ELECCIONES GENERALES:Rajoy ya das forma a su Gobierno

Santiago
Rajoy ya da forma a su Gobierno
Desde su retiro vacacional en Vigo, el líder de la oposición ya tiene la mirada puesta en el comienzo del curso político. Para Mariano Rajoy no ha pasado desapercibida la amenaza de un posible adelanto electoral si el PSOE no consigue sacar adelante los próximos Presupuestos Generales. Y se muestra contundente sobre el tema: él está preparado para gobernar, e incluso tiene «algunas ideas» sobre quienes podrían acompañarle en su entrada a la Moncloa.
En una entrevista concedida al Faro de Vigo, el presidente del PP explicó que su equipo para dirigir el país estará formado por aquellos que sean «más capaces, más preparados y más competentes». Sin desvelar ningún nombre propio, porque «es muy pronto» para ponerle apellidos a sus acompañantes, Rajoy garantizó que irán los «mejores».
«Ni criterios territoriales, ni criterios de cuotas, ni absolutamente nada», según el popular, le desviarán de este criterio de calidad que tiene pensado aplicar hasta el punto de escoger «a ser posible, a unos que sean mejores que él».
Pero Mariano Rajoy sí empleó nombres propios durante la entrevista para referirse a dos asuntos que afectan directamente a la dirección de su partido: los candidatos a los gobiernos autonómicos de Valencia y Asturias.
Sobre la primera comunidad fue rotundo: «El señor Camps será el candidato a la Presidencia de la Generalitat». El actual president volverá a optar al puesto. El viernes lo dejaba entrever el secretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons , en Teulada. Ayer, Mariano Rajoy lo corroboró más allá de cualquier duda, incluido las referidas a su posible imputación por el caso Gürtel. Ocurra o no esa acusación judicial, «será el candidato y todo lo demás habrá que preguntarle a los que hablan por ahí».
A la hora de referirse a Asturias, sin embargo, la rotundidad de Rajoy dejó paso a su conocido carácter gallego. Álvarez Cascos «es una persona competente y capaz», dijo el jefe de la oposición. «Un clásico del PP». Alguien que «ha estado a las duras y a las maduras», prosiguió. Así que, en su opinión, «sería un gran candidato, como podrían serlo otros».
De todos modos, según Mariano Rajoy se trata de «un tema que no está todavía sobre la mesa», y que no depende por completo de él, sino que, antes de precipitarse, «habrá que ver la disposición del señor Cascos», indicó. Por el momento, su intención es «hablar» con el ex ministro, lo que «seguro» que les permite tomar una «una buena decisión».
El líder del PP quiso dejar claro que en el partido que dirige y preside no hay conflictos, ni por parte de Álvarez Cascos, ni por la de Aznar, por más expectativas que genere «en los medios de comunicación». Aseguró que la visita del ex presidente del Gobierno a Melilla no le ha molestado «en absoluto», en primer lugar porque le «llamo diciendo que le gustaría ir» y él le respondió que la idea le parecía bien.
Además, Rajoy recordó que, aunque es cierto que Aznar le «designó» como candidato, él ha salido victorioso de varios congresos a los que se ha presentado después, por lo que para él «no existe ese problema».
Durante la entrevista también se trataron los futuros pactos políticos que pueden surgir tras los comicios autonómicos en Cataluña. Si bien los populares no tienen posibilidades de presidir la Generalitat, su apoyo podría ser definitivo para devolver a CiU al Govern después de dos legislaturas en la oposición.
«Es necesario un cambio político en Cataluña y nosotros queremos ser un elemento decisivo», anunció el presidente del PP. Aunque no despejó las dudas acerca de si su partido podría servir de bisagra a las intenciones de Artur Mas, tampoco cerró las puertas a un acuerdo en el futuro.
A partir de los resultados que la formación consiga en las urnas «hablaremos, como hemos hecho en el País Vasco, para defender unas posiciones en las que cree mucha gente».
El presidente popular también se refirió a la mala valoración que, como líder, obtuvo en las últimas encuestas. En su opinión la culpa de estas puntuaciones se debe a que «éste es un país de muchas tertulias y el 95% se dedica a meterse con algún político». Es un tema que en el fondo no le preocupa demasiado porque «estar seis puntos por delante [del PSOE], como dice el CIS, no es un tema menor». Sobre todo si se tiene en cuenta que al «centro y al centro derecha nunca le fue fácil ganar unas elecciones».
MANUEL SÁNCHEZ / Madrid
El PP emplaza al Gobierno a cumplir ya con 25 mandatos del Congreso que ha eludido
El Grupo Parlamentario Popular registrará hoy en el Congreso una petición de comparecencia de la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, instándola a que explique por qué el Ejecutivo no cumple más de 25 mandatos aprobados en la Cámara Baja.
El PP emplazará al Gobierno a que asuma los acuerdos, aunque no tengan el voto del PSOE.Sigue en página 8
El Partido Popular ha tomado esta iniciativa ante lo que considera una actitud sistemática del Ejecutivo de ignorar la voz del Congreso, al no haber cumplido más de 25 mandatos del poder legislativo, aprobados legítimamente en pleno.
Además, la petición que firma la portavoz del Partido Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, se sustenta en el cumplimiento de una de las resoluciones aprobadas en el último Debate del estado de la Nación donde se acuerda que el Ejecutivo comparecerá al inicio de cada periodo de sesiones, previa remisión del correspondiente informe, para explicar «el grado de cumplimiento de las iniciativas que han contado con el apoyo de la Cámara en el periodo de sesiones anterior».
El PP, y algún otro grupo político, está indignado porque prácticamente ninguno de los mandatos aprobados en el Congreso por la oposición, y en los que el PSOE fue derrotado en número de votos, se ha cumplido.
En la misma resolución aprobada a mediados de julio por el Congreso se afirmaba que el Gobierno «se ha colocado en situación de primacía sobre el Parlamento, pervirtiendo con ello la equilibrada separación de poderes que recoge nuestra Constitución».
También se afirma que, con esta actitud, «el Gobierno socialista trata de silenciar el papel del Parlamento, haciendo oídos sordos a sus mandatos, e ignorando las obligaciones derivadas de las propuestas aprobadas por la Cámara».
El Partido Popular, además, ha elaborado un exhaustivo informe con todos los incumplimientos de los acuerdos adoptados por mayoría en el Congreso tanto en mocios presentadas como en Proposiciones no de Ley.
En este sentido, destaca que el Ejecutivo ha hecho caso omiso a mandatos del Legislativo tan importantes como «permitir que las Pymes y autónomos no paguen el IVA por las facturas no cobradas, reducir el número de altos cargos en el Gobierno, rectificar la congelación de las pensiones y mantener su poder adquisitivo, o presentar en el Parlamento un plan global contra la crisis».
A esta lista se pueden sumar otras iniciativas referidas a la reducción de módulos en el IRPF e IVA, medidas para impulsar la Formación Profesional, la mejora de la transparencia de las estadísticas del paro registrado, apoyo a la oposición democrática en Cuba, etcétera.
En el informe se explica, punto por punto, cada acuerdo aprobado por el Congreso a iniciativa del PP o al que se ha sumado el PP y ha tenido mayoría en el pleno del Congreso -siempre con el voto del PSOE en contra-, y sólo en muy pocos casos se admite un cumplimiento muy parcial de los mismos o algunos puntos de las iniciativas secundadas por el pleno del Congreso.
El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy; y la propia portavoz parlamentaria, han interpelado en más de una ocasión en la sesión de control tanto a José Luis Rodríguez Zapatero como a De la Vega por estos incumplimientos, pero ahora la iniciativa política parece que será de mayor calado.
Además, en esta postura el PP cuenta con el respaldo de prácticamente todos los grupos de la oposición, que ven como los acuerdos de pleno quedan en papel mojado y no pasan de ser un juego político de cada semana plenaria para ver si el grupo que sustenta al Gobierno queda en minoría o no.
Por ello, aunque el Partido Socialista se opusiera a la comparecencia de la vicepresidenta primera, es más que probable que se vea obligada a acudir a la Comisión Constitucional, con un informe preceptivo del grado de cumplimiento, porque la iniciativa popular tendrá un amplio respaldo en la Cámara.
A FONDO
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
Zapatero ante su año más difícil
El presidente del Gobierno afronta los meses más duros desde que llegó al poder. Eso se dice siempre que comienza un nuevo curso político. Pero, en este caso, es la pura verdad.
Convaleciente todavía del Pearl Harbor económico del mes de mayo; pendiente del frágil hilo del PNV para sacar adelante unos presupuestos de adelgazamiento acelerado; acosado por los sindicatos que ya calientan la huelga general del 29-S; cuestionado por alguno de sus barones, como Tomás Gómez, que ha obligado al PSOE de Madrid a organizar primarias para elegir el candidato a la Comunidad; castigado por las encuestas, que dan al PP la mayor ventaja desde que gobiernan los socialistas, y teniendo que lidiar el complicadísimo astado de Cataluña, con unas elecciones que le auguran una derrota estrepitosa al PSC, José Luis Zapatero tiene el reto de aguantar el tirón en las autonómicas y municipales de 2011, conservando sus feudos, como única posibilidad de poder optar a la victoria en 2012.
Aunque ETA pueda dar alguna sorpresa en las próximas semanas, anunciando la tregua que sería utilizada por Batasuna para pedir su legalización, la economía sigue siendo la asignatura fundamental. Y Cataluña. Ahí, en esos dos grandes asuntos, es donde Zapatero se la juega.
Y en ambos, el denominador común, el elemento que determinará el juicio de los ciudadanos sobre la capacidad del presidente, es la credibilidad. En definitiva, saber qué modelo económico y qué modelo de Estado quiere Zapatero y los pasos que está dispuesto a dar para consolidarlos.
Quien haya tenido la oportunidad de conversar con el presidente en los últimos tiempos se habrá dado cuenta inmediatamente de un cambio radical en su discurso. Antes, lo fundamental eran las políticas sociales, su voluntad de utilizar el gasto como instrumento de una política de izquierdas a la vieja usanza. Ahora no. Zapatero ha convertido el déficit público y la deuda en su particular Moby Dick. «Vamos a alcanzar el 6% de déficit en 2011. A ese objetivo no vamos a renunciar. Y si podemos bajarlo más, lo haremos».
Sabe ya el presidente -a la fuerza ahorcan- que los mercados (aquellos malvados a los que se pretendía domesticar con el látigo de la socialdemocracia) son jueces implacables. Premian la austeridad, castigan el despilfarro. El diferencial con Alemania, esa especie de leviatán con el que antaño amenazaban conspicuos expertos, probablemente antipatriotas, ahora es moneda común en La Moncloa. Cada cien puntos básicos en el diferencial con el bono alemán cuestan al Estado 1.700 millones al año. Es decir, más de lo que se ahorrará en dos años con el recorte del 5% en el sueldo de los funcionarios.
Los malditos mercados, que son los que hacen subir o bajar el listón de ese diferencial, juzgan a Zapatero, como a cualquier otro gobernante, por su capacidad de cumplir sus objetivos. Cualquier reforma que ayude a cumplir el recorte del déficit a medio plazo, se premia, al igual que castigan las decisiones que lo dificultan.
Aquí viene la primera dificultad de Zapatero para ganar credibilidad. Mientras Salgado envía mensajes de austeridad, el todopoderoso JoséBlanco se rectifica asimismo y afirma que habrá 700 millones más para obra pública sobre el recorte anunciado con su frase lapidaria: «Ya nada volverá a ser como antes».
El presidente afirma que ese caramelo a la obra pública no significará más déficit, sino que proviene del ahorro que en las arcas públicas tendrá el menor coste de financiación de la deuda. Pero, como se ha visto, esos mensajes contradictorios lo que hacen es aumentar el diferencial con Alemania, lo que, consecuentemente, imposibilita el ahorro en el coste de la deuda.
En La Moncloa, no obstante, no se ha perdido la costumbre del optimismo. Se apuesta por un crecimiento cero en el tercer trimestre y por un crecimiento en torno al 0,2% en el último. Es decir, que el PIB en 2010 se cerraría con -0,3% ó -0,2%. Lo que no estaría nada mal, teniendo en cuenta las previsiones de los organismos internacionales, las agencias de rating e incluso el Banco de España.
Yo no sería tan optimista. Ni el mago Merlín podría prever con certeza lo que ocurrirá en los próximos meses. Las señales son contradictorias y muy preocupantes. Sobre todo, si se mira a Estados Unidos.
Hay cosas que el Gobierno no puede controlar, como lo que ocurre en la primera economía mundial o las pobres expectativas de Francia o Reino Unido (Alemania es la honrosa excepción). Sin embargo, lo que sí está en las manos del presidente es llevar a cabo las reformas a las que se ha comprometido. Concretar más las causas de despido en la reforma laboral o pactar con el PP la reforma de las pensiones, junto a un recorte presupuestario creíble, son los baremos por los que se va a medir a España en los próximos y cruciales meses. Para lograrlo, Zapatero tendrá que imponer cierta disciplina a sus ministros, que parecen jugar sus propias bazas, lo que erosiona su liderazgo.
Respecto a Cataluña, por desgracia nada ha cambiado. El discurso sigue siendo el mismo. El presidente cree que la sentencia del Constitucional ha abortado la posibilidad de cerrar ese contencioso histórico y asume que la mayoría de la población catalana siente a Cataluña como nación.
La segura derrota del PSC y, por tanto, la victoria de CiU abocan a una escalada de la tensión. Sobre todo, porque desde La Moncloa se asume que el Estatuto fue el fruto de un pacto de Estado frustrado por el TC.
Como se afirma en Moncloa, el gran problema de España en el próximo cuarto de siglo no será ni la economía, ni ETA, sino Cataluña. Lo preocupante es que el presidente descarta un pacto de Estado con el PP sobre el modelo de Estado y circunscribe la relación con España a lo que se decida dentro de esa comunidad, o nación, en un sentido histórico y cultural, como diría Zapatero.
El presidente cree que la mejor forma de recuperar el diálogo, la incardinación de Cataluña en España, es dejar en agua de borrajas la sentencia del Constitucional. Lo que equivale a la vulneración del fallo y a la modificación de hecho del modelo de Estado que establece la Constitución.
En esos dos grandes asuntos Zapatero lo tiene difícil. No porque tenga poco tiempo, sino por la complicación de adaptar sus convicciones a sus intereses electorales. Aunque, para 2012, presume: «Mi gran ventaja se llama Mariano Rajoy».





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