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jueves, 29 de julio de 2010

EL SOCIALISMO DE ZAPATERO Y MONTILLA PROHIBE LOS TOROS: El PP emplaza al PSOE a anular la prohibición en el Congreso



CARMEN REMÍREZ DE GANUZA MANUEL SÁNCHEZ / Madrid

El PP emplaza al PSOE a anular la prohibición en el Congreso
El PP invocará en el Congreso la igualdad en el acceso a la Fiesta

Zapatero embusteroPresenta una proposición de ley para proteger la Fiesta como «manifestación cultural» a la que tienen derecho los españoles
Reta al PSOE a regularla como competencia exclusiva del Estado

El Grupo Popular presentará en los próximos días en el Congreso una proposición de ley para blindar la Fiesta de los toros como una competencia exclusiva del Estado en todo el territorio nacional.

La iniciativa, que fue ayer anunciada por Mariano Rajoy desde San Fernando (Cádiz), a los pocos minutos de confirmarse la prohibición de las corridas en Cataluña, llevaba cocinándose desde el primer intento frustrado en el Parlament de junio de 2006. Con ella, los populares emplazan ahora al PSOE a desmarcarse del PSC y a anular en las Cortes la prohibición acordada en Cataluña.Sigue en página 6

El propio Rajoy, quien ofreció iniciativas de «libertad» frente al «recorte de derechos de los españoles», dijo esperar que el PSOE se «retracte, no como ha hecho en Cataluña», y «deje claro si es un partido nacional, que cree en la Nación y en la igualdad de todos los ciudadanos», según informa Ana María Fopiani.

Se trata de una «proposición de ley de obligado cumplimiento para garantizar el derecho de los ciudadanos a asistir a los toros en condiciones de igualdad y libertad en todo el territorio nacional». Así la define el borrador, basado en la defensa de dos derechos constitucionales básicos: la igualdad de los españoles y el acceso a la cultura, entendiendo la Fiesta como parte de ella, y no como un mero espectáculo.

Precisamente por ello, lo que técnicamente propone el PP es una modificación de la Ley 10/1991 del 4 de abril, sobre las potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos. Una ley que, en su texto actualmente en vigor, está más enfocada a las potestades de Interior que a las propias de Cultura.

Así, la proposición invoca tres artículos de la Constitución. A saber: el 149.1.1, que define la «competencia exclusiva del Estado en la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes constitucionales»; el 149.2, que «sin perjuicio de las competencias que podrán asumir las comunidades autónomas, el Estado considerará el servicio de la cultura como deber y atribución esencial»; y, por último, el 44.1, por el que «los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho».

«Los españoles tienen derecho a acceder a la cultura y a disfrutarla en condiciones de igualdad», declaraba ayer a este diario la portavoz del Grupo, Soraya Sáenz de Santamaría, quien prometía que «el PP defenderá esa libertad y esa igualdad porque es un mandato constitucional».

Zapatero embustero

Además, la portavoz retaba a los socialistas a apoyar la iniciativa: «Y el PSOE, si está diciendo lo que dice a nivel nacional, confiamos en que apoye esta iniciativa, y le tomamos la palabra a los dos vicepresidentes, Chaves y De la Vega, que se han mostrado contrarios a la prohibición de los toros, para que garanticen este derecho».

Claro que en el emplazamiento la portavoz incluía la crítica, primero, a José Montilla por «su doble discurso, que demuestra que no tiene ni palabra ni criterio», pero también contra el propio PSOE, «que dice una cosa allí y otra acá, según el momento».

Entretanto, y junto a la proposición de ley, los populares estudian otras iniciativas en respuesta a la prohibición de las corridas en Cataluña. Una de ellas es el recurso ante el Tribunal Constitucional. Otra, la presentación de mociones para instar al Gobierno a arbitrar distintos mecanismos de protección de la Fiesta, sea declarándola de interés turístico nacional e internacional, sea de bien de interés cultural.

Ésta última fue ayer, de hecho, la respuesta del Grupo Popular en el Senado, cuyo portavoz, Pío García-Escudero, anunció la presentación de una moción en la que se solicitará al Ministerio de Cultura el reconocimiento del carácter cultural de la Fiesta de los Toros y el dictado posterior de normas para su protección.

En su moción, también se pedirá al Gobierno de España que inicie las gestiones oportunas tendentes al reconocimiento de la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Fiesta, al igual que se está haciendo en otros países como Francia.

Por su parte, desde el PP catalán Alicia Sánchez Camacho -que ha mantenido estos días un estrecho contacto tanto con Rajoy como con Sáenz de Santamaría- confiaba ayer en que estas inminentes iniciativas en el Congreso y en el Senado permitan dar marcha atrás a la votación en el Parlament. Según explican fuentes del PP catalán, la prohibición de torear en Cataluña no será efectiva hasta el 1 de enero de 2012. Calculan que, por tanto, se dispone de un año y medio para impulsar estas reformas legislativas, según informa Leonor Mayor.

Por su parte, el Grupo Parlamentario Socialista no quiere precipitarse en este asunto y tomar decisiones legislativas que cree complejas. Según fuentes de la dirección socialista en el Congreso, a día de hoy no se contempla impulsar una ley para regular la Fiesta que, implícitamente, pudiera derogar la prohibición de las corridas en Cataluña. Tampoco se pronunciará sobre la propuesta popular, hasta conocer su contenido. Sólo a título individual, su portavoz, José Antonio Alonso, se mostró en contra de la prohibición de la Fiesta.

JORGE DE ESTEBAN

Hacia el totalitarismo

Hace años, durante la horrorosa postguerra franquista, cuando ampliaba estudios en el extranjero, hastiado de un país totalitario del que me evadí -porque casi todo estaba prohibido- tuve que responder muchas veces a las preguntas que me hacían los extranjeros sobre la tradición taurina en España.

Muchos de mis interlocutores sostenían la tesis de que las corridas de toros, con tanto auge entonces, eran producto del subdesarrollo económico y que, a medida que España conociese la modernización, acabarían desapareciendo. Nadie, -sostenían- querría jugarse la vida si era posible dedicarse a una ocupación menos peligrosa.

España es uno de los 10 países más desarrollados del mundo y los toros continúan atrayendo el fervor de muchos españoles y también de extranjeros. ¿Qué significa entonces esta supervivencia de la Fiesta? Pues simplemente, que forma parte del patrimonio cultural -guste a unos y a otros no- de nuestro país. Tierno Galván llegó a escribir, tal vez exageradamente, que «los toros son el acontecimiento que más ha educado social, e incluso políticamente, al pueblo español». Sea lo que fuere, el hecho es que la afición a los toros ha marcado profundamente la literatura, la poesía, la escultura o la pintura españolas, confiriendo así un rasgo característico a nuestra cultura que la hace especialmente atractiva para los ciudadanos de muchos países.

Por consiguiente, al margen de la posible crueldad para unos del espectáculo taurino, el arte que comporta su práctica, que hizo inspirarse a poetas como Lorca, forma parte del patrimonio histórico, cultural y artístico que el artículo 46 de la Constitución obliga a que los poderes públicos garanticen radicalmente. Y, más adelante, el artículo 149.1.28, insiste en la misma idea, señalando como competencia exclusiva del Estado la «defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español»; dejando, en su caso, únicamente a las comunidades la gestión de ese patrimonio pero, en ningún caso, la legislación y, menos aún, la prohibición de cualquiera de sus facetas. En consecuencia, el Parlamento catalán, que, tras la entrada en vigor del desdichado Estatut, se halla borracho de soberanismo, se ha excedido en una competencia que no le corresponde, pero de la que se ha apropiado en su artículo 127. Al mismo tiempo, la Generalitat no deja de dar pasos hacia el alejamiento de España y de acercamiento al totalitarismo.

Los aficionados catalanes pueden sortear esta prohibición acudiendo a las plazas de toros del sur de Francia, de igual modo que hace 50 años se iba a ver a Perpiñán las películas prohibidas por el franquismo o, en todo caso, les cabe esperar a que se apruebe una ley estatal que garantice lo expuesto en el artículo 46 de la Constitución.

MANUEL MARRACO / Madrid

Asomada a la inconstitucionalidad

Expertos juristas creen que la norma choca con varios preceptos de la Carta Magna

La fiesta de los toros ha perdido plaza en Barcelona, pero podría ganarse un hueco en el Tribunal Constitucional. La mayoría de los expertos juristas contactados ayer por este diario considera que un recurso de inconstitucionalidad contra la nueva ley tendría un claro recorrido.

«La inconstitucionalidad de la ley es defendible por la alteración profunda en una costumbre social arraigada», se arranca José Gabaldón. El ex vicepresidente del Tribunal Constitucional estima que la prohibición «puede afectar a la igualdad de los españoles». El hecho de declararse poco o nada aficionado a la Fiesta Nacional no le impide trascender al más estricto aspecto jurídico y afirmar que la ley recuerda a «criterios dictatoriales que intentan imponerse a las costumbres sociales».

En esa misma línea se expresa Álvaro Rodríguez Bereijo, ex presidente del TC, que considera que el recurso «tendría fundamento». «Es cierto que las comunidades son competentes en materia de actividades recreativas y espectáculos, pero no está nada claro que el Estado no tenga competencia alguna en el caso de la Fiesta Nacional. En cultura, y aunque las competencias sean compartidas, el Estado sí tiene poder para actuar».

Bereijo encuadra lo sucedido en un problema mayor. «Es uno de tantos vacíos e incertidumbres que se han generado en materia de competencias. El Estado tiene muchos instrumentos basados en sus propias competencias para velar por el interés general». «Hay base jurídica para un recurso; el problema es si el Estado está dispuesto», concluye.

Por su parte, el profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos Enrique Arnaldo no cree que la vía de la disputa competencial sea la más atinada. A su juicio, el Estado no ha ejercido su potestad para regular las bases de la fiesta de los toros y eso ha llevado a una legítima asunción de competencias por las comunidades. Además, los artículos referidos a la competencia en la protección del patrimonio cultural (46 y 149.1.28) le parecen «excesivamente genéricos y sin eficacia directa». Pero la norma nacida ayer sí topa con otros obstáculos que podrían sellar su inconstitucionalidad. El primero, la falta de motivación. «Parece un prohibir por prohibir, una arbitrariedad de una mayoría política coyuntural», señala Arnaldo, que recalca la incoherencia de permitir los correbous. La norma también podría lesionar la libertad de creación artística y la libertad de empresa, protegidas expresamente en la Constitución.

Preguntado por si la prohibición encaja en la Carta Magna, el experto en Derecho Administrativo Ramón Entrena responde que «donde tiene difícil encaje es en el sentido común». «Que la Fiesta Nacional esté amparada en la Constitución me cuesta creerlo, pese a las competencias estatales en materia de cultura», dice, aunque añade que un recurso sí podría tener «cierta base».

Finalmente, el profesor de Administrativo en la Universidad de Salamanca Dionisio Fernández de Gatta rechaza que las comunidades sean competentes para prohibir los toros y mantiene que la ley aprobada ayer es inconstitucional. Fernández de Gatta, autor del libro El Régimen Jurídico de los Festejos Taurinos Populares y Tradicionales, recuerda que dichos festejos no aparecen expresamente en la Constitución, lo que ha permitido interpretaciones diversas sobre el reparto competencial. Aclara que, tras los pactos autonómicos de 1992, la comunidades asumieron las competencias, aunque con la precisión de que el estado se reservaba la facultad de dictar normas para regular los espectáculos taurinos. El experto mantiene que la inactividad posterior del Estado hizo que las autonomías hayan ido más allá de sus competencias, que en realidad se limitan a «regular las condiciones externas bajo las cuales han de desarrollarse» las corridas.

«La competencia autonómica sobre espectáculos la más utilizada para justificar la intervención normativa de las autonomías en materia taurina, si bien es discutible que esta competencia les otorgue poder suficiente para regular completa y exhaustivamente la fiesta de los toros, y menos para prohibirla», concluye. Es decir, que pueden regular lo accesorio, pero que lo esencial, y obviamente su existencia, sólo está en manos del Estado.

LEONOR MAYOR / Barcelona

LA FIESTA NACIONAL YA ESTÁ PROHIBIDA EN CATALUÑA

Los promotores de la prohibición proclaman la victoria de los derechos del toro / Montilla: esto no es «el termómetro de las relaciones entre Cataluña y España»

Los toros ya son historia en Cataluña. A partir del 1 de enero de 2012, torear en las plazas catalanas irá contra la ley. Así lo decidió ayer el Parlament por una amplia mayoría: 68 votos a favor de la prohibición, 55 sufragios en contra, nueve abstenciones, dos desapariciones y una ausencia. La sesión parlamentaria más intensa de los últimos años de la Cámara catalana -con permiso de la de la aprobación del Estatut- culminó con la prohibición, con lágrimas, tanto de los pro como de los antitaurinos, y con gritos a su salida para casi todos los políticos.

«Hoy se acaba con cinco siglos de crueldad. Las cuestiones éticas han de ser razones para replantearnos nuestras tradiciones», celebró Helena Escoda, una representante de la plataforma antitaurina Prou! (¡Basta!). «Me siento triste y afectado porque nos acaban de prohibir lo que para nosotros es parte de nuestra cultura y de nuestra vida», lamentó un aficionado a la Fiesta.

Este debate en la calle era la prolongación del que unos minutos antes, a eso del mediodía, se vivió en el Hemiciclo. «Siento y rechazo las pretensiones de los que han querido hacer de esta votación un termómetro de las relaciones Cataluña-España», aseguró el presidente de la Generalitat, José Montilla, tras votar a favor de la pervivencia de las corridas.

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Viene de primera página

También el líder de la oposición, Artur Mas, tuvo reproches para quienes «han presentado esta votación como un choque, como un combate entre Cataluña y España». Sin embargo, los votos de Mas y Montilla fueron opuestos. El president se inclinó por los toros, porque cree «en la libertad». El líder de CiU optó por la prohibición para dejar a sus hijos «una Cataluña mejor».

CiU y PSC fueron la clave de lo que se decidió ayer en el Parlament. La libertad de voto que ambas formaciones dieron a sus parlamentarios permitió que el veto a los toros se aprobase con tanta holgura. Los 14 diputados del PP y los tres del Grupo Mixto, firmes en sus principios pro taurinos, votaron para que la Fiesta continúe; o sea, en contra de la Iniciativa Legislativa Popular instada por Prou!, que tras la recogida de 180.000 firmas, permitió que el Parlament abordase el debate.

También se mantuvieron fieles a sus tesis los 21 diputados de Esquerra y los 12 de ICV-EUiA, quienes desde un principio se decantaron por la abolición del toreo en Cataluña. Por eso, la decisión final quedó en manos de CiU -que siempre apostó por dar libertad de voto a sus diputados- y el PSC, que, tras algunos cambios de criterio, se inclinó también por esta práctica.

La mayoría de los diputados socialistas dio elal mantenimiento de las corridas de toros. Sólo se desmarcaron seis de los miembros del PSC: tres optaron por la abstención -Antoni Castells (conseller de Economía), Joan Ferran (portavoz adjunto) y Rosa Maria Ferrer- y los tres restantes secundaron el veto a los toros: Toni Comín, Josep Maria Balcells y Núria Carreras.

En las filas de CiU ocurrió todo lo contrario. La mayor parte de los 48 miembros del grupo votó contra las corridas. Sólo hubo 12 disidentes: seis se abstuvieron y otros tantos apoyaron la Fiesta. Además, un diputado de Unió se vio obligado a ausentarse por un problema familiar. Otros dos, Xavier Pallarès y Francesc Sancho, hicieron acto de presencia en el Hemiciclo, pero declinaron votar.

Se trata de los dos representantes de CiU en las Tierras del Ebro, una comarca donde está muy arraigada la fiesta de los correbous. Una práctica que también tiene al toro como protagonista. No se le causa la muerte, pero sí se queman los cuernos de los animales o se les arroja al agua.

Al iniciarse los trámites legislativos para abolir los toros, en las Tierras del Ebro se extendió el temor de que lo siguiente sería prohibir los correbous. Para apaciguar los ánimos en estas comarcas tarraconeses, donde hay unos cuantos escaños en juego, CiU se avino a redactar en paralelo otra ley, en este caso para blindar los correbous ante cualquier tentativa de prohibición.

Cuando la norma ya estaba pactada con todos los grupos parlamentarios, el PP decidió llevarla al Consell de Garanties Estatutàries -el Tribunal Constitucional catalán- para «poner en evidencia a CiU». Entonces estos dos diputados, Pallarès y Sancho, quienes tenían intención de respaldar la continuidad del toreo en Cataluña, cambiaron de parecer y decidieron no emitir voto alguno para hacer evidente su malestar con el PP.

Después de este galimatías de votos, abstenciones, cambios de opinión, plantes y desmarques surge la pregunta del millón: ¿Podrían haber ido las cosas de otra manera? ¿Tuvo alguna vez posibilidad de prosperar la opción pro taurina?

Si el PSC hubiera votado en bloque a favor de los toros, como se planteó en algún momento de la tramitación de la ley, el marcador le hubiera dado seis votos más a los pro taurinos, es decir, en lugar de 55, habrían conseguido 61. Si, además, el PP no hubiera recurrido la ley de los correbous y no hubiera mosqueado a los diputados de CiU en el Ebro, ese resultado se habría incrementado en otros dos tantos, situándose en 63. En el otro lado, está el marcador de los abolicionistas, que alcanzó los 68 sufragios. De haber votado el PSC en bloque, tendría tres puntos menos, ya que fueron sólo tres los diputados socialistas que optaron abiertamente por acabar con las corridas. Los votos por la prohibición se hubieran quedado en 65.

Un 65 a 63 es lo máximo que los defensores de la Fiesta hubieran podido conseguir. Un resultado mucho más ajustado, pero que también habría supuesto la prohibición de las corridas. Por eso, en el PSC consideran que, si no vuelve a verse a un torero saltando al ruedo en las plazas catalanas, es por culpa de CiU.

Algo parecido opina el portavoz de los pro taurinos Luis Corrales, quien se siente «engañado» por los nacionalistas: «CiU nos dio esperanzas y nos dijo que quería llevar a cabo un debate inteligente, y en realidad iba de la mano de Prou! y no quería ningún debate, sólo pretendían prohibir los toros», dijo, tras anunciar que buscará el modo de recurrir el acuerdo parlamentario de ayer ante el Tribunal Constitucional.

La tensión de uno y otro bando se trasladó a la puerta del Parlament. Mas, Ernest Benach, Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Saura fueron abucheados e insultados por los pro taurinos a su salida del edificio. Mientras, algunos diputados populares fueron víctimas de los reclamos de los miembros de Prou! congregados en el lugar. Sólo coincidieron a la hora de increpar a un político: José Montilla recibió gritos de ambos bandos.

OORBYT.es

>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el videoanálisis de Álex Sàlmon y la sección 1.000 opiniones, que pregunta: ¿Prohibición o no?

LUCAS PÉREZ / Madrid

Historia de una persecución

El cerco antitaurino en Cataluña comenzó en 1988 con la Ley de Protección Animal

Zapatero embusteroEl vivido ayer en el Parlament fue el último capítulo de la persecución que ha sufrido la Fiesta de los toros durante los últimos años en Cataluña. El cerco antitaurino impuesto en esta región obtuvo ayer su premio y a partir del 1 de enero de 2012, la Monumental cerrará sus puertas y las corridas de toros pasarán a ser historia en esta comunidad. Triste punto y final para una plaza y una afición cuya muerte parecía anunciada desde hace unos años.

TESTIGO DIRECTO
JUAN CARLOS GIRAUTA / Barcelona

Tres engaños tres

CiU se ha cargado la Fiesta y una de sus mentiras es la pretensión de que no les mueve el celo identitario

Soñé que seis astados irrumpían en el hemiciclo, con toda esa tapicería roja, y en vez de embestir se alineaban ante la tribuna de oradores para conocer los motivos de la prohibición. Personificación onírica del toro no muy distinta de la que iba a encontrarme por la mañana en el Pleno, las consabidas jeremiadas animalistas que constituyen el primer engaño de esta historia. Frente al Parlamento catalán, cuatro pancartas y 20 activistas separados por la Policía. Un diputado convergente canturrea en la cafetería el viejo tema de Albert Pla: «Papa, jo vull ser torero…». Muy divertido, si no fuera porque están a punto de extirpar una cultura de profunda impronta en el léxico y el inconsciente, en la plástica y la lírica.

Albert Rivera, apellido torero, denuncia la coartada animalista y comunica en castellano que votará para que Montilla pueda ir a la plaza. Exhibe una fotografía de EL MUNDO que acredita la afición presidencial. Y remata: «Espero no ver a los diputados abolicionistas comiendo foie. A algunos, por el aspecto que tienen, les gusta bastante el foie». Amonestación del presidente. «Ustedes quieren eliminar todo lo que recuerde que Cataluña forma parte de España». Apunta al segundo engaño de los nacionalistas, la pretensión de que no les mueve el celo identitario. Le sucede Rafa Luna, del Partido Popular: «El problema es que esta tradición la compartimos con el resto de España».

¡Atención! El representante de CiU ha hallado una forma retorcida de vender el segundo engaño: prohibir los toros es también una gran tradición española. «Lo hizo Carlos III en 1786». Cita a Lorca y reconoce la grandeza de la tradición taurina… hasta que su lógica se derrumba: «Se han de prohibir pocas cosas. Sólo las más denigrantes».

Cuesta reprimir la carcajada cuando el líder de ERC, Joan Puigcercós, cifra «la cabaña bovina en el Estado español». «El mundo nos está mirando», exclama. Pero el abolicionista más inspirado será Francesc Pané, de ICV, que coge, sube y se pone a recitar una nana del poeta Joan Oliver. De ahí, con voz de funeral, pasa a reprochar al torero catalán Serafín Marín, presente en la tribuna, su impasibilidad ante la sangre del toro. Advierte que esa sangre está en el botón rojo de los que van a votar contra la prohibición.

Y se vota. Resumiendo: ha sido Convergència i Unió quien se ha cargado la fiesta. Me chiva un diputado popular en los pasillos lo que el conseller Huguet le acaba de soltar a Carod a modo de conclusión: «Som una nació». ¡Suerte que el debate no era identitario! Serafín Marín, el hombre más valiente del lugar, ha roto a llorar. Entonces pienso en los jóvenes aspirantes a torero que se entrenan en un parque del extrarradio barcelonés, en la luz anaranjada que los acoge, que no es de luna lorquiana sino de farolas antiniebla. Un mundo que se acaba, pues hay un tercer engaño del que todavía no se ha hablado: los poderes públicos ya estaban cerca de lograr su objetivo y la comparecencia parlamentaria del empresario de la Monumental fue una vergüenza. «Se está sacando de encima, por 300 millones, una plaza que este año celebrará la mitad de corridas que en 2000».

Cae un sol de justicia. Acorto por el paso del Instituto Escuela, esquivo una docena de camiones de televisión y me topo con Xavier Crespo, uno de los pocos diputados convergentes que ha votado contra la prohibición. «Mi padre era aficionado. Recuerdo las vaquillas en casa, de niño.» Comprende la magnitud de lo sucedido y no ha querido ser cómplice. Quizá esta noche, guiados por los espectros de Manuel Vázquez Montalbán y Terenci Moix, avergonzados dirigentes socialistas acudan al Raval y, entre carteles taurinos, se coman un rabo estofado en Casa Leopoldo.

EVA BELMONTE / DAVID GUILLÉN / Barcelona

Villacorta, todo un símbolo 'anti' a las puertas del 'Parlament'

Zapatero embusteroSi repasan fotos de protestas antitaurinas frente a la Monumental, le encontrarán en todas. Lluís Villacorta lleva seis años manifestándose contra la Fiesta, corrida sí, corrida también, frente a la única plaza en activo de Cataluña. Empezó en solitario con su pancarta en la que, en inglés, reclama aún hoy el fin de la crueldad a los animales. Y su pintura roja, la misma que se derramó por encima de su cuerpo desnudo, ayer, a las puertas del Parlament.

Solo o acompañado, él siempre está. En ocasiones destacadas, se han sumado a su protesta otras personas opuestas a la lidia, sobre todo en tardes clave como la de la reaparición de José Tomás. Ayer no podía faltar. Junto a él, una treintena de antitaurinos y, a escasos 20 metros, los taurinos que, con banderas catalanas, hacían guardia consumiendo los últimos cartuchos de esperanza que les quedaban. En medio, los periodistas que, como si un partido de tenis se tratara, iban de bando a bando recogiendo impresiones o acudiendo cuando el griterío era más potente en uno de los lados. Lo mejor, que no hubo que lamentar incidentes; sólo hubo gritos y abucheos por parte de unos y de otros.

La cara feliz era la de Villacorta, que narra que, en los primeros días de su lucha particular, recibió hasta tres palizas perpetradas por defensores radicales de la Fiesta. «Entonces me dijeron que tenía que pedir un permiso para manifestarme y así tener protección policial», recuerda. Y lo hizo. Activista hiperactivo en la lucha antitaurina, ha publicado cartas en diversos medios de comunicación contra las corridas. Ayer repartió entre los asistentes, a modo de panfleto, algunos de esos escritos. «Por favor, no sean ustedes provincianos y escuchen con sentido común y empatía las iniciativas populares», rezaba una de ellas, dirigida a los políticos.

Aunque celebra la prohibición, advierte de que «la lucha ha quedado descafeinada», porque no entra en vigor hasta dentro de un año y medio y porque no incluye otros espectáculos con animales: «Soy vegetariano y no apruebo ningún tipo de tortura animal». Por esa razón, critica la «doble moral de los políticos», que no quieren prohibir los correbous (encierros tradicionales, sobre todo, en Tarragona, en los que el toro corre con los cuernos en llamas). Lluís Villacorta promete seguir manifestándose, cada tarde de corrida, frente a la Monumental. Como mínimo, hasta 2012.

ANÁLISIS
ZABALA DE LA SERNA / Barcelona

Lágrimas negras de un torero

Luto entre los aficionados catalanes, que se sienten traicionados por CiU y el PSC: «Es la derrota de Cataluña»

Lágrimas negras asaltaron el rostro de Serafín Marín en representación del alma partida de miles de catalanes. Serafín, torero de la Cataluña profunda y real, había hecho su paseíllo más amargo por los pasillos del Parlament en la pronta y esperada mañana. Veía la oscuridad a plena luz. «Matador, ¿qué presientes?» «El mal no, lo siguiente». En su quiniela había marcado su x de perdedor. Incluso en el resultado acertó. Sabía que por pocos votos se consumaría la traición. Trece fueron exactamente, 13. Sus ojos se inundaron entonces. Abandonó el hemiciclo como alma que el diablo arrastra. Como si se lo hubiera tragado la tierra, su tierra, Serafín desapareció devorado por el canibalismo tribal. De la tribuna huyó ante la algarabía desatada de los animalistas de Anselmi el argentino, el promotor de la ILP. Su ruido inundó la sala, con los paneles en verde abolición. Los pro taurinos callaron una vez más educamente. Su mensaje viajó siempre en una botella de engaños y promesas de CiU y PSC.

Busqué a Serafín por el parque de la Ciudadela. Los mossos de esquadra vigilaban a las gentes del toro desoladas; enfrente, los antis hacían sonar una cacerolada sin vigilancia, crecidos, dispuestos a su siguiente paso: abolir los correbous. La pelota caliente está sobre el tejado de zinc convergente, como la gata. Artur Mas ha votado la ILP. Que las libres Tierras del Ebro le pasen la factura. De los 12 o 14 votos salvadores prometidos, sólo siete se han dado. El profesor Jaume Josa intuye que en CiU no ha habido libertad de voto, «sino consigna de partido». Le duele tanto como el cambio de postura del PSC, que no actuase en bloque. «Se les debería caer la cara de vergüenza a los políticos. Hoy se ha vuelto a fusilar a Companys», sentencia ya en Casa Leopoldo, el templo gastronómico taurino de una ciudad autodenominada antitaurina en 2004, cuando el Ayuntamiento de Barcelona se pasó por el forro de la taleguilla las palabras de Pasqual Maragall: «Quienes nieguen la tradición taurina de Cataluña, desconocen su Historia». Y le colgó la medalla de oro a Joaquín Bernadó. Era 1983. El pujolismo, por otra parte, ya abonaba el terreno.

Rosa Gil, la viuda de José Falcón, no quiso sufrir en el Parlament, y nos esperaba en su casa, la Casa de Leopoldo, con la cara lavada y recién peinada. La madrugada había sido larga. Una vigilia de velas ante un cuadro de Manolete. Las gentes de la Plataforma para la Defensa de la Fiesta, Alberto Taurel, Alejandro Gastch, Miguel Ángel García, Luis Corrales, Josa y yo nos arrodillamos ante un altar pagano. San Manuel bueno mártir, ora pro nobis.

Los rezos no llegaron a ninguna parte. Rosa se siente impotente, invadida de rabia, acomplejada ahora por ser una charnega «que nació aquí producto de la emigración del resto de España, que nos hemos dejado la piel por hacer una tierra grande, con sangre sudor y lágrimas, y hoy nos la han quitado, la tierra y un sentimiento; nos han partido el corazón». Pero Rosa, presidenta de la Plataforma para la Defensa de la Fiesta, aún tiene fuerza para la esperanza: «Barcelona es la rosa que, como Ave Fénix, siempre renace de sus cenizas». La esperan cámaras de TV3 y Tele 5, ávidas de morbo: «Háblame como si estuvieses enfadada». Y Rosa lo que está es triste.

Luis Corrales todavía hace cuerpo y piensa en recursos, en una ILP en Madrid contraria, confía en los políticos, en que el Gobierno de Zapatero mueva ficha, en el Congreso, sin renunciar a la realidad: «Es una derrota de Cataluña». Nuestro fotógrafo de 24 horas, Santi Cogolludo, se mesa la barba de barbilla, consternado y sentido, y nos cuenta que acaba de hacer un reportaje a Mario Gas, director catalán del Teatro Español de Madrid, en el Liceo. Gas, descendiente de Mario Cabré, no ha perdido la directa: «La Historia no nos lo va a perdonar». Alguien recuerda una salida, o entrada, de Cabré y Ava Gardner del hotel Oriente. Ava, que se bebía la vida y sorbía a los toreros ante los celos corniveletos de Sinatra; Ava, amor a tiempo parcial de Luis Miguel y Gitanillo de Triana, lo que duraba la botella.

Inventado o no, un rumor recorre nuestro solemne funeral: Dubai quiere comprar la Monumental para construir la gran Mezquita. Los minaretes los trae puestos.

Nadie desvincula el puyazo del cordobés Montilla, que se perdió la portada de EL MUNDO que agitó Albert Rivera en el Parlament, del sindiós del Estatut. Su «yo no he sido» no les vale a mis contertulios: más allá de la libertad de voto, en el regreso al pasado se acuerdan que el PSC tramitó la ILP cuando en su mano estaba pararla. Y Artur Mas, alter ego de Laporta, que ha vendido la Fiesta y las Tierras del Ebro. Corrales le señala con el dedo.

Las televisiones no paran de revolotear como buitres. ¿Cuándo dan noticias de la Fiesta? Cornadas, cuernos y entierros. No prendieron nuestras velas de vigilia a Manuel Rodríguez. Ni el cirio del apoderado de José Tomás, después de tanto todo para nada. Salvador Boix encendió una llama bajo la Moreneta, colgó en directo a TV3 y se quedó jodido. El mundo del toro, por otro lado, sigue abanto de rumbo, desorganizado, estéril y avaricioso. Los 300 millones de euros ya le esperan a Pedrito Balañá, que es mudo pero no tonto en su desolación. De todo el estercolero político, las lágrimas negras de Serafín Marín fueron lo más sincero. Su propia tierra lo ha devorado.

Enviado especial

TERESA CRUZ / Las Palmas

La ley no prohíbe las corridas en Canarias

Una norma proscribe en las islas la crueldad contra los animales, pero sólo los domésticos o de compañía

Corresponsal

Zapatero embusteroLa Ley de Protección de Animales de Canarias «no prohíbe las corridas de toros», en contra de lo afirmado por numerosos medios de comunicación. Así de claro se expresó ayer el ex presidente del Ejecutivo canario Lorenzo Olarte, que gobernaba en el archipiélago en el año 1991, cuando fue aprobada esa norma, que para él no deja dudas: «En ningún momento se hace alusión explícita al toro. No es un animal de compañía ni un animal doméstico. No creo que nadie tenga un toro bravo para que lo acompañe en su casa, ni va al campo a ordeñar una vaca brava», aclaró el ex presidente a Canarias Radio La Autonómica.

La interpretación del artículo 5º de esta ley es la que puede llevar al equívoco. En este precepto se señala que «se prohíbe la utilización de animales en peleas, fiestas, espectáculos y otras actividades que conlleven maltrato, crueldad o sufrimiento», pero se refiere, exclusivamente, a los animales domésticos, entre los que no se incluye el toro de lidia.

En este sentido, el profesor de Derecho de la Universidad de Salamanca Dionisio Fernández de Gatta ya dejó claro en su artículo ¿Están verdaderamente prohibidas las corridas de toros en las islas Canarias? que los toros no entran dentro de la categoría de animales domésticos ni de compañía. «El objeto de la ley canaria es exclusivo de los animales domésticos o de compañía. Y, obviamente, el toro bravo no lo es. Me da a mí que la ambigüedad de ese artículo estaba perfectamente calculada», asegura. Asimismo, hace hincapié en que también «se excluyen del tipo penal correspondiente los festejos taurinos debidamente autorizados, por lo que podemos señalar que la ley canaria no puede prohibir corridas de toros ni festejos taurinos». De hecho, en Canarias, si bien la tradición taurina es escasa, las peleas de gallos tienen muchísima popularidad y también están exentas de la ley. Incluso existe una federación que regula su práctica mediante un estricto reglamento. Existen 14 galleras y la próxima semana, precisamente, da comienzo la temporada de peleas de gallos.

El torero canario Orlando Ramos aseguró ayer a la radio autonómica que celebra a menudo espectáculos taurinos en la plaza de toros que posee en Playa del Inglés, en el sur de Gran Canaria. «A mí jamás me han prohibido dar un espectáculo taurino en Canarias», dijo.

LUCAS PÉREZ / Madrid

Indulto para los 'correbous'

Tras votar mayoritariamente para prohibir los toros, CiU busca blindar estos festejos

Toros, no; correbous, sí. Con la prohibición de las corridas, el Gobierno de la Generalitat de Cataluña ha acabado también con un pedazo del corazón de los catalanes. Pero otro, al menos por ahora, continúa sano y salvo. Se trata de los correbous (encierros), toda una tradición popular de Cataluña indultada por la mayoría de los encargados de dar la puntilla a la Fiesta. Pero, ¿cuál es la justificación de los contrarios a las corridas para defender este espectáculo? ¿Por qué quieren prohibir los toros y salvar los correbous? «Son una fiesta que no acaba con la muerte del animal y ha evolucionado hacia un mayor respeto a los mismos», argumentaba ayer Artur Mas.

Ese respeto al que hace referencia el líder de CiU parece muy alejado de los argumentos esgrimidos por los grupos animalistas, lo que deja entrever serias lagunas en las afirmaciones acerca de que el debate sobre las corridas no ha sido un debate político. «Los correbous son fiestas que consisten en acosar a un animal, que corre despavorido luchando por liberarse de una cuerda que le arrastra o de unas llamas que le queman en sus astas. Presa del pánico, extenuado y herido, es obligado a correr sin descanso», aseguran desde la asociación de defensa de los animales Asanda.

De los 52 municipios de las Tierras del Ebro, en Tarragona, en 43 se celebran correbous a lo largo del año. Localidades como Amposta, Deltebre o La Ermita de la Aldea (donde el espectáculo se desarrolla con vaquillas dentro de una iglesia) o Cardona (cuyo primer encierro data del año 1500) no están dispuestas a que se termine con su tradición, como ha ocurrido con las corridas.

Además de votar la prohibición de los toros en Cataluña, entre las propuestas del orden del día de ayer en el Parlament se incluía la del blindaje de estos espectáculos, pero una impugnación de los populares la semana pasada hizo que se pospusiera para más adelante la salvación de los correbous.

Esto molestó a un sector de CiU y ayer, consumada la estocada a las corridas, los dos diputados de la federación en las Tierras del Ebro, Xavier Pallarès y Francesc Sancho, reclamaron al tripartito que garantice la regulación de los correbous antes de que termine esta legislatura para dar «seguridad jurídica» a las fiestas que se celebran en los pueblos de esta zona.

Los correbous son una tradición centenaria que concentra su actividad en el sur de Cataluña, en los municipios de las Tierras del Ebro. De allí procede buena parte del sector protaurino de CiU, que en febrero, al ver que la Iniciativa Legislativa Popular para prohibir las corridas tenía muchas opciones de prosperar, impulsó una ley para proteger los correbous, en los que toros y vacas corren por las calles con antorchas en los cuernos o encerrados entre una multitud que los quiebra o se esconde tras unos barrotes con los que el animal se golpea.

Mientras las protectoras de animales se aferran a que las reses sufren daños físicos y psíquicos en este tipo de espectáculos populares, estos juegos con toros y vaquillas siguen en la actualidad muy extendidos y cada vez más arraigados en numerosas comarcas vecinas, como el Principado de Andorra o la Cataluña francesa, así como en la Comunidad Valenciana y Aragón.

En Cataluña, estos espectáculos y fiestas populares deben ser comunicados al Departamento de Gobernación para su autorización y a la Alcaldía de cada población para su conocimiento y autorización del uso de la vía pública.

Salvador sostres

¿Qué será mañana?

Me habría gustado más si el debate hubiera sido identitario. Habría tenido más empaque, más altura, más dignidad. Pero aunque desde fuera de Cataluña se ha querido ver y vender así, no es cierto. El nivel del debate en Cataluña está tan por los suelos y la tensión moral está tan abandonada, que uno de los parlamentos más antiguos del mundo, como lo es el catalán, habló ayer de conceptos tan absurdos como los supuestos derechos de los animales y relacionó tragedias como la tortura o el asesinato con el toreo, como si este país no hubiera conocido suficientes torturas y asesinatos para saber de qué estamos hablando. ¡Qué mal! Muy mal. Hemos vuelto a hacerlo fatal.

Más allá de la limitación intelectual de los que todavía creen que los animales tienen derechos -y a los que no tengo tiempo de responder-, lo que ayer hizo el Parlamento de Cataluña es legislar sobre lo que no nos gusta. Ayer se prohibió una opinión, un gusto, un placer. ¿Cuál será el próximo? ¿El foie? Lo digo porque si hablamos de crueldad, tal vez deberíamos hablar de cómo las ocas son embutidas hasta que el hígado (foie) les engorda (gras) y les revienta. O de cómo mueren vacas y bueyes en el matadero, normalmente de infarto, antes del gran mazazo, al ver lo que les ocurre a sus compañeros.

Cataluña prohibió ayer por prejuicio, por manía de la señorita Pepis; este país que se pasa el tiempo reclamando su libertad y que luego opera del modo más contrario posible a este concepto. ¿Qué vendrá mañana? ¿La caza o la pesca deportivas? ¿Comer carne no es ser cómplice de la crueldad del matadero? Cataluña sufre una terrible falta de autoridad moral. El tripartito, la prohibición de los toros, la exaltación de la iniciativa popular. Emerge el defecto, la psicopatía, la tara. Jack Nicholson con su gorrito en Alguien voló sobre el nido del cuco. Si la izquierda encontrara la brecha legal, votaría prohibir a Convergència i Unió y al Partido Popular.

Es esta obsesión por meterse en la vida de los otros. El tic totalitario de legislar sobre gustos, costumbres, ideas. Un concepto tan raquítico de lo que la libertad es y representa. Ayer, más que prohibir los toros, se quiso prohibir que a alguien le gusten los toros. Ayer, lo que en realidad se prohibió es que tú vayas a los toros. Fue personal. El problema no es de animales, sino de discrepancia. No del trato que se da a los toros en la plaza, sino del trato que se le da a la discrepancia y a la diferencia en la vida pública. Es el resentimiento ecoprogre, vegetariano. La izquierda es esta rabia. Siempre han querido nuestras mujeres y nuestro dinero. Y hundirnos el yate sólo porque ellos no saben navegar.

Fue lamentable que CiU se dejara llevar por la corriente, por el buenismo animalista, por la turba cuando se junta. Liderar no es hacer lo que crees que más va a gustar a la mayoría. Liderar es marcar un camino. Señalar un objetivo. Y ser capaz de decirle a la masa que hay cosas que no se hacen. La gente se equivoca, y se equivoca mucho. Sólo hay que ver que Montilla ha llegado a ser presidente de la Generalitat. Liderar es guiar. Y cuando un país no se basa en la libertad, ¿en qué se basa? ¿Qué será mañana? Serás tú o seré yo, que ya sabes que no gustamos.

Madrid

La prensa de todo el mundo, dividida ante un hecho 'histórico'

Tampoco los medios extranjeros quisieron vivir la jornada de ayer desde el burladero. Las ediciones digitales de los principales diarios europeos reflejaron desde primera hora de la tarde el resultado de la votación en el Parlament. Sólo una palabra reunió el consenso de casi todas las cabeceras: histórico.

Pero mientras para algunos periódicos la decisión de los parlamentarios catalanes merecía ser elogiada, otros la tildaron como una pérdida de la identidad española.

El diario francés Le Monde calificaba desde su web la prohibición como una «victoria histórica para los oponentes de la tauromaquia». Según explica Servimedia, la línea editorial de ese rotativo prefirió alinearse con los detractores de las corridas de toros frente a los aficionados a la Fiesta. Una perspectiva que compartían, al otro lado del océano atlántico, el periódico mexicano El Universal, el argentino Clarín y el canal de noticias norteamericana CNN. Ayer por la tarde la cadena indicó que se había llevado a cabo la «prohibición de las crueles corridas de toros e Cataluña».

Le Figaro, también francés, se centró, en cambio, en la pérdida que, a su juicio, supone la determinación catalana para el «patrimonio cultural e identitario» de España. The New York Times apostó por la frialdad objetiva (como la BBC o el China Daily): «Una región española prohibe las corridas de toros», tituló. Sin embargo, después argumentó que la cuestión identitaria de Cataluña es un debate presente en otras agenda europeas. Como la balcánica, decía...

OORBYT.es

>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el análisis de la noticia que realizan Soraya Melguizo (Milán), Daniel Postico (Londres) y Marta Guzmán (París)

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