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lunes, 19 de julio de 2010

DELINCUENCIAS ZP: El Gobierno obliga a replegarse a la Guardia Civil y dejar de vigilar las aguas ESPAÑOLAS en Gibraltar



FERNANDO LÁZARO / Madrid

La Guardia Civil se retira de las aguas españolas de Gibraltar

Zapatero embusteroDe nuevo hacia atrás, de retirada. Esta vez ha sido la Guardia Civil la que ha cursado órdenes para no patrullar por las aguas españolas de Gibraltar. Tras el último incidente vivido en la zona -un buque de guerra británico llegó a preparar sus armas y apuntar a una patrullera del Instituto Armado-, Madrid ha decidido retraerse y evitar nuevas tensiones con los británicos o con la policía gibraltareña.Sigue en página 4

Según ha sabido EL MUNDO, tras la última queja lanzada por Londres contra la Guardia Civil los mandos han dado una orden muy calara a todos sus patrulleros: no realizar labores de vigilancia por las aguas que rodean a Gibraltar.

Es decir, la Guarda Civil se retira y no podrá patrullar a menos de milla y media de Gibraltar.

Lógicamente, los responsables del Instituto Armado se cuidan muy mucho de poner por escrito estas órdenes. Son todas verbales. ¿Con qué fin? Con el de que no quede rastro oficial de que la Guardia Civil se está retirando de aguas españolas.

Hasta ahora, España únicamente admitía (y sólo oficiosamente) como aguas de Gibraltar las del puerto. Ahora, con estas nuevas directrices, lo que se viene a reconocer es el ámbito geográfico que durante los últimos meses, tanto desde Gran Bretaña como desde Gibraltar, se está reclamando como aguas propias, que es el límite mínimo de 1,5 millas alrededor del Peñón.

Las fuentes consultadas por este periódico, cercanas al Ministerio de Asuntos Exteriores, recuerdan que hace apenas un par de meses desde el Ministerio de Fomento ya se dieron instrucciones (también de forma oficiosa) muy similares para que las embarcaciones que dependen del Departamento de José Blanco no cruzaran esta nueva frontera virtual no reconocida, no negociada, no pactada, sino arbitrariamente impuesta por las autoridades británicas.

Acerca de este asunto fue interrogado en el Congreso el ministro por el diputado popular José Ignacio Landaluce. Las explicaciones del titular de Fomento fueron poco precisas. Su negativa, nada convincente para los diputados del Hemiciclo.

Ahora es la Guardia Civil la que se ha impuesto esa nueva frontera de actuación. Según fuentes del Instituto Armado, el tráfico de embarcaciones sospechosas que se detecta diariamente por esa zona del Estrecho y que se presume que se dedican al narcotráfico o contrabando es muy elevado. Pero ahora, si encima la Guardia Civil se retira del patrullaje de la milla y media alrededor de Gibraltar, ese gran tráfico se verá multiplicado o elevado a la enésima potencia.

¿Por qué? Porque, como recuerdan estas mismas fuentes, la presión sobre este tipo de embarcaciones desde la Roca no es la misma. No lo califican de permisividad, pero casi. Recuerdan que en los últimos meses han sido muchas las ocasiones en las que las patrulleras de la Guardia Civil han sido interceptadas por la policía de Gibraltar o por naves de la Royal Navy cuando estaban en plena labor de persecución de embarcaciones sospechosas. Recuerdan que en todas esas situaciones, las naves han logrado huir de la presión del Instituto Armado, ya que los agentes británicos han obligado a detener las persecuciones.

Este periódico ha informado de numerosos incidentes, de episodios de acoso y hostigamiento que la Guardia Civil ha sufrido en el Estrecho, en aguas españolas, por parte fundamentalmente de la Royal Navy. La presión ha ido en aumento. Y de lo que se quejan, según fuentes de Exteriores, es de la falta de respaldo de los mandos militares del Instituto Armado y, sobre todo, de los responsables políticos del Departamento.

No alcanzan a entender por qué ni el titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; ni el director general del Instituto Armado, Francisco Javier Velázquez, han lanzado un mensaje claro de actuación para la Guardia Civil en aguas españolas. Los mandos intermedios han tomado la iniciativa y han tratado, en primer lugar, de que no se produzcan incidentes, al margen de que para ello han tenido que sacar muchas veces a sus naves de aguas españolas: los británicos les han expulsado de territorio español.

Ahora llega el último paso, la prohibición de patrullar a milla y media del Peñón. Los agentes creen que ya solo falta que el Gobierno de Zapatero firme un acuerdo con el Reino Unido en el que certifique la entrega de estas aguas españolas a Londres. El malestar y, sobre todo la desilusión, imperan en el Instituto Amado.

Cuentan que esta situación es nueva, de apenas unos meses para acá. Recuerdan que la colaboración con la olicía británica hasta ese momento era «excelente». Pero en cierto momento se produjo un cambio radical de actitud por parte británica y de la noche a la mañana comenzó a expulsar a los españoles de lo que considera sus nuevos límites de aguas, pese a ser españolas.

¿Y cuándo arranca esta situación? Los afectados lo tienen meridianamente claro: en el momento en que Moratinos visitó el Peñón y arrancaron las conversaciones del llamado Foro Tripartito, en el que ya el Gobierno de Zapatero reconoce soberanía a Gibraltar como para sentarse en una mesa conjunta, como si de un estado más se tratara. Ahora se cumplirá un año del comienzo de esas reuniones y del inicio de esta campaña de hostigamiento a la Guardia Civil.

Según las fuentes consultadas por este periódico, hasta en una docena de ocasiones los guardias civiles que trabajan en el Estrecho han tenido que dar novedades, es decir, informar de situaciones delicadas provocadas tanto por la Royal Navy como por la policía gibraltareña.

ANA ROMERO / Qala-e-Now (Afganistán)

'Jirga' y churros para Moratinos, el notable

El ministro vende el «modelo español» para pacificar Afganistán

Enviada especial

De pie bajo la gran jaima, y ataviado con turbante y chapan a la usanza de los malik (notables), Miguel Angel Moratinos habló emocionado: «Venid a España para ver a un país amigo que se preocupa por Afganistán. España no tiene intereses ni agenda oculta en Afganistán. Sólo queremos ayudarles y asistirles en la reconstrucción de su país. Somos un mismo equipo, una misma familia, y tenemos un mismo destino: la paz en Afganistán».

Frente a él, 400 notables de la provincia de Baghdis que vinieron a honrarle organizando una jirga, una especie de gran asamblea en la que los afganos toman sus decisiones.

Aunque aquí lo hacen con frecuencia -el último agraciado con tocado y capa de mando fue el embajador de EEUU-, nunca antes había sido honrado así un político español.

El gobernador de la zona, el tajik Delbar Jan Arman, quiso corresponder a Miguel Ángel Moratinos, que lo invitó a España el pasado mes de mayo junto a 14 notables.

La escena era extraña en el corazón del histórico Khorasan. Hombres taciturnos de mirada fiera sentados sobre sillas clavadas en gruesas alfombras. Alguna mujer con burka. Fuera de la jaima, soldados españoles y adolescentes afganos rodeados de las montañas del país, que parecen pirámides de polvo. Todo el 18 de julio de 2010 (para los españoles) o el 27 Saratan de 1388 (para los afganos) fue un día extraordinario para Moratinos.

Comenzó a las 4.00 horas en Almaty (Kazajstán), desde donde voló a Dushambé (Tajikistán) en un avión de las Fuerzas Aéreas. Se le unió allí Soraya Rodríguez, la secretaria de Estado de Cooperación. Desde Dushambé fueron transportados en un Hércules hasta Qala-e-Now, capital de Baghdis, donde trabajan 800 militares y 22 civiles españoles. Tres veces había intentado Moratinos viajar a a Qala-e-Now. El tiempo nunca lo había permitido.

En pleno discurso bajo la jaima, apareció el molesto viento que levanta el polvo y obliga a los afganos a taparse la cara con el pañuelo. Moratinos hizo entonces metáfora con el significado de Baghdis («el azote del viento», en darsi): «Si todos soplamos en la buena dirección, este viento pasará a llamarse sagrado. El viento bienvenido, el que dará a ustedes el futuro que se merecen».

Antes, el ministro desayunó churros con la tropa, que ayer cambió de mando. El coronel Juan Martín Barnardi, de la Brigada de la Legión, cedió el testigo al coronel Luis Martínez Trascasa, de la Brigada Paracaidista. También el contingente civil, hasta ahora liderado por Jorge Morate, pasó a otro diplomático, Jorge Sabadell.

Militares y civiles componen lo que Moratinos alabó ayer como el «modelo español», una fórmula que hace que los afganos «no nos vean como ocupantes», según el embajador especial de España para Afganistán y Pakistán, Rafael Mendivil.

El ministro alabó a los soldados españoles por «tratar de comprender a aquéllos a los que tienen que ayudar». Tras los «¡Viva Su Majestad!» y «¡Viva España!», Moratinos inauguró el Hospital Provincial y la Escuela y visitó la granja que han construido los españoles en el país mayor productor de opio del mundo. Ahí está gente como Maite Parrilla (33 años), una ingeniera agrónoma orgullosa de lucir el chaleco de la Aecid (Agencia Española de Cooperación y Desarrollo).

La llegada a Kabul tras el paso por Qala-e-Now fue un jarro de agua fría para el ministro. La capital de Afganistán es una ciudad aún en guerra. Acababan de limpiar los restos del último atentado cuando la delegación española pasó por la White Road, la carretera que une el aeropuerto con la Zona Verde. Los estadounidenses colaboraron con tanquetas blindadas para proteger a la comitiva del ministro. Para acceder al palacio presidencial hay que pasar ocho controles militares en la llamada Milla de la Muerte. El presidente, Hamid Karzai, felicitó a Moratinos por la victoria de España en el Mundial. Ese espíritu de equipo, dijo el ministro, es el que el presidente afgano querría para sacar adelante su maltrecho país.

La jornada acabó en la residencia del embajador español, José Turpín, el más veterano ya tras cinco años en Kabul. La casa presenta aún las heridas del atentado del verano pasado, cuando la puerta y las ventanas saltaron por los aires por el efecto de un coche-bomba. Como invitado especial, el general Petraeus.

Mañana empieza aquí la Conferencia Internacional para Afganistán, que se celebra por primera vez en territorio afgano. Petraeus y Moratinos discutieron el tuétano del plan político para el país: negociación con los talibanes para su reinserción social. Ambos coincidieron en las líneas rojas de tal reinserción: respeto a la Constitución, no pertenencia a Al Qaeda y no regresión de los derechos de las mujeres.

Y a dormir en el Hotel Serena. El más seguro de la ciudad. Así fue el día en que Moratinos fue a la guerra buena de Afganistán.

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