EL SOCIALISMO DE ZAPATERO Y MONTILLA PROHIBE LOS TOROS: El PSOE se corforma con la prohibición

P. SIMÓN / D. VIGARIO
Madrid / Mérida
El PSOE decidido a conformarse con la prohibición en Cataluña
Dirigentes socialistas critican la «hipocresía» del Parlament, pero se niegan a respaldar la iniciativa promovida por el PPLa prohibición de las corridas de toros en Cataluña -consagrada el miércoles en el Parlament- encontró ayer respuesta verbal desde las filas del socialismo.
Varios dirigentes del Partido Socialista alzaron la voz, criticaron el veto impuesto y tildaron de «contradictorio» e «hipócrita» el hecho de que la Fiesta Nacional quede proscrita en tierras catalanas y, en cambio, se mantengan festejos taurinos populares como el correbous, que consiste en perseguir a un astado con los pitones envueltos en llamas y tratar de manipularlo con empujones y tirones del rabo.
Aunque Francisco Caamaño, ministro de Justicia y contrario a la prohibición, dijo que «estudiarán» la propuesta del PP de blindar las corridas en España, ningún portavoz fue más allá y se llevó el toro a los medios para ofrecer una salida a la tauromaquia en Cataluña.Sigue en pág. 4
La opinión más rotunda llegó de una ministra, Ángeles González-Sinde, que ejerció de titular de Cultura y de aficionada para defender lo que ella considera un patrimonio. «Desde luego que los toros son cultura», señaló Ángeles González-Sinde. «No lo comparto [la prohibición]. Las corridas tienen muchísimo sentido y vigencia en pleno 2010», declaró la ministra a la Cadena Ser. «Son una expresión y una representación de la vida, un ritual que nos enfrenta a dilemas de la existencia muy profundos. Vivimos en democracia y respeto completamente lo que los representantes de los votantes han decidido, pero no hubiera sido mi deseo».
Las voces socialistas se dejaron sentir justo el mismo día en que el PP presentaba en el registro del Congreso de los Diputados su proposición de ley para proteger las corridas a nivel estatal.
A pesar de que ninguna autoridad socialista cruzó esa raya y aplaudió la iniciativa, lo cierto es que hubo más opiniones críticas. «No es razonable la prohibición de lo que se puede entender como una tradición en el seno de la sociedad española y de la catalana», dijo Chaves, quien destacó que la competencia sobre los espectáculos públicos taurinos es exclusiva de las comunidades autónomas. Aunque la consigna en el PSOE es no hacer batalla interna del asunto -las elecciones autonómicas catalanas serán presumiblemente en noviembre-, algunos otros dirigentes de los que frecuentan los tendidos se lanzaron con algo menos de tibieza al ruedo.
«Un error»
Los más claros fueron José Antonio Pastor, portavoz parlamentario del PSE, y el diputado socialista Juan Luis Rascón.
El primero, en declaraciones a Radio Euskadi, destacó la «dosis de hipocresía» de una abolición pensada de plaza adentro, pero olvidada de puertas afuera (en referencia a los correbous). A juicio de Pastor, se intenta «identificar los toros con una fiesta española y contraponer eso con otras fiestas más nacionalistas», lo que consideró «un error».
El segundo salió al quite con un artículo publicado en su página personal de internet. «Lo que no entiendo bien es el empeño de prohibir sin necesidad y, más todavía, prohibir las corridas de toros, pero no los demás espectáculos degradantes de ese animal», escribe Rascón. «¿Se esconde algo en esa decisión parlamentaria contradictoria e inconsecuente?».
Desde Leire Pajín, secretaria de Organización del PSOE, hasta Tomás Gómez, secretario general de los socialistas madrileños, los alegatos anti-prohibicionistas se sucedieron ayer más o menos sinceros, más o menos rotundos.
La reseña histórica fue cosa del consejero andaluz de Gobernación y Justicia, Luis Pizarro. Su recuerdo fue para Antonio Capmany, diputado por Cataluña en las Cortes de Cádiz (1812) que defendió la fiesta de los toros ante una prohibición de Manuel Godoy: «Si Capmany levantara la cabeza, estaría extrañado, muy desagradablemente extrañado... No se puede legislar para prohibir que la gente pueda voluntariamente acudir a los toros, a un partido de fútbol o donde le apetezca desde el punto de vista personal».
Más allá de las palabras fue el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, quien defendió la declaración de la fiesta taurina como Bien de Interés Económico, por el volumen de negocio que mueve este sector en esta comunidad.
El dirigente socialista aseguró que, más por sus implicaciones culturales o tradicionales, las corridas «significan un gran bien económico», ya que, por ejemplo, en Extremadura pastan más de 120 ganaderías de reses bravas, se celebran al año más de 900 espectáculos taurinos, cuenta con más de 40 plazas de toros permanentes, que generan mucho empleo, y se forman en sus dehesas futuros profesionales del toreo.
El CO2
En este sentido, el presidente extremeño indicó que la fiesta taurina «contribuye a compensar el CO2 que producen las industrias en otros sitios donde no discuten sobre CO2 [en referencia a Cataluña] pero sí sobre los toros, así que no sé que hubiera pasado si los campos de Cataluña estuvieran llenos de reses bravas», declaró en su blog, donde en cualquier caso mostró su «respeto» por el pronunciamiento de un Parlamento que representa a una comunidad autónoma. «Porque es el valor de la democracia y para que mañana otros respeten las que tomemos los demás».
En cualquier caso, Vara auguró que los aficionados a los toros catalanes «siempre podrán poner la tele y ver lo que les gusta o a través de internet, aunque quizás», continuó, «algún día alguien proponga que se prohíban en la tele o en internet. ¿Qué seguimos prohibiendo mañana?», criticó.
Para finalizar, confesó: «A mí me gustan los toros, soy aficionado, que no entendido, y respeto mucho a los que no lo son, pero me gustaría que ellos no decidieran por mí ni yo obligarlos a ellos».
OORBYT.es
>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el análisis de Eduardo Álvarez sobre las posturas de los partidos ante la prohibición.
pío gARCÍA-ESCUDERO
Prohibir
una emoción
Escribo después de ver por televisión el desarrollo del debate y la posterior votación en el Parlamento de Cataluña sobre la prohibición de las corridas de toros. Y experimento un conjunto de sentimientos diferentes.
El primero es la impresión de que se ha producido un recorte de libertades. Porque, si en el peor de los casos, todavía hay en Cataluña afición a los Toros, aunque sea minoritaria, ¿por qué prohibirles asistir a su espectáculo favorito?
¿No bastaría simplemente con que no vayan aquellos a los que no les gusta? ¿Volvemos al franquismo, que prohibió sin resultados las capeas y los encierros? ¿A los tiempos de reyes y papas que prohibieron las corridas sin conseguir su eliminación?
Mi segundo sentimiento es pensar que si lo que se pretende es evitar el dolor del toro durante la lidia, (cosa muy discutible, según estudios de científicos de gran relieve), estamos ante un acto de enorme hipocresía.
¿Por qué se consienten entonces la caza, la pesca, los circos, los zoológicos, las granjas en las que se apiñan, estabuladas, especies como la porcina, ovina, vacuna, aviar... destinadas todas ellas a morir en un matadero sin gloria ninguna?
¿Es que estos animales no sufren privados de su medio natural, y alimentados artificialmente? ¿Es que no sufre un profundo estrés un caballo de carreras durante la competición? ¿Es que no sufre una oca cuando se la obliga a comer hasta casi reventar, para obtener un foie que deleite a los gourmets?
El toro de lidia, el toro mítico, el toro atávico, el toro que es tradición en Cataluña desde hace más de 2.000 años, vive como un rey durante cuatro años en la dehesa, siendo la garantía de la conservación de un espacio medio ambiental único en el mundo. Y muere combatiendo con honor, permitiendo la realización de una obra de arte.
Y así está reconocido por el Gobierno de España en la entrega de las Medallas de las Bellas Artes todos los años, al haber una al mérito taurino, igual que las hay para la música, la literatura, la poesía, el teatro, el cine, la escultura, la pintura...
Mi tercer sentimiento es pensar que han prohibido una emoción. La misma emoción que siente uno ante el Guernica del Picasso que quiso ser toro y se convirtió en minotauro. O ante Los Fusilamientos del 3 de Mayo, del Goya que firmaba Francisco, el de los Toros.
La misma emoción que se experimenta en una plaza de toros, cuando se produce la comunión perfecta entre los tres protagonistas de la Fiesta: el torero, el toro, y el público.
Cuando se convierte en arte la embestida de un toro. Cuando asistimos a una faena ligada, de secuencia concebida como una pieza única, en una concatenación de pases como los versos de un poema, o las notas musicales de una sinfonía.
La emoción que produce la obra de arte, la pieza única, el encadenado de los pases, el toreo por bajo, el nacimiento del temple, el final atrás, la curva completa, acabar un pase donde empieza otro, convertir una misma embestida en una serie completa: el natural, el de pecho, el molinete, el pase de las flores, el kikiriki, el desplante, el irse del toro con elegancia...
Os lo han prohibido, os han prohibido una emoción, amigos aficionados de Cataluña. A partir de ahora tendréis que ir a buscarla a plazas francesas como Ceret, donde no hay nacionalismos absurdos y excluyentes.
A una plaza en la que ondean simultáneamente las banderas de Francia, de España, y la Senyera. Tendréis que ir de manera clandestina, como se iba a ver películas prohibidas durante la Dictadura.
Y todo porque se ha querido prohibir la Fiesta por su carácter español, cuando es una Fiesta universal. Os acompaño en el sentimiento, queridos amigos.
Y también a los millones de aficionados a los toros de 8 países de Europa y América. Porque el miércoles fue un día de luto en el orbe taurino.
El PP invoca el 'interés turístico' de los toros
CARMEN REMÍREZ DE GANUZA / Madrid
El Grupo Popular justificó ayer la necesidad de regular la «protección» de la Fiesta en toda España por «su interés cultural y turístico».
Así lo estableció en el texto finalmente registrado en la Cámara, con el que pretende anular la prohibición de las corridas en Cataluña, mediante la modificación del artículo uno de la vigente Ley 10/199 de 4 de abril, que ahora sólo regula las potestades administrativas relacionadas con la organización de los espectáculos taurinos.
Tal como informó este diario, los populares invocan los «valores» constitucionales de la libertad y la igualdad de todos los españoles. Pero además, en su exposición de motivos, subrayan la necesidad de complementar «el derecho» de los ciudadanos a acceder a la cultura en condiciones de igualdad, con «el deber» del Estado de garantizarlo.
Así, la apuesta popular radica, primero, en la consideración de las corridas como «parte esencial de nuestro patrimonio cultural y turístico», y, segundo, en la necesidad de «recordar» el deber de su tutela y promoción por parte del Estado.
Sobre el interés cultural y turístico de los toros, los populares argumentan que «dentro de la riqueza del acervo cultural español, la fiesta de los toros es una de las manifestaciones más importantes y con mayor tradición y atractivo turístico». «Su reconocimiento popular», añade el escrito registrado ayer, «y su repercusión en otro tipo de actividades artísticas llega, sin excepción, a todas las partes del territorio nacional y ha trascendido a nuestras fronteras, convirtiéndose en una de las principales señas de nuestra expresión cultural y en un importante atractivo turístico».
Sobre la función del Estado, aseguran que «resulta especialmente necesario en estos momentos garantizar su protección por parte de los poderes públicos». Y para ello, proponen incorporar al artículo uno de la citada Ley que «el Estado, en el uso de sus competencias exclusivas, en virtud de lo dispuesto en los artículos 149.1.1, 149.2 y 44 de la Constitución Española, deberá garantizar la igualdad de los españoles en el ejercicio de su derecho al acceso a la Fiesta, como parte de nuestro patrimonio cultural, en todo el territorio nacional».
Además, el Grupo Popular insta a modificar la Disposición Adicional para dejar constancia de que «lo establecido en la presente Ley será de aplicación general», por encima «de las disposiciones específicas que puedan dictar las Comunidades Autónomas con competencia en la materia». «Cualquier cambio en el régimen especial de protección de la fiesta de los toros exigirá una ley aprobada por las Cortes», subraya.
Por último, y a través de una nueva Disposición Adicional a la Ley reguladora de los espectáculos taurinos, los populares dejan sentado que «el Gobierno aprobará los instrumentos de protección necesarios, en atención al interés cultural y turístico, tanto nacional como internacional». Se trata de impulsar la aprobación de mociones como la anunciada por el Grupo Popular en el Senado, instando al Ministerio de Cultura a declarar las corridas bien de interés cultural, o a promover su reconocimiento por parte de instituciones como la Unesco.
Entretanto se tramita su iniciativa, y en caso de fracaso, las fuentes consultadas en el Grupo Popular no descartaban ayer un posible recurso ante el Tribunal Constitucional. «Cada cosa a su tiempo», decían.
Su portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría -que pese a declararse no aficionada, ayer acudió a la plaza de toros de Santander, junto al presidente del PP del País Vasco Antonio Basagoiti y su anfitrión, el alcalde Íñigo de la Serna, instó a los diputados socialistas a que voten «en bloque» su proposición de ley.
De lo contrario, los parlamentarios socialistas «tendrán que dar explicaciones» sobre su postura, dijo la dirigente popular, quien insistió en que lo que su partido defiende es «la libertad». «Que la gente a la que le guste los toros pueda verlos, y la que no les guste, no», afirmó, según informa Europa Press.
Pío García-Escudero es portavoz del PP en el Senado.
R. VILLARREAL / San Carlos de la Rápita
Los 'correbous', más numerosos que nunca en la provincia de Tarragona
Lejos de los mullidos sillones donde se decidirá la suerte de los correbous, en un enorme andamiaje tubular -similar a los que se emplean en la restauración de edificios- cerrado en forma de cuadrado, San Carlos de la Rápita (Tarragona) vive sus tradiciones con una mezcla de estupor y malhumor por la horda de medios de comunicación que han convertido el epicentro de sus fiestas mayores en una de las noticias de apertura de los informativos. Se sienten prejuzgados y, además, temen que el trasiego de periodistas termine por dar alas a quienes llevan décadas intentando terminar con un espectáculo con fervientes partidarios y furiosos detractores.
En el centro de la sorprendente estructura, un grupo de unos 50 jóvenes se protege de los vanos intentos de la bestia por cornearles. Ni ellos, involucrados en un pasatiempo ancestral en esta tierra, ni por supuesto el toro, se preocupan en absoluto por los navajazos políticos que se están cruzando sus señorías en la capital de Catalunya.
El Parlament ha decidido desterrar las banderillas, el tercio de varas y los estoques en las plazas de Cataluña, pero prefiere mirar hacia otro lado cuando se trata de toros que con cierta frecuencia sufren quemaduras, desgarros, traumatismos y fracturas en las calles durante los denominados correbous, muy tradicionales en el sur de la provincia de Tarragona.
Totalmente ajenas a la prohibición de las corridas, miles de personas se congregaron el miércoles y el jueves, y lo harán durante toda la semana, junto al campo de fútbol de San Carlos de la Rápita para participar en el correbou, como siempre, durante las fiestas mayores hasta donde alcanza la memoria de los más ancianos. En San Carlos corren delante del toro embolao, al que atan con una soga mientras colocan sendas antorchas empapadas con material inflamable en las astas a las que posteriormente prenden fuego. El animal, asustado, desesperado y desorientado, embiste todo lo que se le ponga por delante.
Barcelona está prácticamente a 200 kilómetros de esta localidad costera de Tarragona y 200 kilómetros es un mundo para una población que se siente más cercana a Vinarós o Benicarló, en la Comunidad Valenciana. «Yo puedo asumir que en Barcelona no entiendan nuestra pasión por los correbous; lo único que pedimos, en democracia, es que nos respeten y que nos dejen mantener nuestras tradiciones y nuestra cultura», explica a EL MUNDO Miquel Alonso (PSC), alcalde de San Carlos, que gobierna en coalición con ICV.
Los antitaurinos consideran una salvajada la costumbre del toro embolado -al igual que los astados que terminan en el mar, como en L' Ampolla, o las reses ensogadas y estiman que también ocasiona gran sufrimiento al animal, pese a no causarle la muerte, por lo que no entienden el doble rasero de prohibir las corridas de toros y mantener los correbous, una tradición centenaria que está a la espera de un blindaje, también bendecido por el Parlament, que garantice su subsistencia.
El delegado territorial de la Generalitat en el sur de Tarragona, Lluis Salvadó (ERC), fue el impulsor de un código de buenas prácticas para regular los festejos taurinos en la calle pactado entre la clase política, los ganaderos y colectivos del mundo del toro. Un código que es el germen del futuro blindaje de los encierros «como normativa básica para evitar el maltrato del animal».
Ni siquiera los partidos más activos a favor de la prohibición, ERC e ICV, que dieron muestra de ello el miércoles, se atreverían a plantear una medida similar para los encierros en el sur de Tarragona: «Sinceramente», reflexiona Alonso, «dudo mucho de que aquí alguien fuese capaz de salir a la calle y decir que prohíbe los correbous».
Las poblaciones del sur de Tarragona no están dispuestas a dar su brazo a torcer, ni con iniciativas populares de recogida de firmas, ni sin ellas, ya que entienden que la sensibilidad a favor de estos festejos es unánime. Si siguen por el camino de la intolerancia, se van a encontrar a más de 100.000 personas, que es la población de las Tierras del Ebro, en pie de guerra», advierte el alcalde de San Carlos.
Los defensores de los correbous, que ya han capeado numerosas denuncias en el pasado, advierten que «habrá conflictos muy graves» en caso de persistir la persecución en forma de manifestaciones masivas o incluso, si la tensión sigue subiendo, la tesitura de «abandonar Cataluña e integrarnos en la Comunidad Valenciana. Todo menos el menosprecio a nuestra idiosincrasia», amenaza Miquel Alonso.
ALEJANDRO D. ZAJAC / Madrid
Todos ven la sombra nacionalista
La sombra del nacionalismo catalán que se proyecta sobre la prohibición de las corridas de toros no escapó a los ojos de la prensa extranjera. Muchos medios destacaron ayer que la decisión del Parlament fue un triunfo de los derechos de los animales. Sin embargo, fueron aún más los que observaron, escondida detrás del burladero, una decisión política de distanciarse del resto de España





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