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domingo 27 de junio de 2010

Y ZAPATERO HIZO QUEBRAR AL ESTADO ESPAÑOL: «Zapatero es el principal problema de la economía»


TOÑI CARAVACA / Córdoba

«Zapatero es el principal problema de la economía»

Zapatero embusteroRajoy se muestra dispuesto a llegar a acuerdos si el Gobierno «rectifica»

El presidente del PP, Mariano Rajoy, se mostró ayer en Córdoba muy crítico con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. «Nunca ha sido tan evidente como ahora en España el daño que un mal gobernante puede hacer al conjunto del país», manifestó. Y dijo que la actual situación económica es consecuencia de «los malos gobiernos que no quieren escuchar» para luego «tener que hacer lo que le digan fuera».

A su juicio, «el principal problema de la economía española tiene un nombre: José Luis Rodríguez Zapatero». Rajoy recordó que, en los últimos dos años, el PP ha venido advirtiendo de que «las cosas no iban bien, que no se podían arreglar así y que era necesario un plan refrendado en el Parlamento». Sin embargo, el jefe del Ejecutivo optó por poner en marcha «medidas improvisadas y ocurrencias con las que no se puede gobernar». El PP, espetó Rajoy, ya dijo que era necesario reducir el gasto público y realizar reformas, pero «nadie nos hizo caso». «La soberbia es muy mala consejera en la vida», aseguró.

El presidente del PP explicó que las consecuencias ahora las tienen que pagar todos los españoles -los funcionarios, los empresarios y los parados- y también las inversiones públicas. España, consideró, ha pasado de ser un país «respetado, con criterio y al que se le escuchaba en Europa y en el mundo a ser un país en el que nos imponen obligaciones». El líder de los populares insistió en que España es ahora un «país bajo vigilancia» gracias a «unos gobernantes que han sido incapaces de gobernar». En contraposición, apostó por un país «grande, sólido, con personalidad, con criterio y que opine como los demás».

Por otro lado, Rajoy advirtió al Gobierno de que no se va a «resignar» a que en España haya más de 4,5 millones de parados, a que se continúe perdiendo poder adquisitivo y a que el 40% de la tasa de paro la representen los jóvenes. Tras sus palabras, los asistentes al acto gritaban: «Zapatero, dimisión».

El líder popular se mostró, sin embargo, partidario de alcanzar acuerdos con el Gobierno «si son razonables», ya que, argumentó, el PP «siempre estará con los intereses generales», aunque matizó que «la democracia» significa «escuchar» y el Ejecutivo de Zapatero «no ha querido escuchar a nadie».

En este sentido, Rajoy mostró su disposición a llegar a un entendimiento «en beneficio de la nación si se rectifica», como, recordó, ha ocurrido con el recibo de la luz, que, finalmente, no se subirá. Como medidas más inmediatas, Rajoy abogó por reducir el gasto público. Un alcalde, dijo, «no puede tener 30 asesores». «Será el mejor asesorado del mundo, pero es un gasto innecesario. El dinero de los contribuyentes hay que respetarlo. Hay que ser muy cuidadoso con él. No podemos gastar lo que no se tiene», explicó.

Zapatero embustero

AGUSTÍN YANEL / Madrid

Cayo Lara pide que acabe la 'transfusión de sangre' al PSOE

Duras críticas a Zapatero en la Asamblea de Refundación de IU

El coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara, considera que la ciudadanía de izquierdas ya no tiene que hacer «más transfusiones de sangre» al PSOE, en referencia a los votos que da a los socialistas cuando llegan las elecciones para impedir que el PP vuelva a gobernar. «La historia ha demostrado que no han servido para hacer girar a la izquierda», afirmó.

Ayer, durante la Asamblea de Refundación de IU, Lara dijo que el Gobierno de Zapatero «se ha plegado a las exigencias de los grandes poderes económicos», practica políticas que «son un regalo para los beneficios del capital financiero», adopta las medidas que exige el PP y «ha abandonado a su electorado y a su base social».

Con ese panorama, «la transfusión que toca ahora es que la base social desencantada con la política del PSOE tiene que venir a esta fuerza política», manifestó.

Todos los representantes de sindicatos y colectivos que hablaron en la Asamblea -desde el presidente del Foro Mundial de Alternativas, Samir Amin, hasta dirigentes de UGT, CCOO, asociaciones de vecinos y otros- criticaron al Gobierno de Zapatero por los recortes a los pensionistas y trabajadores.

Toni Ferrer, secretario de Acción Sindical de UGT, denunció el «ataque inmisericorde y obsceno» contra los sindicatos, sobre todo «por parte de la derecha y de quienes han renunciado a defender los derechos de los trabajadores». Esta referencia al Gobierno levantó los aplausos de los asistentes.

Acusó al PP, «pero también al Gobierno de Zapatero, no sé si por acción o por omisión», de intentar que desaparezca la negociación colectiva entre sindicatos y patronal.

Ramón Górriz, secretario de Acción Sindical de CCOO, criticó que «un Gobierno que se dice de izquierdas» apruebe una reforma laboral «que abarata y hace más fácil el despido». «Que yo sepa, los gobiernos de izquierdas están para defender los derechos de los trabajadores», subrayó.

Con esta Asamblea de Refundación -que se celebró en Fuenlabrada (Madrid)-, IU inicia una nueva etapa en la que pretende aglutinar a todos los grupos y colectivos de izquierda en un movimiento político y social fuerte frente al neoliberalismo y para superar el capitalismo, según Lara.

Tras las intervenciones, los más de 700 asistentes debatieron durante toda la tarde, en seis mesas de trabajo, un programa político con alternativas sociales a la crisis económica y de qué manera debe organizarse este movimiento en torno a Izquierda Unida.

En diciembre de 2008, en su última Asamblea Federal, IU decidió abrirse a la sociedad. Una prueba de ello es que el 40% de los asistentes ayer no están afiliados, sino que son de grupos y colectivos sociales.

Soplan buenos vientos para IU, a juzgar por las encuestas, y eso se tradujo en el ambiente de ánimo y esperanza con que celebró la Asamblea. En las elecciones de marzo de 2008 obtuvo el 3,77% de los votos (dos diputados) y desde entonces no ha dejado de subir en expectativas, hasta el 5,8% que le dio el CIS en abril pasado y el 7% e incluso 7,5% de sondeos privados.

>EMERGENCIA ECONÓMICA / La propuesta española

PABLO PARDO / Toronto

EE UU: «España no tiene otra opción»

La Casa Blanca remarca que España y Grecia deben actuar «con rápidez» contra el déficit
«Saldremos de la crisis a velocidades diferentes», dice el secretario del Tesoro de Obama

Zapatero embusteroEspecial para EL MUNDO

Los países partidarios de aplicar medidas drásticas de reducción de gasto -liderados por Alemania- y los empeñados en mantener los planes de estímulo, capitaneados por EEUU, sólo están de momento de acuerdo en un punto: «En España no tienen otra opción, es importante que se mueva con mucha rapidez contra el déficit para tranquilizar a los mercados».

Fue Tim Geithner, el secretario del Tesoro de EEUU, quien sacó a colación la crisis de España dos horas y media antes de que el avión de Zapatero tomase tierra en Toronto, la ciudad que alberga la cumbre del G-20. «Es completamente apropiado que España y Grecia» actúen contra el déficit, insistió.

Así pues, España y Grecia parecen ser los únicos países acerca de cuya política fiscal todos están de acuerdo. Con los demás, la controversia está garantizada. Al cierre de la edición, el G-20 parecía encaminado a aceptar la tesis de Alemania, Reino Unido y Francia de que ya es hora de empezar la consolidación fiscal, aunque dejando un margen de maniobra que permita salvar la cara al grupo encabezado por EEUU y la India, que propugna que los estímulos fiscales continúen. La clave es que, como explicó Geithner, «saldremos de la crisis a velocidades diferentes».

Sobre esa base, los líderes de las 19 economías más grandes del mundo, más la UE y los dos invitados permanentes -Países Bajos y España-, estaban trabajando en una declaración que proclamaría que cada país podrá seguir la política fiscal que quiera, siempre que reduzca su déficit a la mitad en 2013.

Justo 2013 era la fecha propugnada hace un año por Obama para que EEUU lograra ese objetivo, aunque ahora la Casa Blanca ya no hace ninguna referencia a ese año. Pero, al mismo tiempo, la idea de los países líderes de la UE de empezar los ajustes en 2011 a más tardar parecía haberse caído de la agenda del G-20.

Ésas eran las conclusiones que se obtenían de las filtraciones del comunicado final logradas por la agencia de noticias Reuters. «Por un lado, necesitamos desarrollar los actuales planes de estímulo», declaraba el texto. Pero, al mismo tiempo, recordaba que «los recientes acontecimientos subrayan la importancia de unas finanzas públicas sostenibles», en referencia a los problemas de Grecia, Portugal, España, Italia e Irlanda. Y fijaba como objetivo reducir la deuda pública al 100% del PIB para 2016.

El documento añadía que «hay necesidad (…) para poner en marcha [planes de ajuste] creíbles, adecuadamente organizados en el tiempo, diferenciados y ajustados a las circunstancias nacionales», lo que deja un amplio margen a cada país para llevar a cabo las políticas fiscales que juzgue necesarias, algo lógico en un contexto en el que la recuperación económica mundial es «frágil».

En todo caso, el acuerdo distaba de estar cerrado. Por un lado, estaban los campeones del optimismo -el presidente de la UE, Herman von Rompuy, y el de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso- afirmando que «todos los participantes del G-20 están de acuerdo» en esa declaración. Una hora después el ministro de Finanzas brasileño, Guido Mantegna, calificaba el objetivo de 2013 de «draconiano», «difícil» y «exagerado».

En todo caso, lo que estaba claro es que Merkel se había plantado ante Obama. Porque, como dijo la canciller alemana el viernes por la mañana, con un estilo que haría sentirse orgullosa a Margaret Thatcher: «He dejado claro que necesitamos crecimiento sostenido, y que crecimiento y medidas de austeridad inteligentes no tienen por qué ser contradictorias».

El borrador del comunicado toma una solución salomónica con respecto a la divisa china, el renminbi: «Damos la bienvenida a los esfuerzos de China para fomentar su demanda interna y para reformar más el tipo de cambio del renminbi y la flexibilidad de su régimen cambiario».

Es una declaración que no entra en si la apreciación es un verdadero paso adelante o un simple paripé de Pekín. Pero el G-20 es consciente de que cualquier medida que China adopte para fomentar sus importaciones -y encarecer su divisa, aunque sea poco, lo es- puede tener un impacto clave en la economía mundial.

Como botón de muestra: en los primeros cuatro meses de este año, China ha aumentado en un 60% sus compras en el exterior, hasta los 127.859 millones de euros, el equivalente a la mitad de todo el PIB de Grecia. Eso significa que «cada 8 meses, China importa una Grecia», como afirma el economista Jim O'Neill, de Goldman Sachs.

Aún así, los jefes de Estado y de Gobierno del G-20 tenían aún una agenda llena de obstáculos anoche -madrugada de hoy en España-, cuando la cumbre arrancó formalmente con una cena de gala en el Hotel Fairmont Royal York.

La discrepancia clave era la regulación bancaria. Obama ayer lanzó una bomba política al pedir al Congreso de EEUU la creación de un impuesto especial que grave a los bancos para recaudar 90.000 millones de dólares (73.000 millones de dólares) con los que financiar futuros rescates de entidades.

De hecho, los demócratas del Congreso ya han deslizado por la puerta de atrás otro gravamen a las entidades por 19.000 millones de dólares (15.400 millones de euros) que será gestionado por el Tesoro para financiar los cambios en el sistema regulatorio del sector financiero estadounidense. Así, la Casa Blanca se vuelve a alinear con el Reino Unido, Francia y Alemania y contra países como Canadá, India, Australia, Brasil y Sudáfrica que, al no haber sufrido crisis bancarias, creen que ése no es su problema.

AJUSTE DE CUENTAS

JOHN MÜLLER

Obama hace los deberes

El pacto alcanzado en el Congreso en torno a la reforma financiera le ha caído como anillo al dedo a Barack Obama. El presidente de EEUU corría el riesgo de presentarse en la reunión del G-8 y del G-20 como el mandatario que menos ha contribuido a salir de la crisis. Europa ha emprendido un severo ajuste con importantes reformas, Latinoamérica ya las había hecho y hasta China ha ofrecido fortalecer su moneda, al menos para capear las críticas.

Aunque los partidarios de Obama lo señalan como el presidente más activo de la historia («nadie desde Franklin Delano Roosevelt ha hecho tanto por transformar el país en tan poco tiempo», dice el bloguero Taegan Goddard), la verdad es que toda su actividad en 18 meses se reduce a tres grandes leyes: la reforma sanitaria, la nueva legislación energética sostenible y la reforma financiera. La primera no tiene relevancia global, la segunda sólo se aprobará a finales de año y la tercera es imprescindible, ya que no debemos olvidar que la crisis financiera se incubó y estalló en EEUU.

Habría que agregar que también fue en EEUU donde se aplicaron los primeros remedios. Y algunos fueron equivocados. Fue el equipo del ex presidente George Bush el que acuñó el principio de too big to fail (demasiado grande para quebrar) que tanto daño ha causado. Sigo sin entender cómo los banqueros no tuvieron redaños para reaccionar contra esa trampa para osos que representaba la socialización de las pérdidas. Ahora, cuando se ve que esa doctrina tiene consecuencias en forma de tasas financieras e impuestos, se quejan.

La reforma ha merecido todo tipo de comentarios. Los más críticos la consideran endeble y que no reduce el riesgo del sistema financiero. Afirman que la regla Volcker, la que prevé la separación de las actividades de banca comercial de la de inversión, ha salido debilitada. La crítica más severa tiene que ver con el hecho de que Freddie Mac y Fannie Mae, dos entidades públicas creadas durante el New Deal, serán reformadas en otra normativa. Es una buena manera de quitarse los problemas de en medio.

Con todo, si Obama pensaba llegar a Toronto con alguna fortaleza para intervenir en el debate de los estímulos fiscales (que él mismo creó con su carta a los líderes del G-20), el pacto en el Congreso era imprescindible. El cambio político en el Reino Unido ha privado a Obama del apoyo del ex primer ministro Gordon Brown, el auténtico ideólogo del manguerazo fiscal, y ante el camino de la estricta disciplina fiscal emprendido por la UE, tendrá que buscar las simpatías del brasileño Lula o de la señora Kirchner, más proclives a los enfoques socialistas. El asunto es que tanto Brasil como Argentina, no padecen la crisis con la intensidad que Europa o EEUU.

El debate se centrará, entonces, en los países con grandes superávits. El asunto no es ya si la moneda china está infravalorada para favorecer sus exportaciones, la cuestión es que el consumo interior está reprimido. En 2009 se vendieron 13,6 millones de coches, una cantidad ridícula en un país de 1.200 millones de habitantes. Alemania, a otra escala, es como China. Un fuerte superávit al que contribuimos todos los demás países europeos que recibimos el 75% de su comercio.

john.muller@elmundo.es

Zapatero quiere gravar a la banca

Aboga ante el G-20 por extender el modelo del Fondo de Garantía de Depósitos

Enviada especial

Zapatero ha llegado a la cuarta cumbre del G-20 con la intención de defender la necesidad de que las entidades financieras se corresponsabilicen de los desequilibrios que puedan generar con su actividad. El presidente defiende la posibilidad de establecer los dos tipos de tasas bancarias que han centrado buena parte de las discusiones de los sherpas del club, aún a sabiendas de que ni una ni otra recabarán la unanimidad de los socios.

La primera de ellas seguiría un modelo parecido al que existe en España para alimentar el Fondo de Garantía de Depósitos. Su objetivo es el de constituir una bolsa de seguridad internacional para cubrir futuros rescates sin necesidad de que estos recaigan sobre el contribuyente.

De acuerdo con el borrador de conclusiones que ayer circuló en la sede de la Cumbre, este tipo de gravamen no será obligatorio; lo impondrán los países que lo consideren oportuno, de manera voluntaria.

Zapatero es uno de los firmes defensores de esta idea cuyos detalles, en el marco de la UE, deberían decidirse en octubre. En principio, los bancos y cajas españoles no tendrían que verse afectados porque ellos ya realizan aportaciones al Fondo de Garantía, pero en función de lo que se pacte en la Unión, las mismas podrían sufrir variaciones.

La posición española en este caso se ve reforzada por el anuncio de Obama de dar un paso más en la regulación de su sistema financiero proponiendo cobrar una tasa a los bancos que permita devolver en 10 años las ayudas públicas que han recibido y que ascienden a 90.000 millones de dólares.

Alemania, Francia y Reino Unido también están en disposición de respaldar esta idea si bien dejando claro que el gravamen debería adecuarse a la situación de cada país. En contra de la misma se han manifestado Australia, Canadá, Rusia, China e India que no han tenido que poner en marcha planes de ayuda para sostener a sus bancos. Esta división de opiniones es la que, en principio, se recogía en el borrador de conclusiones, que dejaba la imposición de la tasa en manos de cada país.

Zapatero también defiende el establecimiento de un segundo gravamen, en este caso sobre las transacciones financieras. No obstante, el apoyo español a esta idea depende de que la misma recabe el consenso internacional, algo que ayer se daba por descartado.

Si el primer impuesto sobre la banca suscita reticencias en bastantes países, este segundo no cuenta con posibilidades de prosperar. Con este gravamen se pretendería desincentivar las operaciones puramente especulativas.

Se trataría en realidad de recuperar la vieja idea de la Tasa Tobin pero a diferencia de ésta que se centraba especialmente en los mercados de divisas, la nueva tendría vocación de extenderse a todas las transacciones a corto plazo.

Los expertos calculan que con un impuesto del 0,05% sobre el valor de la transacción se podría recaudar, dependiendo del volumen de contrataciones, una cantidad anual que oscilaría entre un mínimo de 330.000 millones de euros hasta un máximo de 1,3 billones.

El jefe del Gobierno dará la batalla además en favor de publicitar los stress test de la banca. En este caso Zapatero, que cosechó un éxito en el seno de la Unión con esta propuesta, juega con la baza a su favor de que dos bancos españoles ocupan los primeros puestos de solvencia internacional. Se trata de una idea que, al menos, en relación con España contribuirá a generar confianza en torno a la solidez del sistema financiero.

Por último España insistirá en la necesidad de «embridar los hedge funds» reforzando su supervisión y su transparencia a fin de eviatr los riesgos excesivos. Tampoco este idea cuenta con demasiadas posibilidades de ver la luz.

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