EDITORIALES: Julio marca la edad de oro del deporte español
Julio marca la edad de oro del deporte español
JULIO SIEMPRE ha sido un buen mes para el deporte español. En julio del 92, tal día como ayer, se encendió el pebetero de los Juegos de Barcelona que pusieron las bases de la modernización del deporte español, bajo el liderazgo de Samaranch. En julio unos cuantos ciclistas españoles se han coronado en los Campos Elíseos. En julio conquistaron también Wimbledon, antes de Nadal, Santana y Conchita Martínez. Pero cuando ayer Alberto Contador elevó los brazos al cielo de París para festejar su tercer Tour de Francia, se confirmó que, sin lugar a dudas, en este mes de julio de 2010 el deporte español está instalado en su Edad de Oro. Rafa Nadal abrió la racha el 4 de julio, coronándose en Wimbledon un mes después de haber ganado su quinto Roland Garros. El tenista mallorquín regresaba así por la puerta grande al número uno de la ATP, demostrando su capacidad de superación ante las lesiones físicas y los problemas familiares. Nadal, como también Pau Gasol, con su flamante anillo de la NBA, quisieron vivir en directo la que sin duda ha sido la mayor hazaña de la historia de nuestro deporte. El 11 de julio, en Johanesburgo, la selección española de fútbol se proclamó campeona del mundo ganando a Holanda por 1-0 en el marcador y por bastante más en cuanto a deportividad en el terreno de juego.
Han pasado dos semanas y el entusiasmo de los españoles aún no se ha apagado, como lo demuestran las banderas que aún ondean en las calles y las miles de personas que hacen colas para fotografiarse con la Copa. Los fines de semana de este mes de julio han sido un festín asimismo para los aficionados a las motos. Lorenzo se impuso ayer en Laguna Seca. Tanto él como Pedrosa, Elías y los alevines de 125 han ocupado el podio en las distintas categorías, haciendo doblete o triplete. Fernando Alonso ha vuelto a subir a lo más alto de la Fórmula 1 con su victoria en el Gran Premio de Alemania.
Tanto en deportes colectivos -recordemos que la selección de Baloncesto es campeona de Europa y del Mundo- como en disciplinas individuales, el deporte español arrasa. «¿Qué secreto tienen ustedes en España para lograr tantos éxitos en todos los deportes?», le preguntó el presidente Sarkozy a Contador después de felicitarle con un expresivo: «¡Bravo, España!».
No hay seguramente una única razón que explique cómo ha cristalizado la generación de deportistas más brillante de la historia. Son muchas las circunstancias y entre ellas hay que citar el progreso económico y social de nuestro país, la promoción y extensión del deporte base -tanto Del Bosque como Pepu Hernández lo destacaron a la hora de celebrar sus triunfos- y el elevado nivel de profesionalidad alcanzado por nuestras disciplinas de élite. Sin embargo, el factor fundamental es que esta generación de oro ha logrado sacudirse dos viejos fantasmas muy españoles: el fatalismo y los complejos.
Los deportistas españoles salen a ganar y lo hacen pertrechados no de una furia indivitual trasnochada, sino de valores positivos y actuales: talento, esfuerzo, disciplina, competitividad, juego limpio, unidad, sacrificio, esfuerzo de superación y espíritu de equipo. No es muy habitual que el deporte vaya por delante de una sociedad azotada por distintas crisis: económica, política y de modelo de Estado. Pero así es en este caso. Y los valores que pasean por el mundo nuestros deportistas constituyen la mejor receta para superar tanto la recesión como la falta de un gran proyecto colectivo de país.
Ilógico 'alivio' por la sentencia
Gabilondo se escuda tras el TC
EL MINISTRO de Educación declara hoy en este periódico que la sentencia sobre el Estatut no cambia el estado de la educación en Cataluña. Por desgracia, lleva razón, puesto que si hay un asunto en el que el TC ha hecho dejación de responsabilidades es en el de la lengua, pronunciándose con una ambigüedad escandalosa que permite que en Cataluña se siga marginando el castellano. Pero lo triste es que Gabilondo lo diga con alivio, cuando entre sus funciones está la de garantizar el derecho constitucional de todos los alumnos a recibir educación en español y, por tanto, debería combatir las normas del Parlament que lo impiden. Esta actitud del ministro, tan complaciente con la imposición del catalán, es la que explica por qué -al margen de sus aciertos en otras cosas- no fue posible el pacto educativo.
El sector periodístico debe garantizar la transparencia y la claridad
El semigratuito 'ABQué', un problema para la OJD
HAY gestores que dejan su impronta. Es el caso de los actuales responsables del grupo Vocento cuya huida hacia delante ha transformado al centenario ABC en un diario semigratuito, camino de convertirse en gratuito. Tanto es así que en el sector ya se le conoce como el ABQué, pues de seguir por este camino terminará fusionándose o distribuyéndose «combinadamente» con el diario gratuito adquirido por el grupo en condiciones inolvidables. Números cantan: 138.556 de los 316.790 de su difusión en los quioscos los domingos de junio fueron regalados a quienes adquirían una cabecera regional. Al margen de lo divertido que luego resulta leer que ese incremento se debió a una «puesta en página novedosa», esta práctica supone un problema muy serio para la credibilidad de la Oficina de la Justificación de la Difusión (OJD). Más allá de la puerilidad con que algunos manipulan los datos propios y ajenos, el único sentido de los controles de difusión es proporcionar información útil al anunciante. Si no se especifican cuántos de los ejemplares difundidos han sido regalados a compradores de otras cabeceras -y en qué lugares ha ocurrido eso- no podrán planificar adecuadamente sus inversiones y prescindirán de la OJD. Porque es obvio que un anunciante no está dispuesto a pagar dos veces por el mismo lector. O insertará su anuncio en el periódico regional o lo hará en el ABQué. Sería inaudito que el sector periodístico que tanta transparencia y claridad pide a los demás no empezara por aplicarse el cuento.





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