación saharaui. Horas antes, Fariñas reconocía que el objetivo de la delegación era «salir aunque sólo fuera en las últimas páginas de la prensa española».
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Salvador Sostres
¿Qué os esperabais?
Si iban a que les rompieran la cara para poner en evidencia al régimen dictatorial de Marruecos, puedo comprenderlo. Si lo que pretendían es ofrecer su cuerpo como prenda para que el mundo viera hasta qué punto los derechos civiles son pisoteados en aquél país bárbaro y equivocado, podría reconocerles algún tipo de épica.
Pero lo que resulta absurdo, e inadmisible por cierto, es la sorpresa, esas exclamaciones de indignación como de niña tonta en medio de una orgía. Si organizas una manifestación ilegal en suelo marroquí y contra Marruecos, lo mínimo que te puede pasar es que te partan la cara. Son las cosas que tienen las dictaduras. Y de hecho, lo normal es que te liquiden: o sea, que en el fondo, les ha salido barato.
Hay que combatir las dictaduras, pero la inteligencia tiene que formar parte de toda estrategia. No parece razonable ir a que te torturen un rato por desafiar -de un modo tan naïf y estéril- al rey de Marruecos, pero cada uno hace lo que quiere con su integridad física y eso también hay que respetarlo. Lo que está totalmente fuera de lugar es decir que no te lo esperabas y, sobre todo, no esperártelo.
A lo largo de este verano hemos conocido preocupantes ejemplos de una trágica adolescencia mental: los chicos que cruzaron por la vía del tren sin mirar y que fueron masacrados; los turistas del río mexicano, que murieron ahogados; y cuando ya creíamos que el colofón sería lo de los niñatos solidarios cuyo rescate nos ha costado siete millones de euros y la liberación a un terrorista, hete aquí el concierto inesperado de los mariachis del Sáhara, hoy ya de regreso en Canarias, humillados y magullados.
Lo que más esencialmente nos diferencia de los países atrasados no es la economía, sino el valor que concedemos a la vida humana. Y nos comportamos como atrasados y tercermundistas cada vez que banalizamos este valor y frívolamente nos ponemos en riesgo. Puedo reconocer belleza moral en quien pone la otra mejilla, pero muy poca inteligencia. No hace falta ser demasiado listo para saber que aquella manifestación no iba a conseguir ningún resultado positivo.
En tiempos de crisis y de preocupaciones mucho más trascendentes y graves que la manera de jugarse la vida de cuatro ociosos solitarios, el Estado español no debería perder ni un minuto en este tipo de inconsistencias gratuitas, completamente innecesarias, pero capaces de alimentarse las unas a las otras por el relieve político que consiguen.
En este momento, la maldad mundial sabe que España es un país que paga rescates, económicamente y liberando a terroristas; sabe que cuando su policía es insultada y agredida, en lugar de ponerse firmes y de hacer prevalecer la superioridad democrática que tiene cualquier país libre sobre los bestias totalitarios, manda a su ministro más visible a realizar transacciones con los tiranos y hasta a disculparse ante ellos. Bonito cartel internacional.
Si con todo lo que ha ocurrido últimamente todavía queda gente suficientemente hueca como para ir a jugarse la vida por nada, que lo hagan. Pero asumiendo el riesgo y pagándose por ellos mismos sus aventuras solidarias. España es un Estado serio y no una guardería de niños creciditos que aún no se han encontrado a ellos mismos.
Más críticas de UPyD e IU
> La diputada de Unión, Progreso y Democracia (UPyD), Rosa Díez, afirmó ayer que los incidentes en El Aaiún son «consecuencia de la política de sometimiento» que practica el Gobierno con Marruecos y le instó a dar una respuesta y a pedir explicaciones.
> El eurodiputado de IU, Willy Meyer, dijo que pedirá a la UE que se replantee sus relaciones con Marruecos. De la misma forma, pedirá al Gobierno español que se replantee sus relaciones con el país alauí y que asuma «de una vez por todas» el rol que le corresponde: ser garante del proceso de descolonización de los territorios ocupados.
Madrid
Nuevo enfrentamiento PSOE-PP sobre Marruecos

Los incidientes ocurridos ayer en El Aaiún desataron una nueva guerra de declaraciones y de enfrentamientos entre el PSOE y el PP, en cuanto a la política exterior que desarrolla el Gobierno con el país vecino.
Por un lado, el vicesecretario de comunicación del PP, Esteban González Pons, pidió ayer al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que la solución a los incidentes ocurridos no pase nuevamente por «un ministro en Rabat pidiendo perdón porque los españoles ejercen sus derechos fundamentales».

El portavoz del PP se ha preguntado «qué harán las comisarías compartidas de la Policía española con Marruecos, que se ha inventado Rubalcaba, cuando otros españoles vuelvan a sufrir malos tratos policiales en ese país».
Además, el dirigente popular anticipó que su partido llevará este asunto al Parlamento, y también aseguró que siempre que hay un problema de ciudadanos españoles con la Policía de Marruecos, «el Gobierno de España da la razón a la Policía marroquí, y lo ocurrido en El Aaiún es una repetición de la misma historia».
Por último, González Pons recordó que el Ejecutivo tiene la obligación de defender los derechos humanos «de todos en España y de los españoles en todas partes», y la Policía de Marruecos no defiende los derechos humanos de nadie.
Por el otro lado, la secretaria de Política Internacional y Cooperación del PSOE, Elena Valenciano, explicó ayer que si Marruecos había prohibido la protesta de los activistas españoles en El Aaiún es porque estos carecían del permiso al contar tan sólo con un visado de turista durante su breve visita al país africano.
En declaraciones a Europa Press, Valenciano explicó que, de momento, no se han confirmado los malos tratos de la policía marroquí a los españoles. «Sé que hay denuncias y que se ha hablado de maltratos policiales. Si es así habrá que ver qué ha pasado», explicó.
La dirigente socialista añadió que «hay que proteger los derechos fundamentales de los españoles, pero también tenemos que cumplir la ley cuando no estamos en nuestro país. Igual que los extranjeros cuando vienen a España», dijo.
Pero la dirigente socialista no se olvidó del portavoz popular. Valenciano indicó que de todo lo ocurrido lo que le parece «más llamativo» es que el vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, «siempre trate de agrandar los conflictos».
«Este verano es como si le hubieran nombrado antiembajador. Ante los conflictos» añadió Valenciano, «lo más inteligente es intervenir para resolverlos y no tanto agrandarlos o hacer grandes declaraciones que puedan complicarlos. Tenemos muy buena relación con Marruecos pero también al ser vecinos a veces hay tensiones que hay que resolver por la vía más inteligente, la de la conversación y la diplomacia, más que las declaraciones de Pons que pretenden avivar los fuegos». En este sentido, Valenciano dijo que el Gobierno sigue trabajando para mantener muy buenas relaciones.
C. ÁLVAREZ / Barcelona
Vilalta calificó de «salvajada» el rapto cuando fue liberado
Las primeras manifestaciones que hicieron por teléfono los cooperantes Albert Vilalta y Roque Pascual a los miembros del CNI en el momento de ser liberados dan fe de la dureza de las condiciones que vivieron durante su secuestro de nueve meses a manos de Al Qaeda.
La cadena de televisión catalana TV3 emitió ayer una grabación de la agencia Sahara Media en la que se reproduce con claridad la conversación telefónica que mantuvo Albert Vilalta con un miembro del CNI el domingo de su liberación, y cuando aún se encontraban los dos cooperantes en el desierto de Mali. En la grabación se escucha a Vilalta preguntando: «¿Parece que mañana [por el lunes pasado] ya volvemos?». Después responde a su interlocutor que ambos están bien de salud, para añadir de inmediato: «Pero esto ha sido una salvajada».
Vilalta aparece en las imágenes apoyado en su muleta y viste igual que Roque Pascual, con turbante y túnica. Éste, que perdió 23 kilos de peso durante el cautiverio, asiste impasible a la charla telefónica y sólo reacciona con un gesto, en el que parece tomar aire, cuando Vilalta le cuenta a su interlocutor que «había momentos de auténtica desesperación y de miedo, con todo lo del francés». El cooperante alude a la ejecución del ciudadano galo Michel Germaneau, que llevaba también varios meses secuestrado por Al Qaeda.
«Aguantar esto ha sido,... no te lo imaginas», sigue explicando Vilalta, y añade que el único modo de tirar adelante ha sido recurrir a «la fe y la ilusión y la confianza» en los agentes del CNI.
Roque Pascual, en otro momento de la grabación, también conversa telefónicamente, pero su emoción le impide decir algo más que «muy bien» y «muchas gracias por todo» con una voz entrecortada por los sollozos. De hecho, con una mano se tapa el rostro ante la cámara.
«Es que casi no nos creemos, que volvemos», concluye Vilalta en la grabación emitida por TV3.
Esta sensación de desconfianza ante la libertad también la compartió la otra cooperante que fue liberada el 8 de marzo, Alicia Gámez. Según recoge ayer El Periódico, la mujer dudaba de las intenciones de Mustafa Chafi, el mediador mauritano que negoció la libertad de los tres españoles, cuando la separó del grupo para devolverle la libertad.
Así, a medio recorrido de regreso y cuando se disponían a cruzar el río Níger en piragua, Gámez se negó a subir a la barca. Vencidas sus primeras reticencias, a partir de una discusión que mantuvo el negociador con el chófer que les conducía en el trayecto, la aprensión de la cooperante fue a mayores, y empezó repetidamente a preguntar «adónde me lleváis» y a afirmar «me habéis traído aquí para matarme». Según revela el mediador, en un momento dado Alicia le espetó: «Tú dices que soy libre, ¿no? Pues entonces, déjame tranquila. Quiero morir libre, en plena naturaleza» y echó a andar con un saco que cogió, desierto adentro. El mediador le gritó para que reaccionara, según cuenta, y así logró hacerla entrar en razón.
«Alicia, cuando estés en Barcelona, llámame y nos vamos un día a un restaurante», le dijo entonces Mustafa Chafi, a lo que ella replicó «No, yo nunca llegaré a Barcelona».





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