ECONOMÍA: Un tonto de remate en el G-20, tratando de disimularlo

El G-20 desiste de su misión de coordinar la reactivación económica
Enviado especial
La palabra crisis en mandarín, el idioma más extendido en China, se lee weii yei, y tiene un significado complicado, porque weii significa riesgo y yei, por el contrario, oportunidad. Es una versión oriental de la cruda realidad política descrita de forma descarnada por el jefe de gabinete de Obama, Rahm Emanuel, en 2008: «La regla número uno es que no puedes desperdiciar ninguna crisis».Sigue en página 34
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Refundar la economía mundial era el espíritu que guió al G-20 durante 19 meses. Exactamente desde el 14 de noviembre de 2008 -justo una semana antes de las declaraciones de Emanuel- hasta ayer, cuando concluyó la Cumbre de Toronto con una mensaje que significa, en la práctica «la crisis ha acabado, que cada uno haga lo que quiera».
Así, el G-20 abandonó ayer el objetivo de coordinar las políticas fiscales y de crecimiento, dejó para mañana la reforma financiera y sembró lo que amenazan con ser las semillas de una futura guerra comercial entre los tres grandes bloques económicos mundiales: China, EEUU y la UE. Estos tres ejes de la cumbre quedan reflejados en las conclusiones del comunicado final del encuentro, un texto de 26 páginas cuyos puntos principales son:
1 «Desequilibrios de la economía mundial». Toronto marca la vuelta de la economía mundial al estado anterior al estallido de la burbujasubprime: Alemania exporta -de hecho, con el ajuste de Merkel, cada día más- y EEUU importa. Entretanto, China mantiene una política similar a la germana, aunque poco a poco va fomentando su demanda interna, con medidas como la simbólica apreciación de su divisa, el renminbi, esta semana.
Paradójicamente, pese a esa descoordinación manifiesta, el G-20 proclama solemnemente que «las economías con superávit», como China y Alemania, «llevarán a cabo reformas para reducir su dependencia de la demanda externa y enfocarse más en fuentes de crecimiento domestico». Entretanto, «los países desarrollados con déficit», entre los que están EEUU, España y Reino Unido, «deberían tomar acciones para aumentar el ahorro nacional».
Hermosas palabras que nadie está poniendo en práctica, lo que amenaza con provocar una guerra comercial. Así lo insinuó ayer Obama, al afirmar en rueda de prensa que «como he reiterado a mis colegas [del G-20], los estadounidenses no pueden -y no quieren- endeudarse para regalarle al resto del mundo el camino a una prosperidad duradera. Ninguna nación debería pensar que su camino a la prosperidad está pavimentado con exportaciones a EEUU». Así pues, la crisis se está acabando -con algunas excepciones, como España- y, con ella, tanto el 'riesgo' como la 'oportunidad'.
2 «Ajuste fiscal».El G-20 hace un ejercicio de malabarismo dialéctico en este campo para contentar a todos, porque proclama que los países desarrollados se comprometen «a reducir a la mitad sus déficit públicos en 2013». Ahora bien, ¿qué quiere decir eso? ¿Reducirlos a la mitad como porcentaje del PIB? ¿O simplemente reducirlos a la mitad en términos brutos? La primera opción había sido defendida por Alemania, que ha lanzado un drástico ajuste que ha provocado duras críticas de EEUU. A su vez, Washington proponía la segunda opción, porque en ese caso el ajuste presupuestario es menor. El debate refleja la divergencia de la situación económica mundial: EEUU tiene un déficit que es, en relación a su PIB, el doble de la Eurozona, que a su vez es el doble del de países emergentes como Brasil.
Esas diferentes situaciones presupuestarias son la plasmación práctica de lo que ayer declaraba a este periódico Matthias Matthijs, profesor de Economía Política de la Universidad Johns Hopkins: «El G-8 carece de legitimidad, porque es demasiado pequeño, y el G-20 carece de cohesión, porque es demasiado grande». De hecho, el propio comunicado admitía que cada país debe seguir un ajuste acorde a su situación, y que si todos recortan el gasto «de forma sincronizada», la recuperación mundial podría verse afectada. Una ambigüedad similar se advierte en el caso de los objetivos de deuda pública: el G-20 no ha alcanzado un acuerdo sobre el volumen que ésta debe tener, y se limita a proclamar que en 2016 «deberá estar estabilizada o siendo reducida».
3 «Normas de capital de los bancos». Si Alemania ganó en la política fiscal, EEUU se llevó el gato al agua en la cuestión del aumento de la base de capital de los bancos, que está siendo discutida en el Banco de Pagos Internacionales de Basilea, que preside Jaime Caruana. Bancos con más capital son entidades que pueden resistir mejor las pérdidas, y el G-20, advierte de que «la cantidad de capital deberá ser significativamente más alta y la calidad del capital deberá ser mejorada significativamente». Concretamente, el comunicado afirma que las entidades «deberán, como mínimo, elevar la cuota de acciones ordinarias» en su capital. Eso implica que la deuda -el dinero que se obtiene vendiendo bonos- lo tendrá más difícil para contar como capital.
Es un triunfo para EEUU y un fracaso para Alemania, cuyos bancos regionales están en una posición más precaria de lo que Berlín quiere hacer creer. Pero el G-20 tampoco aprieta las tuercas en esta materia. Los nuevos estándares de capital deberán ser acordados en octubre, pero, en lugar de en 2012, no serán puestos en práctica hasta 2014. De nuevo los expertos independientes creen que la medida es escasa. «Los requisitos de capital serán incrementados, pero no lo suficiente. Alemania seguirá siendo un grave problema en este proceso, y no hay duda de que tratará de obtener todo tipo de tratamientos excepcionales y exenciones. Este enfoque va a ser muy malo», declaró ayer a EL MUNDO desde Pekín el ex economista jefe del FMI Simon Johnson.
OORBYT.es
>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt el videoanálisis de Vicente Lozano sobre la Cumbre del G-20.
AJUSTE DE CUENTAS
JOHN MÜLLER
En el G-20 nadie sabe cómo salir de la crisis
Café para todos o sálvese quien pueda. La conclusión de la cumbre del G-20 depende de si usted es optimista o pesimista ante el futuro de la economía mundial.
Desde los trabajos preparatorios de comienzos de junio en Corea del Sur se sabía que no habría grandes acuerdos, pero al menos parecía que se iba a continuar con la creciente coordinación de la economía mundial iniciada en noviembre de 2008. Pues no. Marcha atrás. Si a usted le ha tocado en suerte un área capitalista del planeta, pero gobernada por ideas filosocialistas, seguirá siendo estimulado fiscalmente. Si le ha tocado una donde mandan los alemanes o los chinos, tendrá que seguir produciendo mucho y ahorrando más. Y si está en la periferia, pero dentro del euro y su presidente se apellida Zapatero o Papandreu, según el secretario del Tesoro de EEUU, Timothy Geithner, no tiene más «opción» que apretarse el cinturón y reducir el déficit.
Esta cumbre del G-20 ha sido una fracaso importante. Ni coordinación de las políticas económicas, ni reforma financiera global ni reducción de los desequilibrios comerciales. Que cada uno haga lo que quiera o pueda. Ha sido la cumbre del laissez faire, laissez passer, adornada con cuatro recomendaciones de uso.
Resulta paradójico que Barack Obama, que en su campaña electoral se presentó como campeón del multilateralismo, haya contribuido al fracaso de este foro. Resultará que el unilateral George Bush obtenía mejores resultados de sus convocatorias internacionales (ni hablar de cuando llamaba para invadir países). Obama, ayer, se consolaba: «Trabajando dentro del G-20 hemos sido capaces de estabilizar la economía mundial». Lo que está claro es que dentro del G-20 nadie sabe cómo salir del fondo del agujero en el que hemos caído y en el que tan estabilizados nos encontramos.
Obama, que con su famosa carta a los líderes del G-20 quiso centrar el debate entre los partidarios de los estímulos y los del ajuste, llegó reforzado por la aprobación de su reforma financiera, pero se vio súbitamente debilitado al trascender a los medios de comunicación la salida de Peter Orszag, su director de Presupuestos.
Orszag no ha ocultado en las últimas semanas su deseo de comenzar a poner en marcha planes de austeridad fiscal en EEUU. Su salida es una prueba de que el debate en la Casa Blanca no ha sido superficial.
Todo el mundo dice que, una vez más, Angela Merkel se ha apuntado una victoria. No le bastó festejar el 4-1 a Inglaterra frente a David Cameron. Ayer se ufanaba de que se había logrado en Toronto más de lo que esperaba. Está claro: sinceramente ella no esperaba nada. O quizás pensaba que la arremetida colectiva contra los superávits de Alemania y China iba a ser más potente. Al final, nada de eso, aunque bien es verdad que de la declaración desaparecieron los elogios a la reevaluación del renminbi chino.
Está claro que hay desequilibrios y desequilibrios. Pero los superávits de Alemania y China no se entienden sin los déficits de otros.
john.muller@elmundo.es
MARISA CRUZ / Toronto
Zapatero: «Algunos necesitamos ajustar y todos necesitamos crecer»
Enviada especial
«No hay dilema entre reducir el déficit y crecer. En países como el nuestro debemos reducir el déficit, que no puede venir impulsado por el gasto público. Éste debe ser recortado a través de reformas estructurales, como la del sistema financiero, la laboral, la energética y la del sector servicios». Con esta frase Zapatero se situó ayer, al acabar Cumbre del G-20 de Toronto, a medio camino entre las tesis de Alemania, a favor de ajustes drásticos para reducir el déficit, y las de EEUU, que defiende mantener el gasto y los estímulos para no frenar un crecimiento que todos califican aún como «muy frágil».
Ante los líderes del G-20, Zapatero había proclamado: «Algunos necesitamos ajustar y todos necesitamos crecer». Este discurso deja entrever la posibilidad de una dulcificación de las medidas para impedir que el ajuste del déficit ahogue los mínimos brotes de crecimiento, si bien Zapatero aseguró posteriormente que su «Gobierno no vacilará en los programas de ajuste que ha puesto en marcha».
La vicepresidenta segunda, Elena Salgado, ya reconoció en su día que el tijeretazo del Gobierno traería aparejada una caída del PIB del 0,5%, lo que situaría las previsiones de crecimiento el año próximo en un magro 1,3%, insuficiente para crear empleo. No obstante, la propia Salgado también aseguró ayer que en la dicotomía que se ha planteado en el G-20 España, como la UE, cree imprescindible llevar a cabo políticas de ajuste.
El presidente centró buena parte de su segunda intervención ante el pleno de la cumbre en la necesidad de no abandonar el objetivo de lograr un mercado financiero transparente haciendo públicas las pruebas de esfuerzo de la banca. Obsesionado por los ataques que ha padecido España y los rumores desatados sobre la debilidad de la economía, el presidente insistió en la «responsabilidad de imponer deberes a los mercados» y propuso que el FMI elabore un informe para la cumbre de Seúl de noviembre con los mecanismos necesarios para contener la especulación.
«El sistema financiero se regulará definitivamente en la cumbre de Seúl para superar los fallos clamorosos que ha tenido el sistema», aseguró Zapatero.
La reunión de Toronto se ha saldado con conclusiones vagas que dejan abiertas todas las vías para que cada país ponga en marcha las medidas y el calendario que considere oportuno para reducir el déficit e imponer o no tasas a sus bancos. Zapatero en este terreno no ha dudado en poner como ejemplo el modelo que regula el sistema financiero español. En este sentido, el presidente manifestó que «España tiene un Fondo de Garantía de Depósitos que puede ser revisado, ampliado o complementado. Esperaremos a la regulación que vamos a hacer en el marco europeo. Supongo que a las entidades financieras no les gustará, pero tienen que asumir sus responsabilidades».
La vicepresidenta concretó que España aplicará los principios que se acuerden en la Unión, y que éstos apuntan a la posibilidad de que la tasa, que ahora se aplica sobre los depósitos, amplíe su campo de acción para afectar también a otro tipo de pasivos tales como las emisiones (bonos, obligaciones) y a los productos del interbancario.
Zapatero, en su primera intervención ante los socios del G-20 durante la cena inaugural de la cumbre, proporcionó detalles de una reforma laboral que persigue, dijo, «flexibilidad y seguridad»; la de las cajas de ahorro, que deberán reducir su red de oficinas entre un 20 y un 25% y recortar sus plantillas un 15% y, finalmente, de la que se realizará en el sistema de pensiones.
Preguntado por una posible crisis de Gobierno, el presidente del Gobierno indicó que le «sorprenden las cosas que se dicen. Parece que hay personas que saben incluso lo que yo pienso… Ahora no estoy en eso. Todo el Gobierno está en la tarea de demostrar la solidez de España, salir de la crisis y poner en marcha todas las reformas económicas… No tengo tiempo para otra cosa».





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