ANÁLISIS: Los "stress tests" de la banca, una operación de imagen

A FONDO
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
Una operación de imagen
Los esperados stress tests de la banca europea no van a suponer un cambio sustancial respecto a la situación previa.
Es decir, que las pruebas no despejan las dudas (al menos, no del todo) sobre la salud de los bancos.
Ha sido una brillante operación de imagen del Comité Europeo de Supervisores Bancarios (CESB) y del Banco Central Europeo, a la que se han sumado los bancos centrales. En España, con especial fruición, el Banco de España, que, por suerte, no ha sucumbido a la tentación del maquillaje.
Analicemos la cuestión con calma. Primero: ¿por qué se hacen estas pruebas de esfuerzo al sector bancario europeo?
Sencillamente, porque los mercados no se fían de su solvencia. Para entendernos, los bancos no se fían unos de otros. Eso ha llevado a una situación inédita de falta de liquidez. Nadie le presta a nadie y el Banco Central Europeo ha tenido que ejercer de banquero de bancos.
¿En qué contexto se produce ese examen? Tras un caos sin precedentes que ha estado a punto de provocar la suspensión de pagos de Grecia y que ha obligado a todos los países del euro a aplicar duros programas de ajuste presupuestario.
La desconfianza se extendió a otros países, como, por ejemplo, España, cuyo diferencial con la deuda de Alemania superó con holgura los dos puntos. Es decir, que la desconfianza entre los bancos llega en un contexto de recelo sobre la capacidad de devolución de la deuda de ciertos países.
Entonces, los gobiernos de los países del euro decidieron hacer un striptease bancario para mostrar al mundo y a ellos mismos que el sistema no estaba tan mal como parecía. «Eso», argumentaron, «devolverá la confianza, hará que los mercados funcionen y la liquidez fluya».
En ese escenario de sinceridad positiva, el Banco de España sacó pecho y elevó el listón del striptease a la práctica totalidad del sector financiero español (cuando el Banco Central Europeo sólo pedía un topless).
Todo eso es perfecto. Pero la clave está en el estrés que se aplique al test. Es decir, utilizando el símil del propio gobernador en su rueda de prensa del viernes, en los camiones llenos de arena que subamos al puente para ver lo que aguanta.
Lo primero que sorprendió a todo el mundo fue ver lo sano que estaba el sistema. En total, la banca europea sólo necesitará ¡3.500 millones de euros para sanearse! Y las vituperadas cajas españolas, infectadas por el ladrillo, se apañarán con ¡1.800 millones! (1.400 millones si tenemos en cuenta que Caja Cívica no va a recurrir al Frob).
¿Tanto ruido para tan pocas nueces? ¿Cómo compaginar ese saludable estado de salud con el plan de rescate aprobado in extremis por la Unión Europea de 750.000 millones de euros? ¿Cómo hacer compatible esta aspirina infantil con aquella quimioterapia?
Al final, lo que ha ocurrido es que encima del puente se han puesto menos camiones de los que cabía esperar para estar seguro de que el puente aguantará.
Y eso no es responsabilidad de los bancos centrales, sino de los gobiernos, que han preferido que, en la foto, la banca saliera más sana para que la confianza generada terminara de curarla por completo.
Las circunstancias a las que se han sometido las cuentas de los bancos no han sido tan duras ni tan extremas como cabía esperar. El listón de capital exigido, el llamado Tier 1 (que mide los recursos propios sobre los activos en riesgo, básicamente capital sobre créditos), del 6%, tampoco es tan exigente. El estrés aplicado a los bancos portugueses, italianos o alemanes es bastante más llevadero que el que se ha empleado para mediar a la banca española.
En la deuda soberana (los activos públicos que han comprado los bancos) tampoco se han aplicado grandes recortes. Tan sólo se ha descontado una parte de su valor a la deuda comprada para venderla, pero no a la deuda que está en sus libros, que es la más sustanciosa (Santander y BBVA, por ejemplo, suman 88.000 millones de euros).
El examen tampoco ha sido muy estricto en cuanto a las minusvalías aplicadas al sector inmobiliario (sobre todo fuera de España). En fin, que ha sido un test facilón para que casi todos pasaran el corte.
¿Quiere esto decir que los bancos están mucho peor de lo que dicen los stress tests?
No necesariamente. Los grandes bancos españoles (Santander y BBVA) tienen músculo suficiente como para superar pruebas aún más duras. Sus niveles de capital tras el test (10% en el caso del Santander, 9,3% en el del BBVA) muestran que tienen provisiones y margen suficiente como para aguantar un sobre esfuerzo.
El test tiene una cosa buena: ayuda a discriminar entre unas entidades y otras, de una forma mucho más precisa de lo que muestra su resultado final, según el cual tan sólo siete catean, según los criterios aplicados por el CESB.
Lo peor, lo más decepcionante de esta prueba de esfuerzo, no es que las condiciones a las que se han sometido a los bancos no sean todo lo duras que deberían haber sido, sino que deja fuera del escenario el problema fundamental que tienen ahora las entidades: la falta de liquidez.
Es decir, ¿qué ocurrirá si la operación de imagen sale mal y los mercados siguen cerrados, si el crédito no fluye? Esa hipótesis ni siquiera se considera en los stress tests.
Volvamos a las cosas positivas. Lo que sí enseñan estas pruebas es lo que la banca nunca debería hacer. Por ejemplo, meterse de lleno en el sector inmobiliario para hacer dinero fácil, o invertir en derivados para generar más comisiones. O, en el caso de España, imponer condiciones políticas para fusionar entidades.
Al final, el ciudadano de la calle, el autónomo, el pequeño empresario, lo que se pregunta es: ¿servirá esto para que los bancos den más créditos?
No está nada claro. Lo veremos en los próximos meses. Dependerá mucho de si los propios bancos consideran que este desnudo parcial ha sido suficiente o no. Los augurios no son buenos: el escepticismo reinaba ayer entre los expertos, pese a la convincente exposición del director de Supervisión, José María Roldán, en la mañana del sábado ante más de 100 analistas internacionales.
Finalmente, el Gobierno debería ser prudente. La banca española ha salido, en general, bien parada (no así las cajas), pero el Gobierno debe afrontar su propio examen de credibilidad: concretar las reformas a las que se ha comprometido. Ese stress test se aplicará a partir de septiembre.
casimiro.g.abadillo@elmundo.es





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