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Lugar: Cantabria, Spain

miércoles 30 de junio de 2010

FIRMAS: Federico Jiménes Losantos, Raúl del Pozo, Santiago González, Arcadi Espada, John Müller, Victor de la Serna, Justino Sinova, Pedro G. Cuartang



Zapatero embustero

COMENTARIOS LIBERALES

F. JIMÉNEZ LOSANTOS

Fallo multiorgánico

EL FALLO del Tribunal Constitucional supone la liquidación de cualquier régimen constitucional español, es decir, basado en la nación española como fuente de legitimidad y en el pueblo español como sujeto político de su destino. No sólo el régimen del 78; cualquier régimen que se pretenda constitucional y español. Ese engendro ilegal e ilegítimo alumbrado por el Tribunal de la Gabardina liquida cualquier posibilidad de existencia para una Constitución española que proteja a todos y cada uno de los ciudadanos, vivan o no en Cataluña, ya que el Estatuto se acepta como una ley de rango superior al de la Constitución, en la teoría y en la práctica. Pero es que, además, impide que los ciudadanos que prefieran la secesión regional a la tiranía colonial de la corrupta casta dirigente catalana puedan elegir su futuro. El fallo del TC nos obliga a aceptar esa esclavitud arteramente rencorosa y onerosamente retorcida que a partir de ahora están condenados a mantener la difunta nación española con la piafante nación catalana. Como en China, el condenado debe pagar la bala que lo fusila.

La degradación de España se muestra también en que las dos veces que el nacionalismo catalán se ha atrevido a proclamar el Estado catalán, en 1931 y en 1934, lo hizo como golpe de Estado contra la Monarquía y contra la República. Ahora, el que da el golpe de Estado contra el régimen político español es el Tribunal cuya única función es defenderlo. Con otra diferencia: a Maciá lo frenó Alcalá Zamora; a Companys, Lerroux y el Ejército. A María Emilia Casas la ha alentado Zapatero; y a Zapatero lo flanquean, sumisos, el PP y el Rey.

Estamos, pues, ante el fallo multiorgánico de un enfermo que provoca forzosamente su muerte. Pero ese cadáver aún caliente al que, por costumbre, llamamos España, no deja el mundo de los vivos o de lo vivo por accidente. Este fallo, este colapso letal de nuestro régimen político se produce porque en el cuerpo legal, político y moral de la nación española falla todo: jueces, Parlamento, Gobierno, Oposición, medios de comunicación y Jefe del Estado. Y no cabe curación ni milagro, porque tras el Golpe de 2010 nada cambiará: ni los jueces, ni los políticos que los nombran, ni el Gobierno, ni la Oposición, ni los medios ni la Monarquía, convertida en corona funeral de la Nación Zombie. Los ayer españoles hoy somos eso: muertos vivientes que no pueden ni resucitar ni descansar en paz.

EL RUIDO DE LA CALLE

Bandera 'estelada'

Raúl del Pozo

Publicado el Martes, 29 de junio de 2010

El presidente del Parlamento de Cataluña ha declarado que la sentencia del Tribunal Constitucional rompe el pacto ente Cataluña y España, alienta el independentismo y provoca una crisis de Estado. Los catalanes, que no eran dados a la hipérbole, últimamente han abusado de esa figura para asustar a los que ya están curados de consternación. No es la angustia de la unidad nacional lo que nos acongoja, sino la ruina que tenemos en lo alto. Para enjuagar el problema de exageraciones he tenido una tenida con catalanes de la judicatura y de la izquierda. Tenida significa reunión de logia, pero no eran todos masones.

Un ecologista, mientras se come un sandwich, me cuenta que en un santiamén hemos destruido nuestro mejor y más admirado castillo de arena. Piensa que la sentencia destruirá el Estado de las Autonomías y nos devolverá a los orígenes pasionales y sentimentales. Un español españolista explica que ya no nos intimidan las collonadas de un catalanismo de parásitos apoyados un sistema electoral absurdo que les favorece y les convierte en bisagras. Sospecha el patriota que estos catalanes no son los que antes tiraban bombas desde la platea para matar a los generales, se conforman con llevarse las lámparas de araña del Liceo. Un catalán que gesticula como Pujol comenta que Cataluña es un pueblo que sabe esperar, pero ha sido engañado de nuevo.

La sentencia, a pesar de sus 100 páginas, no dice otra cosa relevante que lo relativo al Poder Judicial. Todos explican que los efectos van a ser políticos. Insisten en que ha sido una innecesaria imprudencia sacar la sentencia en campaña electoral. A partir de ahora, Cataluña no defenderá un modelo para España. Negociará bilateralmente con el Estado. Todos definen la sentencia como ambigua, temerosa, confusa y la culpan de haber puesto en evidencia la necesidad de cambiar el modelo de Estado, costoso e insolidario. Ni sirve al PP ni a los partidos catalanes, que son los que parece que van a gobernar.

Pregunto por la estelada por no preguntar directamente por la independencia. Según ellos, el concepto de nación siempre ha sido un concepto cultural. Nunca ha tenido efectos jurídicos y casi nadie ha pretendido que los tenga. El alegato solemne a la unidad nacional es una demostración de la debilidad de un Estado que dice obviedades por puro miedo. Me convencen de que la estelada no va por el mismo camino de la filipina o la portorriqueña, que se inspiraron en la de Cuba. Como las otras, la estelada tiene estrella que simboliza la libertad, el rojo de la sangre y el triángulo masónico. Las elites criollas aprovecharon la debilidad de una España desgarrada para rebelarse contra la Corona. Ahora hay criollismo burgués y debilidad del Estado, pero no hay generales que defiendan la metrópoli. Si los catalanes quisieran, ya se habrían ido.

DECADENCIAS

Portugal mas allá del fútbol

Luis Antonio de Villena

Publicado el Martes, 29 de junio de 2010

Hace años, me preguntaba un escritor portugués en Lisboa: "¿Qué habrían dicho los españoles si Portugal titula su compañía aeronáutica oficial Iberia?". Creo que no hubieran dicho nada si ellos lo hubieran hecho antes que nosotros, que (eso sí) a menudo no percibimos que Iberia es el antiguo nombre de la península entera, sin naciones, autonomías ni nacionalismos. Es cierto que Portugal ama y odia a España, como los matrimonios eternos, y como el chico teme al grande. Desde el reinado de Felipe II -a la muerte del rey portugués Don Sebastián en Alcazarquivir, donde también murió nuestro poeta Aldana- Portugal formó parte del Imperio hispánico casi un siglo, hasta el final del reinado de Felipe IV. Muchos portugueses hablan español mejor o peor (lo hablan), pocos españoles hacen el esfuerzo paralelo, aunque no es difícil. Algunos de los grandes clásicos de la poesía portuguesa (Sá de Miranda y el mismo Luis de Camoês) escribieron ocasionalmente en español. Agustín Díaz Yanes hizo muy bien en Alatriste en poner entre los soldados hispánicos que luchaban en Europa acento portugués e italiano, pues también ellos pudieron formar parte de aquellos tercios. La unión es y ha sido mucha, la indiferencia también y no beneficia a nadie.

Aquí apenas sabemos qué es el iberismo (que tanto defendió Saramago) en Portugal, en encuestas no muy lejanas, la posibilidad de unirse con España en un país único pero federal, es decir, respetando lenguas e idiosincrasias, llegó a tener hasta algo más de un 40% de aprobación. Aquí apenas nos hemos dado cuenta, pese a que nuestro rey Juan Carlos (que vivió de niño y adolescente en Portugal) hable bien el portugués como demostró en una visita oficial dirigiéndose en su idioma al parlamento vecino. Aunque sea menos rico en arte -Lisboa no tiene la riqueza museística de Madrid- Portugal tiene una gran literatura, que ni acaba ni empieza en Fernando Pessoa, enterrado en el monasterio de los Jerónimos de Lisboa enfrente de Camoês.

Portugal ha podido y debido ser siempre un amigo y aliado de España, e incluso podríamos llegar a más -como quieren los iberistas y solucionaría muchos de nuestros pesados conflictos autonómicos- superando los términos España y Portugal por el nombre común de Iberia o aún de Hispania, pues también los romanos unieron lo que se separó después.

Cierto que muchos españoles, turistas en Portugal, actúan como si llegaran a una provincia propia. Tampoco importaría si los portugueses (más medrosos) hicieran aquí lo propio. Entenderse en portuñol es muy fácil, como les ocurre hoy a tantos inmigrantes brasileños, pero aprender español y portugués no es difícil para ninguno, sino oigan con qué soltura se maneja ya un privilegiado como Cristiano Ronaldo.

Otro gran poeta portugués al que traté mucho, Eugénio de Andrade (muy traducido) hablaba español con su acento de fado, pero no porque hubiera tenido una abuela española, sino porque viajó acá y se interesó en Lorca y en Aleixandre. Como sea, mientras meditamos nuestras cercanías y distancias (más fabricadas que reales) les propongo, más allá del fútbol -nada que ver con el seleccionador luso, aunque coincida el apellido- que lean un precioso librito de Eça de Queiroz, el gran narrador portugués finisecular, Las rosas -historia y meditación de esa flor emblemática- que ha editado El Acantilado. Si no nos une el fútbol que nos acerque todo lo demás, que es mucho.

A FONDO

Desactivación parcial

Casimiro García-Abadillo

Publicado el Martes, 29 de junio de 2010

Un reloj consta de muchas piezas, pero, si carece de pila, no funciona. Por ello, analizar el fallo del Tribunal Constitucional sobre la base del número de artículos declarados inconstitucionales, como han hecho el Gobierno y el PSOE, es un error. Más que un error, es una forma de utilizar la sentencia contra el PP. No olvidemos que en este asunto la lectura política pesa tanto o más que la lectura puramente jurídica.

El ciudadano debe quedarse, en principio, con la idea de que Gobierno y PP han dado una valoración positiva a la sentencia, lo cual ya es mucho teniendo en cuenta que hablamos de un contencioso tan sensible como Cataluña y su margen de autogobierno.

El debate de fondo está en determinar si el Constitucional ha desactivado el soberanismo que contenía el Estatuto o lo ha dejado intacto, limitándose a retoques cosméticos. Es decir, si le ha quitado la pila al reloj de la independencia.

La petición de Montilla a Zapatero demuestra que el Estatuto está tocado

Para determinarlo con exactitud habrá que esperar a conocer la sentencia y los votos particulares. Pero, con todo, ya se pueden apuntar algunas cosas. Es importante que se haya desactivado jurídicamente el término 'nación' porque es de ahí de donde emana la soberanía.

Sin embargo, el TC ha podado algunos aspectos del Estatuto, quizás menos vistosos, pero de mayor relevancia práctica.

Por ejemplo, ha mutilado en gran parte todo lo referente a la financiación, no sólo por la eliminación del párrafo que condicionaba la participación de Cataluña en la nivelación de otras autonomías, sino porque elimina una disposición adicional que obligaba al Estado a fijar la inversión en infraestructuras en función del PIB catalán. Además, recorta las disposiciones sobre cesiones de IRPF, impuestos especiales y el IVA. Claramente, al Estatuto se le ha privado de la energía de la financiación, que era uno de sus pilares esenciales.

En cuanto a las competencias compartidas, el Constitucional ha eliminado el párrafo clave del artículo 111 que circunscribía los límites legislativos del Estado frente a la Generalitat a las normas con rango de ley. A partir de ahora, los decretos también serán de aplicación en Cataluña, lo que hubiera evitado, por ejemplo, la supresión de la tercera hora de castellano en la ley de educación. Esta desactivación tiene también enormes consecuencias en asuntos como legislación sobre cajas de ahorros, la regulación de la función pública, la organización administrativa, el medio ambiente, etc.

En cuanto a la lengua, es relevante la eliminación del término «preferente» en el uso del catalán en la administración. Pero es igualmente importante la reinterpretación del párrafo 1 del artículo 35, que es el que establece el catalán como lengua vehicular en la enseñanza.

También se han reconducido preceptos relativos a la bilateralidad y se ha privado a los dictámenes del Consejo de Garantías Estatutarias de su carácter vinculante.

¿Está totalmente desconectada la pila soberanista del Estatuto? Probablemente, no. Pero la exigencia de Montilla a Zapatero de que compense con nuevas leyes los recortes acordados por el TC demuestra que el Estatuto ha resultado seriamente desactivado.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

A CONTRAPELO

Sólo palabras

Santiago González

Publicado el Martes, 29 de junio de 2010

Vale la declaración preambular de Cataluña como nación, aunque el término nación carece de validez jurídica. O sea, vale, pero no vale. «Las palabras han de estar al servicio de la política y no al revés» (Zapatero, junio de 2005).

Rubalcaba ha realizado una valoración sorprendente: si lo tradujésemos al lenguaje del fútbol, el PP habría perdido por 290 a 1. 290 son, en su opinión, las impugnaciones presentadas por el PP y 1 es el artículo declarado inconstitucional en las cuentas del Gobierno. Ninguna de las dos cifras es cierta. Los 'populares' opusieron 114 enmiendas, no 290. El Estatuto de 2006 consta de un preámbulo, 223 artículos y 15 disposiciones adicionales. Y los declarados inconstitucionales son 14, no 1, amén de otros 29 interpretables. Con la lógica de Rubalcaba podría decirse que el PP, al igual que el TC, considera constitucional la mayor parte del Estatuto: de 239 epígrafes, impugna 114, menos de la mitad.

Si el más listo del Gobierno razona así, no había motivos para grandes esperanzas al oír al ministro de Justicia, Francisco Caamaño, que se explayó ayer en Onda Cero. También dijo que tumbar, tumbar, sólo han tumbado uno. También es mala suerte que el artículo que se han cargado entero sea precisamente el de la Justicia, que él había avalado con conocimientos se supone que profesionales. En los otros 13 han cambiado algunas palabras, qué son apenas un centenar de palabras frente a las 38.000 que tiene el Estatuto, sostiene nuestro hombre.

Han eliminado, por ejemplo, la palabra «preferente» para el catalán. Ya no es la lengua normal y preferente. Pero el TC, al retirar el segundo calificativo, deja obscenamente desnudo al primero. ¿Qué es normal? El castellano, ¿es anormal o subnormal en Cataluña? Trate de decir el ministro «soy partidario de las relaciones sexuales normales» ante el ejecutivo Zerolo, a ver qué pasa.

Vamos a ponerle ejemplos más fáciles: cambiar un sí por un no, donde dije 'digo', digo 'Diego'. Una palabra es un mundo. A veces basta el orden para conferir sentido: hombre pobre y pobre hombre es un ejemplo de mi lejanísimo bachillerato. Otras, basta una coma, y no pensemos en el caso de los números. Se cuenta que Pedro el Grande tenía la misma fórmula para dar el visto bueno a una ejecución que para suspenderla. Bastaba con correr la coma: «Clemencia imposible, ejecución», en el primer caso, y «clemencia, imposible ejecución» en el segundo. Sí, ministro, es sólo una leyenda y en España no está vigente la pena de muerte.

Baltasar Garzón está acusado de prevaricación por haber confundido una letra con otra, según la ciencia jurídica parda del ministro de Justicia. La L.O.G. Penitenciaria dice en su artículo 51.2 que las comunicaciones de los presos con sus defensores «no podrán ser suspendidas o intervenidas salvo por orden de la autoridad judicial y en los supuestos de terrorismo». Donde hay una copulativa, 'y', el juez leyó una disyuntiva, 'o' y ahí empezó todo. Garzón pensaría como Caamaño: total, una letra u otra, qué más da. Los dos deberían saber que la interpretación de la cuestión copulativa viene a ser una jodienda, mayormente.

CONJETURAS

TC

Erasmo

Publicado el Martes, 29 de junio de 2010

Genial. Carta Magna, en su inmutabilidad más irreversible que envidiarían los Principios del Movimiento franquista. Prodigiosa ambigüedad calculada jurisprudencial, esa treta, sostener una tesis y su contraria, en su más astuta apoteosis: el sabio Salomón, un manazas. Así, el Estado: nacionalidades, regiones y una nación carente "de eficacia jurídica" y en "la indisoluble unidad de la Nación española". Machado revisitado: españolito... te guarde Dios / una de las tres Españas (y Xavi Hernández)/ te causará desazón. 'Top hat'.

TIEMPO RECOBRADO

Del uso perverso de la palabra "nación"

Pedro G. Cuartango

Publicado el Martes, 29 de junio de 2010

Las palabras acaban configurando las cosas, como escribía Michel Foucault. La mirada es más importante que el objeto, que sería puro vacío sin el reconocimiento del sujeto. Una vez más, asistimos al obsceno espectáculo de cómo los dirigentes nacionalistas identifican Cataluña con su ideología, de suerte que es imposible ser catalán si no se comulga con el estereotipo que ellos han definido previamente.

Según los discursos de Montilla, Pujol, Mas y Puigcercós, los catalanes tienen que salir a la calle para manifestarse contra una sentencia del Tribunal Constitucional que dice que el concepto de Cataluña como "nación" carece de "eficacia jurídica".

Pujol habla de "humillación" a los catalanes, Mas se queja porque cree que el fallo afecta al núcleo duro del Estatuto, Puigcercós lo califica de "estocada mortal" y Montilla aprovecha su puesto institucional para llamar a los ciudadanos a la rebelión.

Todos ellos asumen implícitamente en sus manifestaciones que ser catalán equivale a creer que Cataluña es una nación con autogobierno, con símbolos y un idioma propio y con unas instituciones diferentes a las del Estado, con el que propugnan una relación bilateral por no decir confederal.

Están en su perfecto derecho, pero hay millones de catalanes que hablan español, que no piensan como ellos, que están hartos de la corrupción en el PSC y en CiU y que, en definitiva, no suscriben el discurso victimista de los nacionalistas.

Los líderes de los partidos que gobiernan Cataluña se quejan de la opresión del Estado español, pero ellos niegan a la mitad de la población castellanoparlante el derecho a educar a sus hijos en su idioma natal e imponen el catalán como lengua única en la enseñanza, las Administraciones y la vida pública.

Hace unos días, hablé con una mujer sueca que nació en Finlandia y me contó que ella no ha tenido problemas para estudiar en sueco en ese país, donde se respetan los derechos de una minoría que no llega al 10% de la población.

Reza un viejo proverbio de mi tierra: "a Dios rogando y con el mazo dando". Esta es la política que practican los partidos nacionalistas catalanes, entre los cuales incluyo al PSC, secuestrado en la Transición por una pequeña facción que se aprovechó del peso de las siglas socialistas.

Como la historia de Europa nos enseña, el término "nación" ha servido para legitimar regímenes totalitarios y guerras que han provocado una terrible destrucción. Hitler enviaba a los judíos a las cámaras de gas en nombre del 'Volkgeist' o espíritu del pueblo alemán.

Montilla y compañía han abrazado con entusiasmo el término "nación" que les legitima para cometer cualquier abuso. La construcción nacional lo justifica todo, incluso la corrupción que impregna el oasis catalán. Pero su discurso es una gran mentira sustentada en los intereses de una clase política intercambiable, de un 'establishment' cerrado que utiliza el nacionalismo para autoperpetuarse en el poder

¡QUIA!

Celebración

Arcadi Espada

Publicado el Martes, 29 de junio de 2010

El 'Estatut' sigue siendo un mediocre artefacto jurídico y político y un paso atrás respecto al texto de 1979, pero la intervención de las instituciones españolas ha procurado una nueva mejora. Entre aquel texto cómico que aprobó el Parlamento de Cataluña y este último que viene devuelto después de cuatro años no hay comparación posible. ¡Qué duda cabe que España le sienta bien a la razón catalana, si la hubiera! Las correcciones son obvias y plausibles, afecten a la lengua, las cajas de ahorros, el defensor del pueblo o al sistema jurídico. El despropósito en torno a la nación era poco resoluble desde que el Estatuto utilizó el preámbulo para dar la noticia de que Cataluña era una nación. Lo importante de la sentencia no se vincula con la Nación, sino con el Estado: el Constitucional ha impedido que Cataluña se configure como un Estado distinto. Una aspiración sobre la que sólo pueden decidir todos los españoles, es decir, el conjunto soberano, como corresponde a cualquier cesión de soberanía.

"El Constitucional ha impedido que Cataluña se configure como un Estado distinto del español"

La sentencia ha tardado demasiado tiempo. El Constitucional debería haber resuelto estas obviedades en pocos meses. Sus miembros no supieron encontrar el consenso y es probable que su presidenta haya atendido con excesivo mimo las presiones del Gobierno. Pero la sentencia cumple con su obligación. Su obligación, dicho sea en honor de los tramposos, no era expresar una opinión que pueda ser contrapuesta a la del sagrado pueblo, sino documentar técnicamente un hecho: es decir, si el Estatuto era constitucional. Una cuestión que jamás se le planteó al pueblo, porque el pueblo siempre tiene razón y es tan sabio que delega en otros las preguntas difíciles.

La sentencia es una buena noticia para la democracia. Lo sorprendente es que no la haya celebrado nadie. No me refiero, ahora, a las reacciones del nacionalismo catalán, encabezadas por su presidente: sólo merecen el desprecio del civilizado. En cuanto a la reacción del Gobierno no cabe otro adjetivo que el de pintoresca: sin saber qué hacer ni qué decir, mandó al ministro Caamaño a contar palabras. Cada vez trabajan menos: antes contaban cuentos. Pero la reacción significativa ha sido la del Partido Popular. La sentencia es su mayor victoria política. Tenían razón: el Estatuto era inconstitucional y hubiera bastado la impugnación de un solo artículo para dársela. Es un hecho que el Gobierno avaló un Estatuto inconstitucional y que la oposición, con su recurso, ha actuado como garantía constitucional. Pero no lo celebran. La razón es puramente electoral: temen que la exhibición de la victoria les perjudique. Y eso es lo que ni el más alto Tribunal podrá corregir: que hasta tal punto el idiotismo nacionalista se haya convertido en la premisa de hacer política en España.

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