EDITORIALES: Una reforma laboral que aún puede mejorar/ 'La Tigresa', ¿tampoco es un preso de ETA?

Una reforma laboral que aún puede mejorar
EL CONGRESO aprobó ayer la ley de reforma laboral, que ha sido discutida y tramitada en un tiempo récord. Tras su pase por el Senado en la segunda quincena de agosto, la ley podría quedar definitivamente convalidada por el Congreso en los primeros días de septiembre.
Además de alabar la extraordinaria celeridad del proceso, hay que señalar que la tramitación ha mejorado algunos aspectos del decreto ley del Gobierno, que fue en buena medida improvisado bajo la presión de los mercados y de nuestros socios en la UE.
El cambio más importante es la nueva redacción de las causas del despido objetivo o por motivos de crisis, en el que el trabajador recibe una indemnización de 20 días por año trabajado. Según la redacción, pactada por PSOE y PNV, las empresas podrían recurrir al despido de 20 días «en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas o la disminución persistente de su nivel de ingresos que puedan afectar a su viabilidad o a su capacidad para mantener el empleo». El nuevo texto matiza redacciones anteriores: elimina como causa objetiva la falta de liquidez y sustituye la caída de los beneficios por una disminución de los ingresos.
Aunque esta última versión supone una mejora, es evidente que la formulación sigue siendo muy ambigua, ya que no se concreta con cuánto tiempo de pérdidas se puede aplicar este despido o cuál debe ser la reducción de los ingresos de la empresa. Por ello, creemos que el Senado debería precisar ese periodo de pérdidas, que razonablemente podría situarse en un mínimo de seis meses, y vincular la proporción de la caída de ingresos a porcentajes de reducción de la plantilla. Ello evitaría la judicialización sistemática de los casos en los que se recurra a este artículo, que en su actual redacción tendría que ser interpretado una y otra vez por los magistrados laborales.
Otra mejora introducida en la tramitación parlamentaria es la posibilidad de que el inspector de la Seguridad Social pueda dar el alta a partir del cuarto día de la baja del trabajador, en lugar de tener que esperar 14 días como ahora sucede.
La posibilidad del despido individual de quien falte un determinado número de días al puesto laboral estaba ahora sujeta a que se rebasara también un nivel de absentismo global del 5% del tiempo de trabajo del total de la plantilla. Ese porcentaje se rebaja al 2,5%, lo que facilitará el despido por absentismo en las empresas con pocos trabajadores. Lo ideal sería eliminar esta traba, como propuso el PP, para que el absentismo fuera evaluado de forma individual y cada uno asumiese su propia responsabilidad. El PSOE se ha negado hasta ahora pero debería reconsiderarlo.
Ha habido otros cambios menores sobre el decreto ley del Gobierno, pero hay dos aspectos sustanciales que no se han tocado: el contrato de fomento del empleo, con despido de 33 días, y las cláusulas de descuelgue de los convenios colectivos. Sería conveniente que el Senado precisara mucho más los motivos para la no aplicación de los convenios, cuya redacción ha quedado demasiado ambigua como sucede con el despido objetivo.
El PP votó ayer en contra de la ley, que salió adelante con los votos del PSOE y gracias a la abstención de CiU y PNV. Creemos que el PP debería abstenerse en la votación final si en el Senado se mejoraran algunos de estos aspectos, pues, en todo caso, esta reforma laboral supone una mejora respecto a lo que había.
Sería difícil de entender que después de haber pedido insistentemente a Zapatero cambios que flexibilicen el mercado de trabajo la oposición se aferrara al rechazo frontal cuando éstos se producen.
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LA REINCORPORACIÓN a sus puestos de trabajo de un total de 136 controladores aéreos de los 205 que días atrás estaban de baja médica viene a confirmar lo que todo el mundo sabía: que asistíamos a un boicot del colectivo en respuesta a la modificación de sus condiciones laborales. Ha bastado que el Ministerio de Trabajo enviase a la inspección para comprobar si las bajas estaban justificadas, para que repentinamente el 66% de los enfermos sanara. Teniendo en cuenta que no estamos en unos meses en los que sean frecuentes enfermedades de corta duración, como el resfriado o la gripe, ha quedado al descubierto la farsa. Una farsa que cuesta demasiado dinero al país y que debería saldarse con graves sanciones a los enfermos imaginarios. Si, como decían los representantes de los controladores, la epidemia de bajas se debía a la «subida de adrenalina», es lógico que su milagrosa bajada tenga consecuencias.






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